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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 26 de mayo de 2017

 Blog de Roberto Herrscher

Hambre o veneno: el dilema del Chernóbil de Svetlana Alexievich

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Leo en la página 44 del impresionante testimonio colectivo "Voces de Chernóbil", de la última Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexievich: “Este libro no trata sobre Chernóbil, sino sobre el mundo de Chernóbil. Sobre el suceso mismo se han escrito ya miles de páginas, y se han sacado centenares de miles de metros de películas. Yo, en cambio, me dedico a lo que he denominado la historia omitida, las huellas imperceptibles de cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras. Intento captar la vida cotidiana del alma”. 

En poco más de 400 páginas, Alexievich habla poco, muy poco. Lo necesario. La descripción de una viuda sirviendo te como si su muerto fuera a volver y soplar la taza antes de sorberlo. El camino en la nieve para llegar a la casa desvencijada de un funcionario que perdió la fe. Los nombres de los sobrevivientes de Chernóbil que se sentaron a la lumbre de sus preguntas y reabrieron sus heridas para contarle sus historias.

Casi todo “Voces de Chernóbil” son monólogos de tristeza, de incredulidad, de dolor mal digerido. Los habitantes de la región de Bielorrusia donde la central nuclear explotó y liberó su veneno radioactivo en 1986 seguían haciéndose preguntas veinte años más tarde. Por qué las autoridades prefirieron negar los hechos, ocultar las consecuencias, abandonar a las víctimas. La mayoría creía en la bondad del sistema soviético. Fueron traicionados.

Hoy han pasado diez años más desde que el gran libro de Alexievich viera la luz en ruso. Hoy muchos lectores españoles e hispanoamericanos lo están leyendo, junto con su dura, flamígera hermana de testimonios “La guerra no tiene rostro de mujer”. Los leemos porque su nombre se hizo famoso tras la concesión del Nobel, que por primera vez premia a un reportero por su obra periodística.

Una de las noticias del día, la que acompaña esta foto funesta, reza: “Familias del área afectada por Chernóbil vuelven a comer alimentos radioactivos. La crisis económica azota a Rusia, Ucrania y Bielorrusia, obligando a miles de personas a volver a comer alimentos contaminados, 30 años después del desastre nuclear Chernóbil”.

La foto muestra una anciana, las manos como garras callosas, los ojos como ranuras incrédulas, mirando un billete como si el papel le pudiera contestar su pregunta de décadas. Entre los testimonios recogidos recientemente por Greenpeace, el grito ronco de una madre: “Tenemos leche y cocemos el pan aunque esté con radiación. Todo aquí es radiación”.

¿Para qué sirvió la grandiosa alianza de denuncia y arte en el libro de Svetlana Alexievich? ¿Para qué el Nobel? ¿Para qué la investigación de Greenpeace? Las madres de Chernóbil alimentan hoy a sus hijos con alimentos radioactivos. Los envenenan, porque la alternativa es matarlos de hambre. ¿En qué mundo estamos? ¿Nada cambió en 30 años? ¿Nada cambiará?

El subtítulo de “Voces de Chernóbil” da una respuesta desesperanzada y realista. Se llama “Crónica del futuro”.

[Publicado el 11/3/2016 a las 13:37]

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And the Oscar goes to… Il Maestro Ennio Morricone

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En el usualmente modesto rubro de la música para películas, este año los Oscar fueron como un duelo al sol en la polvorienta calle principal del pueblo del Lejano Oeste.

A un lado, la cantina; al otro, el banco y la oficina del sheriff. En medio de la calle, a punto de desenfundar, los duelistas. Uno es el indiscutible genio de la música de Hollywood del último cuarto de siglo: John Williams. Del otro, el más grande músico europeo de la historia del cine: el italiano Ennio Morricone.

Seguro que nunca volveremos a ver un duelo igual.   

*          *          *

Williams volvía a su pasado glorioso (la séptima entrega de Star Wars), pero Morricone, de 87 años (cuatro más que su rival) se lanzaba a un desafío nuevo: poner música a la visión postmoderna, irónica, sangrienta de la última de Quentin Tarantino.

Para reinventar el Western en Los odiosos ocho, Tarantino contrató como músico al genial inventor del sonido de las películas con las que Sergio Leone inventó el Spaghetti Western. Estoy hablando de Por un puñado de dólares, El bueno, el malo y el feo, Érase una vez en América y Hasta que llegó su hora, entre otras.

Entre sus más de 500 bandas sonoras para películas, series y programas de televisión, Morricone creó temas tan recordados como la delicada melodía para oboe de La misión o la letanía dulce para saxo de Cinema Paradiso.  La música para cine de Morricone es muy distinta a la de Williams.

Los dos son genios, tal vez los Mozart y Beethoven o los Verdi y Wagner de nuestro tiempo. Pero mientras el fuerte de Williams es lo grandioso, lo marcial, lo que enaltece, lo que nos canta, la música de Morricone se nos mete sutilmente, como una melodía que podemos cantar nosotros. O silbar, como los temas principales de Por un puñado de dólares o de El bueno, el malo y el feo.

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A diferencia del pistolero a quien se enfrentaba, Morricone nunca había ganado un Oscar por la partitura de una de sus centenares de películas, aunque fue nominado seis veces. Sí le dieron un Oscar honorífico a toda su trayectoria. Pero es increíble que el mejor músico de cine que produjo Europa no lo hubiera ganado por una banda sonora.

La asombrosa belleza sonora de Los odiosos ocho era la ocasión ideal: era su vuelta al Oeste, que no podemos imaginar hoy sin su música, y era su gran regreso, tras Kill Bill, a la alianza con Tarantino, el viejo niño terrible de Hollywood.

And the Oscar goes to… Il maestro Ennio Morricone. El primero que le dio un abrazo fue Williams, sentado a su lado en el palco. En un italiano cascado, como el que imita Brando en El Padrino, Morricone empezó diciendo que su “tributo” iba para los otros nominados y en especial “el estimado John Williams”.

El segundo tributo, a Tarantino. “No hay gran música de película sin una gran película”. El tercero, a su esposa María.

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Puedo escuchar el tema final de Cinema Paradiso cien veces seguidas y me emociona siempre. Oigo los silbidos del Oeste en las películas de Sergio Leone y se me dibuja una irónica sonrisa a lo Clint Eastwood. Camino por una selva tropical y me empieza a zumbar, como una mariposa de música, el oboe de La Misión.

Gracias, maestro. Y cuánto tardó.   

[Publicado el 29/2/2016 a las 11:36]

[Etiquetas: Ennio Morricone, John Williams, The Hateful Eight, Los odiosos ocho, Quentin Tarantino, Sergio Leone, La misión, Cinema Paradiso, Kill Bill, El feo, el]

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John Williams: la banda sonora de nuestra vida

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¿Ganará esta noche el mítico John Williams su sexto Oscar? Compite con la banda sonora del regreso de Star Wars: El despertar de la fuerza. Lo gane o no, sus melodías seguirán siendo parte de nuestra memoria colectiva y personal. El Tiempo de Bogotá me pidió un perfil del maestro, que el diario publicó hoy. Aquí está. Que la fuerza nos acompañe a todos.

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Casi al final de Encuentros cercanos del tercer tipo, el protagonista, Roy Neary, un empleado de una compañía eléctrica interpretado por Richard Dreyfuss, se encuentra finalmente con la nave extraterrestre que atormentaba sus sueños. Todos lo daban por loco salvo un par de científicos.

Estos científicos crearon un código no verbal para comunicarse con los alienígenas. Es una sucesión hipnótica de cinco notas que desde entonces forma parte de la historia del cine: Si bemol, Do, La bemol, otro La bemol pero un octava más abajo y Mi bemol.  

En ese momento mágico al final de la película, los científicos hacen sonar por los altavoces de un estadio el comienzo de la melodía, y desde la nave espacial se escucha el final, el La bemol profundo, con una potencia que rompe los vidrios de una cabina de transmisión y llena de alegría los corazones de Roy y de generación tras generación de cinéfilos.

Esa escena es el triunfo de la música como comunicación absoluta.

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En una reciente Master Class para alumnos de cine que daban John Williams, el compositor de la música de esa película, y su director, Steven Spielberg, los dos explicaron cómo en casi todas sus películas juntos (Tiburón, ET, Indiana Jones, La lista de Schindler y tantas otras), Spielberg hacía primera versión de la película y después Williams empezaba a pensar en qué música podía acompañar las imágenes y los diálogos.

En todas menos en esta.

En Encuentros cercanos la música, y sobre todo esas cinco notas, son el eje de la historia: son la forma de comunicarse con una civilización desconocida, un mensaje de paz a posibles invasores.

“En Encuentros cercanos tuvimos que hacer al revés: primero vino la música”, explicó Spielberg a los estudiantes.

La película es de 1977. Los dos fueron candidatos al Oscar. Para Spielberg era la primera de sus 17 nominaciones. La última, este mismo año por El puente de los espías. Pero Williams, con sus 50 nominaciones, es el artista de cualquier categoría que más veces ha optado al premio más famoso del cine.

El compositor la ganó ya cinco veces: la primera a la mejor música adaptada por la que arregló para la película basada en la comedia musical El violinista en el tejado en 1971.

Por mejor música original lo logró con Tiburón (1975), La Guerra de las Galaxias (1977), E. T.: El extraterrestre (1982) y La lista de Schindler (1993).

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Detengámonos en la que da inicio a la saga de La guerra de las galaxias de George Lukas. Esta banda sonora concentra todas las virtudes que hacen de John Williams el gran autor de música para películas de aventura, fantasía, ciencia ficción y emoción desbordada.

Desde el puro inicio de los créditos, junto con las letras que van desapareciendo en un cielo estrellado, las trompetas y los trombones inician una fanfarria marcial, una melodía de gran fuerza expresiva. Inmediatamente, las cuerdas arrancan con un contratema a la vez lírico y enérgico, después de lo cual vuelve el tema principal: A-B-A, la vieja forma sonata de los maestros del barroco y el clasicismo.

Música nueva y un guiño al pasado. Los jóvenes se fascinan por el resultado. Los eruditos, por su sapiencia compositiva.

Para la pianista y periodista musical colombiana Laura Galindo, “las melodías de John Williams son simples, se pueden cantar, la gente las puede aprender de memoria, pero a la vez están muy bien orquestadas, armonizadas y producidas. Y lo más importante en música de películas: cuentan cosas que la imagen no está diciendo”.

Este año este gran artista vuelve a ser candidato a los Oscar por la última película de esa serie Star Wars: El despertar de la fuerza. Esta noche sabremos si ganó su sexta estatuilla. Lo gane o no, estoy seguro de que mañana lunes estará en su mesa de trabajo creando sonidos.

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Lo lleva haciendo día a día desde 1958. Desde entonces John Williams lleva sobre sus espaldas más de cien bandas sonoras de películas en todos los géneros, de las cuales legó al imaginario colectivo de tres generaciones las músicas que nos acompañan en la tristeza (ese lastimoso violín de La lista de Schindler), los sueños de la niñez (esa delicada melodía en las cuerdas durante la escena de las bicicletas voladoras en E.T. el extraterrestre), el peligro de la maldad (los timbales insistentes de Darth Vader) o la fascinación de la magia (el tema principal de Harry Potter).

Escuchando las asombrosas melodías de John Williams, todos volvemos a ser niños.

Sus partituras vuelven la vista atrás, a la gran música sinfónica para películas del Hollywood de los años 40, pero sin que parezcan a anticuadas. Las grandes orquestas, de la Filarmónica de Berlín a la Sinfónica de Boston, suelen incluir su música en los conciertos.

Y no solo las bandas sonoras: Williams ha compuesto música “culta”, conciertos y obras de cámara, y temas para las más diversas ocasiones y celebraciones, incluyendo cuatro juegos olímpicos y tres informativos de televisión.

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Sí: estamos rodeados de la música de John Williams. Podríamos sentar a casi cualquier persona que afirma no haber escuchado música sinfónica en su vida y sería capaz de reconocer al menos diez melodías de Williams. Sin saber que son de él, por supuesto, porque el valor supremo de un creador de músicas es que sepamos tararearlo, silbarlo, mover las manos y esbozar una sonrisa… y que su nombre no nos suene.

Es que la música de John Williams parece surgirnos de un rincón secreto de nuestra propia sensibilidad. Es tan perfecta que imaginamos que las escenas de las películas que tuvieron la fortuna de contar con su banda sonora fueron hechas sin música, y la música se la vamos poniendo nosotros a medida que se suceden las escenas. No pueden tener otra: es la música que les va.

Por eso yo creo que John Williams es un extraterrestre de los que vienen en el enorme platillo volador de Encuentros cercanos del tercer tipo. Sí, habla y muy bien. En la grabación de la clase magistral que da a alumnos de cine con su gran aliado Spielberg se expresa con soltura, con humildad, con gracia, con mucha precisión. Pero su forma de comunicación es la música y mediante la música nos llega al alma.

Y por eso creo que Encuentros cercanos es la película que mejor lo define: como los científicos que buscan una forma de entenderse sin palabras con seres de otra galaxia, John Williams diseña una vez y otra vez (¿cómo lo hace?) melodías profundas en su sencillez, que quedan colgada en el aire, y un segundo antes de disolverse en el silencio, se prenden a nuestra memoria como si siempre hubieran estado ahí.    

[Publicado el 28/2/2016 a las 13:58]

[Etiquetas: John Williams, Steven Spielberg, George Lukas, La guerra de las galaxias, Star Wars, El despertar de la fuerza, E.T., Encuentros cercanos del tercer tipo, Tiburón, El violinista en el tejado, La lista de Schindler, Laura Galindo]

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¿Puede lo destruido por el ISIS volver a la vida?

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Material Speculation: ISIS, King Uthal. Foto de la web del proyecto

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas ciudades europeas reconstruyeron sus centros históricos, sus catedrales y sus palacios piedra a piedra, para que se vieran como si los bombardeos nunca los hubieran tocado. Fue una laboriosa y fascinante tarea de reparación emprendida unos años después del final del conflicto.

Pero esta época es mucho más confusa y mucho más rápida que aquella: ahora las reconstrucciones se llevan a cabo en medio de la guerra, en plena destrucción, siguiendo los pasos de los demoledores de la memoria.

La artista iraní Morehshin Allahyari lidera unl proyecto artístico, político y tecnológico: recuperar las obras antiguas destruidas por el Estado Islámico a medida que avanzan las huestes de Daesh por los desierto se Siria e Irak. El proyecto se llama “Material Speculation: ISIS”

Para ello reconstruyen las esculturas recién demolidas diseñándolas por ordenador para posteriormente imprimirlas en 3D. Como es arte digital que corporiza una máquina, se pueden imprimir cuantas veces se quiera.

Por ejemplo, la foto que acompaña esta noticia muestra la resurrección de una estatua de la era Romana del Rey Uthal de Hatra, obra que fue destruida por Estado Islámico hace un año.

¡Ojalá se pudiera volver a la vida a los “herejes” decapitados, a las mujeres lapidadas, a los homosexuales arrojados desde terrazas! El primero que reviviría yo sería el valiente arqueólogo Khaled al-Asaad, torturado y asesinado por negarse a revelar el sitio de los tesoros del sitio de Palmira. Ni la más avanzada tecnología es todavía capaz de revertir esos horrores.

Con la recreación de estatuas como la del Rey Uthal, el grupo de Morehshin Allahyari espera “reparar la historia y la memoria”, porque el proyecto “va más allá del gesto metafórico”. Cada escultura guarda en su interior un lápiz USB. “Como cápsulas de tiempo, estos objetos están sellados y guardan el pasado para las generaciones futuras”. Los lápices de memoria incluyen imágenes, mapas de dónde se construyeron y destruyeron los objetos, archivos PDF y videos.

Esta alianza de arte, lucha contra el olvido y tecnología de impresión 3D es el último de los instrumentos de la lucha por la memoria y contra el fanatismo destructor. Lo único que falta es que en esta Europa pusilánime, estas estatuas de cuerpos libres de pecado no se tapen después al paso de los clérigos con petrodólares.

[Publicado el 26/2/2016 a las 10:19]

[Etiquetas: Morehshin Allahyari, Material Speculation ISIS, Rey Uthal de Hatra, Khaled al-Asaad]

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El alumno de mi ex alumno me entrevista sobre periodismo narrativo

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Carlos Vázquez entrevista al escritor Fermín Bocos en un ejercicio del Máster en Periodismo BCN_NY de la Universidad de Barcelona el día de Sant Jordi de 2009

El mayor orgullo de los profesores es cuando nuestros alumnos se convierten en maestros.

Hace ocho años, el gallego/puertorriqueño Carlos Vázquez se lanzó con valentía y suma pericia a hacer un gran trabajo final en el Máster en Periodismo BCN_NY de la Universidad de Barcelona: con su compañero, el sudanés Awad Mohamed Awad-Youssif, recorrieron un país al borde de la división. Con el trabajo de Carlos y Awad aprendí mucho de Sudán, del lugar del pasado y la memoria en la identidad, sobre todo de periodismo.

Hoy Carlos Vázquez enseña en la Universidad del Sagrado Corazón en Puerto Rico. Araíz de mi libro Periodismo narrativo, un alumno de Carlos me entrevista a distancia. Por sus preguntas precisas y directas noto que está en manos de un buen maestro. 

Esta es la entrevista que me hizo Luis Aponte, alumno de periodismo puertorriqueño.  

¿Qué definición podría dar del periodismo narrativo?

Informar contando. Tan simple como eso. “Déjame que te cuente…”, como decía Chabuca Granda cuando empezaba a contar en su canción la historia de La flor de la canela. Yo creo que es la forma más natural de transmitir información, pero en estos tiempos se ha convertido en una rareza. No es un estilo, admite muchísimos. Casi tantos como autores. No es un género: caben la crónica, el perfil, el reportaje y hasta la entrevista y el análisis narrado.

¿Hasta qué punto la literatura tiene que ver con el periodismo narrativo?

El periodismo narrativo se emparenta con la literatura porque se centra en contar una buena historia de la manera más clara y atractiva posible. La única diferencia es que en el contrato tácito con el lector, los periodistas narrativos prometemos que todo lo que vamos a contar es cierto: que los personajes existen, que hicieron lo que decimos que hicieron y que dijeron lo que les atribuimos. Si hay análisis y opiniones, esas sí corren por nuestra cuenta, pero el lector tiene que saber que está ante una historia cierta.

Uno de los puntos de debate es el tema de si la narración debe ser clara, fácilmente comprensible. En estos tiempos de poca lectura, sobre todo por parte de muchos jóvenes, cada vez es más difícil saber qué es fácil de entender y qué no. Por eso creo que los mejores escritores y los mejores lectores de periodismo narrativo son los que también leen ficción, poesía, ensayos, los ven películas y series buenas, los que van a exposiciones de arte, los que están al tanto de las corrientes artísticas.

¿Es claro Shakespeare? El formarse como lector o como público de teatro y cine consiste, entre otras cosas, en lograr que Shakespeare te sea claro. Pero es un error, pienso yo, rebajar el arte y la complejidad de lo que escribimos para que lo entiendan los que no quieren hacer el más mínimo esfuerzo. Entender un texto que intenta contar la vida tal como es lleva tanto esfuerzo como entender la vida misma.

Usted tituló su libro: "Periodismo Narrativo: cómo contar la realidad con las armas de ficción." ¿A qué exactamente se refirió al plantear eso?

En la edición centroamericana de mi libro, publicada por Germinal en Costa Rica, esa relación con la palabra “armas” es muy directa: en la tapa hay un dibujo de un fusil que se transforma en un lapicero. Es un desafió, tal vez una broma macabra en una región muy violenta. La pluma, o el teclado de la computadora, es nuestra arma. Pero con arma me refiero básicamente a una herramienta que sirve para actuar sobre la realidad. Y la ficción, que es la parte principal de la literatura, ha creado formas, estructuras, estilos, modos de percibir y de estructurar y narrar y jugar con las palabras y reflexionar en voz alta sobre aquello mismo que se está escribiendo. De todo lo que inventa, crea, juega, propone la literatura, el periodismo narrativo puede aprender y “copiar” en el buen sentido, para que su relato sea de alto nivel, creativo, atractivo, y también y especialmente, que ayude a entender y ver mejor la realidad.

¿Cuál es la principal diferencia entre el Periodismo Narrativo y el estilo tradicional periodístico?

En mi libro dejo en claro que no creo que proponer, recomendar o hablar bien del periodismo narrativo tenga necesariamente que basarse en hablar mal o insultar al llamado “periodismo tradicional”. La llamada “pirámide invertida”, el contar brevemente qué pasó, quién lo hizo, cuándo, dónde, por qué… empezando por lo más importante y sin pensar en una estructura narrativa sino en un listado de datos, es necesario para dar noticias urgentes y muchas veces, útil para enterarse de lo que acaba de suceder. Transmitir información de forma sencilla, directa, rápida. El género de la noticia. No hay nada malo en eso.

Pero el periodismo narrativo es para periodistas con ganas, talento y ambición de hacer otra cosa: ganas de hacer literatura de no ficción, contar con tiempo y gusto por la creación, el estilo artístico y la estructura original, una historia mediante la cual se entienda mejor lo que sucede. Como yo lo explico a mis alumnos, la noticia te informa de lo que pasa. El periodismo narrativo te permite entender qué nos está pasando, y por qué.

Mucha gente ve el periodismo narrativo como un estilo complicado, y que se va fuera de lo que es realmente periodismo. ¿Qué opina usted sobre eso?

Entender una realidad complicada exige un cierto esfuerzo. El mundo es complicado. Nuestra propia vida es complicada. Una vez dicen que le pidieron a Einstein que explicara la teoría de la relatividad en un minuto y con palabras simples. Dijo que podía hacerlo… pero que no sería la teoría de la relatividad. ¿Qué son los puertorriqueños, por ejemplo? ¿Cómo se sienten? ¿Latinoamericanos, estadounidenses, un poco de cada cosa? ¿Se sienten cómodos en su actual estatus en Estados Unidos? ¿Y esto cambió de la época de tus abuelos a la de tus padres y a la tuya? Cuando se miran en el espejo, ¿qué ven?

Mediante las armas del periodismo narrativo, yo puedo seguir por ejemplo a varios habitantes de la isla durante un mes, tal vez hombres y mujeres de tres generaciones distintas, y tratar de entender qué son, quiénes son, cuál es su compleja identidad colectiva, su pertenencia, su relación con los dos mundos – el latinoamericano y el angloparlante – donde están en complejo balance. Y contar su historia a través de lo que hacen y dicen.

Lo que quiero decir con este ejemplo es que si uno quiere entender una realidad más profunda que la cáscara, tiene que bucear, y que el periodismo narrativo nos ayuda a eso. Si la pregunta es básica, simple, y llamas periodismo narrativo a contar lo simple con palabras complicadas y frases largas… entonces estoy de acuerdo en que no es necesario. ¡Y que no es periodismoni ná

¿Puede mencionar algunos próceres del periodismo narrativo, y si tiene un favorito?

 

Primero, mi maestro, Ryszard Kapuscinski. En Puerto Rico está la académica que mejor lo ha estudiado en idioma castellano: Sarah Platt. Su tesis de doctorado sobre la obra del polaco es modélica. Yo le dedico a Kapuscinski un capítulo entero de Periodismo narrativo (a los otros autores los pongo en grupos de tres o cuatro). Ahora estoy leyendo y escribiendo mucho sobre una autora que admiro muchísimo: la mexicana Elena Poniatowska. Y de los periodistas narrativos de mi país, Argentina, mi preferido, un genio de la literatura de lo real, es Tomás Eloy Martínez. De los maestros del nuevo periodismo estadounidense, mi preferido es Gay Talese.

[Publicado el 19/2/2016 a las 13:13]

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La culpa del mono ladrón

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No nos une el amor sino el espanto, declaró Jorge Luis Borges sobre su relación con Buenos Aires, la ciudad que amaba odiar. A los humanos y a los animales nos unen muchas cosas, pero hasta ver esta foto no había notado que lo más importante es el espanto: la capacidad para ser humillados, castigados, reducidos a la infelicidad.

En su tragedia, este mono es como nosotros.

Esto explica el pie de esta triste foto: un mono que robaba a los tenderos y toqueteaba a las mujeres en Bombay fue “atado, enjaulado y expuesto a la humillación pública”. Era un mono juguetón y hábil: robaba cojines de una tienda, los despanzurraba, se divertía viendo volar los pedacitos y huía con celeridad.

Tras seis meses de sufrir sus monerías, los vecinos contrataron a un experto, quien capturó al mono. Los medios se hicieron eco de su humillación pública.

No se alarmen. Según sus declaraciones a diarios locales, los tenderos no piensan acabar con el macaco. Aseguran que lo “pondrán en libertad aunque aún no se sabe los días que permanecerá enjaulado para cumplir la pena por lo que ha hecho”.

Pero mírenlo: ¿no les da lástima? En su cabeza gacha, su boca entreabierta en un lamento, sus manos atadas detrás de la espalda y su visible tristeza, el mono es más humano que nunca. No le pegan, no lo mutilan, no lo matan: lo humillan. Y en su sentirse humillado se humaniza mucho más que los perros que aprenden a sumar, que los delfines que cumplen órdenes en el acuario o que los caballos danzantes de Viena.

Los animales inteligentes pueden ser más o menos inteligentes que nosotros. Pero no nos identificamos con sus proezas intelectuales. Podemos admirarnos con la mente del otro, no identificarnos. Lo que une es el sentimiento.

¿Cualquier sentimiento? Yo creo que no todos valen. La alegría del perro que se vuelve loco cuando volvemos nos simpatiza, pero es demasiado loco. La elegante indiferencia del gato nos causa gracia, pero es demasiado poco.

En cambio, este mono dolido, vencido, nos llega al alma. Cuando humillan a un semejante, nos humillan a nosotros. La humillación del otro nos subleva, debe sublevarnos.

 

No venimos del mono: vamos a su dolor. ¿Cuántas veces no nos hemos sentido como este mono atado?

[Publicado el 16/2/2016 a las 13:10]

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¡Cuidado con el esperpento!

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El precandidato republicano Donald Trump y la ex candidata a la vicepresidencia de EEUUSarah Palin

Les salió bien con Ronald Reagan. Les salió bien con Bush padre y con Bush hijo. Pero les estoy hablando de una era geológica remota. De una época antes de la era de las redes sociales, antes de los programas cómicos como usinas exclusivas de información para millones, antes de las práctica desaparición para amplias capas de la población de noticias que no sean entretenimiento. 

El sistema funcionaba así: el Partido Republicano quería volver al poder con un candidato ultraderechista. Los multimillonarios dueños del país y donantes del partido querían extender aún más la ley de la selva. Pero para que su candidato fuera visto como progresista, moderado, representante de toda la nación, le inventaban un contrincante tan extremo que a su lado, Reagan y los Bush parecían de centro. Así era Pat Buchanan. Así era Alan Keys.

La estrategia se parecía a la de los equipos del Tour de Francia. En el comienzo de las larguísimas primarias un loco salía disparado y el pelotón lo seguía. El líder avanzaba a paso seguro, y cuando todos se habían cansado de perseguir al demente, el líder ocupaba su lugar. En ese tiempo, donde la mayoría de la población se informaba por los diarios, las radios de noticias serias y los informativos de la noche de los grandes canales, Donald Trump hubiera ocupado ese lugar de divertido extremista. Después el candidato avalado por los grandes poderes – Ted Cruz, Marco Rubio, Jeb Bush u otro – daría el paso del mundo de los chistes y la vergüenza ajena al de la alta política.

Pero a esta altura los mandamases de la derecha dura estadounidense deben haberse dado cuenta ya de su error. El tupé esponjoso de Trump no baja. Para una franja enorme y creciente de la población, no hay más política que el entretenimiento ni más información que el insulto sin fundamento. Trump tiene su propio dinero y puede seguir en campaña cuanto quiera. Y ya no es vergonzante querer ser como él. Es rico, es atrevido, es triunfador. Se ríe de su impresionante mal gusto. Sus chistes xenófobos, machistas, racistas y soeces son vistos como un discurso de valentía políticamente incorrecta.

Ahora se alía con Sarah Palin, que ahuyentó millones de votantes en la campaña de los republicanos hace ocho años. Dobla la apuesta. En la sociedad del espectáculo brutal, Trump sabe que tiene que hacerla y decirla cada vez más gorda. No puede quedarse con las burradas del mes pasado.

Lo más terrible no es que los mandarines republicanos hayan calculado mal y se estrellen con su candidato payaso que cautiva a la derecha dura pero no cala entre los indecisos y los independientes. Lo peor sería que hayan entendido bien el cambio de época. Y que el loco fascista sea el verdadero candidato. Y que tengan razón y que gane.  

[Publicado el 26/1/2016 a las 19:45]

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Los 75 de Plácido Domingo

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Plácido Domingo como Macbeth en Valencia. Foto de Tato Baeza

Esta semana Plácido Domingo cumplió tres cuartos de siglo. Y sigue con un ritmo endiablado. No es que se limite a seguir: como en cada momento de su carrera, está empezando: estrena papeles, graba discos populares, actúa en lugares nuevos… El Tiempo de Bogotá me pidió una semblanza del anciano imparable. El gran editor de su edición dominical Bernardo Bejarano no tuvo que rogarme mucho. Aquí está.

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En diciembre de 2015, Plácido Domingo estrenó su papel número 143… o tal vez es el 144. Ya no los cuenta. Salió a escena en el enorme teatro en forma de navío volcado, El Palacio de las Artes de Valencia, con el uniforme marcial del Macbeth de Giuseppe Verdi.

A lo largo de cuatro horas, sobre un escenario despojado, las brujas le pronosticaron que reinaría; instigado por su malvada esposa mató al rey y ocupó su lugar; cometió crímenes y desmanes; fue corroído por la culpa y murió a manos de sus enemigos. Cerca de la medianoche, con el frío del diciembre español envolviendo el edificio, el gran artista cantó su última aria con esa voz inconfundible y fue ovacionado por un público que nunca lo abandonó.

Estaba a punto de cumplir los 75 años.

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La página web de Plácido Domingo se abre con la frase en inglés: ‘If I rest, I rust’. O sea: si me detengo, me oxido. Y no para nunca: el último año cantó óperas, conciertos en los cinco continentes, grabó discos de villancicos y de canciones del Mediterráneo, recibió premios, dirigió grandes orquestas…

‘If I rest, I rust’. Suena como el lema de un viejo roquero. Él no es un roquero pero se mueve como pez en la pecera de la cultura popular: consiguió hacerse inmensamente popular sin abaratarse. Domingo siempre combinó la ópera al más alto nivel con una apertura al cine, la televisión y los espectáculos de masas, como Los tres tenores.  

Triunfó en el cine haciendo óperas completas, no comedias ni pastiches. En los ochenta, Francesco Rossi lo guió en su mejor interpretación para la pantalla: una Carmen vibrante y pasional. Estas películas son clásicos que lo colocan entre los grandes actores de cine. No por nada el gran intérprete de Shakespeare, el inglés Lawrence Olivier, dijo que el Otelo cantado de Domingo era mejor que el suyo hablado. 

*          *          *

Muchos consideran a Domingo el mejor tenor de nuestro tiempo, o incluso de la historia. ¿Pero en qué es el mejor Plácido Domingo? Luciano Pavarotti tenía una voz más hermosa, una naturalidad incomparable y unos agudos insultantes; Alfredo Kraus era más aristocrático y elegante en el repertorio romántico francés; Fritz Wunderlich, más perfecto y vibrante en Mozart. Pero Domingo es el gran artista completo: el gran músico, el gran actor, el gran comunicador que canta como cantaríamos sus oyentes si supiéramos cómo.

No es el primero si se toman cualidades y repertorios por separado; pero es el mejor de todos en el conjunto, por ser ambicioso sin perder la bonhomía, por ser insaciable sin perder capacidad para que nos identifiquemos con él. Y sobre todo porque lo vemos esforzarse al máximo. Porque, como un atleta, a todo llega, pero todo le cuesta.

*          *          *

¿Y cómo es su voz? Como la describió el gran cellista ruso Mstislav Rostropovich, se proyecta con la sonoridad, los armónicos, la profundidad, la humanidad de un violoncelo. El mismo Domingo prefiere la metáfora del chocolate caliente. Describe su propia voz como espesa, con un centro sólido y firme, una impresionante seguridad en los graves – que le permiten ahora cantar como barítono – y unos agudos esforzados, a los que llega como después de un prodigio de voluntad y técnica. Con una gran inteligencia musical y dramática, el tenor se apropia magistralmente de papeles que no parecen hechos para él.

Con  la entrada al siglo XXI inició una nueva carrera: dejó de ser tenor y pasó a ser barítono, una tesitura más grave. La voz ya no tiene el brillo de antaño pero conserva fuerza, expresividad y una capacidad de comunicación que más quisieran los divos de hoy.

Para reemplazarlo, para interpretar todo su repertorio, la nueva generación requiere de al menos cuatro cantantes. Pero si juntamos a los cuatros mejores tenores del momento, entre todos no hacen un Plácido Domingo. 

[Publicado el 22/1/2016 a las 15:59]

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Luces y sombras del cierre de Al Jazeera America

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Al Jazeera cierra su canal de cable en Estados Unidos. La cadena caterí lo anunció esta semana y se hará efectivo a finales de abril. Termina así un sueño que prometía nuevos caminos en el periodismo televisivo pero que también causaba preocupación a los que damos valor a la independencia de los medios.

La aventura duró poco. Al Jazeera había comprado el canal Current TV al ex vicepresidente Al Gore en agosto de 2013 por 500 millones de dólares. Para su expansión a América, contrataron a reputados periodistas de la ABC, de CNN, de la FOX… Tenían grandes ambiciones.  

Pero desde el comienzo se encontraron con un serio inconveniente: los grandes distribuidores, AT&T y Time Warner Cable, se negaron a incluir su señal en sus ofertas: alegaban que tenían contratos con Current TV, no con Al Jazeera. Sin embargo, la operación siguió adelante: el petróleo del emirato de Catar proveía fondos casi ilimitados. Hasta que el precio del petróleo se desplomó. De cien dólares el barril a treinta, y puede que siga bajando.

 “Nuestro modelo de negocio no es sostenible”, reconoció este miércoles en una carta a los empleados Al Anstey, consejero delegado de la filial de la cadena en EEUU. 

¿Es una noticia buena o mala? Por un lado, si bien no tenían mucho público, Al Jazeera significaba una voz distinta, la entrada de otras perspectivas y puntos de vista en un mercado con miles de canales todos difundiendo la misma idea. Al Jazeera entrevista a las víctimas de los drones que lanza Estados Unidos; a los palestinos víctimas del cerco israelí; a los campesinos de África; a los intelectuales de Oriente. Y se cuentan historias largas, complejas, bien investigadas, hechas por los reporteros de la emisora o por periodistas y productores free-lance con ideas nuevas y miradas alejadas del discurso “mainstream”.

Pero por otro lado, como denuncia el director adjunto de El País Lluís Bassets en su libro “El último que apague la luz. Sobre la extinción del periodismo”, Al Jazeera es la punta de lanza de los “medios soberanos”, que responden a los intereses de los gobiernos que los sostienen. Y si en muchos temas pueden informar con libertad porque no dependen del dinero de las grandes corporaciones, en lo que hace al creciente poder del país que paga todas sus facturas, Catar, esa libertad encuentra su límite. Ahora, cuando los televidentes necesitan entender el conflicto entre los bandos suníes y chiíes en Medio Oriente y cuando se debate la organización del Mundial de Fútbol de Catar, Al Jazeera usa su prestigio para avanzar la causa de su dueño.

Los “medio soberano” tienen sus peligros, como muestra el avance de Russia Today y el canal chino CCTV, que mezclan sin pudor información y propaganda. Obviamente, los medios “libres” también tienen sus servidumbres, y muy fuertes. Sin embargo y sabiendo esto, Al Jazeera sigue siendo una voz necesaria por la calidad de sus noticias, la amplitud de sus voces y puntos de vista y la profundidad de sus documentales.

 

Con sus luces y sombras (que el televidente advertido conoce), creo que su desaparición de la parrilla del cable en Estados Unidos es una mala noticia. 

[Publicado el 15/1/2016 a las 00:47]

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El legado del filántropo ecologista

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El fundador de las marcas de ropa de aventuras “Esprit” y “The North Face” era para muchos ecologistas una cara amable del Norte en el Sur. Para otros, una peligrosa vanguardia de un nuevo imperialismo “verde”. En medio de esa controversia, Douglas Tompkins murió el miércoles 9 de diciembre en su adorada Patagonia chilena, y murió en su ley.

Tompkins, de 72 años, volcó en su kayak en las heladas aguas del lago General Carrera. Según la Armada de Chile, el fuerte viento hacía desaconsejable surcar el lago, pero el empresario desafió las olas de tres metros de alto. Seis horas después de su rescate, Tompkins murió en el hospital de Coyhaique. Termina así la vida de un emprendedor pionero de la “ecología profunda”, un soñador y un guerrero.

Desde pequeño le atrajo la aventura en los grandes espacios naturales de Estados Unidos. Con sus marcas de ropa mezcló el éxito empresarial con sus ideales. En los ochenta se trasladó a vivir a Chile y en ese país y Argentina dedicó gran parte de su fortuna a una empresa quijotesca que para algunos locales era una ayuda en la preservación del ambiente y para otros, un peligro.

Compró tierras (al final fueron más de un millón de hectáreas, más otro millón largo en donaciones de sus amigos) Algunas, como el Parque Pumalín, las donó a fundaciones privadas para que fueran de acceso público. Otras, como el Parque Nacional Corcovado, las donó al estado chileno. También compró grandes terrenos para la conservación en los alrededores del Parque Nacional de Iberá, en el noreste de Argentina.

Pero esta práctica, muy extendida en Estados Unidos, fue vista desde el principio como peligrosa por movimientos sociales y sectores de izquierda en el Cono Sur. ¿Por qué este empresario compraba tantas tierras? En la geografía chilena, larga y estrecha, hay sitios en el sur que no se pueden atravesar hoy sin pasar por tierras de Tompkins. ¿No sería la pasión ecológica una tapadera para otros intereses?

El filántropo dio la cara a sus críticos, pero lo cierto es que sus ideas siempre atrajeron más a líderes de la derecha que de la izquierda. Había un tufillo de suficiencia en esta idea de que él podía cuidar mejor los espacios naturales que los estados del Sur. Y a veces, como en el escándalo reciente por su permiso a un amigo para cazar caballos salvajes en una de sus haciendas, los gustos de los millonarios que lo apoyan chocan con su ideario personal austero y humanista.

Hoy la polémica se detiene para rendir homenaje a un hombre que vivió sus sueños, que se instaló en los duros paisajes que quería proteger, que protegió muchos ecosistemas e impidió su destrucción, y fue consecuente hasta el final. Pero mañana, cuando los herederos de Tomkins hereden muchas de esas tierras, sus admiradores y adversarios se encontrarán con que nadie sabe qué harán con su emporio y su legado.

Probablemente sus intenciones de Douglas Tomkins eran buenas Pero dejar el bien de todos en manos de unos pocos tiene esa dificultad. ¿Qué pasará ahora con el patrimonio público que tantos gobiernos, empresarios y organizaciones dejaron en las manos de un hombre?

[Publicado el 13/12/2015 a las 22:47]

[Etiquetas: Douglas Tompkins, Esprit, The North Face, Parque Pumalín, Parque Corcovado, Parque Nacional del Iberá]

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Biografía

Es periodista, reportero especializado en cultura, sociedad y medio ambiente, y profesor de periodismo.

Nació en Buenos Aires en 1962, estudió sociología y teatro en su ciudad natal, periodismo en Nueva York y reporterismo ambiental en Berlín. Es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Master en Periodismo por Columbia University. Desde 1998 vive y trabaja en Barcelona, donde dirige y enseña en el Master en Periodismo BCN_NY, organizado por IL3-Universidad de Barcelona y la Universidad de Columbia en Nueva York. Es el corresponsal en España de la revista Opera News.

Herrscher es el autor de Periodismo narrativo, publicado por SIL-Universidad Finis Terrae en 2009, y del relato de no ficción Los viajes del Penélope, editado por Tusquets Argentina en 2007 y traducido al inglés y publicado por Südpol como The Voyages of the Penelope en 2010. Actualmente trabaja en Crónicas bananeras, una investigación histórica y crónica de viajes sobre las ‘repúblicas bananeras' de Centroamérica, para Tusquets. Asimismo, dirige la colección Periodismo Activo de Publicacions de la UB, donde saldrá este año la versión española de Periodismo narrativo.

Es autor de capítulos en los libros La noticia deseada y Soldados de Noé (Argentina), Analizando los medios y la comunicación y Domadores de historias (Chile). Trabajó como reportero y editor en el Buenos Aires Herald, la agencia IPS y las revistas Hombres de Maíz y Lateral. Sus reportajes, crónicas y perfiles han sido publicados en medios como La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Ajo Blanco, El Ciervo, Lateral, Room, Quimera, Gentleman, Gatopardo, Travesías, Etiqueta Negra, Página 12, Perfil, y Puentes.

Ha dado clases y seminarios en Ithaca College (EE.UU.), las universidades degli Studi di Milano (Italia), Colonia (Alemania), Católica de Valparaíso y Finis Terrae (Chile), los masters en periodismo de Clarín/San Andrés (Argentina) y U. Complutense de Madrid/ABC (España). entre otras. Es miembro de la International Association for Literary Journalism Studies (IALJS), y fellow del Seminario de Salzburgo y la Inter American Foundation. En 1998 obtuvo el 3er. premio de la Foreign Press Association de Nueva York.

 

Blog: www.periodistanarrativo.wordpress.com

 

Twitter: @RMHerrscher

 

Bibliografía

 

El arte de escuchar (2015)
Universidad de Barcelona 

Periodismo narrativo (2012)
Universidad de Barcelona

 

Periodismo narrativo (2009)
SIL-Universidad Finis Terrae 

 

 

Los viajes del Penélope (2007)
Editorial Tusquets 

Obras asociadas

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