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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

 Asuntos exteriores / Blog de Andrés Ortega

Sobre el consenso

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Zapatero ofrece a Rajoy el consenso en asuntos de Estado.

El consenso. Muy en uso, pero realmente ¿qué significa en términos de política práctica? La Real Academia de la Lengua lo define como "acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos". La transición a la democracia en España se centró en el consenso. Por varias razones, entre otras, porque había un equilibrio de fuerzas (entre el antiguo régimen y el naciente) y porque los españoles sabían qué querían ser: democráticos y como nuestros vecinos europeos e integrados en lo que hoy llamamos UE.

El consenso más básico es sobre las reglas del juego, y su base (y producto dentral de la transición, fue la Constitución). La idea del consenso, que se ha vuelto a poner en circulación tras la crispación política de la legislatura pasada, y ahora tras el discurso de investidura de Zapatero y las ofertas de Pactos de Estado que ha presentado. Y hay una demanda social de consenso. Pero con límites, como bien ha expuesto Juan José Laborda. El consenso en materia de política antiterrorista, es absolutamente necesario. Sin consenso no es posible una reforma constitucional o de la ley electoral (que hoy por hoy no está sobre la mesa). Tampoco es bueno cambiar de leyes educativas con cada Gobierno.

En cuanto a política exterior, el consenso interno, evidentemente, fortalece a un país de cara al resto del mundo. Es bueno que la política exterior se base en un consenso lo más amplio posible. Pero no es una tragedia que no se alcance (de hecho en muchos países no es así) y menos ahora cuando la forma de abordar lo exterior influyen en el interior. Los giros en política exterior (dentro de ciertos parámetros, claro) se dan en muchos países, desde EE UU, como hemos visto en las diferencia entre Bill Clinton y George W. Bush, o en Francia. El Reino Unido es de los más estables a este respecto. Lo importante, en democracia, sin mermar el liderazgo, es que la política exterior también refleje la opinión pública. Si consenso hay, también debe ser desde la sociedad.

Pero en política exterior (y en otras materias), en España, el consenso se referiría a dos cosas muy diferentes: 1) al acuerdo sobre contenido la de propia política exterior, y 2) a la actitud de la oposición de no socavar públicamente las posiciones del Gobierno ¿Cabe recordar a Aznar llamando pedigüeño al Gobierno de Felipe González en plenas negociaciones presupuestarias sobre la UE, o las dudas sobre el ingreso en la moneda única, o las críticas al PP por el apoyo a la guerra de Irak? En España no hubo consenso sobre la OTAN cuando el Gobierno de la UCD presentó la solicitud de adhesión. Eso sí, hubo y hay un consenso básico sobre la política europea que debe seguir España, pero también con diferencias. Ahora Zapatero ha ofrecido consensuar con la oposición las grandes líneas de la Presidencia española de la UE en el primer semestre de 2010. De hecho, es algo que se ha venido casi siempre consensuado.

Dada la estrechez de márgenes de maniobra que ha generado para los Gobiernos la mayor integración en la UE (especialmente en la zona euro) y las presiones de la propia globalización, no conviene exagerar los consensos pues nos quedaríamos sin democracia, que necesita de la apertura del sistema en su cima, con el juego entre Gobierno y oposición.

[Publicado el 10/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: consenso, política exterior]

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España interesa menos

España interesa menos a los medios de comunicación internacionales. Y a la vez la política exterior interesa menos en España. Es una situación paradójica. Pero la campaña electoral la ha puesto de relieve. De política exterior se ha hablado, pero en ámbitos muy reducidos que han tenido poco eco mediático (lo que sería otro motivo de reflexión). Los debates no han traspasado esa barrera, y en los directos entre Zapatero y Rajoy, casi se ha pasado de refilón sobre esta materia. Es una paradoja que en la era de la globalización, cuando lo de fuera influye tanto sobre lo de dentro -como desgraciadamente se vio los atentados del 11 de marzo de hace cuatro años- , parezca interesar tan poco. La política sigue siendo esencialmente local.

España interesa menos quizás porque la política exterior no ha sido una de las prioridades del Gobierno de Zapatero. Quizás porque desde fuera ya no se vea ningún drama español. Pero quizás también porque, como otros en los que pasa lo mismo,  somos un país europeo, y la dimensión europea domina, aunque tenga aún grandes lagunas en el campo de la política exterior común. Pero en esta campaña electoral se podía haber hablado más de EE UU, de Afganistán,  Líbano, Bosnia y Kosovo (en los cuatro lugares España tiene soldados desplegados en misiones internacionales), de Cuba después de la retirada formal, que no se sabe si de hecho, de Fidel Castro, o en general de América Latina. Y, desde luego mucho más de la Unión Europea en todas sus dimensiones, desde la labor del Banco Central a la marcha de la economía, pues es, junto a la globalización en sí, la que nos marca en buena parte los márgenes de maniobra política.

Gane quien gane, previsiblemente la política exterior recuperará una mayor centralidad, entre otras razones porque le toca a España en la primera mitad  de 2010 la presidencia de la UE, si bien ya con un presidente fijo del Consejo Europeo. Ese semestre concluirá con el informe del Grupo de Reflexión sobre el futuro de Europa, presidido por Felipe González. En fin es lamentable que tanto nos juguemos fuera y tan poco lo hablemos dentro.

[Publicado el 07/3/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: política exterior, elecciones]

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Desencuentro en el espacio exterior

Realmente, ¿qué Estado europeo tiene hoy en día una política exterior digna de admiración? Ninguno. Francia, Alemania, Reino Unido o Italia no son ya buenos ejemplos. Probablemente porque las políticas exteriores nacionales se han perdido en parte, mientras la Europea no ha acabado de arrancar, al tiempo que el mundo globalizado se ha hecho mucho más complejo en términos de problemas y de actores.

La política exterior no ha sido prácticamente objeto de debate en la actual campaña electoral en España. Estuvo ausente del cara a cara entre Zapatero y Rajoy. Los partidos han ido desgranando sus programas, pero casi nadie les ha prestado atención. Pero debate, lo que se dice debate, sólo ha habido uno: el que protagonizaron ayer en el Hotel Ritz de Madrid, organizado por Nueva Economía, el secretario de Estado de la cosa, Bernardino León, y el portavoz del ramo en el Congreso, Gustavo de Arístegui.

Fue un debate bastante ágil, en el que se abordaron muchas dimensiones de la política exterior. Pero de globalización se habló poco, por no decir nada, y quizás faltó lo principal: los proyectos de futuro. Especialmente cuando España, en estos próximos cuatro años, se enfrenta a dos grandes retos previsibles: la presidencia del Consejo de la UE en 2010 (con la novedad de que habrá un presidente estable del Consejo Europeo) y qué hacer en Afganistán o en Líbano donde tenemos soldados. Tampoco se habló de un problema que preocupa, y que quizás es de los pocos sobre el que hay consenso entre PSOE y PP, como es Kosovo.

El consenso en política exterior se ha roto. Hace tiempo. Especial pero no únicamente con la posición de Aznar ante la guerra de Irak. Hay un desencuentro. Lo que ayer vimos en el Ritz fueron dos maneras muy distintas de abordar la política exterior, aunque el PP abogue ahora por un gran pacto nacional. Arístegui, como suele, estuvo agresivo y en un tono destructivo (llegó a decir que la política exterior del actual Gobierno es "más propia de un partido marxista de los años 70 que de uno socialdemócrata del siglo XXI"). León estuvo mucho más moderado y concreto, con más apoyo de los hechos y de los datos.

"Sin concepto de nación no se puede tener política exterior", empezó aseverando el portavoz del PP. Que se lo pregunten a los británicos, que son bien conscientes de estar formados por tres naciones (Inglaterra, Escocia y Gales, a lo que hay que sumar el problema norirlandés), pero que tienen un concepto muy arraigado del Estado o del país y de sus intereses. Arístegui quiere "volver a poner a España en el lugar que se merece". León, por su parte, abogó más adecuadamente por una "política exterior que se parezca a España", y consideró que "el gran proyecto (de Aznar) de recuperar la grandeza de España lo rechazó casi un 80%" la sociedad española en su día. El PP critica que Zapatero haya hecho una política exterior de potencia media, y Arístegui ha llegado a tachar en alguna ocasión la Alianza de Civilizaciones de "peligrosa".

Junto a ésta, la recuperación del diálogo con Marruecos y una mejor posición en América Latina, las dos mayores novedades en este terreno de la política del Gobierno de Zapatero, han sido el impulso decidido a la política de cooperación (con fondos que han aumentado al 0,5% del PIB, y que habrían de llegar al famoso 0,7 en la próxima legislatura, pues ambos lo propugnan), y por primera vez una política africana constructiva (pero Arístegui no habló de África) que es incide en la política de inmigración, que también ha pasado a ser parte de la política exterior.

 

[Publicado el 28/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: León, Arístegui, política exterior, elecciones]

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Memorandum sobre política exterior

A: Ganador del 9-M
RE: Afírmese
FECHA: 10 de marzo de 2008

Sea osado en política exterior

Construya sobre lo que ya se ha conseguido. Después, atrévase a lanzar sus nuevas propuestas y, sobre todo, manténgalas.
Enhorabuena por su victoria. Debe prepararse para lo imprevisible, pero empiece a planear lo previsible. La política exterior, por diversas razones, no ha brillado durante los pasados cuatro años, en los que no pareció ser (importa poco que la percepción fuera fundada o no) una de las prioridades del presidente del Gobierno, más volcado en las cosas de casa. Y cuando falla el input presidencial, en nuestros tiempos falla mucho. No se duerma, presidente. Sea osado. En esta legislatura habrá ocasiones para hacer una política exterior firme y clara. El próximo enero, EE UU estrenará presidente. Nicolas Sarkozy, en Francia, no para de lanzar iniciativas. No se limite a rechazarlas ni a secundarlas; lance las suyas. Eso sí, no repita el error que se cometió en la anterior legislatura: anunciarlas sin tenerlas bien atadas. Las estrategias se diseñan para ejecutarlas, no para contarlas. Aunque también debe saber explicar la política exterior a una ciudadanía más interesada. Ése fue un gran error de José María Aznar, quien no sólo se equivocó de guerra sino que llevó a cabo una política exterior que la opinión pública no siguió, sin pedagogía alguna.
Busque el consenso, pero no se obsesione con él. Es una ilusión en política exterior que rara vez se ha dado en la democracia española, salvo en lo referente a Europa, y aún. La non nata Constitución Europea supuso una ocasión de consenso; poco más. Ahora bien, un país mediano no puede permitirse proponer iniciativas y luego abandonarlas. Construya sobre lo ya conseguido. Acumule.

 .....

 Leer la continuación, o el PDF en Ficheros asociados

Publicado en Foreign Policy Edición España el 1 de febrero de 2008

[Publicado el 01/2/2008 a las 12:55]

[Etiquetas: política exterior, Zapatero, Rajoy]

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Foto autor

Biografía

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.

 

Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.

 

Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Bibliografía

La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.

Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.

La razón de Europa (1994), Aguilar.

El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

 

Artículo

"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)

 

Entrevista en la edición online de Newsweek.

Premios

2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

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