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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 21 de septiembre de 2017

 Blog de Vicente Luis Mora

66. Pantallas de papel, versión 2013

"como si yo fuera el protagonista de una película cómica en la que mi terror no tenía más función que producir la risa de unos espectadores invisibles"; Juan Aparicio Belmonte, Un amigo en la ciudad; Siruela, 2013. / "Aquella actitud tan desenfadada divirtió al equipo de televisión, aunque aún le sorprendió más la relajación y naturalidad con que actuaban delante de las cámaras. Sin embargo, cuando las felicitaron por ello, parecieron confusas. La mayor y más directa de todas, la señora Cheng, dijo que no sabía de qué le hablaba el director. Si se suponía que debían de ser ellas mismas, ¿a qué venía el comentario sobre su actuación?"; Yiyun Li, Muchacho de oro, muchacha esmeralda; Galaxia Gutenberg, 2013, traducción de Laura Martín de Dios. / "Esperé una ayuda del pasado, pero la realidad no empezó a temblar como paso previo a que nos succionase un flashback, tampoco nos rescató un fundido en negro, y como no me atreví a salir corriendo lo que hicimos fue sentarnos a la misma mesa"; Gonzalo Torné, Divorcio en el aire; Mondadori, 2013. / "(...) aquella anécdota se desplegó ante mí con sorprendente viveza, como una película en la que yo me sentía tan solo y desamparado como en aquel momento"; Aparicio Belmonte, Un amigo en la ciudad. / "Fueron el tono de desesperación contenido, las puntas de cabello todavía húmedas y la voluta de humo que se sacó de los labios los que me convencieron de que Helen se sentía encuadrada en la escena de uno de esos telefilmes donde la mujer indomable y rubia se decide a pelear por el bien de su hijo contra el hombre que ama"; Torné, Divorcio en el aire. / "era fácil que su cerebro se excitase por el paso rápido de imágenes y acabase proyectando en el ventanal otras a la misma velocidad: desaparecían los paisajes junto a la vía para dar paso a la película de su vida, de acelerada, la secuencia de decisiones que la habían conducido hasta aquí, puestas en orden a la ida y luego remontadas a la vuelta hasta llegar al momento original en que todo se torció"; Isaac Rosa, La habitación oscura; Seix Barral, 2013. / "Y tú que te piensas y te crees mejor que ellos, / sentado en un cómodo sofá con la nevera a rebosar / de mentiras que te llegan con un mando a distancia / que te da un cierto poder, el mandar en algo. / Pero en ese resquicio de poder una advertencia / mira tu alrededor, lee estos informativos y date cuenta / de que no tienes ni idea de nada, / de que no has entendido nada / porque ese poder es como todos, / terrenal y pasajero, el reloj sigue contando / y tarde o temprano te los encontrarás, / todas esas caras de los informativos / te estarán esperando, tarde o temprano"; Pablo Lorente, Informativos Tele Nada; Fundación Cultural Bajo Martín / Comuniter, 2013. / "Me quedé mirándola un rato (...) tratando de que no me conmoviera nada de la situación, como si yo fuese un actor secundario al que no le han dado más que un papel de extra, sin intervención hablada, un personaje que entra en una habitación semioscurecida, se sienta en un butacón, mira a la paciente que está dormida y, antes o después, posa las yemas de sus dedos en sus propios ojos, masajea sus párpados y, de repente, pierde pie en la realidad y cae hacia el lado de la inconsciencia apaciblemente"; Juan Bonilla, "Cuidados paliativos", Una manada de ñus, 2013.

[Publicado el 21/12/2013 a las 12:45]

[Etiquetas: Juan Bonilla, Juan Aparicio Belmonte, Gonzalo Torné, Isaac Rosa, Pablo Lorente]

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72. Bibliomaquia con Pérez Galdós e Isaac Rosa

Concluyo diciendo que el presente estado social, con toda su confusión y nerviosas inquietudes, no ha sido estéril para la novela en España, y que tal vez la misma confusión y desconcierto han favorecido el desarrollo de tan hermoso arte (p. 34) / (...) el capitalismo se tambaleaba, era el fin de una época (p. 102) / Se puede tratar de la Novela de dos maneras: o estudiando la imagen representada por el artista, que es lo mismo que examinar cuantas novelas enriquecen la literatura de uno y otro país, o estudiar la vida misma, de donde el artista saca las ficciones que nos instruyen y embelesan. (p. 24) / El relato de nuestras vidas podría resumirse en la prosa de un currículum vítae: un par de folios apretados que enumeraban los episodios breves, la discontinuidad, las veces en que caímos, nos levantamos, empezamos de cero, cambiamos de empresa, de trabajo, de actividad, de formación, de compañeros, de casa, de ciudad, de pareja, de amigos (p. 103) / Examinando las condiciones del medio social en que vivimos como generador de la obra literaria, lo primero que se advierte en la muchedumbre a la que pertenecemos es la relajación de todo principio de unidad. Las grandes y potentes energías de cohesión social no son ya lo que fueron, ni es fácil prever qué fuerzas sustituirán a las perdidas en la dirección y gobierno de la familia humana (p. 25). / El dinero, por ejemplo, era central, ahora lo entendemos así pero entonces no lo veíamos, no lo nombrábamos, porque era natural, era el aire que respirábamos. Sin él nos asfixiábamos, claro, pero fueron años de buena ventilación, la mayoría no lo teníamos en abundancia pero sí suficiente y, más importante, con la expectativa verosímil de que aumentase. (pp. 51-52). / Podría decirse que la sociedad llega a un punto en su camino en que se ve rodeada de ingentes rocas que le cierran el paso. (p. 26). / Y menos mal que el tren llegaba a la estación (...) porque si hubiese más estaciones por delante se le aparecería en el ventanal la vida por venir, los años en que tendría que empezar de cero cada mes buscando algo con que completar los ingresos necesarios para llegar al final y luego empezar otro mes, y así un escalón tras otro durante cuántos años, hasta qué edad aguantaría sirviendo desayunos, hasta qué edad la seguirían llamando, qué vendría después (p. 121). / (...) los más sabios de entre nosotros se enredan en interminables controversias sobre cuál pueda o deba ser la hendidura o pasadizo por el cual podremos salir de este hoyo pantanoso en que nos revolvemos y asfixiamos (p. 27) / (...) nuestras vidas en aquellos años podrían contabilizarse, monetizarse, dejarían un rastro de billetes arrugados y monedas sin brillo allí por donde pasamos, como una huella de baba, la vida resumida en apuntes bancarios, ingresos, reintegros, pagos, recibos, un deambular frenético de hormigas sin un momento de descanso, dejando cada mañana en las sábanas el malestar acumulado como un residuo tóxico, como una secreción nocturna, para que el contador luminoso no se detuviese y prolongase su girar de dígitos como un metrónomo irresistible (pp. 48-49) / se advierte la descomposición de las antiguas clases forjadas por la historia (...) la llamada clase media, que no tiene aún existencia positiva, es tan solo informe aglomeración de individuos procedentes de las categorías superior e inferior, el producto, digámoslo así, de la descomposición de ambas familias (pp. 27-28) / Consumíamos menos, sí, pero consumíamos. Aunque fuese barato seguía siendo consumo, nos mantenía vivos: la cerveza internacional era de marca blanca, películas y series descargadas, aplicaciones gratuitas en el teléfono, vino de oferta, bares más económicos, ropa comprada en tiendas de liquidación de fábrica, mercadillos, vacaciones en la segunda vivienda de nuestros padres o en el pueblo familiar o en casas intercambiadas en otras ciudades. Aquellos relámpagos de felicidad también nos empujaban a seguir corriendo, y nos convencían de que en el fondo todo volvería a ser como antes, la máquina reanudaría su avance, el contador recuperaría su marcha. (p. 138) / en esta muchedumbre consternada, que inventa mil artificios para ocultarse su propia tristeza (p. 27) / quién propuso construir una habitación oscura (p. 26)  / diciendo que no han visto más que tinieblas (p. 27) / cuando esta última reunión a oscuras se convierte en un viaje en el tiempo, cuántos de nosotros nos cruzamos en un mismo recuerdo (p. 19) / todos, en fin, nos lamentamos, con discorde vocerío, de haber venido a parar a este recodo, del cual no vemos la manera de salir, aunque la habrá seguramente, porque aquí no hemos de quedarnos hasta el fin de los siglos (p. 27) / Quién nos iba a decir que la habitación oscura acabaría convertida en un escondite (...) como si esta invisibilidad y este silencio fuesen a durar para siempre (p. 135) / el Arte nos ofrece un fenómeno extraño que demuestra la inconsistencia de las ideas en el mundo presente (p. 29) / Cruzó el parque, se sentó en un banco pero se vio a sí mismo en una imagen tópica y patética, el derrotado que todavía con la corbata puesta se adormece mirando las palomas (p. 116) / Pero no creáis que de lo expuesto intentaré sacar una deducción pesimista, afirmando que esta descomposición social ha de traer días de anemia y muerte para el Arte narrativo (...) Y nadie desconoce que, trabajando con materiales humanos, el esfuerzo del ingenio para expresar la vida ha de ser más grande, y su labor más honda y difícil, como es de mayor empezó la representación plástica del desnudo que la de una figura cargada de ropajes (p. 32) / No, ya no nos creíamos inmortales. Pero todavía estábamos vivos. Ya no mirábamos el derrumbe con fascinación, ya no éramos turistas de guerra: algunos proyectiles nos rozaron, hubo edificios que se desplomaron demasiado cerca y su polvareda nos tiznó la garganta, algunas caídas dejaban más que magulladuras, heridas que se infectaban (p. 136).  / Y al compás de la dificultad crece, sin duda, el valor de los engendros del Arte, que si en las épocas de potentes principios de unidad resplandece con vivísimo destello de sentido social, en los días azarosos de transición y de evolución puede y debe ser profundamente humano. (p. 32)

 

 

 

[Los párrafos o frases en cursiva pertenecen a Benito Pérez Galdós, La sociedad presente como materia novelable (discurso de 1897, en la edición de Biblioteca Nueva, 2013); los textos restantes corresponden a la última novela de Isaac Rosa, La habitación oscura (Seix Barral,  2013)].

[Publicado el 02/11/2013 a las 09:45]

[Etiquetas: Isaac Rosa, Benito Pérez Galdós, Narrativa española contemporánea]

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Foto autor

Biografía

(Córdoba, España, 1970), es Doctor en Literatura Española Contemporánea y licenciado en Derecho. Ha trabajado como gestor cultural y profesor universitario. Estudioso de las relaciones entre literatura, imagen y tecnología, hasta el momento ha publicado la novela Alba Cromm (Seix Barral, 2010), el libro de relatos Subterráneos (DVD, 2006), y la novela en marcha Circular 07. Las afueras (Berenice, 2007). También ha publicado Quimera 322 (2010), inclasificable proyecto sobre la falsificación literaria desde la teoría y la práctica, a través de 22 seudónimos, que apareció como nº 322 de la revista Quimera. Como poeta, cuenta con los poemarios Texto refundido de la ley del sueño (Córdoba, 1999), Mester de cibervía (Pre-Textos, 2000), Nova (Pre-Textos, 2003), Autobiografía. Novela de terror (Universidad de Sevilla, 2003), Construcción (Pre-Textos, 2005) y Tiempo (Pre-Textos, 2009). Ha publicado los ensayos Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual (Bartleby, 2006), Pangea. Internet, blogs y comunicación en un mundo nuevo (Fundación José Manuel Lara, 2006); La luz nueva. Singularidades de la narrativa española actual (Berenice, 2007) y El lectoespectador. Deslizamientos entre narrativa e imagen (Seix Barral, 2012). La parte de narrativa de su tesis doctoral, galardonada con premio extraordinario de Doctorado, aparecerá próximamente en la Universidad de Valladolid en una versión breve y actualizada bajo el título de La literatura egódica. El sujeto narrativo a través del espejo


Ejerce la crítica literaria y cultural en su blog Diario de Lecturas (I Premio Revista de Letras al Mejor Blog Nacional de Crítica Literaria), y en revistas como Ínsula, Quimera, Clarín o Mercurio. Ha recibido los premios Andalucía Joven de Narrativa, Arcipreste de Hita de Poesía, y el I Premio Málaga de Ensayo por su libro Pasadizos. Espacios simbólicos entre arte y literatura (Páginas de Espuma, 2008).

 

 

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