El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
martes, 13 de mayo de 2008

La aspirante demócrata Hillary Clinton en campaña en la Universidad de Pensilvania.
Se suele decir que esta pelea está favoreciendo al único candidato republicano que queda, John McCain, en detrimento de unos demócratas que parecen divididos. Tal afirmación está por probarse en esta carrera inhumanamente larga. Lo que probablemente los electores de Clinton o de Obama no tolerarían es que la decisión final la tomaran en la convención el próximo verano los llamados superdelegados, altos cargos del partido. Aunque las reglas del juego les permitan convertirse en los decisores finales, deberían decantarse por lo que han elegido mayoritariamente los ciudadanos en las urnas y los caucuses, previsiblemente, Obama.
Tal posición no está exenta de problemas pues tenderán a volcarse por el candidato con más posibilidades de ganar a McCain. Obama ha demostrado tener un problema entre los votantes hombres blancos, sin los cuales sería difícil vencer en noviembre. Tiene el voto negro, mientras que el hispano parece más proclive a Clinton. Obama ha impulsado, sobre todo, la fuerza vital de los nuevos votantes jóvenes, los que se han movilizado en estas primarias. Pero no consigue ganar en los Estados grandes que serán los decisivos en noviembre.
En cuanto al dream team demócrata, Obama-Clinton o Clinton-Obama, es algo que los electores verían con buenos ojos, pero, desgracia aunque comprensiblemente, no los protagonistas. Sea como sea, tras Pensilvania, como se decía ayer en EE UU, the show must go on.
[Publicado el 24/4/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Clinton, Obama, McCain, EE UU, primarias]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]
El rifle, la religión y el forastero

Barack Obama
¿Ha pinchado Barack Obama en el hueso de la América profunda? Ahora asegura que no se entendió lo que quería decir. Lo que dijo, en una cena en San Francisco la semana pasada a puerta cerrada para recaudar fondos para su campaña, es que los habitantes de las ciudades pequeñas en Pennsylvania (próxima gran primaria entre los demócratas el 22 de abril), ante sus frustraciones económicas, "se aferran a los rifles o la religión o la antipatía hacia la gente que no es como ellos".
Como era de esperar, Hillary Clinton se ha tirado al degüello de su rival. La senadora Clinton ha recordado su educación religiosa y también ha recordado cómo su padre le enseñó a disparar. Pero, bajo la apariencia de un debate sobre los valores de la sociedad americana, y especialmente los de sus pequeñas poblaciones, lo que han conseguido las palabras de Obama es que vuelva a centrase la campaña -entre demócratas, y entre estos y el republicano John McCain que intenta hacerse con una agenda más conservadora en los social- el tema que pareció haber desaparecido, pero que como el Guadiana, ha resurgido: la religión. Y todo en vísperas de la llegada a EE UU del Papa Ratzinger que sin duda reforzará la dimensión de esta cuestión, ante la cual se nota una cierta incómoda de Obama que intenta explicar su formación católica en la escuela en Indonesia. Benedicto XVI será bien acogido por el pueblo americano, aunque sigue siendo un desconocido para uno de cada diez, una proporción significativa, a juzgar por algunas encuestas.
Independientemente del efecto que las palabras de Obama pueda tener sobre su campaña y su intento de atraerse el voto blanco obrero o rural, ha resurgido la América profunda en sus tres dimensiones más esenciales: las armas, la religión y la inmigración Las dos primeras son cuestiones que separan en lo más profundo a la sociedad americana de la europea o canadiense. Sobre ellas, como he escrito en otro lugar, se ha apoyado mucho Bush. Parecía que se pasaba página. No es así. La religión sigue muy presente en estas elecciones aunque, por ejemplo, no necesariamente el voto evangélico, se decante por los republicanos, pues una parte está opuesta a la guerra de Irak, entre otras cuestiones.
[Publicado el 15/4/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Obama, Clinton, elecciones, religión]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]
Estados Unidos está en cambio, como reza el lema de Barack Obama. Parece estar viviendo el final de una etapa, la que empezó con Ronald Reagan y que se definió como revolución conservadora, con su política económica neoliberal y su visión social. Algunos ven las raíces de esta situación en Administraciones anteriores, como la de Nixon. Es verdad que la guerra de Vietnam fue responsabilidad primera de los demócratas y abrió paso a los neocons. Pero, en realidad, el ideario de este conservadurismo revolucionario (aunque parezca contradictorio unir estos términos) empezó a calar políticamente en 1981 con la llegada de Reagan a la Casa Blanca. (...)
Esta nueva embestida conservadora fue, sobre todo, un ataque desde la política contra el Estado, un intento de socavar la política desde la política. Sus bases doctrinales esenciales están en un interesante libro publicado en 1974 en defensa del Estado mínimo, que sigue imprimiéndose y vendiéndose: Anarquía, Estado y utopía, del filósofo de la política Robert Nozick, fallecido en 2002. Se trataba de jibarizar lo público. (....) Puede considerarse que la época de Clinton fue un paréntesis, pero en realidad continuó en esta línea, entre otras razones porque los demócratas perdieron el control del Congreso a los dos años y el presidente tuvo que navegar pactando con una mayoría republicana, cada vez más neoliberal y neoconservadora.
Clinton fue un globalizador. Bush ha intentado ser un emperador. Pero si el final de la guerra fría sirvió de acicate a los neocons, el conflicto de Irak ha frenado las ansias imperiales. Los ciudadanos estadounidenses descubrieron una realidad social escondida en el centro de Nueva Orleans, que el huracán Katrina sacó a la luz, y quieren un cambio. ¿En qué sentido? Previsiblemente hacia una mayor política social, más gasto público en infraestructuras, más multilateralismo, pero también proteccionismo. Un cambio, unas variaciones, más que una ruptura.
Pues el conservadurismo y el neoliberalismo en Estados Unidos han dado pruebas de agotamiento. Por eso el próximo presidente puede ser de transición. El republicano John McCain es una cara de esa posible transición; Hillary Clinton, otra. Barack Obama también, aunque es de otra generación, más participativa, más Web 2.0. (...) De hecho, Obama no se presenta como un liberal (en sentido americano, de izquierdas). Incluso ha llegado a considerar que Reagan respondió al deseo de orden y sentido de dirección de su país, que los liberales no aportaban. (...)
La transición en la Presidencia del país más poderoso de la Tierra coincide con la que tiene lugar a escala mundial, cuyo comienzo suele fecharse en 1989 con la caída del muro de Berlín y el posterior fin de la Unión Soviética y la guerra fría. Esta transición durará en total tres décadas, como otras anteriores. La última y decisiva empieza en 2009 con un nuevo inquilino en la Casa Blanca, aunque el nuevo mundo ya no se forje sólo en Washington, sino también en Chindia (China más India), Europa y lo que Parag Khanna llama Segundo Mundo. Este último va a resultar crucial en la fase final -junto a una sociedad civil global mucho más poderosa (con sus lados oscuros)- a medida que sus países vayan decantándose hacia unos y otros polos. (...)
El texto completo de este artículo ha sido publicado en el número de abril-mayo de 2008 de Foreign Policy Edición Española.
[Publicado el 01/4/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Estados Unidos, presidencia, Clinton, Obama, McCain, Reagan]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]
Hillary: 22 de abril o 29 de junio

Barack Obama y Hillary Clinton.
Hillary Clinton se ha recuperado en las primarias de Tejas y Ohio. Ha demostrado que gana en los Estados grandes, que son los decisivos para la presidencial del 4 de noviembre. Sin embargo, el gran triunfador de este segundo supermartes ha sido John McCain que se ha convertido en el candidato republicano único, con lo que les saca ventaja a los demócratas que aún siguen en la pelea pues desde ayer se puede empezar a concentrar en las elecciones de noviembre. Por eso Clinton, que va aún por detrás de Barak Obama en número de delegados, tendrá que tomar una decisión sobre si seguir en liza o renunciar. Aunque las primarias van hasta el 7 de junio (Puerto Rico), si en la próxima gran cita de Pennsylvania, el 22 de abril, no adelanta a Obama, la primera mujer con posibilidades de llegar a la Casa Blanca debería renunciar en aras de las posibilidades del primer negro.
Si no lo hace, y si ninguno, como ya parece imposible, logra los 2.025 delegados necesarios para ganar la nominación, la pugna puede llegar hasta la Convención demócrata en agosto en Denver, y, según cómo, facilitar la victoria de McCain. De aquí a entonces, la carrera se podría tornar en pelea entre Obama y Clinton si se le añade el problema, que la candidata ha empezado a esgrimir, de cómo contar los 366 delegados de las primarias de Florida y Michigan, que le favorecen pero que la central del Partido Demócrata había considerado nulos al celebrarse en una pronta fecha no autorizado. Pueden ser decisivos.
Como bien analiza Michael Tomasky en un artículo titulado "Un posible superproblema" en el último número de The New York Review of Books, el partido demócrata podría optar por no contar esos delegados -para frustración de unos votantes en un Estado como Florida que se ha demostrado clave en las últimas elecciones- o repetir las votaciones en forma de caucus, y ya no de primarias. Sólo tiene hasta el 29 de junio. Pues a partir de entonces, la decisión se tomará ya no desde el Comité de Reglas, dependiente del Nacional, sino del Comité de Acreditaciones de la Convención, que parecen dominar clintonianos y que debería aceptar o rechazar a esos delegados de Florida y Michigan.
En todo caso, los llamados superdelegados, 796 notables del partido, van a pesar probablemente menos de lo que es especula. Como ha indicado la presidente demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, para la cual "sería un problema para el partido si el veredicto fuera diferente del que el público ha decidido". Es decir que los superdelegados acabarán por plegarse a la voluntad mayoritaria de los delegados. De otro modo, la derrota de cualquiera fuese el candidato demócrata estaría garantizada.
¿A quién preferiría enfrentarse McCain? Pese a lo que indican los sondeos en la actualidad, es muy posible que a Obama, por ser un valor nuevo, y porque no se le ha examinado aún con lupa, mientras que a la dura Clinton ya se le han sacado todos los trapos sucios posibles, y los ha superado.
[Publicado el 06/3/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Primarias, Clinton, Obama, McCain, Estados Unidos]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
La socialdemocracia en Europa está en horas bajas. Quizás por eso su gran esperanza, si gana el 9 de marzo, es Zapatero, a quién fuera se le ve un poco como un Obama español, según se dijo en un reciente seminario organizado en Londres por Policy Network, una red que se puso en marcha en tiempos de Blair. Aunque lo que más gusta de Obama es que ha logrado inyectar en las primarias una carga emocional que los socialdemócratas consideran que, en general, les falta.
En Alemania, no parece que el SPD vuelva a gobernar en coalición con los democristianos; en Italia, la izquierda está en crisis y Veltroni es, además de una incógnita, es otra cosa, más a lo demócrata americano; en Francia los socialistas están hundidos (aunque se pueden falsamente recuperar en las municipales), y entre los británicos, Brown, que participó en esa reunión, no despierta pasiones siquiera entre los suyos. La presentación por Carlos Mulas-Granados del programa socialista español desde tres ejes -segunda modernización, extensión de los derechos civiles y sociales, y nuevas respuestas para los problemas globales-despertó interés. Si gana, y el socialismo español desarrolla un pensamiento propio -doble condición-, ZP tiene la ocasión única de convertirse en la referencia de la socialdemocracia en Europa. Se le espera en la cumbre en Londres en abril sobre Gobernanza Progresista que debería lanzar mensajes más positivos.
¿Por qué esta crisis general de la socialdemocracia? Para empezar, en Europa y en EE UU el debate político se sitúa aún en el terreno marcado por los conservadores desde Reagan y Thatcher. La izquierda no ha logrado salir de él, mientras crece el sentimiento antiglobalización y el temor a la inmigración, lo que la derecha populista sabe explotar bien. Además, según Edgar Grande, catedrático de Política Comparativa de Munich, el espectro político se está moviendo hacia la derecha en Europa. En el terreno de la política cultural e identitaria, la derecha populista domina el discurso. No hay una cultura en la socialdemocracia sobre cómo pensar la cuestión de la identidad, la inmigración y otras dimensiones,. De hecho, según Grande, la globalización ha cambiado las bases de la política en Europa Occidental, generando nuevas divisorias. Hay nuevos partidos populistas de de extrema izquierda y de extrema derecha.
De las divisiones que cruzan a través de la tradicional visión entre izquierda y derecha, el también alemán Gero Neugebauer ve tres dimensiones esenciales en cuanto a conflictos de valores: libertarios frente a autoritarios, justicia social frente a libre mercado, y religión frente a secularismo. Están, así, surgiendo lo que Neugebauer llamó nuevos "milieus políticos". El problema para la socialdemocracia es que, si quiere conseguir los votos necesarios para gobernar, debe situarse a la vez en todos esos ellos.
Otro factor que complica la situación para los socialdemócratas es que éstos han estado sobre todo dirigiéndose en los últimos años a los ganadores de la globalización; mientras que su granero potencial de votos está también entre los perdedores. La socialdemocracia ha perdido votos en la clase trabajadora y entre los sindicatos, un terreno que, según Roger Liddle, vicepresidente de Policy Network, ha ocupado en parte la extrema derecha. Entre los perdedores ha surgido una nueva categoría que ya no se llama el proletariado, sino el precariado, formado sobre todo por jóvenes. Pues la desigualdad que genera no es sólo entre capas sociales, sino entre generaciones. Según el francés Bernard Spitz, "la generación pobre es la generación joven".
Si Brown habló de la necesidad de "liberar las potencialidades de todos", la educación es una respuesta, siempre que reconozca la pérdida de valor de los diplomas, y de que la igualdad de oportunidades que genera deba darse a lo largo de toda la vida. Al cabo, la desigualdad mayor es "entre los que tienen control sobre su futuro y los que no".
Los socialdemócratas según Grande, han sufrido además en casi toda Europa "el declive de una oposición responsable". Y un creciente abstencionismo en lo que se llama la "era del escepticismo" en el que votar o no ya no es una decisión derivada del sentido del deber. En todo caso, hubo un cierto acuerdo en que la renovación desde el gobierno es más difícil de llevar a cabo que desde la oposición.
La gran esperanza para los socialdemócratas es el debate sobre el cambio climático, pero no son ellos los que lo han planteado, aunque lo hayan asumido. De hecho, se dijo, esta izquierda ha perdido capacidad a la hora de "poner temas sobre la mesa". Quizás deba volver a mirar más hacia los demócratas en EE UU.
Publicado en El País, 25 de febrero de 2008
[Publicado el 25/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Socialdemocracia, izquierda, derecha, Obama]
[Enlace permanente] [Imprimir] [1 comentario] [Enviar a un amigo]
"Yes, we can", dice la campaña de Barak Obama. Lo que ha traducido al español, para los hispanos, en "Sí, se puede" (y no, "sí, podemos"). Sus asesores (él no habla español) demuestran un buen uso del español. Una frase suya colgada en su página web dice algo que coincide con el mensaje de Zapatero de "motivos para creer": "Os pido que creáis: No sólo en mi capacidad para lograr cambios en Washington ... Os pido que creáis en la vuestra". Está muy en la línea de John Kennedy, a la inversa, con su discurso sobre no penséis en lo que vuestro país puede hacer por vosotros sino en lo que vosotros podéis hacer por vuestro país". Sólo que esta vez el sujeto es el ciudadano.
Un reciente artículo en The New York Times comparaba a Obama a un Mac y a Hillary Clinton a un PC. Uno con una página web clara, dentro de la lógica de lo intangible; la otra con una página frenética, llena de propuestas concretas, llena de estrategias (en plural). Pues Clinton, siguiendo a su principal asesor Mark Penn está haciendo una campaña basada en microtendencias, en propuestas para cada uno de los pequeños y grandes grupos, mientras Obama prefiere la brocha gorda del cambio y un mensaje emocional. Como indicaba Matt Browne, ex asesor de Blair, son dos tipos casi opuestos de hacer campaña.
¿Donde estamos en España? Pese al mensaje de la fe, de las creencias, Zapatero está lanzando unas propuestas mucho más de microtendencias, de medidas para los grupos de población cuyo voto se quiere atraer, que Rajoy con sus "ideas claras" que son más bien brochazos gordos, aunque efectivos y profesionales. Pero algo anda mal cuando propugna creencias el que no debería y el otro ideas.
[Publicado el 19/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Obama, Clinton, Rajoy, Zapatero, elecciones]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]

El veterano senador por Arizona, John McCain.
Hoy por hoy, el republicano John McCain podría ganar en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre en EE UU. El supermartes le ha puesto como claro vencedor entre los republicanos aunque Romney y Huckabee sigan vivos y con algunas significativas victorias.
La batalla entre Clinton y Obama por la nominación demócrata va a seguir, al menos durante cuatro semanas en que votan algunos Estados poblados como Texas (la última cita de los demócratas es el 7 de junio en Puerto Rico). Esto puede distraer a los demócratas, incluso polarizarlos (aunque no haya tantas diferencias entre ambos), mientras McCain se afianza. Un ticket al final de ambos, que ninguno rechaza en principio, ganaría fuerza, pero nada está garantizado.
Las elecciones al Congreso que ganaron los demócratas en noviembre de 2006 fueron, esencialmente un voto de castigo contra la Administración Bush por la guerra de Irak. Pero la idea del refuerzo y el cambio de estrategia, la famosa surge, salió de McCain que desde el Senado la impulsó. Fue una apuesta arriesgada, pero que puede darle réditos.
El 25 de marzo, en un sondeo que ha pasado casi desapercibido, Gallup llegaba a la conclusión de que McCain le podía ganar tanto a Obama (por 50 a 45), como a Clinton (50 a 47). Otros posteriores son menos claros. La media de encuestas que publicaba ayer El País señalaba que McCain le ganaría a Clinton, pero no a Obama. Y, en todo caso, por poco. Claro que cuando se acerque el 4 de noviembre, las cosas serán muy complicadas y contarán no sólo los candidatos a la Casa Blanca sino sus acompañantes como aspirantes a vicepresidente. Sobre todo en el caso de McCain, dada su edad (tendrá para entonces 72 años).
A favor de McCain cuenta también la ubicación ideológica de los americanos, a la derecha del centro. Según un estudio del Centro Pew, en una línea que va desde la izquierda (liberal, en la terminología al uso allí) a la derecha (conservadores), y cuyo centro serían los "moderados", el votante medio está a la derecha de éstos. McCain un poco más aún, pero Clinton y Obama más alejados desde el otro lado. Lo que augura un corrimiento de cualquiera de ellos que resulte nominado hacia la derecha.
Hay también, en Obama y Clinton, la cuestión de la raza y del gènero. Pero lo que domina estas elecciones primarias es la idea del cambio, que lanzó Obama. Es, ante todo un cambio respecto a Bush y a lo que representa. Muchos candidatos la han hecho suya, incluida Clinton y también McCain. Aunque éste es poco apreciado entre los republicanos más republicanos, más cerrados, y los más religiosos, o de opciones religiosas más fundamentalista. Quizás por eso, en alguno de estos Estados se presentó como "el verdadero conservador", cuando para ganar en noviembre va a tener que despegarse de Bush. En su contra juega que esta vez, los electores demócratas están mucho más movilizados. Aunque la palabra final la tendrán los independientes que pesan como nunca en ambos campos.
No es un vaticinio, imposible a estas alturas. Sólo un aviso para no echar precipitadamente las campanas al vuelo.
[Publicado el 07/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Primarias, Estados Unidos, McCain, Clinton, Obama, elecciones]
[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]
Ted Kennedy ha salido en apoyo en Barak Obama, causando una pequeña revolución en el campo demócrata y con los Clinton considerándolo una traición. Kennedy es un apellido que conlleva un mito, y el actual patriarca de la familia es bien consciente de ello. Y como tantos mitos, tiene bases verdaderas y otras falsas. John Kennedy supuso un soplo de frescor cuando llegó a la política y el más joven (44 años, Obama tendrá 47 si lo consigue) a la Casa Blanca, e impulsó una agenda de derechos civiles de los negros que tras su asesinato realmente llevó a cabo Lyndon B. Johnson. En su toma de posesión lanzó el famoso: "No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tu puedes hacer por tu país". Cabe preguntarse qué hizo por el mundo. Y la respuesta empieza entonces a cobrar tintes negativos
Desde el punto de vista de la política internacional, John Kennedy fue un auténtico boy scout, cuyo legado aún sufrimos hoy en día. Para empezar, él fue quién utilizó, ya en su campaña para senador en 1958, la idea, falsa, que había un missile gap, un desequilibrio en número de misiles y vectores con cargas nucleares a favor de la URSS, iniciando una loca carrera armamentista. Es una mentira que intentaron meter la CIA y la fuerza aérea norteamericana, aunque el espionaje americano rectificó y consta que así se lo explicó al candidato a presidente en el verano de 1960. Pero Kennedy no hizo caso al aviso de su predecesor, Dwight Eisenhower, quien en su despedida previno contra lo que llamó el "complejo industrial-militar". Otros se encargarían en los años 70 de acentuar aún más esta tesis del desquilibrio frente a la Unión Soviética y almacenando la capacidad para destruir varias veces la Tierra.
Está además el fracaso del desembarco en Bahía de Cochinos para derrocar a Catsro en Cuba, plan de nuevo impulsado por la CIA y que Kennedy no frenó. La crisis de los misiles de Cuba, sí la llevó bien -aunque el buen consejo vino de otros- aunque nunca estuvo el mundo tan cerca de su primera guerra nuclear tras Hiroshima y Nagasaki. O su actitud en defensa de la libertad tras la construcción del Muro de Berlín. Pero Kennedy, desoyendo los consejos de De Gaulle que le recomendó quedarse al margen de Indochina, aceleró la escalada que ya había iniciado Einsenhower en Vietnam enviando 16.000 asesores militares y fuerzas especiales, además de permitir el bombardeo con napalm y otros horrores.
John Kennedy fue mejor hacia adentro que hacia afuera.
[Publicado el 01/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Kennedy, Vietnam, Obama, nuclear]
[Enlace permanente] [Imprimir] [1 comentario] [Enviar a un amigo]
Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.
Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.
Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.
Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.
La razón de Europa (1994), Aguilar.
El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.
Artículo
"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)
Entrevista en la edición online de Newsweek.
2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
13/5/2008 00:28
Publicado por: kdj
10/5/2008 18:24
Publicado por: Ana Román
03/5/2008 00:27
Publicado por: jesús
03/5/2008 00:21
La verdad es que Dios es uno...
Publicado por: Alicia
02/5/2008 23:33
Publicado por: Jose Gonzalez
29/4/2008 19:43
Publicado por: alicedd
28/4/2008 12:41
Publicado por: Diego Cruz
28/4/2008 02:01
me paraece muy interensante esta...
Publicado por: cinthia clarita milagros bustamante bernilla
27/4/2008 18:45
Publicado por: Josep
25/4/2008 12:59
Gracias por sus articulos,bien...
Publicado por: maleas
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres