La palabra está llena de éxitos y de fracasos, exornos, sentencias y oropeles pero el silencio es divino. Dios es aquel que es gracias a su extremo silencio. No hay modo de arrancarle una palabra y de eso se deduce que lo posee y lo sabe todo. No dice una sola palabra pero puede decirse que es amo del verbo, el dueño del mundo. La autoridad, la riqueza, el respeto, la devoción de los demás a causa de su silencio es tan desorbitada que no la igualan todas las fortunas y ejércitos de este ruidoso mundo. Muy a menudo, para la descalificación del adversario se cree necesario ametrallarlo con palabras, frases finamente estudiadas y labradas para hacer daño y, sin embargo, nadie da mejor en el blanco y anula basalmente que el empleo del silencio. Como sucede con el puñado de elementos nucleares que componen el mundo ahora conocido, el silencio se encuentra entre los de corazón más disolvente, inteligente y duro. Deshace o edifica con una solvencia y rotundidad, con una elegancia y habilidad, que ningún otro sonido le igual. Más que eso: el silencio es la base radical de cualquier otro sonido y en las ocasiones más graves que exigen eliminar a alguien no hay mejor procedimiento letal que administrarle silencio puro.
[Publicado el 22/11/2010 a las 10:04]
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Aún en la vida adulta o muy adulta se hace difícil valorar el tiempo en función de la muerte. O lo que es lo mismo, poner en orden la bonanza del tiempo sobre el deber de cumplir con los deberes. La importancia, en fin del deber bien atendido se impone sobre la relajación sin culpa, la satisfacción de responder apropiadamente a lo debido gana terreno -y tiempo- al tiempo sin más objetivo. El objetivo del objeto resta holgura y holganza, complacencia al hacer sin objetivo, dicha al dejar de hacer. De este modo, el sujeto queda sometido al mandato del objeto cuando el objeto, precisamente, desfallece y el sujeto sigue sin atenerse a este desfallecimiento pereciendo antes. Pero la razón de este juego estúpido no es otra cosa que la vulgar añagaza de la vida tratando de engañar la proximidad de la muerte. Igualmente, el posible enredo de este discurso no es otra cosa que la vanidad de pretender vivir en la edad adulta o muy adulta como si el transcurso de la vida no hubiera discurrido bastante ya sobre sí, su objetivo y su objeto. Hubiera enredado bastante a su sujeto.
[Publicado el 12/11/2010 a las 09:00]
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La limpieza de la superficie es semejante al vacío que acoge el espacio tridimensional. Paralelamente, el plano halla su máxima faz en la limpieza separada de la ganga y el poliedro halla su alma primordial en el vacío completo. Sobre la faz más límpida vibra su luminosa potencialidad. A partir de esa plataforma nace su esencia atómica y mediante su palpitación puede edificarse la retórica abultada de la estatua. Sin ese vacío superficial la escultura deja de pertenecerse y deriva desde su base en una posible anfractuosidad que, aun invisible o mínima, entorpece el trazo.
Igualmente, sin vacío absoluto en la teoría todo deviene en conclusiones vacilantes Al punto de que el descubrimiento de la imposibilidad del vacío absoluto desploma las creencias y la crisis actual comportaría la consecuencia de haber perdido el orden de la transparencia.
Todos los órdenes afectados por la imperfección del vacío imperfecto, afeados por residuos de suciedad, acaban fragmentándose, sustituyendo la totalidad por el caos y el sistema por el accidente.
De ahí que la pulcritud, tanto del vacío tridimensional como del plano requieran llegar hasta su nivel cero. Aquello que en su desarrollo no conquistara la radicalidad del detritus cero sería cimiento ni morada fiables. Uno y otro se craquelarían en gravas y arena.
Ser limpio de corazón es por tanto el tropo que alude a una personalidad cimentada en el honor y la ecuanimidad garantizada. La limpieza en estos casos funda la altura de la construcción y la mantiene enhiesta. La firmeza del metal, la sagrada belleza de una bóveda anticipan la importancia de los elementos netos y hacen, a su vez de su desnudo natural, en las piedras o en la carne el símbolo de la pervivencia.
[Publicado el 10/11/2010 a las 13:56]
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Entre el teléfono y la carta se encuentra el mail. Pero no parece tan seguro este orden si se le añade el mensaje corto y las comunicaciones en las redes sociales. ¿Qué categoría, por tanto, posee el mail? Hay cosas que no parece correcto trasmitir por mail pero el cine y la realidad se encuentran ya poblados de incontables ejemplos en los que el mail incorpora mensajes trágicos y decisivos. ¿Será el mail, entonces, el lugar común de todas las comunicaciones, graves o leves, tal como fuera la presencia oral en otros tiempos más simples?
La pregunta carece de pertinencia.
Con múltiples formas de comunicaciones la comunicación adquiere a la fuerza rangos y significaciones diferentes. ¿Es más confidencial la carta que el e-mail? Inmediatamente nos parecería que sí pero ¿qué decir de los accidentes que pueden sobrevenir a un sobre en su largo viaje? El mail, en cambio, traza un arco libre, cierto e instantáneo de persona a persona. Y también es así para el mensaje corto. O, en general, para cualquier contenido que circule por el ciberespacio que es al espacio tradicional lo que la nube al suelo, lo que el soplo al susurro, lo que la flecha a la piedra, lo que la bomba de neutrones a la bomba de mano, más cercana la segunda que la primera, pero también menos precisa y, al cabo, menos selectivamente humana, tan cercana a la tierra como próxima a su indiscriminada brutalidad. (continuará)
[Publicado el 08/11/2010 a las 15:20]
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Hoy se inaugura mi primera exposición de pintura y un amigo pintor, muy veterano, me pregunta qué se experimenta en este trance porque él, a fuerza de exponer, ya no se siente expuesto.
Podría ocurrir como con la escritura, que si el primer libro o el primer artículo nos excitan, más tarde dejan de hacerlo o sólo conceden una emoción sobresaliente en casos excepcionales.
Pero hay una importante diferencia, una diferencia radical, entre exponer el cuadro y mostrar el libro o el artículo. La escritura posee el defecto y la virtud, a la vez, de que no dice nada, no significa nada si no se extrae su significado emocional y racional de descodificar su garabato.
Con el cuadro, sin embargo, la dicción es directa y, de hecho, cuando una colección de ellos queda a disposición del público se la llama "exposición". En la "exposición", en esta exposición total, no hay muchos modos de esconderse. Todo escrito es un "reflejo" del autor pero el cuadro se acerca más al "retrato". Basta pensar que con la escritura nos sometemos a un sistema común de signos mientras el cuadro pinta más singularmente y mejor.
Se requiere mucho narcisismo para exponerse, tanto escribiendo como pintando, pero también valor. La diferencia entre colgar la pintura o dejar el libro en las librerías es precisamente que en el primer caso los detractores nos cuelgan más deprisa y, además, más cargados de sinrazón. No será la mente tanto como en el libro la que oriente su dictamen sino notablemente los sentidos que sentencian sin mediar la razón. ¿A qué recurrir pues? Exponer cuadros comporta una arrogancia o una impertinencia suficiente como para ocultarse en la inauguración pero, encima, el criterio que uno u otro de los visitantes conciba vendrá a ser irrebatible. O, lo que es lo mismo, su sentencia definitiva, sin recurso. Vencido y desarmado se va al desafío que ni en el mejor o más positivo de los casos, se puede ganar. Porque ¿cómo celebrar con todo fundamento las emociones del público que sabe Dios con qué humor asisten, con qué talante ponderan, con qué frase (o sentencia gramatical) podría el autor corregir sus sentencias del corazón?
[Publicado el 05/11/2010 a las 12:15]
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Un consejo terrible pero supremo es el que dice: "no esperes nada de los demás". Su parte de misantropismo se compensa con la dosis de humildad, la cantidad de menosprecio de los otros se iguala al propio. Pero con un resultado capital: la independencia respecto al juicio positivo o negativo de los otros aumenta la energía para hacerse mejor. Y no sólo para sí sino para la posible mejora ambiental de la gente que nos rodea. Y que nos juzga. Que nos da o nos quita. O que pretende hacer tanto una cosa como otra, ignorante del terrible y piadoso consejo inicial.
[Publicado el 03/11/2010 a las 10:07]
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El blanco, la bandera blanca connotan con la idea neta de inicio, término de hostilidades y práctica de la paz. Los bebés son, por su inocencia, consustanciales al blanco, almas sin mancha, sin vicio, sin tara.
La primera comunión, las bodas, llevan a la conclusión que unos y otros se encuentran sin mancillar o bien se han lavado tanto que han redundado en el blanco, el mismo color de la piedra con que los romanos señalaban los días afortunados.
Toda la insistencia de la publicidad de los detergentes en la obtención del blanco les lleva a proclamar que serán capaces de ofrecer un blanco más blanco que el blanco. Un blanco radical que se halla en la raíz del blanco, en el lugar correspondiente al antes que el mismo blanco haya visto la luz y en consecuencia pueda haber sido tocado por ella. Blanco impalpable pues, blanco invisible que se aproxima tangencialmente a la nada o que de la nada brota en un primer instante como su potencia presentida. Una potencia no visible a la óptica pero implícita en el núcleo del más blanco que el blanco. Blanco nuclear, blanco de ipods, blancos de muros y exposiciones, de muebles y drogas, sociedad blanca para un tiempo de crisis cuya básica aspiración no es la abundancia de color sino, sencillamente, la desaparición de la deuda, la eliminación del déficit, el menos que cero en la rentabilidad de los bonos públicos. Blanco alusivo a la pacífica neutralidad tradicional sino blanco de subterráneos sin luz, blanco de paraíso todavía oculto o de muerte todavía en el inmediato estado de lividez. Blanco se exaspera en la propaganda contra la persistencia de la crisis negra, la deflación descolorida y deshilachada en fibras de deshechos El blanco que iguala la zona de salida, nace así desde su subsuelo para crear la ilusión de una nueva tabula rasa donde se edificarán, liberadas de culpa, las basuras morales del ocaso. Un blanco de alba. ¿Un blanco esperanzado e inaugural?
Efectivamente, el blanco se afana en esta dimensión de principio desnudo, presto para una esperanza de estreno pero también el blanco contemplado más detenidamente, poniendo oído a su habla muda trasmite la terrible presencia de una amenaza y la inminencia del pánico. El pánico absoluto de la ausencia de color. O como dice Herman Melville "...hay algo impalpable que se guarece en lo más interno de la idea de este color, susceptible de producir más pánico al alma que el rojo de la sangre, que aterra." ("La blancura de la ballena", capítulo 41 de Moby Dick). Lugares de copas, tiendas electrónicas, vestíbulos de hoteles o grandes corporaciones, automóviles luciendo el blanco. Luciendo la luz o luciendo la falta de toda iluminación que les hubiera brindado una identidad coloreada, una personalidad para convivir sin temor persona a persona.[Publicado el 02/11/2010 a las 09:00]
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El montón de basuras que genera un país ha sido un índice de su desarrollo. Cuánto más rica es la sociedad más tira. Cuanto mayor es la ganancia mayor es el desperdicio.
Esta ecuación que ha regido toda la historia de la Humanidad se corrige ahora por el obsesionante interés en hacer desaparecer los deshechos. Las sociedades más atrasadas serían aquellas a las que se les notara más los desperdicios puesto que las avanzadas habrían adelantado más en las técnicas de reciclaje o de degradación orgánica.
Concretamente, los nuevos productos biodegradables constituyen el último grito en la modernización bioquímica. No debe haber un más allá de la cosa o de su delator envoltorio sino que tanto una como otro deben dirigirse hacia la desaparición. Una desaparición biodegradable del propio objeto. O lo que sería lo mismo: desintegración objetos que poseen en su interior una bomba existencial al revés. No una bomba energética que le habría procurado vida antes sino una nueva bomba cuya energía opera para transformar la existencia en nada.
Ejemplarmente, respondiendo a las reglas de la nueva ética dirigida a desaparecer, la revista de publicidad Crative Review del Reino Unido utiliza un producto para envolverla llamado "Harmless Dissolve" ("Desintegración Inofensiva") que tiene nada menos el efecto de acabar definitivamente con la cosa.
Acabar definitivamente con ella y desde su interior de modo que si bien ese plástico puede disolverse por completo en agua a 60 grados, también podría desvanecerse echándola a la basura y ponerse en contacto con los demás productos orgánicos del mismo recipiente que ya se dirigen a la putrefacción.
Estos envoltorios de tanta vocación por hacerse nada se producen a partir precisamente de fuentes sostenibles y renovables, fuentes eternas, sin muerte ni fin, como son hoy el maíz y el almidón de patata.
La exigencia pues de terminar con las bolsas de plástico, la satanización del material no degradable, la plástica asociación de miles de bolsas llenando los panoramas callejeros del tercer mundo, convierte la tarea en una moderna cruzada contra el mal. El mal de la contaminación pero en el fondo el mal de una desdichada civilización que hizo del polivilino y el pliuteyano y el PVC la enseña criminal de su progreso. Batalla pues contra el progreso vivido. Batalla, en general, contra las huellas de lo que se adquiere, se consume y hasta se expulsa o se deshecha. El deshecho cambia así radicalmente de ser una señal de superabundancia a traducirse en el índice de la miseria, la escasez, la superpobreza.
[Publicado el 01/11/2010 a las 09:00]
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Una sociedad de viejos es una sociedad de ausencias. Con una esperanza de vida más larga acrecienta más la densidad melancólica que una colectividad de jóvenes cuya memoria más reducida no llega tan lejos y su aforo y su peso es incomparablemente menor.
Esa sociedad envejecida lamenta el fin del pretérito y, como es usual, añora lo que no volverá. De ahí se deduce el enorme desprestigio de los años presentes puesto que desde todos los lugares de poder, regidos mayoritariamente por mayores, se propaga -aun a su pesar- una idea pesimista de la época, una idea de post, de postrimerías y no de inauguración.
Aquí y allá, en el caos del arte, de la economía o la política, no se piensa de ningún modo alentador hacia adelante sino que el pensamiento se encuentra taponado por la pretensión de rescatar formas, fórmulas y planteamientos del pasado. Asustado ante el temible porvenir. No hay de hecho, un pensamiento que aborde los problemas con métodos novedosos. Significativamente no hay pensadores, con o sin premio Nobel o Príncipe de Asturias, que ayuden a sacar provecho de la nueva situación y tanto un repudio a la actualidad como una resistencia a admitir un cambio de paradigma positivo contribuye a empeorar la crisis.
La edad proterva es un depósito de sabiduría pero ya se comprueba que este depósito permanece actualmente guardado en almacenes y no se utiliza o no vale como reserva para subvenir el provenir. Por el contrario, siendo el déficit el signo general del mundo en cuestiones materiales, el pensamiento aplicable es deficitario en soluciones intelectuales. Déficit en casi cualquier lugar, déficit de pensamiento en casi cualquier punto. Pérdida de energía renovada en un mundo envejecido.
[Publicado el 29/10/2010 a las 09:00]
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¿A qué otra cosa no alude el "armario" sino al "almario", y la consolación a, la consola ¿O cómo no constatar la asociación, de un lado, entre muebles pesados y periodos de economías estables y, de otro, muebles desmontables. muebles para armar en económicas especulativas o volátiles? El mueble que se adquiere sólo se ve en la exposición pero en el trayecto hasta el hogar es sólo un paquete cualquiera, un paralelepípedo al que será preciso asistir para que recobre su personalidad. De un punto a otro, del almacén al salón, el mueble se encuentra desarticulado y con una identidad perdida. Este intervalo en el que el mueble pierde su característica o característicamente " no está", anticipa, aún toscamente, el vaticinio del escultor y diseñador Isamu Naguchi que dijo a comienzos de 2010 (El País 9-2-2010), que "con el tiempo, terminaremos librándonos de los muebles".
¿Librándonos de los muebles? ¿Cuál es su incomodo? ¿Cuál es su tiranía actual? Sencillamente que ocupan el espacio, reducen la visión del vacío de a habitación, se interfieren junto a nosotros en los deseos de quedar relajado, la mente en blanco, sin referencia a nada. La moda complementaria que representan hoy los objetos extraplanos, en móviles o en televisores, en cocinas o en cuartos de baño, tiende junto al omnipresente recurso al color blanco, completan el viaje común hacia la nada. Lo extraplano impide la oratoria del diseño, allana la liturgia de la estética, cambia el grado de belleza por el grado cero de la estética, hace pensar en no pensar.
De este modo, con la nada como patrón de todo, los muebles y objetos tienden a ausentarse para dejarnos lugar pero ese lugar deshabitado por ellos se convierte al cabo en un lugar propio para no estar, apropiado para lo que no se ve o apenas se toca, lo que no habla, no conversa, no sirve sino como un monumento a la ausencia del mundo, presagio en piezas de la anhelada desaparición. Y desaparición no ya a la manera de una muerte negra y dolorosa sino de una progresiva ausencia cada vez más blanca e indolora. Muerte incolora, invisible e insípida.
[Publicado el 28/10/2010 a las 09:00]
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Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
10/2/2012 11:23
sr. verdu;me encanta leer sus...
Publicado por: PJ
10/2/2012 10:27
La technologie et la science...
Publicado por: Pauline
08/2/2012 13:45
Publicado por: Un bárbaro
06/2/2012 12:08
El problema del Poder es ese,...
Publicado por: pepedamian
03/2/2012 18:31
Sartre se quedó en el discurso...
Publicado por: Un bárbaro
03/2/2012 13:24
Sobre el comentario de "z" y la...
Publicado por: pepe
02/2/2012 22:27
Publicado por: z
02/2/2012 14:24
De acuerdo con lo de la opinión...
Publicado por: Un bárbaro
02/2/2012 12:22
"El bien o el mal" ... Tal vez...
Publicado por: pepedamian
02/2/2012 10:51
Publicado por: la primera
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