El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
Vladimir Putin, antiguo coronel de la KGB (rebautizada FSB, Buró Federal de Seguridad), rescató tras llegar al poder político en Rusia (primero como primer ministro en 1999, posteriormente como presidente de la Federación) este servicio secreto como modo de volver a controlar el país, frenar el caos y presionar sobre cualquiera que se le opusiera. Colocó algunos de sus amigos y colegas de estos servicios en el Gobierno y en grandes empresas como Rosneft o Gazprom.
Pero en el camino ha generado un monstruo. Algunas de estas maneras de actuar se vieron en el asesinato en Londres del ex agente Litvinenko y otros crímenes. Ahora que estás a punto de dejar la presidencia para convertirse en primer ministro parece, según apunta un análisis de Strategic Forecasting querer reducir el poder del FSB sin dejar de controlarlo pues es clave para la lucha de poder que está en curso en el Kremlin. Probablemente desde sus nuevas funciones seguirá moviendo todos estos hilos. El nuevo presidente electo, Vladimir Medvédev, no viene de estos servicios, y esto, para Putin, parece una garantía de que no se inmiscuirá en este terreno turbio por definición.
Pero además vuelve a agitar el proyecto de crear un FBI ruso, un Servicio Federal de Investigación (FSI) que reuniría a todos las policías judiciales y otras. Le quitaría así parte del poder de actuar como le ha venido en gana al FSB (aunque sería sorprendente que lo haya hecho sin el conocimiento de Putin). El próximo primer ministro debería seguir al control de un aparato que se ha basado de forma nada escrupulosa en los servicios secretos para gobernar el país. Como indica el citado análisis, Putin se asegura así de que seguirá siendo el más poderoso ex agente del KGB.
[Publicado el 26/3/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: KGB, FSB, FSI, Rusia, Putin, Medvédev]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]
Ni con Putin ni con Medvédev estamos ante una nueva guerra fría. Sí ante una recuperación rápida -una década antes de lo esperado por EE UU y Europa-, de Rusia como potencia que compite por influencia. Putin y su sistema autoritario se han hecho populares entre otras razones porque han impuesto orden y recuperado la economía. Gorbachov presidió la desmembración de la URSS y del imperio y Yelstin sumió a Rusia en el caos y permitió su pillaje por parte de los oligarcas(que recuerdan a los robber barons del siglo XIX en EE UU), y por el propio Putin y sus amigos, entre otros.
· Ideología. Rusia no exporta ya ideología como en tiempos de la Unión Soviética. Defiende intereses nacionales. A veces de forma cruda e inaceptable (cuando usa el gas y petróleo para influir sobre sus vecinos). Por ejemplo,el baile de influencias entre Rusia y EE UU en torno a India indica que aún hay una dimensión de competencia.
· No da la talla. Putin ha sabido hacer uso del nacionalismo para reanimar a un pueblo que se sentía humillado. Pero respecto a la URSS, Rusia ha perdido una gran parte de sus territorios, riquezas naturales y población. Ésta, en la federación, se ha ido reduciendo en un 0,6% al año, de 148 millones en 1992 y hasta 141 en la actualidad (aunque hay signos de recuperación), con una clase media que se calcula en tan sólo unos 10 millones de habitantes, menos del 10%, insuficiente para asentar una democracia. Así no cabe ser una superpotencia, aunque sí aspire al estatus de gran potencia.
· Economía. El crecimiento del PIB, de un 80% en los últimos nueve años, deriva esencialmente del alto precio de los combustibles que exporta y sobre los que ha recuperado el control del Estado a través del dominio de Gazprom y otras empresas. Pero no lo ha malgastado tanto como Chávez. Ha puesto de lado una parte importante para el futuro y empieza a invertir, por ejemplo, en nanotecnología (una de las obsesiones de Dimitri Medvédev) o aviónica de punta, además de en la UE, cuando le dejan.
· Falta de democracia. A diferencia de otros países, no ha habido ninguna revolución en Rusia. Perdió territorios y el régimen del partido comunista se desmoronó. Pero no ha pasado de un partido único a otro. Rusia Unida no es un elemento estructurador como lo fuera el PCUS. Este vacío lo ha llenado el KGB (hoy FSB) que nunca lo abandonó y se ha convertido en una especie de ENA (la Escuela Nacional de Administración francesa) rusa, pero con una cultura y unos métodos absolutamente reprobables. El discurso occidental sobre la democratización no acaba de calar en un país ajeno a esta tradición (pensar que la hubo con Yeltsin es un espejismo, aunque hubiera, sí, más libertades). Muchos rusos, con otras prioridades existenciales pasan de política, y es algo de lo que el sistema putiniano autoritario se ha beneficiado. Tampoco hay separación real de poderes y estas elecciones, y el nuevo reparto de competencias que seguirá, han tenido mucho de farsa. Pero incluso Gorbachov, ahora socialdemócrata, consideró recientemente, recordémoslo, que ante el caos de los 90, "un líder responsable tenía que dar algunos pasos de naturaleza autoritaria, aunque algunos eran evitables". Lo que no quita para que los europeos no deban levantar la guardia ni dejar que se socaven sus instituciones, como el Consejo de Europa, al que pertenece Rusia.
· Imagen de la UE. Es comprensible que la OTAN, la gran organización enemiga durante la guerra fría, tenga mala imagen en Rusia, más aún cuando se ha ampliado en contra de Moscú, aunque de da un cierto grado de cooperación real. Lo es menos que la UE (ampliada al Este) sea percibida por una mayoría de los rusos como una amenaza.
· Rearme y seguridad. En materia del Tratado CFE de Fuerzas Convencionales en Europa o de sistemas antimisiles americanos, una buena parte de razón ampara a Rusia que ve como EE UU ha desmantelado la estructura de estabilidad de la guerra fría que reposaba sobre el Tratado ABM que limitaba las defensas, denunciado por la Administración Bush. Rusia está modernizando su arsenal militar y es aún el único país cuyas armas nucleares pueden suponer una amenaza para unos Estados Unidos que se sintieron ganadores de la guerra fría y han hecho lo posible para que no se vuelva a repetir una situación como aquella. Pero Rusia es necesaria para tratar con Irán, para Afganistán, y para otras cuestiones que interesan a Occidente. Habrá problemas, claro, como frente a Kosovo. Pero son de otro tipo.
Publicado en El País, 3 de marzo de 2008
[Publicado el 03/3/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Rusia, URSS, Guerra Fría, Putin, Medvédev]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]
Algunos países necesitan, para caminar hacia su independencia, de muletas que les proporcionan sus protectores, como ha ocurrido, por ejemplo, con Timor Leste, y aún así, renquean. En el caso de Kosovo. Más que de una declaración de independencia, hay que partir en Kosovo de una constatación de de dependencia. Este no parece un país preparado ni viable. Pese a la independencia declarada de forma unilateral, necesitará de ayuda internacional en todos los sentidos -económico, militar, policial y administrativo- para subsistir y transformarse en Estado digno de esta definición.
Pristina no ha elegido la fecha más constructiva, cuando tomaba posesión del nuevo presidente, se supone que moderado y europeísta, de Serbia, Boris Tadic. Pero ya ess tarde para lamentarse. De hecho, Kosovo era ya prácticamente independiente de Serbia desde la guerra de 1999. Y desde ayer la independencia de Kosovo, aunque sea "supervisada internacionalmente", según el Plan Ahtisaari, que sobre el papel resulta aceptable, pero sobre el terreno probablemente inaplicable, ha dado un paso definitivo. Esta independencia es un fracaso europeo; el penúltimo pues aún quedan algunas cuestiones sin resolver en esta larga y cruenta desmembración de Yugoslavia, cuyos trozos, paradójicamente, quieren, en un futuro de interdependencia, rejuntarse en una Unión Europea que se va llenando de Estados pequeños étnicamente homogéneos.
Militarmente, los 16.000 soldados de la OTAN (iban para un año; se han quedado ocho), incluidos los españoles, no están nada deseosos de verse implicados en labores de gendarmería. La UE va a mandar una Misión de Seguridad y Defensa, formada por policías, pero también jueces, abogados y otros funcionarios para poner en pie un Estado. Hay que sumar los fondos que llegarán del exterior para impulsar la economía, un sostén que se puede alargar mucho en el tiempo si Serbia decide interrumpir sus suministros de electricidad y alimentos -aunque el Gobierno serbio ha afirmado que no lo hará-, o cortar la navegación por el Danubio o por carretera. Serbia, sin embargo, no tiene la capacidad para instaurar un bloqueo. Pero está por ver si los albanokosovares pueden luchar para preservar la unidad de Kosovo si los 120.000 serbiokosovares en Mitrovica y al norte deciden separarse y seguir unidos a Serbia. Sin duda, la OTAN no querrá meterse en otro lío.
La base legal de este despliegue militar de la OTAN seguirá siendo la Resolución 1.244 del Consejo de Resolución de la ONU. No es probable que pueda lograrse una nueva, dada la oposición de Rusia. El reconocimiento de Kosovo por otros Estados será paulatino y dividirá a la UE, aunque no cabe esperar que España se alinee con los más opuestos a esta independencia, como Chipre, Grecia o Rumania. Pero tampoco seguirá a Washington, Londres, Berlín o París en su prisa controlada por reconocer a Kosovo (la Administración Bush quería despejar esta cuestión antes de su última cumbre de la OTAN en abril) España intentará capear el temporal y es previsible que sus soldados permanezcan en Kosovo un tiempo, pero que se vayan retirando, aunque no con la precipitación que lo hicieron de Irak.
Es una independencia por etapas. El Plan Ahtisaari contempla no sólo que se elabore una constitución, sino que Kosovo pueda ingresar en las organizaciones internacionales. No lo tendrá nada fácil. Rusia, con su derecho de veto, tiene la llave para el ingreso de Kosovo en la ONU. Y tampoco es fácil que entre rápidamente en el Consejo de Europa o en la OSCE. Previsiblemente, durante tiempo va a mantener un dudoso status internacional.
Sin duda, Kosovo plantea un precedente. Para empezar, esta independencia sin acuerdo de las partes (cosa que ha ocurrido en otros casos en Yugoslavia) va en contra del espíritu y la letra del Acta de Helsinki que considera "inviolables" (pero no inmutables) las fronteras existentes. Tampoco cabe excluir que Kosovo acabe uniéndose con la vecina Albania, y de ahí salga un Estado más viable. Pero no cabe ignorar que Kosovo, donde imperan las mafias, puede degenerar en un agujero negro en el corazón de Europa, con el ingrediente añadido de movimientos islamistas radicales.
En cuanto a precedentes, lo más peligroso es que los serbios de la Republika Sprska rompan Bosnia-Herzegovina, otro Estado independiente que en realidad es otro protectorado internacional, que subsiste en equilibrio inestable. Y luego están los fundados temores rusos o georgianos, ante Chechenia, Abjazia, Osetia del Sur u otros territorios, aunqque no esté claro a qué se refería el viceprimer ministro ruso, Serguei Ivanov, cuando habló en la Conferencia de Munich de un "efecto dominó".
Sea como sea en Europa ha nacido un nuevo Estado dependiente. No es para felicitarnos.
Publicado en El Pais, 18 de febrero de 2008
[Publicado el 18/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Kosovo, Rusia, indepedencia, Balcanes]
[Enlace permanente] [Imprimir] [4 comentarios] [Enviar a un amigo]

Putin en su última rueda de prensa desde el Kremlin.
Previsiblemente, Vladimir Putin se va a retirar a primer ministro en mayo. Ayer celebró su última conferencia como presidente de la Federación de Rusia, cargo que ocupa desde 2000 y que dejará tras las elecciones del próximo 2 de marzo. Para no perder el poder, ha preferido dar este paso, que tiene mucho de pantomima política, a cambiar la Constitución. Pero lo hace con un país mucho más en orden y mucho más poderoso que cuando llegó al cargo de primer ministro en agosto de 1999, antes de saltar a presidente en las elecciones.
Putin ha provocado tres grandes sorpresas al resto del mundo, y especialmente a los occidentales.
En primer lugar, Rusia se ha recuperado mucho más deprisa de lo que esperaban EE UU y los europeos. Sin duda ha ayudado en los últimos tiempos el alza del precio del petróleo y del gas que ha llenado las arcas rusas y aupado un crecimiento del PIB en los últimos 9 años del 80%. EE UU y otros países creían que tardaría quizás una década más. Putin tomó el control del gas y del petróleo e impuso orden en el país, frente al caos de la era Yeltsin. Esta recuperación también ha jugado a favor de la popularidad del presidente saliente que ya el año pasado en la Conferencia de Seguridad de Munich se plantó en términos de intereses internacionales. Pues lo que ha hecho Putin en política internacional es poner por delante los intereses rusos más crudos en un mundo que ve como multipolar. "La prioridad de Putin ha sido recuperar para Rusia el status de gran potencia", dijo Solana en Munich. Y en buena parte, lo ha conseguido. "Nos estamos convirtiendo de forma confiada en uno de los líderes económicos del mundo", afirmó ayer Putin.
En segundo lugar, Putin es popular; muy popular. La pureza democrática no es una prioridad para los rusos, especialmente la gran masa que lo que busca a es cobrar a fin de año, sobrevivir, y seguridad. Putin se la ha dado. "Ya me gustaría a mí que hubiera un partido conservador y otros socialista en Rusia", declaraba el fiel viceprimer ministro y ex titular de Defensa, Serguei Ivanov en Munich la semana pasada tras mencionar el "Russia's revival". Ivanov explicó que esta vez, Rusia regresaba para contar pero "no exportamos ya ideología" ni Rusia está en competencia con nadie en terceros países como durante la guerra fría. Hay que añadir que los propios rusos consideran difícil alcanzar una situación democrática sin una clase media significativa. Esta, en el mejor de los casos (Moscú o Leningrado) llega al 10% de la población, lo que resulta a todas luces insuficiente. Una prioridad es la política familiar. El descenso demográfico se puede estar finalmente frenando.
La tercera sorpresa ha sido que Rusia quiera no sólo controlar los sectores estratégicos de su país, sino también invertir fuera. Y esto ha provocado un gran recelo por parte, en primer lugar de Europa, pese a que, según los rusos, las inversiones recíprocas van 10 a 2 en favor de la UE en Rusia.
Pero ninguna de estas sorpresas augura un regreso a una guerra fría ni a bloques militares. Es más bien la vuelta a la Realpolitik con una Rusia que intenta imponer sus puntos de vista, no su ideología, que no la tiene. Los nuevos oleo- y gaseoductos son el mejor indicador de por donde pretende ir Rusia en el mundo, o al menos en su vecindad.
[Publicado el 15/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Putin, Rusia, Europa, mutipolar]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
Hay una empresa sin la cual no se entiende el mundo del petróleo hoy en día: Schlumberger. BusinessWeek le dedica su portada y artículo principal esta semana en su edición global. Es una lectura esencial. La llama la "gigante furtiva del petróleo", pues ha pasado relativamente desapercibida, aunque cotiza en bolsa. Para empezar no tiene una nacionalidad clara. Las multinacionales, pese al nombre, sí suelen tenerla, incluidas las grandes hermanas del petróleo. Schlumberger es "una empresa sin un país". Fue fundada en 1926 por dos hermanos franceses, Conrad y Marcel, que llevaban este apellido. Pero ahora tiene sus sedes principales en París, Houston y La Haya, con 76.000 empleados de 140 nacionalidades en 80 países, y unos ingresos de 19.230 millones de dólares en 2006. De hecho, en su cifra de negocios pesan en primer lugar Europa, Rusia y la Comunidad de Estados Independientes y África (especialmente Argelia y Libia) por delante de Oriente Medio, de Asia, de Norteamérica y de América Latina (está muy presente en Venezuela y en México).
Uno de los secretos de su éxito es haberse dedicado, últimamente bajo la dirección del británico Andrew Gould, no a hacerse directamente con las concesiones de comercialización (aunque está entrando crecientemente en este campo de producción por lo que las majors protestan), sino a aportar tecnología y capacidad de organización a países que la necesitan y que quieren conservar estos recursos bajo la bandera nacional. Y de Rusia a África, Asia y América Latina, este tipo de situaciones empiezan a abundar y, a diferencia de unos lustros atrás (aunque Rusia ha importado desde hace años) estas estos países son clave para el gas y el petróleo en el mundo. El cambio viene de las exploraciones y búsquedas de nuevos campos, cuando se están agotando algunos de los tradicionales ya sea en el Mar del Norte o en Arabia Saudí . Y es a esto a lo que se ha dedicado Schlumberger, invirtiendo en tecnología todos estos años, una apuesta que se ve hoy facilitada por la subida del precio del petróleo (los 100 dólares el barril no llegan aún, pero se acercan a los 110 en dólares de hoy, de 1979). Sin Schlumberger probablemente muchos de estos nuevos productores hubieran sido incapaces de sacar el petróleo o el gas de sus subsuelos terrestres o marítimos, y hoy no habría, por ejemplo, ese renacimiento de África y de América Latina.
El otro secreto de su éxito es no aparecer como occidental y operar con socios nacionales. Schlumberger, como cuenta BusinessWeek, considera que no quiere ser vista como tal, sino bajo marcas locales, comprándolas o asociándose a ellas, mejorando su manera de actuar y formando al personal local. Este puede ser un buen ejemplo de eso que se llama la glocalización.
[Publicado el 09/1/2008 a las 06:00]
[Etiquetas: Petróleo, Rusia, África, América Latina]
[Enlace permanente] [Imprimir] [5 comentarios] [Enviar a un amigo]
Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.
Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.
Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.
Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.
La razón de Europa (1994), Aguilar.
El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.
Artículo
"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)
Entrevista en la edición online de Newsweek.
2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
16/5/2008 05:18
Publicado por: Javier
14/5/2008 22:33
la verdad siempre habia querido...
Publicado por: lucia cruz morelos
13/5/2008 23:58
mejorm mmm ja q feo prefiero a...
Publicado por: sodi
13/5/2008 00:28
Publicado por: kdj
10/5/2008 18:24
Publicado por: Ana Román
03/5/2008 00:27
Publicado por: jesús
03/5/2008 00:21
La verdad es que Dios es uno...
Publicado por: Alicia
02/5/2008 23:33
Publicado por: Jose Gonzalez
29/4/2008 19:43
Publicado por: alicedd
28/4/2008 12:41
Publicado por: Diego Cruz
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres