El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 3 de diciembre de 2008
La teletienda constituye, en paralelo a la cotidianidad, uno de los misterios modernos más emocionantes y mejor guardados. Dentro de la teletienda no hay problema sin resolución, defecto sin curación, complejo sin atención, necesidad sin satisfacción. Un ámbito de esta importante naturaleza pasa, sin embargo, en el discurrir común, como una prótesis existencial secreta, de la que más vale no hablar o no referirse seriamente a ella. No habremos de hablar de ella porque la convención sentencia que no se trata más que de habladurías, no habrá de mencionarse en las informaciones porque toda ella es supuesta mendacidad.
Estas parecen ser las consignas y, sin embargo, día tras día, la Teletienda aparece en el hogar (bien entre los intervalos de la publicidad convencional o asentada en su espacio propio) como los Telepredicadores en sus templos. Desde allí airea sus beneficios para la totalidad de la Humanidad sin importar que se trate, como es frecuente, de servir ingeniosos aparatos adelgazantes y musculantes, cremas que borran las arrugas o las manchas de la piel y, en otro super-apartado poético. Joyas que colman los sueños, anillos de brillantes y collares de perlas que rinden su deslumbrante histrionismo a través de pagos en plazos que no superan los 50 euros al mes.
El mundo del cuerpo perfecto y el del sueño perfecto ocupan de una a otra punta el espacio de la teletienda mediante artículos que enfatizando su carácter de oferta divina no se expenden ante el público, no se entregan sobre un mostrador ni sufren la ignominia de mostrarse en escaparates, sino que llegan intactos desde su oferente al feligrés a través de una comunicación personalizada, uno a uno, por teléfono, casi en secreto, cumpliendo las reglas clandestinas de un ritual que confiere, una vez tras otra, a la benéfica teletienda el carácter de providencia solícita ante la necesidad de los más necesitados, atenta a la miseria de los más desfavorecidos, compasiva con la fealdad y el sufrimiento de los peor agraciados.
[Publicado el 23/10/2007 a las 10:13]
[Enlace permanente] [Imprimir] [20 comentarios] [Enviar a un amigo]
El prestigio que concede la ausencia a quien no está o aquello que ya no está tiene que ver con la tarea de satinado que causa la distancia o la desaparición. La lejanía o la no visibilidad, la ausencia actúa como un pulido sobre la superficie del objeto y a la vez que afina sus caracteres, borra sus imperfecciones, tanto como nubla sus pormenores, aumenta su abstracción y lo alza desde la particularidad al concepto. Siendo enemigo, amansa sus amenazas, siendo amigo aumenta su tránsito.
La ausencia aspira del ser hacia arriba y en esa operación deshace sus pliegues como en un planchado vertical. La figura se estiliza a la vez que pierde peso, gana ligereza y con ello facilita su asunción. El ausente se encuentra hasta cierto punto metabolizado por el efecto de esa condición y en consecuencia se hace más fácil de asimilar, de digerir, de hacer propio si se deseara o de soportarlo en el caso de no amar su vecindad. Lo muy próximo aterroriza.
Los personajes se vuelven tanto más temible cuanto más acercan su rostro e incluso todos los rostros se hacen monstruosos cuando la distancia de visión se acorta demasiado. La proximidad desprende olores y tufos, revela sus imperfecciones, su voz atruena y su estructura acosa. La distancia apropiada sitúa al objeto o el sujeto en su proporción debida pero la lejanía va poco a poco reduciendo la asechanza y ofreciendo al observador junto a un dominio psicológico el regalo de una circunscripción más amplia para el yo. La ausencia realiza el colmo del yo respecto al otro. El yo se expande sobre el lugar que ocupaban los demás y ese solar infinito lleva al éxtasis o la exasperación, siempre sugeridos por el poder de la ausencia.
El amado se ausenta y lleva con él una buena parte de nosotros, todo ese nosotros que se dilata en el espacio vacío para tratar de rozar el objeto que se evade. La ausencia amplia el yo dolorosamente tras el ser amado pero, de otra parte, aumenta la dimensión del yo placenteramente cuando la vacante es obra de la enfermedad o la guerra.
La ausencia es un perfume sin olor. El perfume por excelencia: de su aroma transparente se compone la desesperación o la dicha. Su fragancia es el grado cero de la naturaleza, antes de que las plantas, los animales, las flores, recibieran la animación de su esencia: cuando su olor era ausencia.
[Publicado el 22/10/2007 a las 10:38]
[Enlace permanente] [Imprimir] [36 comentarios] [Enviar a un amigo]
La fuerza expansiva de la natación es una metáfora de la disolución sin tasa en la espacialidad del mundo. Porque el agua dilata, expande, contribuye a llenar de vida las axilas, perfecciona la teneduría de la piel, contribuye a elongar las líneas del cuerpo hacia una distancia superior. El agua lava de las excrecencias, desprende el detritus, desintegra las viscosidades, abrillanta la osamenta y embellece el contorno del pecho. Gracias a ella se gana tiempo por afuera y por adentro.
El agua es prolongación de las bendiciones aleadas en este bálsamo diáfano que blanquea las escayolas del espíritu y confiere al cuerpo una disposición más allá de las metálicas heridas de la vida. Así el agua traduce la juventud y se derrama sobre el anciano como un aceite sin pesantez o una caricia que incluye a cualquiera en su espacio fulgente y primitivo. Democrática, magnánima, sana como un aro de trasparencia que comunica lo vivido con el punto cero de la vida, el agua libra salva al cuerpo de sus escorias y retoma, aun en pequeños fragmentos, las primeras y únicas promesas de plata.
[Publicado el 19/10/2007 a las 10:34]
[Enlace permanente] [Imprimir] [47 comentarios] [Enviar a un amigo]
Hacer deporte es mucho más que hacer algo por la salud. En el deporte se experimenta la inmortalidad o la ingravidez, el desasimiento y el estreno de otra naturaleza, a la vez propia y compartida. Pudiendo correr, por ejemplo, sintiendo la respuesta de los músculos, el cuerpo se crea a sí mismo como anónimo y atemporal, liberado de la identidad y ampliado en una escena sin apenas límites. Gracias a esta experiencia tan gratis el cuerpo se deshace de incontables e indebidas deudas. Sudar en el deporte es no morir dentro de sí y no desecarse sorbido por los efectos físicos y psicológicos del ego quieto.
El deporte vale, además, no sólo para lubricar las articulaciones y tonificar los tejidos sino para tratar de mantener cada elemento distinguible de los demás. Porque el ejercicio se introduce en el cuerpo al modo de un dios del discernimiento, actúa fisioterapeúticamente deslizando clarividencia en las conjunciones, abriendo las madejas musculares, desatando las vértebras y sus estribaciones. La finalidad de hacer que el cuerpo se mueva, flexione, se estire, se configure otra vez es igual a aplazar la amenaza de la amalgama.
El cuerpo, por sí solo, elige naturalmente el apegamiento de sus facciones y órganos hasta crear una masa cada vez más apelmazada donde va apilándose un elemento sobre otro, encastrado uno en su vecino como un paquete crecientemente dispuesto para una última central de reciclaje.
De no actuar pronto se hace difícil despegar el párpado de sus pliegues, los labios de sus rictus, los dedos de sus enredos, los tendones de sus guías, las articulaciones de su engranaje. El cuerpo se desengrasa y el escaso fluido que resta tiende a perderse por los tejidos desgajados hasta ir invadiendo, gota a gota, zonas nuevas, diferentes a las reseñadas en la anatomía original. De esta manera, en fin, el organismo se adentra en la oxidación final y en su entropía. Cada vez posee una forma menos diferenciada, se hace bulto y desarrolla menos funciones singulares o las cumple con escasa distinción o habilidad. La formación viviente, alerta, dinámica, pluriforme y plurifuncional, rebaja su figura inconfundible hasta aproximarse a la tipología de su destino mostrenco.
El ejercicio sofrena la velocidad de ser estatua y su tesis inmóvil. El deporte, y sus recetas de flexiones, caminatas, natación o estiramiento, pone en marcha una fuerza expansiva de anti-adherencias y anti-maclados.
[Publicado el 18/10/2007 a las 10:37]
[Enlace permanente] [Imprimir] [18 comentarios] [Enviar a un amigo]
Los sucesos, pequeños y medianos, de los últimos días dentro de mi pequeña y mediana existencia han demostrado de nuevo la vanidad de trazar planes, hacer pronósticos, anticipar circunstancias y recados incluso en plazos muy cortos.
La experiencia de la vida instruye sucesivamente sobre el mundo de incontrol desde donde se desprenden virutas que caen como materias de azar modificando el porvenir y sin que, en ningún caso, podamos calcular su tamaño y su influencia.
Ni siquiera en quienes, por voluntad o fatalidad, tienen dispuesto rutinariamente su quehacer y su estatus se libran de esta permanente ventisca de diferentes colores y virulencias que, al cabo, decide la orientación, marca el sentimiento y redondea el destino.
Sin ese condimento de albur dejaríamos de pertenecer a nuestra condición humana que sólo por pensar sobre sí altera el producto de la acción y rebota mediante la acción consiguiente en un pensamiento distinto. Con tal dinámica incesante tiene lugar este vaivén que el fragmento de mundo con mayor apariencia de hallarse en nuestras manos resbala, salta, canta, aúlla o se deforma. Dialécticamente, estocásticamente, vamos conformando la biografía mediante tumbos, unos visibles y otros no, pero comportándose todos como municiones, provisiones, decepciones, ilusiones o ficciones que deciden una figura final personal e interactiva lista para el infierno, el delirio o la inesperada santidad.
[Publicado el 17/10/2007 a las 11:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [52 comentarios] [Enviar a un amigo]
Una de las sevicias que queda por erradicar en la sociedad contemporánea son los terribles convites de boda. Puede exceptuarse de esta tortura organizada aquellas celebraciones de la alta o altísima sociedad a las que asiste Julia Roberts o Paris Hilton e incluso aquellas, en cualquier estrato, que se fijan a mediodía. Respecto a las que, con pavorosa frecuencia, empiezan su misa a las nueve de la noche, sólo puede decirse que, a menudo, se saldan con una lipotimia o incluso uno varios ataques de los comensales maduros.
La fatiga, la aviesa nocturnidad, el menú estomagante conducen que los invitados de mayor edad vivan los minutos e incluso los segundos con la ansiedad de que todo aquello termine enseguida y con el palpitante temor de el corazón o el estómago se resienta con efectos graves.
Tras una secuencia de duración variable pero no inferior a la hora, tras haber concluido la morosa liturgia y el espeso sermón sacerdotal, los camareros, emplazados en un territorio exageradamente alejado del primer lugar, empiezan a servir un cóctel de pie. En ese programa de recepción se incluyen canapés fríos y canapés calientes que para cumplirse uno a uno, bandeja a bandeja, requieren otra infinita hora y media. Se llega así a ocupar el asiento en la mesa en plena medianoche y aún habrá que esperar indeterminadamente hasta que se sirva el majestuoso contenido de la carta. La carta se compone sin excepción de entrantes surtidos, variados platillos para “abrir el apetito”, y se prolonga en dos o tres bombas gastronómicas que nunca bajan del mero con salsa de color marrón y un redondo de ternera chorreante. Todo ello coincidiendo con las dos de la madrugada. El postre, falso presagio del final, llega cargado como sus tormentosos antecesores y a la bola o las bolas de helado no les falta un pringue de chocolate negro, frambuesa o un sirope de caramelo tan empalagoso que por sí solo es capaz de producir cualquier mal irreversible. No es, sin embargo, el final, contra la creencia de los más incautos. Todavía habrá que degustar, tras una pausa retórica, el pastel nupcial y el café y el licor y el puro y el champán.
Muchas bodas se han eludido en nuestros días por decisión pagana de las parejas pero, sorprendentemente, abundan aquellas en las horas más noctámbulas y tan concentradas en la primavera o en el otoño que por lo menos vienen a enfermarnos o matarnos, casi irremediablemente, en un periodo tan vasto y avieso como las peores endemias de cada año.
[Publicado el 16/10/2007 a las 10:30]
[Enlace permanente] [Imprimir] [13 comentarios] [Enviar a un amigo]
Tengo una laboriosa e inteligente amiga en Estados Unidos, al lado de la Universidad de Harvard, que me hace saber la espesa realidad del mundo de los blogs por donde yo, pese a todo, apenas patino.
Me llama la atención especialmente no ya sobre el potencial poder político, crítico o cultural del universo en la Red, sino de la continua confección, cada vez más compleja, de una intrahistoria humana con sus hitos, sus peripecias, sus intrigas, sus mitos y sus imagos, en una dimensión paralela al mundo común que salta a la vista.
Esta intrahistoria –que todavía no salta sino que bucea- va asentando los cimientos de otra Gran Narración que por el momento nadie proclama ni descifra. Pero ya ni siquiera me parece, de acuerdo con mi amiga, que ese subterráneo virtual sea del todo subterráneo ni de que su intangibilidad sea, al cabo, irrelevante. En ese espacio blogístico, más secreto que el periódico o la tele, más propicio a la impostura, adquiere un formidable valor la libertad, la confidencia y el descaro. Frente a la convencional importancia de lo público, el papel protagonista corresponde aquí a la privacidad y la correspondencia de lo íntimo.
La Historia general y visible del mundo se apoyó hasta ahora en grandes leyes, guerras atroces, héroes, magnicidios y colosales efectos especiales. La Historia invisible que se teje, sin embargo, en el dominio de los blogs y sus parientes, tiene como materia prima los filamentos de la intimidad cuya suma de capítulos aparentemente leves puede determinar un peso final que, como me hace entender mi amiga, producirán pronto un vuelco del valor, una corrección del sentido y una proyección insólita de la condición humana, de sus deseos, sus gozos y sus días.
[Publicado el 15/10/2007 a las 10:30]
[Enlace permanente] [Imprimir] [29 comentarios] [Enviar a un amigo]
Salvo circunstancias excepcionales, un mismo equipo de gobierno, sea del signo que sea, no debiera seguir en el poder más de cuatro años, que ya es una eternidad.
Imaginar, nada más imaginar, que el mediocre conjunto de estos ministros y ministras, con su inconsistente Presidente a la cabeza, vuelva a ocupar la escena tras las próximas elecciones de marzo, constituye una terrible penitencia que no merecemos. Ni deseamos como electores.
Cabe suponer que algunos o muchos ministros sean sustituidos pero contando con lo visto y oído no hay fundadas esperanzas de que los mejoren si, como está garantizado, su presidente continúa siendo el mismo y gesticulando de ese modo.
Del desatino presidencial en la elección de cargos y candidatos, de proyectos, leyes y estrategias, hemos padecido tantas pruebas seguidas que la probabilidad de brillantes aciertos en el futuro tiende fatalmente a cero. Pero, por encima de todo ello, la perspectiva de volver a soportar como Presidente a un señor tan poco agraciado para la política, la sociedad, la comunicación y el confort, convierte el futuro en un espacio de mal gusto. No se trataría tanto de que venga otro partido a reemplazar el preexistente –visto lo visto- como que el presidente se reemplazara, sin excusas, a sí mismo y no volviéramos a verlo ni en pintura.
Los nacionalistas decían en tiempos de Aznar que sus posiciones se habían radicalizado como reacción al PP reaccionario. Ahora los nacionalistas se han envalentonado hasta el independentismo total e irreductible ante la aburrida flacidez de Zapatero. Hacía mucho tiempo que la amenaza del terrorismo no se ha había enconado tanto y precisamente como respuesta al burdo talante conciliador que, sin tino, le brindaba este Presidente tan grácil como un papel mojado. Fin pues de esta tortura presidencial. Lo menos que un profesional debe mostrar para seguir en un puesto es facultad para gestionarlo correctamente. Zapatero ha errado lo bastante como para hacer saber universalmente que sus equivocaciones no son circunstanciales sino fundamentales y que, como sucede en otros ámbitos, no vale a España para ese destino.
[Publicado el 11/10/2007 a las 10:30]
[Enlace permanente] [Imprimir] [41 comentarios] [Enviar a un amigo]
Un hecho positivo procura por días el bien de poder recordarlo, recrearlo y saborear su zumo, pero todavía resulta más eficaz, para algunos de nosotros, el efecto de los hechos negativos.
Con una adherencia inaudita se apegan a la mente y no importa si el pensamiento vaga de aquí para allá, porque siempre vuelve a ese punto doloroso, lo reitera y lo convierte, al fin, en atributo. Un signo de la propia personalidad, tal como si perteneciera naturalmente a nuestra vida y, en consecuencia, no fuera a evaporarse nunca.
El remedio de ese tipo obsesivo de mal sólo es posible a través de otro recuerdo obsesivo más y de signo opuesto. Pero ¿dónde cosechar ese aditivo benéfico que borre o desbarate el vicio de regresar reiteradamente al dolor y cultivarlo como la más neurótica golosina?
[Publicado el 10/10/2007 a las 10:42]
[Enlace permanente] [Imprimir] [17 comentarios] [Enviar a un amigo]
En cuestiones sociales y políticas la ignorancia favorece siempre la esclavitud pero, en la creación, una proporción de ignorancia resulta casi indispensable para ser interesantes.
El máximo conocimiento de la literatura o el arte puede impulsar al sabio pero, raramente, los sabios son artistas. De todo hay, no cabe duda, pero la temeridad y la originalidad guardan relación con una ración de nesciencia. Es de este modo como los amateurs en diferentes disciplinas han logrado resultados inéditos. Productos que de ningún modo la carrera consecuente de un profesional habría alcanzado. O que no habría alcanzado de ese modo y en ese breve intervalo.
La ignorancia linda por un lado con la necedad y con el otro con la inocencia. También el ignorante vive acosado de una parte por su carencia y de otra por su posible petulancia. El punto de oro no es fácil de conseguir pero se encuentra en el espacio hueco que deja la agnosia.
De esa oquedad nace el delirio que inventa, el atrevimiento que salta, la sorpresa creadora que no debió rendir penosas cuentas al legado.
Sin llevar las cosas al extremo, la libertad que confiere el no saberlo todo puede terminar en el gozoso éxito de una creación rotunda.
Y, de ahí, aún pareciendo populismo o demagogia, la invitación desenfadada para todos aquellos que quieran probar a ser y a producir, desde la afición, las obras que creyeron sólo reservadas a los expertos.
[Publicado el 09/10/2007 a las 10:30]
[Enlace permanente] [Imprimir] [12 comentarios] [Enviar a un amigo]
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
03/12/2008 00:09
Andamos atontaos de pie a estas...
Publicado por: momento de irme a dormir
02/12/2008 23:53
Publicado por: escarola
02/12/2008 23:38
Publicado por: momento
02/12/2008 23:30
jajaja, escarola, la entrada de...
Publicado por: verticalidad
02/12/2008 22:44
Publicado por: terne
02/12/2008 22:26
Buenas noches terne: Agradezco...
Publicado por: jotape
02/12/2008 21:35
Publicado por: escarola
02/12/2008 21:17
Publicado por: escarola
02/12/2008 21:00
Copio porque a mi se me da fatal...
Publicado por: verticalidad
02/12/2008 20:35
Publicado por: escarola
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres