El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
Estados Unidos está en cambio, como reza el lema de Barack Obama. Parece estar viviendo el final de una etapa, la que empezó con Ronald Reagan y que se definió como revolución conservadora, con su política económica neoliberal y su visión social. Algunos ven las raíces de esta situación en Administraciones anteriores, como la de Nixon. Es verdad que la guerra de Vietnam fue responsabilidad primera de los demócratas y abrió paso a los neocons. Pero, en realidad, el ideario de este conservadurismo revolucionario (aunque parezca contradictorio unir estos términos) empezó a calar políticamente en 1981 con la llegada de Reagan a la Casa Blanca. (...)
Esta nueva embestida conservadora fue, sobre todo, un ataque desde la política contra el Estado, un intento de socavar la política desde la política. Sus bases doctrinales esenciales están en un interesante libro publicado en 1974 en defensa del Estado mínimo, que sigue imprimiéndose y vendiéndose: Anarquía, Estado y utopía, del filósofo de la política Robert Nozick, fallecido en 2002. Se trataba de jibarizar lo público. (....) Puede considerarse que la época de Clinton fue un paréntesis, pero en realidad continuó en esta línea, entre otras razones porque los demócratas perdieron el control del Congreso a los dos años y el presidente tuvo que navegar pactando con una mayoría republicana, cada vez más neoliberal y neoconservadora.
Clinton fue un globalizador. Bush ha intentado ser un emperador. Pero si el final de la guerra fría sirvió de acicate a los neocons, el conflicto de Irak ha frenado las ansias imperiales. Los ciudadanos estadounidenses descubrieron una realidad social escondida en el centro de Nueva Orleans, que el huracán Katrina sacó a la luz, y quieren un cambio. ¿En qué sentido? Previsiblemente hacia una mayor política social, más gasto público en infraestructuras, más multilateralismo, pero también proteccionismo. Un cambio, unas variaciones, más que una ruptura.
Pues el conservadurismo y el neoliberalismo en Estados Unidos han dado pruebas de agotamiento. Por eso el próximo presidente puede ser de transición. El republicano John McCain es una cara de esa posible transición; Hillary Clinton, otra. Barack Obama también, aunque es de otra generación, más participativa, más Web 2.0. (...) De hecho, Obama no se presenta como un liberal (en sentido americano, de izquierdas). Incluso ha llegado a considerar que Reagan respondió al deseo de orden y sentido de dirección de su país, que los liberales no aportaban. (...)
La transición en la Presidencia del país más poderoso de la Tierra coincide con la que tiene lugar a escala mundial, cuyo comienzo suele fecharse en 1989 con la caída del muro de Berlín y el posterior fin de la Unión Soviética y la guerra fría. Esta transición durará en total tres décadas, como otras anteriores. La última y decisiva empieza en 2009 con un nuevo inquilino en la Casa Blanca, aunque el nuevo mundo ya no se forje sólo en Washington, sino también en Chindia (China más India), Europa y lo que Parag Khanna llama Segundo Mundo. Este último va a resultar crucial en la fase final -junto a una sociedad civil global mucho más poderosa (con sus lados oscuros)- a medida que sus países vayan decantándose hacia unos y otros polos. (...)
El texto completo de este artículo ha sido publicado en el número de abril-mayo de 2008 de Foreign Policy Edición Española.
[Publicado el 01/4/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Estados Unidos, presidencia, Clinton, Obama, McCain, Reagan]
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2008 es año de dos elecciones presidenciales que nos afectan: la de EE UU, y la del Consejo Europeo. Los ganadores asumirán ambos sus cargos en enero de 2009. Las primeras tienen fascinado al mundo entero y especialmente a los europeos, porque abren nuevas perspectivas después de los años de Bush y por la dura batalla en las primarias demócratas entre Hillary Clinton y Barack Obama -una mujer y un negro- y un políticamente resucitado candidato republicano, John McCain. Las europeas no están interesando, y a estas alturas ni se sabe quién puede ser candidato. Y sin embargo, la Unión Europea estaría necesitada de un auténtico presidente, y si no es auténtico, al menos con peso político.
Las elecciones americanas no son directas, sino que los ciudadanos elijen unos compromisarios que a su vez designan al nuevo presidente. Pero es un ejercicio democrático. Para el presidente del Consejo Europeo, el colegio de electores sumamente reducido: sólo los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la máxima institución política en la UE. El presidente de EE UU será el hombre o mujer más poderoso del mundo. El de la UE, no, pues, aunque no será un mero florero, sus poderes se limitarán a un cierto control de la agenda, y a asegurar la continuidad entre una reunión y otra, aunque la dinámica del cargo puede llevarle a más. Todo ello suponiendo que los irlandeses o los polacos no metan nuevos sustos, y la ratificación del Tratado de Lisboa (que reemplaza a la non nata Constitución Europea) se culmine a tiempo. Pero no será el suyo el teléfono único al que se pueda llamar desde la Casa Blanca para resolver embrollos o diseñar actuaciones en común con la UE.
En el caso del presidente de EE UU, los ciudadanos votan. En el de Europa, hay sondeos, aunque no es probable que los mandatarios les hagan caso. Así, según una encuesta publicada la semana pasada por el Financial Times en los cinco países más poblados de la UE, los ciudadanos, especialmente los de Francia, Italia y España, preferirían una figura de peso al frente del Consejo Europeo, ya se trate de Tony Blair (aunque hay una campaña en su contra, http://stopblair.eu/), Angela Merkel, Felipe González (el que más apoyos recibe de todos), Romano Prodi, Anders Fogh Rasmussen o Jean Claude Juncker. Incluso se habla de la posibilidad de que Durao Barroso cruce la calle y pase de presidente de la Comisión Europea, al Consejo. La tesis predominante alemana es que el presidente debe provenir de un país de la zona euro y del espacio Schengen, lo que excluiría a Blair (al que no quieren los democristianos alemanes), pero también a cualquiera de casi todos los nuevos Estados miembros. Esta elección requerirá complejos equilibrios entre grandes y pequeños, nuevos y viejos, norte y sur y este y oeste.
En todo caso, no está ni mucho menos garantizado que los 27 vayan a elegir a un político de peso de un gran país, pues lanzarían un mensaje sorprendente de que la UE quiere dotarse de una identidad política fuerte. Por eso quizás el luxemburgués Juncker tendría posibilidades: eficaz, no despierta sin embargo temores, aunque fuera de su país es un desconocido. La campaña -que sólo de una manera preliminar comenzó en la reunión del último Consejo Europeo diez días atrás en Bruselas- será entre bambalinas. La criba aún no ha empezado, pero, indican fuentes comunitarias, los 27 actuales han señalado su voluntad de que sea "uno de ellos" o al menos alguien que conozcan bien, de los que han negociado la Constitución Europea y el Tratado de Lisboa. Así, en el caso europeo, el colegio de electores coincidiría prácticamente con el colegio de elegibles. Pese a que se trata de un grupo de demócratas, no es una elección democrática.
Aunque las presidencias nacionales rotatorias cada seis meses no desaparecen, sí perderán relevancia cuando exista el nuevo presidente del Consejo Europeo. Esto es algo que están sopesando los españoles que han empezado a preparar la próxima presidencia española en el primer semestre de 2010, pues en este sentido será diferente, menos nacional, que las otras presidencias anteriores que ha ejercido este país.
Ni la Convención que preparó la Constitución fue comparable a la de Filadelfia que redactó la Carta Magna de EE UU, ni el texto hizo honor su nombre (y luego se jibarizó en Tratado de Lisboa), ni el presidente es realmente un presidente de Europa. Claro que el ya no así llamado ministro europeo de Asuntos Exteriores, no cambia en atribuciones, sino de nombre, quedándose en alto representante. Pero a la hora de elegir presidente de Europa, ¡quién fuera americano!
Publicado en El País, 24 de marzo de 2008
[Publicado el 24/3/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: presidente, Estados Unidos, Unión Europea]
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Hillary: 22 de abril o 29 de junio

Barack Obama y Hillary Clinton.
Hillary Clinton se ha recuperado en las primarias de Tejas y Ohio. Ha demostrado que gana en los Estados grandes, que son los decisivos para la presidencial del 4 de noviembre. Sin embargo, el gran triunfador de este segundo supermartes ha sido John McCain que se ha convertido en el candidato republicano único, con lo que les saca ventaja a los demócratas que aún siguen en la pelea pues desde ayer se puede empezar a concentrar en las elecciones de noviembre. Por eso Clinton, que va aún por detrás de Barak Obama en número de delegados, tendrá que tomar una decisión sobre si seguir en liza o renunciar. Aunque las primarias van hasta el 7 de junio (Puerto Rico), si en la próxima gran cita de Pennsylvania, el 22 de abril, no adelanta a Obama, la primera mujer con posibilidades de llegar a la Casa Blanca debería renunciar en aras de las posibilidades del primer negro.
Si no lo hace, y si ninguno, como ya parece imposible, logra los 2.025 delegados necesarios para ganar la nominación, la pugna puede llegar hasta la Convención demócrata en agosto en Denver, y, según cómo, facilitar la victoria de McCain. De aquí a entonces, la carrera se podría tornar en pelea entre Obama y Clinton si se le añade el problema, que la candidata ha empezado a esgrimir, de cómo contar los 366 delegados de las primarias de Florida y Michigan, que le favorecen pero que la central del Partido Demócrata había considerado nulos al celebrarse en una pronta fecha no autorizado. Pueden ser decisivos.
Como bien analiza Michael Tomasky en un artículo titulado "Un posible superproblema" en el último número de The New York Review of Books, el partido demócrata podría optar por no contar esos delegados -para frustración de unos votantes en un Estado como Florida que se ha demostrado clave en las últimas elecciones- o repetir las votaciones en forma de caucus, y ya no de primarias. Sólo tiene hasta el 29 de junio. Pues a partir de entonces, la decisión se tomará ya no desde el Comité de Reglas, dependiente del Nacional, sino del Comité de Acreditaciones de la Convención, que parecen dominar clintonianos y que debería aceptar o rechazar a esos delegados de Florida y Michigan.
En todo caso, los llamados superdelegados, 796 notables del partido, van a pesar probablemente menos de lo que es especula. Como ha indicado la presidente demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, para la cual "sería un problema para el partido si el veredicto fuera diferente del que el público ha decidido". Es decir que los superdelegados acabarán por plegarse a la voluntad mayoritaria de los delegados. De otro modo, la derrota de cualquiera fuese el candidato demócrata estaría garantizada.
¿A quién preferiría enfrentarse McCain? Pese a lo que indican los sondeos en la actualidad, es muy posible que a Obama, por ser un valor nuevo, y porque no se le ha examinado aún con lupa, mientras que a la dura Clinton ya se le han sacado todos los trapos sucios posibles, y los ha superado.
[Publicado el 06/3/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Primarias, Clinton, Obama, McCain, Estados Unidos]
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El veterano senador por Arizona, John McCain.
Hoy por hoy, el republicano John McCain podría ganar en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre en EE UU. El supermartes le ha puesto como claro vencedor entre los republicanos aunque Romney y Huckabee sigan vivos y con algunas significativas victorias.
La batalla entre Clinton y Obama por la nominación demócrata va a seguir, al menos durante cuatro semanas en que votan algunos Estados poblados como Texas (la última cita de los demócratas es el 7 de junio en Puerto Rico). Esto puede distraer a los demócratas, incluso polarizarlos (aunque no haya tantas diferencias entre ambos), mientras McCain se afianza. Un ticket al final de ambos, que ninguno rechaza en principio, ganaría fuerza, pero nada está garantizado.
Las elecciones al Congreso que ganaron los demócratas en noviembre de 2006 fueron, esencialmente un voto de castigo contra la Administración Bush por la guerra de Irak. Pero la idea del refuerzo y el cambio de estrategia, la famosa surge, salió de McCain que desde el Senado la impulsó. Fue una apuesta arriesgada, pero que puede darle réditos.
El 25 de marzo, en un sondeo que ha pasado casi desapercibido, Gallup llegaba a la conclusión de que McCain le podía ganar tanto a Obama (por 50 a 45), como a Clinton (50 a 47). Otros posteriores son menos claros. La media de encuestas que publicaba ayer El País señalaba que McCain le ganaría a Clinton, pero no a Obama. Y, en todo caso, por poco. Claro que cuando se acerque el 4 de noviembre, las cosas serán muy complicadas y contarán no sólo los candidatos a la Casa Blanca sino sus acompañantes como aspirantes a vicepresidente. Sobre todo en el caso de McCain, dada su edad (tendrá para entonces 72 años).
A favor de McCain cuenta también la ubicación ideológica de los americanos, a la derecha del centro. Según un estudio del Centro Pew, en una línea que va desde la izquierda (liberal, en la terminología al uso allí) a la derecha (conservadores), y cuyo centro serían los "moderados", el votante medio está a la derecha de éstos. McCain un poco más aún, pero Clinton y Obama más alejados desde el otro lado. Lo que augura un corrimiento de cualquiera de ellos que resulte nominado hacia la derecha.
Hay también, en Obama y Clinton, la cuestión de la raza y del gènero. Pero lo que domina estas elecciones primarias es la idea del cambio, que lanzó Obama. Es, ante todo un cambio respecto a Bush y a lo que representa. Muchos candidatos la han hecho suya, incluida Clinton y también McCain. Aunque éste es poco apreciado entre los republicanos más republicanos, más cerrados, y los más religiosos, o de opciones religiosas más fundamentalista. Quizás por eso, en alguno de estos Estados se presentó como "el verdadero conservador", cuando para ganar en noviembre va a tener que despegarse de Bush. En su contra juega que esta vez, los electores demócratas están mucho más movilizados. Aunque la palabra final la tendrán los independientes que pesan como nunca en ambos campos.
No es un vaticinio, imposible a estas alturas. Sólo un aviso para no echar precipitadamente las campanas al vuelo.
[Publicado el 07/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Primarias, Estados Unidos, McCain, Clinton, Obama, elecciones]
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La mejor noticia del discurso sobre el estado de la Nación de Bush, en el que no ha habido nada de nuevo, es que es el último de uno de los peores presidentes que ha tenido EE UU. Le queda ya menos de un año en la Casa Blanca, pero con suficientes poderes para seguir cometiendo errores de bulto, y meter a EE UU y al mundo en nuevos líos. Podría, por ejemplo, ordenar atacar Irán, aunque no parece que lo vaya a hacer. Ya es un pato cojo, un presidente sin gran capacidad real, con un Congreso de signo opuesto. Aunque por muy cojo que resulte, avisó a los legisladores de que no le manden ninguna subida de impuestos, pues la vetaría. Pero quiere sacar adelante, por consenso, el paquete de estímulo fiscal.
Quizás la expresión más significativa del discurso de Bush es, junto al reconocimiento de la "incertidumbre" económica, sea la de los "asuntos no concluidos" (unfinished business). Pues en ella se encierra la herencia que le deja a su sucesor o sucesora: unas cuentas del Estado deficitarias (que él asumió con superávit), una economía en graves dificultades, una reforma del sistema de sanidad, y, sobre todo, una guerra de Irak sobre la que, pese a los últimos progresos, ni siquiera se atreve a hacer cálculos el comandante en jefe, a la espera de las recomendaciones del general David Petraeus. Esta vez, este Bush en su final ha sido más prudente, no se ha a atrevido a hablar de "victoria" ni de "misión cumplida", pues "los enemigos" aún "no ha sido derrotados".
Bush permanece en el discurso de la dureza (contra la inmigración) y del miedo que adoptó a partir del 11-S, atentado que cambió el rumbo de su presidencia. Las palabras más citadas (23 veces) en este discurso han sido la de "terror", "terrorismo" y "terrorista", que definen lo que de forma simplista llama "la lucha ideológica del siglo XXI". Está por ver si su guerra contra el terrorismo ha contribuido a reducir la amenaza o ha acabado por alimentar a la hidra.
Mas ¿quién escucha a Bush a estas alturas, cuando sus popularidad está por los suelos? Sus conciudadanos, y gran parte del mundo externo, están más pendientes de lo que ocurre en las primarias para saber quién podrá salir elegido nuevo presidente el 4 de noviembre. Tanto que aunque los senadores Hillary Clinton y Barack Obama acudieron a escuchar al presidente en Washington, el también senador republicano John McCain prefirió seguir haciendo campaña en Florida. El discurso sobre el estado de la Unión de Bush ha sido un mero paréntesis entre dos primarias.
[Publicado el 30/1/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Bush, Irak, Estados Unidos, primarias]
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Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.
Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.
Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.
Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.
La razón de Europa (1994), Aguilar.
El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.
Artículo
"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)
Entrevista en la edición online de Newsweek.
2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
16/5/2008 05:18
Publicado por: Javier
14/5/2008 22:33
la verdad siempre habia querido...
Publicado por: lucia cruz morelos
13/5/2008 23:58
mejorm mmm ja q feo prefiero a...
Publicado por: sodi
13/5/2008 00:28
Publicado por: kdj
10/5/2008 18:24
Publicado por: Ana Román
03/5/2008 00:27
Publicado por: jesús
03/5/2008 00:21
La verdad es que Dios es uno...
Publicado por: Alicia
02/5/2008 23:33
Publicado por: Jose Gonzalez
29/4/2008 19:43
Publicado por: alicedd
28/4/2008 12:41
Publicado por: Diego Cruz
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