A veinticinco años de Chernóbil
[Publicado el 25/4/2011 a las 17:20]
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Obama, de la inspiración al pragmatismo

[Publicado el 17/4/2011 a las 16:37]
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Valiente mundo nuevo editorial

fuente: www.newcastleupontynedailyphoto.com
[Publicado el 11/4/2011 a las 15:49]
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[Publicado el 28/3/2011 a las 15:35]
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Norte: los dos primeros capítulos

Norte, mi nueva novela, se publica hoy en España (Mondadori). Para que tengan una idea de qué va, los dejo con la contratapa:
Los personajes de Norte permanecen extraviados en el cruce de mundos y fronteras que caracteriza a nuestra época. La novela comienza en 1984 en el norte de México con Jesús, un adolescente obsesionado por su hermana que, con los años, se irá convirtiendo en el Railroad Killer, un psicópata en la lista de los más buscados del FBI. Luego pasamos a la California de 1930, en la que Martín Ramírez, un inmigrante indocumentado, está a punto de ser enviado a un psiquiátrico en el que se convertirá en uno de los grandes pintores autodidactas del siglo XX. La narración salta entonces a Texas en la primera década de este siglo, y se enfoca en Michelle, una joven que debe lidiar con su vocación de dibujante y guionista de comics, y con una tortuosa relación con uno de sus profesores. Tres destinos separados por el tiempo y el espacio pero interconectados por la violencia, el desarraigo, la creación y la locura. Una mirada ambiciosa y compleja a la forma en que Estados Unidos está siendo reinventado por los nuevos inmigrantes latinoamericanos.
Los dos primeros capítulos se pueden leer aquí.
[Publicado el 18/3/2011 a las 16:35]
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[Publicado el 16/3/2011 a las 19:55]
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Generación Bit: una historia de la información

Claude Shannon
[Publicado el 14/3/2011 a las 17:47]
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El nuevo libro de cuentos del mexicano Antonio Ortuño, La señora Rojo (Páginas de Espuma, 2010), tiene algo de engañoso. Quizás sea su brevedad --el hecho de que se puede leer de una sentada--, o su prosa carente de florituras: todo parece fácil, demasiado fácil. Un libro que es como un relámpago podría pasar de puntillas en la avalancha de novedades. Y sin embargo La señora Rojo queda. Es notable el mérito de Ortuño: ha hecho que lo que parece poco sea mucho.
Ortuño, escogido hace poco por la revista Granta entre los mejores narradores jóvenes en español, transita por diversos registros, desde el relato breve que ha hecho escuela en la literatura latinoamericana hasta los cuentos de corte más clásico, desde las exploraciones de la individualidad desquiciada en la primera parte de La señora Rojo –una individualidad que se agita en medio del contexto social-- hasta los universos más amplios de la segunda parte, en los que lo político y lo histórico se convierten en las formas fundamentales por las que se constituye el sujeto contemporáneo. Hay un diálogo con la tradición, pero también una apropiación muy particular de esta: Ortuño ya tiene un mundo propio, un estilo inconfundible.
El tono principal de Ortuño es el del humor negro, el de la sátira descarnada: hay malicia y crueldad, aunque en general estas no suelen ser gratuitas (hay excepciones). “Agua corriente”, el primer cuento del libro y uno de los mejores, prefigura lo que vendrá: el narrador, “con una madre abandonada por el marido con un hijo pequeño y otro imbécil”, pertenece a una familia tan pobre que las cenas se preparan en base a sobras. Por suerte hay agua caliente: eso permite “limpiar la sangre que le escurría a mi hermano de la boca cuando se despeñaba por la escalera o caía en mitad de un pasillo y se machacaba en las esquinas de los muebles”. Se leen de paso observaciones afiladas en torno a la sociedad (el narrador se embrutece en la escuela “con las cenizas de educación pública que recibía”).
En este libro hay varios cuentos magníficos: “El Grimorio de los vencidos”, el más divertido y burlón; “La señora Rojo”, que funciona a nivel literal (una inmensa tortuga invade el jardín de una familia de clase media) y a nivel metafórico (una alegoría del destino aciago de nuestras sociedades, en las que un obstáculo es reemplazado por otro); “Pavura”, que comenta con lucidez acerca de la paranoia contemporánea del control y la seguridad (un encargado de seguridad obsesionado con su trabajo se enfrenta al miedo de que los controles sean burlados, pero en el fondo su inconsciente ya ha sido tomado: vive con el miedo de saber que bastará un parpadeo para que “el enemigo, el mal, la demencia infinita” ingresen en “nuestras entrañas”); “Héroe”, que se puede leer como una variación de un cuento de Borges (“Tema del traidor y del héroe”).
Como en buena parte de la cuentística latinoamericana, los cuentos de Ortuño suelen decantarse por el golpe de efecto, la vuelta de tuerca del párrafo final. Si el impacto no es el deseado, el cuento se resiente. En ese sentido, hay textos como “El día del amor” y “La culpa de las revueltas” en los que la violencia final es más bien caricaturesca y su fuerza inicial se diluye. Aquí el humor negro y la crueldad no son un medio para un fin sino un fin en sí mismo. Detalles menores: La señora Rojo es un libro sólido, uno de los mejores de la narrativa mexicana contemporánea; Ortuño, capaz de imaginar a los ancianos “cerúleos y frágiles” que caminan por los pasillos de un hospital como si fueran parte de “un ballet decadente y espantoso”, ha alcanzado la originalidad y madurez que anunciaban libros como Recursos humanos (2007) y El jardín japonés (2007).
(Letras Libres-España, marzo 2011)
[Publicado el 01/3/2011 a las 00:50]
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Franz Marc, La desafortunada tierra del Tirol
La semana pasada tuve la oportunidad de visitar La gran convulsión, la exposición montada por el Guggenheim de Nueva York sobre las vanguardias en el período 1910-1918. El museo no escatimó esfuerzos para presentar las grandes obras de esos años de gran fermento creativo que terminaron con el horror de la primera guerra mundial. Los cuadros estaban acompañados por fotografías y manifiestos que iban desde la noche futurista de enero del 1910 en el teatro Politeama Rossetti de Trieste hasta el Manifiesto I de De Stijl firmado en noviembre de 1918 por Mondrian, Van Doesburg y otros.
Una exposición tan ambiciosa como esta sirve para reevaluar a artistas y movimientos. El Guggenheim muestra con contundencia que las vanguardias fueron efímeras pero su legado no: todavía hoy vivimos bajo la sombra de sus logros. Los artistas que conocemos como centrales –Picasso, Kandinsky-- lo seguirán siendo, aunque en particular hubo dos que yo entendía como de secundarios y que crecieron ante mis ojos: Franz Marc y Robert Delaunay. El alemán Marc, un expresionista fundador de la influyente revista Der Blaue Reiter, fue uno de los que creyó que la guerra podría limpiar el materialismo rampante en Europa y restaurar los valores religiosos y espirituales; un par de meses en el frente de combate bastó para desilusionarlo. Desde el punto de vista artístico, sin embargo, impresiona ver cómo sus cuadros previos a la guerra fueron premonitorios: La desafortunada tierra del Tirol y El destino de los animales, de 1913, capturan a la perfección las tensiones políticas y económicas que llevarían directamente al conflicto bélico.
El francés Delaunay, junto a pintores tan diversos como Mondrian, Léger y Chagall, exploró esos años nuevas formas de representar el espacio. La exposición del Guggenheim hace patente su obsesión con la torre Eiffel, que él veía como el símbolo por excelencia de la modernidad y también, de acuerdo a la crítica Tara Ward, como un “desafío para la composición (¿cómo hacer que algo tan alto entre en el espacio confinado de un cuadro?)”. Influido por los cubistas y por las teorías del color de Chevreul, Delaunay trató de usar perspectivas simultáneas y combinaciones de tonos de color para crear la sensación de que sus versiones de la torre tenían tres dimensiones.
Sorprende la alianza que existía en esa época entre las artes visuales y la escritura: los futuristas publicaron más de cincuenta manifiestos; casi todos los vanguardistas escribieron ensayos para defender sus teorías. La poesía exploró formas visuales (los caligramas de Marinetti y Apollinaire), y, a la inversa, muchos cuadros tenían su referente poético. Una de las alianzas más creativas se produjo entre Delaunay y el poeta chileno Vicente Huidobro, como analiza Rosa Sarabia en su libro La poética visual de Vicente Huidobro (Iberoamericana, 2007). Huidobro llegó a vivir a París en 1916 e ingresó rápidamente en los grupos vanguardistas; en 1917 ya era uno de los fundadores y financiadores de Nord-Sud, la revista dirigida por el poeta Pierre Reverdy. Ese mismo año Huidobro publicó en Nord-Sud su poema en francés “Tour Eiffel”, que serviría de base para Tour Eiffel, el poema-libro que publicaría en 1918 con una portada diseñada por Delaunay y la reproducción en sus páginas de un cuadro del pintor francés.
(La Tercera, 28 de febrero 2011)
[Publicado el 28/2/2011 a las 16:20]
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Locke & Key: Bienvenidos al mundo de Gabriel Rodríguez

[Publicado el 14/2/2011 a las 16:47]
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Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

Norte (2011). Mondadori
09/2/2012 19:55
Julien, gran noticia. El email...
Publicado por: edmundo
09/2/2012 19:54
Stiffelio, recordemos los buenos...
Publicado por: edmundo
09/2/2012 19:53
Julián, no es el trabajo, es el...
Publicado por: edmundo
09/2/2012 19:51
Ernesto, esa era la idea. Una...
Publicado por: edmundo
04/2/2012 21:21
El artículo lo has escrito en...
Publicado por: ernesto
03/2/2012 10:54
Hermosa entrevista de la que me...
Publicado por: Inés
02/2/2012 16:03
Buenos dias, Acabo de leer el...
Publicado por: Julien Berrée
31/1/2012 18:14
A mi también Auster me dejó de...
Publicado por: Stiffelio
30/1/2012 19:48
Publicado por: Julian Pasavento
30/1/2012 17:25
Publicado por: juan andres
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