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viernes, 22 de agosto de 2008

 Asuntos exteriores / Blog de Andrés Ortega

Indiferencias israelíes

Poco importa que el presidente palestino Abbas haya interrumpido las conversaciones de paz tras el ataque y la masacre israelí en Gaza, o que las fuera a reanudar y que el asesinato por Hamás de ocho israelíes en una yeshiva en Jerusalén o sus represalias las imposibiliten. Pues la indiferencia se ha apoderado de los israelíes a este respecto. No creen ya en ningún posible proceso de paz, y lo ocurrido en la franja y en Jerusalén les ratifica en esta actitud.

Olmert está a la cabeza de un Gobierno israelí débil, que usa la fuerza contra Hamás en Gaza de manera tan desatinada como lo hizo contra Hezbolá en Líbano (error que puede repetir), alimentando el nexo entre ambos grupos. También Abbas está al frente de una Autoridad Palestina que Estados Unidos rearma pero que, salvo en el nombre, ha perdido su autoridad. Es cuestionado entre los suyos, Gaza está en manos de Hamás (y sometida por ello a un indecente, además de ilegal, castigo colectivo) y el ataque contra la franja, que Israel parece querer proseguir hasta derribar la administración de Hamás allí, no sólo no le favorece sino que puede haber generado otra cadena de violencia.

En Cisjordania, Hamás parece haber desaparecido, pero es una ilusión óptica. Sus militantes han guardado sus gorras negras a la espera de tiempos mejores, pero Hamás, que ganó limpiamente las elecciones parlamentarias en 2006, está muy presente. La insensata estrategia americana (y europea) de apoyar a Israel en el aislamiento y asfixia de Hamás y de Gaza no ha dado resultados. Aunque no parezca correcto decirlo después del atentado de Jerusalén, alguien tendrá que acabar hablando con el movimiento violento que Israel impulsó en su día contra Arafat. Sin Hamás, ninguna paz es ya posible. Pero la UE se ha colocado en una situación imposible para cumplir este papel que, por su parte, la Administración Bush rechaza de plano. Habrá que aguardar, si acaso, a un nuevo presidente en Washington, sin esperar nada del proceso de Annapolis, que nació imposibilitado sin Hamás, sin Gaza y sin ganas. Hoy, además, se vuelve a hablar de la posibilidad de desmembración de Palestina (Cisjordania para Jordania, y Gaza para Egipto).

En vísperas del 60º aniversario de la creación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, cabe constatar que los israelíes han ganado la guerra, la larga, aunque quizás no se hayan percatado de ello. Sus asentamientos en territorios ocupados siguen avanzando. Israel ha sido reconocido de hecho por la Liga Árabe y muchos de sus miembros. Irak no es ya una amenaza, aunque sí un caos. El terrorismo no ha desaparecido de Israel, pero ha quedado disminuido. Pese a lo ocurrido en Jerusalén o los cohetes caseros Kassam disparados desde Gaza, pocas veces Israel había vivido tan seguro, lo que le pone en una posición novedosa de cara a una paz que no parece ya interesarle.

Otro elemento que ha cambiado en las profundidades de la sociedad israelí es el rechazo a sacrificar más vidas de los suyos en operaciones militares. De hecho, fue este cambio el que llevó a los israelíes a retirarse de Líbano en 2000, y que reapareció en la guerra contra Líbano de 2006 o ahora en la operación contra Gaza.

Por otra parte, el reciente Cuarto Diálogo de Medios UE-Israel celebrado en Tel Aviv ha puesto de manifiesto algo que no gusta a los israelíes: que su conflicto con los palestinos haya perdido importancia relativa, al menos para los europeos, frente a otros como Líbano, Afganistán e Irak en los que están implicadas fuerzas de esos países. Los israelíes consultados consideran que es muy importante que el suyo sea percibido como central para seguir asegurándose el apoyo de EE UU.

Quizás esta nueva seguridad encontrada influya a la hora de magnificar la amenaza existencial que ven algunos israelíes en un posible Irán con armas nucleares, y la conexión siria. Israel se ve como un Estado que, dado su tamaño, puede ser destruido con una sola bomba atómica (one bomb state). Pero sobre todo, piensan algunos expertos, de tener armas nucleares, Irán sería capaz no ya de lanzarlas a Israel sino de entrar en una "guerra de desgaste" contra el Estado judío. "Irán debe detener su programa pues de otro modo no sabemos lo que podríamos hacer", señalan. Ante este reto, "Israel se siente solo". Pues Bush ya no dispone de todas las opciones posibles después de la forma en que invadió Irak. Olmert, señalan estos expertos, no quiere pasar a la historia como "el dirigente bajo el cual se ha nuclearizado nuestro mayor enemigo". Una actitud que no les deja, ni puede dejarnos a los demás, indiferentes.

Publicado en El País, 10 de marzo de 2008

[Publicado el 11/3/2008 a las 01:35]

[Etiquetas: Israel, Palestina, Hamás, Olmert, abbas]

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Desestructurar Palestina

Pese al supuesto proceso abierto en la cumbre de Annapolis, la paz basada en dos Estados, uno israelí y otro palestino, se aleja por razones coyunturales, y por razones demográficas. Hace unos años, varios analistas, en general de la derecha americana e israelí e incluso el laborista Shimón Peres, propusieron que se quedara un sólo Estado, Israel, y que Palestina fuera unida a Jordania. La crisis de Gaza lleva a algunos a dar un paso más en este tipo de solución: que la franja se incorpore en Egipto.

Daniel Pipes, un analista que algunas veces refleja puntos de vista próximos al Gobierno israelí presentó esta propuesta recientemente. "Washington y otras capitales deberían declarar fallido el experimento de autogobierno de Gaza y presionar a Hosni Mubarak de Egipto para que ayude, quizás proporcionando a Gaza tierra adicional o incluso anexionándola como provincia", lo que implicaría que El Cairo se haría responsable de su seguridad.

El presidente egipcio ya lo ha rechazado. Incorporar Gaza a Egipto (donde ya estuvo hasta 1967) conllevaría revisar los acuerdos de Camp David de 1978 entre Israel y Egipto, lo que no parece viable. Incluso habría que revisarlos para la opción de que Egipto se encargara de la frontera con Gaza. Podría ofrecer a los habitantes de Gaza más terreno en el Sinai para expandirse, pues la franja, con 1,4 millones de habitantes, es uno de los lugares con más densidad de población de la zona. Esta segunda opción sería una posibilidad que no se ve mal en un Israel que así podría cerrar sus contactos con la franja a cal y canto, y casi desentenderse aunque seguiría controlando las fronteras y al espacio aéreo y marítimo de Gaza.

El derribo hace unos días del muro en el paso de Rafah entre Gaza y Egipto fue una operación preparada con bastante antelación por Hamás -que reflejó la desesperación de la población de 1,4 millones-. Los servicios egipcios debieron estar al tanto, pues le pidieron al Gobierno de Israel que abriera otros pasos para quitar presión a lo que estaba a punto de ocurrir en Rafah. Pero Israel no movió un dedo. En todo caso, medios israelíes consideraron entonces que por ese agujero se colarían más terroristas. La cuestión no era si iban a atentar, sino cuando. Y la primera respuesta llegó ayer con el suicida en Dimona, que aunque Hamás no ha reivindicado, sí ha considerado "heroico" y "justificado".

Lo que ha ocurrido en Gaza en estos meses desde la victoria de Hamás en las elecciones al parlamento palestino a principios de 2006 ha servido, paradójicamente para impulsar el proceso con Cisjordania, aunque no haya dado ningún resultado concreto. Pero de no ser por Gaza y Hamás, nada se habría movido. Los que lo propugnan aún confían en que se produzcan mejoras económicas que los de Gaza vieran como el camino a seguir, y exigieran entonces nuevas elecciones. Pero lo que está claro es que sin Gaza no hay proceso de paz posible. Sólo el que llevaría a desestructuración de la idea de Palestina.

[Publicado el 05/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Gaza, Israel, Palestina]

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Biografía

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.

 

Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.

 

Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Bibliografía

La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.

Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.

La razón de Europa (1994), Aguilar.

El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

 

Artículo

"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)

 

Entrevista en la edición online de Newsweek.

Premios

2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

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