El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 12 de mayo de 2008
Mientras la presencia acosa, la ausencia oxigena. Mientras la proximidad intoxica, la distancia orea. No cabe pensar la higiene sin holgura pero la higiene, a su vez, es el alma de la clínica y la clínica, a su vez, la química de la misma vida.
De la vida a la química no hay ningún paso. La vida de la molécula principal se ahoga en la multitud mientras crece y se reproduce en el espacio abierto. De este modo desprovisto de espesura viene a ser cómo nos amamos perfumada y soñadoramente. Nos amamos sin tasa en la lejanía y amamos lo justo en la vecindad. A mayor vecindad más redundancia del yo y, por el contrario, a mayor ajenidad nuestro yo se alza y arquea. De esta tensión el yo logra una visión de sí que lo engrandece y lo lanza hacia el otro. Y gracias a esa potencia ama con mayor vehemencia. La vehemencia necesaria para salvar la distancia.
A menor distancia menor vuelo y a mayor separación un arco mayor dibuja el deseo. Nos deseamos, definitivamente, en tanto que no logramos todavía poseernos puesto que la posesión es como el mausoleo de los deseos. Exactamente, sólo nos cabe en el pecho henchido el gozo propio del vacío. Ese ámbito incomparablemente gozoso que crea la evocación y funda el irrompible y mágico lazo de la ausencia.
[Publicado el 14/1/2008 a las 09:15]
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La luz y la electricidad constituyen la base crucial de la existencia. La electricidad fabrica el esqueleto irrompible y la luz guía la ínclita arquitectura de la mente. Con el esqueleto y el intelecto se resuelve de una vez el proyecto del ser humano. ¿Los animales no participan de la luz y de la electricidad? Son subsedes pasivas, silos de vida. Sólo en el ingenio humano se cruzan la electricidad y la luz, se une la elegancia con el látigo, se ovilla el conocimiento y su milagro, copula el misterio con su resplandor. Los animales son depósitos de saber, espesas reservas, mientras el ser humano discurre como una extraña fluencia. Los primeros son sólidos y finísimos líquidos los segundos. Mansos o fieras frente a genios iluminados y fuegos.
[Publicado el 11/1/2008 a las 10:15]
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No hay obra de arte sin la mágica colaboración de lo que no hay en ella. Lo presente y lo ausente son parte de la composición y así como quien quiere decirlo todo en un libro no logra hacerlo querer, el pintor que no cuenta con el espacio sin pintura sucumbe a la opacidad del pastiche. Esta regla, sin embargo, no es fácil de transmitir ni comunicar. Tanto en la seducción de la obra como en el amor de los amantes la dosis de lo no visto, no alcanzable o no expresable actúa como el resorte de la genialidad y, sin duda, como la marca original perfecta.
No somos, contra las evidencias de costumbre, cuanto consta sobre nuestra personalidad, nuestras realizaciones o nuestros avatares, sino que habitamos especialmente en aquello que, al no poder concretarse, actúa como un hálito incontaminable. Somos pues genuinamente en lo inasible e invisible. O también: somos exclusivos, únicos y perennes, en lo que no estando propiamente presente no puede igualarse ni morir. La máxima inmortalidad se corresponde con la singularidad de cada ausencia. Y la inmortalidad a secas coincide con el humo de nuestra mancha evaporada.
[Publicado el 10/1/2008 a las 09:15]
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Una de las obras de la exposición Picasso y su colección que se expone en el museo.
Para quienes se acerquen a Barcelona el consejo incuestionable es visitar, en el museo Picasso, la muestra sobre la colección particular del pintor. Dice Picasso que la obra de un pintor coincide con aquellos cuadros que pintó queriendo imitar las obras que más admiró en su vida. Con esta confesión, el paseo ante los lienzos y dibujos que adquirió Picasso tiene su espejo en las obras propias que evocan la obra de los autores preferidos. O viceversa.
La pintura no es un espejo, sino todo lo contrario. En la comprobación de este aforismo abismal pueden invertirse varias horas y explorar, con ello, en la masa del color, la carne de los óleos, la sexualidad de los incontables olvidos, la incapacidad del maestro o la incierta magnitud del artista verdadero.
[Publicado el 09/1/2008 a las 09:15]
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Los pintores dicen, con razón, que lo peor que puede ocurrirle a un cuadro es parecer ñoño. Lo ñoño es lo manipuladamente mono, lo encantadoramente falso, lo conducido meticulosamente hacia la calculada producción de afecto o de interés.
Todo lo interesante necesita para serlo de veras traslucir su punto de incontrol, como todo lo realmente bello sólo coincide con la belleza superior del accidente.
Lejos de suponer que la intensa y larga intervención de la habilidad humana confiere mayor grandeza a la obra de arte, lo acertado es justamente su revés. Todo lo que trasluzca demasiado una intención querida neutraliza el impacto de su deseado efecto y todo aquello que se presente con los resortes muy ponderados, los tonos en su punto, el énfasis pulimentado y el peso bien repartido, resta misterio y valor a la composición. El conjunto atractivo se gesta con una dosis no escrita de azar y logrando un resultado que, en primer lugar, asombra al artista. O bien: todo artista que se reconozca plenamente en su obra no habrá creado obra original alguna. La originalidad no procede directamente del autor sino tan sólo de su mediación, gracias a la cual se produce el hecho sin dueño, el cuadro sin amo, el libro sin un autor definitivo. La obra maestra. Maestra incluso del artista.
[Publicado el 08/1/2008 a las 09:15]
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Los jóvenes actuales aguantan peor la dependencia familiar y se emancipan en cuanto pueden, sin esperar como en el pretérito el cumplimiento de los solemnes ritos de paso. Pero también el aumento del individualismo, la independencia personal y el deseo más vivo de inventar su propia vida conducen a que una nueva generación, ahora entre los 12 y los 20 años, tienda a preferir más los trabajos autónomos que los empleos a sueldo.
La decisión de la autonomía gana en riesgo pero también en aventura, pierde en protección pero gana en creatividad.
Una sociedad estática paraliza el nacimiento de nuevas idea pero otra inestable, móvil, cambiante y flexible, las necesita para pervivir y progresar. En este ambiente van anidando y formándose cada vez en mayor proporción cohorte de futuros empresarios, inventores, creativos que desarrollarán trabajos inéditos, inventados por ellos mismos o brotando en los entresijos de una sociedad que se compartimenta y ramifica.
De este nuevo estadio inmediato emergerá a la vez una cosecha renovada de valores y de relaciones, de clases de familia, de amor y de pugna. Para darse una idea rotunda de esta transformación bastaría tener en cuenta, por ejemplo, la reacción furibunda y atemorizada que interpreta la jerarquía eclesiástica, sus gigantescas manifestaciones en Madrid contra el laicismo, su escándalo ante las novedades, su bruta resistencia a las innovaciones que por su calado y su calidad no controlan puesto que, en su proyección, no definen no sólo una moda o una adversa circunstancia, sino una poderosa transformación de la fe fundamental. De la fe en sí mismo, de la fe en el futuro, de la fe en la falta de fe dentro de una socialización de la peripecia y la veleidad.
[Publicado el 04/1/2008 a las 09:00]
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Cada mañana, el paso del sueño a la vigilia reproduce el paso desde la misma profundidad de una anestesia a la experiencia de la vida brillante y superficial. Ascendemos así desde la hondura en lo más oscuro a la planicie de una piel extendida rociada de olores y tactos, de luces y sensibilidad en continuo trance de perfección y calidad.
La oscuridad nos sume en los primeros y remotos tiempos de la vida mientras la luz es semejante a la emergencia de una civilización. En la ofuscación primordial no llegamos a discernir y ese torpor nos conecta con los filamentos primitivos de la vida cuando todavía su escaso desarrollo y falta de especialización situaba al cerebro en una estación preinteligente. En el sueño de cada día nos prestigiamos con las pesadillas pero sin ellas el sueño conecta con el fondo mismo de la esfera mental donde todavía las células se apilan en un montón sin apenas tarea o función.
El ser humano parte cada día desde el sueño profundo, el sueño eterno, a este sueño circunstancial de la cotidianidad donde el patrimonio de conocimiento debe disponerse pronto para ser eficiente y con ello protegernos de la radiante escena a la que vamos a acceder.
La confusión en la total oscuridad del sueño nos hacía presentir la espesura del caos del que partimos, nuestro cerebro abotargado y preso del que dependemos y desde el cual millones de simientes reconducidas, dominadas, instruidas nos permiten creernos en trance de superar la limitación del animal, aunque también, sin embargo, nos procura la enseñanza de sentirnos como seres engastados en él y, en el sueño nocturno, casi acomodados a él como en el lecho original del que partimos y dormimos.
[Publicado el 03/1/2008 a las 11:34]
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Todas las discusiones, peleas y agresiones que he presenciado estas Navidades, en fiestas y cenas, tenían por centro el "yo".
Parece una perogrullada (una perogru-yo-da) pero, simultáneamente, en otras partes del mundo donde el yo contaba menos se desarrollaba la caridad y la paz.
El yo es una bomba delicadísima que al mimarse en exceso estalla con formidable facilidad. Todo yo por pequeño que sea se encuentra naturalmente inflado y procede en el mundo como un globo propenso a detectar con la mayor sensibilidad los roces, los pinchazos y, lo que es más grave, su exagerada importancia personal.
Con ello el globo del yo que se advierte achicado en la estimación procura engrandecerse y el que se siente preterido o no visible se mueve aparatosamente para hacerse ver.
La presencia del yo es, desde luego, consustancial a su pervivencia pero el límite de esta obscenidad no puede calcularse de tal forma que concuerde siempre adecuada y pacíficamente con los demás yoes.
Las peleas familiares de Nochebuena y Nochevieja hacían notoria esta batalla de globos hinchados, inflamados, explosivos que, uno y otro, en la reyerta, despedían un aire tan vulgar como es la naturaleza egoísta, el amor desmedido a sí mismo sin la menor elegancia ni tino. Un burdo amor por el yo que convierte a su núcleo en producto masturbatorio y sofrena así cualquier buena intención de amar al prójimo, vista la desmesura que el prójimo destina a sí mismo y cuya patología amorosa se desprende un humus de repugnante e infecciosa contaminación.
[Publicado el 02/1/2008 a las 11:23]
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Orxeta.
"Las estrenas" se llamaba al aguinaldo en mi pueblo de Valencia. En realidad, la Navidad constituía un auténtico estreno. Fuera por la relación con el nacimiento, fuera por la gran celebración, un periodo de oro y de bonanza parecía abrirse con esa fiesta. Consecuentemente las gentes se vestían de gala y, a menudo, estrenaban alguna o algunas prendas. Ahora que paso unos días en el pequeño pueblo de mi mujer, en Orxeta, en la provincia de Alicante, dentro de la casa se discute si será correcto salir a la calle con las mismas ropas del día anterior o con cualquier atuendo de los días normales. Mi cuñado planea ir a la huerta para comprobar cómo han quedado los bancales con las lluvias torrenciales de hace dos días pero mi cuñada le afea esa disposición y le conmina para que se vista con el traje y no deje de acudir a misa. En esa pugna se han consumido unos minutos y, como es habitual, mi cuñado cederá para seguir el orden que marca su esposa y que se aviene con los mejores modales de esta comunidad de trescientos vecinos que ahora aumenta y varía con los que familiares venidos para las fiestas y que importan los usos y costumbres de la ciudad. ¿No vestirse de fiesta en Navidad? La fiesta es sustantivamente un disfraz. El disfraz, por antonomasia. ¿Cómo experimentar la sensación festiva y sus extraordinarias ofertas si no nos caracterizamos festivamente? ¿Cómo sentirnos de verdad incorporados a la celebración si el cuerpo no se reviste, se inviste, se invita a la excepción? La contemporaneidad ha abolido este tipo de rituales tradicionales pero, a la vez, ¿cómo no reconocer en la recuperación de bodas solemnes, despedidas de solteros, despedidas de casados, conciertos en vivo, la nostalgia de la liturgia, el formalismo, los himnos y la ley de la colectividad? No rito es igual a no cultura. No cultura es igual a sepultura donde, precisamente, humanamente, vuelve a brotar la ritualidad.
[Publicado el 28/12/2007 a las 09:30]
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Para soportar la adversidad hace falta oponer un escudo de resistencia pero también la felicidad induce instintivamente una extraña oposición. Todas las recomendaciones que se hacen sobre entregarse a disfrutar sin reparos a ser feliz sin restricciones tienen que ver con esa aparición de un freno torácico que teme recibir la dicha a caudales y ahogarse, probablemente, en ella. No estamos preparados para el dolor pero tampoco, siendo exactos, para el placer sin reserva alguna. Uno y otro se echan sobre nosotros como movimientos extraños al devenir de nuestra biología que se conforma, en su estructura, con funcionar ordenadamente.
El mundo al que pertenecemos, entre los paramecios y las galaxias, halla su máxima perfección en los compases armónicos. Cualquier percance que altere ese pulso puede considerarse un trastorno incómodo. Unos por la amargura que segregan y otros por la dulzura que deslizan. Cada uno, en fin, introduce en el fondo elementos disonantes que el organismo detecta como cuerpos extraños, difíciles de asimilar. La pantalla que se alza espontáneamente ante tales invasiones reproduce la misión del escudo antimisiles. Escudos ante los misiles de azúcar o de acíbar que al mezclarse con el fluido orgánico crean campos de contradicción interior y choques fundamentales.
Los estoicos conocían el inconveniente de estas perturbaciones y, con buen criterio, elegían una estación del ánimo que se aviniera exactamente con la organización primordial. Nosotros, en cambio, en esta era accidentada y dinámica, consideramos que la falta de asombro o de sorpresa, de convulsión y estremecimiento, es equivalente a una vida menor.
La ansiedad por la experiencia supone la demanda de sucesos y la producción de sucesos, buenos y malos, se interpreta ya como el principal argumento que define nuestra existencia.
Sin embargo, la existencia verdadera, aquella que nos mantiene realmente en vida coincide con pautas equilibradas gracias a las cuales ni se inundan los pulmones de veneno ni nos ahogamos con suspiros de felicidad.
[Publicado el 27/12/2007 a las 09:30]
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No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
11/5/2008 23:22
— Ah! —va exclamar el senyor...
Publicado por: Yuri Puskas
11/5/2008 22:37
Publicado por: Diego
11/5/2008 20:30
pues Frank parece una persona...
Publicado por: Enea
11/5/2008 17:19
"De mis soledades vengo y a...
Publicado por: AliciaEnSuPropioPaís
11/5/2008 00:31
La igualdad de sexos llegara el...
Publicado por: Maria de la ahh
09/5/2008 16:06
Je, je, je...como se nota que el...
Publicado por: José Luis
09/5/2008 16:03
Hay una premisa indispensable...
Publicado por: Sanalmitas S.L.
09/5/2008 10:36
Publicado por: almax
09/5/2008 10:34
Publicado por: encontronazo
09/5/2008 10:27
Publicado por: siga, siga... no pare
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