El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Blog de Vicente Verdú

Para estos amigos

A las seis y cuarto llegó Pedro con su esposa, Nerea, creo que me dijo, una chica muy flaca y con los dientes sobresalidos como si estuviera ya adelantando su proceso de momificación. En realidad era más fácil describirla como una momia algo forrada de carne que como una persona delgada. Resultaba tan flaca que llevaba el vestido atado a los huesos, un vestido entre azul y blanco que se anudaba a la cintura como si se ciñera a un poste de la luz. Se trataba, sin embargo, de una chica fácil de alegrar si se le acertaba su punto de interés y entonces sonreía con los dientes de momia por delante con los pelos de momia cayéndole por el rostro muy marcado por la calavera y los ojos, sin embargo, aún vivos. Su interés primordial o con el que reía más fácilmente no eran las hijas ni tampoco su profesión de modista ni sus diversiones en los fines de semana sino su afición a chatear en Internet. Gracias a esa práctica que compartía con su marido, aunque cada uno por separado, había logrado amistades insólitas, interesantísimas y divertidísimas. El marido, establecía una diferencia capital entre los chateos de su mujer a la que consideraba una aficionada y los suyos que parecía demostrar el diferente escalafón en el que se encontraban o la profundidad de la dedicación electrónica la que se entregaban. Mientras él ligaba en Internet ella marujeaba en Internet. Pero no era fácil establecer si uno era por ello más feliz que el otro. Los dos a la vez parecían en el límite de su satisfacción. Porque gracias a esos contactos habían establecido, después, reuniones en ciudades como, Granada, o La Coruña y, en los encuentros, se habían reunido con un total de 40 o 50 personas, profesionales, empleados de oficina, funcionarios, con quienes habían bromeado a propósito de sus nick names. Internet parecía componer el lado más interesante y dichoso de sus existencias como un trasmundo donde se desenvolvían con la libertad que se supone correspondiente a un mundo nuevo. En las noches, entre el silencio, cada personalidad destilaba una secreción dulce o ácida, sabores ignorados hasta entonces que se paladeaban como un néctar al margen de las convenciones de la cotidianidad, las rutinas del vecindario y las  tonterías del cara a cara. En el enmascaramiento de Internet se formaba entre todos una alcoba mágica de sexualidad, de intimidades y de despropósitos por donde se accedía a una segunda experiencia, a un  segundo erotismo, a un segundo yo no sólo querido sino inexplorado... ¿Cómo puede haber todavía gente cuerda que no valoren los incontables provechos y aventuras de la vida en la pantalla?

[Publicado el 07/11/2007 a las 10:49]

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Confianza en la publicidad

Los consumidores confían más en la publicidad de los diarios, que en la de la radio y más en la de las revistas que en la televisión. Pero la publicidad que más recelo les suscita es aquella que llega a través de los móviles. El móvil, acaso por el sólo hecho de serlo, tiende a parecer menos consistente y cabal.

De hecho, los demás medios despiertan, al parecer, un mayor o menor grado de fe, por la misma razón de peso. Un diario parece más respetable, de acuerdo a su asidua regularidad, que un semanario y un semanario más digno de consideración que la televisión.

El móvil significaría el punto más endeble y voladizo de la cadena y el soporte en donde el mensaje se vería más expuesto a los vaivenes  y, como consecuencia, variaría, se volatizaría y favorecería la veleidad al compás de los vientos que soplan de aquí y de allá.

Establecido este principio que parece menos vinculado con la fiabilidad moral que con la física de los vehículos, el procedimiento publicitario que más crédito merece al individuo actual, sea de donde sea, es aquel que llega a través el boca-oreja. El mensaje que nace de una boca humana y se deposita en un oído humano goza de garantía superior. Lo humano actúa, pues, como una cadena de transmisión relativamente segura y siempre más honesta que las otras cadenas compuestas por los medios de difusión. La voz es superior al micrófono, el oído al auricular, la narración personal a la narración impresa, grabada o filmada.

Los grandes medios de comunicación de masas, contra lo que se dio en creer, no han logrado imponer su hegemonía y su facultad supuestamente omnímodo. Cuentan además en proporción inversa al desarrollo económico de una determinada nación. Los daneses, por ejemplo, son quienes menos creen en la publicidad: sólo un 28% creen que dice la verdad. Por contraste, tanto en Brasil como en Filipinas el porcentaje de los crédulos aumenta hasta un 67%.

En general, los europeos se declaran los más escépticos y los latinoamericanos los más confiados. En cuanto a la importancia del boca-oreja, Asia (Hong Kong, Taiwán, India, Corea del Sur, Indonesia)  destaca sobre los demás continentes. En Europa, quienes menos creen en lo que les aconsejan sus semejantes son tanto los italianos como los daneses, especialmente cargados de resquemor.

Todos, en casi todo el mundo, no se fian gran cosa de los anuncios que aparecen en la red. La única excepción a esta regla se registra notablemente entre los norteamericanos que también son los primeros en hacer caso o atender confiadamente a las opiniones y recomendaciones de los blogs.

[Publicado el 06/11/2007 a las 10:42]

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El ángulo

La belleza puede sanar. Más aún: la belleza es decididamente terapéutica. Y puedo describir incluso el proceso por el que experimenté hace poco su actuación. Apenas me había provisto de una franja de belleza y de una manera efímera, pero se trataba de una belleza de la mayor calidad. Fue el perfil que obtuve de su rostro inclinado junto a mí y al que no podía prestar una atención completa, dadas las circunstancias, el que me procuró la dosis necesaria para sentir con la mayor plenitud. Con esa visión capté su cutis sonrosado y limpio, sus ojos inconfundibles de tiempos pasados y la actitud entre afectiva y melancólica que me fascinaba. Sólo podía disponer de unos brevísimos instantes para asumirla pero acaso la agudeza con que se instaló en mí guarda relación con la convicción de que no iba a poder disfrutar de esa belleza mucho más. Este dolor mezclado con el goce creó de golpe una fuerte preparación metálica y de ahí el sabor que noté en mis lágrimas unos minutos más tarde. ¿Era esto una curación? Fue, más bien, la visión de lo que ya no volvería a ver y, por lo tanto, la constatación de una pérdida definitiva lo que impulsaba directamente al sufrimiento. Pero también habiendo sido la visión tan brillante, tan inesperada y feliz, dejó en mi interior una espesa fisura luminosa que alcanzaba a invocar, durante horas, una y otra vez. Cada vez más débilmente, desde luego, pero en tanto mantuvo su brillo y resplandecía en mi recuerdo causaba un efecto bendito sobre mi salud, sobre las sensaciones generales de mi cuerpo y de mi mente que juntas me traspasaban los sentidos como sólo recuerdo a partir de ciertas drogas. ¿Sólo por causa de la belleza aquel bienestar absoluto y solar? Sólo por la bellísima estampa que mantuve muy nítida durante la tarde y la noche, extendida al bies en el espacio y reproduciendo el ángulo que había elegido su cabeza para mirarme a unos centímetros apenas de mis ojos y dentro del temblor irreal que confería la clínica a estos síntomas que ahora, en su ausencia, merodean el corazón. 

[Publicado el 05/11/2007 a las 10:43]

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El otro lugar

Siempre creemos que se está mejor en el sitio donde no estamos. Esta ansiedad continua que discurre desde la peregrinación a la Tierra Prometida a la utopía de la casita en el campo, nos hace más daño de lo que se cree. El espacio ausente cae sobre el presente como una bomba que perjudica su continuidad. Cualquier queja sobre la situación que vivimos sólo parece que hallará su solución absoluta cuando cambie la situación y ¿quién no sospecha que su situación ha empeorado de tal modo por continuar aquí? Fugarse, escapar, decir adiós a todo esto, componen la constelación de exclamaciones que pugnan por hacer efectiva la traslación. Seríamos otros en otra parte y la otra parte será siempre aquella porción ideal que nos hace sufrir con su ausencia. La presencia, sin embargo, de esa ausencia constituye aquello a lo que más habrá que temer porque el día en que el ámbito ideal se posee sobre el ámbito real habrá terminado nuestro mundo. Entendiendo por nuestro mundo, por el mundo humano, al par compuesto por la vigilia y el sueño, el sentido común y el delirio, lo patente y lo latente, el dolor y su fantasía de curación.

[Publicado el 02/11/2007 a las 10:00]

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CAMBIO CLIMÁTICO

El cambio climático, ¿quién iba a decirlo?, se ha convertido en la vara de medir izquierdas y derechas. Casi cualquier vara rígida habría servido en estas circunstancias de máxima lasitud pero el cambio climático tiene de particular que invoca sentimientos primarios acordes con el infantilismo placentario en que ha recaído la civilización.

¿Quién puede ser indiferente a los males que afligen a nuestra madre Tierra? ¿Quién puede ser tan infame como para no alistarse entre aquellos que no desean hacerla sufrir y enfermar más? Sólo los muy crueles y duros de corazón, sólo los intransigentes, los duros de mente, los carcas, pueden corresponderse con una conciencia insensible. Insensibles antes a la explotación social  e insensibles hoy a la explotación de la naturaleza.

La izquierda, en cambio, es antiexplotadora de por sí, partidaria de la repartición de las riquezas y de la igualdad social. ¿Que la coherencia con la lucha del campo climático, elevado a dogma, conlleve una preeminencia de los dolores del planeta y una subordinación de los múltiples dolores de sus habitantes más pobres? La proclama sigue el mismo rumbo de amar antes a los animales que a los hombres, ante los bosques que a las multitudes. Lo moderno progresista consiste en no poder dormir por una especie en extinción de la que quedan apenas una docena de ejemplares y sin embargo descansar a pierna suelta por una población humana en peligro de extinción de millones de habitantes subalimentados o hambrientos ante el imperativo, supuestamente indiscutible, de proteger los paisajes.    

[Publicado el 31/10/2007 a las 10:23]

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EL ESPACIO VERTICAL

La presencia puede ser insoportable. Para sortearla la mayor parte de los medios de comunicación moderna han popularizado la fórmula de estar sin presentarse, actuar sin verse, presenciarse sin persona. Esta pérdida de presencialidad ha ensanchado el mundo de las relaciones. El espectáculo del otro y de los demás sin necesidad de la presencia. O bien, el espectáculo sustituye a la proximidad. La escena actúa como un cámara de transfusión de lo real para crear el mundo de una irrealidad transparente y liviana compatible con la idea inocente de la ausencia. La presencia asusta, pero en tanto se distancia y se difumina lo que se ve nos calma.

Los personajes extraen la persona de la figura y aligeran el peso de la imagen: le conceden capacidad de transmitir y planear, volar y trasladarse, una vez que ha disminuido el lastre de todo lo presente. Lo presente se hace ausente de la misma manera que el presente contemporáneo se vive con la impresión de un periodo vertical, no agotable en su intervalo sino inagotable en su calado, penetrable hasta el fondo absoluto donde el tiempo desaparece o transmuta su temible dirección horizontal por la dirección vertical que nos trasciende. En ese viaje del presente hasta el corazón vertical del mundo lo decisivo no es tanto aquello que se ve o no se ve sino la inmersión en una profundidad interminable. El mundo está abarrotado en la superficie pero vacío, inexplorado en su interior. El mundo es insoportable en la acumulación de la muchedumbre pero gana extraordinario interés en la transparencia de su oquedad. En la vida real nos abrimos el camino a codazos, tratamos de ganar nuestro lugar en el espacio acotado, en las pantallas buceamos, buscamos nuestra oportunidad en la ausencia del espacio marcado.

[Publicado el 30/10/2007 a las 10:30]

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LA PATRAÑA AL GORE

El cambio climático ha alcanzado carácter de dogma y a su alrededor ha crecido una religión con sus rituales, sus feligreses, sus pecados y sus condenas. Que el Gran Oficiante de esta nueva creencia sea Al Gore no viene sino a confirmar su carácter de patraña y coartada total.

Afiliarse en la defensa del planeta, combatir el agujero de ozono, ducharse deprisa o desconectar la calefacción, va creando un ejército revolucionario de salvación cuyo cariz infantil recuerda los juegos de guardería y los entretenimientos de los hippies en sus versiones más indolentes respecto a la justicia social.

No hay nada como acentuar las amenazas que sufre la Humanidad para perder de vista sus males presentes. El mundo puede sucumbir si no se modifica la relación con los lagos, el aire, los animales y de ello se deriva un descuido de la desorganización política del mundo. La biodiversidad sustituye a la democracia, tirar una pila al suelo se iguala a un inefable delito, no defender la supervivencia de los linces hunde en el mayor descrédito al ayuntamiento o la administración. Y lo que es más rotundo: no implicarse activamente y emocionalmente en la defensa del planeta significa acaso carecer de principios cuando no de hallarse inscrito entre los individuos sospechosos de todo lo peor. El crimen incluido.

[Publicado el 29/10/2007 a las 10:30]

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DEPRESIÓN

El peor efecto de la depresión es aquel que impulsa a quedarse en sí, dentro de sí y rehuir el trato con los demás.

Con esa patología el problema se agrava, el círculo vicioso se estrecha y la depresión, ciertamente, es una de-valuación, un de-crecer de las dimensiones. En los demás, sin embargo, nos expandimos doblemente: 1) gracias al movimiento extensivo de comunicar. 2) gracias al soporte que nos prestan para persistir en la reunión con  nosotros.

Los otros actúan como polos espontáneos que por su atracción extraen el yo dolorido o extirpan, de hecho, al yo enfermo. Lo sacan afuera para ventilarlo o simplemente basta que lo asomen al exterior de su mundo para que pueda ver y relativizar los quebrantos que le ahogan.

Los prójimos, en cuanto nos aproximan, nos disuaden de la exagerada importancia que concedemos a nuestra adversidad. Y no hay nada más saludable que ironizar sobre nosotros mismo para deshacer el enredo. El yo irónico supera al yo, lo rodea, lo merodea, lo torea y escala hasta su cima. La ironía corona al yo y, milagrosamente, en su circunvolución lo limpia de adherencias indeseables mientras, además, lo bruñe de nuevo para recobra su perdida estimación.   

[Publicado el 26/10/2007 a las 10:26]

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EL AZAR

Estamos pensando intensamente en alguien y esa persona, de repente, aparece entre la muchedumbre. Los racionalistas explican este prodigio a través de la ecuación contraria al virtual misterio de la aparición. No surge aquella persona porque nuestro pensamiento la evoca con mucha fuerza sino que la persona se halla previamente allí y sólo es nuestra extremada alerta quien la detecta.

De este modo, el mundo se desencanta y en su continuación mostrará una sucesión de secuencias con mediocre entusiasmo para los seres humanos. Como le sucede a los mismos animales, se come y se complace en los campos donde hay pasto, se ayuna y se pena en los territorios estériles o ralos.

El mundo y la vida que discurre en el interior de ese universo se comporta como un simple artilugio mecánico y en absoluto como un sortilegio. La casualidad, la serendipity, constituía en el ámbito de la fe el último y más socorrido reducto para creer en la intervención mágica. Pero si la casualidad, la coincidencia, lo fortuito pierden su naturaleza milagrosa ¿qué nos queda esperar? ¿Tan sólo el resultado de la concatenación entre la actuación y el resultado, el encadenamiento entre la siembra y la cosecha, la hoz y el grano, la esforzada carrera y la anticipada meta? Sin azar la vida pierde gran parte de su mejor interés. Negar, por tanto, las explicaciones lógicas, la concatenación causa-efecto, la ordinaria relación espacio-tiempo, se convierte así en un afán imprescindible para defender el superior valor de la vida y lo que es más decisivo: su irracionalidad y su sinsentido.

[Publicado el 25/10/2007 a las 10:12]

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EL YO

La curación de mis males de estómago, me decía -hace tiempo- el doctor Lang, no vendrá de una operación quirúrgica con o sin laparoscopia, sino de una operación que se dirija directamente al núcleo de la vida. Allí donde se anida el yo y maneja los resortes por los que sufre el individuo, se pervierte o se droga  de errores repetidos. Si alguien se operara del estómago y sólo del estómago, la enfermedad reaparecería. Volvería a presentarse como una escalofriante reaparición del rostro extirpado. Porque el yo no se encuentra físicamente en el estómago. Sólo se proyecta como una idea allí y, por ejemplo, en la intangible figuración del píloro.

[Publicado el 24/10/2007 a las 10:30]

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).

Bibliografía

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

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Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

Obras asociadas

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