El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 18 de mayo de 2008
[Publicado el 16/4/2008 a las 10:15]
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Me desprendía arduamente de su cuerpo y la observaba, atónito, desde muy lejos.
[Publicado el 15/4/2008 a las 10:12]
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Quince años atrás abandoné mi patria de hienas y fantasmas. Juré no volver pero he traicionado mi promesa: día tras día renuevo este fracaso. El cielo luce más turbio, la basura se desborda en las aceras, hay más pordioseros y más coches y más humo, gente que conocí ha muerto a mis espaldas: apenas distingo algo nuevo.
Sólo hoy me atrevo a preguntar qué ha sido de ella. Con quince años de retraso.
[Publicado el 14/4/2008 a las 11:30]
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Un dolor intransferible.
Su dolor. Jamás el mío.
[Publicado el 11/4/2008 a las 11:27]
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La oposición al fin se organizaba: tras décadas de impotencia, fraudes y amenazas, el cambio se antojaba impostergable. Los puños en alto auguraban la elección más reñida de la historia. Muchos temíamos que el Partido incubase otra masacre -su esencia cavernícola- pero aún así le reservábamos un lugar a la esperanza.
Ana y yo compartíamos el entusiasmo por la concentración de aquella tarde: nuestro candidato cerraría su campaña y se esperaba la asistencia de una horda de inconformes.
Quedamos de encontrarnos frente a Bellas Artes para marchar juntos rumbo a la plaza. Le di un beso en los labios -ese beso- y me fui a dar mis clases.
Ana nunca llegó a Bellas Artes y yo no asistí al cierre de campaña: malos presagios. Volví al departamento y me encontré Ana convertida en una furia. Los párpados hinchados, las manos crispadas, los pómulos como cerezas. Pero sus ojos no eran suyos. Tampoco su sonrisa.
Se abalanzó contra mí. Sus débiles puños se estrellaron contra mi pecho como ráfagas. Apresé sus muñecas e intenté tranquilizarla. ¿Por qué me haces esto?, gemía. ¿Por qué?
Te quiero pero ya no puedo estar contigo, le dije. No sé por qué, no lo entiendo, no me entiendo, esto me mata. Ella sollozó y apenas dejó que la abrazara.
Hicimos el amor. Olvidamos. Dormimos unas horas. Pero a la mañana siguiente éramos los mismos.
[Publicado el 10/4/2008 a las 10:09]
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Bashir se ha habituado al estertor de las metrallas, los vuelos rasantes y sus pequeños terremotos, incluso a los berridos de los niños, pero salta cuando chirrían los goznes o ruge el motor de un automóvil. A través de los visillos atisba la nada amenazante. Lo consuela que la electricidad sólo funcione por momentos: ¿cómo distinguirían su rostro entre tantos rostros deformados?
Siguió corriendo a toda velocidad, desbordado -se reprocha-, como si huir fuese la única salida: su hermano quedó atrás, borrado en la distancia. Walid siempre lo superó en los deportes y Bashir no dudó que lograría perderse en las callejas y los pasadizos de aquel barrio. No lo vio tropezar ni presenció su captura.
¿Cómo arrancarlo ahora de ese pudridero que tanto complacía al Abominable y hoy complace a los invasores? Bashir apenas se atreve a pisar las calles y depende de la benevolencia de sus primos.
Un rechinido lo paraliza: en el umbral su primo dialoga con una sombra. Piensa que alguien lo ha delatado. Una mujer desgrana con dificultad los sonidos de su nombre. Bashir, musita. Su primo hace pasar a la invitada, ella se descubre el rostro y resplandece.
¿Cómo me encontraste? Un djinn me señaló tus pasos, calla Leila. Y, como en otro tiempo, como antes de la muerte, le muestra su sonrisa.
[Publicado el 09/4/2008 a las 10:15]
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Los mismos muros, el mismo hedor, la misma sangre. ¿Qué ha cambiado? Walid se restriega las lágrimas resecas. Imbécil: ¿cómo no se hizo estallar frente a la garita como el resto de los suyos? Ahora retozaría en un jardín y no en este estercolero. Las piernas le fallaron y los invasores no tardaron en doblegarlo. Lo hicieron arrodillarse frente a ellos, lo ataron como a una bestia y lo sepultaron en este hueco. Este hueco donde ya tantos perecieron.
Walid no olvida los penes flácidos de los otros prisioneros, las fauces babeantes de los perros -y el resplandor de sus cadenas-, la humillación ahogada por las mordazas. A él también lo incrustaron en la pirámide de carne que alzaron como un juego.
Una chica reía. Tendría poco más de veinte años -el uniforme la afeaba- y se burlaba a carcajadas. ¿De aquellos hombres indefensos, de sus penes flácidos, de su miedo? Luego vinieron los chistes -Walid comprendía su lengua- y los flashes como latigazos. Cuerpos que se burlan de otros cuerpos. Y en el interior de todos, nada.
Aún le irritan los tobillos, las muñecas y las vísceras. Si Walid no ha estrellado el cráneo contra los muros es por ella. Por su hermana. Por Laila.
[Publicado el 08/4/2008 a las 11:44]
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Qué fácil. Yo soy la loca, la perturbada, la indomable. Siempre quisiste que así fuera: nada te podía resultar más conveniente. ¿Te has preguntado si aciertas en tus juicios? ¿No serás tú, perfecto e imperturbable, quien se desgarra? ¿Por qué yo, siempre yo? Advierto el desdén en tus caricias: crees que no distingo la compasión en las yemas de tus dedos. El vértigo que te inspiro, o el desorden. ¿Dudas de vez en cuando? ¿Musitas: estaré enloqueciendo? ¿O en ti no hay lugar para el desastre? Si te empeñas, adelante: yo soy la loca, la perturbada, la indomable. Pero tú no eres la cordura.
[Publicado el 07/4/2008 a las 11:27]
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A sus seguidores el Profeta -la paz sea con él- les prometió un jardín donde gozar los eternos placeres de la carne. El paraíso de los cristianos es, en contraste, puro y anodino: luz y perpetuo celibato. Choque de civilizaciones.
[Publicado el 02/4/2008 a las 17:00]
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Desperté y sentí una abrupta incomodidad en todo el cuerpo. La recámara de Ana, sus sábanas limpísimas, el calor de su cuerpo se me hacían de pronto tan ajenos. La noche anterior habíamos reído como nunca y habíamos gozado hasta la madrugada. ¿Por qué ese encono súbito?
Miré su piel desnuda -amanecía-, la tibia extensión de su espalda, y quise marcharme de inmediato. Estar en cualquier otro lugar, lo más lejos posible. La ansiedad era una corriente eléctrica que agitaba cada uno de mis músculos.
Ana se desperezó al mediodía y, avergonzado de mí mismo, inventé un compromiso y huí hacia el fresco de la calle.
[Publicado el 01/4/2008 a las 18:03]
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Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la unam y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.
Es autor de las novelas A pesar del oscuro silencio (Joaquín Mortiz, 1992; Planeta, 2000), Días de ira, en el volumen Tres bosquejos del mal (Siglo XXI, 1994; Muchnik Editores, 2000), La paz de los sepulcros (Aldus, 1995; Seix Barral, 2007), El temperamento melancólico (Nueva Imagen, 1996; Seix Barral, 2004) Sanar tu piel amarga (Nueva Imagen, 1997; Algaida, 2004) y El juego del Apocalipsis (DeBolsillo, 2000) y de los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (Editorial Era, 1998) y La guerra y las palabras. Una historia del alzamiento zapatista (Editorial Era en México y Seix Barral en España, 2004).
En 1999 obtuvo el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999), con la cual inició una "Trilogía del siglo xx", y de la cual se han publicado ediciones en veintisiete idiomas y más de treinta países. En 2004 publicó la segunda parte de la trilogía, El fin de la locura (Seix Barral) y en 2006 la última parte, No será la Tierra (Alfaguara).
Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.
No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España
Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España
Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España
Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España
La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España
El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España
Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España
En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España
El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España
Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España
14/5/2008 19:27
Estimado: mira, lo que es la...
Publicado por: Sirenita
14/5/2008 16:19
Publicado por: ecografia
13/5/2008 00:16
Publicado por: jhsjh
12/5/2008 17:10
IS THERE ANYBODY OUT THERE?????...
Publicado por: Lilith
09/5/2008 03:11
Publicado por: Julio
08/5/2008 00:55
Publicado por: Noa
07/5/2008 22:26
Publicado por: Makol tao
07/5/2008 03:02
En algun jardin del pasado me...
Publicado por: confused Lilith
07/5/2008 00:43
Publicado por: usuario
06/5/2008 08:11
Publicado por: M Belén Peláez Pezzi
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