El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 12 de mayo de 2008
Las voluntades como los cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio.
[Publicado el 31/3/2008 a las 18:15]
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El color de las toallas. Comida china o italiana. Una película de autor o Julia Roberts. Aquí molesta el sol, vamos a la sombra. Pésima tu sopa de verduras. El orden de los cepillos de dientes en el baño. Esta ruta o aquella. ¡Da vuelta en esa esquina! ¡Lo olvidaste! El maldito aguacero. Volviste a dejar tus pantalones en el piso. ¿No te cansas de Bach y de la ópera? La pintura es azul, más azul o muy azul. Tú haz la fila. Primero desayunar o hacer la compra. El jabón de siempre o la competencia. ¡De nuevo tarde! Cenar con tus amigos o los míos. No me pasa nada. ¡Eres insoportable!
Nuestra frívola guerra cotidiana.
[Publicado el 28/3/2008 a las 18:29]
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Todos los amores se degradan, todos. El tiempo los corroe como un ácido. Tu rostro se vuelve anodino y al cabo aborrecible. Hay quienes se acostumbran a este horror cotidiano y su felicidad está en negarlo. Otros huyen al primer síntoma.
[Publicado el 27/3/2008 a las 17:03]
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Todo me derruía. Hasta los quince sobreviví custodiado por un miedo irreprimible -el miedo contagioso de mi madre- y la timidez que era un larguísimo pasillo. Cualquier detalle se volvía una tragedia: la diarrea de mi perro, un disco rayado (empezaba a disfrutar las sinfonías aunque desconfiaba de Bach y de la ópera), los pleitos con mi hermano, la distancia o la envidia o el malhumor de mis amigos.
Otras certezas me aniquilaban: el inminente divorcio de mis padres (llevan cincuenta años de casados), la miseria y el llanto ajenos y esa imposibilidad de comprender a los demás que yo vivía como incomprensión de los demás hacia mí.
Yo también pensé en el suicidio -el mejor antídoto contra el insomnio, advierte Cioran- y me hundía, gozoso, en mis pantanos. Para conjurar el desorden, y la opresión que de éste derivaba, me fijé un patrón de conducta inalterable. Ni por error infringía mi rutina, mi torpe rutina adolescente. Dibujaba superhéroes de nítidos perfiles y protegía con la vida mis juguetes. Diez veces al día constataba que el zaguán estuviese bien cerrado para prevenir la huida de mi perro.
A los quince, mientras Nietzsche me invadía -y extraviaba la fe-, decidí abjurar de aquella angustia. Racionalmente, como quien abandona el alcohol o el tabaco, descubrí que ya no toleraba ser como era.
[Publicado el 26/3/2008 a las 17:00]
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Serían las cuatro de la madrugada y Ana no se detenía. Hablaba del abandono de su padre. De lo poco que le importaba el abandono de su padre. De los golpes de su padre. De la amargura de su padre. Del vacío. De las peleas cotidianas con su madre (se llamaban seis veces al día). De los regaños de su madre. Del cariño de su madre. De la muerte. De su vida anodina e incompleta (la de Ana). De su odio a las obligaciones y al trabajo. De su falta de tesón y de talento. De las arrugas que enmarcaban sus labios. De la vejez (tenía veintisiete). De la frivolidad de sus amigas. De su propia frivolidad. De Dios. De su padre. Del abandono de su padre. De lo poco que le importaba el abandono de su padre. Del vacío. De las cataratas de su madre. De mí. De mi carácter volátil y evasivo. De mis máscaras. Del miedo a que yo la abandonase. De su adicción. De Dios. De los golpes de su padre. Del miedo a que yo la abandonase. De su deseo de tener un hijo. De su padre. De su madre. De mi renuncia a tener un hijo. De Dios. De la muerte.
Así hasta el alba. Insomne. Irrefrenable.
[Publicado el 25/3/2008 a las 17:15]
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Ni siquiera de niño, cuando inocente me asumía católico, toleré el sacramento de la confesión. Alguien que escucha tu maldad en secreto. Alguien que te perdona. Qué mayor concentración de poder y de soberbia.
Sólo una vez me sometí a esa humillación: aún me estorban mis palabras. Tampoco soporto el psicoanálisis ni otras variedades de lo mismo. Uno debe identificar su dolor y su deseo y resguardarlos con vergüenza.
Me contradigo: dejo aquí, viles, estas páginas.
[Publicado el 24/3/2008 a las 17:00]
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¿Existe un pecado más vulgar, más siniestro, que hacer cualquier cosa, la que sea, con tal de llegar al paraíso?
[Publicado el 18/3/2008 a las 11:00]
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Existe, claro, otra posibilidad. Los alemanes, tan aficionados a los abismos, la llaman Schadenfreude.
La alegría ante el dolor ajeno.
[Publicado el 14/3/2008 a las 16:45]
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Cuando Laila al fin se acerca a las puertas de la capital -el descampado se pierde entre chabolas- la guerra ha concluido. Eso repiten día y noche los altavoces. La fiera resistencia prometida por el Abominable y sus secuaces -ese ministro que rabiaba en televisión mientras los enemigos se adentraban en su barrio- sólo fue otra bravata: los extranjeros ocuparon palacios y oficinas sin apenas un disparo. Pero los halcones que predijeron una fiesta también se equivocaban.
Como ocurrió en el tiempo de los mongoles, ahora Bagdad es un cadáver mutilado por aves de rapiña. Sólo que esta vez los culpables -el Altísimo castigue sus ofensas- son sus hijos. Ante la mirada indiferente de los extranjeros, demasiado entretenidos con su triunfo, cientos de jóvenes sin fe y sin memoria arrasan la ciudad e imponen el gobierno de la nada.
Saquean cada comercio sin resguardo, escuelas, hospitales. Vacían la Biblioteca y el Museo. Quiebran vidrieras y apalean a sus dueños. Matan a quien busca frenarlos. No dejan piedra sobre piedra. Ésta es la paz que los salvadores han prometido.
[Publicado el 13/3/2008 a las 19:00]
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Cuando mueran mis padres -no alcanzo siquiera a pronunciarlo- el mundo se despojará de su sintaxis.
[Publicado el 12/3/2008 a las 17:53]
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Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la unam y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.
Es autor de las novelas A pesar del oscuro silencio (Joaquín Mortiz, 1992; Planeta, 2000), Días de ira, en el volumen Tres bosquejos del mal (Siglo XXI, 1994; Muchnik Editores, 2000), La paz de los sepulcros (Aldus, 1995; Seix Barral, 2007), El temperamento melancólico (Nueva Imagen, 1996; Seix Barral, 2004) Sanar tu piel amarga (Nueva Imagen, 1997; Algaida, 2004) y El juego del Apocalipsis (DeBolsillo, 2000) y de los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (Editorial Era, 1998) y La guerra y las palabras. Una historia del alzamiento zapatista (Editorial Era en México y Seix Barral en España, 2004).
En 1999 obtuvo el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999), con la cual inició una "Trilogía del siglo xx", y de la cual se han publicado ediciones en veintisiete idiomas y más de treinta países. En 2004 publicó la segunda parte de la trilogía, El fin de la locura (Seix Barral) y en 2006 la última parte, No será la Tierra (Alfaguara).
Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.
No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España
Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España
Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España
Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España
La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España
El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España
Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España
En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España
El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España
Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España
09/5/2008 03:11
Publicado por: Julio
08/5/2008 00:55
Publicado por: Noa
07/5/2008 22:26
Publicado por: Makol tao
07/5/2008 03:02
En algun jardin del pasado me...
Publicado por: confused Lilith
07/5/2008 00:43
Publicado por: usuario
06/5/2008 08:11
Publicado por: M Belén Peláez Pezzi
03/5/2008 23:18
Publicado por: rolando gabrielli
03/5/2008 21:15
Han pasado mas de 15 anos ,...
Publicado por: Lilith
03/5/2008 20:16
Collado para ti. Caverna para...
Publicado por: Lilith
03/5/2008 18:00
Despacio, despacio, la serpiente...
Publicado por: rolando gabrielli
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