"El periodismo de la confianza o de la suspicacia"
El periodista y el acusado entablaron una relación de amistad y camaradería de casi tres años, compartiendo paseos campestres y esporádicas juergas con mujeres. Mac Donald confió en él sin restricciones respecto a su vida íntima, perdiendo toda prudencia y natural cautela frente a un profesional que a fin de cuentas buscaba vender la mejor historia.
Luego de un escándalo de proporciones y cuando el médico se encontraba ya convicto en la cárcel, Mac Ginnis publica su libro. Allí lo retrata como un "narciso patológico" que debía haber cometido el asesinato motivado por oscuras razones sicológicas. Cuarenta cartas del autor al acusado, donde se muestra compasivo e intenta con argucias sacarle información, fueron el testimonio evidente de la mala fe del periodista. En las misivas, éste, en ningún momento cuestiona la inocencia del médico. Mac Donald se siente inevitablemente traicionado y termina acusando el autor de su historia por un virtual "asesinato del alma".
A partir de esta trama, Janet Malcolm plantea la tesis de que toda relación periodista personaje tiene una gran dosis de falsedad o ambigüedad, ya que ambos ocultan sus verdaderos propósitos: vender una imagen por parte del entrevistado y encontrar las grietas de ese mensaje, por el lado del periodista. Y estas ocultas intenciones no pueden ser puestas sobre la mesa, porque de ser así la partida llega a su fin. Una tesis claramente desencantada y pesimista. Extraer "verdad" de un encuentro periodístico sería, bajo esta mirada, una ingenuidad. "Todo periodista -dice ella-- que no sea demasiado estúpido o demasiado engreído para no advertir lo que entraña su actividad sabe que lo que hace es moralmente indefendible. El periodista es una especie de hombre de confianza, que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de éstas para luego traicionarlas sin remordimiento alguno...."
De alguna manera, la defensa que se hace en este libro del periodista sugiere también que confiar y creerle a la fuente nos mete en la arena de la publicidad y nos aleja del oficio periodístico. El libro sugiere entonces que la suspicacia y la desconfianza es el combustible del periodismo...algo así como que al encuentro periodístico se debería llegar pensando "todo acusado de algo es culpable mientras no se pruebe lo contrario o toda persona que se expone a ser entrevistada debe estar dispuesta a asumir los riesgos de ser vista por los ojos del otro".
Hay demasiado en juego detrás de esta premisa. Significa un poco -creo-caminar por la vida creyendo poco en la naturaleza humana, desconfiando de los otros...significa estar más del lado de los pesimistas que de los optimistas.
Es lo contrario de lo que predica Kapuscinski en su libro Los cínicos no sirven para este oficio, título que como bien me dijo Andrea Vial, Directora de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado, debería traducirse al español como Los desconfiados no sirven para este oficio. Ahí, el gran periodista polaco nos propone justo el modelo contrario: que sólo los confiados sirven para este oficio; que el buen periodismo es el que se pone en el pellejo del otro...y por eso para hablar sobre la pobreza en Africa o de la revolución salvadoreña, vive como uno más de ellos. Pero Kapuscinski parte de la premisa que ese "otro" del cual va a hablar tiene una razón para hacer lo que hace, no desconfía. ..."Un hombre no empuña un hacha para proteger su cartera, sino en defensa de su dignidad", escribe en Los cínicos no sirven para este oficio.
Esta mirada compasiva del ser humano está en las antípodas de la Malcolm o del periodismo "buitre" del que presumió Capote. Los periodistas hemos coqueteado más de alguna vez con el riesgo de cometer pequeños o grandes asesinatos de alma o, por el contrario, de elevar a categoría de héroes a seres humanos corrientes mientras hay millones de personajes ejemplares perdidos en el anonimato. ¿Cuál será la medida razonable de suspicacia y de confianza del buen periodismo? ¿Cómo confiar sin convertirse en una especie de padre compasivo que deja pasar todas las faltas del entrevistado? ¿Hasta dónde la suspicacia nos protege de un periodismo que a ratos también amenaza confundirse con la publicidad?
Me encantaría saber qué piensan los que hoy están en los medios en la toma de las decisiones.
Carolina García Huidobro
Periodista UC
[Publicado el 03/7/2008 a las 14:49]
[Etiquetas: Janet Malcolm suspicacia cinismo confianza]
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