El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 12 de mayo de 2008

Carlos Reygadas, no se lo pierdan. Los críticos le oponen la consideración de que su última película Luz silenciosa es una copia directa de Ordette de Dreyer pero prácticamente todo, en el arte, es una copia sucesiva.
Así como la ciencia acepta seriamente que no hay paso adelante sin apoyo en el estribo precedente, el arte se ha jactado infantilmente de su alta independencia respecto al pasado.
Claro que no es así. La diferencia, entre ciencia y arte, y no absoluta, se basa en que los artistas se relacionan más y mejor con el sistema de la moda que los científicos, aunque no debe desdeñarse nunca la influencia de las modas, en métodos y objetos de estudio, en cada época de la investigación. Pero el arte, sin duda, tiene más que ver con la veleidad y, desde luego sus reglas son incomparablemente más proclives a la trasgresión, la perversión o la prostitución.
Reygadas, en fin, ha observado obsesivamente la estética de Dreyer y de este fervor ha nacido su última obra, Gran Premio del Jurado en el pasado festival de Cannes. Luz silenciosa bulle de belleza, no importa si a partir de una primera versión aprendida, reelaborada, reinterpretada o calcada con papel carbón. De esta película realizada, además, con actores no profesionales y colectados de una anacrónica comunidad menonita en el norte de México, se desprende un sabor muy raro, tal como si nunca hubiéramos probado este fruto del cine. El idioma plaudietsch en que se expresan, envuelto en español y salpicado de francés, desemboca en un guiso singular que, pese a la carga de sus legados, puede presumir de su muy halada diferencia.
No basta, además, ser un buen director de cine. Hay que tener gusto para muchas cosas más. Gusto para la narración, gusto para el vestuario, gusto para la luz y la cadencia del tiempo, especialmente.
En Luz silenciosa, el silencio de la luz propicia una sólida presencia del tiempo. El tiempo se hace un bulto incandescente, paradójicamente ligero como una espesa niebla o pesado como la blenda. La pantalla es su plasmación absoluta. No sucede nada en la secuencia, la cámara no se mueve, los actores no se conceden un gesto y el tiempo domina toda la profundidad y superficie el cuadro. La luz sin movimiento ni ruido tiende a anestesiarlo y la ausencia de toda velocidad contribuye a pulimentarlo. Vean Luz silenciosa y no dejarán de hablar después. O, en silencio, no dejaran de verse brillar interiormente. El corazón, el alma y otras vísceras escondidas.
[Publicado el 25/2/2008 a las 10:24]
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Campaña de Prevención del Cancer de Mama.
La prevención es la suprema recomendación de la medicina. Pero prevenir ¿qué? La prevención constituye tanto la máxima concreción en la esperanza como la máxima abstracción en las conductas. Podríamos pasarnos la vida previniendo y constatando, como en cualquier ámbito, la vanidad de la diligencia. Y esto, además, sin contar de qué modo el cumplimiento meticuloso y firme de la prevención conduce, con frecuencia, a una crisis paranoica.
¿Cómo acertar? No hay manera de ser precisos en la salud y tampoco en la enfermedad. Tanto una como otra son formaciones irregulares de contornos indefinidos y contenidos veleidosos.
Lo que sí resulta sin embargo tan sensato como recomendable, mucho más cabal que la neurosis preventiva, es la regla de acudir al médico, a la exploración, el contraste y el análisis, apenas se presenta el síntoma, por dudoso que sea. No todas las patologías hablan mediante síntomas pero para aquellas que se expresan es irresponsable negarles la conversación. Porque rehuir su voz o negar su fraseo abre las puertas a que tras el primer goteo llegue una inundación y siga, después, un exuberante discurso del que no podamos desembarazarnos.
La oratoria de la enfermedad cuando logra asentarse tiende a crear fecundas arborescencias con el objeto obstinado de ahogarnos. Contra esta tendencia tan fuerte como asesina debe actuarse radicalmente. Silenciando, entre todo, su primer silbido y echándose encima de ese indicio con todas las armas disponibles, tan abundantes en la primera fase de la batalla y tan escasas a medida que transcurre el tiempo y la enfermedad despliega su orquesta y ocupa la totalidad del espacio. El tronante espacio del mal donde el latido del corazón se desvanece.
[Publicado el 22/2/2008 a las 10:41]
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El nacimiento del cine tuvo detractores ilustres y defensores insólitos. A unos les parecía la pérdida de la cultura-culta, mientras otros lo estimaron como "el entretenimiento que iba buscando la Humanidad". Estos últimos consideraban el cinematógrafo como el medio de distracción idóneo por tres razones: funcionaba gracias a la energía eléctrica (que a la sazón bendecía cuanto tocara); no permitía la participación del público (que se tenía por rucio y subversivo) y era absolutamente inmutable en su contenido.
Hoy los videojuegos son apreciados por tres posibles razones que revocan la estimación referida al cine un siglo atrás. El videojuego es práctico porque puede prescindir de la conexión eléctrica, es admirable porque propicia la participación del usuario y es atractivo especialmente porque ni su proceso ni su final se hallan predeterminados.
El cine es al videojuego, lo que la cultura del capitalismo de producción a la cultura del capitalismo de consumo. El cine es al videojuego lo que los programas políticos fijados ideológicamente son a los actuales programas cambiantes demoscópicamente.
El cine es imperativo, no admite corrección exterior. El videojuego es flexible, invita a la modificación popular. ¿De la dictadura a la democracia? ¿De la jerarquía al populismo? ¿Del orden piramidal al mundo horizontal?
[Publicado el 21/2/2008 a las 10:53]
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Muchas personas no pueden quedarse dormidas porque se fijan obsesivamente en el proceso de estar durmiéndose y caer en el vértigo de la inconsciencia.
Pocas sensaciones del cuerpo son tan complicadas interesantes como la transición de la vigilia al sueño. Y la dificultad para observar debidamente este paso incrementa el valor de la superación. La paradoja radica en que a medida en que se triunfa en la pormenorizada atención a la secuencia de quedarse dormido desaparece el objeto de contemplación. El mantenimiento de la lucidez y, tanto más cuánto más lúcida es, anula la producción de la oscuridad en que deseamos introducir nuestra justificada curiosidad de seres humanos que se duermen.
Constatamos que vamos ya a dormirnos, que la densidad del sueño aumenta pero si dejamos que se apodere por completo de nosotros desaparece el cuerpo de la investigación. Desaparece, además, a la vez que nuestro cuerpo o nuestros sentidos que juntos quedan engullidos en una somnolencia insondable, indefectible, contraria a nuestra pretensión de saber.
Necesitamos por ello confiar la exploración de nuestro sueño y cada una de sus etapas pero, sobre todo, el paso de la conciencia a la inconsciencia a unos terceros. Pero ¿qué aportarán estos terceros de verdadero valor? Sólo colectarán informaciones objetivadas de este asunto pero no, desde luego, la muestra real del suceso que determina la pérdida de la alerta y el hundimiento del cuerpo en un abismo tan laberíntico que nadie sino el propio sujeto, eventualmente, podría relatar con precisión. Pero ¿cómo hacer, entonces? La desesperada impotencia que refleja esta experiencia, la imposibilidad de alcanzar esa experiencia, crea un vacío fundamental en el devenir de la vida. O más exactamente: en el devenir de la gran parte de la vida que sin vivirla no muere ni se esfuma y sin matarnos no deja que la vivamos o la miremos siquiera como sujetos de su formación.
[Publicado el 20/2/2008 a las 11:05]
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El periódico impreso o no, compone una segunda vida junto a la vida primera. Puede vivirse con mayor o menor intensidad la información periodística pero precisamente en esa holgura para consumir mucho o poco su propuesta se decide una parte capital de su importancia.
Cada día el periódico alza un pluriargumento que recorre prácticamente lo humanamente posible, lo imaginable y hasta lo imprevisible. El periódico se presenta como un soporte o un simple vehículo pero a fuerza de convertirse en el mensajero obstinado y asiduo traspasa su naturaleza instrumental y coyuntural para ser naturaleza de nuestra naturaleza, acontecimiento de nuestro acontecimiento.
Quienes no han adquirido la costumbre de leer el periódico diariamente no sentirán esta sensación en su plenitud puesto que la consulta de noticias no es lo mismo que la recepción regular de las noticias, a la manera de un alimento, una medicina o un estupefaciente cotidiano.
El periódico actúa así con su periodicidad insistente y su abundancia como un elemento necesario y a través de su insistencia pasa a formar parte de la peripecia de nuestro organismo que, a menudo, en lo más intenso, no distingue entre su interior y su exterior, su dosis y su metabolismo: la introducción de lo exterior en su interior o la introducción de su interior en lo externo.
De este modo osmótico el diario se mezcla en nuestra vida diaria y viceversa, con un apego, además, que se justifica en el acicate que cada jornada ofrece sea a la emoción, la murmuración, la conversación o la soledad de la inteligencia.
No se trata de buenos o malos diarios -aunque también. Se trata, sobre todo, del incontable bien que se recibe de ese sustento engastado en la costumbre informativa. Nuestros asuntos personales parecen en ocasiones impenetrables a la información mundial pero ¿cómo negar que las noticias de desastres, los avances en la curación de enfermedades, los episodios de degradación moral, las perversiones o las necrológicas cooperan a nuestro confort o a nuestra afirmación sea por contraste o por propedéutica?
[Publicado el 19/2/2008 a las 11:00]
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Asuntos privados en lugares públicos. Este es el título de la última película de Alain Resnais que, aún habiendo obtenido el León de Plata a la mejor dirección, se ha estrenado en medio del máximo silencio. ¿Un silencio reverencial y devoto? Un ambiente sonoro de intimidad acústica muy acorde acaso con la delicada naturaleza de la película y porque frente a la cinematografía de acción y trueno, grandes efectos especiales y persecuciones o muertes espectaculares, el filme de Resnais atiende al invisible problema de la condición humana sus soledades, sus ilusiones tan menudas como gigantes, y sus decepciones tan terribles como filmográficamente poco significantes en la taquilla.
Mi blog entero como llamada para que no se pierdan esta gran película que si no alcanza una resolución perfecta es admirable como testimonio de un cine que ya apenas se ve y como ejemplo de una realización tan inteligente, rigurosa y esmerada que arrasa en cualquier comparación con sus coetáneos de taquilla, pregalardonados, pregonados, exaltados o no.
[Publicado el 18/2/2008 a las 11:30]
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A los niños no les gustan ni las verduras ni el pescado. Un programa en la televisión se ha dedicado a cocinar platos en los que se enmascaraba un calabacín enterrándolo en queso fundido y se confundía la visión de unos lenguados envolviéndolos en granos de maíz. No creo que lograran engañar a los niños.
La negación del pescado y las verduras no es tanto una animadversión infantil como un categórico menosprecio de la propia especie humana. Somos omnívoros por civilización pero feroces carnívoros por naturaleza. La leche es el puente que los niños aprenden a saborear como paso para la posible degustación de la sangre y, en su consolidación, la carne fresca.
En este sistema preestablecido, el pescado no consigue obtener el respeto del niño porque tanto por su tacto como por su olor, su consistencia y su morfología remite a un universo de delicuescencia, ancianidad y de muerte. Todo pescado orienta hacia la flaqueza y se combina fácilmente con la disolución física y hasta la desaparición fatal.
En cuanto a las verduras, no son en verdad alimentos en sentido riguroso. Pertenecen al paisaje exterior y no al interior, son más del orden de la decoración contingente que de la nutrición esencial.
Cualquier argumento en contra tendrá en contra al niño: carne de Dios.
[Publicado el 15/2/2008 a las 11:15]
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El Titanic.
Los comerciantes, los directores de banco, los asesores fiscales van contando sigilosamente, día tras día, que la crisis económica reviste una extraordinaria gravedad. Las autoridades lo niegan o lo enmascaran pero aquellos que se encuentran en la brega, aparte de los asalariados y los parados crecientes, aseguran que apenas se ha mostrado una pequeña parte del iceberg. Casi todos se refieren a la temible metáfora del iceberg ante el Titanic imaginario.
Abajo, en el fondo que todavía no se ve, se habrían acumulado una bolsa explosiva o unos pesados materiales de podredumbre capaces de deteriorar al sistema por un tiempo que calculan en dos o acaso más años. Las estimaciones no se arriesgan a concretar demasiado. Ni hablan con claridad de las causas, ni aciertan a valorar su actualización, ni calibran con precisión las consecuencias. Un ancho enigma planea sobre la superficie de la economía mientras algunos periódicos desgranan, casi sin cesar, noticias aciagas. Unas veces se trata del número de parados, otras del descenso en las ventas y la inversión, a menudo aluden al descenso en los índices de confianza y, últimamente, resaltan los impagados, el incremento de morosos en particulares o empresas, y el regreso por todas partes de "el hombre del frac". Las deudas sustituyen a las revalorizaciones de hace unos meses y del pánico a la orgía.
La economía siempre se comporta como un ser animado que siente con extrema sensibilidad y enferma o sana siguiendo pautas que recuerdan a los seres vivos. Ahora se muestra como una alimaña herida que va ocultándose entre la maleza y apenas deja comprobar un creciente goteo de sangre, una huella de un cuerpo que lastimosamente se arrastra. Tras esa visión fragmentaria se hallaría el dibujo completo de la fiera, sólo entrevisto entre la emoción espantada. Los expertos aseguran que para la primavera sea ya imposible maquillar la fuerte hemorragia del animal. El animal que inexorablemente nos alimenta, nos envuelve, nos acecha. ¿Nos devorará, además?
[Publicado el 14/2/2008 a las 12:00]
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La salud es la base de la creación, de la acción y del carácter. O, al menos, del carácter aplicado.
Una gran mayoría de nuestras conductas y comportamientos, nuestras palabras y nuestros enjuiciamientos, correlacionan circunstancialmente con nuestro grado de bienestar personal y dentro de él, con el bienestar orgánico que termina convertido en un fundamental "punto de vista".
Las personas cambiamos de parecer sobre paisajes, personajes y viajes, en buena medida según nuestro estado físico y es una obviedad que el avinagrado se conduce agriamente a partir de sus secreciones internas como también para ser solícito es preciso que la energía interior circule suficientemente bien.
Cualquier visita, paseo, película o programa de la tele es diferente a través de un receptor fatigado o no. El programa es el dato fijo y el sujeto la variable. De este modo, todo empeño en mejorar la salud se relaciona directamente con perfeccionar las oportunidades de felicidad. De la salud personal deriva la salubridad óptica del mundo y su contemplación positiva sigue esta misma dirección.
Los amables aspectos de una visión aumentan y las figuras rehundidas aparecen como susceptibles de volver a flotar y lucir. No hay optimista sin buena salud como no hay pesimista más tenaz que el del achaque crónico. El cuerpo nos significa y nos indica, el cuerpo nos lleva y nos introduce en la intelección y acaba siendo en la encrucijada el juez ecuánime o no, el animal bondadoso o la fiera de cuya desazón deriva el desgarro de sí o del otro. La funesta negación de las ocasiones propicias, la denegación de oportunidades, el rencor casi constante se proyecta sobre el análisis de la coyuntura y de la propia estructura. Toda perspectiva pictórica depende así no sólo del ángulo escogido sino de la misma luz del ojo que dirime. Tanto el ángulo torcido como la claridad adolorida condicionan el espíritu y la vida del cuadro. Con mala salud se puede crear pero no hay creación enferma que en primer lugar, como debe ser, premie con gozo a su demiurgo.
[Publicado el 13/2/2008 a las 07:30]
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La clandestinidad no es sólo una tópica forma de actuación política. Puede ser, sencillamente, una particular manera de vivir. De vivir en la superficie y en el subterráneo consecutivamente: con una narración a la vista de todos y otra biografía en la ocultación.
La voluptuosidad de la clandestinidad es desconocida por una amplia clase de personas mientras otras la consideran inseparable del regusto por vivir. ¿Honestos unos y deshonestos los otros? La intimidad se halla en el corazón de la clandestinidad aunque no sean de la misma naturaleza. Gentes menos sensibles a guardar secretos pueden abrazar paradójicamente la clandestinidad porque ella no es tanto un secreto dentro de una determinada vida sino, rotundamente, una segunda vida. Segunda vida que se oculta aquí y se revela allá puesto que lo clandestino constituye una operación que encubre la acción dentro de un sistema y, por el contrario, conlleva una activa participación en el otro. Los dos espacios o sistemas incompatibles hacen posible el movimiento clandestino, que en un ámbito se sumerge y en el otro aflora, de manera que la existencia discurre como un vaivén de inmersión y flotación casi incesante. Es decir, a la manera de los peces de donde procedemos que saltan y entran en la superficie del mar, que brincan de la oscuridad a la claridad, de la humedad a la ventilación y de la evidencia soleada a la camuflada transparencia.
[Publicado el 12/2/2008 a las 11:38]
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No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
11/5/2008 23:22
— Ah! —va exclamar el senyor...
Publicado por: Yuri Puskas
11/5/2008 22:37
Publicado por: Diego
11/5/2008 20:30
pues Frank parece una persona...
Publicado por: Enea
11/5/2008 17:19
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Publicado por: AliciaEnSuPropioPaís
11/5/2008 00:31
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09/5/2008 16:06
Je, je, je...como se nota que el...
Publicado por: José Luis
09/5/2008 16:03
Hay una premisa indispensable...
Publicado por: Sanalmitas S.L.
09/5/2008 10:36
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09/5/2008 10:34
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09/5/2008 10:27
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