El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 11 de febrero de 2012

 Agresiones cotidianas / Blog de Sanjuana Martínez

Madre Coraje

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Isabel Miranda de Wallace

A Isabel le secuestraron a su hijo Hugo Alberto Wallace Miranda hace cinco años. Desde entonces luchó incansablemente por localizarlo vivo o muerto. Con el paso del tiempo la sospecha de la muerte persistió y siempre tuvo la ilusión de darle cristiana sepultura. 

El secuestrador de su hijo le confesó hace unos días la forma en que Hugo murió. Le dijo cara a cara que el muchacho sufrió a consecuencia de una brutal paliza un paro cardiaco el mismo día que lo secuestraron. Con voz pausada, sin rasgo de arrepentimiento o nerviosismo, según muestra el video de la policía, Jacobo Tagle Dobin le contó que él y sus compinches de la banda decidieron “desmemrarlo” y para ello fueron a comprar una sierra eléctrica a Wall Mart. Luego colocaron las partes del cuerpo en una maleta y varias bolsas de basura que tiraron en un canal. 

Isabel fue cazando uno por uno a los secuestradores de su hijo. Para encontrar a Jacobo colocó anuncios panorámicos en las calles. Conociendo la ineficiencia de la policía mexicana y su connivencia con el crimen organizado y el expedito sistema de justicia que tenemos, decidió no esperar en su casa. Como una detective profesional fue hilando la historia de cada uno de los delincuentes y sus nexos con las autoridades

“Deseo dejar claro que desde el 12 de julio de 2005 a la fecha,  he trabajado SOLA, con recursos propios, esta tarea que se supone le corresponde al Estado, debió ser realizada por AFI, con toda la infraestructura con la que fue creada para combatir la delincuencia organizada,  he sido yo la que ha aportado toda la información, que obra en expedientes de las dos Procuradurías, proporcionando nombres, líneas de investigación, así mismo he realizado directamente la captura de 5 integrantes de la Organización Delictiva”, dice Isabel. 

La lucha de Isabel se convirtió en una causa nacional. Fundó la Asociación Alto al Secuestro y su voz se empezó a escuchar con fuerza y convicción por todas partes. Fue reconocida, premiada, recibida por el presidente, invitada a foros internacionales para hablar del caso de su hijo y de unos de los grandes problemas que enfrentamos los mexicanos con la inseguridad: la industria del secuestro. México es el primer país a nivel mundial donde se registra el mayor numero de secuestros, un negocio muy lucrativo en donde participa un porcentaje importante de policías en activo. 

Los datos oficiales aseguran que diariamente se cometen tres secuestros, pero también estas estimaciones reconocen que solo uno de cada cuatro se denuncian. El año pasado fueron contabilizados alrededor de mil, un cuarenta por ciento más que en 2008. 

Por eso, la lucha de Isabel se hizo la lucha de todos. No existe familia alguna que pueda decir que no conoce la tragedia del secuestro de un familiar, un vecino, un amigo. Es uno de los crímenes más crueles en donde actualmente también participan algunos carteles de la droga. 

Lo que se ha podido comprobar a través de testimonios y consignaciones es la participación de los propios cuerpos antisecuestros de las distintas policías mexicanas. Lo cual hace más difícil la erradicación de un ilícito que va en aumento vertiginoso ante el desgobierno que padecemos. 

Isabel mientras tanto puede al menos saber que su hijo murió en cautiverio. Dice que es muy pronto para poder perdonar a los delincuentes, pero esta segura que con el tiempo lo hará. Por ahora lo único que quiere es encontrar los restos de su hijo para poderle llevar flores al cementerio y dignificar así su memoria. 

No piensa en la revancha: “Jamás ha cruzado por mi mente la venganza, si yo hubiera querido asesinar a uno de ellos jamás los hubiera entregado a la autoridad.  Crecí en una familia con valores, con amor, yo no sería capaz de atentar contra otro ser humano, porque el respeto a la vida es fundamental, por eso a mí me ha costado mucho trabajo tratar de entender por qué hicieron lo que hicieron”.

Isabel, madre coraje mexicana, ha podido cosechar los frutos de su lucha, una lucha que aún no termina, una lucha que es de todos. 

 

 

 

[Publicado el 07/12/2010 a las 04:32]

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Los refugiados

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Los refugiados de Ciudad Mier. Foto: Sanjuana Martínez

El olor es inconfundible: gente hacinada. Están sentados. Esperando. Esperan algo, no saben qué. Esperan todo el día. Llevan tres semanas esperando. Están en silencio. No hablan, esperan. Son más de 300. Son los primeros refugiados. Los primeros desplazados de la guerra.

Vienen huyendo de Ciudad Mier, Tamaulipas, un pequeño pueblo que en su momento fue denominado “pueblo mágico” y que ahora el Cartel del Golfo y los Zetas han vaciado a punta de metralleta. El Ejército y el gobierno dice que todo está controlado, que el Estado intervino a tiempo. Dicen que es mejor que los periodistas no se acerquen por cuestiones de seguridad. Solo los informadores en un convoy militar pueden entrar al pueblo. 

La carretera 54 luce desierta. Conozco muy bien el corredor Marín-Doctor González-Cerralvo y me duele ver como poco a poco los lugares se van convirtiendo en pueblos fantasmas. Primero fueron los pasaporteados (residentes mexicanos en Estados Unidos) quienes dejaron de venir. Luego la población de fin de semana y ahora son los habitantes los que huyen de sus viviendas forzados por la violencia. 

Esta mañana de noviembre luce el sol y hay 21 grados. Un día espléndido para ir a Ciudad Mier y ver realmente si la propaganda oficial del gobierno de Felipe Calderón tiene algo de verdad. 

Durante el camino rumbo a Ciudad Mier no apareció ni un solo militar o policía federal, estatal o local. La garita aduanal esta abandonada. El edificio  tienen impactos de bala. El resto del camino esta semi desierto. Casi no hay coches, ni trailers transportando mercancías, o autobuses con pasajeros cuyo destino son ahora los pueblos fantasmas ubicados entre Nuevo León y Tamaulipas. 

Al entrar a Ciudad Mier me da un vuelco el corazón. Esta vacío. Veo una camioneta pick-up cargada con muebles. Sale del pueblo. La comandancia fue incendiada. Las casas del alrededor de la plaza presentan impactos de bala de grueso calibre. No hay policía, ni autoridad alguna. El alcalde se fue a Roma, Texas. La plaza esta sola. El jardinero decidió quedarse. Se llama Alejandro Salinas Vela. Habla despacio, sereno: “Tengo miedo, aunque ya casi no me asusto de nada. Aquí vinieron y aventaron en esta plaza a cinco decapitados; sin brazos, sin piernas. Yo los vi. ¿A estas alturas que más me puede asustar?”. 

La violencia en Ciudad Mier no empezó ayer. Fue desde febrero que las balaceras no cesaron: “Empezaban en la noche y se acababan en la mañana. Dormíamos debajo de la cama. De los cantos del cenzontle pasamos al ruido de las balas”, dice Blanca Garza, vecina del pueblo que decidió quedarse. 

La mayoría se fue. De las balaceras cotidianas pasaron a un estado de guerra donde solo había dos bandos: el poderoso Cartel del Golfo y su excisión, ahora acérrimo enemigo, Los Zetas. Ambos se disputan aún el territorio. Ambos son ahora los amos y señores del pueblo. Sus convoys de camionetas son los únicos que patrullan la zona. Han impuesto su propia ley, mientras el Estado claudica en sus deberes de otorgar protección a los civiles. 

Por la carretera, don Eusebio advierte: “Tenga cuidado acaba de pasar un convoy. No del Ejército, ni de los Zetas, de los otros, del cártel del Golfo". Efectivamente por el camino de terracería el convoy viene de regreso: ocho camionetas pick up y dos todoterreno a gran velocidad. Tengo que orillarme para darles paso. Los veo. Las piernas me tiemblan. Las manos me sudan. La adrenalina súbitamente aparece. Los tripulantes, con ropa camuflada, apenas voltean y el séquito desaparece entre el polvo.

Ellos, los desplazados, los refugiados de Calderón tuvieron que irse. Se fueron forzados por las circunstancia. Dejaron su patrimonio con mucho dolor. Y no saben cuando van a volver. Por eso esperan en Miguel Alemán, el pueblo siguiente a 15 kilómetros, frontera con Roma, Texas. Están en el Club de Leones. Allí viven hacinados, esperando a que alguien les diga que por fin pueden regresar a sus casas. La vida en el albergue no es agradable. Solo hay dos baños para 300 personas. Las improvisadas camas tampoco son cómodas para nadie. Además empieza a hacer frío y las colchas escasean. 

Casi nadie quiere hablar. Tienen miedo. Mucho miedo de expresar sus opiniones. Los últimos meses han vivido aterrorizados. Han visto auténticas carnicerías. “Hemos presenciado muchas matanzas en el pueblo. Ya no se puede vivir allí. Nos vamos a venir a radicar aquí; mientras no nos manden seguridad de planta no vamos a volver. Jamás habíamos visto tanta violencia. Empezó en febrero. Las balaceras eran desde el anochecer hasta el amanecer. Ya se adueñaron del pueblo. Se quedaron con todo. Nos destruyeron completamente. Trabajar toda la vida para que a tu familia no le faltara nada. Y al final estamos sin casa. Sin nada. Nos preguntamos: ¿por qué nuestro pueblo?”, dice Juanita mientras prepara las mesas y las sillas para la hora de comer. 

Todos se organizan de manera espontánea. Colocan rápidamente el mobiliario de plástico color blanco para la hora de la comida. Al fin y al cabo, como dice Jesús Barranco Molina, encargado de abastecer los insumos del lugar, esto es un “campo de refugiados”: “Ni más ni menos. Estos son los desplazados. Ya no sólo se ha concentrado la gente de Ciudad Mier, sino también la de Peñitas, Guatepo, Canaleño, Las Auras, Malahuecos, El Troncón, San Carlitos, La Morita y de muchos pueblos más. Sigue llegando gente que está huyendo y aquí son bien recibidos. Pero falta hablar de otros: los muertos, los levantados, los desaparecidos, de esos nadie habla". 

Y tampoco de los refugiados. En la propaganda oficial del gobierno de Felipe Calderón la palabra no existe. En la realidad, sin embargo, son de carne y hueso. 


[Publicado el 29/11/2010 a las 04:16]

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Matar por matar

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El Ponchis tiene 12 años

Su especialidad es cortar cabezas y genitales. Tiene 12 años. No podemos decir que “El Ponchis” sea el más pequeño de los sicarios. A estas alturas en México todo es posible. Hay quien dice que los cárteles empiezan a reclutarlos desde los 9. La edad parece ser un factor insignificante en la escalada de terror que vivimos. 

Al “Ponchis” (no sabemos su nombre) lo busca el ejército como parte de una célula juvenil integrada por chicos entre 12 y 23 años, una banda considerada como los herederos del cártel de los hermanos Beltrán Leyva en Morelos. 

Degollar tiene que ser un trabajo difícil. Y también cortar los huevos. Pero el Ponchis se especializó y aprendió a dominar su oficio. Tan orgulloso se siente de ello que subió vídeos a youtube con sus hazañas. Ofrece un repertorio con sus métodos de tortura. Muestra fotos posando con armas, droga, camionetonas y cochazos. 

Su fama empezó a crecer. Y también su ego. La bestia negra puede dañar a cualquier, incluso a un niñato de 12 años. Los estragos del narcisismo son devastadores. Pensó que era invencible. Y comenzó a pintar las “casas de seguridad” a donde llevaba a sus víctimas para torturarlas y ejecutarlas. Las pintas eran a favor del cártel del Pacífico Sur (CPS) organización a la que pertenecen él y sus cuates. 

Dejando pistas por doquier, el Ponchis se engolosinó. Le encantaron los resultados de la autopuropaganda en Internet. Y la admiración que se ganó con los suyos. Le encantó que lo consideran el más pequeño de los sicarios, el más sanguinario, el más despiadado, el líder, el experto en mutilar... La clandestinidad no le servía. Por fin era famoso. Había dejado de ser anónimo. Invisible, como los siete millones de jóvenes “ninis” que existen en México. No hay proyecto de Estado para atenderlos. Ni discusión o mesas de dialogo al respecto. El gobierno evade su responsabilidad. Y así van surgiendo los costos del salvaje sistema económico que tenemos. 

El Ponchis es una fiel muestra. No trabaja solo. Sus hermanas “Las Chavelas” se encargan de tirar los cadáveres. Los arrojan a las cunetas, a las plazas; los cuelgan de los puentes... en fin, el resultado de sus proezas es difundido todos los días en la nota roja de los periódicos y telediarios.  

Pero la fama también tiene sus inconvenientes. El ejército le seguía los talones. Cuando llegó a capturarlo a una de las casas pintarrajeadas, se escapó junto al capo del cártel, Jesús Radilla Hernández. 

Seguramente el Ponchis se estará riendo de todos. Sus últimos vídeos lo exhiben golpeando a un hombre que está colgado. Le pega con un palo que lleva las siglas del CPS... En otra imagen está torturando a un señor vendado y la boca tapada con masking tape.... En otra, aparece armado con medio rostro cubierto y una gorra de camuflaje militar... 

El Ponchis es el rostro de nuestra tragedia nacional. 


[Publicado el 18/11/2010 a las 19:24]

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Cochino dinero

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El famoso Ferras

El “Ferras” ha sido detenido en tres ocasiones durante los últimos cinco meses. Es un sicario, respetado y temido entre los suyos, operador del cártel de “La Línea” que mágicamente ha conseguido quedar libre sin cargos por sus múltiples delitos. 

¿Qué por qué siempre salgo libre?, preguntó retóricamente a los reporteros que lo cuestionaron en su última detención. “Muy fácil”, les dijo y añadió tras una cínica carcajada: “Con dinero baila el perro”. 

El “Ferras” conoce y disfruta el nivel de corrupción de las autoridades mexicanas. La seducción del dinero lo arregla casi todo en el México bronco penetrado hasta los pinos por el narcotráfico. 

Juan José Pereda Beltrán, su nombre completo es uno de tantos criminales beneficiados por el sistema penal de Ciudad Juárez, el epicentro de la violencia gore de México. Esta considerado como uno de los peores homicidas, secuestradores y distribuidores de droga en la zona. 

Sus delitos son para los policías, ministerios públicos y jueces, pecata minuta frente a un buen fajo de billetes: secuestro, homicidio, delitos contra la salud, portación de armas de fuego de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas, robo de vehículos, ataques contra servidores públicos.... 

El “Ferras” reveló esta vez el secreto de sus milagrosas excarcelaciones: “No importa que me agarren, es fácil salir, sólo se trata de repartir dinero, a los policías, a los agentes del Ministerio Público, a los fiscales, a los peritos, a todos los funcionarios involucrados”. 

Incluso se dio el lujo de abundar en el tema: “Después de caer tantas veces, uno conoce a la gente, hace contactos y en el Ministerio Público saben que puede haber muchos billetes de por medio, siempre y cuando se porten bien y cooperen; cualquier fallita, cualquier cosa que no amarren bien, sirve para burlar la ley”. 

El “Ferras” es el mero mero del narcomenudeo en la zona de la colonia Alta Vista y vendía piso a los comerciantes. Quienes se atrevían a no pagar religiosamente su cuota de “seguridad” los secuestraba y casi siempre los ejecutaba. No hay datos aún de cuantas vidas se ha cargado, pero él parece sentirse orgulloso de su chamba. 

Esta vez cayó porque un grupo de élite de la Policía Federal lo detuvo en su flamante camioneta nuevecita, después de seguirle los pasos. En ese momento traía 31 cartuchos y dos kilos de marihuana. 

En mayo lo habían detenido conduciendo un coche robado y en julio   lograron aprehenderlo después de un enfrentamiento con policías federales. Quedo libre gracias al cochino dinero. El dinero no tiene color, filiación política, ni moral o  ética. ¿A cuántas personas secuestró y mató por haber recuperado su libertad?

El dinero compra hasta las conciencias. Nada raro. Lo se. Lo único que me sorprende es un dato: ¿Saben cuántos años tiene el Ferras?... 20 añitos.... Todo un maestro en el arte corruptor.


[Publicado el 07/11/2010 a las 20:17]

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¿Ser o no ser?

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Marisol Valles García

¿Cuáles son los cambios que un país invadido por la narcoviolencia y la narcopolítica va experimentando día con día?

Son tantos, que desde mi quehacer periodístico la vida no me da. Intento pues desde mi posición de observadora crítica e independiente exponer solamente algunos. 

Me preocupa lo social. La descomposición del tejido social. El deterioro paulatino de la convivencia. El primitivismo frente al otro. El “sálvese quien pueda” que olvida por decreto a los demás. 

Digo esto porque, en el caos en el que estamos inmersos los mexicanos provocado por el espanto y el esperpento de la violencia más salvaje a nivel cotidiano, surgen luces de aliento. Señales que nos indican que no todo está perdido. Que la esperanza sigue estando en la sociedad civil, en eso que Carlos Fuentes llama el “tercer sector”. 

Los esfuerzos colectivos son importantes. La sociedad mexicana se organiza y existe actualmente una especie de despertar civil. Pero las iniciativas individuales hacen la diferencia. Pertenecen a aquellos que se salen del rebaño. Personas que deciden romper con las reglas no escritas, con la inercia rutinaria o los cánones establecidos. 

Es la historia de Marisol Valles García, una estudiante de 20 años que decidió aceptar ser directora de la Policía Municipal de su pueblo, Praxedis G. Guerrero, en Chihuahua. Un puesto que obviamente no fue peleado por casi nadie a pesar del desempleo que lacera a la clase trabajadora. Por obvias razones ese tipo de puestos quedan vacíos. Casi nadie quiere arriesgarse a la disyuntiva del “¿plata o plomo?”. 

Marisol dijo “si” y cuando le preguntaron si tenía miedo, contestó: “Todo mundo tiene miedo. Es muy natural. Lo que me motiva es que el proyecto es muy bueno y se puede hacer mucho por mi pueblo, y sé que vamos a poder cambiar y quitar ese... un poco de miedo en cada gente”.  

Marisol no es nueva en esto. A su corta edad, trabajaba como secretaria del comandante de la Policía Municipal, pero el alcalde vio en ella, cualidades suficientes para invitarla a tomar un nuevo reto. Es estudiante de criminología y ella pensó que sería interesante afrontar un puesto que al parecer nadie quería ni regalado.  

La mayoría de las corporaciones policiacas a nivel municipal, estatal y federal que existen en México con un total de 400.000 mil elementos han sido penetradas por el crimen organizado. Un policía local gana apenas 4.000 pesos mensuales, unos 300 euros. Por lo tanto, para “comprar” un policía apenas se necesitan 5.000 pesos cada mes, como señala la revista “The Economist” en su más reciente número. 

La imagen de corrupción que existe en torno a las distintas policías es absoluta y lamentable. Pero Marisol esta empeñada en ofrecerle algo distinto a sus conciudadanos. Quiere que la gente empiece a creer en los uniformados: “Quiero que la gente confíe en sí misma y en nosotros para que puedan invitarnos a sus casas a comer, a platicar con ellos, a ver sus necesidades, simplemente para decirles más sobre los valores y los principios... para lograr la prevención”. 

Tal vez, eso es lo que necesita México, gente que ofrezca aire fresco al ambiente enrarecido en el que vivimos. Mujeres y hombres sin estar contagiados de desaliento, desesperanza o resentimiento social. 

Marisol es parte de la ilusión que aún nos sostiene a muchos. 

[Publicado el 22/10/2010 a las 18:54]

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Estampas y cromos

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Obra de José Guadalupe Posada

Es un sábado por la noche. Las familias; adultos, niños, ancianos, pasean tranquilamente por la plaza. Otros están sentados en las bancas. Hace calor. Los pequeños juegan, andan en bici; algunos compran elotes, refrescos. Conversan. Ríen. El reloj del Ayuntamiento está a punto de marcar las once. De pronto se escucha un estruendo en los jardines. Otro golpe duro choca con el asfalto. El último contra un árbol.  Son granadas. El caos se apodera de la escena. Niños ensangrentados. Gente tirada por todas partes. Llanto. Pánico. Desolación.

Es la estampa del pasado sábado dos de octubre en el municipio de Guadalupe, Nuevo León. Una noche antes los granadazos lanzados en Monterrey fueron dirigidos contra el Consulado de Estados Unidos, el edificio del Poder Judicial de la Federación y el Penal del Topo Chico. Las esquirlas hirieron a una veintena de personas.

Las escenas resultan tan cotidianas que estas noticias apenas ocuparon un día las primeras planas de los periódicos y noticieros de los medios electrónicos. Luego pasaron al olvido.

Pero México ha entrado a una nueva dimensión: el narcoterrorismo. Una palabra que no gusta al gobierno, pero es una constante. Los ataques indiscriminados contra la población civil se han convertido tan habituales, que ya casi no son noticia.

La autoridad coincide con los medios de comunicación alineados al mandato presidencial que ordena sutilmente no alterar a la población con noticias sensacionalistas.  En realidad la violencia que padecemos no es tal. Es producto de un espejismo. Imaginaciones nuestras. Estampas y cromos de nuestras mentes calenturientas acostumbradas a sobredimensionar las cosas. El Estado está convencido que negando la violencia la oculta, la esconde, la elimina.

Vaya falacia. La palabra nacoterrorismo esta eliminada del vocabulario oficial. ¿Y qué? El bombazo de Juárez o los granadazos en Morelia, Monterrey, Guadalupe o en un bar de Torreón, hablan de una realidad contundente. Los heridos y los muertos, también.

La certidumbre del narcoterrorismo es aterradora en la ciudad, pero no es lo peor. Hay pueblos fantasmas. Zonas rurales con casas abandonadas. Campos agrícolas desiertos. Establos sin animales. En la escuela de un pueblo ubicado en Cerralvo (corredor neurálgico de narcotráfico) los niños no fueron a clases los últimos días. Los maestros están huyendo de la violencia: "Nos dijeron que los Zetas iban a venir y nos matarían a todos", dice un niño de apenas 8 años mientras se come un gansito con una Coca Cola afuera de su casa. Le pregunto que quienes son los Zetas y rápido contesta: "Los que matan niños. Esos que cortan cabezas".

La zona, sin embargo, ha cambiado de dueño. El cártel del Golfo ha entrado por Tamaulipas a Nuevo León y está arrasando con todo. La matazón no se hizo esperar: 22 ejecutados en Ciudad Mier, otros tantos en Miguel Alemán, un alcalde en Doctor González...

La colección de cromos indica que, el Cartel del Golfo del todo poderoso Osiel Cárdenas preso en Estados Unidos, defendido por prominentes abogados a punto de lograr su libertad, no actúa solo. Al parecer cuenta con aliados en el Ejército mexicano y pretende penetrar ahora la Marina.

¿Y el Estado? Bien, gracias. Nuestra tierra es tierra de nadie. O mejor dicho. Es territorio con nuevo dueño.      

 

[Publicado el 06/10/2010 a las 02:39]

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¿Informar o morir?

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¿Qué harías ante el dilema de plata o plomo?

Aceptas corromperte o te asesinamos. Esa es la disyuntiva en la que se encuentran muchos periodistas mexicanos.

Cuando empecé a escribir este blog hace dos años inicié el recuento de los colegas periodistas asesinados y desaparecidos. Era necesario ponerle rostro a cada uno de ellos con nombres y apellidos. México es el país más peligroso para ejercer el periodismo en América y el segundo a nivel mundial.

La situación ha ido a peor. Las agresiones contra periodistas eran y son cotidianas. Por eso mi blog se llama "agresiones cotidianas". Algo que lejos de cambiar se intensifica.

El último episodio de violencia es el asesinato de Luis Carlos Santiago Orozco reportero gráfico de 21 años del periódico "El Diario" de Ciudad Juárez. Los periodistas estamos hartos de trabajar en el clima de inseguridad y vulnerabilidad que padecemos. Tal vez por eso, en un editorial inédito, "El Diario" pidió una tregua al crimen organizado para que cese la violencia contra los periodistas.

La impunidad es endémica. El 90 por ciento de los más de 60 asesinatos no han sido resueltos. Felipe Calderón ha hecho caso omiso a todas las demandas y suplicas de justicia. Ha permanecido indolente ante el angustiante devenir cotidiano que enfrentan los periodistas mexicanos para realizar su trabajo.

Por eso el editorial de "El Diario" se dirige al otro Estado, al narco Estado que controla México: "Ustedes son, en estos momentos, las autoridades de facto de esta ciudad, porque los mandos instituidos legalmente no han podido hacer nada para impedir que nuestros compañeros sigan cayendo". 

El editorial ilustra perfectamente la indefensión en la que viven los periodistas. Se titula "¿Qué quieren de nosotros" y se dirige a ellos a los que dominan el territorio nacional en connivencia con las autoridades: "Somos comunicadores, no adivinos.... Queremos que nos expliquen qué es lo que quieren de nosotros. Es imposible ejercer nuestra función en estas condiciones. Indíquenos, por tanto, qué esperan de nosotros como medio... Esta no es una rendición... se trata de una tregua para con quienes han impuesto la fuerza de su ley, con tal de que respeten la vida de quienes nos dedicamos al oficio de informar".

Pero el crimen organizado ha penetrado las instituciones y convive con las policías, el ejército, los partidos políticos, los ayuntamientos, los estados, la dependencias... Son ellos los que deciden quién informa y quién no. Muchos colegas no saben porque son amenazados y otros ignoran la razón por la cual asesinaron a tal o cual periodista. La mención de un nombre, la ilustración de una nota con la foto equivocada, la crónica de una balacera, la nota escueta de un crimen...en estas circunstancias de indefensión cualquier cosa puede acabar con la vida de un periodista.

La situación arde de caliente y lo venimos diciendo, informando, denunciando y gritando desde hace años, pero la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) centra sus denuncias en Cuba y Venezuela. Fustiga a Hugo Chávez y a Fidel Castro al igual que otras organizaciones internacionales que se supone son independientes y están para defender los intereses de los periodistas. Tanto Cuba como Venezuela son dos casos emblemáticos de violación a las libertades de prensa, expresión e información. Pero yo me pregunto porque no denuncian con igual insistencia, tenacidad y firmeza a Felipe Calderón Hinojosa... ¿Será porque es un presidente de derechas?

La SIP esta dirigida ahora por Alejandro Aguirre subdirector del Diario de las Americas de Miami y comprendo que exista una animadversión contra Castro que quizá es legítima, pero no entiendo que el trabajo de una organización se centre en criticar a los "gobiernos indecentes" de izquierda incluidos los Kirchner en Argentina y se limite a hacer declaraciones tibias con respecto a presidentes como Felipe Calderón mientras en México los asesinatos, desapariciones y agresiones contra periodistas es cotidiana, al igual que la censura y la autocensura.

He pensado que tal vez las subvenciones o apoyos financieros que Estados Unidos o concretamente el Departamento de Estado proporciona a algunas organizaciones internacionales de periodistas, medios o editores condicionen su independencia. Y me entristece muchísimo la simulación. La cobardía de enfundarse en la bandera de la libertad para vapulear a algunos y tolerar a otros solo por cuestiones ideológicas.

La SIP y el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) se reunirán el próximo miércoles con Felipe Calderón y los periodistas mexicanos esperamos mucho de esta reunión. Queremos que sus dirigentes alcen la voz por los muertos y desaparecidos. Que se dejen de tibiezas con comunicados demagogos en los que dicen que la situación de México es producto de un "proceso global de la región". Queremos firmeza y exigencias claras: fin de la impunidad, reformas estructurales para federalizar los crímenes contra los periodistas, esclarecimiento de los casos, desaparición de la fiscalía o dotarla de los recursos y atribuciones necesarias para cumplir con su deber, fin de la censura gubernamental, medidas cautelares para los periodistas amenazados, incremento en las penas de atentados y asesinatos a periodistas.... Y muchas cosas más.

¿Qué más quiere la SIP para exigirle justicia a Felipe Calderón? ¿Necesitan más periodistas muertos sobre la mesa?... Queremos que la SIP grité tan fuerte con Calderón como lo hace contra Chávez y Castro.

Los periodistas mexicanos lo merecemos.

 

 

 

[Publicado el 20/9/2010 a las 22:20]

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La Patria

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Dice Miguel de Unamuno que la patria duele. A mi me duele México.

Me duele por la propaganda demagoga del Bicentenario de la Independencia y el olvido deliberado del Centenario de nuestra Revolución. Me duele por el poder de facto que nos gobierna. Por la simulación de un hombre que llegó a la Silla del Águila acusado de robarse unas elecciones. Me duele por el saqueo sistemático de nuestras riquezas a manos llenas. Por el autoritarismo imperante, por la impunidad y el poderío militar en sus calles. Me duele la connivencia de las autoridades con el crimen organizado, el apoyo suicida a un cartel de la droga, el allanamiento del camino deteniendo a los enemigos del capo del sexenio. Me duele el goteo de víctimas de esta guerra irresponsable, el primitivismo de algunos mexicanos que asesinan a sus hermanos mexicanos, la falta de compasión, la barbarie. Me duele el robo de nuestra tranquilidad, el hurto de la paz en los parques, el secuestro de sus avenidas en calma. Me duele la falta de democracia, la imposición televisiva de un candidato presidencial, la vuelta del PRI a los Pinos... Hay tanto dolor en 2010, tanto que, me duele seguir el recuento.  

Prefiero en cambio pensar en el significado de Patria. ¿Qué es finalmente la patria? La suave patria como diría Ramón López Velarde.

Y no quiero parecer nacionalista ni chauvinista. Insisto en el concepto: ¿Qué es la patria, más allá de la bandera, el himno y la propaganda oficial? La visualizo. Y en este instante recuerdo la alegría de los mexicanos. La alegría que estos malvados no nos han podido robar. La alegría sigue siendo nuestra seña de identidad. México es mucho más que su gobierno corrupto, mucho más que los 10 carteles que se disputan nuestro territorio, que la violencia endémica que padecemos. México es mi tierra bonita cantada por Lucha Villa, el mole negro de Oaxaca, la majestuosa Sierra Madre. México es los poemas de Jaime Sabines, los ensayos de Octavio Paz, las novelas de Carlos Fuentes, los libros de Elena Poniatowska. México es su gente maravillosa, sus mujeres orgullosas y sus hombres dignos; el trabajador que cada mañana se levanta y hace posible el milagro de este país. México es sus volcanes imponentes: el Popo, el Izta, el Pico de Orizaba, los mariachis, los chiles en nogada, el tepache y sus cantinas. México es el esplendor de la Selva Lacandona, las arenas blancas del desierto de Sonora, el influjo de Teotihuacan, Palenque y Monte Albán. México es las rancheras de Jorge Negrete y José Alfredo Jiménez, los corridos norteños, la marimba; el machacado con huevo, las tlayudas, los pambazos y las quesadillas de flor de calabaza o huitlacoche. México es el lago de Chapala, las ballenas del Mar de Cortés, el turquesa de la Riviera Maya, el insólito viaje en el tren del Pacífico. México es el náhuatl, el maya, el totonaca o totzil; también sus huipiles, las guayaberas, las blusas de tehuana y las faldas de china poblana. México es el sincretismo: Dios y Huitzilopochtli; criollos e indígenas, el español y el zapoteco; la pura Castilla y el Tojolabal. México es la risa de sus niños jugando al fútbol en la cuadra, el bullicio del Mercado Juárez, la algarabía de Garibaldi, el tequila del Tenampa y el danzón del Tropicana. Los cacahuates enchilados de la Guadalupana y la nieve de rosas en Coyacán, el caldo de camarón en El Nivel, las cheves y cheladas de La Opera; una tarde soleada en el Zócalo, los rebozos de seda. México es los pelícanos y delfines de Puerto Escondido, la grandeza del Palacio Nacional, los arrecifes de Isla Mujeres, el buceo en los cenotes, los manglares de Cancún, el desierto lleno de mezquites de Nuevo León, los magueyes de Jalisco, los chips de platano macho, la serenata de Manuel M. Ponce. México es un Tehuacan con limón y sal para la cruda acompañado de menudo, las tertulias con Ximena en el Al de la Calzada Madero, unos tacos al pastor con piña en Los Güeros del DF o los volcanes con queso en Guadalajara. México es el pueblo mágico de Real de Catorce, una comida en Tlaquepaque, las enchiladas, las tortas ahogadas y el misterioso Tepoztlán, los ríos de Veracruz, un paseo en bicicleta en Cozumel, la sombra de una chafalaria, la papaya, el chayote y la chirimoya. México es tacos mañaneros los sábados, los alcatraces de Diego Rivera, las cactáceas de Coahuila, el olor azar de Montemorelos, las calles polvorientas de mi pueblo, las carnes asadas con los amigos, los domingos en el rancho con la familia, "La Llorona" cantada por Eugenia León, los autoretratos de Frida Kahlo. México es las mariposas monarcas en la terraza de mi casa, la talavera de mi baño, el framboyan y las bugambilias de mi jardín, mi vajilla de Tonalá pintada a mano. México es Manuel bailando el jarabe tapatío y María con trenzas cantando México Lindo y Querido....

México es mucho y mucho más....

Y hoy lo voy a celebrar. No me quedaré en casa viendo el espectáculo en la tele como recomienda "el Gobierno Federal". Lo voy a celebrar con lo mejor de México: su gente, mi gente, mis amores. Me tomaré unos tequilas, cenaré tamales, me vestiré de  china poblana y gritaré mi amor por ti a los cuatro vientos.... ¡Viva México!... Y como dijo el cura Hidalgo: ¡Muera el mal gobierno!

[Publicado el 15/9/2010 a las 21:27]

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El Infierno

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No me refiero al de Dante Alighieri, sino al infierno de México: "Cuando digo que quiero las cabezas de mis enemigos, lo digo literalmente. ¡Quiero las cabezas de los hijos de la chingada que mataron a mi hijo!..."

La frase aterradora es de la extraordinaria actriz María Rojo que interpreta a Mari Reyes, esposa del gran capo del narcotráfico José Reyes (Ernesto Gómez Cruz) temido y odiado por los habitantes de un pueblo de Sinaloa donde se desarrolla la película "El Infierno" dirigida por Luis Estrada y estrenada en medio de los fastos del Bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución mexicana.

El infierno es una sátira de nuestra realidad actual. Refleja el México más bronco. El México de las zonas rurales en el desierto norteño, un desierto paupérrimo, empobrecido hasta el hambre, rehén de la narcoviolencia y de la corrupción gubernamental.  

A base de humor negro, nos estremecemos con la crueldad inusitada del cartel de "Los Reyes del Norte". El Benny interpretado por Daniel Alcázar forma parte de los millones de mexicanos que decide irse a Estados Unidos en busca del "sueño americano". Deja en su jacal de madera y piso de tierra a su madre y hermano menor bajo la promesa del envío de dólares. El Benny se va con la bendición de su progenitora. Ella nunca ve los billetes verdes. El hijo no da señales de vida hasta después de 20 años cuando la migra lo deporta.

El Benny es un poema. Vuelve a su pueblo polvoriento San Miguel (N) Arcángel. Su madre envejecida vive en el mismo jacal. Su hermano fue asesinado. Y el panorama del entorno no deja lugar a dudas: el narcotráfico se apoderó del lugar. Las ejecuciones son comunes, la impunidad la constante, la pobreza la misma, los caciques ahora son capos, la delación un negocio, la simulación gubernamental el modas viven di, la corrupción policial y militar endémica, la connivencia nebulosa entre funcionarios y delincuentes el gran negocio; la empresa del clero de las narcolimosnas el sistema de purificación más exitoso de dinero negro, la indefensión de los ciudadanos, la ley de la selva, el sálvese quien pueda...

En el Infierno ninguna institución sale librada porque refleja la realidad lacerante y ominosa de un México herido por la ambición desmedida del poder político. Primero fuimos sometidos al yugo priísta durante 75 años y ahora padecemos los estragos de la tiranía y el despotismo panista.     

Pero el Benny se resiste a entrar a la maquinaria del dinero fácil y permisible que cubre el territorio mexicano. Él es un hombre decente y prefiere trabajar en la vulcanizadota de su padrino. Difícil es sostener convicciones cuando hay hambre y mucho menos cuando la seducción del dinero, el poder y los placeres se le ofrecen en bandeja de plata a un hombre sin futuro.

Su amigo el Cochiloco, un magnífico Daniel Cosío que personifica al norteño medio, al narco de poca monta, sirviente de los peces gordos, es quien convence a su amigo de la infancia para entrarle al "bisnes". Ambos hacen mancuerna para defender el territorio de José Reyes disputado por su hermano gemelo y acérrimo enemigo.  

La fábula resulta ser una auténtica radiografía de nuestro lastimado México. El gran capo ordenando desde su despacho con las fotos que lo exhiben al lado de expresidentes, el Papa y otros personajes de diversa calaña. El capitán Ramírez interpretado magistralmente por Daniel Giménez Cacho, cínico jefe policíaco que prefiere servirle al capo y no al Estado. El Sargento (Dagoberto Gama) sanguinario exmilitar inmisericorde, digno representante de los Zetas. El JR (Mauricio Isaacs) narquillo hijo del gran capo aprendiendo del negocio subestimado y maltratado por su padre, pero amado y defendido por su progenitora: "Si le vuelves a pegar" --- le grita al poderoso capo--- "Te arranco los huevos".  Y no podía faltar la puta, la escultural, hermosa y talentosa Elizabeth Cervantes, víctima de las circunstancias.

El espectador se desternilla de risa, una risa nerviosa,  pasmada, atónita. Seguramente hay carcajadas de culpa por el placer proporcionado a base de sátira fidedigna de nuestro entorno. Son imágenes tan comunes como los asaltos en los autobuses, los abusos en los retenes militares, la desesperanza de jóvenes drogadictos sin futuro, los mausoleos ostentosos de la gente que anda en el bisnes, la religiosidad presente en el día a día del criminal, el empresario gringo del mercado negro de armas, la impunidad con la que viven gobernantes, policías y delincuentes.

El Infierno es un mosaico salvaje de violencia. Es la puritita realidad, cruel, desmedida, feroz, implacable, surrealista. El pozolero que cuece cuerpos en tambos de ácido. El capo que se da el placer de cortar lenguas, cabezas, manos y testículos con motosierra o machete. Las ejecuciones a diestra y siniestra. La tortura como método eficaz para convertir a México ---por mandato presidencial--- en un "país de soplones", dice atinadamente el capitán Ramírez.

Tal vez para un extranjero la película resulte un exceso, un despropósito basado en la ficción. Créanme no es así. Quizá por eso el Cochiloco le dice al Benny, atormentado por la culpa de los asesinatos que el infierno no es exactamente lo mostrado por Dante en la Divina Comedia: "El infierno esta aquí y ahora".  

[Publicado el 10/9/2010 a las 21:08]

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Los "levantados"

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Foto: Sanjuana Martínez

 

 

Son miles. No sabemos exactamente cuantos. Los "levantados" son la nueva figura del desaparecido en México. A diferencia de la década de los 70's cuando el ejército y las policías secuestraban, torturaban y desaparecían por razones políticas, ahora se hace bajo el pretexto de la guerra contra el narcotráfico.

Doña Gloria Aguilera Hernández llora todo el tiempo. Lleva una bolsa de plástico con fotos y documentos. Se limpia las lágrimas con un pañuelo de papel. Aquella mañana del 26 de septiembre del 2008 despidió a sus dos hijos y a su esposo con un beso. Nunca pensó que ese beso que les dio de manera amorosa, pero rutinaria, sería el último. Ese día los tres fueron "levantados". Giovanni, de 26 años; Julián Edwin, de 27, y su esposo Julián Urbina Torres, de 47 años eran trabajadores de Transito de Monterrey y no se explica la razón por la cual los desaparecieron. Nunca hubo una llamada de los secuestradores. Jamás pidieron rescate.

La vida de doña Gloria dio un vuelco brutal. De la confusión inicial pasó al deseo de morir. Pensó que se volvía loca sin ellos. Creyó por un momento que su caída al abismo de la depresión la llevaría muy pronto a la tumba. Pero transformó su profundo dolor en coraje, en lucha, en esperanza. Y se hizo una promesa: "los encontraré. Los voy a buscar hasta el final".

No puede contener el llanto. Esta al lado de otras madres, hermanas, tías, esposas, que también buscan a cientos de desaparecidos. La mayoría han sido amenazadas "no los busquen, les puede pasar lo mismo". Ellas no se dejan amedrentar. Son las siete y media de la mañana. Hoy, 30 de agosto es el Día Internacional del Desaparecido. El bochorno del verano regiomontano se empieza a sentir. Apenas un aire fresco recorre la Explanada de los Héroes del Palacio de Gobierno de Nuevo León donde decidieron hacer un plantón para reclamar al gobernador Rodrigo Medina que les "devuelva" a sus seres queridos o que renuncie.

El silencio es estremecedor. Visten de negro. Llevan una leyenda al frente: ¿Dónde están? Y a la espalda: "Queremos ver sus caras". Los sollozos son sutiles, apenas perceptibles. Lloran todas en silencio. Me avergüenzo de este gobierno. Miro hacia abajo para ocultar las lágrimas y pienso en el poema de Mario Benedetti: "Cuando empezaron a desaparecer hace tres, cinco, siete ceremonias, a desaparecer como sin sangre, como sin rostro y sin motivo, vieron por la ventana de su ausencia lo que quedaba atrás. Ese andamiaje de abrazos cielo y humo..." 

¡Ay los desaparecidos!... No existe en el mundo tormento más cruel, dice Doña Gloria. Me mira a los ojos, me toma de las manos. Y me habla al oído: "Yo muero cada día, cada instante, esperándolos". Tiemblo ante su entereza, su valor, su inmenso coraje. "A veces no se como me levanto por las mañanas" ----me confiesa--- "¿Sabe cuál es mi fuerza?... el amor que siento por ellos".

Los busca todos los días. En el súper, en las calles, en las plazas. Cree verlos aquí o allá. Espera una llamada, una señal, un vestigio. Intenta reconocerlos a los lejos, por la espalda, por el cabello, por el cuerpo. Corre. Los alcanza. Pero no son ellos. Se desanima. Cae. Se levanta. Vuelve a levantarse. Sabe que si ella no los busca nadie lo hará. La indiferencia del gobierno es absoluta, la complicidad de las autoridades es común, la negligencia de las policías cotidiana.

En la administración de Felipe Calderón 3.000 personas han desaparecido según la Fedefam, la mayoría bajo el método del "levantón", una palabra soez como dice Doña Rosario Ibarra de Piedra, la incansable luchadora de los desaparecidos de México. El Ejército le arrebató a su hijo en abril de 1975 en Monterrey. Y nunca más se lo devolvió. Creyeron que se iba a cansar. Que dejaría de buscarlo algún día. Pero han pasado 35 años y ella sigue. Ayer presentó una denuncia contra el expresidente Luis Echeverría responsable de 500 desapariciones durante la guerra sucia de 1970 a 1976. Es un crimen de Estado. Un genocidio y debe ser juzgado por ello, sentenciado, dice Doña Rosario, quien lamenta que el presunto delincuente este tranquilamente en su casa viviendo con una generosa pensión vitalicia.

La impunidad invita a la repetición del crimen. México está condenado a repetir su historia mientras no permita que las víctimas tengan acceso a la justicia y a la reparación del daño. La cifra de 3.000 desaparecidos se queda corta, dice Judith Galarza, directora de Fedefam. Señala que ninguna institución quiere dar estadísticas de los desaparecidos. Y que los métodos utilizados en los 70's para desaparecer son los mismos que ahora usa el Ejército, la Marina, las policías y el crimen organizado: "¿Quién secuestra más el crimen organizado o el ejército y las policías? Son los mismos", dice sin titubear.

Los familiares deambulan por las calles, por las oficinas de gobierno, las procuradurías, los juzgados. Nadie les hace caso. La mayoría desconocen las causas de la desaparición. La nebulosa de la guerra contra el narcotráfico lo cubre todo y parece que todo está permitido. "Si desapareció es porque andaba metido", le dijeron a Doña Socorro Gorena Ontiveros cuando fue a reportar el "levantón" de su hijo Raymundo Cepeda Gorena. Ocurrió de manera natural, a plena luz del día. En dos taxis llegaron un grupo de hombres a la colonia Valle Verde, donde el muchacho vivía con su madre, y se lo llevaron. Fue el 5 de agosto del año pasado. Y desde entonces no duerme, no come bien, no vive.

Doña Socorro porta una pancarta verde con su foto: "éste es mi hijo, devuélvanmelo". Su rictus de tristeza es gélido. Esta inmóvil mientras le tomo las fotos. No se inmuta ante los gritos de sus compañeras de lucha: "Tenemos la esperanza de que estén vivos, pero si no, queremos que nos digan dónde dejaron sus cuerpos. A quienes se los llevaron les pido, les ruego que me digan dónde está. Es lo único que les pido", me dice con la mirada extraviada como si estuviera hablando a los delincuentes.

"Están en algún sitio, nube o tumba", dice Mario Benedetti. Y tiene razón.

[Publicado el 02/9/2010 a las 23:00]

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Biografía

Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada.  Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL), Verdades que no mueren (Ediciones Oficio) y La frontera del narco (Planeta, 2011). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).

 

Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.

 

Bibliografía

 
 
 
 
 
 
 

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