
Mi cuarto tenía una ventana desde donde se veía el pequeño jardín -dos metros cuadrados a lo sumo- que mi padre cultivaba los domingos. Yo lo admiraba a través del vidrio cuando el asma doblegaba mis pulmones: el pasto recién cortado y la simetría de los arbustos eran el mejor aliciente de mi cura.
Como cada fin de semana, he ido a comer a casa de mis padres. En el fondo del patio descubro una selva en miniatura: matojos desechos, raíces sueltas, hiedra serpenteando, hojas invadidas por gusanos. Flores marchitas.
[Publicado el 20/2/2008 a las 15:38]
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La carnicería en Oriente es producto de un cruce de espejismos.
Que Dios conduce a sus ejércitos.
Y que prevalece la fe sobre las víctimas.
[Publicado el 19/2/2008 a las 17:19]
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Caen las bombas como dátiles maduros, pero Laila no se detiene. No la frenan las llagas en los pies ni las quemaduras en el rostro. El djinn le ha dicho que sus hermanos aún se encuentran en Bagdad.
¿A salvo? El demonio del desierto consulta el movimiento de los astros y no puede confirmarlo: tal vez un jeque los protege o yacen como perros en prisión o preparan minuciosamente un atentado. A Laila sólo le importa que respiren.
[Publicado el 18/2/2008 a las 16:56]
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Cercado entre bosques y colinas, cada mañana copiaba a la anterior. Alzarme amodorrado, forrarme con un abrigo de plumas, perorar un par de horas sobre dictadores latinoamericanos, mascar un sándwich de vegetales, añadir tres líneas a un paper desabrido. El eterno retorno o, mejor, el tedio eterno. Un oasis en medio de las guerras. Y allá, muy lejos, el mundo como nuestra fantasía de topos académicos.
Quince años así, en un exilio que no era tanto de mi patria como del resto de los mortales. Ya había olvidado unos ojos mirándome a los ojos.
[Publicado el 15/2/2008 a las 16:36]
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Las primeras semanas resultaron agotadoras. Ana acudía a sus sesiones y diseñaba la estrategia para vencerse a sí misma. Por las noches aparecía vital, incandescente. El futuro no existía para ella, sólo esas veinticuatro horas de serenidad y de cordura: el fin de su errancia ingobernable.
Le fascinaba romper su juramento y, en relatos que se prolongaban hasta el alba, me exhibía las oscuridades de sus compañeros. Una niña de catorce enganchada a la heroína. Una señora de alta sociedad atiborrada de calmantes. Un abogado de empresa. Dos secretarias (una bilingüe). Un físico teórico curtido en mezcalina. Una maestra de jardín de niños y dos universitarias.
Una saga. Desmenuzábamos su desventura con precisión de cirujanos: ellos emergían de su strip-tease terapéutico y Ana los integraba a nuestra familia imaginaria.
Fue Dios -enaltecido sea- quien destruyó esa armonía. Según Ana, todos los miembros de su grupo estaban obligados a encomendarse a una fuerza superior: somos débiles y sólo con Su auxilio saldremos adelante.
Hasta entonces Ana había sido atea y ahora se entregaba a un ser que reconocía caprichoso y absurdo. Durante meses de llanto y desatino yo había sido su único consuelo. No iba a permitir que Dios, con su soberbia omnipresente, quisiera quedarse con el crédito.
[Publicado el 13/2/2008 a las 16:00]
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Nacimos condenados. Para salvarnos, Dios -enaltecido sea- nos envía nada menos que a su Hijo. En vez de cubrirlo de alabanzas, nosotros lo torturamos y al cabo lo asesinamos.
Qué burdo eco en el desierto.
[Publicado el 12/2/2008 a las 19:00]
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[Publicado el 11/2/2008 a las 20:00]
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Mi padre y mi hermana fueron detenidos por la Mujabarat hace unas semanas. Se los llevaron en una limusina negra escoltada por diez motociclistas. Todos los vecinos del barrio sabían que él era piadoso como ninguno: un hombre santo. Lo amarraron a una silla y le afeitaron la barba, el peor insulto para un clérigo. Luego lo obligaron a mirar cómo desnudaban a su hija y cómo la vejaban una y otra vez hasta sangrarla. Perra, puta, la zaherían. Mi padre callaba. Le clavaron agujas en los ojos. Le patearon los testículos. Desgarraron su pecho con hierros candentes. Lo azotaron hasta que perdió el sentido. Por fin, tras lentas horas de suplicio, le cortaron la garganta. Y, como si no fuera suficiente, quemaron su cadáver.
Laila escucha el relato del peregrino entre sollozos. El djinn escupe tres veces en la arena. Que un hombre le haga esto a otro prueba que la semejanza es irrelevante.
[Publicado el 08/2/2008 a las 17:07]
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Dios era una telaraña. Arrasada, no queda trazo, ni el más sutil, que nos sostenga. Se dispersaron los prójimos. Y todos sabemos cuán fútil es amarse a uno mismo.
[Publicado el 07/2/2008 a las 19:22]
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A instancias de mis amigos diplomáticos, cada vez más relamidos, el nuevo canciller me invita a dirigir unas palabras en la comida anual de embajadores. No sé por qué lo hace: ha sido un entusiasta de la guerra y procura no incordiar a nuestros vecinos. Es un tipo enjuto y obsequioso -y, se dice, rudo y altanero-, anclado en la suavidad de sus modales: lagartija encorbatada.
Jamás en mi carrera he sido tan violento. Arremeto contra el cowboy oligofrénico y sus amigos petroleros. Contra Gran Bretaña y demás buitres. Contra los activistas que gozan inmolándose. Contra Dios, fuente de todas las calamidades. Contra la esclerosis de Naciones Unidas. Contra nuestra abúlica política exterior y sus toscos operarios. Y desde luego contra la lagartija que gentilmente me convoca.
Al final, un bloque de silencio. Aplausos aislados y alguna risa. La irónica satisfacción de mis amigos: saboteadores profesionales.
No me he atrevido a hablar de Laila.
[Publicado el 06/2/2008 a las 10:45]
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Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la unam y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.
Es autor de las novelas A pesar del oscuro silencio (Joaquín Mortiz, 1992; Planeta, 2000), Días de ira, en el volumen Tres bosquejos del mal (Siglo XXI, 1994; Muchnik Editores, 2000), La paz de los sepulcros (Aldus, 1995; Seix Barral, 2007), El temperamento melancólico (Nueva Imagen, 1996; Seix Barral, 2004) Sanar tu piel amarga (Nueva Imagen, 1997; Algaida, 2004) y El juego del Apocalipsis (DeBolsillo, 2000) y de los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (Editorial Era, 1998) y La guerra y las palabras. Una historia del alzamiento zapatista (Editorial Era en México y Seix Barral en España, 2004).
En 1999 obtuvo el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999), con la cual inició una "Trilogía del siglo xx", y de la cual se han publicado ediciones en veintisiete idiomas y más de treinta países. En 2004 publicó la segunda parte de la trilogía, El fin de la locura (Seix Barral) y en 2006 la última parte, No será la Tierra (Alfaguara).
Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.
No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España
Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España
Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España
Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España
La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España
El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España
Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España
En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España
El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España
Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España
16/3/2010 20:55
Estimado tocayo, estoy a punto...
Publicado por: Jorge Barreiro
10/3/2010 04:01
Jorge,es usted un hombre joven...
Publicado por: eduardo martinez ojeda
05/3/2010 19:58
Publicado por: Fernando Eguiarte
16/2/2010 21:10
Publicado por: Sofia Chiquetts
09/2/2010 03:10
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Publicado por: alexandra
25/1/2010 19:06
Publicado por: samyadeep sengupta
25/1/2010 05:37
Dear Mr. Volpi I am a reader...
Publicado por: Vidyanand Jha
19/1/2010 02:33
Publicado por: Agustín Yirigollén
10/12/2009 23:51
Reitero mis saludos segunda...
Publicado por: Noe Sánchez
10/12/2009 23:27
Saludos Jorge Volpi Hablando...
Publicado por: Noe Sánchez
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