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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 21 de septiembre de 2019

 Blog de Jorge Volpi

La venganza del Guasón

¿Cuántas veces ha visto la escena? Ni siquiera necesita pulsar play para que las imágenes se encadenen en su mente, para volver a sufrirlas con desgarradora intensidad. Fuck! ¿Por qué nunca logra escapar en el último momento, por qué siempre termina atrapado por su archienemigo? ¿Qué lo hace sentirse superior, si no es más que un payaso -un niño en su ridículo disfraz- igual que él? Holmes ha rumiado su venganza a lo largo de cuatro años, pero sabe que por fin ha llegado el día. Oculto en su mansión, tullido y abandonado por todos (excepto su insufrible mayordomo), su adversario piensa que ha desterrado el mal inexplicable y abyecto. ¡Iluso! El soberbio eremita no comprende que el mal nunca se extingue; acaso pueda retraerse, como una ola, pero sólo para regresar con una fuerza redoblada.

Holmes revisa la programación de la música y de su arsenal antes de salir de casa. Excitado, se traslada a las cercanías del auditorio, se parapeta en una esquina, y aguarda el inicio de la función. A lo lejos vislumbra a los odiosos fans de su archienemigo: muchachitos que cubren su acné con antifaces negros; niños envueltos en toscas alas de plástico; adolescentes gordas o anoréxicas con ratones alados impresos en la piel; padres y madres cargados con enormes botes de palomitas con el ridículo emblema de su archienemigo. ¡Qué indignos le parecen, de pronto, los humanos! ¿Cómo no querer eliminar la mortecina placidez de sus vidas con una repentina descarga de infortunio, con una súbita dosis de maldad?

Holmes empuña sus armas y se adentra en el reino de su adversario -su cabello rojo, un destello en la penumbra-: no la Ciudad Gótica, sino ese atestado templo donde, al final de la aventura, después de padecer y dudar y ser doblegado por el inmundo Bane (tosco villano), su rival volverá a triunfar. Sólo que en esta ocasión no será así. Nunca volverá a ser así. Porque Holmes ya no es Holmes, sino el Guasón -el perverso y estragado Guasón del fallecido Heath Ledger-, y el Hombre-Murciélago será destruido para siempre. Cuando los primeros estallidos resuenan en la sala, los asistentes piensan en una sorpresa añadida a la première, hasta que los gritos y el horror suenan demasiado reales y la irrealidad del mal absoluto -de ese mal que tan torpemente acomete Bane en la pantalla- los alcanza. ¿Los espectadores querían contemplar la maldad gratuita? Pues allí lo tienen, ríe Holmes, imitando a Ledger, o a Jack Nicholson, o a César Romero.

En su grandilocuente y abigarrada metáfora, Christopher Nolan quiso arrancarle al Hombre-Murciélago su condición de héroe impoluto. ¿Cómo? Obligándolo a dudar entre el bien y el mal. A diferencia de Supermán o el Hombre Araña, cuyo código moral resulta intachable -y deviene, por tanto, infantil-, Bruce Wayne (el Bruno Díaz de los buenos tiempos) se halla siempre en el límite: combate el mal con el mal. Frente a esta trágica disyuntiva, Holmes reinstala, en cambio, el azar y la irracionalidad. Habrá quien lo menosprecie aduciendo que se trata de un pobre diablo en busca de fama. Pero, ¿no son así todos los villanos, de Hitler al Guasón?

No es casual que el perfil de Holmes coincida con el de tantos psicópatas: retraído, amable, con excelentes notas escolares. El hombre normal que se transforma en monstruo. Y otra metáfora: si en la película Bane planea destruir la Bolsa de Valores y un estadio de futbol -el doble fundamento de nuestra mermada civilización-, Holmes da un golpe aún más certero: contra la más contagiosa variedad del entretenimiento global, aquella que incuba y conjura nuestras pesadillas. Tampoco debería sorprender que su especialidad sea la neurociencia: otro científico loco en la lista. Y alguien consciente del poder de las neuronas espejo, esas células que nos llevan a imitar secretamente a los otros, a convertirnos en esos otros por un instante. Las neuronas de la empatía, mas no de aquella que podría haber ligado a Holmes con sus víctimas, sino con el esperpéntico villano derrotado en El caballero oscuro. (Al hablar de su versión del Guasón, Ledger lo definió como un psicópata "sin la menor empatía").

El incidente vuelve a abrir el debate en torno a la violencia de la ficción. ¿Influye en los instintos asesinos? Sin duda. A fuerza de revivir una y otra vez las mismas secuencias de muerte, uno acaba por acostumbrarse a ellas. La solución no radica, sin embargo, en la censura, sino en contrarrestar la violencia con una educación humanista. Justo la que pareció faltarle a Holmes. El episodio del cine Aurora refuerza la necesidad de controlar la venta de armas en Estados Unidos -más que los miles de muertos en México, a ojos de su sesgada opinión pública-, pero sobre todo nos recuerda la fragilidad de una sociedad que, en vez de privilegiar la empatía por los débiles, exorciza sus demonios con fábulas de héroes y villanos solitarios que combaten entre sí al margen de la ley.

 
 
Twitter: @jvolpi
 

[Publicado el 29/7/2012 a las 14:22]

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La desaparición de México

-¿De México?

            -Sí.

            -Entonces dígame: ¿qué pasó con su país? La sensación es que México desapareció del mundo.

            Aunque malévola, la sentencia del viejo diplomático francés es compartida por la mayor parte de los observadores de la escena internacional desde hace más de una década. Tras la derrota del PRI en el 2000, celebrada por tirios y troyanos, México parecía destinado a convertirse en uno de los actores más relevantes del planeta: se trataba del mayor país de habla hispana, con una larga tradición de liderazgo latinoamericano, una economía apta para una sólida etapa de crecimiento, una enorme cohesión social -comparada con otras naciones de la zona- y una reluciente democracia. No pasaron ni dos años antes de que estas grandes esperanzas comenzasen a malbaratarse sólo para que, al cabo de 12 años, se revelasen como un lamentable naufragio. La culpa es, en buena medida, de la impericia de las dos administraciones del PAN, sumada a la irresponsabilidad, el egoísmo y la falta de visión del conjunto de nuestra clase política.

Durante el gobierno de Vicente Fox, México desperdició todas las oportunidades posibles. A un vigoroso inicio de gestión, marcado por una sincera voluntad de cambio, la aspiración de poner en marcha un gobierno plural y el deseo de acabar con las prácticas corruptas y corporativas del ancien régime, le sucedió una ominosa parálisis institucional -debida en buena medida a la inmovilidad del PRI en el Congreso y los estados-, la salida del gobierno de los cuadros menos conservadores, una vida pública marcada por la frivolidad del presidente y de su esposa, y el desmantelamiento de nuestra posición de privilegio en América Latina.

Hasta entonces, México había logrado balancear su política exterior entre la irremediable cooperación con Estados Unidos y la independencia expresada en el apoyo prestado a Cuba. Al convertirnos en una democracia de pleno derecho, la relación con la dictadura de Castro tenía por fuerza que modificarse pero, en el ínterin, México fue incapaz de hallar el nuevo lugar que le correspondía en el concierto internacional. Al regateo del apoyo a Estados Unidos tras el 11-S le sucedió una enemistad cada vez más ruidosa con otros países de la región. Así, mientras en el interior el Fox se concentraba en perseguir a López Obrador, en el exterior su secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, no eludía la ocasión de incomodar a nuestros aliados estratégicos. Por otro lado, mientras Jorge Castañeda había impulsado una vigorosa diplomacia cultural, capaz de extender nuestra influencia a través de un organismo semejante al Instituto Cervantes español -el efímero Instituto de México, copiado por Gabriel Quadri al proponer el Instituto Octavio Paz-, Derbez desarticuló el proyecto sin contemplaciones sólo para llevarle la contraria a su antecesor.

El conflicto postelectoral del 2006 acabó por arruinar la imagen de México en el mundo justo cuando Brasil no sólo consolidaba su ascenso político y económico, de la mano de Lula, sino su marca internacional: una imagen de solvencia financiera, visión social y pericia internacional que acabó por borrar del mapa a un México que entonces se lanzaba desmañadamente en una "guerra contra el narco" que, tras seis años de combates y más de 60 mil muertos, se ha revelado como un gigantesco fracaso.  

Nunca como ahora la idea de México en el mundo ha estado tan devaluada: frente a la admiración que continúa despertando la variedad y riqueza de su cultura, se anteponen las imágenes de violencia e impunidad asociadas con las mujeres de Ciudad Juárez, las cabezas cortadas y los cuerpos desnudos en los puentes, las narcomantas y los narcobloqueos y, sobre todo, la abrumadora incapacidad del gobierno en materia de seguridad pública. Para colmo, según estadísticas recientes, ni siquiera en términos económicos el PAN ha alcanzado el menor éxito en 12 años. De los 18 países evaluados en América Latina, México ocupa el lugar 17 en términos de crecimiento en la última década, sólo por arriba de El Salvador. Y, lo que es más grave: es de los pocos, al lado de El Salvador, República Dominicana y Costa Rica, donde el número de pobres ha aumentado (un 1.3%  según datos de CEDLAS y el Banco Mundial).

El regreso del PRI al poder en el 2012 no ha contribuido a mejorar esta imagen, no sólo por su largo historial de corrupción y autoritarismo, recordado por todos los diarios del mundo, sino por las denuncias de compra y coacción al voto. Es una lástima, porque otra vez existen condiciones para que nuestro país recupere su sitio en el mundo: posee una economía estable, las perspectivas de crecimiento se mantienen a la alza y, frente a la debacle de España, tendría la ocasión de asumir el liderazgo de las naciones hispanohablantes. Pero, mientras nuestra clase política se mantenga tan ciega y torpe como hasta ahora, no podemos esperar que México deje de representar otra cosa que una gloria pasada y una oportunidad perdida.

 

twitter: @jvolpi

 

[Publicado el 22/7/2012 a las 19:44]

[Etiquetas: México]

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El nuevo Tercer Mundo

Durante décadas la pequeña nación fue un paraíso: aquí y allá, los inevitables restos de su antiquísima historia -vagamente recordada por los turistas-, al lado de playas cristalinas, pesquerías extraviadas en el tiempo y blancos hotelitos acodados en farallones. Un buen día, los gobernantes de esta región de cabras y olivares anunciaron que el país se había vuelto rico. El dinero comenzó a fluir a raudales y sus habitantes más despiertos amasaron millones en un suspiro. Hasta que alguien descubrió que sus diligentes administradores habían engañado a todo el mundo: a los bancos que repartieron créditos sin ton ni son, a los jerarcas extranjeros que veraneaban en sus islas y sobre todo a los ciudadanos que por un instante compartieron esa súbita prosperidad. Tras una implacable auditoría, los contables del Norte no sólo descubrieron que sus cifras habían sido maquiladas, sino que el país estaba en quiebra: el paraíso rústico se convirtió en un símbolo del oprobio que no tardaría en azotar al Viejo Continente.

            La crisis -de dinero y de confianza- contaminó a toda la región. Y esta parte del orbe, hasta entonces vista como modelo de progreso y equidad, se reveló como un tosco espejismo. La sucesiva debacle de sus economías exhibió de pronto la ineptitud, la avaricia, la imprevisión y la simple estupidez de sus élites políticas, incapaces de hacer frente al desastre que ellas mismas generaron durante los engañosos años de vacas gordas. Todos los males asociados con el Tercer Mundo -esa turbia categoría tan propia de los setenta y los ochenta- se revelaron propios del Primero.

            En Grecia, donde se originó la tragedia -nunca mejor dicho-, sus gobernantes falsearon las cuentas públicas con un descaro equivalente al de los más turbios políticos africanos. Por su lado, Portugal e Irlanda se endeudaron más allá de sus posibilidades y debieron ser intervenidos por Bruselas en un proceso no muy distinto al que sufrieron hace décadas diversos países de América Latina con los brutales planes de choque del FMI. Poco antes, la diminuta Islandia había hecho aguas por culpa de los gerentes neoliberales que ascendieron al poder de manos de la derecha, como en el México de 1994.

            Y no sólo encallaron los países periféricos: el populismo barato de Silvio Berlusconi hundió la política italiana en una sucesión de episodios cada vez más zafios -baste recordar la desfachatez con que confesó sus orgías con menores- y, al privilegiar sus intereses empresariales sobre el interés público, arruinó a su patria con la misma energía de Menem en Argentina. Mientras tanto, Nicolas Sarkozy se encargaba de desprestigiar la institución presidencial francesa con sus salidas de tono, su tozudez y su frivolidad people.

            Si bien los desmanes se han multiplicado por toda Europa -de las tentaciones autoritarias en Hungría y Rumania a la anarquía belga, pasando por el auge del extremismo en Finlandia, Suecia, Dinamarca o la misma Grecia-, hoy todos los focos rojos se centran en España, cuarta economía de la eurozona. Cuando se inició la crisis, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero menospreció sus señales sólo para luego introducir medidas de ajuste in extremis: su irresponsabilidad provocó el apabullante triunfo del PP en 2011. Desde entonces, Mariano Rajoy ha sido incapaz de afrontar la tormenta de mejor manera. Como su antecesor, no ha hecho sino contradecir todas sus promesas -aumentando impuestos y recortando los servicios públicos-, e incluso ha llegado a escabullirse de la prensa para no explicar sus acciones. Igual que José López Portillo en 1982, basta que Rajoy diga una cosa para que los ciudadanos sepan que hará la contraria. Esta misma semana, la frágil economía española ha sido intervenida por Bruselas.

            Los grandes logros sociales y políticos acometidos por Europa desde el fin de la segunda guerra mundial se hallan en peligro debido a la ineptitud y banalidad de sus políticos, tal como ocurrió en Asia, África y América Latina durante la segunda mitad del siglo xx. La poderosa Alemania que intenta arreglar por la fuerza las maltrechas economías de sus socios recuerda a los arrogantes Estados Unidos que se empeñaron en meter en cintura a sus esquivos aliados latinoamericanos, provocando que éstos perdiesen una década entera de crecimiento.

            Si Europa se convirtió en un ejemplo para el mundo, fue en buena medida gracias a la visión de figuras como Delors, Mitterrand, Kohl o González. Frente a ellos, sus sucesores parecen enanos concentrados en tapar los agujeros desmantelando el estado de bienestar. Sometidos al dictado ideológico que ensalza la austeridad, y desprovistos de la energía para reformular las instituciones europeas, están a punto de convertir la ribera norte del Mediterráneo en un nuevo Tercer Mundo. La única forma de evitarlo es recurrir a la misma fórmula que salvó a la región en el pasado: revertir los torvos nacionalismos que aún perviven y convertir a Europa (sin Gran Bretaña) en una auténtica federación.

 

twitter: @jvolpi

[Publicado el 16/7/2012 a las 21:27]

[Etiquetas: Crisis; Europa;]

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Voto razonado

Desde la primera vez que tuve la oportunidad de votar, nunca me había sentido tan frustrado ante una elección. En todas las ocasiones anteriores me animó un impulso, que casi me atrevería a llamar moral, a la hora de escoger. En 1988 y en 1994 voté por Cuauhtémoc Cárdenas, para mí la opción más clara para terminar con el autoritarismo y la corrupción del PRI. En el 2000 No dudé en apoyar a Vicente Fox por las mismas razones. En 2006 me decanté por Andrés Manuel López Obrador, el eficaz alcalde de la ciudad de México, quien prometía combatir el que a mis ojos era -y aún es- el mayor problema del país: la desigualdad.

            Hoy, en cambio, ninguno de los candidatos despierta mi entusiasmo. Aun así, no pienso que anular mi voto o abstenerme contribuya a mejorar las condiciones del país. Jamás voté por el PRI, y no lo haré ahora. Más allá del historial del partido, aduzco otro argumento: pese a la sobreexposición de la que se ha beneficiado, nada sé de Enrique Peña Nieto. Bajo su retórica no he logrado descubrir una sola idea propia, un solo rasgo de carácter, un solo signo que me permita atisbar su personalidad, sus convicciones, su verdadero rostro. Lo veo y lo oigo y no consigo intuir quién se oculta detrás de su cuidada máscara. Ése ha sido su plan: colocarse, gracias a los errores de sus rivales y a su cercanía con los medios, como puntero en las encuestas. Y, una vez allí, resistir los embates sin jamás mostrarse tal cual es. Incluso si aparcara mi desconfianza hacia el PRI, no podría votar por un espectro.

            Josefina Vázquez Mota me parece una mujer seria, eficaz, decidida. En la SEP intentó oponerse al control que Elba Esther Gordillo ejerce sobre la educación y por ello fue apartada del cargo. Confío en su honestidad y sus buenas intenciones. Por desgracia, sobrelleva un lastre imposible de obviar: la fracasada estrategia de seguridad del presidente Calderón. Los 60 mil muertos no son culpa exclusiva del Gobierno, pero aplicar una estrategia a todas luces equivocada, que ha generado un inédito escenario de confrontación y violencia, sin tomar las medidas necesarias para corregirlo, no sólo es prueba de soberbia, sino de una falta de responsabilidad que debe ser castigada en las urnas. Si Vázquez Mota hubiese hecho explícito su rechazo a esta herencia y hubiese presentado una nueva estrategia sobre el tema, que contemplase discutir la legalización de las drogas -a mi modo de ver, la única salida-, le hubiese otorgado mi voto. Aunque sospecho que ella hubiese querido hacerlo, al final quedó atrapada en la maquinaria electoral del PAN.

            Gabriel Quadri ha presentado el programa más inteligente y variado de los candidatos, pero tampoco podría votar por él. Su discurso liberal se halla al servicio de los intereses más anquilosados. Uno de los mayores problemas del país es la educación y yo jamás podría votar por quien ha sido corresponsable del estancamiento de miles de niños y jóvenes. Un voto por el PANAL es un voto a favor de la inmovilidad y el atraso.

            El López Obrador de 2012 no es, por desgracia, el López Obrador que gobernó la ciudad de México. Tampoco el candidato del 2006. Si bien puedo comprender su rabia tras perder la elección por unos cuantos votos -debidos, en mi opinión, a la intervención ilegal de Fox y a la campaña orquestada en su contra por los medios-, su deriva poselectoral le hizo un enorme daño a la izquierda mexicana. El plantón en Reforma es lo de menos. Haber "mandado al diablo" a las instituciones y asumirse como presidente legítimo constituyó, en cambio, una enorme irresponsabilidad política. Desde hace unos meses ha querido moderar su discurso, pero su tozudez e intransigencia no dejan de generarme dudas.

No obstante, será la opción que elegiré. No tanto por el propio López Obrador, sino por lo que representa: una vía de izquierda que, si continúa la senda emprendida por el PRD en el DF, defiende la agenda socialdemócrata en la que confío. Y, sobre todo, porque mi voto por AMLO es un voto por dos de las figuras públicas que lo acompañan: Marcelo Ebrard y Juan Ramón de la Fuente. El primero hubiese sido, en mi opinión, el mejor candidato que podría haber presentado la izquierda. Bajo su guía, la ciudad de México se convirtió en uno de los lugares más avanzados del mundo en términos de derechos sociales y de minorías. Creo que, desde la secretaría de Gobernación, Ebrard podría articular una nueva política de seguridad que, contradiciendo la lógica de la guerra, lograría sacarnos del violento atolladero en el que estamos. Por su parte, el ex rector de la UNAM me parece la figura ideal para reformar nuestro sistema educativo, enfrentarse al poder de la Maestra y lograr que nuestros jóvenes reciban la formación de calidad que merecen para convertirse en ciudadanos críticos. Mi voto por López Obrador es, pues, un voto por el proyecto al que se han sumado De la Fuente y Ebrard.

 

twitter: @jvolpi

[Publicado el 24/6/2012 a las 13:28]

[Etiquetas: Elecciones México]

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Lo impensable

Las negociaciones se han celebrado con el mayor sigilo: cualquier filtración podría quebrarlas por completo. A la casona en el sur de la ciudad han acudido sólo los más leales consejeros de los candidatos -ninguno de los cuales, por cierto, pertenece a la alta jerarquía de sus partidos. Los contactos informales se iniciaron poco después de la desastrosa presentación de Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana y la consolidación del movimiento estudiantil. Tal vez si los jóvenes no se hubiesen atrevido a salir las calles y a unirse en un frente común contra el candidato del PRI la mera posibilidad de estas conversaciones hubiese sido imposible.

            El riesgo, para los involucrados, ha sido muy alto. Los propios candidatos reconocen que sus partidos -y buena parte de sus seguidores- se sentirían traicionados pero, aun así, se han arriesgado a negociar. Aunque López Obrador fue quien al principio puso más obstáculos, al final, contradiciendo la tozudez que tantos le atribuyen, acabó por dar el . Vázquez Mota también albergaba resquemores, pero también acabó por dar luz verde a sus representantes. Los dos saben que, más allá de sus desavenencias, el resultado de estas pláticas podría darle un vuelco no sólo a la elección, sino a la historia reciente del país.

            Tras dos semanas de frenéticos dimes y diretes, insultos y manotazos sobre la mesa, amenazas de ruptura y reconciliaciones in extremis, los negociadores redactan un borrador final. Nadie alberga demasiadas esperanzas: ¿quién podría imaginar que dos figuras tan distintas, tan opuestas, puedan llegar a ponerse de acuerdo sobre el futuro de la nación? Frente al borrador aprobado, López Obrador y Vázquez Mota expresan sus dudas. Resulta tan difícil imaginar políticos dispuestos a sacrificarse -a sacrificarse en verdad- por el bien común... Y sin embargo, en un abrumador golpe de timón, ambos estampan sus firmas en el documento.

            El Pacto de la UNAM, como se le conoce por la vecindad de la casona con nuestra "máxima casa de estudios", no sólo implica un acuerdo electoral, sino un vasto programa de gobierno. Una arquitectura que, pese a los conflictos que de seguro acarreará en el futuro, los dos candidatos consideran equivalentes a los pactos de la Moncloa españoles: la reinvención democrática de México doce años después de haber expulsado al PRI de Los Pinos.

            En el curso de una improvisada conferencia de prensa conjunta, previa al segundo debate, que toma por sorpresa al PRI, al Gobierno y a la sociedad en su conjunto, López Obrador y Vázquez Mota comparecen lado a lado ante las cámaras. La solemnidad y relevancia de la cita no se le escapan a nadie, y pronto la prensa internacional celebra el acuerdo como el día en que México cambió. Frente al pasmo y el estupor generalizados, los dos anuncian la alianza que habrá de unirlos y detallan el mecanismo empleado para llegar al acuerdo.

             Conforme a los datos de cuatro casas encuestadoras propuestas por ambos candidatos -anuncian-, López Obrador se halla en un claro segundo lugar en las encuestas, por lo que se convertirá en candidato único de esta especie de auténtica concertación mexicana, tan distinta de la farsa propuesta por Peña Nieto. Vázquez Mota, por su parte, ocupará el cargo de secretaria de Gobernación y Jefa de Gabinete en caso de ganar las elecciones. El gobierno pactado entre ambos contará con los mejores hombres y mujeres de cada partido, y ya anuncian los nombres de Juan Ramón de la Fuente, Alonso Lujambio, Marcelo Ebrard, Santiago Creel y buen número de independientes. El objetivo principal del acuerdo, aclaran, no es impedir que el PRI regrese al poder, sino articular una refundación integral del Estado mexicano, establecida en los 50 puntos que dan a conocer a continuación.

            Las reacciones no se hacen de esperar: el PRI y sus aliados mediáticos, tan expuestos en estas semanas, no tardan en denunciar el matrimonio contra natura de los antiguos rivales, el propio Gobierno federal muestra su rechazo, prominentes panistas e izquierdistas abandonan la alianza y anuncian su apoyo a Peña Nieto, pero el resto del país recibe la noticia con entusiasmo. La mayoría piensa que este Gobierno de Unidad Nacional es lo único que en verdad podría salvar a México. La seriedad y eficacia de Vázquez Mota constituirán un freno a las tendencias radicales y mesiánicas de López Obrador, mientras que la fuerza social de éste limará las aristas más conservadores de su nueva compañera.

            El 1 de julio, a la medianoche, los resultados son contundentes: PRI-PVEM, 38.2% de los votos; la nueva Alianza por la Unidad Nacional, 56.3 %. Rodeados por sus colaboradores y miles de ciudadanos entusiastas, Vázquez Mota levanta la mano de López Obrador. Éste, a su vez, le agradece su apoyo y alaba su valentía. Ambos se comprometen a cumplir con los principios de su acuerdo y a trabajar mano a mano por el bien del país. ¿Un relato impensable? Tal vez. Pero, en este mundo imaginario, nadie duda de que es lo mejor que podría ocurrirle a México.

 

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[Publicado el 10/6/2012 a las 20:34]

[Etiquetas: elecciones méxico]

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Futuros mexicanos 3

México, julio-diciembre de 2012

 

El presidente legítimo -ahora cómo debería llamarse a sí mismo, presidente- aún-más-legítimo?- apenas pudo dormir. En cuanto el IFE confirmó su inesperado triunfo, se dirigió al Zócalo y lanzó la alocución más pausada de su carrera. Concluido su discurso, se retiró a su casa. Ahora son las cinco de la mañana y por fin enciende el televisor. Para su sorpresa, la noticia principal no es su triunfo, sino las declaraciones del candidato del PRI, cuyo rostro enérgico y amenazante aparece sin tregua en la pantalla.

-Los resultados no resultan creíbles para nosotros -repite Peña una y otra vez-. Según las cifras oficiales, la diferencia de votos es aún menor que hace seis años, apenas una décima de punto. Exigimos un recuento.

López Obrador no puede creer las palabras que escucha en boca de una multitud detrás del priista:

-Voto por voto, casilla por casilla.

 

***

 

Como de esperarse, el IFE rechaza la petición del PRI y sus aliados.

-El recuento ha sido escrupulosamente vigilado por todos los partidos -anuncia su vocero.

 

***

 

López Obrador no sabe qué hacer. Ceder a las presiones de la mafia podría resultar funesto para su causa. ¿Pero cómo puede él, precisamente él, justificar su oposición a que vuelvan a contarse las boletas?

-Tu 0.1% de ventaja está dentro del margen estadístico de error -le indica uno de sus consejeros-. Si se abren los paquetes, cualquier cosa podría ocurrir.

            -Planean un fraude a posteriori -lo azuza otro.

            -Habría que convocar manifestaciones en todo el país que se opongan al recuento -le indica uno más.

            López Obrador se mesa los cabellos y da un golpe sobre la mesa. Todas las opciones le parecen malas.

 

***

 

Las televisoras no cesan de transmitir escenas de las supuestas irregularidades en la elección presidencial. Dicen que en Iztapalapa y Milpa Alta hubo acarreos; en Chiapas, ratón loco; en Guerrero, compra de votos.

En Tercer Grado, la conclusión es unánime:

-López Obrador tiene que apoyar que se abran los paquetes -asevera uno de sus conductores con voz marcial-, de otro modo el presidente legítimo se convertirá, paradójicamente, en espurio.

 

***

 

Entrevistado durante dos horas por López Dóriga, Peña Nieto se muestra firme e indignado.

            -Joaquín -lee en el teleprompter-, todos hemos visto las irregularidades en el DF y otros estados. La diferencia es de menos de diez mil votos. Lo único sensato es abrir los paquetes. Yo no quiero asustar a nadie, Joaquín, pero México no va a permitir una imposición.

            -Pero ¿no podría verse como un ataque a las instituciones?

            -No, querido Joaquín -vuelve a leer Peña-. El PRI creó las instituciones de este país. Y por eso vamos a defenderlas. Es evidente que el IFE está tomado por radicales afines a nuestros adversarios. Pero si las instituciones están corrompidas, al diablo con las instituciones, Joaquín.

 

***

 

-¿Y ahora qué hacemos? -pregunta el secretario de Gobernación-. Si nos oponemos al recuento, le entregaremos el país a ese troglodita. Y, si lo apoyamos, estaremos contradiciendo nuestra decisión de hace seis años.

            El presidente Calderón da un golpe sobre la mesa.

            -Al menos con Peña se puede negociar -murmura.

            Dos horas más tarde, el secretario de Gobernación comparece ante los medios.

            -Si el señor López Obrador fuese un auténtico demócrata -sostiene-apoyaría el recuento. Así se alejaría el fantasma de la inestabilidad y le haría un gran servicio al país.

 

***

           

A López Obrador le incomoda su silencio.

Haciendo caso a sus asesores, eludió las respuestas francas o directas. A pregunta expresa de Carmen Aristegui, se limitó a decir:

-La decisión está en manos de las instituciones.

            Aún así, a punto de abandonar su casa rumbo al Congreso -advirtió que no se mudaría a Los Pinos-, su silencio aún lo escuece. 

 

***

-El Tribunal Electoral ha decidido no aprobar el recuento -anuncia su vocero.

            Afuera, donde han levantado un gigantesco plantón, los priistas insultan a los magistrados.

 

***

 

En las últimas semanas, Peña ha dejado de escuchar a sus consejeros más sensatos. A su lado permanecen los empresarios, los gobernadores priistas y, pos supuesto, la Maestra y Televisa (en TV Azteca nunca se puede confiar). Y, hace apenas unas horas, recibió el respaldo de un amplio sector del PAN. El plan es sencillo: impedir que López Obrador llegue al Congreso. Esta vez no conseguirán introducirlo por la puerta de atrás.

 

***

           

Frente a miles de priistas, panistas y verdes congregados en el Monumento a la Revolución -Adela Micha afirma que son tres millones-, Peña no está dispuesto a hacer concesiones. Enfebrecidos, sus seguidores lo reciben al grito de "voto por voto, casilla por casilla".

            -Ustedes saben, mexicanos, quién es el verdadero ganador de esta elección -exclama con solemnidad.

            Mientras se escuchan los primeros acordes del himno nacional, Peña se coloca en posición de firmes y espera a que Emilio Gamboa, el nuevo líder de la mayoría priista en el Senado, coloque en su pecho la improvisada banda tricolor.

 

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[Publicado el 27/5/2012 a las 18:31]

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Viva Fuentes

 

Como mínimo homenaje a Carlos Fuentes, reproduzco aquí este pequeño texto que escribí para celebrar su ochenta cumpleaños. Lo dedico, por supuesto, a Silvia.  

 

1. En 1958, poco antes de que las tropas de Fidel Castro entren en La Habana y de que Billy Wilder estrene Some Like It Hot -la coincidencia no es gratuita-, un joven mexicano de treinta años publica un libro que escandaliza al medio literario de su país: La región más transparente. Fuentes es ya Fuentes. Obra seminal, finca sus obsesiones posteriores -el habla urbana, el turbio vínculo entre los individuos y el poder, el tiempo cíclico, la mitología clasemediera, México y su irredimible pasión por la mentira- y anuncia sus batallas futuras. Con este libro, Fuentes inicia su larga guerra: cincuenta años de combatir contra los demonios allí convocados. Cincuenta años de batirse contra el lenguaje. Contra el poder. Y contra sí mismo.

 

 

2. La región más transparente no es la primera novela urbana mexicana. Pero en literatura el mérito no es ser el primero, ni el más original, sino el más perturbador. Los nacionalistas lo acusan, como era de esperarse, de traidor. La mexicanidad de Fuentes les parece demasiado poco mexicana. En el libro hay demasiada modernidad, demasiados guiños literarios, demasiado Paz y demasiado Reyes. Demasiada ironía. Demasiado ímpetu cosmopolita en un muchachito en la treintena. Décadas después se le acusará de lo contrario: de ser demasiado mexicano, de robarse o apropiarse de la mexicanidad (y de exportarla). Qué mayor mérito de un libro: atacarlo con tanta ceguera y tanta furia por razones diametralmente opuestas.

 

3. La soberbia del joven Fuentes es, sí, inmensa. Tras ese libro se propone sólo proyectos ciclópeos. Primero, dibujar el mapa que habrá de llevarlo, no a la escritura de una novela, un libro de ensayos, una obra de teatro, sino de un universo. Luego, formar un comando de asalto -un foco revolucionario, se decía entonces- con los mejores escritores de América Latina. Y, más importante que todo, olvidarse de que la literatura es un espejo de la realidad para convertirla en una realidad alterna. Puede reprochársele la soberbia, pero sólo a fuerza de reconocer que, a cincuenta años de distancia, triunfó en los tres casos. La edad del tiempo y el Boom, por una parte. Y, por la otra, un país y un continente que ya no pueden reconocerse sin la impertinencia de su imaginación.

 

4. El mayor experimento llevado a cabo por Fuentes ha sido consigo mismo. No se pregunta como transformar una vida en literatura Sino cómo la literatura justifica la vida.

 

5. México y Fuentes forman ­-cualquiera lo repite- un binomio inseparable. Cierto: la infancia y juventud de fuentes transcurrieron en buena medida fuera del país. Y, desde hace años, divide su celosa intimidad entre Londres y la capital mexicana. Pero en más de un sentido nunca ha escapado de aquí. De la patria imaginaria que ha elegido, no de aquella que le ha tocado. Como otros hicieron con Comala o Santa María o Yoknapatawpha, Fuentes también se inventó una extraña tierra para que la poblasen sus personajes. La llamó México.

 

6. Aura resulta inevitablemente incómoda. Sesenta y dos páginas perfectas. Y hay quien se lo echa en cara.

 

7. La edad del tiempo es el más vasto desafío narrativo intentado entre nosotros. Pero mientras la Comedia humana o de En busca del tiempo perdido se asumen como universos coherentes, el de Fuentes es el reflejo de un caos cuántico. Cada una de sus piezas contiene un holograma del conjunto. Y el conjunto no nace de la mera acumulación de sus partes, sino del orden que cada quien escoge para recorrerlo. En La edad del tiempo, el orden está determinado por el lector: no hay una guía, uno no tiene por qué empezar con Los días enmascarados o La región más transparente o terminar con La voluntad y la fortuna. La obra de Fuentes -y su interpretación final- se torna variable, arbitraria, azarosa. No es, pues, un monolito, sino una red. Única sugerencia: sus claves se hallan en su libro más arduo y portentoso: Terra Nostra.

 

 

 

 

[Publicado el 15/5/2012 a las 23:00]

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Futuros mexicanos 2

Aquí mi segundo "futuro mexicano", esta vez sobre Josefina Vázquez Mota. Una curiosidad: ayer, desde su cuenta oficial, la propia candidata retuiteó esta ficción. ¿Significa eso que se identifica con el personaje? ¿Que en realidad se apresta a rebatir la desastrosa guerra contra al narcotráfico del presidente Calderón? ¿Que reprueba la estrategia militar? ¿Que llamará a debatir la legalización de las drogas?

 

 

México, 1º de diciembre, 2012

La candidata -debería acostumbrarse a llamarse a sí misma señorapresidenta- no ha podido dormir en toda la noche. Aún no lo cree: en contra de todos los pronósticos, e incluso en contra de la voluntad expresa de su predecesor, los ciudadanos la han elegido a ella. La primera presidenta en uno de los países más machistas del planeta. Ahora se da cuenta de que lo más difícil no fue tanto derrotar a sus adversarios masculinos como imponerse en su propio campo. El inicio de su campaña fue caótico: los colaboradores de su antiguo Jefe hicieron hasta lo imposible por descarrilarla. Por hacerle ver que, si se distanciaba de sus posiciones sobre el narcotráfico, su derrota estaba asegurada. Entonces no le quedó otro remedio que incorporar a los buitres al núcleo de su campaña: no para concederles mayor influencia, sino para vigilarlos de cerca y prevenir sus perfidias.

La prensa criticó que se rodease de sus detractores, pero ella fue más lista: sólo así logró neutralizarlos. Asegurado este flanco, pudo atreverse, en las últimas semanas de campaña, a dar el giro más arriesgado de su carrera -y de su vida. Era eso o una derrota estrepitosa (según sus propias encuestas, en mayo se hallaba hundida en el tercer lugar). No le quedaba alternativa. Luego de que durante el primer debate ninguno de sus rivales centrase sus ataques en la desastrosa estrategia de combate al narcotráfico de su predecesor, ella se atrevió a hacerlo en un vehemente discurso apenas un mes antes de las elecciones. Jugándoselo todo -incluso su propia seguridad-, afirmó que la perspectiva militar había sido errónea, que nunca se articuló una política social para prevenir el narcotráfico, que fue un error imperdonable asimilar el combate con una guerra e incluso planteó la necesidad de discutir a nivel continental la legalización de las drogas. Su proyecto, afirmó ante el pasmo de su propio campo, sería cambiar radicalmente de perspectiva: en su gobierno, prometió, no habría otros sesenta mil cadáveres.

La respuesta no se hizo de esperar: recibió llamadas amenazantes, sectores del partido exigieron su renuncia, los espías incrustados en su campaña iniciaron su labor de sabotaje, pero en las encuestas comenzó a subir como la espuma. Incontables comentaristas, protegidos o pagados ya no sólo por los priistas sino por sus detractores en el gobierno, filtraron falsas depresiones o sugirieron su inestabilidad psíquica; la izquierda la acusó de robarse sus ideas; las televisoras incluso comenzaron a alabar sin fin a López Obrador. Pero los ciudadanos se dieron cuenta de que no traicionaba sus ideales, de que no traicionaba al Presidente y a su partido, sino de que hacía lo único digno que ella podía intentar como ciudadana y como mujer: reconocer los errores, pedir una disculpa y prometer un viraje cierto y razonable.

Varios medios insistieron en colocarla en tercer lugar incluso en los días previos a las votaciones, pero las redes sociales, que hasta el momento tanto la habían denigrado, y el simple boca a boca, crearon una ola irrefrenable. Poco a poco, según sus propios números -y los horrorizados números de la presidencia-, no sólo rebasó a la izquierda, paralizada ante su brusco cambio discursivo, sino que se acercó a sólo unos puntos de un PRI incapaz de responder a su desafío. Porque no sólo dirigió sus dardos contra su antiguo Jefe, sino de manera más clara y específica contra el PRI y su ancestral complicidad con el crimen. Por primera vez sus argumentos sonaron sinceros y legítimos, y por primera vez los mexicanos la vieron no sólo como a una mujer débil y arrinconada, sino como la estadista que está destinada a ser.

La candidata -perdón: la señorapresidenta- se da cuenta de que ya es hora de levantarse; le da un empujón a su esposo y, tambaleándose de sueño, se apresura a despertar a sus hijos. Por fortuna la sirvienta ya ha preparado el desayuno. Aunque trata de sonreír -esa sonrisa que jamás le salió bien ante las cámaras-, el nerviosismo la traiciona. Aún tienen que peinarla y maquillarla, y tiene que probarse la ropa que usará en la investidura. (¿Cómo colocarle la banda a una mujer?, se preguntaban en protocolo) La ceremonia será tensa, por supuesto, aunque ella espera cierto grado de normalidad. Al pasarle la estafeta, su predecesor le demostrará toda su acrimonia, pero al final entenderá. Está obligado a hacerlo: las palabras que ella deslizó a los buitres fueron sutiles pero nítidas: lo criticaré ferozmente, pero garantizaré su futuro. ¡Cómo disfrutó al ver sus rostros petrificados! ¡Ellos, que no la creían capaz de tomar una sola decisión importante!

La candidata -la señorapresidenta- da un sorbo a su café y clava la mirada en el discurso que pronunciará en unas horas. Un discurso enérgico (ya no puede echarse atrás) pero con un toque de esperanza. Y en el que repetirá las mismas palabras que tanto enfurecieron a priistas y panistas, que tanto desconcertaron a la izquierda, y que al final le granjearon la victoria: durante mi gobierno no habrá otros sesenta mil muertos.

 

twitter: @jvolpi

 

 

[Publicado el 14/5/2012 a las 09:17]

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Futuros mexicanos 1

El 1 de julio habrá elecciones en México. Imagino aquí cómo vivirían cada uno de los candidatos, del PRI, PAN y PRD, su posible triunfo. Comienzo con el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. México, 1 de diciembre, 2012.

El candidato -debería acostumbrarse a llamarse a sí mismo señorpresidente- hace horas que está despierto, pero no ha escapado de la cama: en la duermevela, lleva horas repasando su vida pública. No ha encontrado demasiados momentos climáticos, como si su carrera hubiese transcurrido entre algodones, pero ello no lo hace sentirse menos orgulloso. De tanto practicarla, la sonrisa no se borra de sus labios ni siquiera entre las sábanas. A su lado, su esposa ronca de manera casi imperceptible. El candidato -perdón, el señorpresidente- la observa de reojo: otra victoria. ¿Cuándo hubo en este país una Primera Dama más hermosa? Procurando no despertarla, se yergue atléticamente, hace una sentadilla y se dirige al baño. En su debut como el hombre más poderoso de México, lo primero que necesita es contemplarse ante el espejo. 

 

 

***

 

-Se los dije, las encuestas no mentían, hemos ganado por más del 50% de los votos -exclama en su despacho.

            Frente a él, los artífices de su campaña se muestran exultantes.

            -Está claro -continúa el presidente electo- que nuestra estrategia de no admitir ninguna confrontación fue la clave. Teníamos que mostrarnos como el hombre de estado que seremos a partir de ahora, ¿no les parece? Los otros quedaron como resentidos. Pero hoy, en mi discurso, les tenderemos la mano. Gracias a todos por ayudarnos en esta tarea. 

            Escuchando hablar así a su criatura, su principal asesor lanza un tímido suspiro.

 

***

 

En cuanto llega al plató, el candidato -qué insistencia: el señorpresidente- revisa el ángulo de las cámaras, la potencia de los reflectores, la posición de su silla y la de quien va a entrevistarlo, el tamaño de letra en el teleprompter, la tarjetita con las preguntas y respuestas que ha memorizado desde la mañana. Después de tantas entrevistas, nadie posee más experiencia que él.

            -Muy bien, podemos empezar.

 

***

 

-La llamada esta lista, Señor Presidente -confirma la secretaria.

            -Vamos, campeón -lo anima su principal asesor.

            Al otro lado del teléfono, escucha una voz ronca que se apresura a felicitarlo en un español apenas inteligible. A continuación, su colega se embarca en un párrafo en inglés en el que reconoce dos o tres palabras.

            -Tankyu, míster Président -lee de una tarjetita-. It güil bi greit to work güit yu.

 

***

 

-El empleo, ése será el eje de mi discurso en la toma de posesión -afirma.

            -Pero ése fue el discurso de tu predecesor -lo corrige, en voz baja, su principal asesor.

            -Entonces, la seguridad. Eso, la seguridad pública.

            -Tu predecesor también se centró en eso. Necesitas algo propio, algo distinto. Algo auténticamente tuyo.

            -¿Mío? -pregunta-. ¿Cómo que mío?

 

***

 

-Lo primero que quiero es agradecerte, Emilio. Sin ti... -comienza el presidente electo en su primera audiencia privada.

            -Ganó el mejor -ataja el otro-. Ahora lo importante es buscar lo mejor para el país.

            -Exacto, Emilio. Y lo mejor para México es contar con empresas sólidas y competitivas.

 

***

 

-Quisieron acusarnos -el presidente electo da un manotazo sobre el escritorio-. Ahora verán quién eran los corruptos.

            A continuación, revisa la lista que su principal asesor acaba de entregarle. 

            -¿Cuál de éstos panistas te parece el más indicado para pasar unos añitos entre rejas?

            -Éste -el asesor señala una fotografía-. Es un cuadro importante del partido, pero no pertenece al círculo cercano a tu predecesor.

 

***

 

 

 

-El discurso sobre el combate al narco que has preparado es magnífico -se entusiasma el presidente electo-. ¡Contradice en todo a nuestro predecesor! ¿Y cuándo empezaremos a tomar estas medidas?

            -Ya sabes que seguiremos haciendo lo mismo que él -le aclara su principal asesor-, lo importante es que digas lo contrario.           

 

***

 

"¡Qué maravilla disponer de esta maquinaria!", se entusiasma el presidente electo mientras observa el pleno del Congreso casi en calma. "Ni eso sabían hacer los panistas."

Observa a unos cuantos pasos el gesto severo, siempre tan antipático, de su predecesor, y casi siente pena por él. Será generoso y procurará no incordiarlo: bastante tiene con abandonar el puesto así, en la ignominia.

"Haremos lo que sea necesario, pero nosotros no acabaremos como tú", se dice mientras su predecesor le coloca la banda en el pecho.   

 

***

 

-¿Qué te pareció la casa, mi amor? -le pregunta a su esposa.

            -¡Qué mal gusto tenían los inquilinos previos! -le responde ésta con un tono amargo-. Habrá que cambiar toda la decoración.

            -Lo que tú digas. Éste es tu reino.

            -Más bien el nuestro, ¿no? -ella lo besa y se cubre el pecho con una sábana, un acto reflejo que no consigue evitar-. Debes estar cansado, ha sido un largo día.

            El señorpresidente no responde. Ha encendido la televisión panorámica y, después de eludir las telenovelas, se detiene frente a su propia imagen: sonriente, bronceado, con ese corte perfecto del que tanto se burlaron sus adversarios. Al mirarse una y otra vez allí, en ese mundo virtual que para él es el mundo, no duda: "¡Qué buen presidente voy a ser!"

 

twitter: @jvolpi    

[Publicado el 11/5/2012 a las 13:04]

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El naufragio español

El 19 de febrero de 1588, Felipe II envió a su Grande y Felicísima Armada, formada por unas 127 naves, hacia Inglaterra, con la católica misión de deponer a Isabel I del trono. Tras unas cuantas escaramuzas, ésta se vio obligada a rodear la tormentosa costa británica de vuelta a los puertos españoles -con el naufragio de unos 35 barcos-, sin haber alcanzado su objetivo. El fracaso de la Armada Invencible marcó el cenit del poderío español en Europa y el inicio de un largo periodo de decadencia. Hubieron de transcurrir casi cuatro siglos para que la nación ibérica volviese a ocupar un sitio de honor en el mundo.

 

            Tras la muerte de Franco en 1975, España por fin atisbó una era de progreso ininterrumpido, acentuado por su ingreso a la Comunidad Europea en 1986. Pese a las amenazas de ETA y algún requiebre económico, en menos de tres décadas la España democrática se convirtió en una de las principales economías del planeta e incluso, durante un breve y engañoso lapso, quiso mostrarse como una potencia global: recuérdese el embarazoso trío de las Azores, cuando José María Aznar, entonces presidente del Gobierno, se empeñó en comparecer con Bush Jr. y "el amigo" Blair para decretar la ilegal invasión de Irak.

            Tras la caída de Lehman Brothers en 2008 y la crisis del mercado hipotecario, España ha sufrido una nueva tormenta perfecta que no sólo la ha dejado con los más altos índices de desempleo -cerca de 5 millones en una población de 47, con un paro juvenil del 50%-, sino que amenaza a todas las instituciones nacidas con la transición. Hoy, España parece a punto de naufragar de nuevo, enredada en la telaraña que, al calor de la imprevisión y la avaricia, su élite tejió durante los años de vacas gordas.

            Los últimos días no podían haber sido más turbulentos. Primero, Felipe Froilán, uno de los nietos de don Juan Carlos, de 13 años, se disparó en un pie. Por qué un adolescente manejaba una escopeta calibre .36 es algo que, hablando de la familia real, no hay que preguntar. Apenas unos días después, se anunció que el propio rey se había fracturado la cadera mientras se hallaba en Botsuana en una cacería de elefantes. (Los deslices borbónicos con las armas no son nuevos: en 1956, don Juan Carlos mató accidentalmente a su hermano don Alfonso mientras jugaban con una pistola calibre .22).

            El desliz no podía resultar más incómodo, no sólo porque el rey preside honoríficamente el World Wild Fund o porque la monarquía se encuentre en sus horas más bajas -a raíz de la imputación por fraude del Iñaki Undargarin, esposo de la infanta Cristina-, sino porque ofrece una imagen de soberbia sin precedentes en alguien que había sido protegido de todo ataque por su papel ejemplar durante el fallido golpe militar de 1981. En épocas de bonanza, apenas importa que una familia sin mérito se beneficie de los impuestos ciudadanos, pero cuando el gobierno de Mariano Rajoy ha recortado millones de euros al estado de bienestar y la prima de riesgo vuelve a dispararse -y, para colmo, Cristina Kirchner ordena expropiar YPF, la filial argentina de Repsol-, las voces que exigen la abdicación se multiplican.

            La erosión de la monarquía es un síntoma de la quiebra del modelo español. Pésimamente gestionada por los socialistas, la crisis provocó la estrepitosa caída de Rodríguez Zapatero, pero el nuevo gobierno del PP carece de margen de maniobra. España es, a todos los efectos, un país intervenido -como Grecia, Portugal o Irlanda-, cuyas férreas medidas de austeridad no derivan de la voluntad de sus dirigentes, sino de las órdenes de Bruselas, que son las de Alemania. Ninguna de las medidas de Rajoy estimula el crecimiento o el empleo; obsesionado con reducir el déficit, siguiendo la línea ideológica de Merkel, éstas sólo alargarán la recesión.

            Y es aquí donde otro pilar de la transición podría hundirse: el sistema autonómico. Para responder al centralismo franquista, España se dotó con regiones cuyas competencias exceden las de muchos estados federales. Durante la prosperidad, éstas no sólo mejoraron las infraestructuras públicas -las mejores de Europa-, sino que dilapidaron sus recursos en incontables proyectos faraónicos. Otra vez: en épocas de crecimiento, a nadie le preocupaba el derroche; ahora, la existencia misma de las autonomías está en cuestión (sobre todo al revisar sus cuentas).

            Lo peor del laberinto de España es que no ofrece salida. Su pertenencia a la Unión Europea, que la catapultó al primer mundo, motiva ahora su letargo -al menos mientras domine la ortodoxia germana-, pero abandonar el euro suena impensable. La monarquía ya no sólo resulta anacrónica, sino vergonzosa, pero nadie exige su abolición. Las autonomías son corruptas y onerosas, pero nadie llama a descabezarlas. Mientras tanto, la educación es degradada, el paro aumenta, se impone el copago sanitario -burdo eufemismo: el pago sanitario-, y España naufraga. Al menos hasta que los ciudadanos, no sólo de la península, sino de toda Europa, digan basta.

             

twitter: @jvolpi

 

[Publicado el 23/4/2012 a las 10:14]

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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