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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 12 de diciembre de 2019

 Blog de Roberto Herrscher

Ernesto Picco: gran cronista y perfilador de Santiago del Estero

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Presentación de "Crónicas de tierra y asfalto" con Ernesto Picco en la Feria del Libro de Santiago del Estero

El 10 de noviembre de este 2019, en mi primera visita a la provincia argentina de Santiago del Estero, presenté Crónicas de tierra y asfalto junto con su autor, el prolífico y muy talentoso Ernesto Picco. Hace unos meses, cuando me pidieron escribir el prólogo de este libro, no sabía nada de Picco, ni de la hermosa Editorial de la Universidad Nacional de Santiago (EDUNSE) y su gente luminosa, y lo poco que sabía de esta provincia del interior profundo de mi país era por las chacareras, la nostalgia de los que partieron, la siesta de quienes se quedaron, y el hecho de que su histórica capital es la primera ciudad de lo que ahora es Argentina. Sin ser experto ni mucho menos, ahora ese otro Santiago (vivo y respiro en la capital chilena) ya está en mis recuerdos y en mi corazón. En gran parte por este libro y la cercanía con su autor. Este es el texto de mi prólogo para este erudito y emotivo canto de amor de un cronista a su tierra.

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Decía Borges – los argentinos sabemos secretamente que todo lo que merece ser dicho ha sido dicho ya por Borges – que en el Corán no hay camellos. Y no hay camellos porque aquellas ásperas tribus de los desiertos de Arabia no tenían ni la conciencia ni la necesidad de poblar los paisajes de su libro sagrado de aquello que los foráneos consideraban “típico” de sus desiertos y roquedales.

El paisaje estaba asumido, implícito. Las tormentas de arena se escuchan por detrás y por debajo de las órdenes imperiosas de Alá y los sueños de los rapsodas sobre un paraíso lleno de agua, leche y miel. No hay camellos porque no hacen falta.

Por eso mismo es que el otro día, mientras chateaba con Ernesto Picco y le contaba lo mucho que me gustó este libro suyo, se me ocurrió comentarle que en su Santiago del Estero no hay chacareras. Las chacareras santiagueñas son lo que los pajueranos, sobre todo los porteños, pensamos que se canta y se baila y se escucha siempre allí, después de la impostergable siesta y antes de las infaltables empanadas.

Esa es una de las muchas razones por las que pienso que este libro es tan profundamente santiagueño: porque no intenta serlo, no juega a serlo.  Es un ramillete de perfiles que dan cada uno en su blanco porque apuntan en distintas direcciones y están contados con estructuras y estilos diversos, y entre todos trazan un mapa de una provincia única y por lo tanto representativa de lo más argentino, lo más latinoamericano, lo universal. Cuanto más local, más compartible.

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Hay en el libro de Picco, por ejemplo, mucho de política, de política local. Es inusual encontrarse con un libro que ahonda en las rencillas internas, los odios y filias de la clase dirigente de un sitio remoto y sentirse inmediatamente interpelado.

El patriarca taimado Carlos Juárez y su séquito obsecuente, el arribista que pasó de gestionar las sórdidas noches provincianas a la nueva política, los dirigentes sindicales que combinan astucia con desgarro, el intelectual rebelde de una familia trágica de revolucionarios, un valiente defensor de presos políticos. El autor los entrevista – a ellos o a sus amigos o enemigos próximos –, los sigue y los observa, los investiga, los humaniza. Es la historia contada desde adentro, y por eso mismo un modelo para contar otras provincias, otros ámbitos.

Los males del pasado y del presente toman cuerpo y vuelan. Este libro no es un manifiesto ni un alegato, pero da voz a los sin voz. A la enfermedad olvidada porque afecta a los pobres, el Mal de Chagas-Mazza. A la música de la que no se ocupan los eruditos, la guaracha, porque la escuchan los pobres. A la épica de una lucha agraria de la que no se ocupan los medios nacionales, porque se pelea lejos y la sufren los pobres.

Destilan estas historias un amor por el terruño, un conocimiento profundo de lo propio, que se me hacen cercanas y relevantes, pese a que yo nunca estuve en Santiago, y son otros los Santiagos que me habitan en mis recuerdos.

Estos son mis Santiagos: una visita breve y lejana al calor húmedo del paisaje y de la gente de Santiago de Cuba; caminar y ser feliz en otra vidas en las piedras milenarias de Santiago de Compostela en lluvia y sentir la aspereza del botafumeiro en su Catedral; vivir y crecer y encontrarme ahora en Santiago de Chile.

Pero al adentrarme en las mesuradas páginas de este libro, me escapo de los santiaguinos y los santiagueros y los compostelanos; y me vuelvo un poco santiagueño.

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Contribuye a la espesura del texto y la emoción del encuentro el torrencial de datos, libros y reflexiones de la rica introducción que se abre tras este prólogo.

Ernesto Picco, además de cronista original y audaz, es un erudito de su tierra y de las formas en que fue contada. Los lectores se encontrarán, antes de recorrer los rostros de estos santiagueños ilustres, o representativos, o injustamente postergados, o esperpénticos o hilarantes, con un estudio de las maneras en que la provincia fue recorrida por contadores de historias reales, desde Pablo Lascano y Orestes Di Lullo hasta Julio Carreras y Ramón Carrillo.

Y al analizar las crónicas que cuentan su provincia, el periodista devenido investigador brinda pautas para definir los géneros de la crónica y el perfil. La mirada propia, la investigación exhaustiva, el estilo literario, la estructura narrativa.

Así, al lanzarse a entrar en su propia lista de cronistas de la ciudad y el monte, Picco ya trazó el camino de los que lo precedieron. Sus crónicas miran al pasado, a los héroes y las luchas que el poder procura que olvidemos, y a las formas en que el presente está modificando los tópicos y prejuicios sobre lo provinciano y sobre su provincia.

Y también innova en la forma: cada texto late y fluye con estructura propia, desde comienzos que a veces pintan una cara, se congelan en un gesto, trituran un paisaje, aventuran una suposición o un concepto que los lectores descubrirán y confirmarán después, al viajar con él.    

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Hacia el final de su introducción, Picco cita al maestro de los cronistas de viajes de la Argentina actual, Martín Caparrós. “Hago largos viajes porque quiero aprender a mirar para contar algún día la crónica más difícil de todas, que es la de la manzana de mi casa”, dijo Caparrós en una entrevista. Es una variante del viejo verso de T. S. Eliot, de viajar para aprender a volver a casa, y a mirar lo familiar como si fuera nuevo y extraño.

“¿Quiénes son, en Santiago, los que han escrito sobre las manzanas de su casa? ¿Hay allí una herencia para la crónica santiagueña?”, se pregunta el autor.

Si fuera un porteño quien la enunciara, por ejemplo el mismo Caparrós, pensaríamos que peca de falsa modestia. Pero como el libro entero rebosa de dudas y tanteos, podemos suponer que no esconde una respuesta oculta. Por eso, como prologuista lo postulo yo acá: es Ernesto Picco quien se alza sobre sus antecesores y pinta un cuadro de su Santiago a la altura de las mejores crónicas latinoamericanas de lo que va de este siglo XXI.

Y son crónicas en forma de perfiles, es retratar un lugar sin que se vean los paisajes, ni camellos ni chacareras ni cansinas siestas con mate bajo el ombú. Son mujeres y hombres de la tierra los que al vivir pintan el paisaje.

Es como si los Santucho, Juárez, Lescano, Posse o Chazarreta, al caminar su tierra en sus afanes y conquistas trazaran sin buscarlo un mapa del territorio. Un mapa que Picco encuentra y comparte aquí.  

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Crónicas de tierra y asfalto me recuerda un ambicioso proyecto emprendido durante casi todo el siglo XX por el más grande de los literatos de no ficción de la Península Ibérica, el catalán Josep Pla.

Entre los más de cuarenta tomos de sus obras completas, Pla emprendió durante décadas, de los veinte a los sesenta del siglo pasado, el pintar su tierra retratando en historias, entrevistas, recorridos y meditaciones a los grandes hombres de su Cataluña soñada. Los artistas exitosos, como Salvador Dalí, Pau Casals o Antoni Gaudí, o los fracasados, como Isidre Nonell, o los luchadores y líderes, como el fundador del POUM trotskista Andreu Nin, asesinado y desaparecido por los estalinistas.

Estos hombres son la tierra, la identidad, el paisaje de Cataluña para Pla. Los llamó, en su precioso idioma natal, Homenots, que son algo así como hombretones, que es más coloquial que grandes hombres y menos familiar que el nombre con el que se lo tradujo al castellano, Grandes tipos.

Son “homenots” los santiagueños de Ernesto Picco. Ninguno es perfecto, pocos son admirables, todos tienen taras y defectos y hasta crueldades. Pero son grandes a su manera, porque destacaron y salieron del rebaño, construyeron un “nosotros” local en la mayoría de los casos sin proponérselo, al tratar de emprender caminos individuales o luchas colectivas. Estos rostros, la mayoría ajados por el tiempo y el calor de los mediodías y la ventisca de las noches del noreste, trazan los rumbos de la provincia y permiten atisbarle un futuro.

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Hoy, mientras escribo estas líneas, Ernesto Picco está muy lejos de su tierra. Está en el terreno de mis propios recuerdos y pesadillas. En las Islas Malvinas.

Su talento y su perseverancia y el brillo de promesa de su prosa le hicieron ganar la codiciada Beca Jacobs de Periodismo de Viajes de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Con el fondo de esta beca, está en una tierra extraña, pero donde también lucharon y murieron santiagueños quienes, como yo, fueron enviados a luchar en una guerra doblemente cruel en 1982.

Como veterano de Malvinas y escritor de crónicas de las islas, tengo muchísimas ganas de leer las crónicas malvineras de este santiagueño trotamundos.

En este libro, los lectores descubrirán fácilmente por qué. Quien ha aprendido tan bien a describir su casa desde estos personajes fascinantes y entrañables, puede lanzarse a los confines del Atlántico Sur, a descubrir las heridas y remiendos de una lejana guerra ajena. Sé que también podrá descorrer ese manto de neblina y hacer propio lo extraño y traernos en palabras justas la comprensión de lo inaudito.  

[Publicado el 16/11/2019 a las 16:44]

[Etiquetas: Ernesto Picco, Santiago del Estero, EDUNSE, Crónicas de tierra y asfalto]

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Sergio Vila-Sanjuán: Periodista cultural “par excellence”

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En la colección Periodismo Activo de la editorial de la Universidad de Barcelona acabamos de publicar una joyita: “Una crónica del periodismo cultural”, del infatigable Sergio Vila-Sanjuán. Estas son algunas de las razones por las que creo que la presencia de la cultura en los medios sería más pobre sin su talento para crear medios y suplementos, y los debates serían más pálidos sin su tono pausado e irónico. Así lo expliqué en el prólogo de su Crónica.

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Decir periodismo cultural en España es hablar de la larga, fructífera, coherente carrera de Sergio Vila-Sanjuán, siempre y en todas sus facetas aunando calidad, rigor y pasión.

De sus casi cuatro décadas dedicado con pasión y rigor al ancho mundo de la cultura (comenzando en El Correo Catalán y El Noticiero Universal y desde 1987 en La Vanguardia, donde dirige el prestigioso suplemento Cultura/s), Vila-Sanjuan ha sido cronista, entrevistador, ensayista, viajero a sitios lejanos y embajador de su Barcelona. También fue exitoso editor de libros, revistas y suplementos, curador de exposiciones, y comisario del Año del Libro y la Lectura en 2005.

Pero este repaso por sus trabajos y sus días y logros no empieza a pintarnos al personaje. Es en sus libros donde se encuentra la profundidad y la ambición por contar la cultura que siempre lo caracterizó.

Por ejemplo, la exquisita antología Crónicas culturales (Debolsillo, 2004), que incluye la inmersión juvenil en el universo oscuro de Salvador Dalí (“Estoy mejorando mucho: dibujo y escribo una obra de teatro”), entrevistas con titanes como Milan Kundera (“El drama de Europa es Europa Central”), junto con crónicas de la gauche divine, la época en que Barcelona era una pequeña fiesta de la libertad creativa, la cobertura del congreso que en 1987 recordó el mítico encuentro de intelectuales por la república en Valencia cincuenta años antes. El único que repitió, el mítico poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, tan entrevistado, brilla certero y memorioso en el espléndido texto del joven periodista.

De este libro, una mina de oro para jóvenes que quieren dedicarse al periodismo cultural, me gustan especialmente el relato del viaje de Sergio con su hija adolescente al Londres de Harry Potter, para un encuentro de J. K. Rowling con sus lectores, una entrevista dramática con Salman Rushdie y un retrato agudo e inspirador del pintor Miquel Barceló.

El arte, las letras, los acontecimientos culturales, la vida de las ciudades en una relación intensa y profunda con sus creadores. Ese es el mundo de estos relatos. ¡Ojalá el mundo de las noticias fuera siempre así!

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Mientras creaba revistas culturales y suplementos y escribía sobre la cultura que importa, Vila-Sanjuán va convirtiendo sus obsesiones en libros. En 2005, a propósito del Año del Libro, publica un imprescindible tomo ilustrado, colectivo, editado a cuatro manos con Sergi Doria, donde periodistas y escritores actuales recorren los sitios de su ciudad por los que pasearon los grandes autores, los rincones que los inspiraron, las casas donde vivieron y las calles que aparecen en sus obras.

Estos Paseos por la Barcelona literaria comienzan, por supuesto, con Cervantes. Por algo Barcelona es la única ciudad real, que aparece con su nombre, en la que entra el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Sigue las huellas de Jacint Verdaguer, de Josep Pla, de George Orwell, de Juan Marsé, de Manuel Vázquez Montalbán, de Mercè Rodoreda y de Carlos Ruiz Zafón.  

Dos años más tarde, cuando Cataluña es el país invitado a la Feria del Libro de Frankfurt, la editorial catalana La Magrana pide al visitante que mejor conoce y más entiende de la meca de los editores, escritores y libreros que explique en casa este mundo sorprendente, donde se cocinan las corrientes y tendencias literarias y se dan a conocer los autores del futuro. Guia de la Fira de Frankfurt per a catalans no del tot informats es un paseo a la vez profundo y ameno, y es una lección para periodistas: cómo dominar un universo complejo y misterioso y exponerlo como si fuera fácil.

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La enorme curiosidad de Vila-Sanjuán lo llevó a completar su obra más ambiciosa: las más de 700 páginas de Pasando página, un pormenorizado y muy ameno recorrido por la edición de libros desde la transición en los setenta hasta comienzos del nuevo siglo. La enorme erudición del autor, su carácter de escritor, periodista, editor y observador del gran mundo de los cambios sociales y el mundillo que se mueve alrededor de los libros lo hizo particularmente idóneo para esta tarea.

En Pasando página se combina una historia de los libros que se publican, los que se venden, los que se leen y los que se discuten a lo largo de las décadas, con los grandes cambios de la sociedad española. Desfilan por el libro cientos de personajes: editores míticos como Jorge Herralde, agentes revolucionarios como Carme Balcells, escritores geniales como García Márquez y Vargas Llosa, críticos, entrevistadores, dueños y directores de diarios y revistas, organizadores de ferias, fiestas, festivales y saraos, premiados y castigados, exitosos y perdedores.

Es fascinante seguir el rico camino que hace entender por qué ciertos autores triunfan en determinadas épocas, y cómo los temas y los tratamientos a la vez son el resultado de cambios culturales, sociales y económicos y también contribuyen a dichos cambios. Nadie había intentado resumir este aspecto esencial de la historia cultural española con tanto conocimiento de causa y capacidad de análisis.

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Y llegamos a Una crónica del periodismo cultural. Ahora Sergio Vila-Sanjuan se interna en su propio oficio, ese que él tanto prestigió. Por estas páginas discurren los afanes divulgadores y polémicos de los grandes ensayistas, desde el Vasari del Renacimiento hasta el Renaissance Man Borges; la forma en que grandes revistas como The New Yorker o prestigiosos diarios como La Vanguardia informan, entretienen y también forman a sus lectores. Caminan por sus anchas alamedas los afrancesados de la España de hace cien años y los exaltados latinoamericanos del boom de hace cincuenta.

En este libro se juntan todos los Sergios Vila-Sanjuán de sus encarnaciones: aquí está el contador de historias, el entrevistador y cronista, el editor y curador, el lector impenitente. Algunos de sus compañeros en este recorrido por su propio oficio fueron sus maestros, otros sus colegas, y otros más han trabajado para él, les ha encargado textos, los ha corregido, y ahora les agradece públicamente su colaboración a que este sea un mundo menos árido, más comprendido, mejor sentido.

Vila-Sanjuán, ciudadano ilustre del país de la cultura, demuestra una vez más que se le aplica ese concepto que suena tan hermoso en catalán: es un auténtico llegraferit. Está herido – o sea: tocado y conmovido – por las letras, por la literatura y las artes y la cultura. Un letraherido que contagia, que mancha: esta crónica es un deleite condensado.

Por todo esto lo honraron este año con el ingreso en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. Este texto es una versión de su discurso de ingreso. Pero en la sensibilidad y las bibliotecas de los lletraferits de Barcelona y del mundo, ya había ingresado hacía mucho tiempo.

[Publicado el 21/4/2015 a las 20:43]

[Etiquetas: Sergio Vila-sanjuán, Una crónica del periodismo cultural, Crónicas culturales, Paseos por la Barcelona literaria, Pasando página, Borges, Vassari, García Márquez, La Vanguardia, The New Yorker]

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Sexo en primer plano: Sorprendentes memorias del celestino de Hollywood

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Scotty Bowers fue durante décadas el alcahuete de Hollywood, el “conseguidor” de sexo anónimo, de pago o gratuito, y disfrutador él mismo de los placeres lúbricos de la Babilonia de América. A los 90 y con la mayoría de los pecadores ya muertos, lo cuenta casi todo en Servicio completo. La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood .

Este chispeante y modesto libro de chismes inicia, además, el segundo centenar de títulos de una colección memorable: la del borde gris de Crónicas Anagrama, que vertió al castellano los clásicos de Ryszard Kapuscinski, Günter Wallraff, Truman Capote y Tom Wolfe.

En homenaje a esta colección y por la agradable lectura del viejo y deslenguado Bowers, escribí esto que salió la semana pasada en Cultura/s de La Vanguardia:

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El cinéfilo supremo Roman Gubern lo define así en la primera frase de su prólogo: “Este libro es un compendio de chismografía sexual de high class del Hollywood opulento.”

Obviamente, lo que más llamará la atención de los lectores es la profusión de anécdotas y detalles escabrosos y escondidos durante décadas, casi todos de naturaleza sexual, de los actores y actrices, directores, productores y sus amigos de la realeza y las finanzas. Pero Servicio completo es también el relato de la vida de un personaje fascinante, como salido de la picaresca del Siglo de Oro español.

Empecemos por el personaje: si hemos de creerle, el sexo fue el eje de la vida del hoy nonagenario Scotty Bowers. Nacido en una granja de Illinois, en su primera infancia en un colegio religioso ya los curas se turnaban para abusar sexualmente de él, pero en su relato no lo presenta como violación o tortura sino como el inicio de una carrera centrada en servir y hacer felices a personas necesitadas de sexo. Nada, ni la pederastia, es motivo de condena o crítica en este libro. Hasta lo más sórdido parece simpático.

En sus años como marine en el Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, hay más páginas sobre sus encuentros sexuales en sus días libres que sobre las batallas y masacres en las que participó. Y apenas terminada la guerra, comienza la farra sin frenos: Bowers consigue trabajo en una gasolinera de carretera cerca de la meca del cine, y en unos meses ya desfila por allí toda clase de buscadores de sexo ocasional.

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El mismo Scotty proporciona lo que puede, comenzando con sus primeros ligues: el legendario actor Walter Pidgeon y el mítico director George Cukor. Aunque con los calzoncillos bajos, no parecía ni legendario el uno ni mítico el otro. Como no daba abasto, empezó a proporcionar a sus “amigos” jóvenes de ambos sexos para sus aventuras. Muchos revolcones tuvieron lugar en el baño de la gasolinera o en una caravana que un amigo le pidió que le “cuidara”.

¿Era esto prostitución? Bowers evita la definición, pero para mí como lector, esa es la palabra que aplicaría a esos encuentros rápidos entre ricos y famosos, muchos de ellos de 50 o 60 años, como el actor Charles Laughton o el dramaturgo Nöel Coward, con jovencitos pobres, donde al “encuentro por placer mutuo” sigue una jugosa “propina”. El precio usual, elevado en los cuarenta y cincuenta, era de 20 dólares.

¿Eran todos encuentros entre hombres? La mayoría, porque la represión de las homosexualidad y el cuidado de los grandes estudios por la reputación de sus actores requerían sigilo y nocturnidad. Fue recién en los ochenta, cuando el SIDA hizo saber al mundo que Rock Hudson, el galán por quien suspiraban las mujeres de medio mundo, era gay. Scotty Bowers lo sabía hacía décadas: Hudson estaba en su grupo habitual de clientes, junto con Cary Grant, Montgomery Cliff y hasta los duques de Windsor. Pero también había quien buscaba mujeres, sobre todo jovencitas.

Caso aparte eran las lesbianas secretas, como Katherine Hepburn. Mientras la Metro Goldwyn Meyer promocionaba en todas las revistas su romance con su compañero de reparto Spencer Tracy, Bowers asegura haberle proporcionado a ella cientos de morenitas (su preferencia) y a él alguna que otra noche de borrachera y sexo en su propia compañía.

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El libro se lee de un tirón y proporciona muchas historias subidas de tono (la descripción de los gustos de cada uno es “explícita”) con un estilo elegante, reflexivo, y una sabia estructura donde el cotilleo se mezcla con reflexiones sobre lo variado e irreprimible del impulso lúbrico, una mirada sorprendente a los entretelones de Hollywood y su forma de hacer películas y crear mitos, y más en lo profundo, una reflexión sobre el extraño peso de la conducta personal en el imaginario de un país fundado en las ideas de la libertad y el puritanismo.

A esto contribuye ciertamente la maestría del co-autor Lionel Fiedberg, un guionista de Hollywood quien grabó cientos de horas de entrevistas con Bowers y las armó en esta narración no lineal. Se nota la mano del experto contador de historias, junto con la memoria prodigiosa del celestino de las estrellas, que al final de su vida sale del armario de los secretos, para regocijo de los mitómanos del cine.   

[Publicado el 22/12/2013 a las 19:31]

[Etiquetas: Scotty Bowers, Servicio completo, Hollywood, Lionel Fiedberg, Anagrama, Crónicas, Spencer Tracy, Katherine Hepburn, Montgomery Cliff, Walter Pidgeon, George Cukor, Roman Gubern]

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Para Sergio Vila-Sanjuán, la cultura es un país acogedor

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Hay libros que alegran la vida. Que renuevan el gozo de la lectura, dejan enseñanzas, abren puertas a mundos desconocidos, cuentan historias apasionantes escondidas en los pliegues de la Historia. Así es La cultura y la vida, la antología de crónicas culturales de Sergio Vila-Sanjuán que publicó este año Librosdevanguardia.

De sus tres décadas dedicado con pasión y rigor al ancho mundo de la cultura (los últimos como editor del prestigioso suplemento Cultura/s de La Vanguardia), Vila-Sanjuan ya había recopilado una amplia antología: Crónicas culturales. Pero después de lanzarse a la ficción con Una heredera de Barcelona y ganar este año el Premio Nadal con la novela Estaba en el aire, volvió con nuevos bríos a un género periodístico que domina como pocos en España.

La cultura y la vida es un libro decididamente barcelonés. No solo porque muchas de sus crónicas cantan con nostalgia de una ciudad que era pobre y  digna, donde todavía no primaban el negocio y el marketing.

También porque las crónicas de otros paisajes están construidas desde una sensibilidad muy catalana. Para mí lo mejor de la “mirada catalana” al mundo está en buscar siempre entender la peculiaridad de los otros, y sobre todo acercar una vela al alma de países pequeños u olvidados.

Así, Vila-Sanjuán se pierde y se encuentra en el exquisito museo del libro del industrial y coleccionista suizo Martin Bodmer a orillas del lago de Ginebra. Así pasea por el Bucarest de Mircea Eliade, la mágica ciudad de piedras mojadas repicando bajo el trote de los caballos donde el gran filósofo de las religiones y autor de El mito del eterno retorno intimaba con intelectuales judíos mientras aprendía de un maestro fascista.

Pero el territorio emotivo y mental del autor es evidentemente su Barcelona natal. En sus calles se cruza con el gran cronista de la ciudad Lluís Permanyer, quien cuenta su ciudad como si hablara de un museo viviente. Con Permanyer recorremos una ciudad todavía culta, atenta a su pasado, reflexiva y sorprendente. ¡Qué placer caminar por Barcelona con sus ojos!

El autor pasea también por la Barcelona vibrante de los sesenta de la mano de una fauna distinta: la de los escritores de la “movida”, como Ignacio Vidasl Foix, Marcos Ordóñez, o Llátzer Moix, quienes soñaron lanzarse a la fama con una colección de cuentos que mostrara al mundo el talento del grupo. Al contar la aventura, Vila-Sanjuán muestra la ciudad titilante de esa época, cuando todo estaba por hacerse y casi todo estaba permitido.

Así, a lo largo de 14 crónicas, desfilan Ferran Adriá y su creatividad, la trágica familia del novelista chileno José Donoso, los españoles que cruzaron el mar y entraron a un nuevo siglo de la mano de la Fundación Fullbright, la celebrada tertulia de la burguesa ilustrada Isabel Llorach, el mundo de las viejas librerías condenadas y muchos lugares, historias y personajes más.

Entre todos, demuestran que el periodismo cultural es una puerta excelente para entrar a conocer una ciudad y percibir una mirada al mundo, siempre que quien nos abra esa puerta sea un caminador dotado de una cultura tan grande como su curiosidad.

 

Así es Sergio Vila-Sanjuán, y seguirlo en paseos domésticos o lejanos proporciona ese cosquilleo en la nuca que al menos a mí me viene cuando estoy aprendiendo algo valioso.   

[Publicado el 01/12/2013 a las 22:03]

[Etiquetas: Sergio Vila-Sanjuán, La cultura y la vida, Crónicas culturales, Ferran Adriá, José Donoso, Marcos Ordóñez, Llátzer Moix, Martin Bodmer, Mircea Eliade, Lluís Permanyer, Una heredera de Barcelona, Estaba en el aire]

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Para escribir crónicas tengo una herramienta secreta. Se llama Lisa.

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Lisa retozando en una laguna en un bosque del norte de Cataluña (foto tomada muy caseramente con el móvil)

Acaba de cumplir tres años. Es negra azabache y saca una lengua descomunal cuando está cansada. Es un hermoso perro labrador hembra. ¿O debería decir una labradora?

Lisa tiene las cualidades perfectas para el periodismo: se detiene a oler cada pis y caca que encuentra en la calle, mete la nariz en el culo de todos los perros con los que se encuentra, tiene mucha paciencia y se adapta con gran inteligencia emocional a los juegos que proponen los otros chuchos.

En nuestra división del trabajo familiar, yo la saco a primera hora de la mañana y  después de cenar. Cuando volvemos de una cena o un espectáculo, ni siquiera me quito el abrigo. Abro la puerta, tomo la correa y la acompaño a la calle, aunque sean las cuatro de la mañana.

Cuando Lisa y yo salimos, mientras espero que de vueltas por el pasto y se decida a bajar las patas y levantar la cola, aprovecho para pensar, meditar, decidir, evaluar. Trabajo muy concentrado. Como mis salidas con Lisa son pura acción y alegría (Lisa siempre me pone contento), me deja toda la cabeza libre para darle vueltas a la crónica, el reportaje, el perfil, la clase o el capítulo de libro que estoy tramando.

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Creo que todos tenemos que tener uno o más momentos en el día en que nos obliguemos a desempeñar una tarea que nos dé tiempo para pensar. Tenemos que estar solos – puede ser en el baño, o caminando por la calle, o en la cama, o en un sillón – o mejor aún, con una perra como Lisa, que nos mira como diciendo: ¿Ya está? ¿Ya te diste cuenta de cómo tiene que empezar esa crónica? ¿Podemos volver?

Hace un par de años estaba trabajando en un largo perfil de Plácido Domingo para la revista Gatopardo. No lo hubiera podido hacer sin esas mañanas y noches con Lisa. ¿Qué tengo hoy? ¿Cómo voy?, me preguntaba cada día mientras recogía la caca en su bolsita negra y le hacía el moño.

En uno de esos momentos me vino la primera escena como una iluminación.

En un momento de la última función de ópera que cantó Domingo antes de cumplir los 70, las chicas del coro lo elevan sobre sus cabezas, y él, acostado sobre las manos de las bailarinas, descalzo, se pone a caminar por la pared mientras canta un aria muy difícil.

Es en parte una escena circense, pero es mucho más: es gran arte, es un auto-desafío de un artista único y es la escena en la que veo, escucho, percibo con mis sentidos la locura de un hombre a punto de cumplir 70 años, que ya lo ha hecho todo, pero que necesita seguir caminando por las paredes.

Creo que es un buen comienzo, y muchos me lo comentaron después. Pero para que llegue la inspiración uno tiene que ponerse en situación, estar abierto, ayudarse. Y yo se lo debo a mi perrita negra.

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Nunca me siento a proponer, a organizar o a escribir un texto largo sin haber dedicado conscientemente dos, tres o cuatro salidas con Lisa a darle vueltas en la cabeza.

Por eso les recomiendo a los que quieran escribir algo complejo (y casi todo lo que vale la pena es complejo), que se impongan una tarea diaria que no les implique estar con otra gente, ni frente a la tele, ni ante la pantalla. Cocinar es bueno. Lavar los platos, mejor.

Pero lo mejor de todo, para mí, es hacerse con un perro como la que duerme ahora a mis pies. ¿Verdad, Lisa?  

[Publicado el 24/4/2013 a las 21:04]

[Etiquetas: Crónicas, periodismo narrativo, Plácido Domingo, revista Gatopardo]

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Jon Lee Anderson y el tortuoso camino del África post-post-colonial.

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Crónicas africanas para la revista The New Yorker

En los años setenta y ochenta, la mayoría de las viejas colonias africanas se liberó de sus amos europeos. Empezaban a vivir como estados independientes, gobernados por los héroes de la independencia. Pero pronto las esperanzas se truncaron: los liberadores se convirtieron en tiranos cleptócratas, las tribus obligadas a compartir territorio iniciaron cruentas y larguísimas guerras, los poderes coloniales volvieron en forma de amos económicos que alentaron y aprovecharon las guerras que decían combatir.

A este continente llega Jon Lee Anderson, uno de los más inquietos y ambiciosos periodistas internacionales de Estados Unidos de hoy. El resultado es una visión de África nueva, distinta a la que los medios tradicionales nos tenían acostumbrados. 

Como escribiría hoy Graham Greene si fuera reportero en África, Anderson cuenta sus viajes usando el ‘yo’ con encomiable economía, narra sus entrevistas con líderes gubernamentales y de la oposición, con víctimas y victimarios, con estudiosos y cooperantes como si fueran escenas de una novela en construcción. Hay una voluntad permanente por comprender, por más que muchos de los hechos que narra sean incomprensibles.

La mayoría de los reportajes de este libro siguen el célebre formato de los textos de política internacional de The New Yorker, donde Anderson ocupa el codiciado puesto de ‘periodista itinerante’. Son ensayos sobre los dramas de Angola, Liberia, Zimbabue, Somalia, Guinea, Libia, Sudán y Santo Tome, investigados con valentía y armas de periodista de investigación y vertidos con estilo depurado e incisivos análisis.

Anderson inició su carrera en América Latina, en un diario escrito en inglés en Lima, pero pronto se hizo un hueco en los grandes medios estadounidenses. Publicó una biografía imprescindible del Che Guevara, escribió sobre el Chile post-Pinochet, la Venezuela de Chávez y la Euskadi del final de ETA, y se curtió como reportero de guerra en las montañas de Afganistán y las calles humeantes de Iraq.

En castellano, Anagrama ya había publicado dos colecciones de sus reportajes literarios para The New Yorker: La caída de Bagdad y El dictador, los demonios y otras crónicas. Anteriormente, Emecé había publicado una traducción de sus crónicas afganas: La tumba del león.  

Esta colección de relatos verídicos del África actual completa la variedad de los temas e intereses de Jon Lee Anderson, y lanza al terreno de la no ficción a la exquisita editorial Sexto Piso. Lo único reprochable es que en el título (La herencia colonial y otras maldiciones) no mencione la palabra ‘África’. Aunque en cierta forma se adivina: la escalofriante foto de portada muestra el torso negro de un niño soldado con dos fusiles esculpidos a cuchillo.                

[Publicado el 28/3/2013 a las 19:10]

[Etiquetas: Jon Lee Anderson, La herencia colonial y otras maldiciones, La caída de Bagdad, El dictador, los demonios y otras crónicas, La tumba del león, Graham Greene]

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Biografía

Es escritor y periodista, especializado en cultura, sociedad y medio ambiente, y profesor de periodismo.
Nació en Buenos Aires en 1962, estudió sociología y teatro en su ciudad natal, periodismo en Nueva York y reporterismo ambiental en Berlín. Es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Master en Periodismo por Columbia University.
Es profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado en Santiago de Chile, donde dirige el Diplomado en Escritura Narrativa de No Ficción. Entre 1998 y 2016 vivió en Barcelona, donde dirigió por 18 años el Master en Periodismo BCN_NY, organizado por IL3-Universidad de Barcelona y la Universidad de Columbia en Nueva York. Escribe habitualmente para la revista Opera News y el diario La Vanguardia, y colabora con The New York Times en español, La Folha de Sao Paulo y la revista Ñ de Clarín en Argentina.
Herrscher es el autor de Periodismo narrativo, publicado en España por la Editorial de la Universidad de Barcelona, en Chile por SIL-Universidad Finis Terrae, en Argentina por Marea, en Colombia por Ícono y en Costa Rica por Germinal. También es autor del relato de no ficción Los viajes del Penélope, editado por Tusquets Argentina en 2007 y traducido al inglés y publicado por Südpol como The Voyages of the Penelope en 2010, y de la antología de crónicas, perfiles y ensayos sobre música El arte de escuchar (Publicacions UB, 2015).
Actualmente trabaja en Crónicas bananeras, una investigación histórica y crónica de viajes sobre las ‘repúblicas bananeras' de Centroamérica, para Tusquets. Asimismo, dirige la colección Periodismo Activo de Publicacions de la UB, elegida en 2018 como la mejor colección por la Asociación de Editoriales Universitarias.
Es autor de capítulos en los libros La noticia deseada y Soldados de Noé (Argentina), Analizando los medios y la comunicación y Domadores de historias (Chile), y La Crítica y Libro de las palabras (Colombia), entre otros. Trabajó como reportero y editor en el Buenos Aires Herald, la agencia IPS y las revistas Hombres de Maíz y Lateral. Sus reportajes, crónicas y perfiles han sido publicados en medios como La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Ajo Blanco, El Ciervo, Lateral, Room, Quimera, Gentleman, Gatopardo, Travesías, Etiqueta Negra, Página 12, Perfil, y Puentes.
Ha dado clases y seminarios en Ithaca College (EE.UU.), las universidades degli Studi di Milano (Italia), Colonia (Alemania), Católica de Valparaíso y Finis Terrae (Chile), los masters en periodismo de Clarín/San Andrés (Argentina) y U. Complutense de Madrid/ABC (España). entre otras. Es miembro de la International Associationfor Literary Journalism Studies (IALJS), y fellow del Seminario de Salzburgo y la Inter American Foundation. En 1998 obtuvo el 3er. premio de la Foreign Press Association de Nueva York. 

Blog: www.periodistanarrativo.wordpress.com

 Twitter: @RMHerrscher

 

Bibliografía

 

El arte de escuchar (2015)
Universidad de Barcelona 

Periodismo narrativo (2012)
Universidad de Barcelona

 

Periodismo narrativo (2009)
SIL-Universidad Finis Terrae 

 

 

Los viajes del Penélope (2007)
Editorial Tusquets 

Obras asociadas

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