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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 12 de mayo de 2008

 Asuntos exteriores / Blog de Andrés Ortega

Exportar la libertad

Los que idearon la invasión de Irak, y en general la idea de imponer por la fuerza la democracia, no recurrieron a los libros de historia. Si lo hubieran hecho se hubieran percatado de que ésta ha sido una de las ideas que más fracasos han tenido.

/upload/fotos/blogs_entradas/exportar_la_libertad_med.bmpEl italiano Luciano Canfora, profesor de Filosofía Clásica en la Universidad de Bari, lo define como "el mito que ha fracasado" en un librito que bajo el título de Exportar la libertad, publicó en España en una estupenda edición Ariel, que ha llegado ahora a mis manos, o mejor dicho, a mis ojos. "Mientras eran abatidas las murallas de Atenas, en abril del año 404 a.C., muchos pensaron -como escribe Jenofonte en su Historia griega- "que ese día comenzaba la libertad para los griegos". En realidad empezaba una gran guerra que devastó el mundo griego durante casi treinta años.

Por estas páginas pasan Robespierre y sus advertencias al respecto, Stalingrado o Budapest. Como señala el autor "tanto Stalin como Vercingetorix luchaban por la libertad de sus pueblos". Afganistán (en sus diversas guerras, que revelan los nexos entre "exportación de la libertad" y "política de potencia", pues bajo la primera se esconde las intenciones de la segunda), Vietnam, y naturalmente, Irak.

Como apéndice a no perderse, Canfora aporta "la profecía de Jomeini", la carta del 1 de enero de 1989, en la que el ayatolá iraní anunciaba a Gorbachov el fin del comunismo y el renacimiento del Islam en la que aporta dos visiones del mundo: "la materialista y la inspirada en la doctrina de la unidad divina. "Para concluir", termina Jomeini, "declaro sin ambages que la República Islámica de Irán, el bastión más sólido del Islam en todo el mundo, no tendría dificultad alguna en colmar el vacío ideológico de su sistema".

[Publicado el 23/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: guerras, Irak, Irán, democracia, potencia]

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Recesión democrática

imagen descriptiva

El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, vota en las elecciones presidenciales.

Cuando en el curso de los debates en la reunión sobre "Gobernanza Progresista"(qué nombre más feo), el pasado fin de semana en Waltford, cerca de Londres, el sociólogo de la Tercera Vía Anthony Giddens preguntó a la presidente de Chile, Michelle Bachelet, si en América Latina había lo que ahora los politólogos llaman una "recesión democrática global", ésta recordó que por primera vez en América Latina todos los gobiernos han sido elegidos en las urnas. Reconoció que la democracia no consiste sólo en ganar elecciones, sino también en equilibrios de poderes y otros aspectos, y que un grave problema actual puede ser en "la falta de capacidad de los gobiernos para suministrar los bienes públicos que la gente demanda". Pues la democracia no debe consistir sólo en recibir el poder del demos sino también en generar estos bienes públicos desde el poder (nacional e internacional), y, cabría añadir, luchar contra los males públicos, entre los que se incluyen, por ejemplo, la pobreza y el terrorismo.

Las urnas pesan. Hemos visto cómo, aunque falten aún muchos países por pasar por ellas (como China), las elecciones se han generalizado. Y la disputa por la contabilidad de los resultados ha llevado en algunas ocasiones a impulsar la democratización del país. Ocurrió, por ejemplo, en su día en Ucrania. Puede estar ocurriendo, en Zimbabue. Pero la democratización en el mundo, tras la década de los 90, ha sufrido no sólo un parón, sino un retroceso. El crecimiento económico, cuando no va acompañado de políticas de equidad -que proporcionan esos bienes públicos de los que habla Bachelet y que van desde la educación a la sanidad pasando por la infraestructuras o cuestiones más básicas en muchos casos como el acceso al agua potable y a alimentos, o lo que la presidenta chilena llama un "ágora" (lugar de debate público)- no genera necesariamente democracia. Lo vemos por ejemplo en Guinea Ecuatorial donde la riqueza del petróleo reciente no se ha repartido entre la población.

Según el último estudio de Freedom House, ha habido efectivamente un retroceso en las libertades en el mundo. Y cabría añadir que la crisis financiera, económica y alimentaria en la que estamos entrando, aunque tenga efectos desiguales según las regiones, también ahondará esta recesión democrática.

[Publicado el 09/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: democracia, libertades, Bachelet, bienes públicos]

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Socialdemocracia sin emoción

La socialdemocracia en Europa está en horas bajas. Quizás por eso su gran esperanza, si gana el 9 de marzo, es Zapatero, a quién fuera se le ve un poco como un Obama español, según se dijo en un reciente seminario organizado en Londres por Policy Network, una red que se puso en marcha en tiempos de Blair. Aunque lo que más gusta de Obama es que ha logrado inyectar en las primarias una carga emocional que los socialdemócratas consideran que, en general, les falta.

En Alemania, no parece que el SPD vuelva a gobernar en coalición con los democristianos; en Italia, la izquierda está en crisis y Veltroni es, además de una incógnita, es otra cosa, más a lo demócrata americano; en Francia los socialistas están hundidos (aunque se pueden falsamente recuperar en las municipales), y entre los británicos, Brown, que participó en esa reunión, no despierta pasiones siquiera entre los suyos. La presentación por Carlos Mulas-Granados del programa socialista español desde tres ejes -segunda modernización, extensión de los derechos civiles y sociales, y nuevas respuestas para los problemas globales-despertó interés. Si gana, y el socialismo español desarrolla un pensamiento propio -doble condición-, ZP tiene la ocasión única de convertirse en la referencia de la socialdemocracia en Europa. Se le espera en la cumbre en Londres en  abril sobre Gobernanza Progresista que debería lanzar mensajes más positivos.

¿Por qué esta crisis general de la socialdemocracia? Para empezar, en Europa y en EE UU el debate político se sitúa aún en el terreno marcado por los conservadores desde Reagan y Thatcher. La izquierda no ha logrado salir de él, mientras crece el sentimiento antiglobalización y el temor a la inmigración, lo que la derecha populista sabe explotar bien. Además, según Edgar Grande, catedrático de Política Comparativa de Munich, el espectro político se está moviendo hacia la derecha en Europa. En el terreno de la política cultural e identitaria, la derecha populista domina el discurso. No hay una cultura en la socialdemocracia sobre cómo pensar la cuestión de la identidad, la inmigración y otras dimensiones,. De hecho, según Grande, la globalización ha cambiado las bases de la política en Europa Occidental, generando nuevas divisorias. Hay nuevos partidos populistas de de extrema izquierda y de extrema derecha.

De las divisiones que cruzan a través de la tradicional visión entre izquierda y derecha, el también alemán Gero Neugebauer ve tres dimensiones esenciales en cuanto a conflictos de valores: libertarios frente a autoritarios, justicia social frente a libre mercado, y religión frente a secularismo. Están, así, surgiendo lo que Neugebauer llamó nuevos "milieus políticos". El problema para la socialdemocracia es que, si quiere conseguir los votos necesarios para gobernar, debe situarse  a la vez en todos esos ellos.

Otro factor que complica la situación para los socialdemócratas es que éstos han estado sobre todo dirigiéndose en los últimos años a los ganadores de la globalización; mientras que su granero potencial de votos está también entre los perdedores. La socialdemocracia  ha perdido votos en la clase trabajadora y entre los sindicatos, un terreno que, según Roger Liddle, vicepresidente de Policy Network, ha ocupado en parte la extrema derecha. Entre los perdedores ha surgido una nueva  categoría que ya no se llama el proletariado, sino el precariado, formado sobre todo por jóvenes. Pues la desigualdad que genera no es sólo entre capas sociales, sino entre generaciones. Según el francés Bernard Spitz, "la generación pobre es la generación joven".

Si Brown habló de la necesidad de "liberar las potencialidades de todos", la educación es una respuesta, siempre que reconozca la pérdida de valor de los diplomas, y de que la igualdad de oportunidades que genera deba darse a lo largo de toda la vida. Al cabo, la desigualdad mayor es "entre los que tienen control sobre su futuro y los que no".

Los socialdemócratas según Grande, han sufrido además en casi toda Europa "el declive de una oposición responsable". Y un creciente abstencionismo en lo que se llama la "era del escepticismo" en el que votar o no ya no es una decisión derivada del sentido del deber. En todo caso, hubo un cierto acuerdo en que la renovación desde el gobierno es más difícil de llevar a cabo que desde la oposición.

La gran esperanza para los socialdemócratas es el debate sobre el cambio climático, pero no son ellos los que lo han planteado, aunque lo hayan asumido. De hecho, se dijo, esta izquierda  ha perdido capacidad a la hora de "poner temas sobre la mesa".  Quizás deba volver a mirar más hacia los demócratas en EE UU.

 

Publicado en El País, 25 de febrero de 2008

[Publicado el 25/2/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Socialdemocracia, izquierda, derecha, Obama]

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Foto autor

Biografía

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.

 

Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.

 

Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Bibliografía

La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.

Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.

La razón de Europa (1994), Aguilar.

El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

 

Artículo

"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)

 

Entrevista en la edición online de Newsweek.

Premios

2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

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