El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 10 de febrero de 2012

 Blog de Vicente Verdú

El plano inmortal

Quienes han ido reduciendo el número de amigos y conocidos no saben lo que se pierden. En realidad se trataría de una manera implícita de ir perdiéndose a sí mismo. No hace falta acudir al formidable éxito de las actuales redes sociales para apreciar de qué modo la gente busca ávidamente a la gente. Del tú al otro tú se tiende la vida como un cable del que cabe penden enseguida  muchos más asuntos y ese intervalo multiplica por mil los efectos longitudinales  de cada cual. Y, además, con una ventaja decisiva: en la multiplicación del ego coral no se llega a un ego más pesado sino que, como  las bandadas de pájaros, se logra un ego que vuela más ligero y  gozoso en compañía.

El bien y el mal que se gesta en la relación múltiple crea así, casi de inmediato, una constelación en la cual perdemos importancia individual para procurar ganancia a la malla. Esta grupalidad de tendencia creciente y cada vez más surtida reparte naturalmente sus conquistas y ensancha el zurrón de cada cual con más vidas humanas. O lo que es lo mismo, la vida que imaginábamos como una línea pasa a convertirse en un plano, otra dimensión incomparable, la dimensión que acaso soñábamos como el territorio de la inmortalidad.

[Publicado el 29/6/2011 a las 10:05]

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El regreso de la vida abstracta

El tiburón flotando en un tanque de formaldehído, la vaca y el ternero con signos de putrefacción, la calavera con 1.000 brillantes componen una parte de la obra de Damien Hirst que, en 2008, se convirtió en el artista vivo más rico del mundo.

La pintura española no ha muerto con estos años de escasez. Le ha sentado bien el malhumor de esta crisis

Mientras los periódicos anunciaban la quiebra de Lheman Brothers en 2008, Hirst ingresó durante ese aciago año 270 millones de dólares (190 millones de euros). En 2011, sin embargo, enhiesta ya la Gran Crisis, la cotización de Hirst ha descendido un 73% en las subastas porque, ¿quién iba a revender con ventaja un tiburón aún más muerto en un mundo agonizante?

Y algo parecido ha ocurrido con los demás artistas del grupo Young British Artist (YBA) audazmente patrocinados por la agencia publicitaria Saatchi&Saatchi, cuya sede principal ha llegado a ser el antiguo palacio del Duque de York. La entrada a ese lugar es gratuita pero la impresión incalculable.

Los hermanos Saatchi, que fundaron su empresa en 1970, la convirtieron en la primera del mundo siete años después. De esta taumaturgia se derivan sus éxitos con los coleccionistas ricos y la fanfarria de sus estrategias que no excluyen ni incendios ni profanaciones de todo orden. Tanto pecado, en suma, que la entrada a la exposición de los YBA en el Brooklyn Museum de Nueva York, en 1999, fue prohibida a menores de 18 años.

De sus escándalos especulativos, símbolos dorados de la Gran Crisis que vendría enseguida, fueron naciendo fenómenos como los de Jeff Koons o Anish Kapoor, autores de escultoras tan gigantescas como infantiles, representativas de una etapa en la que el gasto superfluo y las incontinencias pueriles lograron su máximo esplendor.

Ahora, estos artistas siguen la inercia de ser los elegidos en bienales y ferias de arte, pero tanto la obscenidad de su escala como el vacío de su rigor hacen pensar en los mejores tiempos de la orgía. En la actualidad, expuestas sus esculturas en prestigiosos espacios exteriores o interiores, evocan un tiempo regio y fatuo donde podía jugarse tanto con el capital como con su muerte en broma.

Todavía es pronto para constituir una nueva tendencia, pero la metáfora de esta Gran Crisis se hallaba representada, en Art Basel 2011, clausurada el domingo, a través de recreaciones del expresionismo abstracto boyante tras la Segunda Guerra Mundial y presente hasta nuestros mismos días. No nos hallamos, formalmente, en una tercera guerra mundial. No estamos sufriendo una guerra clásica pero ¿quién duda de que la guerra ha de ir tomando otras formas y de que la desolación de las miles de empresas muertas (destruidas o sin actividad) y de millones de parados (mediomuertos) remedan los millones de factorías y vidas civiles destruidas desde 1939 a 1945?

Setenta y cinco años después nos vemos de nuevo superados por la catástrofe (de los mercados), y desesperados ante la incompetencia para determinar un horizonte. Crecientemente empobrecidos y crecientemente ciegos para acabar con el desastre.

En la Art Basel concurren tantas galerías importantes, tantas obras llamativas desde los cinco continentes, que en su laberinto puede verse de todo pero aún así, en medio del gran bazar, la producción del arte abstracto -hoy ya "clásico"- continuado desde el final de la contienda hasta los últimos años setenta, copa su espíritu. ¿El mismo espíritu de aquellos años postbélicos y la continuidad pacífica de la clase media?

Seguro que hoy no es lo mismo de ayer pero el arte recuerda la creatividad de aquellos tiempos. Recrea la experiencia mediante cuadros sin figuración alguna, mediante collages a lo Jasper Johns. Lo recuerda a través de otras visiones amenazantes como las de Bacon, de fiestas decadentes como Frank Stella o de silencios como los de Cy Twombly.

De los españoles, la obra de Tàpies, de Esteban Vicente, Guerrero, de Sicilia, del primer Albacete, el primer Uslé, el primer Broto, casi todo Barceló o el Ràfols Casamada de los años ochenta-noventa, Miguel Ángel Campano o Xavier Grau en la actualidad, unos más cotizados que otros, unos muertos y otros vivos, desprenden el mismo aire de una pintura honrada. Una pintura que no ha muerto con estos años de escasez sino a la que sienta bien el malhumor de esta crisis.

Mucho maestro del expresionismo norteamericano (de Rothko a Franz Klein, de De Kooning a Gorki) ocupaba en Art Basel galerías rimbombantes como Gagosian o Marlborough, junto a estos trágicos alemanes como Gerhard Richter o Lucian Freud que, en conjunto, componen un coro que hoy se revaloriza -con o sin subastas- en sintonía con la amarga melodía de nuestro tiempo.

[Publicado el 27/6/2011 a las 14:00]

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Ideología del fútbol y crisis

Cuando el fútbol, como ya sucede en varios países, no es solo un deporte más sino una permanente psicosis colectiva, ¿cómo no deducir efectos de esa importante enfermedad de amplio y profundo alcance?

Puede tomarse como una casualidad que en los países como Irlanda, Italia, Grecia, Portugal o España esta Gran Crisis los haya metido a todos ellos en la categoría de los PIGS. Pero acaso no solo la casualidad sea la única causa.

Los PIGS son algo más que pobres gentes, más que unas naciones con graves déficits, quebrados o al borde del Rescate Fatal. Son, todos ellos, ejemplos de sociedades en las que, mucho más que en otras, ha actuado la especulación inmobiliaria, la fe en el azar y el dinero fácil, el desdén de la justicia y la permisión de marrullerías de todo género para ganar y ganar más.

Los países no incluidos en esta piara distan, desde luego, de ser ángeles. Son acaso colectivos más fríos y de mayor sentido común. No son ejemplares a tiempo completo, pero lo que vale tener en cuenta es que cuando el espectáculo vital del fútbol, tantas veces igualado al de la vida misma, penetra tan hondo e importa a tanta gente, no sería improbable que nos contagiara sus valores y, al cabo, se llegara a hablar del fútbol no como un vivo trasunto de la vida sino de la vida como un vivo trasunto del fútbol.

Los 12 millones o más de españoles que siguen apasionadamente, al límite de su ilusión y de sus emociones, un importante encuentro se reproducen, más o menos, en otros tantos millones o más de adictos en estos países PIGS donde aún existiendo otros deportes, la afición, el núcleo, el código Da Vinci, el corazón de la alegría o la desdicha, de la suerte o la mala suerte, se recibe a fuego de las peripecias del estadio.

Si el teatro abrigó, en sus mejores tiempos, la ilusión, la vocación y el empeño de influir sobre el comportamiento y la moralidad de la sociedad de su tiempo, he aquí el eficaz resultado, el resultado eximio, en el actual teatro del fútbol.

¿Corrupción? ¿Injusticia de los jueces? ¿Grandes fortunas por azar? ¿Droga? ¿Sexo? ¿Malversación? ¿Evasión fiscal? Todo se halla en el proteico mundo del fútbol y con una potencia que mueve a las masas, las conmueve y las vuelve del revés. Las hace violentas o las deprime, les ofrece esperanzas o las echa a perder ¿Maltratos domésticos? ¿Absentismo? ¿Descenso u ascenso de la confianza del consumidor? ¿Optimismo o pesimismo en las empresas?

Sin ir más lejos, los efectos que en estos días se han registrado en ciudades como Valladolid, Vigo, Granada y Elche con motivo de la disputa para el ascenso a Primera División da una idea (incluso de Segunda División) de la tormenta psicosocial que ha convulsionado a "todos" los habitantes de esas ciudades, a sus comercios, a sus expectativas de prosperidad o de decadencia, al sí o el no de la ilusión y la inversión.

Con Franco, la izquierda condenaba que fuéramos hinchas y nos interesáramos demasiado por nuestro equipo porque, en su análisis, eso nos desviaba de la revolución. Ahora, con o sin izquierda, sin izquierda o derecha que valgan la pena, las pesadumbres colectivas se producen clamorosamente por la derrota de nuestros colores y, frecuentemente, en un momento crucial.

El desempleo, el cierre de empresas, la deuda soberana, la crisis, la crisis... Naturalmente que una hecatombe de esta magnitud se compone de factores de muy distinto género, pero factores que si tienen que ver con los ciclos no dejan de incluir los vicios. Es decir, que si tienen que ver con el sistema también han de tener que ver con los sistemizados y los sistematizadores, buenos, malos y regular, listos y tontos, inocentes y perversos.

En consecuencia, para todos los países PIGS, ¿cómo no incluir en un análisis integral de su estado los delirantes comportamientos políticos, económicos, éticos y sociales a los que ha ido introduciendo la afición al fútbol? Y no solo respecto a la justicia o la injusticia de unos resultados, sino también en cuanto a su inmoralidad, su irracionalidad, su despilfarro, sus presidentes inmobiliarios, sus iconos hedonistas, sus ganas de ganar y ganar de la manera que sea, sin piedad, sin juego limpio, sin honradez.

[Publicado el 21/6/2011 a las 13:59]

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Músicas azules

La novela es un género de la literatura, hoy mostrenco; pero la poesía, sin género alguno, es la literatura. De ahí que si las novelas sean cada vez peores, elefantiásicas, falsas o periodísticas (salvo excepciones), los poemas sigan luciendo, sorprendiendo y volteando al mundo.

La poesía, sin embargo, es tan irreemplazable como las venas, la inteligencia o la sensualidad

Un programa de Radio Nacional, Estación azul, que ya ha cumplido diez años, se sintoniza ahora, a las cuatro de la tarde de los sábados, acogiendo ese efecto primordial. Javier Lostalé que aparece como colaborador, posee una voz tan especial, sabia y perenne que llama a la atención desde muy lejos. Ahora trabaja después del almuerzo y es quien, con otros colegas más, sirve esta pieza que nos llena de cielo y agua la sobremesa.

No pocas novedades de las tecnologías de la comunicación han chocado con Javier Lostalé y contra mí mismo pero curiosamente, este programa de la radiofonía, lleno de poetas jóvenes viene a ser un inesperado reencuentro con el pasado, el presente y el porvenir.

Por eso cabe decir que si la novela es un género dentro de la literatura, tal como el vals dentro de la música, la poesía es la música misma. Algunos de nosotros, gentes de mal oído y de escasa melomanía, somos muy capaces de vivir sin música/música pero la explicación radica en que la música, cuestión de vida o muerte, nos llega mediante la secuencia sonora que ofrece la poesía.

Prácticamente todos los jóvenes que acuden a la Estación azul son amantes o adictos de la música porque, en efecto, la música es hoy todo. Y, estando vivos, hasta la respiración, no ya el canturreo, se confunde con una u otra melodía.

Sin embargo, esta pasión resbala fácilmente hacia el son de la poesía. Puede que unos sean más aficionados a las notas que a las sílabas, que redacten con mayor facilidad una nota pero, efectivamente, de estos impulsos, breves y llameantes, se compone el arte y la comunicación de hoy. La comunicación poética que hilvana todos los tiempos.

Una chica, Luna Miguel, que nació en Alcalá de Henares hace apenas 21 años es la poeta a quien recuerdo mientras escribo. Ella fue la última o la penúltima a la que escuché recitar dos de sus poemas en una reciente emisión de la Estación azul y fue entonces cuando decidí apearme y dar las gracias.

No necesitan posiblemente más apoyo. El programa ha ganado un montón de premios y no requiere más inyecciones de salud; es la salud de los demás a la que me refiero. Si el libro se acaba, si el papel se desvanece, si la escritura se degrada ¿qué quedará del arte literario? Probablemente muy poco de aquel que tenga que ver con la narración porque ya, a estas alturas, muchos otros medios cuentan las cosas mejor, con más tino, verdad, velocidad y eficiencia.

La poesía, sin embargo, es tan irreemplazable como las venas, la inteligencia o la sensualidad. De este universo, Luna Miguel (hija de un profesor de literatura y de una modesta editora) compone unos versos que nunca se nos ocurrirían a las gentes de mi generación ni de la siguiente ni de la anterior pero que son el lenguaje que mejor entendemos.

Editoriales menuda como El cangrejo pistolero o Pliegos Chichimeca bortan entre los entresijos de la nueva cultura y al lado de revistas como El coloquio de los perros o La bella Varsovia. Podría decirse que estos tipos están chalados. Están chiflados los títulos y las cabeceras que escogen. Pero, ciertamente, al poner atención a lo que escriben, verso tras verso, sus delirios se saborean como golosinas de primera calidad. Músicas azules para nosotros los viejos y sordos de la música.

La novela es un género de la literatura, hoy mostrenco; pero la poesía, sin género alguno, es la literatura. De ahí que si las novelas sean cada vez peores, elefantiásicas, falsas o periodísticas (salvo excepciones), los poemas sigan luciendo, sorprendiendo y volteando al mundo.

[Publicado el 16/6/2011 a las 10:50]

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El rosa

El color rosa tiene malas connotaciones fuera de la pintura. Lo rosa se asocia a lo ambiguo o indefinido, color que se nutre de la fiereza del rojo y de la indemnidad del blanco. Color, en definitiva, derivado de la color y como hijo enfermizo de la sangre. Todo lo rosa lleva a la rosa y toda la rosa convierte su identidad en el perfume. Es decir, en una delicada manera de hablar y de eludir. No hay, por tanto, una definición directa del rosa puesto que su naturaleza, siendo natural, proviene de una degradación de otra naturaleza más recia y verdadera. ¿Es, por tanto, el rosa una tonalidad artificial? Es una tonalidad amanerada y compuesta. Diseñada para crear una reacción prevenida y, en consecuencia, un resorte que no se mira a sí mismo sino que necesita la mirada de los demás. Una mirada tierna que enternece en primer lugar al corazón          que de ser macizo y colorado se decolora y se ablanda. Esa blandura expresada en ternura, expresada en condescendencia, expresada en debilidad, define la presencia del rosa. No agrede, no impone, no manda, no decide. Implora ser aceptado en su entidad sin vigor pero en su apariencia, en cambio, enternecedora. No es el color de la piedad inequívoca pero, sin duda, todo lo que se reviste de rosa está demandando benevolencia. Su misma proximidad a lo cursi hace del rosa un punto vulnerable al menor rigor. Toda severidad en el vestir eludiría la idea del rosa, demasiado condenado a la tolerancia o el ruego sin razón. Sólo las mujeres, en cuanto elementos de menor cuantía en el código del pasado, puediero y pueden en exhibir el rosa sin sonrojo. Cualquier hombre en el sistema tradicional se sonrojaría de vestir en rosa por el doble efecto de significar esa tonalidad sangre aguada o haberse postrado un escalón antes de la meta o la muerte radiante. De hecho el rosa y el negro combinan perfectamente. El negro como el forro del rosa o el rosa como efecto del negro en un travestismo que devuelve al color débil su carácter de comparsa en una liviana perversión. Sólo así, el hombre moreno y velludo con un  detalle rosa provoca temor. El temor de los pares incompatibles, la unión aberrante de elementos distintos, el desorden moral, en suma, que da lugar al terror.

[Publicado el 16/5/2011 a las 10:58]

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La mujer tras los cristales

"La casa es asunto de mujeres incluso en el caso de los nómadas", dice Michelle Perrot en Historia de las alcobas. Y sigue, en la página siguiente, (p. 175) afirmando esto: "La habitación representa una forma de clausura identificable con la femineidad misma, literalmente en las culturas germánicas  (Frauenzimmer) y, simbólicamente, entre las de origen latino, según Freud.

 Emmanuel Levinas, por su parte, la compara al cristal "esencialmente violable e inviolable". "El modo de existir de lo femenino radica en ocultarse, y el hecho mismo de esconderse es debido precisamente al pudor (...). La condición de la mujer es la del recogimiento, la del interior de la casa y la de la habitación". E independientemente de toda presencia singular. Es decir: una esencia fuera de la existencia.

¿Verdadero? ¿Falso? ¿Machismo? ¿Palabrería intelectual?

[Publicado el 09/5/2011 a las 10:00]

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Camisones y pijamas

Una significativa diferencia entre la tipología atribuida a hombre y mujer es la que aparece, como si tal cosa, cuando de noche se desvisten para meterse en la cama. Mientras el hombre se afea mansurronamente en el horroroso traje del pijama, la mujer se da crema, se peina y engalana. El hombre tiende ha borrarse austeramente tras las rayas presidiarias de su indumentaria (inspirada en los estampados de oriente) y la mujer se embellece como si se encaminara a una fiesta donde el escote, los lazos y las puntillas fueran lo indispensables para la ocasión.

Efectivamente, el proceso conyugal y el mismo transcurrir de la historia de los sexos han emborronado estas diferencias pero ni con la mediación unisex del esquijama la mujer ha renunciado a los múltiples y variados modelos de camisón, en seda, en algodón, en piel de ángel, mientras el hombre,  a despecho de las modas sucesivas, no ha adquirido ventaja alguna en su apariencia al ir a dormir.

La igualdad de los sexos ha topado aquí con la práctica de las reales iniciativas sexuales  y hasta con las aborrecidas consideraciones del sujeto y el objeto de la relación carnal. Siendo la doctrina igualitaria de la intensidad que fuera, la mujer se emperifollaba, se perfumaba, se exhibía seductoramente a la manera de los objetos cuando, simultáneamente, el tipo masculino adoptaba aún el uniforme listado de un mayordomo  o, acaso, metafóricamente, de un preso. Preso de los irresistibles (condenatorios) encantos de la mujer con quien sólo se sumergía en el mismo hecho a través de una humillante asimetría amorosa. Él marcado como un sirviente y ella engalanada como una reina; él recurriendo a un sencillo atavío de faena y ella buscando una imagen sexual que la exaltara.

Las camisas, incluso hasta los pies,  que eligieron no pocas chicas progresistas en los años sesenta acaso superaron, en no pocos casos, el casto camisón de las abuelas en siglos de esclavitud femenina. Pero en los setenta, la elección de las jóvenes y luego esposas maduras fue y sigue siendo una elección entre deportiva y desdeñosa si se recuerdan textos del MLF (Mouvement de libération des femmes.1970) que las inducían a obviar toda convención para sentirse tan liberadas como cómodas. Entretanto, el pijama, estructuralmente incómodo, permaneció como un indiscutido dictado colectivo. No hay movimiento de liberación en el hombre mientras sí en las opciones de la mujer. Camisones o vestas, pijamas o sólo chaquetas de pijama forman parte del ameno  repertorio femenino para irse a dormir mientras el hombre permanece encarcelado, sombrío o ridiculizado en su inveterado atuendo, sin que legiones de modistos hayan sabido abrirle las puertas al recreo del narcisismo nocturno a pie de lecho. 

[Publicado el 04/5/2011 a las 09:00]

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La habitación

Decía Pascal: "Todas las desgracias de los hombres proceden de una sola cosa, que es no saber estar solos, reposando tranquilamente en una habitación".

La habitación es la clave, la llave maestra y su estancia invariada. Una habitación cerrada con llave o tan dulcemente clausurada que aparta el mundo sin encono ni aversión, sólo elige el bien de un espacio propio para acomodar la intimidad. Hay un afuera que no se olvida ni se odia pero precisamente esa neutra suposición del exterior es la que confiere un mérito y una plácida densidad al bendito encerramiento. Confín de la habitación en cuanto nido natural de la mente y su cuerpo. No se tratará de nada con la significación mundana de la alcoba o de la celda. Su espacio es una segregación correspondiente al derecho de existir, confundido su espacio con el alrededor del ser y de su biológica talla.

La habitación propia establece la plena conciencia del yo y no para reducirlo o atosigarlo sino, al revés, para proporcionarle una proporción ajustada y sin intromisiones. Yo soy, con la habitación, una unidad funcional que no se escinde, un conjunto existencial que no se juzga, una residencia en la que la idea de vivir o morir queda sustituida  por la hermosa continuidad de estar.

Salas de estar se llaman a esas estancias donde el ser, al reposarse improductivamente, se hace estar. Un ser que no tiene cronómetro ni  conoce la misión del tiempo. Un estar que redondea el ideal de hallarse consigo sin que nada se muestre perturbador o conflictivo. Sólo se está en el estar. Sólo y solo. Sólo para estar solo en el proporcionado ideal del yo. En la ideal proporción de ser y estar. En la felicidad genuina  y absoluta ¿O es que el yo conoce otro lugar y momento de mayor placidez que el de hallarse a bien consigo mismo en la estabilidad de la estancia?

Habitado de sí, reforzado en sí por la habitación donde se cumple el recreo de uno mismo. No hay amenidad más allá del habitáculo inmanente, no hay pasado de la construcción  que nos alberga ni futuro por conquistar. La habitación es como  una suerte de elemento natural creada a través de la pacífica abolición de todas las demás formaciones posibles. En su interior se respira sin idea de la respiración  se piensa sin conciencia del pensamiento, se es sin las molestias de ser. Todo ello en la plenitud de haber convertido, mediante una milagrosa escala, el existir en estar, el residir en una habitación ciega y panóptica. El pleno de los sentidos confundidos con la benevolencia de ese personal espacio.

[Publicado el 03/5/2011 a las 09:46]

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El amarillo

El amarillo representa al pigmento más altivo y rebelde en el surtido de los colores. El más nervioso e  ilegítimo de ellos. Muy duro dentro de la comunicación cromática en donde siempre aparece como una personalidad desobediente, difícil de dominar y casi imposible de amortiguar su chirrido. Es así que cuando los amarillos aparecen mezclados se expresan con mayor hondura  puesto que su tendencia inmediata es, casi siempre, su afilado grito.

Cualquiera de los demás colores mezclados con la emoción, aceptan bien la presencia de la sombra. Pero el amarillo, debido a su extrema veleidad  requiere que se le trate  con esmero para hacerlo más oscuro. Los sienas, los marrones, los tierra contienen amarillo pero no sin un esfuerzo o una mordaza contra su instinto  huidizo y su naturaleza casi siempre reacia al pacto. De hecho, en el maquillaje teatral, lo amarillo evoca lo cínico o taimado. Y, efectivamente, su vibración es peculiar no sólo porque remede falsamente a la luz sino también porque en el cuadro es toda la luz posible.  La segunda luz de la luz, simulacro de luz bajo la cual se produce el engaño óptico.

Paralelamente, su parecido al oro, tantas veces, evocado en las vestiduras o escudos de la autoridad, adultera su esencia. No es oro. El oro es redondo y señorón mientras el amarillo es vertical y agrede.

Kandinski decía del amarillo que era el más terrestres de los colores y cabría decir  que si el oro, a imagen del sol,  parece de otro mundo,  el amarillo se muestra fieramente aquí donde manifiesta su garra.

Hacia arriba todo es azul o negro, hacia el centro de la Tierra todo es negro o rojo.Lo amarillo sería, sin embargo, el equivalente a un precipicio terrenal  cuyo vértigo lleva a los despeñamientos del cuerpo. 

Como corresponde a este carácter temible el amarillo es loco y solo. A diferencia de tantos otros colores que aman la coalición,  el amarillo es el color primario que más evidencia su tendencia a la escisión. La fisura se marca inequívocamente con él y, entre los vicios, el amarillo reluce intensamente.

Siempre,  entre las parcelas de los colores, discurre un sigiloso rayo amarillo que contribuye a su circuncisión distinta. Su relente es un trazo por donde cunde la divergencia. La linde sin fin que cruza como una tea y una voz tan afiladas como inaprensibles.

De hecho no hay color más dinámico ni que marque mejor las quebradas de la corteza terrestre, el perímetro  las vísceras, o el aura de los objetos. No forma parte, sin embargo, de la cosa que ensalza ni es una emanación de ella porque hasta en los supuestos más íntimos  no es fácil establecer  su pertenencia al sólido que parece segregarlo.

 Lo agrio, lo más difícil de degustar, es amarillo. Su vibración desguaza la estabilidad de lo dulce y la ruda hacienda de lo amargo. No en vano el amarillo es estéril o resultado de una adversidad eterna. La edad y la enfermedad se tiñen de amarillo como el reverso de la buena salud y la  bondad de la vida. Al final, el amarillo cubre siempre la piel de los cadáveres y se ayunta con lo yerto.

El amarillo es así impar, impronunciable. Representa una maldita endemia sin cura, una perdición infame, una  luz doblada de la luz verdadera, una  cínica artimaña, una velocidad inaudita que conjuntamente  le confieren su calidad a menudo aciaga pero vibrante en las cimas de la desdicha o la alegría.   

[Publicado el 28/4/2011 a las 12:07]

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El espíritu de la cama

Siendo la cama el lugar del amor e "irse con alguien a la cama" alude al gozo de la carne, no todo lo vivo y placentero le corresponde. Precisamente, en la cama se alternan el placer y el dolor, la postración de la enfermedad y el desahogo  de la pereza, el nacimiento brillante y la muerte opaca, como sus dos puros extremos.

 Más asiduamente que lecho lujurioso, su guarecimiento emplea más horas amparando la circunstancia del enfermo. Cama y enfermo, enfermerías, hospitales y clínicas se oponen a las miles de habitaciones en los hoteles y apartamentos de ocio y de playa.

En la cama termina casi siempre una peripecia donde se cumple su importancia real.  Quien hace de la cama sede de su amor  contempla este dulce estrado como un bendito elemento de la vida pero, por el contrario, los estertores de la agonía vuelcan sobre su fama el amargo designio de lo aciago. Paralíticos, anémicos, quemados y  desahuciados apoyan su pesada anatomía en ella entregados a su irremediable destino. La cama aparece así como un estrado fundamental donde el cuerpo se deposita para padecer los últimos dolores y para morir dignamente humillado.

La acción de acostarse encierra  en suma una doble significación. Acostarse para disfrutar briosamente y acostarse para perecer honorablemente. Que la cama se halle presente de la misma manera en circunstancias opuestas la convierte en uno de los elementos más equívocos, amables y temibles del hogar. En el dormitorio la cama espera porque, antes o después, se teñirá de blanco o de negro, de suspiros o expiraciones. Y funcionando en el largo intermedio como el lugar superlativo del sueño.

El sueño se vierte sobre sus sábanas como una nocturna secreción involuntaria. No vamos a la cama deliberadamente a soñar nada ni se la considera especialmente como un templo donde se desgrana  el rosario del inconsciente pero, de hecho,  es en la cama donde se ofrecen noche tras noche infinidad de historias virtuales que la transforman, a oscuras, en la riquísima plataforma del otro mundo. Dentro del cómplice suceso del sueño se alumbran racimos de historias personales a granel,  tan  extrañas, imaginativas y memorables  que convierte ese catafalco en la planta más compleja de la irracional vida humana.

Con esta experiencia, unas veces la cama se ama y otras se teme puesto que su relación secreta con lo onírico crea un producto de navegación inextricable y de  materia tan especial que expertos del subconsciente lo toman como sustancia seminal para el conocimiento de la especie, uno a uno o en manada.

 La humanidad no sólo se mea en la cama durante los primeros años, desprende semen en la adolescencia y babosidades en la ancianidad sino que siempre se halla bañándola de una humedad humana, cada vez más intrincada químicamente desde el oscuro orificio  del yo.

Esa cama no siente nada ni tiene habla. Se adquiere en almacenes que nunca ponen en relación sus propiedades  con la calidad de los sueños que propician  sino sólo con los sueños en bruto, sin etiqueta y sin argumento. Venden las camas para soñar precisamente en  nada. Venden las camas para soñar en sí como si tal resultado fuera posible. Venden, en fin, estos muebles como artefactos para reposar, más o menos blandos,  más o menos anchos. El confort de la cama es el extremo sumarial de la venta pero ¿qué decir de sus efectos sobre el imaginario que pronto desencadenan? ¿Cómo obviar en la consideración de este instrumento el probable malestar que dobla al bienestar,  el peso de la pesadilla que siguiendo su tendencia  natural conducirá desde el malestar, más o menos soportable, a la muerte final entre sus ropas? 

[Publicado el 26/4/2011 a las 11:15]

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

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