El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
Lo que va en un nombre: Macedonia

Cumbre de la OTAN en Bucarest.
"El temor a un nombre aumenta el temor a la cosa", decía un personaje de Harry Potter. En este caso se trata de Macedonia. La última cumbre de la OTAN para el presidente George W. Bush que se inicia hoy en Bucarest, puede tropezar sobre varias piedras. Una de ellas es ese nombre. Y no hay que remontarse a Alejandro el Grande, sino que la cuestión es relativamente reciente. Los griegos llevan esperando 13 años, desde la disolución de la antigua Yugoslavia, a que la llamada "Antigua República Yugoslavia de Macedonia" (ARYM, o más conocida como FYROM en sus siglas en inglés) busque un nombre que, aún recogiendo la palabra "Macedonia" -pues una parte, la más pequeña, de la Macedonia histórica está allí mientras la más importante es una región de Grecia- indique que no hay reivindicación alguna por parte de Skopje (la capital de la FYROM) sobre el sur.
El International Herald Tribune recogía ayer en sus páginas de Opinión un interesante debate sobre la cuestión. Dora Bakoyannis, ministro de Asuntos Exteriores de Grecia, explicaba cómo en 1944, en un intento de seguir el avance del comunismo hacia Grecia en plena guerra civil helénica, el mariscal Tito de Yugoslavia cambió el nombre de esa provincia sureña de Vardar Banovina por el de República Social de Macedonia y lanzó desde allí ataques contra Grecia, conflicto que forzó que decenas de miles de macedonios téncios tuvieran que huir de sus casas y refugiarse en Grecia, como recuerda Edward Joseph del International Crisis Group.. Es decir, que tras un nombre, hay también mucha historia y rencor. Y mucho en juego. La versión contraria la ofrece Misha Glenny (autor de un libro recomendable, McMafia: Crímenes sin fronteras de inminente publicación en España).
Tras la disolución de Yugoslavia, en 1995, en un gesto constructivo, Grecia aceptó temporalmente que aquella República adoptara el nombre de FYROM prometiendo a Naciones Unidas que lo cambiaría. Hasta ahora no lo ha hecho. Se ha negado en redondo pese a que Grecia sí ha aceptado algunas propuestas del mediador de la ONU, como Alta Macedonia o Macedonia del Norte, pero no otras formas como República de Macedonia (Skopje) o Macedonia-Skopje. Grecia, que tiene un gobierno con una mayoría exigua, ha amenazado con vetar la invitación a la FYROM a entrar en la OTAN, junto con Croacia y Albania, lo que debía ser una de las guindas de esta cumbre para Bush.
Imaginemos lo inimaginable: que Francia se partiera. Y el País Vasco francés, incluso con una zona más amplia que integrase otros territorios del Suroeste francés decidiera adoptar, como Estado independiente, el nombre de País Vasco o Euskadi, a secas. ¿Lo permitiría España o los vascos de este lado de la frontera? Lo mismo se podría decir de la Cataluña norte. La comparación se para ahí, pero vale. Los griegos temen que si la FYROM pasase a llamarse República de Macedonia a secas, alimentase así la desestabilización de la zona. Para no importar un nuevo problema a la Alianza, es necesario que ambos cedan, y lo que ofrece a la ONU no es mala solución. Para empezar para la propia estabilidad interna de Macedonia -con su gobierno al borde del abismo y una sociedad de la que no se ha alejado el espectro de una guerra civil- y sus dos millones de habitantes, otro microestado en Europa que impide la estabilización de los Balcanes, una crisis que , por lo que se ve, no está cerrada.
[Publicado el 02/4/2008 a las 05:00]
[Etiquetas: Macedonia, OTAN, Balcanes, Grecia]
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Algunos países necesitan, para caminar hacia su independencia, de muletas que les proporcionan sus protectores, como ha ocurrido, por ejemplo, con Timor Leste, y aún así, renquean. En el caso de Kosovo. Más que de una declaración de independencia, hay que partir en Kosovo de una constatación de de dependencia. Este no parece un país preparado ni viable. Pese a la independencia declarada de forma unilateral, necesitará de ayuda internacional en todos los sentidos -económico, militar, policial y administrativo- para subsistir y transformarse en Estado digno de esta definición.
Pristina no ha elegido la fecha más constructiva, cuando tomaba posesión del nuevo presidente, se supone que moderado y europeísta, de Serbia, Boris Tadic. Pero ya ess tarde para lamentarse. De hecho, Kosovo era ya prácticamente independiente de Serbia desde la guerra de 1999. Y desde ayer la independencia de Kosovo, aunque sea "supervisada internacionalmente", según el Plan Ahtisaari, que sobre el papel resulta aceptable, pero sobre el terreno probablemente inaplicable, ha dado un paso definitivo. Esta independencia es un fracaso europeo; el penúltimo pues aún quedan algunas cuestiones sin resolver en esta larga y cruenta desmembración de Yugoslavia, cuyos trozos, paradójicamente, quieren, en un futuro de interdependencia, rejuntarse en una Unión Europea que se va llenando de Estados pequeños étnicamente homogéneos.
Militarmente, los 16.000 soldados de la OTAN (iban para un año; se han quedado ocho), incluidos los españoles, no están nada deseosos de verse implicados en labores de gendarmería. La UE va a mandar una Misión de Seguridad y Defensa, formada por policías, pero también jueces, abogados y otros funcionarios para poner en pie un Estado. Hay que sumar los fondos que llegarán del exterior para impulsar la economía, un sostén que se puede alargar mucho en el tiempo si Serbia decide interrumpir sus suministros de electricidad y alimentos -aunque el Gobierno serbio ha afirmado que no lo hará-, o cortar la navegación por el Danubio o por carretera. Serbia, sin embargo, no tiene la capacidad para instaurar un bloqueo. Pero está por ver si los albanokosovares pueden luchar para preservar la unidad de Kosovo si los 120.000 serbiokosovares en Mitrovica y al norte deciden separarse y seguir unidos a Serbia. Sin duda, la OTAN no querrá meterse en otro lío.
La base legal de este despliegue militar de la OTAN seguirá siendo la Resolución 1.244 del Consejo de Resolución de la ONU. No es probable que pueda lograrse una nueva, dada la oposición de Rusia. El reconocimiento de Kosovo por otros Estados será paulatino y dividirá a la UE, aunque no cabe esperar que España se alinee con los más opuestos a esta independencia, como Chipre, Grecia o Rumania. Pero tampoco seguirá a Washington, Londres, Berlín o París en su prisa controlada por reconocer a Kosovo (la Administración Bush quería despejar esta cuestión antes de su última cumbre de la OTAN en abril) España intentará capear el temporal y es previsible que sus soldados permanezcan en Kosovo un tiempo, pero que se vayan retirando, aunque no con la precipitación que lo hicieron de Irak.
Es una independencia por etapas. El Plan Ahtisaari contempla no sólo que se elabore una constitución, sino que Kosovo pueda ingresar en las organizaciones internacionales. No lo tendrá nada fácil. Rusia, con su derecho de veto, tiene la llave para el ingreso de Kosovo en la ONU. Y tampoco es fácil que entre rápidamente en el Consejo de Europa o en la OSCE. Previsiblemente, durante tiempo va a mantener un dudoso status internacional.
Sin duda, Kosovo plantea un precedente. Para empezar, esta independencia sin acuerdo de las partes (cosa que ha ocurrido en otros casos en Yugoslavia) va en contra del espíritu y la letra del Acta de Helsinki que considera "inviolables" (pero no inmutables) las fronteras existentes. Tampoco cabe excluir que Kosovo acabe uniéndose con la vecina Albania, y de ahí salga un Estado más viable. Pero no cabe ignorar que Kosovo, donde imperan las mafias, puede degenerar en un agujero negro en el corazón de Europa, con el ingrediente añadido de movimientos islamistas radicales.
En cuanto a precedentes, lo más peligroso es que los serbios de la Republika Sprska rompan Bosnia-Herzegovina, otro Estado independiente que en realidad es otro protectorado internacional, que subsiste en equilibrio inestable. Y luego están los fundados temores rusos o georgianos, ante Chechenia, Abjazia, Osetia del Sur u otros territorios, aunqque no esté claro a qué se refería el viceprimer ministro ruso, Serguei Ivanov, cuando habló en la Conferencia de Munich de un "efecto dominó".
Sea como sea en Europa ha nacido un nuevo Estado dependiente. No es para felicitarnos.
Publicado en El Pais, 18 de febrero de 2008
[Publicado el 18/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Kosovo, Rusia, indepedencia, Balcanes]
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Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.
Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.
Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.
Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.
La razón de Europa (1994), Aguilar.
El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.
Artículo
"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)
Entrevista en la edición online de Newsweek.
2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
16/5/2008 05:18
Publicado por: Javier
14/5/2008 22:33
la verdad siempre habia querido...
Publicado por: lucia cruz morelos
13/5/2008 23:58
mejorm mmm ja q feo prefiero a...
Publicado por: sodi
13/5/2008 00:28
Publicado por: kdj
10/5/2008 18:24
Publicado por: Ana Román
03/5/2008 00:27
Publicado por: jesús
03/5/2008 00:21
La verdad es que Dios es uno...
Publicado por: Alicia
02/5/2008 23:33
Publicado por: Jose Gonzalez
29/4/2008 19:43
Publicado por: alicedd
28/4/2008 12:41
Publicado por: Diego Cruz
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