El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

jueves, 4 de diciembre de 2008

 Asuntos exteriores / Blog de Andrés Ortega

El arzobispo y la sharia

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El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.

Rowan Wiliams, arzobispo de Canterbury y máxima autoridad eclesiástica de la Iglesia Anglicana  ha armado mucho lío al sugerir que había que considerar introducir algunos elementos de la ley islámica (sharia, sobre cuya interpretación hay al menos cinco escuelas distintas) en el sistema legal inglés, como ocurre en parte con algunos judíos ortodoxos. Pero no es algo tan sencillo lo que ha propuesto este fino pensador religioso en su discurso la semana pasada ante los Royal Courts of Justice, aunque sus declaraciones a la radio o la manera de presentarlo hayan simplificado extremadamente su mensaje.

Madeleine Bunting, una de las mejores columnistas del diario británico The Guardian, consideró que puede que haya buenas razones para iniciar el debate sobre la sharia en Gran Bretaña, pero que quizás el arzobispo no debió empezar así, provocando una "tormenta mediática perfecta". Pero "lo que Rowan Williams puso de relieve es que hay aspectos de la sharia que se aplican a través de tribunales de la sharia que ya existen" en el Reino Unido. ¿Pretendemos que no existen o les otorgamos algún tupo de reconocimiento?", señaló Bunting.

Pues Williams ha puesto el dedo sobre un espinoso problema en una sociedad multicultural. Lo que ha venido a decir Williams, en un complejo argumento bien documentado, es que estas poblaciones musulmanas en Inglaterra no se verían reconocidas en el ordenamiento legal inglés (por extensión británico) si no se recogían algunos de sus propios aspectos culturales. Naturalmente no se refería a la lapidación de los adúlteros o a la poligamia, ni siquiera al derecho a la apostasía -en lo que se extiende, dado el no reconocimiento por una parte del islam-, o a los matrimonios forzosos sino a otras cosas como el matrimonio, el divorcio o disputas financieras. Tribunales de la sharia podrían ser reconocidos para estos fines.

Lo que vino a decir Williams, que nunca utiliza los términos fundamentalista o integrista, sino "primitivistas" al referirse a los islamistas más radicales, parte de que vivimos en unas sociedades con identidades múltiples que se solapan, y de  que los musulmanes en su país no deberían tener que elegir entre "las duras alternativas de la lealtad cultural y la lealtad al Estado". Pues hay comunidades en su sociedad que "aunque no menos respetuosas de la ley que el resto de la población, se relacionan con otra cosa que únicamente el sistema legal británico", y "buscan la libertad para vivir bajo la sharia". Para el arzobispo "si el derecho del país no toma en cuenta lo que para algunos agentes podría ser una razón propia de comportamiento (...) fracasa en un modo significativo a la hora de comunicar con alguien implicado en el proceso legal". Intenta evitar que los ciudadanos tengan que elegir. Y de ciudadanos se trata, pues sitúa por encima el concepto de ciudadanía común.

Para deshacer las simplificaciones que se han difundido sobre su discurso, cabe destacar dos frases centrales: "Si se reconoce algún tipo de jurisdicción plural, debería ser presumiblemente bajo la rúbrica de que ninguna legislación suplementaria podría tener el poder de negar el acceso a los derechos otorgados a otros ciudadanos o castigar a sus miembros por reclamar esos derechos". Es decir, que si se admitiera una parte de la sharia por razones culturales, los que se acogieran a ella no perderían los derechos del régimen general, que predominaría en caso de conflicto; mantendrían sus derechos de ciudadanía. Aunque antes hay que "estar preparados para pensar sobre las reglas básicas que pudieran organizar la relación entre jurisdicciones". Para Williams el Consejo de la Sharia Islámica que existe en Inglaterra no es suficiente para avanzar por estos caminos, Se requiere algo mucho más representativo

La derecha se soliviantó, pero también el Gobierno laborista ante el mensaje de  Williams. Todo esto no es un problema estrictamente inglés o británico. En Francia, los sociólogos calculan que hay 10.000 familias poligámicas, naturalmente, no reconocidas oficialmente, pero también se prefiere ignorar esta realidad. Pero sobre todo la relación entre derecho y culturas se va a plantear pronto en muchas sociedades. Canadá ya rechazó lo que ahora plantea Williams para Inglaterra. En el Reino Unido, no se reconocen (en parte sí) los matrimonios o divorcios islámicos (pese a que muchos se crean que sí), de los residentes, pero sí los llevados a cabo en países musulmanes, como Pakistán. Lo que complica la situación a escala global. En España el matrominio católico tiene una plasmación directa en el matrimonio civil, por los acuerdos entre Iglesia y Estado. No en Francia donde quien e¡se quiera casar por la iglesia tiene que pasar tambiñen por el ayuntamiento.

Rowan Williams ha armado un gran lío. Pero habrá que volver, con rigor y sin pasión, sobre lo que ha planteado.

[Publicado el 12/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: sharia, Williams, derecho, islam, musulmanes]

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Pañuelo turco

Nunca es bueno el exceso de prohibición. Que las mujeres que lo deseen no puedan llevar el pañuelo islámico en las universidades turcas (y en otros ámbitos de política pública) es un recorte en las libertades. Turquía es el único país en Europa (fue otrora el enfermo de Europa y es miembro del Consejo de Europa) que tiene tal prohibición. No es que sea contraria a la ley europea. El Tribunal de Estrasburgo falló en contra de una diputada turca a la que no dejaban llevar el pañuelo en el Parlamento. No es comparable a la prohibición francesa que impide llevar signos religiosos ostentosos (entre ellos el pañuelo) únicamente en las escuelas públicas, es decir, a los menores (en este caso chicas) presionadas por sus familias; no en la universidad.

El Gobierno de Erdogan y su AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo, de raíces islámicas, pero a la vez el más modernizador en términos económicos y al más pro-europeo), con el apoyo del derechista Partido del Movimiento Nacionalista,  quiere superar esta limitación, cambiando la Constitución (que dictaron los militares en 1980), y por medio de una ley especial, que en cualquier caso habrá de elaborarse que permitirá el pañuelo tradicional, basörtüsü, pero nada que tapara la cara o el pelo completamente, o la barbilla, o hasta los pies. Según la nueva ley se permitirá el acceso a la universidad a mujeres "cuyo rostro sea visible y cuyo velo esté atado bajo la barbilla", si lo lleva". Pero la oposición laica se opone ante el temor de que este primer paso lleva a la generalización del türban que cubre el pelo y tapa la barbilla. Y el Tribunal Constitucional podría parar estos avances.

Una hija de Erdogan estudia de hecho fuera de Turquía debido a la actual prohibición, que lleva a numerosas mujeres a acudir a estos ámbitos de enseñanza con el pañuelo a su vez tapado por una peluca. Los rectores actuales se oponen. Pero es una ola difícil de parar en una sociedad islámica, y a cuyo electorado el AKP debe mucho. El Ejército no parece ya siquiera tener la fuerza para imponer el laicismo kemalista a ultranza que en un tiempo fue sinónimo de modernización. Lo más probable es que Erdogan se salga con la suya. Y las universidades se llenen de pañuelos en unos meses, como se han llenado las calles de tantas ciudades turcas, donde se ven a muchas parejas besándose, ella cubierta con el pañuelo. Éste se ha convertido no ya en una imposición sobre la mujer, sino en un signo de identidad en Turquía y en muchas otras sociedades. Tras el 11-S muchas estudiantes de la Universidad de Harvard se lo pusieron para reivindicar su identidad y desde ella marcar distancias con Al Qaeda.

[Publicado el 06/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Turquía, pañuelo, velo, musulmán, Erdogan]

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Gandhi

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Mahatma Gandhi

Ayer hizo 60 años que Mahatma Gandhi murió asesinado por un integrista hindú. Muerte absurda para el apóstol de la no violencia y la resistencia cívica. El crimen, muchos años antes de que surgiera la tesis del choque de civilizaciones, refleja cómo una parte del peligro viene de dentro de la cultura propia. Después de él, Anwar el-Sadat falleció a manos de un fundamentalista musulmán y Menahem Begin de un judío radical. En eso de las civilizaciones, Gandhi tuvo algo que decir. Preguntado en una ocasión qué pensaba de la civilización occidental en su buen estilo: "Sería una buena idea".

¿Qué queda de su legado hoy? Mucho. Los terroristas yihadistas y otros de hoy contradicen a Gandhi. La desobediencia civil y la resistencia pasiva la aprendió en Suráfrica, donde luego otro de los mayores personajes mundiales que ha dado el siglo pasado, Nelson Mandela, también la aplicaría. Naturalmente tiene mucho que ver con la correlación de fuerzas -así les ganó la mano a los británicos- y con su propia concepción moral. "Estoy dispuesto a morir. Pero no hay causa alguna por la que esté dispuesto a matar".

Tuvo un gran sentido religioso, pero desde la comprensión de la pluralidad de las religiones. Y si "una religión no toma en cuenta los asuntos prácticos y no ayuda a resolverlos, no es religión". Consideró un error -que queda resaltado hoy de nuevo- la Partición, la separación de Pakistán (entonces y hasta 1971 unido a Bangla Desh) de India, pues él quería fomentar la convivencia entre hindúes y musulmanes. De hecho, India -que cuando murió Gandhi tenía 349 millones de habitantes y hoy se acerca a los 1.200 millones- es hoy, tras Indonesia, el segundo país con más musulmanes (133 millones de la Tierra). Y probablemente le hubiera satisfecho ver llegar a un sij, Manmohan Singh, al cargo de primer ministro.

En el fondo creyó profundamente en la libertad "que no vale la pena tener si no connota la libertad de equivocarse". "Un no pronunciado desde la convicción más profunda es mejor que un simplemente pronunciado para complacer, o peor aún, para evitar problemas", añadió. Un gran fracaso suyo y de los que le siguieron fue su intento de acabar con el sistema de las castas en India, que aún a día de hoy sigue estando muy vigente, aunque formalmente ilegalizado.

Sería bueno en muchas cosas volver a Gandhi. Faltan gentes como él, como Mandela, en este mundo de hoy. Su memorial en Delhi sobrecoge por su sobriedad.

[Publicado el 31/1/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Gandhi, paz, civilizaciones, cultura, musulmán]

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Biografía

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.

 

Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.

 

Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Bibliografía

La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.

Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.

La razón de Europa (1994), Aguilar.

El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

 

Artículo

"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)

 

Entrevista en la edición online de Newsweek.

Premios

2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

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