Minisite sobre Kapuscinski

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

 Asuntos exteriores / Blog de Andrés Ortega

Religión en la plaza pública

imagen descriptiva

El Papa celebra una misa en el estadio de béisbol de los Yankees.

"Aquí, en América, encontrará una nación que da la bienvenida al papel de la fe en la plaza pública". Así acogió en Washington el presidente Bush a Benedicto XVI, que fue mucho más lejos en esta declaración de principios nada laicos. El pasado viernes, en la Asamblea General de la ONU, el secretario general Ban Ki-moon le recordó al Papa que la suya es una "organización secular" y que el edificio que la alberga en Nueva York no tiene siquiera una capilla.  Ratzinger, sin embargo, aprovechó la tribuna para exigir que "la libertad religiosa no se puede limitar al libre ejercicio del culto, sino que tiene que dar la debida consideración a la dimensión pública de la religión, y por tanto a la posibilidad de los creyentes de desempeñar su papel en la construcción del orden social", aunque diferenció entre la dimensión del ciudadano y del creyente. Pero previamente había considerado "inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos", y  "no debería ser nunca necesario negar a Dios para disfrutar de los derechos de cada cual". ¿Quién lo exige? Es una subversión de los argumentos del laicismo.

Es verdad que poco hay más público que la religión, sea cristiana, musulmana u otra. Los viajes papales lo demuestran.  EE UU, formalmente un Estado laico o mejor dicho sin religión oficial, es uno de los países más religiosos del mundo, y en él la religión, al menos el deísmo, no es sólo un asunto privado sino muy público. Tanto que (aunque tan sólo desde 1956) los billetes de dólares llevan el famoso lema de In God We Trust ("En Dios confiamos"). Además, la dimensión pública de la religión ha ido aumentando con los crecientes intentos de politizarla. Parecía una cuestión tapada en las primarias demócratas, y sin embargo ha resurgido cuando Obama declaró recientemente que las frustraciones económicas de muchos electores en las ciudades pequeñas de Pensilvania les había llevado a "aferrarse a los rifles o la religión o la antipatía hacia la gente que no es como ellos". Pese a que tenga razón, está pagando por esta afirmación.

Aunque hablara mucho de religión -si bien significativamente escasamente de diálogo de religiones, que sólo citó una vez- , el discurso de Benedicto XVI en la ONU fue, inevitablemente, político. Con él, tres han sido los Papas que se han subido a esta tribuna. Pablo VI en 1965, cuando se presentó como "experto en humanidad". Juan Pablo II en dos ocasiones muy diferentes (1979 y, tras el fin de la guerra fría, 1995). En todos hay un hilo conductor: la insistencia en la libertad y en los derechos de los individuos. Juan Pablo II insistió mucho en 1995 en que la libertad no era algo que sólo buscaran los individuos sino también  las naciones. Y si habló de los "derechos de las personas", añadió los de las naciones, remontándose para ello al Concilio de Constanza en el siglo XV.

Inevitablemente, los tres Papas se han referido de una otra manera en esta tribuna al aborto y al control de la natalidad. La derecha americana y el Vaticano han coincidido en su oposición a dar fondos en la ONU a programas que contemplaran el aborto, y en esto han recibido el apoyo de los países integristas musulmanes.

Pero no todo son coincidencias con Bush.  Significativamente, Ratzinger sólo mencionó una vez la palabra "terrorismo" y consideró que el respeto de los derechos humanos es una de las formas de "aumentar la seguridad". Es decir, sin mencionarlos, un discurso contrario a Guantánamo, a la Ley Patriótica o a las detenciones ilegales de prisioneros de guerra.  Ya había pedido a Bush más "esfuerzos pacientes de diplomacia internacional" para resolver los conflictos internacionales. Pablo VI había definido la ONU, ya en aquellos años, como una "escuela de paz". El Papa Ratzinger también insistió en la paz, pero no desde el pacifismo. Defendió la injerencia par razones humanitarias. No renegó del uso de la fuerza sino que, insistió, ésta debe partir de un consenso si no universal, sí amplio. Hizo una alabanza a la ONU, como centro del multilateralismo y de la defensa de los derechos humanos cuya Declaración Universal cumple 60 años, e interesante fue su reflexión sobre el peligro de que la legalidad prevalezca sobre la justicia en relación con estos derechos.

Su insistencia en que hay que recuperar la religión en la esfera pública forma parte de esa tendencia que algunos sociólogos, como Peter Berger, detectaron desde los 90 y han llamado, la de la des-secularización del mundo. Al menos en Europa, oasis laico, conviene no sólo frenarla, sino invertirla.

Publicado en El País, 21de abril de 2008

[Publicado el 21/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Papa, ONU, Benedicto XVI, Bush, religión]

[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

El ‘memo’ de Yoo

/upload/fotos/blogs_entradas/johnyoo_med.jpgDebió ser en 2002 o 2003 cuando un destacado liberal europeo regresó asustado de lo que le había escuchado en la famosa (pero venida a menos) conferencia transatlántica de Bilderberg a John Yoo, a la sazón número dos de la asesoría jurídica (que actúa como tal para el conjunto de la Administración) del Departamento de Justicia de EE UU bajo la batuta del fiscal general John Ashcroft. "Ese Yoo de origen vietnamita debería ser enviado a Vietnam", comentó este intelectual ante los recortes a las libertades y la nada disimulada aprobación de métodos de interrogación a prisioneros que constituyen claramente tortura.

Pues bien, aunque el contenido del memorándo que escribió Yoo en 2003 era conocido (así como de otro paralelo de la CIA en 2002, parte de una serie de tomas de posición sobre este asunto), el texto (partes 1, 2, 3 y 4, una lectura que vale la pena por los horrores que pone de manifiesto) sólo ha salido ahora a la luz pública, tras verse forzado a publicarlo el Departamento de Justicia. En su intento de regular estás técnicas a presos en Guantánamo y en otras cárceles secretas  se salta por la borda todas las convenciones internacionales y incluso las limitaciones internas de EE UU en aras de "la guerra contra el terrorismo".

La definición de tortura que aportaba -el límite que no se debía sobrepasar- es la siguiente: "La víctima debe experimentar un dolor o sufrimiento intensos del tipo equivalente al dolor que estaría asociado con daños físicos tan severos que de ellos derivaran muerte, fallo de órganos o daños permanentes resultantes en una pérdida de funciones corporales  significativas". Era un intento de definir lo que podía constituir una tortura aceptable. Y de poner por encima de la ley a los interrogadores que se verían "protegidos por una versión nacional e internacional del derecho a la defensa propia".

Todo lo demás, es decir, casi todo, valía y en buena parte sigue valiendo. Incluidos el uso de drogas que alteran la mente o la llamada técnica de la bañera (waterborading) por la que se hace sentir al interrogado que se está ahogando, cuya posibilidad de uso ha reservado Bush para casos extremos. Es decir, que aunque la Administración acabó rescindiendo este memorándum, siguió alentando la aplicación de la tortura. Así no se gana la lucha contra el terrorismo, sino que se acaba alimentando aún más a la bestia, como ya hemos explicado en otras ocasiones. Por cierto, como ya mencioné en este blog, Yoo vive tranquilamente dando clases de Derecho en la Universidad de Berkeley.  

 

[Publicado el 04/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Tortura, Bush, Yoo, terrorismo]

[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

¿Dónde debe estar Ucrania?

La demanda de adhesión a la OTAN de Ucrania, impulsada por Estados Unidos, ha caído como otro jarro de agua fría sobre los europeos, algunos de los cuales, como Alemania y Francia, la consideran, como poco, prematura. Pero ni Europa, ni Ucrania ni Rusia han realmente contestado a la pregunta de ¿dónde debe estar Ucrania? Europa no estará unificada, como indica el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop, mientras no coincidan "donde están los países y donde quieren estar".

La cumbre de la OTAN en Bucarest esta semana debe dar el visto bueno a la ampliación a tres nuevos miembros: Albania (¿importará el problema de Kosovo?), Croacia  y Macedonia (si se resuelve la cuestión de su nombre con Grecia). Pero de repente, el presidente y la primera ministra de Ucrania,  Yúshenko y Timoshenko, han puesto sobre la mesa su aspiración, aunque prometiendo que no habrá bases extranjeras (lo que prohíbe su constitución). En lo que será su última cumbre atlántica, Bush, como parte de su legado, quiere dejar encarrilada esta cuestión, con una hoja de ruta o  MAP (plan de acción, en sus siglas inglesas)  para el ingreso. Durante los mandatos de Bush, la OTAN se habrá ampliado a diez nuevos miembros: Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania, a los que hay que sumar ahora los tres apresurados nuevos invitados. Pero con Ucrania (y Georgia que plantea una problemática propia y enrevesada)  "el tiro le puede salir por la culata", señalan fuentes europeas.

Bucarest será la primera cumbre de la OTAN a la que asistirá el aún presidente ruso Vladimir Putin. La cuestión ucraniana eleva la temperatura. Las relaciones entre Rusia y Ucrania son demasiado íntimas como para que la perspectiva del ingreso de Kiev en la OTAN no plantee serios problemas. Hay centenares de kilómetros de contacto entre ambos países que no tienen delimitación. El ingreso obligaría a definir estas fronteras, y a separar algunas ciudades y e industrias militares.

Pero no se trata únicamente de que la OTAN se meta en una senda que aliene a los rusos -o que les otorgue un inaceptable derecho de veto- , sino que los propios ucranianos, están abrumadoramente en contra del ingreso en la Alianza Atlántica. Más de la mitad lo rechaza y sólo menos de un 20% está a favor, según diversos sondeos. Tanto que la iniciativa oficial provocó un boicoteo parlamentario por la  oposición que sólo se resolvió con la aprobación del compromiso de un eventual referéndum. Ucrania debe hacerse una idea de lo que quiere ser, y está aún dividida al respecto.

Para lo que habría una mayoría es para la entrada en la Unión Europea, pero dada la "fatiga de ampliación", y esta perspectiva está en estos momentos fuera del horizonte vital de la UE y de Ucrania. Algunos europeos, como los alemanes y los franceses, son contrarios al discurso anti-ruso que emana de Washington y de otras capitales. En todo caso, piensan que antes de plantear la cuestión de Ucrania y Georgia hay que reducir las tensiones en la región.

La Alianza no sólo se amplía, sino que también gravitan en su derredor posibles socios que no miembros, como Australia, Japón (y para algunos Israel). Es la conversión de la Alianza en una red de seguridad internacional. China aún no ha planteado objeciones, pero si la ampliación de la Alianza empieza a acercarla a sus fronteras querrá tener algo que decir. También la OTAN, que en 2009 cumplirá 60 años, debe pensar qué quiere ser y qué quiere hacer, pues quizás esté demostrando en Afganistán que no vale para la tarea que se le ha encomendado. La cumbre de Bucarest debe producir un concepto estratégico sobre Afganistán que sea convincente al explicar por qué, cómo, con qué fines y con qué estrategias actúa la  OTAN en aquel país, pues va creciendo la oposición en algunas sociedades europeas a la participación en aquella guerra lejana.

La OTAN no ha decidido aún si Rusia "pertenece a Occidente o al resto" (the West or the rest). Con la ampliación de la OTAN -percibida como anti-rusa desde Moscú por el régimen y la población-, "la Alianza gana territorio pero está perdiendo Rusia", observan algunos responsables rusos. Y efectivamente, con cada ampliación de la OTAN parecen perder fuerzas los movimientos pro-occidentales en Rusia, aunque la Alianza no se presente como una amenaza contra Rusia. De hecho,  la amenaza occidental contra Rusia es la más baja desde Napoléon. Pero a menudo las percepciones cuentan más que la realidad.

 Publicado en El País, 31 de marzo de 2008

[Publicado el 31/3/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: OTAN, Ucrania, Bush]

[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

La guerra, escamoteada

Cuando va a cumplir cinco años, pese a la tragedia diaria, la guerra de Irak se va desvaneciendo. Parecía difícil que en el III Foro de Bruselas, dedicado a las relaciones transatlánticas y a un repaso de los problemas del mundo, se pudiera prácticamente pasar de puntillas sobre este conflicto. Y sin embargo, así ha sido. De la cuestión que más ha separado a los europeos y a algunos de éstos de EE UU ha dejado políticamente de existir. Así el (aún por unos días) primer ministro belga Guy Verhofstadt -y no fue el único sino que respondió a una tónica general-, pudo hablar del conflicto entre palestinos e israelíes para saltar directamente, si acaso pasando por Irán, a Afganistán, donde supuestamente se encuentra ahora el gran  caladero de terroristas yihadistas, sin pasar casi por Irak, como si no se hubieran generado vasos comunicantes entre ambos conflictos, o como si la guerra que empezó EE UU en 2003 no hubiera cambiado profundamente la ecuación de poder en toda la región.

El German Marshall Fund, que organiza el foro, ha realizado un estudio que demuestra que por la guerra de Irak EE UU perdió gran parte de su prestigio en el mundo y especialmente en Europa, sin recuperarlo. El deterioro de la imagen de Bush ha arrastrado a la del país. Si una mayoría de los europeos (64%) consideraba en 2002 deseable el liderazgo de EE UU en los asuntos mundiales (frente a 31% que lo veían como indeseable), a finales de 2007 esta visión se había invertido (36% frente a 58%). Hay, sin embargo, una gran diferencia a este respecto entre la opinión pública y la de las élites. Quizás porque los dirigentes europeos prefieren mirar para otro lado, como si Irak no existiese.

El debate se centró más en Afganistán "una guerra en la que la OTAN no está teniendo éxito", según vino a recordar en tono algo irritado (por los constantes críticas a Rusia en este foro) Konstantin Kosachev, presidente de la Comisión de Exteriores de la Duma rusa. No hay estrategia de salida. Y cabe recordar que algunos de los males que tanto daño han hecho a la imagen de EE UU, empezaron en la guerra legal (por tener apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU) de Afganistán, como los vuelos secretos de la CIA, la tortura a prisioneros, o Guantánamo. Mientras, redoblan las presiones, de EE UU y Canadá para que no haya diferencias en la contribución de los aliados de la OTAN a las actividades en Afganistán, pues algunos (como alemanes y españoles, entre otros) pretenden evitar entrar en misiones abiertas de combate.

La Administración Bush tiene interés en que se hable poco de Irak, para no dañar las posibilidades del candidato republicano John McCain a la Casa Blanca. Washington pretende estabilizar la situación militar y no meterse demasiado en la estabilización de la situación política pues llevaría a poner sobre la mesa la permanencia de las tropas de EE UU, y sacar la guerra de la agenda política. Y los demócratas tampoco tienen gran interés en agitarla, dados los progresos en Irak, al menos hasta hace poco.

Irak es la primera prioridad en materia exterior y de seguridad en una campaña electoral en curso en EE UU, ahora dominada, sin embargo, por la economía. Si los europeos no hablan con los americanos de Irak, estos sí lo hacen entre sí, como quedó claro en un debate entre asesores de Hillary Clinton y de McCain. Ambos campos pretenden salir de Irak (sin fecha clara) pero "sin perder". McCain defiende incluso una victoria para EE UU aunque necesite el tiempo que sea para lograr este fin.

No es sólo la Administración Bush la que ha suministrado una dosis de anestesia a la opinión pública de EE UU sobre la guerra. Según un estudio del Centro Pew sólo un 28% de los ciudadanos adultos son capaces de acertar que unos 4.000 estadounidenses han muerto en este conflicto, frente a 54% en agosto pasado. La mayor caída se da entre los republicanos. El estudio se apoya en el Índice de Noticias publicado por el Proyecto para la Excelencia en Periodismo de EE UU, según el cual, el porcentaje de noticias dedicadas a la guerra ha caído de 15% de media en julio pasado, a 3% en febrero de 2008. Hasta finales de ese mes, y desde mediados de octubre, no ha sido la noticia principal. La conclusión es que la conciencia sobre este conflicto entre el público estadounidense ha bajado tanto como la cobertura de los medios de comunicación.

Publicado en El País, 17 de marzo de 2008

[Publicado el 17/3/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Irak, Bush, Irán]

[Enlace permanente] [Imprimir] [1 comentario] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

La tortura de Bush

El veto del presidente George W. Bush a los presupuestos de inteligencia que le enviaba el Congreso no ha recibido las críticas suficientes. Pues lo que ha querido vetar no eran partidas sino una disposición que prohibía a los agentes estadounidenses utilizar la técnica de "la bañera" (waterboarding), los simulacros de ejecución, los electrochoques, los abusos sexuales y otras formas de tortura -lo que eufemísticamente se llama el "programa de la CIA"- como se ha hecho en Guantánamo, Abu Ghraib, Bagram, y otros centros de detención por el mundo.

The New York Time, en un editorial ayer titulado "Radio Miedo América", criticaba duramente a Bush después de que éste utilizara su mensaje radiofónico de todos los sábados para asegurar que la cláusula que prohíbe a la CIA la tortura de presos "nos quitaría las herramientas más valiosas en la guerra contra el terror: el programa de la CIA para detener e interrogar a líderes y operativos terroristas clave".

La tortura es inadmisible. Pero además, es contraproducente, pues alimenta el odio del que se nutre ese terrorismo fanático. El portavoz de la CIA señaló el domingo que su organización "ni practica ni apoya la tortura" y no tenía objeción alguna que plantear a estas prohibiciones, que, por cierto, violan las convenciones de Ginebra y otras normas internacionales. Su jefe, el director de la CIA, dijo haber prohibido la técnica de la bañera en 2006, pero aseguró no tener claro si era o no legal.

Ni siquiera ha sido útil.  Bush ha afirmado que el programa de la CIA "impidió un número de ataques". No está para nada demostrado Al menos es lo que ha declarado el presiente del Comisión del Senado sobre Inteligencia, John Rockefeller IV, que, pese a su acceso a información confidencial, no recuerda haber visto nada que avale esta afirmación presidencial. Es más, esta tortura, para Rockefeller,  "no es necesaria y es contraproducente". Pero se sitúa en la estrategia del miedo de la que Bush no se ha bajado desde el 11 de Septiembre de 2001. Cabe recordar que, al menos,  John McCain, candidato republicano a la Casa Blanca, está contra la tortura pues el mismo la sufrió como prisionero en Vietnam.

En todo caso, el manual de campo de la CIA ya había suprimido estas técnicas de interrogatorios, según asegura la organización. Pero aún falta transparencia. Hay que exigir,  como lo ha hecho The Washington Post, que el Ministerio de Justicia de cuya Oficina de Asesoramiento Legal salieron los memorádums para la Casa Blanca y el Pentágono que consideraban legales esas detenciones (cuyos tristemente famosos vuelos permitieron tantos gobiernos europeos) y torturas se publiquen en su integridad junto al nombre de sus autores y de los que lo pidieron. Algunos ha salido ya, de los tiempos de John Ashcroft como fiscal general. Uno de los autores principales de la Ley Patriótica que dio carta blanca al Gobierno y de estas interpretaciones torticeras del derecho y es John C. Yoo, cuya familia huyó de Vietnam, y que ahora ejerce plácidamente de Catedrático de Derecho en la Universidad de Berkeley. Todos se marcharan sin haber hecho frente a sus responsabilidades.

 

[Publicado el 12/3/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Bush, tortura, CIA, Guantánamo]

[Enlace permanente] [Imprimir] [1 comentario] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

El último de Bush

La mejor noticia del discurso sobre el estado de la Nación de Bush, en el que no ha habido nada de nuevo, es que es el último de uno de los peores presidentes que ha tenido EE UU. Le queda ya menos de un año en la Casa Blanca, pero con suficientes poderes para seguir cometiendo errores de bulto, y meter a EE UU y al mundo en nuevos líos. Podría, por ejemplo, ordenar atacar Irán, aunque no parece que lo vaya a hacer. Ya es un pato cojo, un presidente sin gran capacidad real, con un Congreso de signo opuesto. Aunque por muy cojo que resulte, avisó a los legisladores de que no le manden ninguna subida de impuestos, pues la vetaría. Pero quiere sacar adelante, por consenso, el paquete de estímulo fiscal.

Quizás la expresión más significativa del discurso de Bush es, junto al reconocimiento de la "incertidumbre" económica, sea la de los "asuntos no concluidos" (unfinished business). Pues en ella se encierra la herencia que le deja a su sucesor o sucesora: unas cuentas del Estado deficitarias (que él asumió con superávit), una economía en graves dificultades, una reforma del sistema de sanidad, y, sobre todo, una guerra de Irak sobre la que, pese a los últimos progresos, ni siquiera se atreve a hacer cálculos el comandante en jefe, a la espera de las recomendaciones del general David Petraeus. Esta vez, este Bush en su final ha sido más prudente, no se ha a atrevido a hablar de "victoria" ni de "misión cumplida", pues "los enemigos" aún "no ha sido derrotados".

Bush permanece en el discurso de la dureza (contra la inmigración) y del miedo que adoptó a partir del 11-S,  atentado que cambió el rumbo de su presidencia. Las palabras más citadas (23 veces) en este discurso han sido la de "terror", "terrorismo" y "terrorista", que definen lo que de forma simplista llama "la lucha ideológica del siglo XXI". Está por ver si su guerra contra el terrorismo ha contribuido a reducir la amenaza o ha acabado por alimentar a la hidra.

Mas ¿quién escucha a Bush  a estas alturas, cuando sus popularidad está por los suelos?  Sus conciudadanos, y gran parte del mundo externo, están más pendientes de lo que ocurre en las primarias para saber quién podrá salir elegido nuevo presidente el 4 de noviembre. Tanto que aunque los senadores Hillary Clinton y Barack Obama acudieron a escuchar al presidente en Washington, el también senador republicano John McCain prefirió seguir haciendo campaña en Florida. El discurso sobre el estado de la Unión de Bush ha sido un mero paréntesis entre dos primarias.

[Publicado el 30/1/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Bush, Irak, Estados Unidos, primarias]

[Enlace permanente] [Imprimir] [0 comentarios] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Foto autor

Biografía

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.

 

Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.

 

Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Bibliografía

La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.

Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.

La razón de Europa (1994), Aguilar.

El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

 

Artículo

"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)

 

Entrevista en la edición online de Newsweek.

Premios

2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Vídeos asociados

Obras asociadas

© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres