El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 4 de julio de 2009

 Curso de escritura creativa de Jorge Eduardo Benavides

Sesión XLI

 

Ha sido sin lugar a dudas una semana fructífera y hemos estado atentos a los muchos comentarios y sobre todo a las propuestas de inicios que han encontrado los participantes del taller: algunos extraídos de cuentos de escritores reconocidos, otros rescatados del olvido y muchos otros de cosecha propia. En todos los casos, creemos que la abundancia de los ejemplos dan cuenta inobjetable de la importancia que tiene un buen inicio, sobre todo en un relato corto. Esta es la primera parte de una cuidadosa estrategia narrativa y debe conseguir atrapar la atención de lector, sugerirle las líneas de tensión por las que discurrirá la historia y acaso contener ya, como germen, la propia resolución del conflicto. Un buen inicio de un cuento es como una apertura de una partida de ajedrez: encierra consecuencias incalculables. Por ello, ahora que hemos encontrado tantos y tan buenos inicios, vamos a elegir uno de ellos, de preferencia propuesto por algún compañero del taller y en todo caso nunca el que nosotros mismos propusimos, y vamos a contar la historia desde allí. De manera que terminaremos un cuento breve con el inicio apócrifo cuya lectura nos resulte más estimulante o sugerente.

Buen fin de semana!

[Publicado el 03/7/2009 a las 11:24]

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Clase XLI. La importancia de un buen inicio


Tanto en una novela como en un cuento las primeras frases tiene una importancia capital en el desarrollo de la historia. Naturalmente, no de la misma manera pues el cuento requiere el brío de la inmediatez, mientras que la novela echa a andar desplegando muy lentamente la fuerza necesaria para poner en marcha una historia de muchas páginas. En el cuento, que es el caso que nos ocupa, la dificultad de un buen inicio tiene que ver con la capacidad del narrador para mostrar en pocas palabras las líneas de tensión de toda la historia, de manera condensada y al mismo tiempo sugerida. Quiere decir que esas primeras líneas del cuento deben registrar todo lo que se va a contar... pero naturalmente sin revelarlo, apenas apuntándolo. También deben ser líneas sugestivas, que más que ofrecer una respuesta se formulen como una pregunta, como un enigma, como algo que nos invita a seguir leyendo: el inicio de un buen cuento suele plantear una crisis. Y casi nunca se limita a describir una situación estática o un mero paisaje pues eso suele quitarle a la historia el ímpetu necesario para arrancar: «El sol ya se ocultaba en el horizonte y los pescadores lentamente volvían a sus casas comentado la dura jornada....» pues no. La cuestión es que el inicio debe ser fundamentalmente dinámico, ágil, lleno de preguntas e imágenes. Muchas veces ese primer párrafo tiene que trabajarse, pulirse o simplemente borrarse, pues como sabemos por experiencia, lo primero que uno escribe a la hora de abordar un cuento, no siempre es lo que queda en la última versión, por eso propónganse un ejercicio: cuando tengan el cuento terminado busquen quitar, sin más, las primeras cinco o diez líneas del texto y pregúntense si acaso así no entramos directamente en materia, si acaso no estamos suprimiendo líneas innecesarias. Verán entonces en cuántas ocasiones esas primeras líneas no sirven o son muy flojas, o muy explícitas, o demasiado estáticas.



La propuesta de la semana:



Queremos que esta semana cuelguen directamente en esta página, las cinco primeras líneas de un cuento. Intensas, sugestivas, anticipatorias... que nos den ganas de seguir leyendo! Estos inicios se los pueden inventar (ya veremos que opinan sus compañeros) o copiarlos de aquellos escritores que más les gusten o ambas cosas. En cualquier caso, esperamos contar el viernes próximo con un buen número de ellos.


Un saludo y buena semana a todos.

[Publicado el 26/6/2009 a las 12:16]

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Sesión XL


Creemos que este ejercicio puede haber servido para que cada uno indague con más profundidad en la importancia de recrear con precisión la atmósfera, el lugar donde ocurren los hechos, el ambiente en el que se desarrollan los diálogos y la suma de todos estos elementos que, como comentó alguien en el taller, podría denominarse un cronotopo: la relación entre el tiempo evocado y el lugar descrito. No se trata aquí solamente del espacio, del escenario, como ocurrió en el ejercicio anterior, sino de su grado de relación, casi siempre subordinada, al tiempo en el que el escenario se emplaza, a la significación última de los acontecimientos vistos bajo el eje temporal y espacial. Así pues, un lugar, por pequeño que pueda parecer a simple vista, no sólo tiene personajes que se mueven por él; no sólo es una aguda descripción de los elementos que lo conforman para darle vida ante los ojos de lector...es algo más: es su tiempo, es la atmósfera que impregna todo y que nos permite instalarnos en él y darlo por verosímil, por coherente. Huelga decir que esto resulta casi un hálito, pues como ocurre en la buena literatura, todo parece nítido, robusto, casi corpóreo, pero a su vez, cuando queremos aprehender la suma de los elementos que componen esa robustez nos percatamos de que esta es falsa: todo es más bien intangible y, casi, casi, inaprensible. Eso lo da el oficio.



Aviso:


Amigos, esta semana tenemos otra buena noticia:


El día 24 de junio, en el Paraninfo de la Universidad de Valencia, C/ de la Universidad 2, se presenta el libro "Soltando Amarras" editado por dicha Universidad. Es una antología de relatos en la que incluyen varios de Marisabel Peral.


Nuestras felicitaciones Marisabel.


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[Publicado el 19/6/2009 a las 12:11]

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Clase XL. La construcción del escenario (y II)



En la construcción del escenario no hay solamente esas palabras que constituyen frases y esas frases que componen párrafos finalmente organizados en escenas, no; en la construcción del escenario, además de adjetivos bien utilizados y novedosos (sin ser extravagantes), de verbos conectores que permiten establecer un circuito entre ellos y proporcionarle fluidez a la representación que hemos creado para los lectores/espectadores, también encontramos otro nivel descriptivo que permite definir con mayor precisión y plasticidad el orden más abstracto de lo que estamos mostrando, es decir, la parte intangible de nuestro escenario, aquel que está dotado del espíritu que queremos conferirle a un lugar preciso: la casa del viejo general retirado, el decrépito hospital donde pasa sus últimos días un anciano, la penumbra fresca de la casa solariega donde nuestro personaje vive un verano siendo niño. No basta pues que este escenario sea nítido, luminoso, movilizado por verbos que sugieren acciones y potencia, es decir, por el movimiento de los personajes. Hay además que insuflarle un cierto carácter, una personalidad determinada, por decirlo así. Y para lograrlo, el narrador debe pensar detenidamente qué es exactamente lo que quiere representar: la época en la que ocurre o más bien, el espíritu de la época en la que ocurre, de tal manera que el lector entiende ese pequeño espacio que es el escenario narrativo como una parte proporcional de algo más grande: la época, por ejemplo, o si la sociedad de la que forma parte es conservadora, progresista, está sumida en el caos... o bien si el entorno familiar del personaje y del escenario donde se mueve es íntimo, amable, hostil. Veamos la descripción que hace Antonio Muñoz Molina del Café Moka, en Ardor guerrero, para entenderlo un poco mejor.

 "En el Moka el comercio invisible de la heroína era como una danza de fantasmas repetidos en los espejos, moviéndose en apariciones y huidas simultáneas, y las caras expectantes y ansiosas se duplicaban aritméticamente en un delirio visual que acentuaba el efecto del hachís y se volvía baile de vampiros por la luz fluorescente que bañaba el lugar, una luz de nevera que hacía aún más pálidas las caras más pálidas de San Sebastián y subrayaba el dibujo de las venas en los brazos, el brillo de las tachuelas y de los colgantes metálicos y el color negro de las ropas que vestían los yonquis y las yonquis, los reflejos de piel de reptil de la cazadoras y las botas de cuero de los yonquis más pijos.

El café Moka tenía en la puerta un letrero caligráfico de los años cincuenta, una dignidad ajada de espejos y mármoles que conocieron tiempos mejores: contaban que había sido un sitio de mucho prestigio en San Sebastián, una tienda de toda la vida en la que se molía para los clientes el mejor café o se le servía humeante, aromático y negro en pequeñas tazas de porcelana, pero ahora era una lonja de los venenos más letales y una ruina invadida por los primeros zombis de la década. El camarero, fortificado en su taquilla circular, servía y cobrara los cafés y no miraba a nadie a los ojos ni decía más que el precio de cada consumición." ( Ardor Guerrero. Alfaguara, pág. 320-321)


La propuesta de la semana


Nuevamente, vamos a intentar la creación de un escenario, pero en esta ocasión procuraremos que aquel salón añoso, aquel barrio popular, aquel palacio decimonónico, aquella casa de nuestra ficción represente algo más que el lugar: representará también una época, una situación social, un momento determinado.



AVISO:


Amigos, esta semana queremos felicitar a Geyser López que ha ganado, en la modalidad de narrativa, la VII Edición del Concurso para Autores Inéditos 2009 que convoca Monte Ávila Editores (Venezuela) con su novela "Los hijos de Israel". Todas nuestras felicitaciones para él y esperamos que esta estupenda noticia sea un estímulo para todos.


OTRO AVISO:


Jorge en estos momentos viaja hacia Lima con motivo de la publicación de su novela "La paz de los vencidos" ganadora del Concurso de Novela Corta 2009 "Julio Ramón Ribeyro". El libro será presentado por los escritores Alfredo Bryce Echenique y Raúl Tola el próximo 25 de junio a las 8 de la tarde en La Eñe.

Todos aquellos amigos que estén en Lima ese día están invitados a dicha presentación.









[Publicado el 12/6/2009 a las 11:58]

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Sesión XXXIX

Esta semana hemos visto el esfuerzo de muchos para encontrar el adjetivo preciso y huir así de los lugares comunes y de las frases desprolijas que, en buena cuenta, terminan por afear un texto y sofocar las mejores ideas. Y es que un buen cuento requiere por parte del escritor un esmero cuya piedra angular no está en el argumento, como habitual y erróneamente se dice: está en el lenguaje, en la brillantez expositiva de éste, en su capacidad para levantar ante los ojos del lector la hermosa y contundente arquitectura de la ficción.  De allí que el desarrollo de un escenario resulte tan importante, pues es donde nuestros personajes se van a mover. Muchos de los cuentos enviados han desarrollado estupendos escenarios, otros quizá han sido más bien parcos a la hora de describirlos, otros más algo apresurados e incluso, como podrán observar, algunos han evidenciado un exceso de adjetivos,  cosa que termina por debilitar la potencia de la descripción. Veamos los cuentos seleccionados (No "nominados", por favor) y veamos también los demás cuentos, pues les aseguramos que muchos merecen cuidadosa atención.  Por cierto: ¿Quieren leer a un estupendo escritor que maneja el lenguaje con inmejorable precisión? Pues consigan "Violeta en el cielo con diamantes" (Alfaguara) de Fernando Royuela. Canela fina.

 

 


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[Publicado el 05/6/2009 a las 11:55]

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Clase XXXIX. La construcción del escenario

  

Una buena narración tiene siempre un espacio, un lugar físico donde ocurren las peripecias que les suceden a los personajes, de lo contrario, el lector tendría siempre la sensación de que las voces de estos así como la accion entera se esfuma, convirtiéndose en una mera abstracción. Si no hay escenario, las palabras no producen las imágenes imprescindibles para que el lector deje de leer y empiece a «ver», a descubrir ese sueño vívido y continuo del que habla John Gardner en su libro Para ser novelista. Pues bien, ese escenario donde transcurre la acción se recrea teniendo en cuenta, al menos, dos aspectos. Por un lado, debe estar lleno de objetos, quiero decir de cosas tangibles, fácilmente identificables como únicas gracias a los pequeños detalles que las individualizan y les confiere la nitidez de sus contornos gracias a adjetivos limpios, brillantes, así como a comparaciones plásticas que nos alejen de la abstracción. El segundo aspecto requerido para la construcción del escenario son los verbos que conectan a estos elementos y que permiten que la descripción no sea estática (ver la clase II, dedica a tal propósito) sino que parezca fluir en la página. De manera pues que estos sustantivos y sus respectivos adjetivos, así como los verbos  que indican acción y desplazamiento producen un conjunto dinámico, plástico, lleno de sugerencias. Fijaros en este fragmento de El mono aullador de los manglares, la excelente novela de Ibsen Martínez:

«Antonieta invitó a Katberine Mansfield, Virginia Woolf, Julia Kristeva, Marguerite Duras y Ana Ajmátova a una velada cuya piéce de resistence sería mirar la transmisión de Trono de Sangre.  Las cinco fueron llegando desde el anochecer, con intervalos de quince minutos entre una y otra. Hacían con el claxon la señal acordada con Antonieta para que yo bajase a recibirlas.

Recuerdo haber dicho ya que el apartamento fue regalo de bodas del padre de Antonieta. No he dicho que se trataba de un apartamento de tercera mano, en el cuarto piso de un edificio sin elevador, construido durante el boom petrolero de los años cincuenta. Vivíamos en un distrito que abraza al golfo que en el mapa de Caracas dibuja la Ciudad Universitaria.

La nuestra era una calle fresca y corta, de aceras arboladas, y en ella las latiniparlas estacionaban sus escarabajos y para cuando yo salía a su encuentro ya habían encendido el primer cigarrillo. Hubo una de ellas -¿Katherine Mansfield? ¿Virginia Woolf? ¿La Duras?- que ensayó el ascenso sin dejar de fumar. Fumaba escalando -o escalaba fumando- y se detenía, jadeante, en cada entresuelo.

Cada latiniparla trajo un paquetito con una delicadeza que añadir al obsequio de vinos, quesos y carnes fiambres que Antonieta había dispuesto.»

Pueden ver el acierto de la descripción, la manera fluída en la que los personajes suben, escalan, fuman, salen al encuentro, disponen... así como los adjetivos que le dan luminosidad y plasticidad a lo que describe: la calle es «fresca y corta», el apartamento está en el «cuarto piso de un edificio sin elevador»... lean con atención el fragmento y verán que nítido y qué preciso nos resulta todo. Ello porque el narrador ha esquivado los verbos obvios, polisémicos, por otros que dotan al escenario de singularidad. Ha evitado los lugares comunes, las abstracciones y la vaga generalidad prestando atención a sustantivos y adjetivos precisos, originales, llenos de vida.

 

La Propuesta de la semana:

Pues eso mismo vamos a tratar de hacer: vamos a describir un espacio determinado, que puede ser una escuela, un parque, una casa de verano, el vestíbulo de un hotel, una calle llena de comercios...en fin, el lugar que deseen, y vamos a intentar que ocurra algo allí, es decir que se muevan los personajes, pero sobre todo que podamos ver con claridad aquel espacio, que nos resulte singular y único, no por extravagante, sino porque la descripción lo hace nítido a nuestros ojos.

 

 

[Publicado el 29/5/2009 a las 11:50]

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Sesión XXXVIII

Como seguramente habrán comprobado trabajando la consigna de esta semana, las metáforas de segundo nivel o de situación pueden resultar de inestimable ayuda para elaborar un cuento, toda vez que permiten la formulación más sutil de aquello que queremos destacar. Por consiguiente, proponen al lector que sea él quien se encargue de extraer las conclusiones acerca de lo relatado. No se trata de escribir un cuento en clave alegórica, como apresuradamente se podría deducir: se trata de establecer una relación entre el fondo de nuestra historia y ciertos elementos que aparecen en la misma y que se plantean como el sentido figurado de aquella, dejando pequeñas pistas que ayudan al lector a extrapolar lo que se le muestra y generando en él la certidumbre de que le están contando algo más, de que esas breves secuencias aparentemente intrascendentes o inconexas guardan relación entre sí y que juntas recrean una situación más compleja y distinta. Esta semana hemos observado grandes avances en casi todos los participantes y, siendo una propuesta difícil, creemos que en muchos casos se ha dado un gran salto a la hora de narrar. Por eso queremos felicitarlos muy sinceramente. Hemos visto también que muchos se han tomado en serio nuestra recomendación de entregar textos limpios, justificados y corregidos, lo que nos alegra mucho  y nos permite pensar que ha calado la idea del rigor a la hora de escribir. Otro detalle: debemos insistir en que sólo aceptamos la primera versión de lo que nos envíen y de ninguna manera las siguientes con correcciones, enmiendas  o cambios varios. Aunque pueda parecer una arbitrariedad no darles el "derecho a la rectificación", les rogamos que piensen que si de los treinta trabajos que recibimos de promedio sólo la tercera parte nos lleguen en dos o incluso (como ha ocurrido) tres versiones. Por eso mismo, no se precipiten en enviar lo primero que se les ocurra.  Corregir y corregir un texto es lo que termina por dar excelencia al mismo.


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[Publicado el 22/5/2009 a las 12:10]

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Clase XXXVIII. La metáfora de situación


Como todos sabemos, la metáfora es una figura literaria que establece una relación entre dos elementos y que gracias a la cual uno de ellos pasa a ser el sentido figurado del otro. Hay una comparación tácita que permite que este mecanismo funcione y que el lector acepte la frase «sus dientes eran perlas». Se trata de una metáfora básica que expresa no sólo el color, sino también una textura, un brillo, un cierto lujo que refuerza la idea de dientes sanos, agradables. (Aunque la metáfora sea ya manida...) Estas metáforas, llamadas de primer nivel, ponen en contacto dos elementos de forma más o menos explícita, como podemos deducir por el ejemplo citado. Pero también existen otras metáforas, llamadas de segundo nivel o de situación que permiten una conexión menos directa entre dos realidades, haciendo que ambas se insuflen vida, se contaminen -por así decirlo- mutuamente. Ya no se trata simplemente de dos elementos, uno de los cuales representa al otro, de manera figurada. Ahora hablamos de todo un sistema de elementos vinculados tácitamente entre sí y que, a ojos del lector, apenas dejan ver sus lazos. Se podría decir que no son del todo perceptibles en una primera lectura pero impregnan el ánimo del lector de manera contundente. Así, si lo que deseamos es contar la historia de un hombre que tiene problemas con su jefe y con sus compañeros de oficina, a través de una metáfora de situación podemos describirlo luchando contra la fotocopiadora, con la estrechez del cubículo que le han designado, atendiendo llamadas telefónicas que no le corresponden... elementos todos estos que permiten al lector establecer una conexión sutil con lo esencial: sus problemas laborales con los demás.


La propuesta de la semana:


Vamos a contar la historia de una pareja que afronta un momento de crisis y que parece resquebrajarse de un momento a otro. La vamos a situar en una fiesta, o bien en un paseo por la playa, o viniendo de una sesión de cine o donde ustedes quieran. La cuestión es que sin decirlo, a través de metáforas de situación, podamos presentar ante el lector el cuadro de aquella crisis por la que pasan los personajes.

Buena semana a todos.

[Publicado el 15/5/2009 a las 11:55]

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Sesión XXXVII

 

El racontto es, a diferencia del flash back, una forma de analepsis muy pausada, que requiere por parte del narrador una lenta dosificación de los elementos que componen el relato y que tiene por objetivo moverse en dos planos temporales distintos, dos planos que se corresponden y que se explican mutuamente. En los cuentos suele servir para ganar tiempo, para mantener la tensión narrativa y generar en el lector la duda respecto a lo que va a ocurrir, puesto que tiene al personaje en una situación temporal presente y poco a poco nos va desvelando cómo ha llegado hasta allí. Pero hay que saber manejar esos descensos para que no sean bruscos ni se noten forzados, para que el lector vaya poco a poco entendiendo lo que ocurre. Hemos visto que muchos de ustedes se han manejado con soltura y lo han entendido a cabalidad. Ahora, sólo la práctica hará que esta herramienta les resulte útil para trabajar los próximos cuentos.

Ahora bien, aunque entendemos que nadie tiene mucho tiempo, nos gustaría recibir textos más prolijos, tal como hemos venido pidiendo desde hace ya tiempo: con los márgenes justificados, sin faltas ni pifias, con guiones largos... en una palabra: limpios, pues si en algún momento intentan publicar o enviar un cuento a un concurso, muchos de los que nos envían, aunque puedan estar bien contados, no pasarían la primera criba por ese desorden y falta de pulcritud que hace que leerlos resulte una tarea fatigosa.  La próxima clase sólo colgaremos los cuentos que respeten esos mínimos principios que exige el oficio.


 

 


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[Publicado el 08/5/2009 a las 11:40]

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Clase XXXVII. El racontto

 

Como vimos en la clase anterior, la analepsis es un recurso literario cuyo funcionamiento propone un fragmento de la narración que, planteado de manera retrospectiva, rompe la secuencia cronológica de un relato. Y vimos de manera especial una forma de analepsis que el flash back. Ese chispazo repentino del pasado que viene a iluminar una secuencia del presente. Como hemos podido observar en los textos enviados, muchos no tuvieron en cuenta que el fragmento de flash back no es una rememoración: es un corte vertical en el relato, es un trozo limpiamente extraído del pasado y puesto en medio de una situación presente, por lo que se narra también en presente, como si estuviera sucediendo en el mismo momento, una interferencia que deja perplejo al lector y que sirve para hacer comprender mejor el funcionamiento de un cuento.

Pero no sólo el flash back sirve a este propósito. El racontto es otra forma de analepsis donde el narrador propone una intensa y amplia mirada retrospectiva para desarrollar el texto. El narrador suele posicionarse en tiempo presente en los primeros párrafos y desde ahí lentamente va descendiendo por la madeja de situaciones que han llevado a los personajes hasta allí, a menudo con tal intensidad que el lector pierde momentáneamente la conciencia de que en realidad todo es un recuerdo y es menester llevarlo nuevamente al presente con una frase que rompa la fluidez de la inmersión en el pasado. Observen este párrafo del cuento Tu ojos que me olvidaron tarde (del libro de cuentos Hasta luego, míster Salinger) del venezolano Juan Carlos Méndez Guédez:

«Tú no entenderás lo que te digo. Sólo tus ojos retienen esa mínima ternura que fuimos. La repiten. La repitieron hace un rato. Y luego todo se disipó con sutileza. Cualquiera que nos hubiese contemplado hace unos instantes (el propio Iñaki que ahora baila contigo) habría tenido muchos problemas para saber que el año pasado éramos una figura inseparable en los pasillos de la universidad; tardes de cerveza helada; comida tailandesa; horas completas escuchando música electrónica, discutiendo las noticias del periódico; madrugadas en las calles más oscuras y feas de la ciudad para mordernos, explorarnos, para conocer que nuestras pieles también tenían el sabor del humo y la madera y las frutas y los árboles y las ventanas y las aceitunas y el papel y la cebada  y.

            ¿Ves? Hace meses que no pienso en estas cosas.»

 

En el racontto, todo resulta sutil y a menudo lento: casi siempre el narrador propone las líneas iniciales de los párrafos para situar al o a los personajes en un momento presente y desde allí ir rememorando poco a poco la cadena de acontecimientos que los han llevado hasta ese momento. Lean por favor El Camino, de Miguel Delibes, o también Pedro Páramo, para que vean como ambas historias se proponen como raconttos. También, si no los tienen a mano, pueden volver a leer el cuento de Fernando Iwasaki que colgamos en la clase XIII del nueve de mayo, El vuelo de la libélula, donde podrán observar cómo muchos de los primeros párrafos están en tiempo presente y son sólo una excusa para que el personaje rememore su pasado y vuelve -atención al dato- al momento inicial.

 

La propuesta de la semana:

Un niño viaja en un autobús y va en silencio, solitario, probablemente con miedo: se ha escapado de casa. Ese es el plano temporal presente (primeras líneas de cada párrafo) Aquí asistimos  al viaje, vemos lo que el niño observa, las calles, los pasajeros, es decir, la inmediatez, y el segundo plano temporal  es lo que él nos va contando poco a poco para que el lector pueda entender por qué se escapó. La idea del racontto aquí nos permite explicar el porqué de la situación actual del personaje (un niño que ha escapado, en este caso) a través de pasajes narrativos que nos deslizan al pasado, pero que siempre vuelven al presente. Propónganse que todos los párrafos empiecen en el autobús.

 

Otra cosa: en julio, concretamente del día 6 al 10 y de 20:00 a 22:00 horas, voy a dictar un taller de relato breve (aquí en Madrid), que tendrá un coste de 200 €. Es un curso intensivo que suelo hacer en verano, antes de empezar el curso habitual de septiembre. Lo comento para que lo sepan o avisen a quien pueda estar interesado. Son sólo diez plazas de las que dispongo. Si quieren más información, la podrán encontrar en mi página web o en el correo habitual, tallerdejorge@yahoo.es


 

 

[Publicado el 01/5/2009 a las 13:21]

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Foto autor

Biografía

Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su más reciente novela es La paz de los vencidos, galardonada con el XII Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro".

 

Cursos presenciales en Madrid

Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com
http://www.cfnovelistas.com/ 

Bibliografía

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La paz de los vencidos (2009). Alfaguara

Un millón de soles (2008). Alfaguara 

La noche de Morgana (2005). Alfaguara

El año que rompí contigo (2003). Alfaguara

Los años inútiles (2002). Alfaguara

Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura

Premios

2009 Premio Novela Corta "Julio Ramón Ribeyro" (Banco Central de Reserva del Perú)

2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos

2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela

2003 Premio Nuevo Talento FNAC

2000 Finalista del Concurso NH de Relatos

Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores

1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)

 

Obras asociadas

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