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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 26 de mayo de 2017

 Blog de Roberto Herrscher

Bomarzo 2007 como juego de espejos: película, ópera, novela, historia

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Bomarzo es un antiquísimo pueblo romano del Lazio. En el siglo XVI Pier Francesco Orsini, cuya familia fue dueña del lugar por generaciones, mandó construir allí un extrañísimo jardín de monstruos de piedra.

En 1962, el escritor argentino Manuel Mujica Láinez usó esta historia para escribir Bomarzo, su novela más ambiciosa. Cinco años más tarde, el gran músico Alberto Ginastera, con Mujica Láinez como libretista, compuso su ópera más famosa: Bomarzo. La ópera fue prohibida en Argentina durante la dictadura de Juan Carlos Onganía y tildada de escandalosa por su contenido de sexo, violencia y parodia de los ritos cristianos.  La ópera finalmente se estrenó en Washington, y dio lugar a un disco que circula entre los melómanos. En marzo de 2017 Bomarzo se estrenará en el Teatro Real de Madrid.

Pero la polémica siguió dando juego a la reflexión y la creación. En 2003, el sociólogo y musicólogo Esteban Buch publicó un libro erudito y hermoso, The Bomarzo Affair, que analiza el caso de censura en el contexto de la dictadura argentina, la lucha por la libertad artística y la represión de las costumbres.

Cuatro años más tarde, el director, actor y músico argentino Jerry Brignone elaboró una nueva y fascinante vuelta de tuerca sobre este asunto. Su película Bomarzo 2007 transforma la grabación en audio de la ópera en Washington banda sonora para un nuevo producto complejo y sorprendente.

A las puertas del 2017, a casi diez años de su creación, he vuelto a ver esta obra compleja e inclasificable, y sigo encontrándole nuevos significados.

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Sin ampulosidades ni pedantería, la película inicia así una serie de diálogos entre distintas artes que hacen más profunda y comprensible la ópera, pero que también van más allá de lo que Mujica Láinez y Ginastera quisieron decir, para darnos nuevos significados y hacernos pensar de nuevo en el mundo y en nuestra propia realidad.

Por eso, pienso que Bomarzo 2007 abre caminos y derriba fronteras entre las artes. No es la grabación de una ópera, es mucho más.

Recrea, por supuesto, la historia del duque de Bomarzo, en el renacimiento, la historia que cuenta el escritor argentino, pero la hace dialogar con el presente. No es, claro está la primera vez que se usa el medio cinematográfico para filmar óperas en sus escenarios originales. Lo hizo por ejemplo Gianfranco de Bosio en 1976 con Tosca en sus sitios romanos, o como intentó hacer infructuosamente Carlos Saura con Carmen en las calles de Sevilla.

Pero aquí los habitantes del pueblo que alberga el bosque de los monstruos no solo representan a los personajes de la ópera, sino que se representan a sí mismos en un doble juego de espejos. Son los habitantes de Bomarzo de hoy haciendo de los bomarzinos del Renacimiento. También la cámara viaja entre mundos: se centra en lo que queda del pasado, los vestigios arqueológicos de la época de la historia, pero también juega y hace jugar al espectador con la Bomarzo actual, en un rico trayecto intelectual entre la permanencia y el cambio.

La película también explota la ambigüedad sexual de la obra, al usar una actriz para representar al duque, un personaje maltrecho y débil que se rebela contra el papel masculino donde no encaja. En los numerosos interludios orquestales de la partitura, la humillación del adolescente ‘defectuoso’ se transforma en pesadilla, intensificada por el uso de la grabación nerviosa cámara en mano (como en el método Dogma 95 de Lars von Trier) y el vibrante  montaje.

Las imágenes crueles contribuyen a contar una versión de la historia de Bomarzo y también a contar otras historias que en la visión de Brignone, dialogan con ésta. Por ejemplo, en la película irrumpen fotos de personajes nefastos de las dictaduras argentinas de los sesenta y setenta.

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En sólo cuatro días de grabación, el director Jerry Brignone llevó a un mínimo equipo de actores, camarógrafos y asistentes, y los mezcló con los habitantes del pueblo de Bomarzo, a los que conocieron el primer día del rodaje. Pero sería injusto centrarse en el milagro de que un producto tan bien realizado, de tanto impacto y que abre tantos caminos a la reflexión se realizara en un tiempo tan corto.

Brignone, en cuya cabeza bullían estas ideas de unificar artes que ama y estudia desde hace años, guió a un equipo muy profesional para que entre todos descubrieran caminos y soluciones sorprendentes, tal vez mágicas, producto de la premura obligada.

Uno siente que es una película y a la vez un documental, porque todo está haciéndose en el momento, casi sin ensayos, y todo se va creando a la vista del público. No es una película basada en una novela o en una obra de teatro, porque la parte musical se respeta religiosamente. Es otra cosa.

Uno de los muchos elementos que me maravillan de Bomarzo 2007 es que se trata de un juego de relojería y al mismo tiempo de un ejercicio de libertad absoluta.

No sé si esta obra indefinible creará escuela. Lo que no me queda dudas es de que es una obra nueva, un nuevo tipo de obra. Y que la experiencia de verla deja con ideas sobre el cine y sobre la ópera, y sobre la tragedia de la vida.

[Publicado el 20/12/2016 a las 19:47]

[Etiquetas: Bomarzo 2007, Bomarzo, Jerry Brignone, Alberto Ginastera, Manuel Mujica Láinez, Esteban Buch, The Bomarzo Affair]

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El sueño de vivir en una novela de Eduardo Mendoza

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Eduardo Mendoza. Foto: Pau Barrena/AFP photo

¿La peor pesadilla? Vivir dentro de una novela de Franz Kafka. Cuando sus personajes despiertan de sueños inquietantes,  en realidad se están sumergiendo en mundos de terror. El despertar de la cucaracha de ‘La metamorfosis’ es casi tan horrendo que el del insecto aplastado por la burocracia en ‘El proceso’.

¿La segunda peor pesadilla? Soñar con encontrarse en medio de una batalla de Tolkien o de Borges. En las de ‘El señor de los anillos’, el terror es morir como un valiente y sentir que no valió la pena. En el de los cuentos borgeanos, darse cuenta en el último instante que el destino de uno es morir como un cobarde.

¿El sueño más aburrido? Verse encerrado en un cuento de Salinger, John Cheever o Alice Munro y entender que las mínimas incidencias domésticas serán la gran épica que nos espera, y que no hay despertar que nos salve del tedio trágico.

Pero si me preguntan a mí, existe un feliz sueño literario. Hay un mundo de novelas en el que me gustaría vivir y no despertar jamás. Son las obras felices del flamante y merecido Premio Cervantes Eduardo Mendoza.

En las novelas ‘serias’ de Mendoza, como la ambiciosa y brillante ‘La ciudad de los prodigios’, las peripecias no dejan de suceder con puntual sorpresa, y los personajes acarician e insultan con la precisión exacta de los cultos ingleses o catalanes. En la hilarante ‘Sin noticias de Gurb’, el lector se troncha de risa en el mismo segundo en que entiende que le acaban de contar una metáfora perfecta del poder y la corrupción de nuestra era. En la libérrima parábola bíblica ‘El asombroso viaje de Pomponio Flato’ los personajes del Nuevo Testamento se reinventan divertidos, con una aceptación de las otras formas de vivir del ‘otro’ que sigue siendo hoy un sueño de apertura y tolerancia. Incluso en su última novela, la imperfecta ‘El secreto de la modelo extraviada’, las ideas serias y las causas flamígeras de hoy se desarman desde la parodia y el humor.

“Mendoza me hace reír y me emociona y me hace pensar”, dice Javier Cercas. Juan Marsé rescata de su colega “la claridad, la vivacidad, el sentido común literario”. Jonathan Holland le encomia “la combinación de un tono jocoso y una seriedad total”. El juguetón Llàtzer Moix le agradece que transforme “el placer del narrador en una fiesta para el lector”. 

Vivir en una novela de Eduardo Mendoza es sentirse flotar en la levedad de lo profundo. ¿Qué más podemos soñar en estos tiempos de fanáticos, de solemnes, de pagados de sí mismos y de mentecatos? 

[Publicado el 06/12/2016 a las 22:21]

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Las ocho claves de un video viral

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¿Por qué no podemos dejar de mirar cómo explota la sandía apretada con gomitas? Hace un par de meses Héctor Pavón, editor de la revista cultural Ñ de Clarín me pidió que escribiera sobre la “viralidad” de ciertos videos en Internet a propósito del insólito éxito de esta aventura frutal. Me divirtió mucho buscar antecedentes y comparaciones en la historia de la literatura, el cine y hasta la ópera. Le dedico estas reflexiones sin pretensión alguna a mi gurú en cultura digital, series y posmodernidad, Jorge Carrión.

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Con el auge de Youtube y Buzzfeed, se van viendo con claridad cuáles son los videos breves que en muy poco tiempo la gente hace propios, cuelga en sus muros, comparte con amigos, aprueba y celebra. Tomemos el ejemplo de los dos empleados de Buzzfeed poniendo gomita tras gomita en la “cintura” de una sandía (http://www.techinsider.io/watermelon-rubberband-explosion-buzzfeed-video-2016-4).

Era un patio, estaba lleno de gente expectante, con cada gomita crecía la curiosidad por ver cuándo explotaría. Y en un determinado momento, saltan los pedazos rojos, carnosos de la fruta y los dos hombres vestidos de bata blanca hasta la cabeza, como científicos en un experimento de alto riesgo, salen corriendo. Total: 17 segundos.

Hay una variante, algo más larga, de National Geographic (http://natgeotv.com/ca/street-genius/videos/exploding-watermelon): el periodista Tim Shaw invita a un grupo de personas en un parque a calcular cuántas gomitas harían explotar una sandía, y luego a poner las gomitas alrededor de una. Este video, mucho más largo (tres minutos y medio, como una canción en la radio) incluye infografías que muestran lo que sucede con las fuerzas que presionan la sandía, y también más juego: el espectador se involucra tratando de adivinar cuál de los participantes acertó con el número de gomitas que serán necesarias.

En ambos casos hay una serie de elementos que los hacen altamente viralizables.

1.      Desafío

En el mundo de los videos de Internet, no hay tiempo para una saga como La Odisea o El Señor de los Anillos. Pero en toda historia debe haber una aventura, un camino que recorrer, un enigma que resolver. Estas píldoras de desafíos a cumplir se nutren de la sabiduría de décadas de publicidad en televisión: en pocos segundos, se plantea un problema y el espectador dedica el tiempo mínimo a ver cómo el esquemático héroe logra resolverlo. Si no hay tiempo, como en el video Buzzfeed, los que lo plantean son los mismos que lo resuelven. Si le podemos dar dos o tres minutos, el “líder” – el periodista en el caso de National Geograhpic - plantea una tarea al “pueblo”.  Deben adivinar con cuántas gomitas explotará la sandía. Una tarea digna de los héroes griegos.

2.      Arco narrativo

Aunque todo se resuelva en unos pocos segundos, no puede faltar el ensayo y error: los actores colocan gomita tras gomita. Cuando el que está mirando piensa: “de esta no pasa, seguro que ahora explota”… y no sucede nada  y hay que seguir, ese es el momento en que el video nos tiene atrapados. Somos parte del experimento. Apostamos, hemos invertido en lo que estamos viendo, deseamos que pase algo. Como la historia canónica de nuestra cultura, el Nuevo Testamento, cada paso, aunque dure dos o tres segundos, es una estación del Via Crucis: secretamente queremos y tememos el desenlace.  

3.      Resolución inmediata 

Llega el momento. Explota la sandía. Es lo que estábamos esperando. Y en ambos videos, mostrado al menos dos veces y en cámara lenta. El fútbol por televisión nos enseñó a que teníamos derecho a ver los goles varias veces, de varios ángulos, relamiéndonos por volver a disfrutar del momento en que la espera termina y explota el júbilo. Sabemos que seremos retribuidos con la fiesta de la explosión de la sandía, pero no sabemos con cuál de las gomitas vendrá… y por eso estos videos tienen la ventaja de aunar certeza y sorpresa.

4.      Juego y humor

Los videos virales ponen alegría, sonrisa, humor en un día gris, sin quitarnos más de unos segundos o a lo sumo unos pocos minutos de nuestras tareas. Suelen incluir, como en estos casos, a adultos haciendo de niños. Jugando. Es un experimento pero es un juego, y como el resultado es un enchastre, tiene también elementos de lo prohibido. No deberíamos jugar a hacer explotar cosas, y por eso al hacerlo estamos siendo moderadamente traviesos. La vestimenta de científicos de los dos juguetones, en uno de los casos, y el papel del periodista serio que pide la participación del público en el otro, y el hecho de que todos terminan saltando y riendo, enfatiza el elemento de tener permiso para estar haciendo algo habitualmente prohibido.

5.      Morbo

¿Sería lo mismo con un melón, con una papaya, con una fruta de otro color? Claro que no. Hace unos años el director de teatro vanguardista catalán Alex Rigola puso en escena Coriolano, la tragedia más sangrienta de Shakespeare. A lo largo de los cinco actos los reyes en pugna matan, decapitan, violan y torturan a miembros de familias rivales. En un momento de la representación, los verdugos se ceban con palos contra un grupo de sandías. Las destrozan, los pedazos rojos y brillantes vuelan por los aires. La violencia es explícita. En el caso de la explosión de la sandía estrujada lentamente hasta que no puede más y finalmente se derrama en pedazos rojos, hay un obvio juego implícito de referencias a la violencia, a la sangre y al sexo. No sabemos muy bien por qué no podemos dejar de verlo. Pero este tipo de seducción tiene siempre unos gramos de horror y de atracción por lo prohibido.

6.      Calidad

Decía Mozart en una carta a su padre, refiriéndose a una de sus óperas, que los que no saben de música van a disfrutar sin saber bien por qué, mientras que los conocedores apreciarán la sapiencia del compositor en contrapunto, armonía y juego rítmico. Es importante hacer notar que en la mayoría de los videos que vuelven virales la factura técnica es impecable. Los que no saben de manejo de luz, ángulos, pixeles, edición, ritmo, sienten que todo está como debería ser sin saber bien por qué. Los que saben de técnica notan la diferencia clara con los videos caseros.

7.      Participación, identificación

En la mayoría de estos videos muy exitosos hay un público participante, que representa a cada uno de los “viralizadores”. Entre los pioneros de estos videos muy repetidos están los flashmobs: grupos de instrumentistas y cantantes que se van instalando en pasillos y escaleras de centros comerciales muy concurridos y de pronto se ponen a tocar Beethoven y cantar Verdi. La misma música, incluso con mayor calidad de ejecución, pero en los teatros donde habitualmente se hace, no causaría ni de lejos el mismo efecto. El público, como saben bien los creadores de programas en vivo desde el nacimiento de la televisión, es vital para que del otro lado de la pantalla el espectador se sienta identificado. Aquí el público acepta el reto, participa, espera, se mueve inquieto y salta de susto y alegría cuando explota la sandía. Somos nosotros.

8.      Ciencia, aprendizaje

Había hacía años un programa muy desagradable pero imposible de dejar de ver en la televisión por cable: Mil maneras de morir. Combinaba escenas actuadas mal a propósito de hombres o mujeres que por lascivos, amarretes, descorteses o gritones terminan sufriendo muertes terribles. Mucha gente los veía por el morbo de ver hasta dónde podían llegar los guionistas y directores, por la burda moralina y el viejo placer culposo de ver a gente que nos cae mal recibiendo un castigo tremendo. Pero para aliviar nuestro placer culposo, un supuesto científico explicaba las causas de cada una de las muertes. Así funciona con la sandía que explota. Hay una pizca de ciencia, sentimos que no perdimos totalmente el tiempo, que estábamos aprendiendo algo. 

[Publicado el 29/11/2016 a las 23:04]

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Medio siglo pensando el mundo con Vargas Llosa

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El Mario Vargas Llosa periodista ha sido muchas veces desdeñado. Al contrario de Borges o García Márquez, no creo que las páginas de los periódicos sean otra cara de su genio, sino un borrador de lo que nos deslumbra en muchos de sus libros posteriores.

Sí: es repetitivo, autorreferencial, y suena cansino en su defensa de una versión del “liberalismo” que a muchos nos suena a derecha dura. Pero en el ejercicio que me planteó el suplemento Cultura/s de La Vanguardia hace cuatro años y que hoy me recuerda Facebook – leer casi de corrido muchas de las más de cuatro mil páginas de artículos, reseñas, recuerdos, diarios de viaje y ensayos periodísticos del gran novelista – encontré mucho de descubrimiento y de disfrute.

Que les toque también un poco, estimados lectores, de esta Piedra de toque.    

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Comienza el 15 de abril de 1962, siguiendo a un grupo de estudiantes peruanos que peregrinan a la tumba de César Vallejo en París y termina, 50 años y 4.319 páginas más tarde, en el despacho del presidente uruguayo José Mujica, el día en que redacta el proyecto de ley para despenalizar la tenencia y uso de marihuana. 

Los tres tomos de la obra periodística completa de Mario Vargas Llosa, cuya cuidada edición encargó Galaxia Gutemberg/Círculo de Lectores a Antoni Munné, repasan gran parte de los grandes acontecimientos históricos, los cambios sociales y las aventuras literarias e intelectuales que jalonan este medio siglo desde la perspectiva siempre reconocible del gran novelista.

En la introducción clara e instructiva, Vargas Llosa traza la línea infranqueable que divide su producción literaria de su ingente obra periodística. Así describe su prosa de articulista: “En estos textos hay un esfuerzo constante de racionalidad, de analizar asuntos concretos y opinar sobre ellos con argumentos accesibles a cualquier lector, y una utilización del lenguaje como algo funcional, que rehúye lo llamativo y trata que las palabras alcancen esa transparencia que las vuelve invisibles”.

Y así define su ‘yo’ novelista: “cuando escribo literatura, (…) las palabras no pueden ser jamás, como en el periodismo, solo un intermediario, sino también, al mismo tiempo, un fin en sí mismo, una manera de expresarse que determina la personalidad de una historia, ese sutil elemento que la libera de ser una mera representación objetiva de la vida y le imprime soberanía, una vida propia y distinta de la real”.

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A juzgar por esta impresionante colección de artículos, Vargas Llosa nunca dejó de verse con esa doble naturaleza. Como periodistas, es el tipo de intelectual público que trae a la mesa los temas, las historias y los autores que cree que deben debatirse, y conserva a lo largo de todos estos años la absoluta convicción de que su propia voz es importante y necesaria en esa conversación.

Desde esa convicción contó y opinó durante medio siglo sobre una asombrosa variedad de temas para diarios y revistas de Perú, de Francia, de España, y ahora para un público global que espera quincenalmente su Piedra de toque, nombre que adoptó su columna cuando empezó a publicar en El País.

Piedra de toque remite a una piedra mitológica que sirve para medir el valor de los metales. Tanto le gustó este nombre que lo aplica ahora a su obra periodística anterior, y creo que acierta: cada uno de sus textos es una búsqueda de medir el valor, el significado y la lección que nos da lo que cuenta.

Opinar es para Vargas Llosa juzgar, valorar, aprobar o rechazar. Al terminar cualquiera de sus textos, siempre sabemos si el libro, el artista, el político o la política de los que habla le parecen buenos o malos.

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La gran mayoría de sus columnas, de unas cuatro páginas, tienen la misma estructura, ya sea que comenten una función de ópera, su retorno a la ciudad donde pasó parte de su juventud, o la elección de Aznar como presidente del gobierno español: primero cuenta, resume, da sentido a los datos dispersos de las noticias, y luego valora y explica su valoración. En la mayoría de los casos, el relato muestra una inteligencia de primer orden, y la opinión es sincera, valiente y clara, más allá de que uno pueda o no estar de acuerdo.

El libro incluye también otros dos tipos de textos: por un lado, una serie de relatos de viaje que permiten ver mejor y desde adentro su obra novelística: cuenta las búsquedas por el Congo, por la Polinesia, por República Dominicana, por el altiplano boliviano y las selvas de Brasil de los que luego saldrán sus novelas. Y por otro, contiene, en su tercer tomo, dos obras periodísticas de más enjundia, que escapan al articulismo: sus viajes a Iraq en 2003 y a Israel y Palestina en 2005, disfrazado de insólito, perspicaz y valioso reportero de guerra.  

Después de la lectura exhaustiva de tantos artículos, no parece haber tema o hecho de importancia capital que se le haya escapado. Pero muchas veces parece como si su afán por separar la escritura periodística de la literaria le llevara a intentar evitar el fulgor verbal y a juzgarlo todo y a todos.

En la combinación de ambos afanes puede llegar a sonar repetitivo. A medida que pasan los años, su adscripción a lo que llama ‘liberalismo’, y que en España muchos identifican con derecha dura, hace que su lector, una vez comenzada la lectura, ya sepa cómo va a terminar: qué políticos o líderes le parecerán estupendos y cuales dignos de vituperio, y por qué.

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En una de las tantísimas columnas que comienzan como reseñas de libro para transformarse en valoración de un tema político o social, habla del relato que hace la crítica de arte francesa Catherine Millet de sus numerosísimos encuentros sexuales con conocidos y desconocidos, La vida sexual de Catherine M., publicado en 2001. Por la mitad comenta, aparentemente agradecido, que Millet “no exhibe su riquísima experiencia en materia sexual como una bandera reivindicatoria, o una acusación contra los prejuicios y discriminaciones que padecen las mujeres todavía en el ámbito sexual. Su testimonio está desprovisto de arengas y no aparece en él la menor pretensión de querer ilustrar, con lo que cuenta, alguna verdad general, ética, política o social”.      

Muchas veces, en la lectura de sus casi mil artículos, este reseñador sintió el deseo de que Vargas Llosa se aplicara a sí mismo el principio que encuentra elogiable en Millet. Pero no: de lo que sucede en Madrid, en Barcelona, en Bilbao, en París, en Lima, en Buenos Aires, en Nueva York o en Tokio, de lo que hacen grandes líderes mundiales, artistas innovadores o seres anónimos, siempre levanta el dedo índice en sus últimos párrafos para concluir adosándonos una verdad general, ética, política y social.

Los lectores de Mario Vargas Llosa, que son legión, por supuesto se lo perdonarán: la lectura siempre es gozosa e instructiva, siempre se agradece la erudición, la inteligencia, la sensibilidad y el estilo pulido del más grande escritor vivo en lengua castellana. En cada página de Piedra de toque se aprende algo, y en muchas nos obliga a repensar lo que creíamos saber.

[Publicado el 13/11/2016 a las 16:14]

[Etiquetas: Mario Vargas Llosa, Piedra de toque, Obras completas, Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Catherine Millet]

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En blanco y negro: el cine sueña su infancia

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Si el cine fuera un anciano que sueña con las escenas que estremecieron su infancia, este libro sería ese sueño.

Guía para hablar de cine, de los críticos Ascanio Cavallo y Antonio Martínez, destaca 30 de las miles de películas que se firmaron desde el nacimiento del séptimo arte a fines del siglo XIX hasta 1959. Hacia el final, unas pocas fueron rodadas en “tecnicolor”, pero la gran mayoría de las elegidas son en glorioso, inquietante blanco y negro.

El recorrido comienza con los pioneros: los inventores del cine realista y documental, los hermanos Lumière, y el adelantado del cine fantástico, Georges Méliès. Curiosamente, este último no aparece representado con la famosa Viaje a la luna sino con la más audaz y menos conocida Viaje a través de lo imposible, y esa es la primera de muchas decisiones valientes y bien fundamentadas de los autores.

En cada uno de los breves ensayos (entre tres y cuatro páginas), Cavallo y Martínez van trazando el camino que los genios, los iluminados y los artesanos desarrollaron para dar carnet de arte a su disciplina.

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En la lista destacan, por supuesto, los productos de Hollywood. Algunas son obras de honestos artesanos, como la Casablanca de Michal Curtiz; otros son films industriales de hábiles productores, como Lo que el viento se llevó; y unas pocas son obras maestras de genios como Orson Welles. De hecho, Welles es el único que merece dos menciones en la treintena: su inicial y deslumbrante Ciudadano Kane (1940) y su otoñal y sabia Sombras del mal (1958).

Pero también hay joyas del neorrealismo italiano (Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini), el expresionismo alemán (El ángel azul, de Josef von Sternberg), la estremecedora melancolía del cine clásico japonés (Cuentos de la luna pálida de agosto, de Kenji Mizoguchi) y el inclasificable surrealismo sucio de Luis Buñuel (Nazarín).

Y si hay una filmografía que aparece de principio a fin junto con la estadounidense, es la francesa. Desde Cero en conducta de 1932, en la que el gran Jean Vigo se sumerge como nunca antes en la sensibilidad de los niños, hasta la última de la lista, Pickpocket de Robert Bresson, cuyo carterista sin alma bien podría ser el adulto en que se convirtió alguno de los niños humillados de Vigo. Una desolación sin grandilocuencia, tan propia de los franceses.

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Los textos son eruditos sin sonar pedantes, informativos sin aridez, poéticos sin caer en el sentimentalismo. Y como los que saben de estructura y arco dramático, Martínez y Cavallo terminan cada breve ensayo con lo mejor que tienen para decir. Un párrafo, una frase que queda resonando como la última nota de una gran sonata o como el último latigazo de un castigo inmerecido.

Por ejemplo, el final de capítulo dedicado al oscuro western Más corazón que odio: “John Ford, que ya hizo la gloria de los grandes hombres, vuelve ahora su mirada hacia ese vagabundo del western al que nadie quiere recordar. Ethan Edwards yerra sin hogar por entre las bases de una nación: los suyos son los huesos sin herencia de un hombre sin leyenda”.

O el final de Río Bravo: “Para el genio austero y transparente de (Howard) Hawks (…) el verdadero espacio moral no está condicionado por la amplitud del paisaje, sino por la presencia del peligro”.

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Casualmente – o no tan casualmente – Más corazón que odio y Río Bravo tienen el mismo actor protagonista: John Wayne. No se repiten ni Marlon Brando, ni Catherine Deneuve ni Katherine Hepburn. El único que aparece dos veces es Wayne. ¿Es mejor actor que los otros? Seguramente no, pero este libro no es un torneo de interpretaciones: es una guía de cine clásico, y John Wayne es el cine hecho figura, es la estampa del vaquero que se aleja en su caballo tal como lo vieron los genios que lo dirigieron.

¿Que faltan muchos? Por supuesto. A mí me falta mi favorita, la fábula moral El tercer hombre de Carol Reed. Pero un canon como este siempre tiene algo de personal, de subjetivo. Y que el lector quiera pelearse con los autores es muestra de lo mucho que le gustó compartir con ellos lo que aprendieron en tantas horas luminosas pasadas en las salas oscuras de nuestros sueños. 

[Publicado el 28/10/2016 a las 18:58]

[Etiquetas: Guía para hablar de cine, Ascanio Cavallo, Antonio Martínez]

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Dario Fo y Bob Dylan: la rebelión de los juglares

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El mismo día en que el comité de los Premios Nobel concedía sorprendentemente el de literatura al cantautor estadounidense Bob Dylan, moría el actor y dramaturgo italiano Dario Fo. En 1997, el Nobel de Literatura a Fo (autor de las corrosivas Misterio Bufo, Muerte accidental de un anarquista) había causado un revuelo similar al que ahora despierta el compositor de Blowing in the Wind y The Times They are A’changing.

En ambos casos, está en discusión qué significa ser escritor, y si la inclusión de cantantes, actores o periodistas (como la ganadora del año pasado, Svetlana Alexievich) abarata y difumina el campo de la literatura, o si por e contrario lo abre, lo ensancha, lo enriquece.

Esto escribí para la revista digital The Objective y para el suplemento cultural Áncora de La Nación de Costa Rica.

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La concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan ya ha provocado oleadas de alegría y de indignación. Curiosamente, son muy parecidas a las que se enardecieron hace 19 años la noticia del Nobel al actor, bufón, monologuista y director italiano Dario Fo, quien murió casi en el mismo momento del anuncio de la coronación del cantautor de Minnesota. Los dos compartieron la semana pasada portadas en la prensa.

Dylan y Fo son los mejores  en lo suyo, admiten los detractores. Pero lo suyo no es el terreno de otros candidatos, como Joyce Carol Oats, Philip Roth o Haruki Murakami. A lo largo de las décadas, han ganado el Nobel escritores poco conocidos, algunos incluso en sus propios países, y no hubo controversia. Se los premiaba por haber creado un “mundo literario propio”, como explica la escritora y periodista mexicano-catalana Lolita Bosch.

 Para ella, como para muchos, la de Dylan no es una voz literaria. Es un autor e intérprete de canciones, que es otra cosa. Lo mismo se decía del difunto Fo: su mundo es el de la sátira expresada desde el escenario. Es un showman, un juglar, pero no es un literato.

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Entiendo esta crítica como la búsqueda de preservación de un espacio dentro de la actual cultura del espectáculo para las “letras puras”. El arte de Fo, aunque sus obras se sostienen muy bien en formato libro, es indisociable de su representación sobre el escenario. En su época, sus libretos eran vistos como la materia prima para sus corrosivos espectáculos. Y las letras de  Bob Dylan – luminosas, implacables –fueron siempre inseparables de su guitarra y su harmónica, su voz rasposa y el hecho obvio de que son parte de canciones.

En las tertulias y las redes sociales, se dice que el premio a Dylan y a Fo es la invasión de un terreno impropio. Son genios, pero no de la literatura. Lo mismo se dijo también el año pasado a propósito de la periodista bielorrusa Svetlana Alexievich. Que era una simple reportera sin voz propia. Dice el novelista peruano Santiago Roncagliolo: “Una periodista un año, un cantante el otro. No sé si la novela ha muerto, pero ha dejado de ganar premios Nobel”.

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Yo no estoy de acuerdo. Para mí los tres sí merecen el premio máximo de Literatura. Así como me alegré mucho con la concesión del Nobel a Svetlana por su trabajo como periodista, porque ensanchaba el campo de la creación en las letras, los juglares incómodos Bob y Dario son genios de la palabra en movimiento: la canción y la juglaresca son terrenos literarios. Primero porque la letra fue primero oral y después escrita. Segundo porque la imaginación verbal del siglo XX debe tanto a los cantantes y autores teatrales como a los escritores.

Y por último, Fo y Dylan crearon dos personajes grandes y eternos: multifacéticos, poliédricos, antidogmáticos, rebeldes e inclasificables. Ellos mismos. No son menos que el mejor de los cuentistas o de los poetas. Si se quiere, son más. Porque al fulgor verbal, a la inventiva brillante de sus piezas breves, este par de rebeldes inventó el mundo en el que ellos mismos tienen sentido. En ese mundo, de absoluta independencia y coraje, vivimos muchos. Por suerte. 

[Publicado el 22/10/2016 a las 10:07]

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En Playboy con hiyab: de objeto a sujeto

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Noor Tabouri, una periodista estadounidense de 22 años, hija de inmigrantes libios y de religión musulmana, se convirtió en la primera mujer en aparecer con hiyab en la portada de la revista Playboy.

Tabouri, reportera de la revista digital Newsy, aseguró a Associated Press que entrevistar con hiyab la ayuda a “aumentar la confianza de sus entrevistados como reportera” y considera que, “como mujer musulmana, sabe lo que es ser representada inadecuadamente en los medios”. Ahora sueña con seguir derribando barreras y presentar las noticias en un canal en abierto de EEUU.

¿Cómo decidió Playboy ponerla así en su portada? La revista ya había decidido el año pasado dejar de publicar fotos de mujeres desnudas. Su última tapa de viejo cuño fue con la legendaria Pamela Anderson.

El número de setiembre muestra bien ese cambio: está dedicado a los y las rebeldes, “Renegades 2016”, personas que “arriesgaron todo, hasta sus vidas, para hacer lo que aman, mostrándonos lo que se puede lograr si se rompen las reglas”. 

Y Noor Tagouri definitivamente rompe las reglas. Desde el comienzo de su carrera sale a entrevistar con el hiyab puesto. En una reciente entrevista con People, asegura que “el mayor desafío que asumo como contadora de historias es que la gente confíe lo suficiente en mí como para contarme su vida. Nuestra sociedad ha perdido sensibilidad hacia la violencia, el abuso, la muerte, la violación y el trauma. La gente que pasa por estas experiencias desconfía de los reporteros”. Y Dave Quinn, el reportero de People que la entrevista, agrega: “Pero Tagouri encontró la forma de ganar la confianza de sus fuentes presentándose como lo que es”.

Así aparece en esta foto de Playboy. Frente a una pared de metal oxidado, pintado y descascarado con la bandera de Estados Unidos con agujeros de pintura blanca, sentada cómoda y desafiante en un taburete, jugando con el mohín de la burla.

Ya el año pasado, cuando Playboy decidió no poner más modelos desnudas, cambió también la estética de sus fotos. Ya no eran objetos sexuales: las primeras mujeres de la nueva etapa eran sujetos que miraban a la cámara con el gozo de la mirada que desea y se muestra como quiere. Es un tipo de foto de la generación de Instagram, Snapchat y Facebook. La chica que no está posando para el fotógrafo sino que crea su propio selfie.  

 

En esta portada de Playboy el hiyab es lo de menos, aunque dice mucho. Noor Tagouri protagoniza una forma radicalmente distinta de seducción. No se viste ni posa para seducir, pero seduce. Por su inteligencia, por su sensibilidad, por la forma en que muestra su pasión por lo que hace y por presentarse así de segura, exactamente como quiere que la veamos.   

[Publicado el 09/10/2016 a las 23:24]

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Como si la película se hiciera delante de tus ojos

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Clara Sanabras, la soprano que cantará la parte solista en Titanic y Las dos torres, dos de las tres películas que programa esta temporada la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC), tiene claras las razones del embrujo de una actividad creciente de las orquestas sinfónicas: proyectar películas tocando en vivo la banda sonora. “Ver a los músicos moviendo los arcos de sus violines con furia mientras se desarrolla la lucha en la pantalla es como sentir que la película se está haciendo delante de tus ojos”.

Para Sanabras, que se ha especializado en cantar acompañando películas en Lyon, Sydney o Londres, “la platea se llena de jóvenes, de gente que nunca ha visto una orquesta sinfónica y queda maravillada. La banda sonora es responsable de la magia de un film. La solemos escuchar de forma subliminal, pero si la quitas, la película  se queda literalmente muda”.

Por eso Valentí Oviedo, gerente del Auditori, creó OBCinema, que inició el año pasado con tres éxitos de Hollywood: la primera parte de El Señor de los Anillos (La comunidad del Anillo), Piratas del Caribe y Gladiator. Las tres en versión original con subtítulos en catalán. “Vinieron más de 3.000 espectadores nuevos, y entre un 10 y un 15 por ciento no habían venido antes a conciertos de sinfónicos y repitieron con la orquesta”, explica Oviedo.

Al gerente le surgió la idea cuando vio el Londres a la 21st. Century Orchestra de Zurich tocando mientras se proyectaba Gladiator. “Allá lo hacen en grandes pabellones, como el estadio O2. Acá sería en el Palau Sant Jordi, pero con tanta capacidad el riesgo sería alto y el beneficio poco”. Hacerlo en el Auditori implica que al no tener que alquilar un espacio, la ganancia no es tan vital. “Nuestro objetivo es que venga gente nueva y escuche a la orquesta en su entorno natural”.

El éxito fue rotundo: hicieron dos funciones de cada película, siempre con la sala llena. Este año, habrá tres funciones tanto de Titanic como de Las dos torres. Y vendrá Alexander Desplat, el compositor de Godzila, El gran hotel Budapest y la nueva trilogía de La guerra de las Galaxias, a dirigir fragmentos de sus partituras.

Como esto de las películas con música en vivo ya se ha convertido en una tradición, las productoras sincronizan versiones para hacer en este formato. Por ejemplo, en ocasiones bajan la voz de los personajes respecto de las versiones hechas en cines, para que se escuche más a la orquesta. Y en las versiones en vivo, al final de los créditos no se pierde la melodía en un murmullo que se dispersa y acompaña la salida de los espectadores de la sala, sino que termina con “un subidón final, un chim-pum”, como explica el gerente, marcando el compás con la mano.

“La intensidad es brutal, no tiene nada que ver con ver la película con música grabada. La música nos acaba emocionando. A veces me dicen algunos espectadores que en momentos grandiosos las imágenes importan menos y su vista se va al director y la orquesta,” cuenta Oviedo.   

Por la muerte de James Horner el año pasado, Titanic será un homenaje. Y el gerente piensa traer en años futuros dos de los clásicos de este compositor tempranamente fallecido: Braveheart y Leyendas de pasión. ¿Otros posibles planes? “ET, Jurassic Park, El Padrino, Harry Potter”, enumera.

Pero la modernización y popularización de repertorio de la vieja orquesta sinfónica no se termina con los autores actuales (este año el ciclo de temporada de la OBC incluye a ocho autores contemporáneos vivos) ni con el cine. Probablemente la partitura que graban este año que escuche más gente será la música de un videojuego: La banda sonora del especialista Oscar Araujo, profesor del ESMUC, para Age of Alchemy. ¡Eso sí que es atraer nuevos públicos!

[Publicado el 04/10/2016 a las 21:16]

[Etiquetas: Titanic, Las dos torres, El señor de los anillos, Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya, OBC, James Horner, Clara Sanabras, cine con orquesta en vivo]

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Como si nunca las hubiéramos llorado

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Suena a magia, pero es ciencia: ya se puede “deshervir” un huevo: la clara, de blanca y sólida, puede volver a ser líquida, viscosa, traslúcida. Como si no hubiera sido hervido.

¿Se acuerdan de la hazaña de Colón, de poner un huevo de pie? ¿Recuerdan el debate eterno de si primero fue el huevo o la gallina? Todo eso quedó en los empolvados anaqueles de la historia. La ciencia, el proveedor de maravillas de este siglo, logró superar a Colón y a los debates sobre el origen: científicos de la Universidad de California Irvine lograron que un huevo cocido vuelva atrás a su estado de crudo.

En la revista científica “ChemBioChem”, el doctor Gregory Weiss y su equipo publicaron el descubrimiento, que según la web de la universidad será útil para reducir los costos del tratamiento del cáncer, en la producción de comida y en el tratamiento de residuos. Muchos procesos químicos que llevaban semanas ahora se podrán producir en minutos. El Dr. Weiss calcula que el ahorro será de unos 160.000 millones de dólares.  

La periodista científica Alison Bruzek, de la radio pública estadounidense NPR, lo explica con claridad y sentido del humor, (llama a Weiss y su equipo ‘eggsperts’). “Cuando un huevo se hierve, las proteínas que se encuentran armadas como un complejo origami en precisas piecitas de 3D se empiezan a desarmar. ‘Se pegan unas a otras y se enredan como una línea de pescar hecha un nudo’, dice el Dr. Weiss. Cuando se centrifuga la clara alta velocidad, con una encima del huevo llamado lisozima y agregándole urea, el equipo de la Universidad de California descubrió que las proteínas volvían a su forma original”. 

 

En el artículo de Bruzek se desliza, al pasar, que la encima lisozima está también presente en las lágrimas. Este detalle me conmovió. ¿Será la ciencia también capaz de producir una máquina, una técnica que no solo enjugue las lágrimas sino que las vuelva a su origen, como si nunca hubieran salido del lagrimal? ¿Se puede volver atrás, como si el llanto no hubiera ocurrido? ¿Y más atrás, para borrar retroactivamente aquello que nos hizo llorar?

 

De ‘deshervir’ el huevo a ‘desllorar’ las lágrimas, ese puede ser el maravilloso y aterrador invento del siglo. Tal vez el día que a la industria farmacéutica, y la agroalimentaria, y la biomédica le resulten miles de millones de dólares de ganancia, aboliremos las lágrimas.

 

Pero me temo que eso nunca sucederá. Habrá que seguir enjugándoselas con la manga sucia de la camisa, y seguir adelante, como antes, como siempre. 

[Publicado el 29/9/2016 a las 17:06]

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Kazushi Ono: “Me impresionó la dignidad del sonido de violonchelos y contrabajos” de la Orquesta Sinfónica de Barcelona

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Comienza la temporada de conciertos en Barcelona y Cultura/s de La Vanguardia publica mi entrevista con el director titular de la orquesta de la ciudad. Esta, su segunda temporada en la OBC, encuentra a Kazushi Ono bien asentado en la vida musical de la ciudad. Además de preparar un ciclo muy romántico y con interesantes viajes al barroco y la música contemporánea, el maestro dirigirá algunas de las piezas que lo hicieron famoso en Asia y Europa.

Aupado en su fama como gran director de ópera, traerá en dos de sus conciertos la Misa de Requiem de Giuseppe Verdi y un concierto de piezas orquestales de las principales óperas de Richard Wagner. Ono dirigirá también obras de Tchaikovski, Shostakovich, Brahms y su compositor predilecto: Gustav Mahler.

Aquí mi entrevista:

*          *          *

Pocas veces el mundillo de la música clásica en Barcelona se alegró tanto por un desembarco. En enero de 2014, la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC) anunciaba la designación del maestro Kazushi Ono (Tokio, 1960) como director titular de la orquesta. Ono venía precedido de una fama como formador de cuerpos orquestales de vuelo lírico y precisión rítmica, un defensor del repertorio romántico pero abierto a nuevas aventuras.

“Su contratación fue un salto cualitativo, tanto por su calidad como por su perfil internacional”, dice el gerente del Auditori Valentí Oviedo.

El director japonés labró su reputación primero en La Monnaie, la ópera de Bruselas, y luego en la Ópera Nacional de Lyon en Francia, cargo que deja este año. Allí dirigió funciones muy alabadas por la crítica de obras difíciles como Los jugadores de Sergei Prokofiev, Lulú de Alban Berg y Parsifal de Richard Wagner. Atrajo a Lyon la atención de la crítica y a grandes directores de escena. Encargó producciones vanguardistas, como una doble función de Il prigioniero de Luigi Dallapliccola y Erwartung de Arnold Schoenberg en 2013, en una impactante puesta de Alex Ollé de La Fura dels Baus.

Por su trabajo en Lyon le fue otorgado el premio de la Asociación de Críticos Franceses en tres ocasiones, y el DVD de su exitosa producción de La hora española y El niño y los sortilegios de Maurice Ravel con el Festival de Glyndebourne se llevó en Gramophone Award a la mejor grabación de ópera en 2014.  Como director de ópera se lo pudo ver en Barcelona en un estreno: Wintermächen, de Philippe Boesmanns, en 2003.

En su primer concierto como director invitado con la OBC, en enero de 2012, se ganó el elogio de la crítica y el aplauso fervoroso del público en un programa ambicioso: el Idilio de Sigfrido de Wagner, Juegos de Debussy y Sherezade de Rimski-Korsakov. En enero de 2014, en ocasión de su segunda venida para tocar una pieza contemporánea de su compatriota Toru Takemitsu y la poderosa Sinfonía Alpina de Richard Strauss, lo presentaron como director titular.

Debía asumir un año y medio más tarde, un plazo amplio en un medio musical como el barcelonés. El tiempo le sirvió para conocer la realidad musical catalana y los músicos de su formación, y para pensar en las temporadas por venir. 

La página oficial del director abre, sorprendentemente, con una efusión lírica: “Kazushi Ono ama el poder de la música para juntar  a la gente. Su estilo en los ensayos, tranquilo y calmado, muestras sus cualidades abiertas y receptivas. El director transmite mensajes complejos en las funciones con leves gestos expresivos y una sabiduría nutrida en su inextinguible pasión por hacer y explorar la música de otros. Está en su naturaleza relajarse tras un concierto tocando parte de las obras orquestales al piano. En síntesis, la música ha alimentado su espíritu desde la niñez”. 

¿Cuándo y cómo descubrió su vocación musical?

En mi infancia la música me hacía feliz, me ponía a bailar. A los 5 años de edad, escuchando el disco Kindergarten, fue la primera vez que pensé en dirigir una orquesta. Estaba aprendiendo a tocar el piano. Como adolescente, empecé a tocar música en serio, pero el sentimiento de mi primer encuentro con la música nunca cambió y sigue hasta ahora. Pienso que es la base para la relación especial que tengo con la música, aunque haya tenido que andar muchos caminos duros y desconocidos.

Y después de tantos años en el podio, ¿qué es para usted lo más estimulante y lo más difícil de la vida de un director?

Lo mejor, aprender a escuchar tu voz interna. Lo más difícil, escuchar el sonido real que viene de la orquesta y actuar en consecuencia.

Japón ha producido muchos directores importantes, desde Seiji Ozawa. Incluso la OBC tuvo hace poco otro director titular de su país. ¡Hay algo en la formación, la cultura, el caràcter de su país que promueva esto? ¿Hay una forma japonesa de dirigir? ¿Cómo lo influye su origen?

En Japón ha habido un legendario profesor de dirección de orquesta y violonchelo llamado Hideo Saito. Su nombre sigue vigente en el famoso Festival Saito-Kinen. Fue un gran maestro que analizó a fondo la relación entre la música y el movimiento. Su influencia en los directores japoneses desde Ozawa es enorme; se podría decir que todos somos sus discípulos. Yo no estudié con él, pero aprendí mucho de su método: sobre todo a nivel técnico. Eso fue básico para mí en el repertorio sinfónico. Pero dado que quería aprender a dirigir ópera también, decidí ir a Europa para seguir con mi aprendizaje.

¿Cuáles son los directores que más lo han influido y los que más admira?

Al llegar a Europa estudié y trabajé en la Ópera Estatal de Baviera. Por fortuna, pude ver muchos ensayos, conciertos y funciones de ópera de grandes directores como Wolfgang Sawallisch, Carlos Kleiber y Giuseppe Patané, cuya creatividad y forma personal de hacer música me llevaron a una nueva dimensión. 

El año pasado inició su período como director titular de la OBC. ¿Por qué decidió venir a Barcelona, y cómo fue su experiencia este primer año?

El programa de mi primer concierto con la orquesta, como invitado fue difícil: el Idilio de Sigfrido de Wagner, Juegos de Debussy y un Rimsky Korsakov. Pero al trabajar ese programa con ellos descubrí que tenían un sentido espléndido del sonido, y pensé que podían ocurrir cosas interesantes si empezábamos a trabajar juntos intensamente. Ahora pienso que desde el comienzo de nuestra relación hemos tenido logros, y espero con ganas que la relación se vuelva más y más estrecha.    

De lo que ha visto hasta ahora, ¿cuáles diría que son los puntos fuertes de la OBC?

Lo primero que me impresionó es la fuerza, la dignidad del sonido de las cuerdas bajas, violonchelos y contrabajos. Esto es muy importante desde el punto de vista de la construcción del sonido, porque desde esa fundación se puede escuchar la sonoridad de las otras partes de la orquesta con más libertad. Lo segundo, la llamada ‘presión de sonido’. No me refiero solo al volumen sino a la energía que se expande profundamente en el corazón del público. Creo que esta cualidad está creciendo en el Auditori.   

En la temporada 2015-2016 se escuchó mucho la obra sinfónica de un compositor que no era dominante en Barcelona: Maurice Ravel. Cinco conciertos con su música. ¿Por qué se programó tantas de sus piezas? ¿Qué le aporta en criterio a la orquesta y al público?

Ravel es una clave, un punto de inflexión en la historia de la música, entre el romanticismo y el modernismo. En sus obras se confirma y se avanza en el camino de la armonía. Mi plan era tocar sus piezas (como la suite completa de Daphnis y Chloe) que tienen un fuerte elemento de multi-celularidad, tratando de entender las posibilidades de la orquesta.  

¿Cuáles son los compositores predominantes en las siguientes temporadas? ¿Cuáles considera que son el centro del repertorio que quiere desarrollar?

Uno de los más importantes es Gustav Mahler. Siempre pienso en antes de Mahler y después de Mahler para construir un puente en los conciertos. Dado que se tocaron tantas de sus sinfonías en las pasadas temporadas, he decidido comenzar esta alrededor de Mahler. Por ejemplo, con una sinfonía de Shostakovich, la Sexta, que está profundamente influenciada por Mahler.  En lo que lleva al Mahler director de ópera, tendremos obras de Wagner y Verdi. Y la sinfonía ‘Lohbesang’ de Mendelssohn es la que apunta a la sus canciones sinfónicas o su Octava. El punto central de la temporada, para mí, será el ciclo de canciones de Mahler Das Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico de la juventud) cantado por Thomas Hampson. Y al final se escuchará su Primera Sinfonía. De los influenciados por él, habrá obras de la Segunda Escuela Vienesa (Schoenberg, Berg, Webern), que sale directamente de Mahler, así como otros de sus deudores, como Messiaen, Dutilleux o Britten.

 

¿Cuál es su relación con la música contemporánea? ¿Piensa incorporarla más al repertorio de la OBC?

Tengo en mente pedir a varios compositores catalanes de gran calidad que escriban obras nuevas para la orquesta. Y que se incorporen obras con solista incluyendo instrumentos interesantes, por ejemplo instrumentos japoneses como el shamisen y el sho. Ya me he acercado a algunos compositores y ejecutantes.

¿Qué planes tiene en cuanto a giras y discos? 

Estamos preparando la publicación de las sinfonías de Brahms y la Sinfonía No. 13 de Shostakovich con un sello japonés. Y todavía es pronto, pero pensamos hacer giras que incluyan también Japón. 

[Publicado el 20/9/2016 a las 21:47]

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Biografía

Es periodista, reportero especializado en cultura, sociedad y medio ambiente, y profesor de periodismo.

Nació en Buenos Aires en 1962, estudió sociología y teatro en su ciudad natal, periodismo en Nueva York y reporterismo ambiental en Berlín. Es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Master en Periodismo por Columbia University. Desde 1998 vive y trabaja en Barcelona, donde dirige y enseña en el Master en Periodismo BCN_NY, organizado por IL3-Universidad de Barcelona y la Universidad de Columbia en Nueva York. Es el corresponsal en España de la revista Opera News.

Herrscher es el autor de Periodismo narrativo, publicado por SIL-Universidad Finis Terrae en 2009, y del relato de no ficción Los viajes del Penélope, editado por Tusquets Argentina en 2007 y traducido al inglés y publicado por Südpol como The Voyages of the Penelope en 2010. Actualmente trabaja en Crónicas bananeras, una investigación histórica y crónica de viajes sobre las ‘repúblicas bananeras' de Centroamérica, para Tusquets. Asimismo, dirige la colección Periodismo Activo de Publicacions de la UB, donde saldrá este año la versión española de Periodismo narrativo.

Es autor de capítulos en los libros La noticia deseada y Soldados de Noé (Argentina), Analizando los medios y la comunicación y Domadores de historias (Chile). Trabajó como reportero y editor en el Buenos Aires Herald, la agencia IPS y las revistas Hombres de Maíz y Lateral. Sus reportajes, crónicas y perfiles han sido publicados en medios como La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Ajo Blanco, El Ciervo, Lateral, Room, Quimera, Gentleman, Gatopardo, Travesías, Etiqueta Negra, Página 12, Perfil, y Puentes.

Ha dado clases y seminarios en Ithaca College (EE.UU.), las universidades degli Studi di Milano (Italia), Colonia (Alemania), Católica de Valparaíso y Finis Terrae (Chile), los masters en periodismo de Clarín/San Andrés (Argentina) y U. Complutense de Madrid/ABC (España). entre otras. Es miembro de la International Association for Literary Journalism Studies (IALJS), y fellow del Seminario de Salzburgo y la Inter American Foundation. En 1998 obtuvo el 3er. premio de la Foreign Press Association de Nueva York.

 

Blog: www.periodistanarrativo.wordpress.com

 

Twitter: @RMHerrscher

 

Bibliografía

 

El arte de escuchar (2015)
Universidad de Barcelona 

Periodismo narrativo (2012)
Universidad de Barcelona

 

Periodismo narrativo (2009)
SIL-Universidad Finis Terrae 

 

 

Los viajes del Penélope (2007)
Editorial Tusquets 

Obras asociadas

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