El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Blog de Vicente Verdú

La sustancia de la mente o la luz

"La metafísica popular -decía Bertrand Rusell- divide el mundo conocido en mente y materia, y en alma y cuerpo al ser humano".

La medicina, además de la filosofía, se ha planteado con frecuencia la verdad o la farsa de esta división. Pensar al cuerpo guiado por una mente y pensar el mundo, en general, como una combinación de lo físico y lo espiritual, ha explicado dentro y fuera de las religiones el argumento general de la existencia y la consecuente aventura personal de los seres humanos. Pero, en rigor, ¿hay una mente separada del cuerpo, flotando como un aura superior? ¿Hay, en fin, una mente diferente del cerebro o será acaso sólo el cerebro y sus circunloquios quien hace de mente?

En la consulta, manifestamos al médico en qué apreciamos nuestro malestar: angustia, decaimiento, dolor, mareos. Todos estos elementos constituyen nuestras aportaciones subjetivas, alteraciones que creemos percibir. A continuación, sin embargo, en la exploración, el médico busca los signos objetivos: la fiebre, la dispepsia, la tensión arterial.

A la primera tanda de datos  se la llama anamnesis y, a la segunda, semiotecnia. De la primera es posible dudar, de la segunda es necesario creer. Técnicamente.

Lo subjetivo tiene mala prensa para la ciencia y, sin embargo, si el desarreglo comprobado fuera una inducción mental, ¿cómo no concederle la misma objetividad a la mente?

El problema encierra tanto interés como una formidable dificultad de esclarecimiento y, especialmente, porque con la tradicional división entre mente y cuerpo, objetivo y subjetivo, la operatividad diaria gana mucho confort. Así, la lesión orgánica será objetiva y el mal funcionamiento del órgano procedería de algún accidente  mental. Pero ¿cómo ajustar, finalmente, una realidad y otra para obtener la curación?

El benéfico lema de tratar al paciente como una totalidad no es suficiente. Lo decisivo sería hallar la matriz última de las desorganizaciones, la causa  primordial a la manera de una molécula madre de la enfermedad o el dolor.

Según cuenta el doctor Luis M. Iruela, un prestigioso psiquiatra del Hospital Puerta de Hierro de Madrid en la revista Jano, el deseo de hallar esa clave en el ser humano recuerda el proceso que en los estudios sobre la luz llevaron desde una concepción dual en el siglo XVII -cuando se hablaba de ella como un cuerpo (órgano) o como un movimiento (función)- a la síntesis de Louis V. De Broglie en 1924 describiéndola como onda y partícula a la vez. Una misma sustancia luminosa, sólo una y exclusiva sustancia, tendría manifestaciones fenoménicas distintas pero íntima e inseparablemente asociadas. De la misma manera, tan íntimamente juntos se presentarían el cuerpo que compondrían una única solución vital, un solo caldo de vida que nos enardece, nos desvanece, nos enloquece o nos mata.  

[Publicado el 15/1/2008 a las 11:17]

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El lazo de la ausencia

Mientras la presencia acosa, la ausencia oxigena. Mientras la proximidad intoxica, la distancia orea. No cabe pensar la higiene sin holgura pero la  higiene, a su vez, es el alma de la clínica y la clínica, a su vez, la química de la misma vida.

De la vida a la química no hay ningún paso. La vida de la molécula principal se ahoga en la multitud mientras crece y se reproduce en el espacio abierto.  De este modo desprovisto de espesura viene a ser cómo nos amamos perfumada y soñadoramente. Nos amamos sin tasa en la lejanía y amamos lo justo en la vecindad. A mayor vecindad más redundancia del yo y, por el contrario, a mayor ajenidad nuestro yo se alza y arquea.  De esta tensión el yo logra una visión de sí que lo engrandece y lo lanza hacia el otro. Y gracias a esa potencia ama con mayor vehemencia. La vehemencia necesaria para salvar la distancia.

A menor distancia menor vuelo y a mayor separación un arco mayor dibuja el deseo. Nos deseamos, definitivamente, en tanto que no logramos todavía poseernos puesto que la posesión es como el mausoleo de los deseos. Exactamente, sólo nos cabe en el pecho henchido el gozo propio del vacío. Ese ámbito incomparablemente gozoso que crea la evocación y funda el irrompible y mágico lazo de la ausencia.

[Publicado el 14/1/2008 a las 09:15]

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La luz

La luz y la electricidad constituyen la base crucial de la existencia. La electricidad fabrica el esqueleto irrompible y la luz guía la ínclita arquitectura de la mente. Con el esqueleto y el intelecto se resuelve de una vez el proyecto del ser humano. ¿Los animales no participan de la luz y de la electricidad? Son subsedes pasivas, silos de vida.  Sólo en el ingenio humano se cruzan la electricidad y la luz, se une la elegancia con el látigo, se ovilla el conocimiento y su milagro, copula el misterio con su resplandor. Los animales son depósitos de saber, espesas reservas, mientras el ser humano discurre como una extraña fluencia. Los primeros son sólidos y finísimos líquidos los segundos. Mansos o fieras frente a genios iluminados y fuegos.

[Publicado el 11/1/2008 a las 10:15]

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La mancha

No hay obra de arte sin la mágica colaboración de lo que no hay en ella. Lo presente y lo ausente son parte de la composición y así como quien quiere decirlo todo en un libro no logra hacerlo querer, el pintor que no cuenta con el espacio sin pintura sucumbe a la opacidad del pastiche. Esta regla, sin embargo, no es fácil de transmitir ni comunicar. Tanto en la seducción de la obra como en el amor de los amantes la dosis de lo no visto, no alcanzable o no expresable actúa como el resorte de la genialidad y, sin duda, como la marca original perfecta.

No somos, contra las evidencias de costumbre, cuanto consta sobre nuestra personalidad, nuestras realizaciones o nuestros avatares, sino que habitamos especialmente en aquello que, al no poder concretarse, actúa como un hálito incontaminable.  Somos pues genuinamente  en lo inasible e invisible. O también:  somos exclusivos, únicos y perennes, en lo que no estando propiamente presente no puede igualarse ni morir. La máxima inmortalidad se corresponde con la singularidad de cada ausencia. Y la inmortalidad a secas coincide con el humo de nuestra mancha evaporada.

[Publicado el 10/1/2008 a las 09:15]

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Picasso

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Una de las obras de la exposición Picasso y su colección que se expone en el museo.

Para quienes se acerquen a Barcelona el consejo incuestionable es visitar, en el museo Picasso, la muestra sobre la colección particular del pintor. Dice Picasso que la obra de un pintor coincide con aquellos cuadros que pintó queriendo imitar las obras que más admiró en su vida. Con esta confesión, el paseo ante los lienzos y dibujos que adquirió Picasso tiene su espejo en las obras propias que evocan la obra de los autores preferidos. O viceversa.

La pintura no es un espejo, sino todo lo contrario. En la comprobación de este aforismo abismal pueden invertirse varias horas y explorar, con ello, en la masa del color, la carne de los óleos, la sexualidad de los incontables olvidos, la incapacidad del maestro o la incierta magnitud del artista verdadero.

[Publicado el 09/1/2008 a las 09:15]

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La obra maestra

Los pintores dicen, con razón, que lo peor que puede ocurrirle  a un cuadro es parecer  ñoño. Lo ñoño es lo manipuladamente mono, lo encantadoramente falso, lo conducido meticulosamente hacia la calculada producción de afecto o de interés.

Todo lo interesante necesita para serlo de veras traslucir  su punto de incontrol, como todo lo realmente bello sólo coincide con la belleza superior del accidente.

Lejos de suponer que la intensa y larga intervención de la habilidad humana confiere mayor grandeza a la obra de arte, lo acertado es justamente su revés. Todo lo que trasluzca demasiado una intención querida neutraliza el impacto de su deseado efecto y todo aquello que se presente con los resortes muy ponderados, los tonos en su punto, el énfasis pulimentado y el peso bien repartido, resta misterio y valor a la composición. El conjunto atractivo se gesta con una dosis no escrita de azar y logrando un resultado  que, en primer lugar, asombra al artista. O bien: todo artista que se reconozca plenamente en su obra no habrá creado obra original alguna. La originalidad no procede directamente del autor sino tan sólo de su mediación, gracias a la cual se produce el hecho sin dueño, el cuadro sin amo, el libro sin un autor definitivo. La obra maestra. Maestra incluso del artista.

[Publicado el 08/1/2008 a las 09:15]

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La fe y la veleidad

/upload/fotos/blogs_entradas/jvenes1_med.jpgLos jóvenes actuales aguantan peor la dependencia familiar y se emancipan en cuanto pueden, sin esperar como en el pretérito el cumplimiento de los solemnes ritos de paso. Pero también el aumento del individualismo, la independencia personal y el deseo más vivo de inventar su propia vida conducen a que una nueva generación, ahora entre los 12 y los 20 años, tienda a preferir más los trabajos autónomos que los empleos a sueldo.

La decisión de la autonomía gana en riesgo pero también en aventura, pierde en protección pero gana en creatividad.

Una sociedad estática paraliza el nacimiento de nuevas idea pero otra inestable, móvil, cambiante y flexible, las necesita para pervivir y progresar. En este ambiente van anidando y formándose cada vez en mayor proporción cohorte de futuros empresarios, inventores, creativos que desarrollarán trabajos inéditos, inventados por ellos mismos o brotando en los entresijos de una sociedad que se compartimenta y ramifica.

De este nuevo estadio inmediato emergerá a la vez una cosecha renovada de valores y de relaciones, de clases de familia, de amor y de pugna. Para darse una idea rotunda de esta transformación bastaría tener en cuenta, por ejemplo, la reacción furibunda y atemorizada que interpreta la jerarquía eclesiástica, sus gigantescas manifestaciones en Madrid contra el laicismo, su escándalo ante las novedades, su bruta resistencia a las innovaciones que por su calado y su calidad no controlan puesto que, en su proyección, no definen no sólo una moda o una adversa circunstancia, sino una poderosa transformación de la fe fundamental. De la fe en sí mismo, de la fe en el futuro, de la fe en la falta de fe dentro de una socialización de la peripecia y la veleidad.

[Publicado el 04/1/2008 a las 09:00]

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El sueño

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Cada mañana, el paso del sueño a la vigilia reproduce el paso desde la misma profundidad de una anestesia a la experiencia de la vida brillante y superficial. Ascendemos así desde la hondura en lo más oscuro a la planicie de una piel extendida rociada de olores y tactos, de luces y sensibilidad en continuo trance de perfección y calidad.

La oscuridad nos sume en los primeros y remotos tiempos de la vida mientras la luz es semejante a la emergencia de una civilización. En la ofuscación primordial no llegamos a discernir y  ese torpor nos conecta con los filamentos primitivos de la vida cuando todavía su escaso desarrollo y falta de especialización situaba al cerebro en una estación preinteligente. En el sueño de cada día nos prestigiamos con las pesadillas pero sin ellas el sueño conecta con el fondo mismo de la esfera mental donde todavía las células se apilan en un montón sin apenas tarea o función.

El ser humano parte cada día desde el sueño profundo, el sueño eterno, a este sueño circunstancial de la cotidianidad donde el patrimonio de conocimiento debe disponerse pronto para ser eficiente y con ello protegernos de la radiante escena a la que vamos a acceder.

La confusión en la total oscuridad del sueño nos hacía presentir la espesura del caos del que partimos, nuestro cerebro abotargado y preso del que dependemos y desde el cual millones de simientes reconducidas, dominadas, instruidas nos permiten creernos en trance de superar la limitación del animal, aunque también, sin embargo, nos procura la enseñanza de sentirnos como seres engastados en él y, en el sueño nocturno, casi acomodados a él como en el lecho original del que partimos y dormimos.

[Publicado el 03/1/2008 a las 11:34]

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El amor al yo

Todas las discusiones, peleas y agresiones que he presenciado estas Navidades, en fiestas y cenas, tenían por centro el "yo".

Parece una perogrullada (una perogru-yo-da) pero, simultáneamente, en otras partes del mundo donde el yo contaba menos se desarrollaba la caridad y la paz.

El yo es una bomba delicadísima que al mimarse en exceso estalla con formidable facilidad. Todo yo por pequeño que sea se encuentra naturalmente inflado y procede en el mundo como un globo propenso a detectar con la mayor sensibilidad los roces, los pinchazos y, lo que es más grave, su exagerada importancia personal.

Con ello el globo del yo que se advierte achicado en la estimación procura engrandecerse y el que se siente preterido o no visible se mueve aparatosamente  para hacerse ver.

La presencia del yo es, desde luego, consustancial a su pervivencia pero el límite de esta obscenidad no puede calcularse de tal forma que concuerde siempre adecuada y pacíficamente con los demás yoes.

Las peleas familiares de Nochebuena y Nochevieja hacían notoria esta batalla de globos hinchados, inflamados, explosivos que, uno y otro, en la reyerta, despedían un aire tan vulgar como es la naturaleza egoísta, el amor desmedido a sí mismo sin la menor elegancia ni tino. Un burdo amor por el yo que convierte a su núcleo en producto masturbatorio y sofrena así cualquier buena intención de amar al prójimo, vista la desmesura que el prójimo destina a sí mismo y cuya patología amorosa  se desprende un humus de repugnante e infecciosa contaminación.

[Publicado el 02/1/2008 a las 11:23]

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Ritos

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Orxeta.

"Las estrenas" se llamaba al aguinaldo en mi pueblo de Valencia. En realidad, la Navidad constituía un auténtico estreno. Fuera por la relación con el nacimiento, fuera por la gran celebración, un periodo de oro y de bonanza parecía abrirse con esa fiesta. Consecuentemente las gentes se vestían de gala y, a menudo, estrenaban alguna o algunas prendas. Ahora que paso unos días en el pequeño pueblo de mi mujer, en Orxeta, en la provincia de Alicante, dentro de la casa se discute si será correcto salir a la calle con las mismas ropas del día anterior o con cualquier atuendo de los días normales. Mi cuñado planea ir a la huerta para comprobar cómo han quedado los bancales con las lluvias torrenciales de hace dos días pero mi cuñada le afea esa disposición y le conmina para que se vista con el traje y no deje de acudir a misa. En esa pugna se han consumido unos minutos y, como es habitual, mi cuñado cederá para seguir el orden que marca su esposa y que se aviene con los mejores modales de esta comunidad de trescientos vecinos que ahora aumenta y varía con los que familiares venidos para las fiestas y que importan los usos y costumbres de la ciudad. ¿No vestirse de fiesta en Navidad? La fiesta es sustantivamente un disfraz. El disfraz, por antonomasia. ¿Cómo experimentar la sensación festiva y sus extraordinarias ofertas si no nos caracterizamos  festivamente? ¿Cómo sentirnos de verdad incorporados a la celebración si el cuerpo no se reviste, se inviste, se invita a la excepción? La contemporaneidad ha abolido este tipo de rituales tradicionales pero, a la vez, ¿cómo no reconocer en la recuperación de bodas solemnes, despedidas de solteros, despedidas de casados, conciertos en vivo, la nostalgia de la liturgia, el formalismo, los himnos y la ley de la colectividad? No rito es igual a no cultura. No cultura es igual a sepultura donde, precisamente, humanamente, vuelve a brotar la ritualidad. 

[Publicado el 28/12/2007 a las 09:30]

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).

Bibliografía

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

/upload/fotos/obras/portada_no_ficcic3b3n1_med.jpg

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

Obras asociadas

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