PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 19 de diciembre de 2018

 Blog de Roberto Herrscher

Defensa de la carrera de Periodismo

imagen descriptiva

Ofelia, de John Everett Millais

¿Es necesario estudiar periodismo para ejercer, prosperar y hasta brillar como periodista hoy? 

No. 

Muchos grandes periodistas, entre ellos los maestros de la crónica actual Leila Guerriero, Martín Caparrós, Juan Villoro y hasta los míticos Gabriel García Márquez y Elena Poniatowska estudiaron otras carreras o no terminaron ninguna. 

Muchas de las principales lecciones para ser un periodista excelente se pueden (y algunas, como la humildad y la empatía, se deben) aprender en la vida real, en las redacciones, en la calle. Esto lo dicen incluso los egresados de carreras de periodismo: lo principal lo aprendieron después, fuera de las aulas. 

Y después está el tema de la salida laboral. Según datos recientes del Nieman Lab de Harvard, en la última década aumentó de 70.000 a 90.000 los que salen de grados en periodismo. Pero en el mismo período, se perdieron 100.000 puestos de trabajo en el sector. Más profesionales para menos puestos. 

¿Y qué se enseña en estas carreras? En un reciente artículo en Red Ética de la Fundación Nuevo Periodismo, Hernán Restrepo publicó un artículo con un título polémico: “No voy a permitir que mis hijos estudien periodismo”. Además de abundar en los temas que mencioné más arriba, Restrepo se basa en dos argumentos: que no es necesario (ni legalmente ni en la práctica) haber estudiado periodismo para ejercer la profesión, y que los que terminan estas carreras tiene cada vez menos posibilidades de encontrar buenos empleos en los medios. 

¿Por qué? Para Restrepo, porque en la mayoría de las escuelas de periodismo se dan herramientas técnicas pero “se les ha olvidado enseñar los fundamental para un periodista, que es escribir bien”. En su experiencia, la mayoría ni siquiera sabe pensar con lógica y crítica y dominar las reglas de la gramática y la ortografía. 
Claro que hay carreras de periodismo, asignaturas o ramos, profesores, ejercicios, lecturas, nocivos para la formación de los reporteros o editores. Las malas escuelas de periodismo deforman, enseñan malas mañas, instauran vicios, achatan y desmotivan la creatividad y la originalidad. 

Pero… 

¿Contribuye, ayuda, fomenta el estudio universitario del periodismo a crear buenos profesionales, de calidad y exitosos, útiles para forjar sociedades más democráticas y justas? 

Mi respuesta es un rotundo sí. 

Obviamente, estoy hablando de buenas escuelas, buenas carreras de periodismo. También hay malas carreras de derecho, de medicina, de antropología y de negocios, pero la confusión entre aprender y aprender mal se produce mucho más en el campo del periodismo que en los otros. Creo que es porque hasta hace muy poco la carrera académica no era percibida como un sitio de crecimiento, de desafío, de éxito para personas con vocación periodística. Había la impresión, lamentablemente en muchos casos acertada, de que los periodistas que se “refugiaban” o “resignaban” a enseñar es porque habían fracasado en los medios o no querían someterse al trabajo duro de las redacciones.

Pero esto sucede cada vez menos. Por un lado, en las universidades se encuentra ahora campo fértil para investigar, para crear medios, para hacer periodismo y escribir sobre periodismo con profundidad y sentido crítico. Y porque en la mayoría de las carreras, las buenas, hay una combinación de profesores de planta con profesores por horas que en su “otra” vida son excelentes periodistas, que llevan adelante carreras muy estimulantes y ejemplares para los alumnos, y que con el crecimiento de la enseñanza del quehacer periodístico, también han desarrollado una vocación y un conocimiento sobre cómo enseñar lo que saben, lo que traen de su práctica. 

Hay muchas más carreras de periodismo, sí, pero por eso mismo, por la competencia, son cada vez mejores. En las que valen la pena sí se enseña a escribir bien, a pensar, a investigar y a no cometer errores, a hacer bien el oficio. 

Pero tanto o más importante que eso, quiero responder a la crítica, que he escuchado en muchos países, de “estudiar periodismo no sirve para nada”, con una respuesta que parte del título del texto de Restrepo. Él dice, espero que medio en broma pero no estoy seguro, que no va a “permitir” que sus hijos estudien periodismo. 

Yo nací y crecí en medio de las dictaduras del Cono Sur. Enseñé en una España en donde mis alumnos habían estudiado en colegios que venían de una tradición autoritaria, donde el profesor tenía la razón siempre y discutir o cuestionar no era permitido o no estaba bien visto. Trabajé en medios donde la línea editorial que imponía la dirección del medio y los intereses de los anunciantes y del gobierno llevaban a la autocensura, al servilismo. 

¿Cómo es esto de “no permitir”? ¡Liberen a Martín y Juanita (los hijos de Hernán)! Una de las funciones principales de una buena escuela de periodismo es enseñar, ayudar, acompañar, a que cada uno adquiera un criterio propio, independiente, crítico, reflexivo y basado en la investigación, la lectura de grandes textos del pasado y el análisis de lo que se está haciendo ahora. Es enseñarles a rebelarse ante los que no quieren “permitirles” hacer lo que sienten que quieren o deben hacer. 

Mi universidad, la Alberto Hurtado, tiene como lema “Bienvenidos a pensar”. A pensar bien y a escribir bien, que es el buen pensamiento hecho visible, se enseña y se aprende. 

Por supuesto que muchos empleadores prefieren periodistas novatos que no pasaron por estas escuelas de pensamiento crítico y de investigación seria. No tendrán su propio criterio ético, sus líneas rojas, su dominio de la forma en la que saben que debe hacerse el periodismo que vale la pena. Estarán preparados para servir, para obedecer órdenes. Para no tener otro criterio que el impuesto por el medio. Para dejarse “no permitir”. 

Yo estoy convencido de que en las carreras de periodismo que valen la pena, se enseñan los antídotos al periodismo servil. Por eso, aunque no sea obligatorio ni necesario, yo sí me alegraría que mi hijo quisiera estudiar periodismo. Además de aprender bien este, el mejor oficio del mundo, el periodismo es una escuela de vida. 

Este texto se publicó el 5 de setiembre de 2018 en la revista digital Puro Periodismo, de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, donde soy profesor y donde dirijo el Diplomado en Escritura Narrativa de No Ficción.

Aquí, el enlace al boletín completo: https://tinyletter.com/puroperiodismo/letters/puroperiodismo-14-estudiar-o-no-estudiar-periodismo

[Publicado el 05/9/2018 a las 16:08]

[Etiquetas: Carrera de Periodismo, estudiar comunicación, Universidad Alberto Hurtado, Puro Periodismo]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Sobre ocho finalistas del Premio Periodismo de Excelencia en Chile

imagen descriptiva

El Departamento de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, donde trabajo, organiza y entrega cada año el Premio Periodismo de Excelencia (PPE). Cientos de reportajes, crónicas, entrevistas y artículos de opinión participan en la categoría de Periodismo escrito, y se han incorporado en los últimos años las categorías Audiovisual y Digital.

Los ganadores y finalistas en texto se publican en El Mejor Periodismo Chileno, que muestra año a año la vitalidad y vigencia de reporteros que investigan a fondo y escriben con arte.

En el ejemplar de este año, que refleja lo mejor de lo publicado en 2017, se me pidió que escribiera las introducciones a varios de los textos.

Quiero compartir aquí algunos de estos comentarios breves, entre el ensayo mínimo, la explicación y la reseña. Trato de hacer honor a estos excelentes escritores y reporteros de este país: Claudio Pizarro y Jonás Romero, Matías Sánchez, Natalia Ramos, Mirko Macari, Constanza Michelson, Alberto Fuguet, Álvaro Bisama y Martín Hopenhayn.

 

 1.       Finalista en crónica: “El oscuro sótano de los Maristas”, de Claudio Pizarro y Jonás Romero (25 de octubre, The Clinic)

Abusos sexuales en la iglesia. Pederastia de Hermanos Maristas y de encubrimiento en sus colegios. Es uno de los grandes temas del año 2017. Este extenso y bien investigado reportaje de The Clinic pone al descubierto no solo las repetidas prácticas de sacerdotes abusadores, sino la falta de acción de las autoridades eclesiásticas que debían velar por la integridad y los derechos de los niños puestos a su cuidado. En la historia más reveladora de este texto, que tuvo mucho impacto, un profesor del Instituto Alonso de Ercilla, quien había sabido de abusos a sus compañeros en el mismo colegio en su infancia, encuentra a ese mismo abusador llevándose a un niño por un pasillo: se lo quita. En poco tiempo, este profesor es despedido. La conclusión es clara y concluyente. Claudio Pizarro y Jonás Romero logran hablar con fuentes que superan su miedo, su pudor, su asco, para contar historias dolorosas pero necesarias. El caso sigue vivo, una investigación canónica está en marcha. Y resurgió en enero de 2018 cuando el Papa Francisco, de visita en Chile, y fue criticado por reunirse con encubridores de los maristas y de los abusos sexuales de Fernando Karadima. Mientras tanto, la revista también siguió investigando el caso: gracias a un reportaje posterior, el primer  investigador de este caso, también acusado de acoso sexual, tuvo que renunciar.

 

 2.       Finalista en crónica: “Buscando vida entre la muerte”, de Matías Sánchez (28 de julio, La Tercera)

En el momento más duro para cualquier familiar, cuando se enteran de que su marido, esposa o compañero de vida, alguno de sus hijos o padres está en estado irreversible de muerte cerebral, recibe un pedido de alguno de los cinco coordinadores de la oficina que gestiona la donación de órganos. El tiempo apremia: el paciente que espera la donación de un órgano no puede esperar, y los órganos pronto serán inservibles. El periodista Matías Sánchez de La Tercera acompaña durante un día a la enfermera Lydytt Alfaro en su afanosa tarea de conseguir que los familiares donen corazones, hígados, córneas o riñones que significarán la salvación de otro paciente. En Chile, como en otros países avanzados en materia de trasplantes, se supone que cada ciudadano acepta que sus órganos sirvan a otros tras su muerte si no lo prohíbe expresamente, pero hace falta la aceptación de los familiares. Los casos que expone esta crónica están llenos de dolor, esperanza y la pasión de un grupo de profesionales de la salud que estas historias sacan a la luz con mucho conocimiento y respeto. Por eso es un muy buen ejemplo de periodismo social y divulgación científica.

 

 3.       Finalista en crónica: “La Viña de la pobreza”, de Natalia Ramos (17 de marzo, Viernes de La Segunda)

En la línea del más clásico periodismo que denuncia bolsones de carencia y miseria en medio de la abundancia y el derroche, este reportaje evidencia el costado amargo de la aparente fiesta sin fin de Viña del Mar. Tomas, campamentos, viviendas autoconstruidas sin luz, sin agua potable, sin gas, sin cañerías ni calles asfaltadas. Muestra también una realidad nueva: familias de clase media que solo se pueden permitir vivir en estos terrenos tomados y transformados en un barrio al que pusieron por nombre el del recordado presentador televisivo Felipe Camiroaga, muerto en un accidente aéreo. Son los nuevos rostros de la pobreza en Chile. Este reportaje de Natalia Ramos, publicado en marzo, causó revuelo. Fue una de las razones por las que el estado tomó cartas en el asunto y en diciembre de 2017 trajo la luz eléctrica a estas barriadas. Un valioso ejemplo de periodismo de contraste, que se acerca a las historias y las voces de los olvidados.

 

 4.       Ganador en Opinión: “Eliodoro, ¿por qué me has abandonado?”, de Mirko Macari (6 de enero, El Mostrador)

 

“Lagos no es Lagos”. Así comienza la brillante columna de Mirko Macari, férreo columnista independiente y director por nueve años y hasta mayo de 2018 del medio digital de noticias y análisis El Mostrador. Es un muy buen ejemplo del comentario de urgencia, que explica sin remilgos y con profundidad, bisturí en mano, el por qué y el cómo del derrumbe del símbolo de la Concertación y el retorno a la democracia en Chile Ricardo Lagos al día siguiente de que las encuestas sepultaran sus pretensiones de volver. Como si se tratara del argumento de una novela de Tom Wolfe, concluye Macari, el ocaso del coloso socialista abandonado por quienes antes lo aplaudían marca un punto de inflexión en la política del país. No lo tumbaron sus enemigos, sino sus amigos. Con esta columna que pone al lector a reevaluar sus propios recuerdos en contacto con una mente capaz de ver a la vez el árbol y el bosque, el jurado del Premio de Excelencia valora también el trabajo pertinaz y lúcido de los analistas que echan luz rápida sobre los avatares de la política diaria. Porque “Macari no es (tampoco) Macari”.

 

 5.       5. Finalista en opinión: “El crimen de los buenos”, de Constanza Michelson (2 de noviembre, The Clinic) necesaria en este país en el que la discusión

Cuando el año pasado la revista Paula reprodujo un capítulo del último libro de la psicoanalista Constanza Michelson, Neurotic@s: Bestiario de locuras y deseos contemporáneos, se refirió a su “aguda y ácida mirada”. Esa es la mirada que prevalece y destaca en sus celebradas columnas de opinión en The Clinic. En El crimen de los buenos desmenuza, explica y saca sorprendentes conclusiones del “escándalo de las leches”. En la superficie, se trata de una mala gestión que llevó a que un cuarto de la lecha materna que el Estado compró caro se pudriera en bodegas. En el fondo, el debate es sobre cosas más profundas: leche materna contra leche industrial para bebés,  madres que trabajan, infancia en riesgo y fondos públicos para permisos de maternidad. A quienes quieran saber cómo comenzando con una frase aparentemente simple como El escándalo de las leches comenzó el año pasado” y la autora logra llegar a Lo cierto es que históricamente la mujer ha sido afín a la búsqueda de lo sagrado”, se los invita a leer esta excelente columna de la psicoanalista más mediática de Chile.  

 

6.       Finalista en Opinión: “República bananera”, de Alberto Fuguet (26 de octubre, Qué Pasa)

Nadie mejor que Alberto Fuguet, el novelista, cuentista, director de cine y creador de la generación McOndo, para contarle a los chilenos lo que se cuece en los Estados Unidos de Donald Trump. Fuguet vivió una infancia de exilio y “sueño americano” en California, y llegó al Chile de la dictadura para sufrir la grisura y el silencio, y refugiarse en el cine y la cultura popular gringa. Desde entonces es un exquisito intérprete a caballo entre ambas culturas. Sus exitosos relatos de Sobredosis (1990) y Mala Onda (1991) son manifiestos de una generación que buscar escapar tanto de la dictadura interior como de la nostalgia revolucionaria. Estados Unidos siempre está en el territorio imaginario que fue construyendo en su obra posterior. En su gran novela de no ficción Missing (2009), recorre la “América profunda” en busca de un tío perdido en la tragedia de la emigración. En este ensayo personal, crónica de viaje o manifiesto polémico llamado República Bananera, vuelve a un país que conoce bien y muestra las complejas grietas de una sociedad confundida a un año de la elección del presidente impensable. “Trump no ha logrado hacer América grande aún o de nuevo, pero sí más patriotera. Y su real triunfo es que buena parte del país no se escandalice con sus extraños y exasperantes modus operandi, sino que los celebre,” explica Fuguet en este texto inclasificable, divertido y doloroso.

7.       

7.       Finalista en Opinión: “Un buen show”, de Álvaro Bisama (17 de marzo, La Tercera)

El novelista, ensayista y profesor de literatura Alvaro Bisama se ha posicionado en pocos años como una voz original, profunda y divertida para hablar de la televisión. Ni repetidor de la publicidad de los canales y el entusiasmo de los fans, ni tampoco defensor de la Alta Cultura y denigrador del apocalipsis de los programas televisivos para las masas, Bisama comparte esta combinación de gusto por lo popular y erudición con los decanos de la crítica televisiva en nuestro idioma: el catalán Ferran Monegal (El Periódico de Catalunya) y el colombiano Omar Rincón (El Tiempo). Cada semana en La Tercera describe y desmenuza teleseries, informativos, entrevistas políticos y publicidad con fulgor verbal y alegre desparpajo. Un ejemplo de su mirada punzante es esta visión de la historia del supuesto sabio económico desenmascarado como pillo e impostor Rafael Garay. “Maestro de la posverdad, Garay hizo de la mentira un arte, una estética y una ética y con eso nos dio a todos un espectáculo que contemplar, una ficción a la cual fugarnos en los momentos de ocio”, escribe Bisama. En un juego al que invita a los lectores, transforma los episodios de la fuga y captura de Garay en el argumento de una posible serie de Netflix, y a la vez demuestra que la crítica televisiva puede ser, como las mentiras de su personaje, un arte.

 

 8.       Ganador en entrevista: Martin Hilbert: “Obama y Trump usaron el Big Data para lavar cerebros”, de Daniel Hopenhayn (19 de enero, The Clinic)

Cuatro mil quinientas pilas de libros que lleguen hasta el sol. Esa es una forma de medir la cantidad de información que circula por el mundo. “Mucha información”, dice el doctor en comunicación Martin Hilbert, alemán con muchos años de trabajo en la Cepal en Chile y ahora profesor en la Universidad de California y asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Daniel Hopenhayn le hace una magistral entrevista, modelo de cómo acercarse a un experto para informar, educar e iluminar a lectores interesados en el uso y abuso de la tecnología para el control social y el éxito político. No es usual que una entrevista de tema más que de personaje gane un premio como este. Al comenzar la lectura, el público no sabrá quién es Hilbert. Al final, habrá entendido por qué era importante escuchar su voz: explica con conocimiento, rigor y capacidad para traducir complejas ideas científicas al lenguaje cotidiano. Y lo hace desde la independencia, que le permite analizar y criticar por igual las estrategias de comunicación y uso de Big Data de Barack Obama y de Donald Trump.

[Publicado el 13/7/2018 a las 19:43]

[Etiquetas: Universidad Alberto Hurtado, Premio Periodismo de Excelencia, PPE, El mejor periodismo chileno, Claudio Pizarro y Jonás Romero, Matías Sánchez, Natalia Ramos, Mirko Macari, Constanza Michelson, Alberto Fuguet, Álvaro Bisama, Martín Hopenhayn.]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

“El salto de papá” y la mirada hacia adentro de Martín Sivak

imagen descriptiva

Martín Sivak logró un éxito espectacular narrando su historia familiar después de haber dedicado dos décadas a escudriñar las vidas de los otros.

Tuve el honor el mes pasado de realizar una entrevista pública con Sivak en la Apertura del Año Académico en mi Departamento de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile. También me pidieron escribir el texto con el que fue presentado como orador principal en la Ceremonia de entrega de los Premios de Excelencia en Periodismo, que entrega cada año nuestra universidad.

En ese texto de presentación basé estas líneas sobre este joven y admirado periodista convertido en reportero de sí mismo.  

Sivak es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Historia de Latinoamérica por la de Nueva York, pero su carrera, su vida y su vocación ha sido siempre la de periodista. Trabajó durante dos décadas en medios argentinos y entrevistó a muchos de los protagonistas de la vida política de su país, desde el coronel golpista Mohamed Alí Seineldín hasta el líder guerrillero Enrique Gorriarán Merlo.

Sus principales libros periodísticos tratan de dos temas álgidos, donde mezclan el poder y la comunicación: la concentración y poder de los grandes medios, y la política y la lucha por la identidad en un país que desde Argentina se ve con desdén injustificado: Bolivia.

Escribió dos libros sobre el grupo Clarín, el conglomerado que cuenta y fabrica poder en Argentina (Clarín: El gran diario argentino y Clarín: La era Magnetto), que pronto serán publicados en inglés en un solo tomo.

Y coronó su trilogía de libros sobre política boliviana, como los dedicados a los generales Hugo Banzer y Juan José Torres, y al conflicto territorial entre Santa Cruz y La Paz, con una muy alabada y traducida “biografía no autorizada” del actual presidente, Evo Morales. El libro se llama, en un acierto de veterano titulador, Jefazo.

Pero fue con su último libro, El salto de papá, que despertó la admiración de críticos, ferias y festivales, editoriales y traductores. En menos de un año ya va por la octava edición y cinco directores se disputan la posibilidad de dirigir la película. 

El salto de papá cuenta la historia de la vida y suicidio de su padre, un mal banquero y buen comunista, y de su tío Osvaldo, cuyo secuestro y asesinato marcaron una época en Argentina. Y al hacerlo, define un país y retrata una generación.  Se cruzan en sus páginas los muchos amigos y poquísimos enemigos de Jorge Sivak, figuras políticas como el ex presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse y artistas como el gran cantautor uruguayo Daniel Viglietti, miembros de su propia familia y sobre todo, una revisión intensa de su propia memoria.

En un país con tantos libros y tantas historias extrañas como Argentina, El salto de papá es ya un clásico instantáneo de la literatura de no ficción. 

¿Por qué? Creo que causa a la vez reconocimiento y extrañamiento. Todos los que vivimos en Argentina la época en que secuestraron y mataron al tío de Martín (el famoso “Caso Sivak”) lo vivimos como un hecho traumático que se colaba en las noticias de diarios, radios y televisión, en las conversaciones de sobremesa, y que envenenó la política de su tiempo con una fuerza como la que cobró en estos últimos años la muerte del fiscal Alberto Nisman. Y los que no lo vivieron, pueden reconocerse en una Argentina como la que salía a tientas de la dictadura en los ochenta.

En el caso del suicidio de Jorge, menos recordado socialmente, es un drama humano contado por un hijo que todavía extraña a su padre y quiere entender qué pasó y por qué.

El camino para entender el suicidio de un padre siempre es doloroso: Martín Sivak leyó y comenta en su libro obras de hijos atribulados, enojados o nostálgicos (como El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince sobre su padre asesinado), y también buscó en textos sobre el suicidio respuestas y alivio. Y en el relato minucioso y amoroso, se muestra una historia que no fue todo tragedia: cuando lo entrevisté ante los alumnos de la carrera, rescató risas y alegrías de su infancia y adolescencia, un pasado al que aferrarse.

Ante una pregunta de un alumno que no había cumplido los 20 años, Sivak dijo que este libro era algo excepcional, único, en una carrera que comenzó y seguirá hablando de los otros, no de sí mismo.

Pero con El salto de papá tocó una fibra profunda, tanto en Argentina como en otros países donde está llegando este libro excepcional. Es el caso emocionante y aleccionador del escritor de lo ajeno que vuelve, por una vez, la lupa hacia su propia historia y sus dolores, y nos enseña a mirarnos mejor y con más verdad al espejo.

[Publicado el 07/6/2018 a las 18:26]

[Etiquetas: El salto de papá, Martín Sivak; Clarín: la era Magnetto; Clarín: el gran diario argentino; Jefazo; Evo Morales, El olvido que seremos; Héctor Abad Faciolince; Universidad Alberto Hurtado; Premio de Excelencia en Periodismo]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Es escritor y periodista, especializado en cultura, sociedad y medio ambiente, y profesor de periodismo.
Nació en Buenos Aires en 1962, estudió sociología y teatro en su ciudad natal, periodismo en Nueva York y reporterismo ambiental en Berlín. Es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Master en Periodismo por Columbia University.
Es profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado en Santiago de Chile, donde dirige el Diplomado en Escritura Narrativa de No Ficción. Entre 1998 y 2016 vivió en Barcelona, donde dirigió por 18 años el Master en Periodismo BCN_NY, organizado por IL3-Universidad de Barcelona y la Universidad de Columbia en Nueva York. Escribe habitualmente para la revista Opera News y el diario La Vanguardia, y colabora con The New York Times en español, La Folha de Sao Paulo y la revista Ñ de Clarín en Argentina.
Herrscher es el autor de Periodismo narrativo, publicado en España por la Editorial de la Universidad de Barcelona, en Chile por SIL-Universidad Finis Terrae, en Argentina por Marea, en Colombia por Ícono y en Costa Rica por Germinal. También es autor del relato de no ficción Los viajes del Penélope, editado por Tusquets Argentina en 2007 y traducido al inglés y publicado por Südpol como The Voyages of the Penelope en 2010, y de la antología de crónicas, perfiles y ensayos sobre música El arte de escuchar (Publicacions UB, 2015).
Actualmente trabaja en Crónicas bananeras, una investigación histórica y crónica de viajes sobre las ‘repúblicas bananeras' de Centroamérica, para Tusquets. Asimismo, dirige la colección Periodismo Activo de Publicacions de la UB, elegida en 2018 como la mejor colección por la Asociación de Editoriales Universitarias.
Es autor de capítulos en los libros La noticia deseada y Soldados de Noé (Argentina), Analizando los medios y la comunicación y Domadores de historias (Chile), y La Crítica y Libro de las palabras (Colombia), entre otros. Trabajó como reportero y editor en el Buenos Aires Herald, la agencia IPS y las revistas Hombres de Maíz y Lateral. Sus reportajes, crónicas y perfiles han sido publicados en medios como La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Ajo Blanco, El Ciervo, Lateral, Room, Quimera, Gentleman, Gatopardo, Travesías, Etiqueta Negra, Página 12, Perfil, y Puentes.
Ha dado clases y seminarios en Ithaca College (EE.UU.), las universidades degli Studi di Milano (Italia), Colonia (Alemania), Católica de Valparaíso y Finis Terrae (Chile), los masters en periodismo de Clarín/San Andrés (Argentina) y U. Complutense de Madrid/ABC (España). entre otras. Es miembro de la International Associationfor Literary Journalism Studies (IALJS), y fellow del Seminario de Salzburgo y la Inter American Foundation. En 1998 obtuvo el 3er. premio de la Foreign Press Association de Nueva York. 

Blog: www.periodistanarrativo.wordpress.com

 Twitter: @RMHerrscher

 

Bibliografía

 

El arte de escuchar (2015)
Universidad de Barcelona 

Periodismo narrativo (2012)
Universidad de Barcelona

 

Periodismo narrativo (2009)
SIL-Universidad Finis Terrae 

 

 

Los viajes del Penélope (2007)
Editorial Tusquets 

Obras asociadas

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2018 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres