El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Si todo paciente se siente reconfortado cuando ve sus síntomas tipificados en un manual profesional y espera, en consecuencia, recibir un diagnóstico preciso, ningún amante desea hallar su pasión reflejada en un código que previene el detalle y el futuro de su delirio.
Sin embargo, en uno u otro supuesto, la historia clínica y amorosa se ha repetido tantas veces como para convertir nuestro caso en un supuesto más y nuestra singularidad en un número indistinto.
El amor como pasión de Niklas Luhmann (Península. 1982) es un clásico en el género de describir los detalles del enamoramiento y su desencadenante proceso hasta la nada. También es un libro en donde el amor que nos arroba se trata como una determinada modalidad histórica, sometida a las condiciones políticas y materiales de la evolución social. Nos apasionamos en cuanto especie social tras haber atendido a otros requisitos de integración en la comunidad y para cumplir con una función nueva en el entramado socioconómico. Nos apasionamos, entre otros ignorados fines, con el objeto de liberar energías improductivas y de reconducir los restos hacia el aumento del producto interior bruto.
Lejos de la romántica idea de los cortejos y galanteos, el sistema general de la conquista pertenece, como en las avispas o en los conejos, a un plan eficaz que cumple con el físico designio del mundo. El corazón más ardiente forma parte de una caldera motora y el beso más íntimo resulta ser un obligado eslabón en la cadena superindustrial que arrastra ciegamente el abultado cuerpo del mundo.
[Publicado el 22/11/2007 a las 11:48]
[Enlace permanente] [Imprimir] [16 comentarios] [Enviar a un amigo]
¿Ha sufrido alguna vez la excitante impresión de que no le entiende nadie? Se trata, en efecto, de una sensación desesperante y hasta extenuante pero, llegado a un punto, su naturaleza vira y llega a convertirse en una voluptuosidad de primera clase.
Naturalmente, para llegar a ese especial deleite se requiere una obstinación del yo pero ¿quién puede decir que la obstinación es sólo una facultad secundaria? Toda contumacia encierra la distinción de la verdad revelada. Como les pasa a los dioses o los santos, ¿seremos culpables de que los demás no haya recibido esa revelación? Que no la hayan recibido o entendido todavía, porque la firme creencia ahincada en aquello que nadie cree conlleva la certeza de que, tarde o temprano, algún día, los otros caerán en la cuenta de lo que negaban y la reconocerán, al margen de nuestra predicación sin éxito. ¿Un triunfo para las vanguardias? ¿Un consuelo para el iluminado? ¿Una propuesta para volverse un precursor, loco egregio, un Cid?

Visto desde el lado opuesto, a todos, casi a diario se nos presentan soluciones palmarias de asuntos que nos parecieron siempre irresolubles. Con relativa frecuencia descubrimos o comprendemos algo por primera vez tal y como si anteriormente se encontrara encriptado o camuflado. ¿No es exactamente el mismo caso de la proposición personal que, por el momento, ninguno entiende? Lo que para ellos fue invisible se traduce en obviedad o lo que les pareció disparate se presenta como un tiro preciso. No parece aconsejable emperrarse en todas las verdades que nos asaltan personalmente pero hay alguna de ellas, tan especial, elegante y decidida, que distinguimos como un más allá de lo común y sostenemos, difundimos y defendemos hasta el heroico extremo del delirio y la tabarra.
[Publicado el 21/11/2007 a las 12:04]
[Enlace permanente] [Imprimir] [10 comentarios] [Enviar a un amigo]
En el amor, todo intento de penetrar hasta el fondo del otro conduce a la precipitación y al abismo. A primera vista parece una contradicción puesto que el apetito del amado no hallará modo de saciarse sin lamer los últimos entresijos, pero este impulso voraz, idealizado por el romanticismo, es la razón fundamental de que la pareja quede pronto desventrada y hecha pedazos.
La diferencia entre los amantes, esa diferencia que en otros tiempos trataba de anularse mediante la fundición en una misma sustancia, constituye hoy, en tiempos más independientes, dinámicos y menos institucionalizados, la básica riqueza de la relación. La unidad productiva no ha de basarse en rehacerse como un solo guiso sino en la continua diferencia del menú, cuanto más surtido más sabroso.
Gracias a la diferencia de uno y otro yo, la tensión persiste y mediante el respeto recíproco de las peculiaridades se amenizan los argumentos de estar cerca.

Sólo la falta de consideración personal puede inducir al allanamiento del otro y, un paso más allá, a su pulverización. De hecho, la renuencia a casarse entre tantas parejas actuales se basa en la intención de rehuir la conformación de una unidad más solidificada y, en consecuencia, más próxima a la petrificación y su friabilidad siguiente.
La holgura entre uno y otro, la preservación de historias, pensamientos y secretos, de asuntos y palabras nunca pronunciadas, no perjudica la unión: acrecientan el interés de perseguirse y reunirse. No tan reunidos, apilados o juntos como para mezclar los tufos personales, juntos, sin embargo, para procurarse calor sin necesidad de ahogarse con sus vaharadas.
[Publicado el 20/11/2007 a las 12:06]
[Enlace permanente] [Imprimir] [5 comentarios] [Enviar a un amigo]
La mirada que se fija en un objeto deja de ver al objeto tanto más cuanto más tiempo e intensidad se concentra en él.
Según Adrian Unger, fisiólogo de la universidad franciscana de Löewen, y él mismo franciscano, la mirada más eficaz es la que se hace a hurtadillas y de forma discontinua. La continuidad de la máxima relación entre el ojo y el objeto acaba con la realidad de ambos.
Tal como en las relaciones amorosas que se carbonizan a fuerza de requerirse sin cesar una entrega y atención absoluta, la pupila chamusca y se chamusca en el incendio de lo mismo.
Abordando obstinadamente el mundo no podemos alcanzar una información objetiva del mundo y, en consecuencia, una saludable residencia en él. Lo discontinuo y no lo continuo es la base del saber puesto que no alcanzaríamos a saber nada de nada si todo fuera una repetición de la contemplación. Como también la felicidad será inconcebible sin su suspensión y fragilidad frecuente.
Sucede radicalmente con el hecho de vivir: los latidos dan ocasión a que la existencia pueda producirse igual que la corriente alterna que nos procura la luz. No hay nada más nutricio que la cesura. Nada más fértil y creador. En el arte, en la fe, en la alimentación, en el oficio. O, en el amor puesto que incluso la cópula reproduce el ir y venir de un pulso que se crea gracias a la interacción de presencia y ausencia.
La ausencia es así, una vez más, la madre primordial de la ciencia: la fuente original del conocimiento y del sentimiento, de la información, de la emoción y la convicción. La ausencia procura la nitidez de la presencia, el rescate perfecto del objeto gracias a que en el vacío se dibuja el perfil de lo que ya no está y su conquista lo recalca.
[Publicado el 19/11/2007 a las 12:45]
[Enlace permanente] [Imprimir] [6 comentarios] [Enviar a un amigo]
Leí en el ABCD (suplemento cultural del diario ABC de Madrid. Nº 823) que Andrew Keen, uno de los primeros impulsores de las webs sociales, ha llegado a la conclusión, a los 47 años, de que todo esto de la red es basura.
El libro con que desarrolla su invectiva este británico, licenciado en Filosofía Moderna por la Universidad de Londres y mudado después a la Universidad de Berkeley, se titula The Cult of the Amateur donde, como se adivina, arremete contra el actual ensalzamiento de la creatividad del aficionado.
En su opinión todo conocimiento difundido en la red, desde el que parte de Google al que se solaza en la Wikipedia, adolece de inexactitudes, mentiras, desviaciones y una gruesa pila de bobadas.
Respecto a los blogs y los blogueros, dice: "Blogueamos como monos desvergonzados sobre nuestras vidas privadas, nuestra vida sexual, nuestros sueños vitales, nuestra falta de vida o sobre nuestras segundas vidas... Todos ellos están corrompiendo y confundiendo a la opinión pública sobre cualquier cosa, desde la política hasta el comercio, desde el arte hasta la cultura".
¿YouTube?: "Nada tan vulgar y narcisista como estos monos videográficos. Es una galería infinita de vídeos aficionados que muestran a unos locos desgraciados bailando, cantando, comiendo, lavando, comprando, conduciendo, limpiando, durmiendo o, simplemente, sentados ante sus ordenadores". ¿Caminamos, en fin, hacia una hecatombe? Efectivamente. "La democratización de Internet - afirma Keen- mina la verdad y el talento" ¿Monos y bobos todos? ¿El mismo Keen tiene un blog al que llama "La gran seducción" para ganar adeptos. Su dirección es: http://www.andrewkeen.typepad.com/.
Contra Keen, donde se le trata de paranoico.
[Publicado el 16/11/2007 a las 10:56]
[Enlace permanente] [Imprimir] [39 comentarios] [Enviar a un amigo]
En mi vida pasada, raramente encontré aliciente en salir con otros matrimonios si no venían formados por alguna mujer que me atrajera. Las cenas de parejas amigas sin la sal o el azúcar de un punto sentimental clandestino restaban mucha amenidad al encuentro y, más bien, con el paso de los años y no necesariamente muchos, tendían a adquirir un carácter mortecino que, sin embargo desaprecia en el momento en que alguna de las mujeres -nuevas o renovadas- conseguía despertar mi interés masculino que, por otra parte, para ser más completo requería la sospecha celosa de su marido. En el equilibrio de suscitar celos y no agrandarlos demasiado, o en la liza de jugar con la insinuación sin trastornar la tertulia, empleaba la mejor parte de mis energías porque, como alternativa, el recurrente tema de las charlas, las bromas conocidas, las tabarras políticas o las críticas sobre otros conocidos, transformaban las veladas en un fastidio del que deseaba abstenerme o escapar. Y tanto más cuanto veía que las esposas disfrutaban más que los hombres al comunicarse mientras nosotros decaíamos en la conversación. Sólo el posible cruce de alguna mirada con aquella mujer elegida me ayudaba a conllevar las vulgares opiniones de mis contertulios en el área de la masculinidad.
Los varones constituían la garantizada pesadilla del programa, pero todavía podían empeorar un grupo de buenas esposas sin ninguna atracción para mí, circunstancia que experimentaba un vuelco cuando en el grupo relucía una mujer bella, inteligentemente provocadora o provocadoramente recatada en su misteriosa timidez. En esos trances, no vivía sino para que a lo largo de la reunión tuviera lugar algún suceso, por encubierto que fuera (debía ser, además, atinada y convenientemente encubierto) para comprometer, aún levemente, la convencionalidad de la situación y la reputación de los respectivos papeles. ¿Estaba haciendo planes de seducción constantemente? Efectivamente. No reconozco ningún periodo de mi vida de otro modo. Y todavía, vanamente, sueño con la imposible prolongación.
[Publicado el 16/11/2007 a las 10:56]
[Enlace permanente] [Imprimir] [3 comentarios] [Enviar a un amigo]
En Corea del Sur, las relaciones sociales y afectivas a través de los medios electrónicos superan ya en número y frecuencia a las que se mantienen frente a frente.
No sabemos gran cosa de Corea del Sur y resulta fácil atribuirles las fábulas del progreso o de lo estrafalario. Lo sustantivo de esta noticia, y acaso su grado de verdad, radica en su violencia interior.
Los países que se contagian del desarrollo tecnológico lo hacen con extraordinaria virulencia y contraen los caracteres importados como explosiones y que los impulsan a saltar de un golpe decenios de historia y los convierten así, sin procesos, en ejemplares monstruosos donde se reproducen, como en la mitología, cuerpos que son mitad de una especie y mitad de otra. De este modo se presenta el fenómeno de Corea del Sur que de sociedad agraria salta sin apenas transición a sociedad electrónica y de sus relaciones familiares y vecinales carnales e intensas a nexos virtuales y extensos. La cara de Corea del Sur nunca se nos reveló con nitidez en Occidente. Ahora, cuando las comunicaciones podrían contribuir a mostrar su personalidad, el perfil que nos llega se emborrona en la niebla de las pantallas.
[Publicado el 14/11/2007 a las 10:56]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
“El deseo del otro empieza por desear su deseo”, decía más o menos Hegel. Empieza por desear la posesión de su deseo o, simplemente, por haber logrado que su desear se dirija dócilmente a desearnos.
Tal consideración parece, a primera vista, una perogrullada pero tiene la virtud de hacer ver, tras su obviedad, la absoluta verdad de nuestro querer. Queremos al otro como una manera de querernos a nosotros mismos, nos enamoramos del otro cuando a la vez ese amor nos convierte en amantes del yo, fortalecido, embellecido, emperifollado.
La insólita autoestima que brota recíprocamente de los enamoramientos muestra notoriamente esta fundamental ecuación. Se hace prácticamente imposible pensar en un amor a algo, a alguien, a la humanidad o a la animalidad, sin incorporar un tonante amor al ego. Expuesto o encubierto, el ego lo acapara todo, sea a la manera egoísta de un cerco, sea mediante la acción sutil de un hilo, sea al modo nutricio de una sustancia esencial. La transparencia entre el egoísmo y el altruismo, es la base misma del humanismo. Y no lo liaré más.
[Publicado el 13/11/2007 a las 10:05]
[Enlace permanente] [Imprimir] [15 comentarios] [Enviar a un amigo]
Aseguraba Freud que nuestra infelicidad está especialmente provocada por los recuerdos. Parece una simplificación, no cabe duda, pero teniendo en cuenta que el remedio prescrito por el psicoanálisis consiste en recordar y recordar, todo su procedimiento no es sino una catarsis, admisible desde el principio de los tiempos.
Ser más infeliz para superar la infelicidad, acentuar el dolor para llegar a través de su exasperación a la liberación de su acoso conlleva la fe en que los límites del ser humano acotan por sí mismo el dolor y, en consecuencia, pueden cercarlo y vencerlo. Agudizando voluntariamente el dolor no sólo el dolor alcanzaría un punto que, sin remedio, lo haría volver hacia atrás y debilitarse, sino que la fatiga empleada en su rescate y sobrexperimentación reduce las fuerzas para sentir, ya sea el gozo o el padecimiento derivado y en los labios brotará una tierna sonrisa, a la manera de las que se dibujan en quienes han dado a luz entre tormentos.
El hijo nacido de la memoria tormentosa sería, aquí, la lucidez del conocimiento; el fruto del dolor consistiría en la nueva capacidad para planear sobre él y distanciarse de su veneno puesto que lo peor de un sufrimiento radica, además de su objetiva laceración, en la subjetiva creencia de que recae sobre nosotros con el perverso propósito de hacernos particularmente daño. Cuando a un determinado sufrimiento lo vemos distribuido socialmente o grupalmente y no tanto personalmente su intensidad decrece. De este modo, en lugar de sentirlo como una desgracia personal, enviscada en nuestra vida, lo descubrimos como elemento de la existencia humana y, en consecuencia, como una fatalidad ciega, sin un ojo aciago dirigido particularmente a perjudicarnos.
Recordar en el psicoanálisis comporta un esfuerzo destinado a despegar de nuestro subconsciente la garra que nos ahoga y, al extraerla, contemplarla como un suceso que, a la luz solar, se revela parte de la existencia nuestra y de la condición humana general.
[Publicado el 12/11/2007 a las 10:30]
[Enlace permanente] [Imprimir] [3 comentarios] [Enviar a un amigo]
Que todos tengamos a la vez una gripe convierte al malestar personal en una subespecie sin el menor carácter. Con el entorno poblacional engripado no hay espacio exclusivo para ser tenido en consideración y, en consecuencia, sin importar los grados de fiebre, el acoso del quebranto o los dolores de cabeza, el cuadro queda asumido en un estar general donde más que una enfermedad propia se asiste a un pasaje de la colectividad.
De este modo se hace imposible transmitir una queja individualizada puesto que la queja se encuentra estereotipada, acuñada y anticipada en el diagnóstico tradicional, homologado y común. De esta manera, en fin, no merece en absoluto la pena estar enfermo ni sentirse como enfermo ni dar cuenta de la propia enfermedad. La enfermedad, en cuanto circunstancia personal, ha sido arrollada por la enfermedad en cuanto acontecimiento y borrada también como excepción patológica o contingencia sobre la identidad.
Lo propio de la temporada coincide con esta situación donde emergen, como si se tratara de una cosecha tradicional, la colección de síntomas que nos afligen en masa. ¿Nos afligen? Nos abrazan como miembros del grupo indiferenciado, partícipes de una época transitoria y personajes de una pequeña época anual.
La gripe nos designa grupalmente. Designa ligeramente el fragmento de historia donde habitamos y en la que transitamos envasados, encamados, enfebrecidos, emitiendo vanas lamentaciones redundantes con la consabida naturaleza de la afección.
[Publicado el 08/11/2007 a las 10:52]
[Enlace permanente] [Imprimir] [28 comentarios] [Enviar a un amigo]
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
03/12/2008 00:09
Andamos atontaos de pie a estas...
Publicado por: momento de irme a dormir
02/12/2008 23:53
Publicado por: escarola
02/12/2008 23:38
Publicado por: momento
02/12/2008 23:30
jajaja, escarola, la entrada de...
Publicado por: verticalidad
02/12/2008 22:44
Publicado por: terne
02/12/2008 22:26
Buenas noches terne: Agradezco...
Publicado por: jotape
02/12/2008 21:35
Publicado por: escarola
02/12/2008 21:17
Publicado por: escarola
02/12/2008 21:00
Copio porque a mi se me da fatal...
Publicado por: verticalidad
02/12/2008 20:35
Publicado por: escarola
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres