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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 7 de julio de 2008

 Asuntos exteriores / Blog de Andrés Ortega

Exportar la libertad

Los que idearon la invasión de Irak, y en general la idea de imponer por la fuerza la democracia, no recurrieron a los libros de historia. Si lo hubieran hecho se hubieran percatado de que ésta ha sido una de las ideas que más fracasos han tenido.

/upload/fotos/blogs_entradas/exportar_la_libertad_med.bmpEl italiano Luciano Canfora, profesor de Filosofía Clásica en la Universidad de Bari, lo define como "el mito que ha fracasado" en un librito que bajo el título de Exportar la libertad, publicó en España en una estupenda edición Ariel, que ha llegado ahora a mis manos, o mejor dicho, a mis ojos. "Mientras eran abatidas las murallas de Atenas, en abril del año 404 a.C., muchos pensaron -como escribe Jenofonte en su Historia griega- "que ese día comenzaba la libertad para los griegos". En realidad empezaba una gran guerra que devastó el mundo griego durante casi treinta años.

Por estas páginas pasan Robespierre y sus advertencias al respecto, Stalingrado o Budapest. Como señala el autor "tanto Stalin como Vercingetorix luchaban por la libertad de sus pueblos". Afganistán (en sus diversas guerras, que revelan los nexos entre "exportación de la libertad" y "política de potencia", pues bajo la primera se esconde las intenciones de la segunda), Vietnam, y naturalmente, Irak.

Como apéndice a no perderse, Canfora aporta "la profecía de Jomeini", la carta del 1 de enero de 1989, en la que el ayatolá iraní anunciaba a Gorbachov el fin del comunismo y el renacimiento del Islam en la que aporta dos visiones del mundo: "la materialista y la inspirada en la doctrina de la unidad divina. "Para concluir", termina Jomeini, "declaro sin ambages que la República Islámica de Irán, el bastión más sólido del Islam en todo el mundo, no tendría dificultad alguna en colmar el vacío ideológico de su sistema".

[Publicado el 23/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: guerras, Irak, Irán, democracia, potencia]

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No hay nueva guerra fría

Ni con Putin ni con Medvédev estamos ante una nueva guerra fría. Sí ante una recuperación rápida -una década antes de lo esperado por EE UU y Europa-, de Rusia como potencia que compite por influencia. Putin y su sistema autoritario se han hecho populares entre otras razones porque han impuesto orden y recuperado la economía. Gorbachov presidió la desmembración de la URSS y del imperio y Yelstin sumió a Rusia en el caos y permitió su pillaje por parte de los oligarcas(que recuerdan a los robber barons del siglo XIX en EE UU), y por el propio Putin y sus amigos, entre otros.

· Ideología. Rusia no exporta ya ideología como en tiempos de la Unión Soviética. Defiende intereses nacionales. A veces de forma cruda e inaceptable (cuando usa el gas y petróleo para influir sobre sus vecinos). Por ejemplo,el baile de influencias entre Rusia y EE UU en torno a India indica que aún hay una dimensión de competencia.

· No da la talla. Putin ha sabido hacer uso del nacionalismo para reanimar a un pueblo que se sentía humillado. Pero respecto a la URSS, Rusia ha perdido una gran parte de sus territorios, riquezas naturales y población. Ésta, en la federación, se ha ido reduciendo en un 0,6% al año, de 148 millones en 1992 y hasta 141 en la actualidad (aunque hay signos de recuperación), con una clase media que se calcula en tan sólo unos 10 millones de habitantes, menos del 10%, insuficiente para asentar una democracia. Así no cabe ser una superpotencia, aunque sí aspire al estatus de gran potencia.

· Economía. El crecimiento del PIB, de un 80% en los últimos nueve años, deriva esencialmente del alto precio de los combustibles que exporta y sobre los que ha recuperado el control del Estado a través del dominio de Gazprom y otras empresas. Pero no lo ha malgastado tanto como Chávez. Ha puesto de lado una parte importante para el futuro y empieza a invertir, por ejemplo, en nanotecnología (una de las obsesiones de Dimitri Medvédev) o aviónica de punta, además de en la UE, cuando le dejan.

· Falta de democracia. A diferencia de otros países, no ha habido ninguna revolución en Rusia. Perdió territorios y el régimen del partido comunista  se desmoronó. Pero no ha pasado de un partido único a otro. Rusia Unida no es un elemento estructurador como lo fuera el PCUS. Este vacío lo ha llenado el KGB (hoy FSB) que nunca lo abandonó y se ha convertido en una especie de ENA (la Escuela Nacional de Administración francesa) rusa, pero con una cultura y unos métodos absolutamente reprobables. El discurso occidental sobre la democratización no acaba de calar en un país ajeno a esta tradición (pensar que la hubo con Yeltsin es un espejismo, aunque hubiera, sí, más libertades). Muchos rusos, con otras prioridades existenciales pasan de política, y es algo de lo que el sistema putiniano autoritario se ha beneficiado. Tampoco hay separación real de poderes y estas elecciones, y el nuevo reparto de competencias que seguirá, han tenido mucho de farsa. Pero incluso Gorbachov, ahora socialdemócrata, consideró recientemente, recordémoslo, que ante el caos de los 90, "un líder responsable tenía que dar algunos pasos de naturaleza autoritaria, aunque algunos eran evitables". Lo que no quita para que los europeos no deban levantar la guardia ni dejar que se socaven sus instituciones, como el Consejo de Europa, al que pertenece Rusia.

· Imagen de la UE. Es comprensible que la OTAN, la gran organización enemiga durante la guerra fría, tenga mala imagen en Rusia, más aún cuando se ha ampliado en contra de Moscú, aunque de da un cierto grado de cooperación real. Lo es menos que la UE (ampliada al Este) sea percibida por una mayoría de los rusos como una amenaza.

· Rearme y seguridad. En materia del Tratado CFE de Fuerzas Convencionales en Europa o de sistemas antimisiles americanos, una buena parte de razón ampara a Rusia que ve como EE UU ha desmantelado la estructura de estabilidad de la guerra fría que reposaba sobre el Tratado ABM que limitaba las defensas, denunciado por la Administración Bush. Rusia está modernizando su arsenal militar y es aún el único país cuyas armas nucleares pueden suponer una amenaza para unos Estados Unidos que se sintieron ganadores de la guerra fría y han hecho lo posible para que no se vuelva a repetir una situación como aquella. Pero Rusia es necesaria para tratar con Irán, para Afganistán, y para otras cuestiones que interesan a Occidente. Habrá problemas, claro, como frente a Kosovo. Pero son de otro tipo.

 Publicado en El País, 3 de marzo de 2008

[Publicado el 03/3/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Rusia, URSS, Guerra Fría, Putin, Medvédev]

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Carambola geopolítica

Al intentar destruir con un misil antimisil un satélite espía, el USA 193 Radarsat sobre el que ha perdido el control, Estados Unidos no sólo acabará con la amenaza de que sus trozos acaben cayendo sobre poblaciones, sino que demostrará al mundo y especialmente a China y a Rusia que está a la cabeza de las armas antisatélites. El disparo se diferencia poco del que usaría contra una cabeza nuclear enemiga en su sistema de defensa contra misiles balísticos, versión más modesta y actualizada, aunque aún de dudosa eficacia, de la llamada guerra de las galaxias de Ronald Reagan.

EE UU es el país más dependiente en los satélites para su vida, normal y militar. A principios de 2001, bajo la dirección de Donald Rumsfeld, que iba a ser en unas semanas jefe del Pentágono en la Administración Bush, la Comisión para la Valoración de la Organización y Gestión del Espacio para la Seguridad Nacional de EE UU alertó contra la posibilidad de que el país se viera cegado por lo que el informe describió como un "Pearl Harbour espacial", ante un ataque contra sus satélites. La destrucción de un satélite meteorológico por China con un misil a principios del año pasado hizo sonar varias alarmas ante la carrera militar por el espacio. EE UU se ha resistido siempre a aceptar prohibir la militarización del espacio.

Destruir el Radarsat antes de que caiga a la Tierra le viene muy bien para otros objetivos. Es la primera vez que lo va a intentar desde 1985. Por lo que han explicado los propios mandos militares norteamericanos, el misil que se utilizará será un SM-3 (Standard Missile 3), lanzado desde un buque equipado de sistema Aegis para la defensa antimisiles, probablemente desde el Pacífico. Su alcance es más limitado que el de los interceptadores desde tierra americana que EEUU quiere instalar también en Polonia. Éstos han de acercarse a su objetivo a una altura superior.

Como señala Stratfor, servicio privado de análisis de inteligencia, la tecnología contra misiles no difiere tanto de la que se puede usar contra satélites, aunque resulte más difícil alcanzar una cabeza nuclear cuando está realizando su reentrada en la atmósfera. El Pentágono y los militares quieren demostrar así que tienen "el arsenal antisatélite más robusto" del mundo, y de paso que su escudo antimisiles ya no es un sueño lejano, menos aún cuando esta Administración ha denunciado el tratado ABM de 1972, que lo limitaba. Era una de las piedras de toque de la estabilidad del equilibrio del terror de la guerra fría. El mensaje a China y Rusia es claro. También a Irán y otros países que se están dotando de cohetes de largo alcance.

Publicado en El País, 21 de febrero de 2008

[Publicado el 21/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: AMB, antimisiles, antisatélites, guerra de las galaxias]

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Una guerra de 800.000 millones de dólares

El coste de la guerras de Irak, Afganistán y otras operaciones de la "guerra global contra el terror" asciende, desde el 11 de septiembre de 2001 a 799.300 millones de dólares (551.000 millones de euros, al cambio actual, es decir, más de la mitad del PIB español). Según la última edición del Military Balance del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres, hasta el año fiscal 2007, incluyendo la construcción de edificios y otros gastos, la guerra de Irak ha supuesto unos costes de 450.000 millones de dólares; la de Afganistán de 127.000 millones, y la seguridad interior en EE UU de 32.000 millones. Es decir 610.000 millones en total, a lo que hay que sumar, si el Congreso se lo otorga, las tres peticiones adicionales de Bush por un total de 189.300 millones más.

Un problema es que las cuentas del gasto militar de EE UU se están volviendo cada vez más opacas. A menudo no se incluyen en el cálculo del déficit público americano.

Estas guerras no han acabado aún. La Oficina Presupuestaria del Congreso ha calculado que estas guerras podrían costar  entre 406.000 millones y 603.000 millones más en el caso de que EE UU retirada la mayoría de sus tropas de estos frentes y retuviera sólo 30.000 soldados en Irak y/o Afganistán para 2010. Si se redujeran hasta 75.000 para 2013, y se mantuvieran en ese nivel hasta 2017, estas operaciones requerirían entre 924.000 millones y un billón de dólares suplementarios. Con lo que, hacia 2017, el coste de la "guerra contra el terror", tal como la define la Administración Bush, ascendería a entre un billón y 1,6 billones de dólares. A todas luces un exceso. En comparación, la guerra de Vietnam, la más larga en la historia de EE UU (1959-1975)  le costó al erario norteamericano unos 670.000 millones de dólares de hoy, según un estudio del Center for Arms Control and Non-Proliferation de Washington, con lo que la actual ya lo ha superado. De momento las guerras de Irak y Afganistán, más la lucha contra el terrorismo, vistas ahora como un conflicto simultáneo, se han convertido en las más caras de la historia de EE UU, después de la Segunda Guerra Mundial.

[Publicado el 14/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Irak, Afganistán, Terror, terrorismo, guerra]

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La última guerra de la OTAN

En Afganistán, los aliados de la OTAN no parecen dispuestos a compartir por igual los sacrificios. EE UU ha pedido 7.000 soldados suplementarios a sumar a los actuales 45.600. Washington pondrá 3.000 más, pero sólo temporalmente. Ha molestado a algunos aliados que el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, en vísperas de la reunión de ministros que ha tenido lugar en Vilna, hubiera dirigido cartas individualizadas a los otros 25 miembros de la Alianza, con peticiones muy concretas a cada uno, por ejemplo, en el caso español guardias civiles para el control de fronteras, petición que España no está en disposición de atender. En público Gates, sin embargo, habló de que sus peticiones se referían a lo que la Alianza debe hacer en su conjunto. Con uno señalando a los demás lo que han de hacer, no funciona una alianza, según alguna opinión en la Conferencia anual sobre Política de Seguridad de Munich, que ha girado en torno a Afganistán, donde la OTAN se juega no solo el futuro del país sino el suyo propio. Tampoco, según otros, con una asunción de riesgos demasiado desigual, "entre los que quieren combatir y los que no", como crudamente lo puso Gates.

El Rubicón a cruzar por algunos aliados sería bajar al Sur y al Este, pero eso significa ir para entrar en combate. Alemania, donde un 55% de la opinión pública está en contra de la participación en esta guerra, no se lo plantea. España, tampoco. La Francia de Sarkozy -presente en Munich a través de su ministro de Defensa, Hervé Morin, - aparece como la única que, con los británicos, canadienses y holandeses que ya están allí, ha dado un paso adelante.

Esta es una guerra confusa, que ha cambiado de objetivos, mandato y estrategia desde que se inició a raíz del 11-S. Ha habido progresos, pero el riesgo de perderla sobre el terreno y en la opinión pública afgana (que ve crecientemente a esta fuerza de la OTAN como de ocupación) y la occidental es grande. "Aunque no estamos perdiendo, no es seguro que estemos ganando" según el senador americano republicano Lindsey Graham, un convencido de que la guerra de Irak se va a ganar. Pero de no ser por la de Irak hoy no habría problemas de efectivos norteamericanos para la guerra de Afganistán.

Hay un problema de definición que la OTAN pretende aclarar con la publicación, con ocasión de su cumbre en Bucarest en abril, de un documento de visión estratégica que recoja una explicación del por qué de esta guerra y la necesidad de aunar una acción militar convincente con la de reconstrucción del país, y su afganización para que los locales asuman su propia seguridad. No es fácil cuando un soldado del nuevo ejército afgano cobra mucho menos que un combatiente enrolado por los talibanes. Una parte de Al Qaeda ha llevado el centro de gravedad de su guerra de Irak a Afganistán. Y ha resurgido el cultivo de opio, para combatir el cual no está la OTAN. En todo caso, hubo en Munich un amplio acuerdo de que esta guerra no se ganará sólo por medio de la fuerza militar, como descubrieron en su día británicos y soviéticos. Pero sí requerirá, como señaló Morin, un esfuerzo militar suplementario a corto plazo.

Pakistán, con sus problemas internos, no ayuda. Y en el sur y este, la OTAN se está metiendo en tierras que nunca ha controlado nadie, salvo las tribus locales. Probablemente, como indican algunos británicos, habrá que acabar pactando con eso que se llama los "talibanes moderados", pues es imposible o inaceptable destruirlos a todos. Pero el presidente de Afganistán no quiere oír hablar de ello. Karzai controla poco. Tan poco que se le apoda "el mejor alcalde de Kabul". Está al frente de un Gobierno que no llega mucho más allá de la capital y lleno de corruptos. Ha vetado al liberal británico Paddy Ashdown, que hubiera sido un buen coordinador local de la ONU, pues la descoordinación entre las diversas organizaciones civiles presentes en Afganistán es patente. Pero es británico, y Karzai y los afganos no se llevan bien con la antigua potencia colonial.

Quizás la OTAN no valga para este tipo de guerras tan lejos de su área tradicional. De hecho, desde 2003, la OTAN - transformada según Gates en una "multifacética fuerza expedicionaria"- no ha asumido ninguna nueva misión, mientras la ONU ha sumado diez más. La Alianza, que el año próximo cumplirá 60 años, no está en peligro. ¿Pero, se preguntaron algunos en privado en Munich, será Afganistán su primera guerra terrestre y su última?

Publicado en El País, el 11 de febrero de 2008

[Publicado el 11/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Afganistán, OTAN, guerra, Munich]

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Biografía

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.

 

Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.

 

Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Bibliografía

La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.

Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.

La razón de Europa (1994), Aguilar.

El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

 

Artículo

"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)

 

Entrevista en la edición online de Newsweek.

Premios

2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

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