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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 12 de julio de 2020

 Roberto Herrscher

Chile despertó, es momento de que despierte el periodismo

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Por mucho tiempo, los medios tradicionales del país no cumplieron su deber de buscar la verdad sin sesgos. Pero las protestas sociales los han obligado a mejorar su cobertura y recuperar una confianza en el periodismo que parecía perdida.

 

* *

Desde que estalló la revuelta popular en Chile en octubre, las paredes de las ciudades del país se llenaron de mensajes contra los poderosos: al inicio, la furia se centraba en el presidente, Sebastián Piñera, y su entonces ministro del Interior, Andrés Chadwick. Después, la ira de las paredes fue contra la policía y las fuerzas armadas, contra los bancos y la Iglesia católica.

A medida que la protesta popular crecía, surgió un nuevo culpable: los medios de comunicación. “Apaga la tele”, “Periodismo traidor”, “Medios cómplices”, “La prensa miente”.

En las carreras de periodismo de la capital de Chile, los profesores nos pasábamos las fotos de estos grafitis y carteles con una mezcla de deleite y preocupación. Por fin, los televidentes y lectores de diarios se daban cuenta de lo que los académicos veíamos hacía tiempo: los medios no estaban reflejando las verdaderas preocupaciones, los miedos y las aspiraciones frustradas de dos generaciones de chilenos. Chile se enriquecía; la clase media se endeudaba; la baja, se empobrecía, y los medios se desentendían.

Por mucho tiempo, los medios tradicionales no cumplieron su deber primordial de buscar la verdad sin sesgos. Pero las manifestaciones, que han sacado a millones de chilenos a las calles a exigir más igualdad, los están obligando a mejorar su cobertura para recuperar una confianza en el periodismo que parecía perdida. Si, como gritan las paredes y las pancartas, “Chile despertó”, todo indica que los medios también han despertado.

 

 

Este despertar mediático, sin embargo, no basta. Hay un nuevo Chile que los medios tradicionales deben comprometerse a incorporar. Es hora de hacerlo.

Las encuestas de opinión de los últimos años reflejaban una ineludible merma en la credibilidad de periódicos y televisoras. Al preguntar en octubre por las fuentes de mayor credibilidad para los chilenos, el Termómetro Social del Núcleo Milenio en Desarrollo Social y la Universidad de Chile encontraron que la mayoría otorga un puntaje máximo de 7 sobre 7 a los amigos y familiares y un 6 a las redes sociales y la radio. Los diarios apenas obtuvieron un 4,2 y la televisión, un 3,6.

En la segunda semana de protestas, cuando más de un millón de manifestantes llenó la Plaza Italia (rebautizada como Plaza de la Dignidad), los centros de estudiantes de periodismo de buena parte de las universidades de Chile sacaron un comunicado revelador: denunciaban “la mediatización de la televisión abierta (Canal 13, TVN, Mega y Chilevisión) en su rol de criminalizar la protesta, recurriendo a la censura, priorizando fuentes gubernamentales y tergiversando información al mostrar solo la violencia en las calles, pero no las violaciones a los derechos humanos cometidas por fuerzas especiales de carabineros y militares”.

Los medios tradicionales del país parecían haber declarado la misma guerra sin cuartel a los manifestantes que anunció el presidente Piñera en su primer mensaje televisado, cuando dijo que “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”.

Las críticas arreciaban e incluso en la calle. Al ser entrevistados sobre las protestas, muchos respondían que era necesario hacer cambios o cuestionaban la desmesurada represión policial.

Organizaciones internacionales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han denunciado la violencia estatal contra las manifestaciones y medios internacionales y algunos sitios digitales de periodismo independiente —como Interferencia, El Desconcierto o el Centro de Investigación Periodística (CIPER)—, reportearon la represión policial que culminó en más de 300 manifestantes que sufrieron heridas visuales y más de veinte muertos. Solo así, los medios tradicionales empezaron a ponerse a tono con lo que se estaba viviendo en la calle.

Pero hubo consecuencias. Uno de los primeros canales de televisión en contar la otra cara de la crisis fue CNN Chile. Y lo pagó caro: dos importantes anunciantes nacionales (Agrosúper y Juan Sutil) les quitaron su patrocinio. Este caso reveló uno de los grandes problemas de nuestro ecosistema mediático: los medios están más pensados para los anunciantes que para el público.

Los medios se encontraron en una encrucijada. ¿Por qué camino optar? ¿Las demandas genuinas de la mayoría de la población o la sobrevivencia publicitaria?

A finales de noviembre, la cobertura informativa local mejoró: comenzaron a incluir sistemáticamente las voces de las víctimas, de los médicos y abogados que los asisten y de organizaciones de derechos humanos, que presentaron reportes muy críticos con el gobierno chileno y el uso excesivo de la fuerza estatal. La voz de los no escuchados comenzó a aparecer junto a las fuentes usuales y ya se ven a los medios nacionales en los cabildos y en las marchas.

En los carteles y pintadas de las últimas manifestaciones ya no aparecen tantas críticas a los medios. Al verse representados, los manifestantes parecen haber recuperado algo de confianza en cómo “su” periodismo está contando la realidad.

Hay mucho que mejorar aún. En la discusión por las causas de la protesta y sobre todo en el debate por la nueva constitución que gran parte de la población ha reclamado, los medios tradicionales todavía se atrincheran en las fuentes de costumbre: políticos, académicos y opinadores profesionales, que en su mayoría son hombres blancos y mayores: los tertulianos de siempre que ni previeron ni alertaron del desastre que propició este estallido social.

En un reciente artículo en CIPER, la experta en periodismo político Ximena Orchard revela que las voces habituales en la prensa hegemónica, no han variado desde el retorno de la democracia, en la década de los noventa.

El periodismo y sus medios más grandes e influyentes se quedaron en el pasado. Este es un nuevo Chile y han surgido voces más diversas y complejas. En cada barrio, en muchos colegios y universidades, en el campo y en la ciudad se están formando cabildos para discutir las políticas nacionales en pacíficos y acalorados debates. Las mujeres de la cultura, los artistas, los indígenas y los pensionados están uniendo sus reclamos al repertorio del descontento en el país “más estable de América Latina”.

Aún así, al periodismo chileno le espera mucho trabajo y muchos cambios si quiere estar a la altura de una sociedad que busca escapar del sopor y la rutina del pasado. Los medios tradicionales y los nuevos también deben ser faros: indagar en las causas profundas de la revuelta y transformar sus hallazgos en explicaciones para la comprensión y la acción informada.

 

(Artículo publicado en The New York Times el jueves 12 de diciembre de 2019)

[Publicado el 12/12/2019 a las 20:42]

[Etiquetas: Chile, periodismo, New York Times, Chile despertó, medios de comunicación, revuelta de 2019]

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Defensa de la carrera de Periodismo

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Ofelia, de John Everett Millais

¿Es necesario estudiar periodismo para ejercer, prosperar y hasta brillar como periodista hoy? 

No. 

Muchos grandes periodistas, entre ellos los maestros de la crónica actual Leila Guerriero, Martín Caparrós, Juan Villoro y hasta los míticos Gabriel García Márquez y Elena Poniatowska estudiaron otras carreras o no terminaron ninguna. 

Muchas de las principales lecciones para ser un periodista excelente se pueden (y algunas, como la humildad y la empatía, se deben) aprender en la vida real, en las redacciones, en la calle. Esto lo dicen incluso los egresados de carreras de periodismo: lo principal lo aprendieron después, fuera de las aulas. 

Y después está el tema de la salida laboral. Según datos recientes del Nieman Lab de Harvard, en la última década aumentó de 70.000 a 90.000 los que salen de grados en periodismo. Pero en el mismo período, se perdieron 100.000 puestos de trabajo en el sector. Más profesionales para menos puestos. 

¿Y qué se enseña en estas carreras? En un reciente artículo en Red Ética de la Fundación Nuevo Periodismo, Hernán Restrepo publicó un artículo con un título polémico: “No voy a permitir que mis hijos estudien periodismo”. Además de abundar en los temas que mencioné más arriba, Restrepo se basa en dos argumentos: que no es necesario (ni legalmente ni en la práctica) haber estudiado periodismo para ejercer la profesión, y que los que terminan estas carreras tiene cada vez menos posibilidades de encontrar buenos empleos en los medios. 

¿Por qué? Para Restrepo, porque en la mayoría de las escuelas de periodismo se dan herramientas técnicas pero “se les ha olvidado enseñar los fundamental para un periodista, que es escribir bien”. En su experiencia, la mayoría ni siquiera sabe pensar con lógica y crítica y dominar las reglas de la gramática y la ortografía. 
Claro que hay carreras de periodismo, asignaturas o ramos, profesores, ejercicios, lecturas, nocivos para la formación de los reporteros o editores. Las malas escuelas de periodismo deforman, enseñan malas mañas, instauran vicios, achatan y desmotivan la creatividad y la originalidad. 

Pero… 

¿Contribuye, ayuda, fomenta el estudio universitario del periodismo a crear buenos profesionales, de calidad y exitosos, útiles para forjar sociedades más democráticas y justas? 

Mi respuesta es un rotundo sí. 

Obviamente, estoy hablando de buenas escuelas, buenas carreras de periodismo. También hay malas carreras de derecho, de medicina, de antropología y de negocios, pero la confusión entre aprender y aprender mal se produce mucho más en el campo del periodismo que en los otros. Creo que es porque hasta hace muy poco la carrera académica no era percibida como un sitio de crecimiento, de desafío, de éxito para personas con vocación periodística. Había la impresión, lamentablemente en muchos casos acertada, de que los periodistas que se “refugiaban” o “resignaban” a enseñar es porque habían fracasado en los medios o no querían someterse al trabajo duro de las redacciones.

Pero esto sucede cada vez menos. Por un lado, en las universidades se encuentra ahora campo fértil para investigar, para crear medios, para hacer periodismo y escribir sobre periodismo con profundidad y sentido crítico. Y porque en la mayoría de las carreras, las buenas, hay una combinación de profesores de planta con profesores por horas que en su “otra” vida son excelentes periodistas, que llevan adelante carreras muy estimulantes y ejemplares para los alumnos, y que con el crecimiento de la enseñanza del quehacer periodístico, también han desarrollado una vocación y un conocimiento sobre cómo enseñar lo que saben, lo que traen de su práctica. 

Hay muchas más carreras de periodismo, sí, pero por eso mismo, por la competencia, son cada vez mejores. En las que valen la pena sí se enseña a escribir bien, a pensar, a investigar y a no cometer errores, a hacer bien el oficio. 

Pero tanto o más importante que eso, quiero responder a la crítica, que he escuchado en muchos países, de “estudiar periodismo no sirve para nada”, con una respuesta que parte del título del texto de Restrepo. Él dice, espero que medio en broma pero no estoy seguro, que no va a “permitir” que sus hijos estudien periodismo. 

Yo nací y crecí en medio de las dictaduras del Cono Sur. Enseñé en una España en donde mis alumnos habían estudiado en colegios que venían de una tradición autoritaria, donde el profesor tenía la razón siempre y discutir o cuestionar no era permitido o no estaba bien visto. Trabajé en medios donde la línea editorial que imponía la dirección del medio y los intereses de los anunciantes y del gobierno llevaban a la autocensura, al servilismo. 

¿Cómo es esto de “no permitir”? ¡Liberen a Martín y Juanita (los hijos de Hernán)! Una de las funciones principales de una buena escuela de periodismo es enseñar, ayudar, acompañar, a que cada uno adquiera un criterio propio, independiente, crítico, reflexivo y basado en la investigación, la lectura de grandes textos del pasado y el análisis de lo que se está haciendo ahora. Es enseñarles a rebelarse ante los que no quieren “permitirles” hacer lo que sienten que quieren o deben hacer. 

Mi universidad, la Alberto Hurtado, tiene como lema “Bienvenidos a pensar”. A pensar bien y a escribir bien, que es el buen pensamiento hecho visible, se enseña y se aprende. 

Por supuesto que muchos empleadores prefieren periodistas novatos que no pasaron por estas escuelas de pensamiento crítico y de investigación seria. No tendrán su propio criterio ético, sus líneas rojas, su dominio de la forma en la que saben que debe hacerse el periodismo que vale la pena. Estarán preparados para servir, para obedecer órdenes. Para no tener otro criterio que el impuesto por el medio. Para dejarse “no permitir”. 

Yo estoy convencido de que en las carreras de periodismo que valen la pena, se enseñan los antídotos al periodismo servil. Por eso, aunque no sea obligatorio ni necesario, yo sí me alegraría que mi hijo quisiera estudiar periodismo. Además de aprender bien este, el mejor oficio del mundo, el periodismo es una escuela de vida. 

Este texto se publicó el 5 de setiembre de 2018 en la revista digital Puro Periodismo, de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, donde soy profesor y donde dirijo el Diplomado en Escritura Narrativa de No Ficción.

Aquí, el enlace al boletín completo: https://tinyletter.com/puroperiodismo/letters/puroperiodismo-14-estudiar-o-no-estudiar-periodismo

[Publicado el 05/9/2018 a las 14:08]

[Etiquetas: Carrera de Periodismo, estudiar comunicación, Universidad Alberto Hurtado, Puro Periodismo]

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Sobre ocho finalistas del Premio Periodismo de Excelencia en Chile

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El Departamento de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, donde trabajo, organiza y entrega cada año el Premio Periodismo de Excelencia (PPE). Cientos de reportajes, crónicas, entrevistas y artículos de opinión participan en la categoría de Periodismo escrito, y se han incorporado en los últimos años las categorías Audiovisual y Digital.

Los ganadores y finalistas en texto se publican en El Mejor Periodismo Chileno, que muestra año a año la vitalidad y vigencia de reporteros que investigan a fondo y escriben con arte.

En el ejemplar de este año, que refleja lo mejor de lo publicado en 2017, se me pidió que escribiera las introducciones a varios de los textos.

Quiero compartir aquí algunos de estos comentarios breves, entre el ensayo mínimo, la explicación y la reseña. Trato de hacer honor a estos excelentes escritores y reporteros de este país: Claudio Pizarro y Jonás Romero, Matías Sánchez, Natalia Ramos, Mirko Macari, Constanza Michelson, Alberto Fuguet, Álvaro Bisama y Martín Hopenhayn.

 

 1.       Finalista en crónica: “El oscuro sótano de los Maristas”, de Claudio Pizarro y Jonás Romero (25 de octubre, The Clinic)

Abusos sexuales en la iglesia. Pederastia de Hermanos Maristas y de encubrimiento en sus colegios. Es uno de los grandes temas del año 2017. Este extenso y bien investigado reportaje de The Clinic pone al descubierto no solo las repetidas prácticas de sacerdotes abusadores, sino la falta de acción de las autoridades eclesiásticas que debían velar por la integridad y los derechos de los niños puestos a su cuidado. En la historia más reveladora de este texto, que tuvo mucho impacto, un profesor del Instituto Alonso de Ercilla, quien había sabido de abusos a sus compañeros en el mismo colegio en su infancia, encuentra a ese mismo abusador llevándose a un niño por un pasillo: se lo quita. En poco tiempo, este profesor es despedido. La conclusión es clara y concluyente. Claudio Pizarro y Jonás Romero logran hablar con fuentes que superan su miedo, su pudor, su asco, para contar historias dolorosas pero necesarias. El caso sigue vivo, una investigación canónica está en marcha. Y resurgió en enero de 2018 cuando el Papa Francisco, de visita en Chile, y fue criticado por reunirse con encubridores de los maristas y de los abusos sexuales de Fernando Karadima. Mientras tanto, la revista también siguió investigando el caso: gracias a un reportaje posterior, el primer  investigador de este caso, también acusado de acoso sexual, tuvo que renunciar.

 

 2.       Finalista en crónica: “Buscando vida entre la muerte”, de Matías Sánchez (28 de julio, La Tercera)

En el momento más duro para cualquier familiar, cuando se enteran de que su marido, esposa o compañero de vida, alguno de sus hijos o padres está en estado irreversible de muerte cerebral, recibe un pedido de alguno de los cinco coordinadores de la oficina que gestiona la donación de órganos. El tiempo apremia: el paciente que espera la donación de un órgano no puede esperar, y los órganos pronto serán inservibles. El periodista Matías Sánchez de La Tercera acompaña durante un día a la enfermera Lydytt Alfaro en su afanosa tarea de conseguir que los familiares donen corazones, hígados, córneas o riñones que significarán la salvación de otro paciente. En Chile, como en otros países avanzados en materia de trasplantes, se supone que cada ciudadano acepta que sus órganos sirvan a otros tras su muerte si no lo prohíbe expresamente, pero hace falta la aceptación de los familiares. Los casos que expone esta crónica están llenos de dolor, esperanza y la pasión de un grupo de profesionales de la salud que estas historias sacan a la luz con mucho conocimiento y respeto. Por eso es un muy buen ejemplo de periodismo social y divulgación científica.

 

 3.       Finalista en crónica: “La Viña de la pobreza”, de Natalia Ramos (17 de marzo, Viernes de La Segunda)

En la línea del más clásico periodismo que denuncia bolsones de carencia y miseria en medio de la abundancia y el derroche, este reportaje evidencia el costado amargo de la aparente fiesta sin fin de Viña del Mar. Tomas, campamentos, viviendas autoconstruidas sin luz, sin agua potable, sin gas, sin cañerías ni calles asfaltadas. Muestra también una realidad nueva: familias de clase media que solo se pueden permitir vivir en estos terrenos tomados y transformados en un barrio al que pusieron por nombre el del recordado presentador televisivo Felipe Camiroaga, muerto en un accidente aéreo. Son los nuevos rostros de la pobreza en Chile. Este reportaje de Natalia Ramos, publicado en marzo, causó revuelo. Fue una de las razones por las que el estado tomó cartas en el asunto y en diciembre de 2017 trajo la luz eléctrica a estas barriadas. Un valioso ejemplo de periodismo de contraste, que se acerca a las historias y las voces de los olvidados.

 

 4.       Ganador en Opinión: “Eliodoro, ¿por qué me has abandonado?”, de Mirko Macari (6 de enero, El Mostrador)

 

“Lagos no es Lagos”. Así comienza la brillante columna de Mirko Macari, férreo columnista independiente y director por nueve años y hasta mayo de 2018 del medio digital de noticias y análisis El Mostrador. Es un muy buen ejemplo del comentario de urgencia, que explica sin remilgos y con profundidad, bisturí en mano, el por qué y el cómo del derrumbe del símbolo de la Concertación y el retorno a la democracia en Chile Ricardo Lagos al día siguiente de que las encuestas sepultaran sus pretensiones de volver. Como si se tratara del argumento de una novela de Tom Wolfe, concluye Macari, el ocaso del coloso socialista abandonado por quienes antes lo aplaudían marca un punto de inflexión en la política del país. No lo tumbaron sus enemigos, sino sus amigos. Con esta columna que pone al lector a reevaluar sus propios recuerdos en contacto con una mente capaz de ver a la vez el árbol y el bosque, el jurado del Premio de Excelencia valora también el trabajo pertinaz y lúcido de los analistas que echan luz rápida sobre los avatares de la política diaria. Porque “Macari no es (tampoco) Macari”.

 

 5.       5. Finalista en opinión: “El crimen de los buenos”, de Constanza Michelson (2 de noviembre, The Clinic) necesaria en este país en el que la discusión

Cuando el año pasado la revista Paula reprodujo un capítulo del último libro de la psicoanalista Constanza Michelson, Neurotic@s: Bestiario de locuras y deseos contemporáneos, se refirió a su “aguda y ácida mirada”. Esa es la mirada que prevalece y destaca en sus celebradas columnas de opinión en The Clinic. En El crimen de los buenos desmenuza, explica y saca sorprendentes conclusiones del “escándalo de las leches”. En la superficie, se trata de una mala gestión que llevó a que un cuarto de la lecha materna que el Estado compró caro se pudriera en bodegas. En el fondo, el debate es sobre cosas más profundas: leche materna contra leche industrial para bebés,  madres que trabajan, infancia en riesgo y fondos públicos para permisos de maternidad. A quienes quieran saber cómo comenzando con una frase aparentemente simple como El escándalo de las leches comenzó el año pasado” y la autora logra llegar a Lo cierto es que históricamente la mujer ha sido afín a la búsqueda de lo sagrado”, se los invita a leer esta excelente columna de la psicoanalista más mediática de Chile.  

 

6.       Finalista en Opinión: “República bananera”, de Alberto Fuguet (26 de octubre, Qué Pasa)

Nadie mejor que Alberto Fuguet, el novelista, cuentista, director de cine y creador de la generación McOndo, para contarle a los chilenos lo que se cuece en los Estados Unidos de Donald Trump. Fuguet vivió una infancia de exilio y “sueño americano” en California, y llegó al Chile de la dictadura para sufrir la grisura y el silencio, y refugiarse en el cine y la cultura popular gringa. Desde entonces es un exquisito intérprete a caballo entre ambas culturas. Sus exitosos relatos de Sobredosis (1990) y Mala Onda (1991) son manifiestos de una generación que buscar escapar tanto de la dictadura interior como de la nostalgia revolucionaria. Estados Unidos siempre está en el territorio imaginario que fue construyendo en su obra posterior. En su gran novela de no ficción Missing (2009), recorre la “América profunda” en busca de un tío perdido en la tragedia de la emigración. En este ensayo personal, crónica de viaje o manifiesto polémico llamado República Bananera, vuelve a un país que conoce bien y muestra las complejas grietas de una sociedad confundida a un año de la elección del presidente impensable. “Trump no ha logrado hacer América grande aún o de nuevo, pero sí más patriotera. Y su real triunfo es que buena parte del país no se escandalice con sus extraños y exasperantes modus operandi, sino que los celebre,” explica Fuguet en este texto inclasificable, divertido y doloroso.

7.       

7.       Finalista en Opinión: “Un buen show”, de Álvaro Bisama (17 de marzo, La Tercera)

El novelista, ensayista y profesor de literatura Alvaro Bisama se ha posicionado en pocos años como una voz original, profunda y divertida para hablar de la televisión. Ni repetidor de la publicidad de los canales y el entusiasmo de los fans, ni tampoco defensor de la Alta Cultura y denigrador del apocalipsis de los programas televisivos para las masas, Bisama comparte esta combinación de gusto por lo popular y erudición con los decanos de la crítica televisiva en nuestro idioma: el catalán Ferran Monegal (El Periódico de Catalunya) y el colombiano Omar Rincón (El Tiempo). Cada semana en La Tercera describe y desmenuza teleseries, informativos, entrevistas políticos y publicidad con fulgor verbal y alegre desparpajo. Un ejemplo de su mirada punzante es esta visión de la historia del supuesto sabio económico desenmascarado como pillo e impostor Rafael Garay. “Maestro de la posverdad, Garay hizo de la mentira un arte, una estética y una ética y con eso nos dio a todos un espectáculo que contemplar, una ficción a la cual fugarnos en los momentos de ocio”, escribe Bisama. En un juego al que invita a los lectores, transforma los episodios de la fuga y captura de Garay en el argumento de una posible serie de Netflix, y a la vez demuestra que la crítica televisiva puede ser, como las mentiras de su personaje, un arte.

 

 8.       Ganador en entrevista: Martin Hilbert: “Obama y Trump usaron el Big Data para lavar cerebros”, de Daniel Hopenhayn (19 de enero, The Clinic)

Cuatro mil quinientas pilas de libros que lleguen hasta el sol. Esa es una forma de medir la cantidad de información que circula por el mundo. “Mucha información”, dice el doctor en comunicación Martin Hilbert, alemán con muchos años de trabajo en la Cepal en Chile y ahora profesor en la Universidad de California y asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Daniel Hopenhayn le hace una magistral entrevista, modelo de cómo acercarse a un experto para informar, educar e iluminar a lectores interesados en el uso y abuso de la tecnología para el control social y el éxito político. No es usual que una entrevista de tema más que de personaje gane un premio como este. Al comenzar la lectura, el público no sabrá quién es Hilbert. Al final, habrá entendido por qué era importante escuchar su voz: explica con conocimiento, rigor y capacidad para traducir complejas ideas científicas al lenguaje cotidiano. Y lo hace desde la independencia, que le permite analizar y criticar por igual las estrategias de comunicación y uso de Big Data de Barack Obama y de Donald Trump.

[Publicado el 13/7/2018 a las 17:43]

[Etiquetas: Universidad Alberto Hurtado, Premio Periodismo de Excelencia, PPE, El mejor periodismo chileno, Claudio Pizarro y Jonás Romero, Matías Sánchez, Natalia Ramos, Mirko Macari, Constanza Michelson, Alberto Fuguet, Álvaro Bisama, Martín Hopenhayn.]

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“El salto de papá” y la mirada hacia adentro de Martín Sivak

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Martín Sivak logró un éxito espectacular narrando su historia familiar después de haber dedicado dos décadas a escudriñar las vidas de los otros.

Tuve el honor el mes pasado de realizar una entrevista pública con Sivak en la Apertura del Año Académico en mi Departamento de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile. También me pidieron escribir el texto con el que fue presentado como orador principal en la Ceremonia de entrega de los Premios de Excelencia en Periodismo, que entrega cada año nuestra universidad.

En ese texto de presentación basé estas líneas sobre este joven y admirado periodista convertido en reportero de sí mismo.  

Sivak es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Historia de Latinoamérica por la de Nueva York, pero su carrera, su vida y su vocación ha sido siempre la de periodista. Trabajó durante dos décadas en medios argentinos y entrevistó a muchos de los protagonistas de la vida política de su país, desde el coronel golpista Mohamed Alí Seineldín hasta el líder guerrillero Enrique Gorriarán Merlo.

Sus principales libros periodísticos tratan de dos temas álgidos, donde mezclan el poder y la comunicación: la concentración y poder de los grandes medios, y la política y la lucha por la identidad en un país que desde Argentina se ve con desdén injustificado: Bolivia.

Escribió dos libros sobre el grupo Clarín, el conglomerado que cuenta y fabrica poder en Argentina (Clarín: El gran diario argentino y Clarín: La era Magnetto), que pronto serán publicados en inglés en un solo tomo.

Y coronó su trilogía de libros sobre política boliviana, como los dedicados a los generales Hugo Banzer y Juan José Torres, y al conflicto territorial entre Santa Cruz y La Paz, con una muy alabada y traducida “biografía no autorizada” del actual presidente, Evo Morales. El libro se llama, en un acierto de veterano titulador, Jefazo.

Pero fue con su último libro, El salto de papá, que despertó la admiración de críticos, ferias y festivales, editoriales y traductores. En menos de un año ya va por la octava edición y cinco directores se disputan la posibilidad de dirigir la película. 

El salto de papá cuenta la historia de la vida y suicidio de su padre, un mal banquero y buen comunista, y de su tío Osvaldo, cuyo secuestro y asesinato marcaron una época en Argentina. Y al hacerlo, define un país y retrata una generación.  Se cruzan en sus páginas los muchos amigos y poquísimos enemigos de Jorge Sivak, figuras políticas como el ex presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse y artistas como el gran cantautor uruguayo Daniel Viglietti, miembros de su propia familia y sobre todo, una revisión intensa de su propia memoria.

En un país con tantos libros y tantas historias extrañas como Argentina, El salto de papá es ya un clásico instantáneo de la literatura de no ficción. 

¿Por qué? Creo que causa a la vez reconocimiento y extrañamiento. Todos los que vivimos en Argentina la época en que secuestraron y mataron al tío de Martín (el famoso “Caso Sivak”) lo vivimos como un hecho traumático que se colaba en las noticias de diarios, radios y televisión, en las conversaciones de sobremesa, y que envenenó la política de su tiempo con una fuerza como la que cobró en estos últimos años la muerte del fiscal Alberto Nisman. Y los que no lo vivieron, pueden reconocerse en una Argentina como la que salía a tientas de la dictadura en los ochenta.

En el caso del suicidio de Jorge, menos recordado socialmente, es un drama humano contado por un hijo que todavía extraña a su padre y quiere entender qué pasó y por qué.

El camino para entender el suicidio de un padre siempre es doloroso: Martín Sivak leyó y comenta en su libro obras de hijos atribulados, enojados o nostálgicos (como El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince sobre su padre asesinado), y también buscó en textos sobre el suicidio respuestas y alivio. Y en el relato minucioso y amoroso, se muestra una historia que no fue todo tragedia: cuando lo entrevisté ante los alumnos de la carrera, rescató risas y alegrías de su infancia y adolescencia, un pasado al que aferrarse.

Ante una pregunta de un alumno que no había cumplido los 20 años, Sivak dijo que este libro era algo excepcional, único, en una carrera que comenzó y seguirá hablando de los otros, no de sí mismo.

Pero con El salto de papá tocó una fibra profunda, tanto en Argentina como en otros países donde está llegando este libro excepcional. Es el caso emocionante y aleccionador del escritor de lo ajeno que vuelve, por una vez, la lupa hacia su propia historia y sus dolores, y nos enseña a mirarnos mejor y con más verdad al espejo.

[Publicado el 07/6/2018 a las 16:26]

[Etiquetas: El salto de papá, Martín Sivak; Clarín: la era Magnetto; Clarín: el gran diario argentino; Jefazo; Evo Morales, El olvido que seremos; Héctor Abad Faciolince; Universidad Alberto Hurtado; Premio de Excelencia en Periodismo]

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Pescado Rabioso de Carlos Tromben: Investigación periodística con sabor a novela

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La semana pasada el novelista, periodista y maestro Carlos Tromben me convocó para presentar su último libro. Fue en la exquisita librería del Centro Cultural Gabriela Mistral, y fue mi debut como presentador de libros en Chile.

Creo que además de porque es mi amigo, Carlos me invitó por el nombre de su libro: Pescado rabioso, como el grupo del incandescente Luis Alberto Spinetta, el mago musical de mi adolescencia. El genio que no cruzó fronteras, como el otro gran roquero de su generación, Charly García, pero está en los corazones de todos los amantes de la música de mi país.

El Flaco Spinetta es el que llevó el espíritu, la libertad, el humor y la melancolía del jazz al rock latinoamericano. Y Pescado rabioso (canciones como Post-crucifixión, Crisálidas, Cementerio Club, Madre Selva y sobre todo Todas las hojas son del viento) es mi búsqueda de belleza, de sentido y de un espejo para verme y entenderme.

Pero tanto en la música como en este libro de investigación económica, el concepto de un “pescado rabioso” es una contradicción: el que puede sentir y actuar con rabia es el pez vivo. El pescado muerto solo transmite enfermedades, como el salmón del sur de Chile. No puede ser rabioso. Para sentir rabia hay que estar vivo.

Tal vez de eso trata esta fascinante novela de no ficción de Carlos Tromben: de la vieja derecha chilena, que aún muerta se muere de rabia y muerde como un pescado rabioso. Yo le agradezco mucho esta invitación. Lo conocí hace año y medio en ese extraño café en medio del Parque Bustamante donde la gente se cita y se encuentra pero no puede hablar porque otros leen. Allí planeamos algo en lo que estamos ahora: el diplomado de escritura narrativa de no ficción.

Carlos es profesor de cómo contar el pasado y hacerle preguntas a los archivos para que cuenten historias apasionantes. Y es de los mejores tutores. Este año estamos otra vez en la lucha por enseñar esto. Y él con este libro se coloca como maestro de lo que enseña, practicante magistral de lo que predica, y ejemplo de ese matrimonio siempre en peligro y en pelea de literatura y periodismo, el terreno que nos marcó y describió Tom Wolfe, el faro del periodismo narrativo que acaba de morir.

Hay muy pocos en América Latina que como Wolfe supieran de herramientas literarias y de economía y finanzas. Cuando le pregunté a Wolfe en Barcelona a quién leía, me nombró a Michael Lewis, el único de los nuevos periodistas que cuenta subidas y caídas de la bolsa, escándalos financieros y luchas entre agentes de bolsa como si fueran batallas de El señor de los anillos. De Lewis leí Poker de mentirosos, y Bumerang, viajes por el nuevo tercer mundo. Me divertí y aprendí de economía, todo en uno.

En México, esta combinación de economía y literatura la maneja el gran Diego Enrique Osorno: entre sus libros de los Zetas y carteles de la droga, ha contado la historia de Carlos Slim, el multimillonario sin escrúpulos visto en su país como en una especie de Papá Noel o Viejo Pascuero siempre a punto de salvar el país pero que termina salvándose sólo él mismo. Crónica de los que mandan, no de las víctimas. De los ricos. 

En Argentina, quien sigue esa estela es Hernán Iglesias Illa con Golden Boys, los jóvenes traders que desde Wall Street llevaron a su propio país al borde de la quiebra. Y poco más.

Este nuevo libro de Carlos Tromben se lee para mí como sus novelas, como La señora del dolor, la historia de un inmigrante japonés que poco a poco y sin errores ni contratiempos va consolidándose como empresario y se sitúa como heredero e hijo de su maestro y protector. Ese libro es de los pocos que supe que debía regalarlo a mi mamá: está en el espacio de lecturas que me unen a ella.

Su última novela, muy exitosa, cuenta la historia de la masacre de obreros en Santa María de Iquique hace un siglo. Una historia de violencia y represión.

Este Pescado rabioso, que tiene la sabiduría del fabulador pero es todo real, es un plato agridulce. Tiene entre sus méritos que explica con claridad y pasión hechos complejos, como un amigo, no como un maestro ciruela. Nos supone inteligentes, pero cuenta a sus lectores chilenos cosas que se creían conocidas: pero no. ¿Cómo hace para contar cosas conocidas sin que nos veamos tontos? Con sumo respeto, expresado sobre todo en lo pulido del estilo.   

La pluma de Tromben me hace ver a estos protagonistas de la política chilena como personajes de novela. Pablo Longueira es un Golum que se cree Frodo. Y a su maestro y mentor, Jaime Guzmán, el ideólogo de la derecha asesinado por guerrilleros tardíos, lo veo como un Saruman que se cree Gandalf.

La historia empieza con dos personajes secundarios, sacados de la picaresca del Siglo de Oro Español: el periodista ventajero Giorgio Carrillo y la diputada Marta Isasi. Pícaros sin suerte. Y termina con la entronización de Sebastián Piñera, el personaje casi japonés que sabe triunfar al fracasar.

De todo se levanta, ninguna caída es definitiva.  En este relato Piñera es como esos personajes de Schwarzenegger o Bruce Willis que los dan por muertos y vuelven a levantarse siempre.

El agonista de esta historia, Pablo Longueira, el otrora joven promesa de la derecha que creyó llegar su hora cuando su rival lo nombra ministro solo para que se destruya solo, es lo contrario: al triunfar, fracasa.

En sus análisis, Tromben es insultantemente culto, pero no alardea de eso: al final cita y analiza en el mismo párrafo a Sigmund Freud y a Nicolás Maquiavello para dar espesor a ese extraño personaje de la derecha chilena.

¿A quién se le hubiera ocurrido hacer una novela de no ficción, un relato de periodismo literario, con los avatares de las leyes que regulan la pesca en Chile? Carlos Tromben lo logró. El libro se lee de un tirón y cuenta mucho más de lo que aparentemente abarca: es la política chilena vista con mucha sutileza y profundidad.

Para entender por qué alguien tan extraño como el actual y reforzado presidente Sebastián Piñera ha sido capaz de unir los reinos de la derecha en este país, para entender las oscuras relaciones entre el poder político y los grandes grupos económicos (que no son 7 familias, como dice el mito, sino algo mucho más complejo), en este libro está la respuesta.

Y además, es una delicia de lectura.

[Publicado el 28/5/2018 a las 14:59]

[Etiquetas: Carlos Tromben, Pescado Rabioso, Señora del dolor, Santa María de Iquique, Tom Wolfe, Diego Enrique Osorno, Slim, Hernán Iglesias Illa, Golden Boys, periodismo narrativo, periodismo de investigación]

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Seis días de Ryan Gattis: Periodismo de ficción y una semana sin ley

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Parece una novela de no ficción. Pero es lo contrario: es un relato inventado, con personajes y anécdotas que surgen de la imaginación del autor, pero que simula la estructura y el lenguaje de un relato periodístico.

Después de que los maestros del Nuevo Periodismo Truman  Capote, Norman Mailer, Gay Talese y compañía inventaran la novela de no ficción, ahora crece imparable el periodismo de ficción.

Puede seguir la supuesta investigación de un periodista que lleva el nombre del autor y que entrevista a sus personajes de ficción, como hace Javier Cercas en Soldados de Salamina. O puede proponer una sucesión de testimonios de protagonistas ficticios de un hecho real, como hace Ryan Gattis en Seis días.

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Ryan Gattis no es, nunca fue, periodista. Su mundo es la ficción, pero con mucha investigación detrás. Seis días (All Involved) es su tercera novela. Cuenta en todas las entrevistas que iba para militar pero en la adolescencia le rompieron la nariz y empezó a leer desesperadamente. Creció en Colorado y vive en California, el lugar donde se desarrollan estos hechos. Allí investigó durante dos años para escribir este libro.

Los “seis días” de su novela comienzan el 29 de abril de 1992. El lugar es un polvorín a punto de estallar llamado Los Ángeles. Cuando un jurado popular absuelve a los policías blancos que habían apaleado a un afroamericano llamado Rodney King, la población negra de la ciudad estalla en una cólera colectiva que siembra el caos durante seis días.

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El caso Rodney King fue pionero en muchos sentidos. La paliza había sido grabada en video. Una comunidad entera vio la escena y se sintió estafada con el veredicto. Fue la gota que rebalsó el vaso. Sin este precedente es difícil entender las revueltas recientes en Ferguson y en Baltimore.

Pero Seis días usa el caso King como telón de fondo de otra historia: sus personajes son casi sin excepciones latinos. Para esas pandillas, la semana sin ley es una oportunidad: de robar, de saldar cuentas, de asesinar. Las banda de Mosquito y de Gran Destino se disputan el territorio. Mosquito mata a la hermana menor de Destino y éste manda a matar al hermano mayor de Mosquito aprovechando que la policía les ha dejado el barrio libre.

Diecisiete jóvenes furiosos y excitados con apodos como Peligro, Apache, Momo o Termita cuentan en sus supuestas propias palabras los sucesos de la semana sangrienta y  nos sumergimos en la mente de estos jóvenes sin futuro que toman la cólera de los negros como una oportunidad.

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Hace medio siglo esta excelente novela podía leerse como una sucesión de voces literarias. Como Mientras agonizo, de John Steinbeck, digamos. Pero hoy no. Después de leer tantos testimonios en primera persona y ver tantos documentales, ya es imposible leer este texto como otra cosa que un gran reportaje de ficción.

 

Ryan Gattis: Seis días.

Seix Barral. Biblioteca Formentor. 492 páginas. 

[Publicado el 03/7/2016 a las 21:39]

[Etiquetas: Ryan Gattis, Seis días, Nuevo Periodismo, Gay Talese, Truman Capote, Norman Mailer, Javier Cercas, Soldados de Salamina, Rodney King]

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Albert Chillón: Periodismo literario y reivindicación de las humanidades

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En 1998, el profesor de la UAB Albert Chillón publicó un libro seminal, básico para quienes nos dedicamos a escribir, enseñar y aprender a escribir y también para los que aspiramos a ser buenos lectores: Literatura y periodismo, una tradición de relaciones promiscuas.

Tras un elogioso prólogo de Manuel Vázquez Montalbán, Chillón presenta, defiende y analiza una de las más ricas y promisorias ramas del periodismo en la segunda mitad del siglo XX: lo que algunos llaman periodismo literario o narrativo, lo que en América Latina se conoce como "crónica" y que en Estados Unidos se engloba en la “marca” de Nuevo Periodismo o la etiqueta (para Chillón engañosa) de “no ficción”.

El autor, un referente fundamental de lo que en las ciencias de la comunicación se conoce como “teoría del giro lingüístico”, muestra con abundantes ejemplos cómo escritores y periodistas de Europa y las Américas utilizaron recursos literarios para contar los hechos del presente e indagar en los del pasado. Desde una vinculación con la novela realista del siglo XIX, analiza los recursos de investigación y escritura de autores tan variados como Josep Pla, John Hersey, Truman Capote, Oriana Fallaci, Ryszard Kapuscinski, Leonardo Sciacia, Gabriel García Márquez, Tomás Eloy Martínez y, dentro de una incipiente producción española, el propio Vázquez Montalbán.

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Este libro, que desde su publicación excedió en ambición e impacto el ámbito de la academia española, se encontraba fuera de catálogo, y es un acto de justicia y necesidad que se encuentre ahora disponible en una edición muy ampliada y actualizada.

Lo primero que cambia es el nombre: ahora el libro se llama La palabra facticia. Es un valiente desafío, un neologismo que Chillón defiende a capa y espada como el terreno donde se encuentran la literatura y el periodismo.  Al prólogo original de Vázquez Montalbán se agrega ahora uno nuevo de Jordi Llovet, centrado en el novedoso aporte de Chillón: la necesidad de que el periodismo se acerque (o vuelva) al terreno de las humanidades, a la función del intelectual púbico, necesario para el sostenimiento de una verdadera democracia.

En nuevos capítulos se reivindica algo central para que el periodismo pueda ser parte de la cultura de su tiempo: el papel de las ciencias humanas en el centro del discurso social y sobre todo en las enseñanzas universitarias. Un profesor vocacional y con décadas de experiencia como Chillón vive y sufre en carne propia el triunfo del cómo presentar la información sobre el qué decir y para qué.

Este nuevo libro, en definitiva, es el viejo y valiosísimo Literatura y periodismo más una actualización con nuevos autores y corrientes, un afinamiento de su enfoque teórico y sobre todo, un alegato necesario por las humanidades. 

[Publicado el 21/6/2015 a las 12:33]

[Etiquetas: Albert Chillón, La palabra facticia, Literatura y periodismo]

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Sergio Vila-Sanjuán: Periodista cultural “par excellence”

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En la colección Periodismo Activo de la editorial de la Universidad de Barcelona acabamos de publicar una joyita: “Una crónica del periodismo cultural”, del infatigable Sergio Vila-Sanjuán. Estas son algunas de las razones por las que creo que la presencia de la cultura en los medios sería más pobre sin su talento para crear medios y suplementos, y los debates serían más pálidos sin su tono pausado e irónico. Así lo expliqué en el prólogo de su Crónica.

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Decir periodismo cultural en España es hablar de la larga, fructífera, coherente carrera de Sergio Vila-Sanjuán, siempre y en todas sus facetas aunando calidad, rigor y pasión.

De sus casi cuatro décadas dedicado con pasión y rigor al ancho mundo de la cultura (comenzando en El Correo Catalán y El Noticiero Universal y desde 1987 en La Vanguardia, donde dirige el prestigioso suplemento Cultura/s), Vila-Sanjuan ha sido cronista, entrevistador, ensayista, viajero a sitios lejanos y embajador de su Barcelona. También fue exitoso editor de libros, revistas y suplementos, curador de exposiciones, y comisario del Año del Libro y la Lectura en 2005.

Pero este repaso por sus trabajos y sus días y logros no empieza a pintarnos al personaje. Es en sus libros donde se encuentra la profundidad y la ambición por contar la cultura que siempre lo caracterizó.

Por ejemplo, la exquisita antología Crónicas culturales (Debolsillo, 2004), que incluye la inmersión juvenil en el universo oscuro de Salvador Dalí (“Estoy mejorando mucho: dibujo y escribo una obra de teatro”), entrevistas con titanes como Milan Kundera (“El drama de Europa es Europa Central”), junto con crónicas de la gauche divine, la época en que Barcelona era una pequeña fiesta de la libertad creativa, la cobertura del congreso que en 1987 recordó el mítico encuentro de intelectuales por la república en Valencia cincuenta años antes. El único que repitió, el mítico poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, tan entrevistado, brilla certero y memorioso en el espléndido texto del joven periodista.

De este libro, una mina de oro para jóvenes que quieren dedicarse al periodismo cultural, me gustan especialmente el relato del viaje de Sergio con su hija adolescente al Londres de Harry Potter, para un encuentro de J. K. Rowling con sus lectores, una entrevista dramática con Salman Rushdie y un retrato agudo e inspirador del pintor Miquel Barceló.

El arte, las letras, los acontecimientos culturales, la vida de las ciudades en una relación intensa y profunda con sus creadores. Ese es el mundo de estos relatos. ¡Ojalá el mundo de las noticias fuera siempre así!

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Mientras creaba revistas culturales y suplementos y escribía sobre la cultura que importa, Vila-Sanjuán va convirtiendo sus obsesiones en libros. En 2005, a propósito del Año del Libro, publica un imprescindible tomo ilustrado, colectivo, editado a cuatro manos con Sergi Doria, donde periodistas y escritores actuales recorren los sitios de su ciudad por los que pasearon los grandes autores, los rincones que los inspiraron, las casas donde vivieron y las calles que aparecen en sus obras.

Estos Paseos por la Barcelona literaria comienzan, por supuesto, con Cervantes. Por algo Barcelona es la única ciudad real, que aparece con su nombre, en la que entra el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Sigue las huellas de Jacint Verdaguer, de Josep Pla, de George Orwell, de Juan Marsé, de Manuel Vázquez Montalbán, de Mercè Rodoreda y de Carlos Ruiz Zafón.  

Dos años más tarde, cuando Cataluña es el país invitado a la Feria del Libro de Frankfurt, la editorial catalana La Magrana pide al visitante que mejor conoce y más entiende de la meca de los editores, escritores y libreros que explique en casa este mundo sorprendente, donde se cocinan las corrientes y tendencias literarias y se dan a conocer los autores del futuro. Guia de la Fira de Frankfurt per a catalans no del tot informats es un paseo a la vez profundo y ameno, y es una lección para periodistas: cómo dominar un universo complejo y misterioso y exponerlo como si fuera fácil.

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La enorme curiosidad de Vila-Sanjuán lo llevó a completar su obra más ambiciosa: las más de 700 páginas de Pasando página, un pormenorizado y muy ameno recorrido por la edición de libros desde la transición en los setenta hasta comienzos del nuevo siglo. La enorme erudición del autor, su carácter de escritor, periodista, editor y observador del gran mundo de los cambios sociales y el mundillo que se mueve alrededor de los libros lo hizo particularmente idóneo para esta tarea.

En Pasando página se combina una historia de los libros que se publican, los que se venden, los que se leen y los que se discuten a lo largo de las décadas, con los grandes cambios de la sociedad española. Desfilan por el libro cientos de personajes: editores míticos como Jorge Herralde, agentes revolucionarios como Carme Balcells, escritores geniales como García Márquez y Vargas Llosa, críticos, entrevistadores, dueños y directores de diarios y revistas, organizadores de ferias, fiestas, festivales y saraos, premiados y castigados, exitosos y perdedores.

Es fascinante seguir el rico camino que hace entender por qué ciertos autores triunfan en determinadas épocas, y cómo los temas y los tratamientos a la vez son el resultado de cambios culturales, sociales y económicos y también contribuyen a dichos cambios. Nadie había intentado resumir este aspecto esencial de la historia cultural española con tanto conocimiento de causa y capacidad de análisis.

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Y llegamos a Una crónica del periodismo cultural. Ahora Sergio Vila-Sanjuan se interna en su propio oficio, ese que él tanto prestigió. Por estas páginas discurren los afanes divulgadores y polémicos de los grandes ensayistas, desde el Vasari del Renacimiento hasta el Renaissance Man Borges; la forma en que grandes revistas como The New Yorker o prestigiosos diarios como La Vanguardia informan, entretienen y también forman a sus lectores. Caminan por sus anchas alamedas los afrancesados de la España de hace cien años y los exaltados latinoamericanos del boom de hace cincuenta.

En este libro se juntan todos los Sergios Vila-Sanjuán de sus encarnaciones: aquí está el contador de historias, el entrevistador y cronista, el editor y curador, el lector impenitente. Algunos de sus compañeros en este recorrido por su propio oficio fueron sus maestros, otros sus colegas, y otros más han trabajado para él, les ha encargado textos, los ha corregido, y ahora les agradece públicamente su colaboración a que este sea un mundo menos árido, más comprendido, mejor sentido.

Vila-Sanjuán, ciudadano ilustre del país de la cultura, demuestra una vez más que se le aplica ese concepto que suena tan hermoso en catalán: es un auténtico llegraferit. Está herido – o sea: tocado y conmovido – por las letras, por la literatura y las artes y la cultura. Un letraherido que contagia, que mancha: esta crónica es un deleite condensado.

Por todo esto lo honraron este año con el ingreso en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. Este texto es una versión de su discurso de ingreso. Pero en la sensibilidad y las bibliotecas de los lletraferits de Barcelona y del mundo, ya había ingresado hacía mucho tiempo.

[Publicado el 21/4/2015 a las 18:43]

[Etiquetas: Sergio Vila-sanjuán, Una crónica del periodismo cultural, Crónicas culturales, Paseos por la Barcelona literaria, Pasando página, Borges, Vassari, García Márquez, La Vanguardia, The New Yorker]

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Descenso al abismo de la pesadilla japonesa

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El exitoso novelista japonés Haruki Murakami, mencionado insistentemente como candidato al Nobel de literatura, publicó en 1997 Underground, un reportaje periodístico sobre los atentados con gas sarín en el metro de Tokio. Ahora lo publica en español su editorial de siempre, Tusquets. Con su elegante ribete negro, el libro se parece a cualquiera de sus grandes novelas. Y en cierta forma, lo es.

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 “Es 20 de marzo de 1995. Lunes. Una mañana agradable y despejada de principios de primavera. El viento aún es fresco y la gente sale a la calle con abrigo (…) Uno de esos días imposibles de diferenciar en el transcurso de una vida, calcado a muchos otros hasta que cinco hombres clavan la punta afilada de sus paraguas en unos paquetes de plástico que contienen un líquido extraño….”

Estamos en el prólogo de Underground, una doble colección de entrevistas a propósito de lo que pasó esa mañana en cinco estaciones de metro y una de tren en el agitado hormiguero subterráneo de la capital japonesa.

La primera parte, que Murakami publicó como libro dos años después del atentado, es un emotivo viaje al desconcierto, el miedo y las secuelas físicas y psicológicas de la experiencia. Con la pericia de un fogueado periodista profesional pero también con el oído atento a la frase que ‘pinta’ al personaje que habla o que abre la puerta a un mundo oculto, el novelista se acerca a los sobrevivientes y les pregunta qué les pasó ese día y los siguientes.

En la letanía de minucias domésticas y burocráticas (como era temprano en la mañana, la mayoría eran trabajadores de rango bajo y medio y estudiantes, como en los trenes de Atocha en 2004), Murakami traza un sosegado panorama de la mente del trabajador medio en el Japón de finales del siglo XX. El valor inmenso de tener un trabajo, aunque sea mal pagado y de desesperante repetición. La mayoría de los viajeros, por ejemplo, estaban llegando al menos una hora antes a sus oficinas.

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A partir del momento en que huelen algo fuera de lo normal (ninguno sabe qué es), las historias se vuelven terroríficas, y el modo púdico, despojado de Murakami de entrevistarlos nos permite atisbar en el horror que puede acechar en el momento más banal. Su última pregunta siempre se refiere a qué sienten por los miembros de la secta Aum y su mesiánico líder Shoko Asahara. De las respuestas surge un verdadero tratado práctico de reacciones ante un ataque injusto e incomprensible, desde el deseo de venganza, el perdón como forma de seguir adelante o la absoluta imposibilidad de pensar en los perpetradores.

De lejos, la entrevista más impactante es la de Shizuko Akashi, que como otros, es un seudónimo. Akashi había dedicado todas sus energías al trabajo, o formó una familia y ahora estaba al cuidado amoroso de su hermano. Sus gravísimas secuelas le impiden hablar con claridad y se mueve con mucha dificultad. Muchas de las cosas que dice en su media lengua las debe traducir el hermano. Pero Murakami logra anudar con ella una conexión profunda, donde el sentimiento llena de sentido sus monosílabos.

“Durante el proceso de escritura de este libro he pensado mucho en la que en mi opinión es la gran pregunta: ¿qué significa estar vivo?”, se plantea el escritor. “Si yo estuviera en la piel de Shizuko, ¿tendría la misma fuerza de voluntad,  esa fuerza impresidndible para estar vivo? ¿Tendría su coraje, su perseverancia, su determinación? ¿Podría tomar la mano de alguien con esa misma calidez? ¿Me salvaría el amor de los demás? No lo sé. Sinceramente, no estoy seguro”.   

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La segunda parte surge de una serie de entrevistas que una revista de actualidad encargó a Murakami posteriormente: son seguidores de Aum, todos de rango medio y bajo. Aquí el libro se torna más complejo, más oscuro: estos fanáticos tímidos y correctos son espeluznantes.

En un breve instante el autor abre una puerta: tal vez estos hombres y mujeres dispuestos a seguir a un líder demente hasta matar o morir sean una puerta para pensar en esa sociedad japonesa que se lanzó a la conquista sangrienta de Asia en la Segunda Guerra Mundial. Como a los japoneses de los cuarenta, los atenaza un extraño y poderoso deseo de dos cosas aparentemente irreconciliables: el ceder totalmente el discernimiento y la voluntad a una voluntad superior, y al mismo tiempo el encontrar un oasis de espiritualidad en un mundo yermo de materialismo.

Underground es un relato verídico de un hecho que sucedió en las antípodas y hace casi dos décadas.  Pero como lo cuenta el gran novelista Haruki Murakami, es una fuente de pesadillas y preguntas para el aquí y el ahora, y para siempre. 

[Publicado el 23/1/2015 a las 12:18]

[Etiquetas: Haruki Murakami, Undreground, Tokio, Secta Aum, gas sarín, periodismo narrativo, historia oral]

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Leonardo Moledo: la divulgación científica como una de las bellas artes

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Leonardo Moledo en una entrevista de Revista Cabal

El 9 de agosto murió el gran periodista Leonardo Moledo, el mejor, el más culto y el más influyente de los divulgadores científicos de Argentina, y probablemente de toda Hispanoamérica.

No había cumplido los 70, pero su legendaria “mala salud de hierro” y su vivir en una creativa nube de humo, que hacía que su oficina y su coche fueran fumaderos constantes, se lo llevaron demasiado pronto.

Durante dos décadas y hasta su muerte fue el director y principal voz del prestigioso suplemento semanal de ciencias del diario Página 12, un faro de luz científica en un país que aplaude mucho más la picardía que el saber. Yo supe este mes de su muerte, y quiero rendirle un modesto homenaje a este periodista indispensable.  

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Leonardo fue antes que nada, un gran conversador y un maravilloso preguntador. Sus entrevistas a mujeres y hombres de ciencia, recopiladas en su último libro, la tercera parte de la trilogía El café de los científicos (en coautoría con Javier Vidal; los dos anteriores lo fueron con Martín de Ambrosio), son charlas distendidas, divertidas y muy profundas. Moledo inventó y desarrolló con maestría un tipo de entrevista con expertos donde el lector se siente incluido, invitado, respetado.

De sus 14 libros que cuentan la ciencia al niño que hay en todo adulto, destacan el primero, De las tortugas a las estrellas, y Diez teorías que conmovieron al mundo (con Esteban Magnani), eruditas y deliciosas incursiones en el mundo de la alta ciencia.

“La divulgación de la ciencia es la continuación de la ciencia por otros medios” es una de sus frases más recordadas y felices.

 La mayoría de sus coautores son jóvenes periodistas, varios de ellos ex alumnos suyos, con quienes el maestro compartía su sabiduría, a quienes ayudaba y daba crédito con generosidad, y a quienes empujaba a volar.

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Yo fui uno de aquellos discípulos, aunque nunca trabajé con él o para él. Aprendí viéndolo trabajar y escuchándolo.

Cuando me inicié en el periodismo de medio ambiente, a finales de los ochenta, Moledo ya era una voz respetada y una firma conocida en Clarín. Fuimos juntos a varias actividades y congresos previos a la Cumbre de la Tierra de 1992, y pasamos las dos semanas de esa Conferencia de Naciones Unidas en Río de Janeiro en permanentes debates, aprendizajes y disfrutes.

De vuelta en Buenos Aires, nos encontrábamos en sesiones maratónicas a hablar de ciencia, de literatura (nos unía la devoción por Marguerite Yourcenar), de música (éramos ambos fanáticos de Johann Sebastian Bach), de la vida, de lo que fuera. En su oficina el olor a colillas viejas era difícil de soportar, pero la charla de Leonardo siempre era más estimulante, intoxicante en el mejor de los sentidos.

Nos vimos poco después de mi salida de Argentina, hace más de 20 años. Pero siempre estuve al tanto de lo que hacía, de cómo crecía su obra impresionante y su justa fama.

*          *          *

Una semana después de su muerte, que cayó en sábado (el día en que salía el suplemento), Página 12 le dedicó un emocionante número especial de homenaje.

El primero de los 13 autores – colegas, reconocidos periodistas, escritores, alumnos, artistas – es Eduardo Galeano. “Toda la obra que nos ha dejado Leonardo prueba que la ciencia puede ser muy seria sin perder el sentido del humor, y perdurará por siempre en quien la lea”, dice el autor de Las venas abiertas de América Latina.

Pero dos semanas después de su muerte, la dirección de Página 12 decidió cerrar su suplemento. Un enorme error, creo yo.

No sólo se apaga una voz erudita, cáustica, cultísima, sincera, única, sino que se cierra el espacio de luz que creó, un espacio vital para la divulgación de la ciencia en un país que tanto la necesita.

Ah, no les había dicho cómo se llamaba el suplemento que dirigía Leonardo Moledo. Se llamaba Futuro.

Adiós, Futuro. Y adiós, mi maestro y amigo. Sos de las personas que a uno le harán falta siempre. Pero uno lo descubre demasiado tarde, cuando ya no hay tiempo para más charlas y más nubes de humo.  

[Publicado el 21/9/2014 a las 16:29]

[Etiquetas: Leonardo Moledo, periodismo científico, suplemento Futuro, Página 12, De las tortugas a las estrellas, El café de los científicos, Diez teorías que conmovieron al mundo]

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Biografía

Roberto Herrscher es escritor y periodista, especializado en cultura, sociedad y medio ambiente, y profesor de periodismo.
Nació en Buenos Aires en 1962, estudió sociología y teatro en su ciudad natal, periodismo en Nueva York y reporterismo ambiental en Berlín. Es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Master en Periodismo por Columbia University.
Es profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado en Santiago de Chile, donde dirige el Diplomado en Escritura Narrativa de No Ficción. Entre 1998 y 2016 vivió en Barcelona, donde dirigió por 18 años el Master en Periodismo BCN_NY, organizado por IL3-Universidad de Barcelona y la Universidad de Columbia en Nueva York. Escribe habitualmente para la revista Opera News y el diario La Vanguardia, y colabora con The New York Times en español, La Folha de Sao Paulo y la revista Ñ de Clarín en Argentina.
Herrscher es el autor de Periodismo narrativo, publicado en España por la Editorial de la Universidad de Barcelona, en Chile por SIL-Universidad Finis Terrae, en Argentina por Marea, en Colombia por Ícono y en Costa Rica por Germinal. También es autor del relato de no ficción Los viajes del Penélope, editado por Tusquets Argentina en 2007 y traducido al inglés y publicado por Südpol como The Voyages of the Penelope en 2010, y de la antología de crónicas, perfiles y ensayos sobre música El arte de escuchar (Publicacions UB, 2015).
Actualmente trabaja en Crónicas bananeras, una investigación histórica y crónica de viajes sobre las ‘repúblicas bananeras' de Centroamérica, para Tusquets. Asimismo, dirige la colección Periodismo Activo de Publicacions de la UB, elegida en 2018 como la mejor colección por la Asociación de Editoriales Universitarias.
Es autor de capítulos en los libros La noticia deseada y Soldados de Noé (Argentina), Analizando los medios y la comunicación y Domadores de historias (Chile), y La Crítica y Libro de las palabras (Colombia), entre otros. Trabajó como reportero y editor en el Buenos Aires Herald, la agencia IPS y las revistas Hombres de Maíz y Lateral. Sus reportajes, crónicas y perfiles han sido publicados en medios como La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Ajo Blanco, El Ciervo, Lateral, Room, Quimera, Gentleman, Gatopardo, Travesías, Etiqueta Negra, Página 12, Perfil, y Puentes.
Ha dado clases y seminarios en Ithaca College (EE.UU.), las universidades degli Studi di Milano (Italia), Colonia (Alemania), Católica de Valparaíso y Finis Terrae (Chile), los masters en periodismo de Clarín/San Andrés (Argentina) y U. Complutense de Madrid/ABC (España). entre otras. Es miembro de la International Associationfor Literary Journalism Studies (IALJS), y fellow del Seminario de Salzburgo y la Inter American Foundation. En 1998 obtuvo el 3er. premio de la Foreign Press Association de Nueva York. 

Blog: www.periodistanarrativo.wordpress.com

 Twitter: @RMHerrscher

 

Bibliografía

 

El arte de escuchar (2015)
Universidad de Barcelona 

Periodismo narrativo (2012)
Universidad de Barcelona

 

Periodismo narrativo (2009)
SIL-Universidad Finis Terrae 

 

 

Los viajes del Penélope (2007)
Editorial Tusquets 

Obras asociadas

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