Minisite sobre Kapuscinski

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 7 de julio de 2008

 Asuntos exteriores / Blog de Andrés Ortega

Lo que va en un nombre: Macedonia

imagen descriptiva

Cumbre de la OTAN en Bucarest.

"El temor a un nombre aumenta el temor a la cosa", decía un personaje de Harry Potter. En este caso se trata de Macedonia. La última cumbre de la OTAN para el presidente George W. Bush que se inicia hoy en Bucarest, puede tropezar sobre varias piedras. Una de ellas es ese nombre. Y no hay que remontarse a Alejandro el Grande, sino que la cuestión es relativamente reciente. Los griegos llevan esperando 13 años, desde la disolución de la antigua Yugoslavia, a que la llamada "Antigua República Yugoslavia de Macedonia" (ARYM, o más conocida como FYROM en sus siglas en inglés) busque un nombre que, aún recogiendo la palabra "Macedonia" -pues una parte, la más pequeña, de la Macedonia histórica está allí mientras la más importante es una región de Grecia- indique que no hay reivindicación alguna por parte de Skopje (la capital de la FYROM) sobre el sur.

El International Herald Tribune recogía ayer en sus páginas de Opinión un interesante debate sobre la cuestión. Dora Bakoyannis, ministro de Asuntos Exteriores de Grecia, explicaba cómo en 1944, en un intento de seguir el avance del comunismo hacia Grecia en plena guerra civil helénica, el mariscal Tito de Yugoslavia cambió el nombre de esa provincia sureña de Vardar Banovina por el de República Social de Macedonia y lanzó desde allí ataques contra Grecia, conflicto que forzó que decenas de miles de macedonios téncios tuvieran que huir de sus casas y refugiarse en Grecia, como recuerda Edward Joseph del International Crisis Group.. Es decir, que tras un nombre, hay también mucha historia y rencor. Y mucho en juego. La versión contraria la ofrece Misha Glenny (autor de un libro recomendable, McMafia: Crímenes sin fronteras de inminente publicación en España).

Tras la disolución de Yugoslavia, en 1995, en un gesto constructivo, Grecia aceptó temporalmente que aquella República adoptara el nombre de FYROM prometiendo a Naciones Unidas que lo cambiaría. Hasta ahora no lo ha hecho. Se ha negado en redondo pese a que Grecia sí ha aceptado algunas propuestas del mediador de la ONU, como Alta Macedonia o Macedonia del Norte, pero no otras formas como República de Macedonia (Skopje) o Macedonia-Skopje. Grecia, que tiene un gobierno con una mayoría exigua, ha amenazado con vetar la invitación a la FYROM a entrar en la OTAN, junto con Croacia y Albania, lo que debía ser una de las guindas de esta cumbre para Bush.

Imaginemos lo inimaginable: que Francia se partiera. Y el País Vasco francés, incluso con una zona más amplia que integrase otros territorios del Suroeste francés decidiera adoptar, como Estado independiente, el nombre de País Vasco o Euskadi, a secas. ¿Lo permitiría España o los vascos de este lado de la frontera? Lo mismo se podría decir de la Cataluña norte. La comparación se para ahí, pero vale. Los griegos temen que si la FYROM pasase a llamarse República de Macedonia a secas, alimentase así la desestabilización de la zona. Para no importar un nuevo problema a la Alianza, es necesario que ambos cedan, y lo que ofrece a la ONU no es mala solución. Para empezar para la propia estabilidad interna de Macedonia -con su gobierno al borde del abismo y una sociedad de la que no se ha alejado el espectro de una guerra civil- y sus dos millones de habitantes, otro microestado en Europa que impide la estabilización de los Balcanes, una crisis que , por lo que se ve, no está cerrada.

[Publicado el 02/4/2008 a las 05:00]

[Etiquetas: Macedonia, OTAN, Balcanes, Grecia]

[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

¿Dónde debe estar Ucrania?

La demanda de adhesión a la OTAN de Ucrania, impulsada por Estados Unidos, ha caído como otro jarro de agua fría sobre los europeos, algunos de los cuales, como Alemania y Francia, la consideran, como poco, prematura. Pero ni Europa, ni Ucrania ni Rusia han realmente contestado a la pregunta de ¿dónde debe estar Ucrania? Europa no estará unificada, como indica el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop, mientras no coincidan "donde están los países y donde quieren estar".

La cumbre de la OTAN en Bucarest esta semana debe dar el visto bueno a la ampliación a tres nuevos miembros: Albania (¿importará el problema de Kosovo?), Croacia  y Macedonia (si se resuelve la cuestión de su nombre con Grecia). Pero de repente, el presidente y la primera ministra de Ucrania,  Yúshenko y Timoshenko, han puesto sobre la mesa su aspiración, aunque prometiendo que no habrá bases extranjeras (lo que prohíbe su constitución). En lo que será su última cumbre atlántica, Bush, como parte de su legado, quiere dejar encarrilada esta cuestión, con una hoja de ruta o  MAP (plan de acción, en sus siglas inglesas)  para el ingreso. Durante los mandatos de Bush, la OTAN se habrá ampliado a diez nuevos miembros: Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania, a los que hay que sumar ahora los tres apresurados nuevos invitados. Pero con Ucrania (y Georgia que plantea una problemática propia y enrevesada)  "el tiro le puede salir por la culata", señalan fuentes europeas.

Bucarest será la primera cumbre de la OTAN a la que asistirá el aún presidente ruso Vladimir Putin. La cuestión ucraniana eleva la temperatura. Las relaciones entre Rusia y Ucrania son demasiado íntimas como para que la perspectiva del ingreso de Kiev en la OTAN no plantee serios problemas. Hay centenares de kilómetros de contacto entre ambos países que no tienen delimitación. El ingreso obligaría a definir estas fronteras, y a separar algunas ciudades y e industrias militares.

Pero no se trata únicamente de que la OTAN se meta en una senda que aliene a los rusos -o que les otorgue un inaceptable derecho de veto- , sino que los propios ucranianos, están abrumadoramente en contra del ingreso en la Alianza Atlántica. Más de la mitad lo rechaza y sólo menos de un 20% está a favor, según diversos sondeos. Tanto que la iniciativa oficial provocó un boicoteo parlamentario por la  oposición que sólo se resolvió con la aprobación del compromiso de un eventual referéndum. Ucrania debe hacerse una idea de lo que quiere ser, y está aún dividida al respecto.

Para lo que habría una mayoría es para la entrada en la Unión Europea, pero dada la "fatiga de ampliación", y esta perspectiva está en estos momentos fuera del horizonte vital de la UE y de Ucrania. Algunos europeos, como los alemanes y los franceses, son contrarios al discurso anti-ruso que emana de Washington y de otras capitales. En todo caso, piensan que antes de plantear la cuestión de Ucrania y Georgia hay que reducir las tensiones en la región.

La Alianza no sólo se amplía, sino que también gravitan en su derredor posibles socios que no miembros, como Australia, Japón (y para algunos Israel). Es la conversión de la Alianza en una red de seguridad internacional. China aún no ha planteado objeciones, pero si la ampliación de la Alianza empieza a acercarla a sus fronteras querrá tener algo que decir. También la OTAN, que en 2009 cumplirá 60 años, debe pensar qué quiere ser y qué quiere hacer, pues quizás esté demostrando en Afganistán que no vale para la tarea que se le ha encomendado. La cumbre de Bucarest debe producir un concepto estratégico sobre Afganistán que sea convincente al explicar por qué, cómo, con qué fines y con qué estrategias actúa la  OTAN en aquel país, pues va creciendo la oposición en algunas sociedades europeas a la participación en aquella guerra lejana.

La OTAN no ha decidido aún si Rusia "pertenece a Occidente o al resto" (the West or the rest). Con la ampliación de la OTAN -percibida como anti-rusa desde Moscú por el régimen y la población-, "la Alianza gana territorio pero está perdiendo Rusia", observan algunos responsables rusos. Y efectivamente, con cada ampliación de la OTAN parecen perder fuerzas los movimientos pro-occidentales en Rusia, aunque la Alianza no se presente como una amenaza contra Rusia. De hecho,  la amenaza occidental contra Rusia es la más baja desde Napoléon. Pero a menudo las percepciones cuentan más que la realidad.

 Publicado en El País, 31 de marzo de 2008

[Publicado el 31/3/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: OTAN, Ucrania, Bush]

[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

2020: ¿Sobrevivirá la OTAN?

Un conocido de Noruega me indica que en su Ministerio de Defensa han llevado a cabo un estudio geopolítico sobre el mundo en 2020, que prevé que la OTAN se puede encontrar en serias dificultades existenciales para entonces. ¿Por qué? Pues en términos simples porque lo que dominará entonces serán tres polos: Estados Unidos, La Unión Europea y China (a la que, si se añade India da como resultado el concepto de Chindia, ampliamente difundido). Es muy posible que los europeos tengan un tipo de relación con China muy distinto que el que tendrá EE UU que ve en Pekín la posible emergencia de un polo rival. EE UU podría para entonces tener una visión confrontacional, o cuando menos rival, de China, mientras que la Unión Europea, no implicada en la carrera por el poder duro, podría tener unas relaciones mucho más constructivas con el gigante asiático. ¿Donde quedarían entonces las relaciones transatlánticas sobre las que se basa la hoy Alianza de 26 que pronto se va a ampliar a otros tres países? Es posible que estás distintas visiones sobre China acaben socavando las bases de la OTAN.

Los chinos tienen un pensamiento geopolítico sofisticado. Así, si han presionado, aparentemente con éxito, a Corea del Norte para que renuncie a su programa de armamento nuclear no es sólo porque no desea tener un vecino con armas atómicas. Sino también porque si Pyongyang lo lograra, otros países, como Japón o Corea del Norte, se verían obligados a seguir esta carrera lo que mermaría el poder chino.

[Publicado el 13/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: OTAN, nuclear, China, relaciones transatlánticas]

[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

La última guerra de la OTAN

En Afganistán, los aliados de la OTAN no parecen dispuestos a compartir por igual los sacrificios. EE UU ha pedido 7.000 soldados suplementarios a sumar a los actuales 45.600. Washington pondrá 3.000 más, pero sólo temporalmente. Ha molestado a algunos aliados que el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, en vísperas de la reunión de ministros que ha tenido lugar en Vilna, hubiera dirigido cartas individualizadas a los otros 25 miembros de la Alianza, con peticiones muy concretas a cada uno, por ejemplo, en el caso español guardias civiles para el control de fronteras, petición que España no está en disposición de atender. En público Gates, sin embargo, habló de que sus peticiones se referían a lo que la Alianza debe hacer en su conjunto. Con uno señalando a los demás lo que han de hacer, no funciona una alianza, según alguna opinión en la Conferencia anual sobre Política de Seguridad de Munich, que ha girado en torno a Afganistán, donde la OTAN se juega no solo el futuro del país sino el suyo propio. Tampoco, según otros, con una asunción de riesgos demasiado desigual, "entre los que quieren combatir y los que no", como crudamente lo puso Gates.

El Rubicón a cruzar por algunos aliados sería bajar al Sur y al Este, pero eso significa ir para entrar en combate. Alemania, donde un 55% de la opinión pública está en contra de la participación en esta guerra, no se lo plantea. España, tampoco. La Francia de Sarkozy -presente en Munich a través de su ministro de Defensa, Hervé Morin, - aparece como la única que, con los británicos, canadienses y holandeses que ya están allí, ha dado un paso adelante.

Esta es una guerra confusa, que ha cambiado de objetivos, mandato y estrategia desde que se inició a raíz del 11-S. Ha habido progresos, pero el riesgo de perderla sobre el terreno y en la opinión pública afgana (que ve crecientemente a esta fuerza de la OTAN como de ocupación) y la occidental es grande. "Aunque no estamos perdiendo, no es seguro que estemos ganando" según el senador americano republicano Lindsey Graham, un convencido de que la guerra de Irak se va a ganar. Pero de no ser por la de Irak hoy no habría problemas de efectivos norteamericanos para la guerra de Afganistán.

Hay un problema de definición que la OTAN pretende aclarar con la publicación, con ocasión de su cumbre en Bucarest en abril, de un documento de visión estratégica que recoja una explicación del por qué de esta guerra y la necesidad de aunar una acción militar convincente con la de reconstrucción del país, y su afganización para que los locales asuman su propia seguridad. No es fácil cuando un soldado del nuevo ejército afgano cobra mucho menos que un combatiente enrolado por los talibanes. Una parte de Al Qaeda ha llevado el centro de gravedad de su guerra de Irak a Afganistán. Y ha resurgido el cultivo de opio, para combatir el cual no está la OTAN. En todo caso, hubo en Munich un amplio acuerdo de que esta guerra no se ganará sólo por medio de la fuerza militar, como descubrieron en su día británicos y soviéticos. Pero sí requerirá, como señaló Morin, un esfuerzo militar suplementario a corto plazo.

Pakistán, con sus problemas internos, no ayuda. Y en el sur y este, la OTAN se está metiendo en tierras que nunca ha controlado nadie, salvo las tribus locales. Probablemente, como indican algunos británicos, habrá que acabar pactando con eso que se llama los "talibanes moderados", pues es imposible o inaceptable destruirlos a todos. Pero el presidente de Afganistán no quiere oír hablar de ello. Karzai controla poco. Tan poco que se le apoda "el mejor alcalde de Kabul". Está al frente de un Gobierno que no llega mucho más allá de la capital y lleno de corruptos. Ha vetado al liberal británico Paddy Ashdown, que hubiera sido un buen coordinador local de la ONU, pues la descoordinación entre las diversas organizaciones civiles presentes en Afganistán es patente. Pero es británico, y Karzai y los afganos no se llevan bien con la antigua potencia colonial.

Quizás la OTAN no valga para este tipo de guerras tan lejos de su área tradicional. De hecho, desde 2003, la OTAN - transformada según Gates en una "multifacética fuerza expedicionaria"- no ha asumido ninguna nueva misión, mientras la ONU ha sumado diez más. La Alianza, que el año próximo cumplirá 60 años, no está en peligro. ¿Pero, se preguntaron algunos en privado en Munich, será Afganistán su primera guerra terrestre y su última?

Publicado en El País, el 11 de febrero de 2008

[Publicado el 11/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Afganistán, OTAN, guerra, Munich]

[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Foto autor

Biografía

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.

 

Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.

 

Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Bibliografía

La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.

Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.

La razón de Europa (1994), Aguilar.

El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

 

Artículo

"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)

 

Entrevista en la edición online de Newsweek.

Premios

2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Vídeos asociados

Obras asociadas

© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres