Paradójicamente escasea la entrevista, ahora reemplazada por frases cortas y editadas, sin más. A cambio, abundan las comillas, incluso en titulares, como si no quisiéramos responsabilizarnos del enfoque informativo. También por eso las “verdades” ahora son temporales: lo que ayer fue noticia hoy ya no es cierto. Lo que alguien dijo, aún sin pruebas, manda. Tambíén está en alza el subjuntivo.
Pocos enviados especiales; para eso está la televisión y los boletines gubernamentales publicados sin el valor agregado de la mediación periodística. No hay posibilidad de verificar, sólo de citar agencias u otros medios para reproducir las mismas frases emotivas y veleidosas.
Por eso los errores. Claro, incidieron el patriotismo exacerbado, la falta de alternativas para el cubrimiento, la escasez de preguntas, la carencia de respuestas, pero muy especialmente ese requisito apenas humano de ponernos en los zapatos del otro y en la mirada del otro, más allá de la frontera, para empezar a conocernos y tratar de entendernos, como se hizo en Quito, dialogando. Hubiéramos empezado por ahí. (Mario Morales)
[Publicado el 09/7/2008 a las 00:15]
[Etiquetas: Periodismo, Colombia Ecuador, calidad]
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