El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008

Ilustración de Fernando Vicente.
Cuesta explicar cómo los novelistas más celebrados siguen siendo aquellos que continúan componiendo sus obras como si nada hubiera ocurrido en las técnicas y medios narrativos. La pintura se dio perfectamente por enterada del daguerrotipo, la fotografía, el cine, el vídeo, la televisión, la visión desde el avión o el Photoshop pero los novelistas a la violeta siguen con el ojo amoratado, ciegos o cortos de vista. Construyen novelas al modo del siglo XVIII o XIX, cuentan historias donde se describen paisajes y perfiles personales como si la posible información sobre la imagen no se ofreciera o abundara por todas partes, con mayor precisión y eficacia comunicadora. Se entiende que Flaubert dedicara treinta páginas a exponer la boda de Madame Bovary o que Giuseppe Tomasi de Lampedussa hiciera otro tanto con su ceremonia nupcial pero tanto una como otra visión la solventa hoy el cine o el vídeo con algunos planos o incluso Visconti con un solo traveling proporciona cien veces mayor cantidad de información.
No se tratará de impedir que algunos o muchos sigan pintando cuadros prerafelistas o impresionistas pero quien se consagre a esta clase de menester resultará insoportablemente anacrónico, estrafalariamente al margen de su tiempo.
¿Cómo no reciben la misma consideración los novelistas actuales que trabajan como sus colegas de hace dos siglos? ¿Cómo los lectores y el público en general pueden asumir esos productos vetustos recosidos o recocidos para servirlos hoy en día? Sencillamente, creo yo, porque han dejado de ser actualizados lectores de literatura. Quienes se creen, en general, conspicuos lectores de literatura, lectores de literatura de toda la vida, son lectores que sobreviven a bordo de la inercia (¿inertes?).
Hay lectores que devoran los Harry Potter y Código Da Vinci pero no son actualizados lectores de literatura. Leen los libros como los comics, noticias de sucesos o sudokus. Si hay una creación fosilizada es la creación literaria. A su lado, la pintura sería, por contraste, el cuerpo elástico de un atleta en forma para aspirar a las metas de su tiempo.
[Publicado el 31/3/2008 a las 11:30]
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"Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real", dice Borges en El Aleph. Pero ¿qué nos convendría mal? ¿Tomar a la realidad por real o asumir que su irrealidad es la característica?
Sin duda nos libraríamos de un número incalculable de cargas si apostamos por la segunda opción. Gracias a tomar la realidad por irreal o, simplemente, como dice Borges, intuir en silencio que cuanto sucede pertenece a la ficción, obtenemos un impulso de inmortalidad. Un impulso de salvación que nos exime gloriosamente de un sinfín de preocupaciones, desdichas y padecimientos. No debe de ser, por tanto, una casualidad que esta frase borgiana sobre lo real se encuentre en el texto de su cuento titulado "El inmortal" porque aún no mostrándose allí relacionada directamente la irrealidad con la idea de la infinitud completa a la perfección el bucle del argumento esotérico.
Siendo ficticios nosotros, la muerte también lo será y ¿quién renunciaría a convertirse en fantasma si con ello la muerte no le venciera nunca? De la vida y la muerte se deduce siempre una dialéctica en la que los seres humanos acabamos trasquilados sin remedio. Acabamos como perdedores trasquilados porque para nosotros no hay vida y muerte en proporciones iguales sino una cruel asimetría que nos abate en dirección a la tumba, "Seres para la muerte".
¿La irrealidad? El posible milagro de lo irreal consigue el extremo prodigio de hacernos acaso iguales a la nada o también a la perpetuidad, a cualquier condición, en suma, que no conoce su defunción, ni su fin, ni su finalidad ni su finiquito.
[Publicado el 28/3/2008 a las 14:30]
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Si tuviéramos en cuenta nuestro estado personal, físico y psíquico, en momentos clave de la relación con los otros descubriríamos en qué gran medida nuestros comentarios, impresiones y juicios dependen del estado de uno mismo (sujeto) y no de la condición del próximo (objeto).
De un estado personal a otro se deducen opiniones diferentes o, lo que acaba siendo más grave, actuaciones que no podemos corregir y que se dispararon impulsadas por el malestar de nuestro funcionamiento orgánico. El riesgo de injusticias, descalificaciones o enemistades provocadas por una acidez, un cansancio o una jaqueca son tan grandes como muy temibles. Pero así, paso a paso, se hila el tejido relacional y acaso las concepciones establecidas sobre casi cualquier asunto: el interés de un libro y de su autor, la belleza o fealdad de una película, la disposición o indisposición hacia el repetido discurso de un político.
Porque no sólo se presenta la coyuntura en encrucijadas efímeras entre las cuales nuestro criterio se enciende sino que puede además quedar encasquillado y fijo como efecto de una posible repetición o una azarosa coincidencia del síntoma. Ese sujeto que no soportamos viene a comportarse pues como un alimento que no digerimos bien o como un viento o un ambiente que nos desazona. Basta, en ocasiones, un particular rictus del sujeto que desordena nuestro equilibrio fisiológico para que su presencia tienda a convertirse en alguna clase de tóxico o veneno. De las personas no sólo recibimos sus atributos humanos sino los gastronómicos, Somos tanto receptores como caníbales. No sólo recibimos sus efectos como sujetos sino también como sensaciones de color, de sabor y de olor que determinan el bienestar o el malestar de nuestro organismo. El saber es sabor, el intelecto huele, la idea crece o decae con la entonación de su cromatismo.
[Publicado el 27/3/2008 a las 11:15]
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El suicidio es la primera causa de la muerte femenina entre los 30 y los 34 años, dice un estudio que ha difundido la agencia EFE. Si no fuera por aquella noticia del suicidio de la hermana de la princesa Letizia, se diría que las mujeres españolas no se matan nunca o apenas se les ocurre hacerlo.
Cada acto de violencia de género concluye casi cada día tanto con el asesinato de ella como con el suicidio de él. Al revés no se conoce nada por el estilo. Las mujeres, aunque en proporción menor, también matan a sus parejas pero a ellas prácticamente nunca se les ocurre darse muerte tras cometer el parricidio. Por unas cosas u otras, las mujeres de las que se dice que padecen más enfermedades crónicas que los hombres, se aferran con más intensidad y duración a la vida. La vida es naturalmente más femenina que masculina y su maternidad induce a pensar así.
Entre los 30 y los 34 años apenas transcurre un periodo significativo pero el estudio lo considera crucial en la vida psicológica de las actuales mujeres. Sometidas a la incompatible presión del hogar y el trabajo, la búsqueda de su identidad profesional, los primeros conflictos graves en la relación de amor, más la crisis general de la treintena.
No puede descartarse que la investigación exagere o se equivoque pero al llamar la atención hacia imposible que no fuera publicada. Lo sensacional desplaza a cualquier contrincante en los medios de comunicación.
En este caso, el supuesto no permite grandes conclusiones ni amplias extrapolaciones. La muestra se refiere a 1.300 pacientes femeninas encuestadas por el doctor Julio Zarco en las consultas de Atención Primaria y el sector social investigado, mayoritariamente de clase baja y emigrantes, no es representativo de la población femenina española global. Pero, aún así, el dato sirve como una luz centinela porque el suicidio posee una elocuencia atronante y siempre dice más en las sílabas de una mujer.
[Publicado el 26/3/2008 a las 11:15]
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Al otro lado (Auf der anderen seite) es del género de películas que pasan pronto al lado oscuro del otro lado. Su guión ha recibido ya un puñado de premios, Cannes incluido, pero su visibilidad sigue siendo baja y, probablemente, se desvanecerá por completo en unas semanas sobre las pantallas en las grandes capitales y acaso no lucirá nunca en los cines de las ciudades pequeñas y medianas.
La actual distribución en manos de unas pocas productoras internacionales, las salas del centro comercial en poder de una sola marca cinematográfica conducen a que los filmes que no pertenecen a ese grupo no lleguen a ser exhibidos nunca ante la población local.
Es necesario estar en Madrid o en Barcelona, en Valencia o en Sevilla, para optar a una oferta más diversa, la que debiera tener a su disposición cualquiera. En este caso contrario, como ocurre como Al otro lado, su disfrute, su conmovedora historia, su inteligencia narrativa, quedará para unos cuantos privilegiados.
No se pierdan, de todos modos, si está a su alcance la película de Fatih Akin, un alemán de sólo 35 años, nacido en Berlín pero de fuerte raíces y antecedentes turcos.
El interés de la historia en cuanto historia a secas, el primor de los actores, la eficacia de la narración, la emoción y la sorpresa, la intriga y la fluidez, la delicadeza y el dolor, convierten la cinta en algo más que una buena ocasión para pasar el rato. Varios críticos españoles, como Carlos Boyero, han contribuido a ensalzar el interés de esta película pero, como una responsabilidad cultural, ciudadana, humana, cada espectador alumbrado por esta experiencia cometería un oscuro pecado si no propiciara a otros la luz incipiente para llegar hasta el interior de la sala y gozara de su "otro lado". En Madrid, en versión original, en los Verdi. (Otra película suya, Oso de Oro del Festival de Berlín 2004 fue Contra la pared (Gegen die wand), que veremos en vídeo esta misma tarde, antes de ponernos a cenar).
[Publicado el 25/3/2008 a las 13:45]
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Cuesta creerlo, pero queda todavía mucho intelectual jactancioso aferrado a la cultura que no existe. Esa cultura libresca ya no existe pero duele a la manera violenta de los órganos mutilados que se resisten a no ser nada en la atención del cuerpo.
Estos intelectuales que rechazan la sociedad de consumo, la televisión, el móvil, los i-TAL y toda su significación, se aferran al saber del siglo pasado o el anterior. Se aferran como náufragos pero suponen que lo hacen además como mártires y santos. Lo mismo es. La muerte de sus creencias se cumplirá necesariamente en paralelo a la desaparición de sus objetos de culto. Incluso ellos mismos perciben esta fatalidad pero, se dicen, ¿será así para siempre? ¿No sobrevendrá una reacción de la especie en un determinado punto que impida al fin esta barbarie? No vendrá. La decadencia no se encuentra en los nuevos modelos que les horrorizan sino en los elementos carcomidos que estrechan contra su pecho. Morirán juntos y esto es, sin duda, lo mejor. Moriremos juntos, la cultura escrita y nuestra biografía, y así la consolación será tan silenciosa como plena. No habrá cerebro que aúlle registrando el dolor puesto que habrá desaparecido ese artefacto orgánico preparado para gozar o sufrir en un sistema cultural que está siendo destazado. ¿Un mal para el alma de la especie? ¿De qué alma especial se habla? ¿De qué mal particular se trata? Nuestra ética se funde con una ideología segregada por las condiciones materiales o estructurales a la manera de Marx. Cuando la estructura se transforma (abunda la telecomunicación, el intertexto, el hedonismo, el sensacionalismo, lo audiovisual) la ética general se altera, la ideología cambia y la metamorfosis alcanza también a los mitos y, al cabo, la Naturaleza interminable lo factura.
[Publicado el 24/3/2008 a las 11:30]
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El supremo espíritu bíblico no ha desaparecido entre nosotros. Porque ¿qué es la democracia sino un sistema donde se representa la voluntad de Dios a través de la meticulosa descodificación de los resultados electorales? España, como otros países, ha consagrado estos últimos días al trabajo de interpretar el escrutinio del 9-M y con el fin de escrutar en él la voluntad entretejida del pueblo.
Nadie pensaba, por ejemplo, que los nacionalistas descenderían en Cataluña y el País Vasco. Ha sido uno de los hechos sobrevenidos sin pronóstico humano, una sorpresa semejante al advenimiento de una revelación o la realización de un hecho que sería previamente invisible a la mente humana. Pero de ello hay que aprender, sacar consecuencias gracias a aplicar los cinco sentidos en escuchar, oler, palpar y distinguir la verdadera voluntad del pueblo soberano que si realmente no existe absolutamente en el día a día, emerge como de una sima indeterminada con un trascendente mensaje entre los labios. Hay que poner extrema atención sobre el resultado electoral porque nunca será suficiente la indagación destinada a discernir el sacrosanto deseo popular que procede de las urnas. Esta suerte de papanatismo seudoreligioso que envuelve a las formas de la democracia política renace una y otra vez ante las bocas abiertas del votante. Los políticos hacen y deshacen a su conveniencia en la exégesis posterior a las elecciones y acomodan a sus intereses el recuento mientras la ciudadanía contempla a la manera de una feligresía discapacitada que deja en manos de sus representantes la extracción de las lecciones que orientarán a la sociedad entera. De los partidos en primer lugar pero de la nación también en la medida en que ellos, investidos como oficiantes, serán quienes determinen los pormenores de la liturgia programática del futuro y quienes decidan, en su debida proporción, los pasos a dar para el supuesto bien o la salvación de todos. Para ese fin la democracia se prolonga y persiste como una superestructura casi divina. Tan sagrada que nadie osa ponerla en cuestión. Tan trascendente que, como se ha comprobado en estos días, se pronuncia a la manera de los mismísimos oráculos y persiste, a pesar de sus tremendas injusticias, con la inerte solidez de los supuestos dioses.
[Publicado el 19/3/2008 a las 10:15]
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Una corriente a favor de la intuición, la emoción, el instinto o el golpe de vista ha dado la vuelta al lema de "las apariencias engañan".
Las apariencias, a las que se atribuía el engaño, han venido a ser la manera más cierta de conocer la verdad. Por la impresión o el impacto se decide la compra o la adhesión consumidora. Pero también, según la neuroeconomía, inversiones de mayor categoría. De la misma forma, en la selección de candidatos para casi cualquier actividad, la entrevista personal de unos minutos decide con más fuerza que otros contrastes objetivos.
La subjetividad o, mejor, la capacidad de transmisión positiva del sujeto abre las puertas. Así, frente al mundo dominante de la técnica de hace unas décadas, asciende la importancia del sector personalista.
Las personas en el sector servicios, cada vez más amplio y determinante, ganan valor. Casi todas las mayores novedades tecnológicas se producen en las comunicaciones interpersonales y, cuando no es así, se refieren a la biología o la medicina que atiende también directamente a sus vidas. El objeto es el sujeto. Y el sujeto se manifiesta ahora, especialmente, en aquello que no procede de la razón o la reflexión, sino de la emoción y la inmediata reacción. En el supuesto claro está de que estas alternativas no lleguen a ser, en breve, partes de un concepto único.
[Publicado el 18/3/2008 a las 07:00]
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Ilustración de Fernando Vicente.
La inspiración no es el secreto de un escritor, dijo Pamuk, sino el afán de querer expresar lo que sabemos de nosotros pero no sabemos todavía sin la turbulencia de escribirlo.
La turbulencia, la fiesta o la simple distracción. La escritura -como otro ejercicio cualquiera en que la mente se implique sentimentalmente- conduce a través de sus llanos y pendientes a una conciencia de sí que nunca se habría producido sin esos contactos asociados al imprevisto paisaje.
Como en la pareja del amor en que, por relación feliz o infeliz, nos hacemos cargo de quienes somos a través del contraste, el rencor o el perdón, con la escritura -otra alta forma de intimidad- accedemos a imágenes de nosotros mismo que nunca antes habían sido reveladas. En el amor, como en la escritura, sin proponérnoslo, nos hacemos fotos continuas, de perfil, de frente, de cuerpo entero, en la turbulencia de conocer y reconocer lo dicho y lo no dicho.
[Publicado el 17/3/2008 a las 11:15]
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Más que admirable, parece asombroso que escritores o pintores de una edad avanzada interesen a varias generaciones más jóvenes. La cultura de consumo ha enseñado con tanta elocuencia e intensidad que la moda es el patrón y lo pasajero el modelo que permanece más allá de la temporada se opone ontológicamente a la virtud de la vigencia.
Algo es vistoso y penetrante en tanto que novedoso y deja enseguida de serlo sustituido por otro accidental elemento de innovación. ¿Cómo esperar así que el pensamiento o la estética de un autor despierten atracción más allá del inaugural intervalo que les correspondería?
La respuesta podría hallarse en la evolución paralela del pensamiento o la estética del autor, pero lo verdadero, sin embargo, es que los pintores, por ejemplo, suelen repetir sus fórmulas como una marca ya apreciada y los escritores procuran, por asiduo consejo de sus editores, no despistar a los lectores con fuertes cambios en sus temas o tratamientos. La perdurabilidad es un atributo del valor pero ¿cómo conciliar esta categoría clásica con la expectación posmoderna?
La manera de hacerlo conciliable reside exclusivamente en la conciencia coherente del productor. Alguien, sea en la moda textil o en el diseño de interiores, en la arquitectura o en la literatura, se "consagra" -se hace "conspicuo", aparte de otros factores azarosos- gracias al respeto (casi sagrado) que se profese. No hay en este respeto (casi sagrado) egolatría, narcisismo ni superioridad sino, por el contrario, servidumbre y acopio de serenidad. La agitación de seguir el raudo perfume de cada día lleva al ahogo y la única forma de mantener una relación rítmica con la actualidad es atenerse a la cierta respiración de uno mismo. Por uno mismo respiran -teniendo suerte- legiones de receptores y siempre que la fortuna provea de un aire saludable se hallará capacidad para transmitir salud. Salud en forma de gozo, de estremecimiento, de compañía. La salud es la entrega más pura de una obra de arte. Nos sanamos mediante la belleza y nos embellecemos mediante la oferta honrada o depurada del autor. Ofertas, en ocasiones, suculentas, casi inmortales.
[Publicado el 14/3/2008 a las 11:00]
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Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Su libro más reciente es No Ficción (Anagrama, 2008).
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
17/5/2008 14:10
Publicado por: escarola
17/5/2008 12:34
Publicado por: Made in grillo
17/5/2008 11:40
Publicado por: gorgojo
16/5/2008 23:08
Publicado por: La primera impresión es la que regula el amor y la amistad
16/5/2008 21:52
Hola Vicente Primero de todo...
Publicado por: Xavi Rodrígeuz
16/5/2008 21:19
Publicado por: alicedd
16/5/2008 19:02
Estimado Vicente: Te escribo...
Publicado por: Gustavo
16/5/2008 17:15
Pero no se asuste ante tanta...
Publicado por: escarola
16/5/2008 16:34
Publicado por: escarola
16/5/2008 14:48
Un respeto a las fiestas me...
Publicado por: José Luis
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