El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
jueves, 4 de diciembre de 2008
2008 es año de dos elecciones presidenciales que nos afectan: la de EE UU, y la del Consejo Europeo. Los ganadores asumirán ambos sus cargos en enero de 2009. Las primeras tienen fascinado al mundo entero y especialmente a los europeos, porque abren nuevas perspectivas después de los años de Bush y por la dura batalla en las primarias demócratas entre Hillary Clinton y Barack Obama -una mujer y un negro- y un políticamente resucitado candidato republicano, John McCain. Las europeas no están interesando, y a estas alturas ni se sabe quién puede ser candidato. Y sin embargo, la Unión Europea estaría necesitada de un auténtico presidente, y si no es auténtico, al menos con peso político.
Las elecciones americanas no son directas, sino que los ciudadanos elijen unos compromisarios que a su vez designan al nuevo presidente. Pero es un ejercicio democrático. Para el presidente del Consejo Europeo, el colegio de electores sumamente reducido: sólo los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la máxima institución política en la UE. El presidente de EE UU será el hombre o mujer más poderoso del mundo. El de la UE, no, pues, aunque no será un mero florero, sus poderes se limitarán a un cierto control de la agenda, y a asegurar la continuidad entre una reunión y otra, aunque la dinámica del cargo puede llevarle a más. Todo ello suponiendo que los irlandeses o los polacos no metan nuevos sustos, y la ratificación del Tratado de Lisboa (que reemplaza a la non nata Constitución Europea) se culmine a tiempo. Pero no será el suyo el teléfono único al que se pueda llamar desde la Casa Blanca para resolver embrollos o diseñar actuaciones en común con la UE.
En el caso del presidente de EE UU, los ciudadanos votan. En el de Europa, hay sondeos, aunque no es probable que los mandatarios les hagan caso. Así, según una encuesta publicada la semana pasada por el Financial Times en los cinco países más poblados de la UE, los ciudadanos, especialmente los de Francia, Italia y España, preferirían una figura de peso al frente del Consejo Europeo, ya se trate de Tony Blair (aunque hay una campaña en su contra, http://stopblair.eu/), Angela Merkel, Felipe González (el que más apoyos recibe de todos), Romano Prodi, Anders Fogh Rasmussen o Jean Claude Juncker. Incluso se habla de la posibilidad de que Durao Barroso cruce la calle y pase de presidente de la Comisión Europea, al Consejo. La tesis predominante alemana es que el presidente debe provenir de un país de la zona euro y del espacio Schengen, lo que excluiría a Blair (al que no quieren los democristianos alemanes), pero también a cualquiera de casi todos los nuevos Estados miembros. Esta elección requerirá complejos equilibrios entre grandes y pequeños, nuevos y viejos, norte y sur y este y oeste.
En todo caso, no está ni mucho menos garantizado que los 27 vayan a elegir a un político de peso de un gran país, pues lanzarían un mensaje sorprendente de que la UE quiere dotarse de una identidad política fuerte. Por eso quizás el luxemburgués Juncker tendría posibilidades: eficaz, no despierta sin embargo temores, aunque fuera de su país es un desconocido. La campaña -que sólo de una manera preliminar comenzó en la reunión del último Consejo Europeo diez días atrás en Bruselas- será entre bambalinas. La criba aún no ha empezado, pero, indican fuentes comunitarias, los 27 actuales han señalado su voluntad de que sea "uno de ellos" o al menos alguien que conozcan bien, de los que han negociado la Constitución Europea y el Tratado de Lisboa. Así, en el caso europeo, el colegio de electores coincidiría prácticamente con el colegio de elegibles. Pese a que se trata de un grupo de demócratas, no es una elección democrática.
Aunque las presidencias nacionales rotatorias cada seis meses no desaparecen, sí perderán relevancia cuando exista el nuevo presidente del Consejo Europeo. Esto es algo que están sopesando los españoles que han empezado a preparar la próxima presidencia española en el primer semestre de 2010, pues en este sentido será diferente, menos nacional, que las otras presidencias anteriores que ha ejercido este país.
Ni la Convención que preparó la Constitución fue comparable a la de Filadelfia que redactó la Carta Magna de EE UU, ni el texto hizo honor su nombre (y luego se jibarizó en Tratado de Lisboa), ni el presidente es realmente un presidente de Europa. Claro que el ya no así llamado ministro europeo de Asuntos Exteriores, no cambia en atribuciones, sino de nombre, quedándose en alto representante. Pero a la hora de elegir presidente de Europa, ¡quién fuera americano!
Publicado en El País, 24 de marzo de 2008
[Publicado el 24/3/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: presidente, Estados Unidos, Unión Europea]
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Derecha española ¿como la europea?
Se dice, se lee, se escucha a menudo, que la derecha española, es decir, el Partido Popular, necesita un aggiornamiento, volverse como otras derechas democráticas europeas, dejar atrás ese poso franquista que arrastra, como hace poco le recomendaba el Financial Times. ¡Ojalá!
Un problema es la falta de modelo. Pues la derecha o centro derecha europeos no son ya lo que eran. Los democristianos de Angela Merkel o los conservadores británicos (pese a su antieuropeísmo) pueden ser una excepción. Pero algunos de los demás han cambiado sobremanera. Ahí está la derecha italiana encabezada por Silvio Berlusconi, que representa la compra de la política desde la empresa. La derecha italiana ha dejado de ser democristiana, lo cual no quita para que vuelva a poner la religión, la católica tal como la dicta desde el Vaticano Benedicto XVI, en el centro. O ahí está la derecha francesa, con un Sarkozy, a la cabeza de su movimiento y de la Francia republicana, que ha hecho gestos de acercamiento hacia el Papa que ninguno de sus predecesores se hubiera atrevido a hacer. La derecha de Sarkozy no es la que representaba De Gaulle.
No hay más que mirar lo que ha cambiado el Partido Popular Europeo, que giraba antes en torno a la democracia cristiana, uno de los fundamentos políticos, junto a la socialdemocracia, de esta construcción que ahora se llama Unión Europea. Este grupo se ha alejado de sus raíces.
Pero ¿cuáles son los elementos de la nueva derecha europea, que es la que domina la política actual en el Viejo Continente?
En estos años, más parecería que una parte de la derecha europea se ha vuelto más como la española que al revés.
Pero sí, la española está necesitada de un recentrado, que quizás Rajoy ha comprendido debe darle a su partido. Al menos, cabe esperarlo.
Esto no quita para que la socialdemocracia no esté también en crisis, como ya escribí el otro día.
[Publicado el 14/3/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: derecha, inmigración, Berlusconi, Europa, Sarkozy, Rajoy, Partido Popular]
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Parag Khanna de la New American Foundation, nos tiene acostumbrados a análisis originales que en España en ocasiones ha publicado FP. En los últimos meses ha estado viajando por el mundo, por países importantes pero no superpotencias. Su conclusión es que, el modo en que se decante eso que llama el Segundo Mundo entre los grandes polos (EE UU, Europa y China) que van a surgir determinará el poder en el globo. Su libro, del que The New York Times ofreció recientemente un extracto, va a ser publicado en marzo bajo el título en inglés de El Segundo Mundo: Imperios e Influencia en el Nuevo Orden Global.
Parte de que la posición de EE UU en el mundo está en declive y que las invasiones de Afganistán e Irak fueron un síntoma de exceso imperial (imperial overstretch). Esto no es nuevo. Sí que la geopolítica del siglo XXI gire en torno a los "Tres Grandes" -EE UU, la Unión Europea y China-, que son los que fijan las reglas y definen tres "pan-regiones hemisféricas".
Lo que tenemos hoy es "por primera vez en la historia una batalla global, de civilizaciones múltiples y multipolar". En este pulso, la UE puede desempeñar el papel de "equilibrador global entre América y China (lo que, como comentamos hace unos días, puede tener consecuencias para el mantenimiento de la Alianza Transatlántica que es la OTAN). "Puede tranquilizar a los conservadores [americanos] señalar que Europa aún carece de un ejército común", señala, para añadir: "el único problema es que realmente no lo necesita". Se ha visto en la manera europea de abordar la lucha contra el terrorismo yihadista. O en cómo Europa se gasta su dinero y su capital político en "meter a países periféricos en su órbita". Pues "muchas regiones pobres del mundo se han dado cuenta de que quieren el sueño europeo, no el americano". Por su parte, "sin disparar un solo tiro, China está logrando en su periferias septentrional y occidental lo que Europa está logrando en el Este y el Sur".
La gran batalla va a ser por el Segundo Mundo, los Estados que pueden girar hacia uno u otro (swing states), hacia los estilos de coaliciones de América, de consenso de Europa o consultivo de China. Hay en el gran mercado global varios "modelos de éxito a emular".
Este Segundo Mundo está formado por países como Arabia Saudí, Egipto, Irán, Brasil, Rusia ("que también está desapareciendo", pese a las apariencias contrarias) o Turquía (cada vez más europeizada). "¿Se inclinará el próximo conjunto de monarcas árabes hacia el Oriente o el Occidente?", se pregunta Khanna. Su conclusión es que el Segundo Mundo pesara tanto sobre el nuevo equilibrio de poderes como las propias tres superpotencias.
Pero es sobre todo Asia la que está definiendo el destino del mundo, "y exponiendo en el proceso los fallos de la gran narrativa de la civilización occidental".
[Publicado el 29/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: geopolítica, segundo mundo, China, Europa, EE UU]
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Henry Kissinger tiene 84 años, un pasado más que turbio, pero una mente aún en buena forma. En Davos, de cuyo Foro Económico Mundial es uno de los vicepresidentes, se expresó con dificultad pero con ideas claras. También, en una entrevista que ha publicado el semanario alemán Der Spiegel , que en la red la reproduce también en inglés. Básicamente, Kissinger parte de que nos enfrentamos a tres retos: la desaparición del Estado-nación, el surgimiento de India y China, y la emergencia de problemas que no puede resolver una única potencia, como la energía y el medio ambiente.
Tiene algunas ideas originales que merece la pena conocer:
Son todos elementos discutibles. Pero interesantes, y reflejan el pensamiento realista conservador en EE UU.
Por cierto, Kissinger apoya al republicano John McCain para ser próximo presidente de EE UU. Pero esto, no sorprende.
[Publicado el 22/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Kissinger, Irak, Afganistán, Europa]
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Putin en su última rueda de prensa desde el Kremlin.
Previsiblemente, Vladimir Putin se va a retirar a primer ministro en mayo. Ayer celebró su última conferencia como presidente de la Federación de Rusia, cargo que ocupa desde 2000 y que dejará tras las elecciones del próximo 2 de marzo. Para no perder el poder, ha preferido dar este paso, que tiene mucho de pantomima política, a cambiar la Constitución. Pero lo hace con un país mucho más en orden y mucho más poderoso que cuando llegó al cargo de primer ministro en agosto de 1999, antes de saltar a presidente en las elecciones.
Putin ha provocado tres grandes sorpresas al resto del mundo, y especialmente a los occidentales.
En primer lugar, Rusia se ha recuperado mucho más deprisa de lo que esperaban EE UU y los europeos. Sin duda ha ayudado en los últimos tiempos el alza del precio del petróleo y del gas que ha llenado las arcas rusas y aupado un crecimiento del PIB en los últimos 9 años del 80%. EE UU y otros países creían que tardaría quizás una década más. Putin tomó el control del gas y del petróleo e impuso orden en el país, frente al caos de la era Yeltsin. Esta recuperación también ha jugado a favor de la popularidad del presidente saliente que ya el año pasado en la Conferencia de Seguridad de Munich se plantó en términos de intereses internacionales. Pues lo que ha hecho Putin en política internacional es poner por delante los intereses rusos más crudos en un mundo que ve como multipolar. "La prioridad de Putin ha sido recuperar para Rusia el status de gran potencia", dijo Solana en Munich. Y en buena parte, lo ha conseguido. "Nos estamos convirtiendo de forma confiada en uno de los líderes económicos del mundo", afirmó ayer Putin.
En segundo lugar, Putin es popular; muy popular. La pureza democrática no es una prioridad para los rusos, especialmente la gran masa que lo que busca a es cobrar a fin de año, sobrevivir, y seguridad. Putin se la ha dado. "Ya me gustaría a mí que hubiera un partido conservador y otros socialista en Rusia", declaraba el fiel viceprimer ministro y ex titular de Defensa, Serguei Ivanov en Munich la semana pasada tras mencionar el "Russia's revival". Ivanov explicó que esta vez, Rusia regresaba para contar pero "no exportamos ya ideología" ni Rusia está en competencia con nadie en terceros países como durante la guerra fría. Hay que añadir que los propios rusos consideran difícil alcanzar una situación democrática sin una clase media significativa. Esta, en el mejor de los casos (Moscú o Leningrado) llega al 10% de la población, lo que resulta a todas luces insuficiente. Una prioridad es la política familiar. El descenso demográfico se puede estar finalmente frenando.
La tercera sorpresa ha sido que Rusia quiera no sólo controlar los sectores estratégicos de su país, sino también invertir fuera. Y esto ha provocado un gran recelo por parte, en primer lugar de Europa, pese a que, según los rusos, las inversiones recíprocas van 10 a 2 en favor de la UE en Rusia.
Pero ninguna de estas sorpresas augura un regreso a una guerra fría ni a bloques militares. Es más bien la vuelta a la Realpolitik con una Rusia que intenta imponer sus puntos de vista, no su ideología, que no la tiene. Los nuevos oleo- y gaseoductos son el mejor indicador de por donde pretende ir Rusia en el mundo, o al menos en su vecindad.
[Publicado el 15/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Putin, Rusia, Europa, mutipolar]
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¿Qué hubiera pasado en las últimas semanas de no haber existido el euro? Con la crisis política italiana, la lira se hubiera ido al garete, y tras el agujero descubierto en la Société Générale, el franco francés se hubiera tambaleado. No digamos la peseta cuando el Gobierno decidió retirar las tropas españolas de Irak, pues en parte se puede decir que el euro permitió suavizar esa retirada al hacernos menos vulnerables. Y ante las últimas turbulencias en los mercados, pocos no se hubieran dejado tentar por unas devaluaciones competitivas de sus monedas. Sí, estos días podemos ver lo que vale el euro como elemento protector, aunque no sirva para esquivar los vaivenes bursátiles.
"La moneda única nos protege de los shocks exteriores", decía recientemente el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia. Le faltó añadir: también de algunos interiores. Y si la situación económica empeora, la zona euro "dispone de más margen de maniobra para reaccionar" gracias a la consolidación presupuestaria de la mayoría de los países.
Por eso la cumbre informal el pasado martes en Londres del supuesto directorio europeo -Brown, Merkel, Sarkozy y Prodi (más Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, pero que no es la personificación hegeliana de la idea de Europa) había algo de falso. Para empezar, el país anfitrión, el Reino Unido, no está en la moneda única, e incluso su primer ministro pareció utilizar esa cita para tapar su vergonzante firma (tarde, sin los demás) del Tratado de Lisboa y el intento de que su ratificación pase desapercibida en el Parlamento de Westminster. Prodi se tambalea. Y Sarkozy y Merkel no acaban de entenderse. Así, no se hace un directorio que aunque no se llamase así sería algo útil, y al que se tiene que incorporar España.
Ahora bien, con directorio o sin él, en la UE de 27 cuenta hasta el más pequeño. El reparto del peso ha cambiado en el Tratado de Lisboa, con los más poblados con más votos, pero no evitará escapar a la tediosa búsqueda de consensos o mayorías entre 27. Eso es la UE. Para reflejar la nueva realidad, en Londres o en otros lugares, tenía que haber estado presente el Eurogrupo, de los países del euro, al menos su presidente, el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker. Al euro, aún le falta perfil político.
La introducción del euro ha hecho subir los precios en todos los países que lo han adoptado. También trajo consigo una notable bajada de los tipos de interés que si suben ahora es por las turbulencias de los mercados, la contracción crediticia y la subida de los préstamos entre bancos. Pero el euro nos ha protegido, no sólo de hacer tonterías nosotros, sino de que nos las hagan. De momento, el Banco Central Europeo no baja los tipos de interés. Ante el rebrote de inflación, nadie se lo pide, salvo los franceses, y en esto casi nadie les sigue. Lo que haría que el BCE bajara los tipos sería una crisis económica más grave o que el dólar se derrumbase.
Estamos cambiando con el euro. Pero falta pensar en europeo. Hoy, como señalaba un analista español, "el superávit comercial alemán también es nuestro". El propio Almunia cree que la UE, y especialmente el Eurogrupo, tiene que hacer valer su propio peso. Pese a estar prevista en los tratados, no hay supervisión europea, no digamos ya global, de las entidades financieras y crediticias. Sigue siendo básicamente nacional, lo que resulta insuficiente.
Europa puede avanzar sin complejos. Desde hace unos años, EE UU era el ejemplo a seguir. En estos momentos, ya no. Varios de los países europeos, en particular los nórdicos (algunos de los cuales aunque no estén en el euro están pegados a él), están a la cabeza de los logros en materia de competitividad y justicia social. Pero no hay que perder de vista que estamos en una economía globalizada. 400 euros de más para el consumo del contribuyente, si realmente se consumen, acabarán en una gran parte en manos de los chinos u asiáticos si se gastan en la compra de nuevos televisores, móviles o ropa. Lo mismo puede pasar con EE U, con el paquete de estímulo fiscal, pero justamente por eso lo espera el resto del mundo, para que los consumidores americanos sigan tirando del resto.
Hemos cambiado de estructuras monetarias. No aún de estructuras mentales. Aunque quizás el mayor problema de Europa, de la idea europea, es que le falta narrativa y aburre. Se puede morir de éxito; también de aburrimiento.
Publicado en El País, lunes 4 de febrero de 2008
[Publicado el 04/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Euro, Brown, directorio, Unión Europea, Eurogrupo]
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Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.
Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.
Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.
Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.
La razón de Europa (1994), Aguilar.
El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.
Artículo
"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)
Entrevista en la edición online de Newsweek.
2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
04/12/2008 20:10
hola que tal quisiera saber si...
Publicado por: lucio cordoba hermamdez
29/11/2008 07:09
hola: Mi nombre es Abigail y...
Publicado por: abigail contreras martin
29/11/2008 03:43
Publicado por: lorena
28/11/2008 05:40
BUENAS NOCHES SOY TECNICO EN...
Publicado por: EDGAR SIRLUPU
26/11/2008 02:16
Publicado por: Alejandro Vázquez García
25/11/2008 19:41
BUENAS TARDES SOY TECNICO EN...
Publicado por: LUIS MIGUEL VIDAL CERVANTES
25/11/2008 04:57
HOLA BUENAS NOCHES, ME LLAMO...
Publicado por: FIDEL LUNA
24/11/2008 18:36
Publicado por: giovanni
24/11/2008 18:35
Publicado por: giovanni
18/11/2008 22:38
Hola mi nombre es Milagro Borges...
Publicado por: Milagro Borges
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