El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 3 de diciembre de 2008

Ilustración de Fernando Vicente.
La revista digital Smith, alimentada casi exclusivamente por minibiografías de personas anónimas, pretende promover a la gloria lo desconocido y manifestarse como una maniobra de subversión.
Ser actualmente un desconocido parece parte de lo insufrible. Parte de lo peor que se puede ser puesto que el ser pero el no estar forman un monstruo, o una criatura imposible. Pero ¿cómo hacer depender el ser personal, la minibiografía de un Gran Ojo público, electrónico, digital?
Hasta ahora mismo bastaba una determinada mirada. ¿Será necesario, en adelante, una cámara? Resultaba hasta ahora suficiente un amor vecino y entrañable, ¿será necesario, en adelante, una admiración distante, imposible de engastar, fuera de los límites de la familia, el barrio, la amistad o la compañía?
La mirada cercana nos acercaba al corazón, tanto al órgano del otro como a la organización y el organismo propio. La mirada distante nos extrae el corazón sangrante y lo lanza, tratado cosméticamente, al circuito de la mercancía luciente.
La mirada cercana tiene, sin embargo, algún nombre pero la mirada distante es progresivamente la del público indefinible. De este modo, el círculo se cierra en forma de paradoja. Se desea salir del anonimato mediante la exposición pública y general del smithmag.net y se alcanza el resultado de ser acaso contemplado por una pupila tan amplia como anónima que plasma la nebulosa de la ceguera sobre nuestro anhelo de publicidad radiante.
[Publicado el 11/3/2008 a las 07:00]
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Todos los amantes consiguen estimular su relación mediante las oportunas sorpresas, siendo la sorpresa -en el regalo, en el beso, en el encuentro, en el viaje- el mole del buen amor. El mole que mola en la relación picante y que la adoba hasta el apetitoso punto de su reinauguración.
Como un paño que saca brillo a la superficie de un objeto, la sorpresa realiza sobre lo conocido la función de devolverle luz. Cuando la relación se alarga y las sorpresas decaen, una humedad melancólica (una algia del corazón) se posa en la bandeja donde hasta momentos antes se servían acontecimientos impronosticados y conmovedores.
La previsibilidad es la madre de la descomposición. La rutina siempre actúa como un eficaz roedor de casi cualquier cosa y sólo cuando la edad no desea saber más, cambiar nada más, no conocer a más gente, lo rutinario cumple un papel feliz. La felicidad consistente en la conclusión o el acabamiento en un perfil personal y circunstancial que define y cerca la seguridad del territorio.
La edad avanzada halla en la rutina una confiada forma de protección porque un más allá desconocido se hace temible y un trastorno, cualquiera que sea, no conllevará sino algo peor. Antes, sin embargo, de ese último intervalo biográfico, la sorpresa es adrenalina, composición de color y sabor. Con la sorpresa, aumenta el nivel de deseo y degustación puesto que en el sistema general de la comunicación, la noticia es su máxima materia prima. Noticia y sorpresa se cruzan en su búsqueda de impacto. Es tanto más valiosa y emotiva una noticia cuanto más sorprendente es. En la prensa, en la televisión, en la publicidad, en la ciencia o en la religión, la noticia, el milagro, la hecatombe, la serendipity forman una comunidad de la misma naturaleza. Gracias a lo sorprendente creemos que el mundo no ha revelado todavía la totalidad de sus secretos, ni el amor o la película ha dado todo de sí. En consecuencia merece la pena permanecer aún en la sala. Vivir para ver.
[Publicado el 10/3/2008 a las 20:00]
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Comprobados los pésimos resultados de la enseñanza pública en España, Rajoy propone incrementar la autoridad de los maestros e imponer la ética del esfuerzo en el aprendizaje de los estudiantes. Proyecto inútil. Ni los maestros actuales lograrán mayor autoridad con sus procedimientos y conocimientos demasiado vetustos ni los alumnos se aplicarán con abnegación viviendo como viven entre una cultura general del hedonismo. Unos y otros no se entienden debido al gran abismo cultural que hoy sustituye a lo que fuera el conocido gap generacional.
No es la edad que separa a docentes y discentes sino la época. Los maestros pertenecen todavía a los profesionales que amaban el libro, creían en el esfuerzo, el valor del sacrificio y la sagrada importancia de la cultura superior. Los chicos no tienen de la cultura superior una opinión positiva. Su saber se obtiene del picoteo, los juegos, los viajes, las informaciones cortas, los impactos audiovisuales y no de un sistema apoyado en la reflexión y concentración que exige la lectura. Su mundo es otro mundo. El otro mundo posible que ya se desliza bajo los malos resultados del informe Pisa, se manifiesta en el presente fracaso escolar y se proclama en la desatención dentro de las aulas.
No sirven estos espacios, estos programas, este personal, para mejorar la educación. Esta época es de crisis y con ella se viste, se acicala y se define. El ajuste entre el saber y el querer, entre el profesor y el receptor, tendrá acaso lugar en otra fase, cuando el desfase de hoy llegue al punto crítico en que se admita la falla telúrica, la imposibilidad de volver atrás y remediarlo mediante los antiguos sistemas y valores.
[Publicado el 07/3/2008 a las 07:00]
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La adhesión a un partido ha dejado de coincidir con el compromiso militante. Ahora todo es más laxo y vagoroso.
Sin embargo, en nuestra España, la partición entre derechas e izquierdas se ha instalado como una idiosincrasia secular que acaso sólo encuentra correspondencia en los pares de marrajos y californianos en la Semana Santa de Cartagena o en las rivalidades Madrid/Barça de toda la eternidad. La dicotomía es, de una parte, hermosa y, de otra, pesadísima. Es hermosa en cuanto proporciona fácilmente una acalorada conversación, propicia la identidad más rápida y ayuda a creerse con alguna causa concreta. Pero es también una formidable tabarra cuando muestra la dificultad para escapar de ella.
Todos los debates políticos televisados tendrán un ganador y un perdedor inequívoco de acuerdo a esta adscripción idiosincrática. Así que el debate, a despecho de la expectación que convoca, no enseña nada nuevo puesto que de antemano la investidura del discurso se aprecia y escucha como un fuerte ropaje de piedra inseparable de la condición partidaria del candidato. No hay más que leer los titulares de los periódicos al día siguiente de la confrontación para constatar que unos por aquí y otros por allá se han ahorrado cualquier reflexión libre a propósito de la liza televisada. La crítica negativa existe pero se concentra abusivamente en el otro. De este modo no sólo el debate, donde no se intercambian argumentos sino agresiones, parece inútil, también carece de utilidad la lectura de los comentarios y hasta la existencia misma de sus soportes.
Esta sociedad española ha fraguado en derechas e izquierdas de toda la vida y a la manera de una maldición histórica que como a Lot ha convertido en materia estatuaria la inteligencia y a la emoción en un duopolio que se reparte entre lo mío y lo tuyo, lo blanco y lo negro, sin importar el tono, la pinta, la dicción o la posible idea (¿innovadora?) de una maciza facción.
[Publicado el 06/3/2008 a las 07:00]
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El número de divorcio de matrimonios de mayores de 60 años ha sido considerado espectacular en la última década española. De una parte parece comprensible que muchos se hayan hartado, tras decenios de resistencia, de la convivencia repetida pero otros han añadido a esta cruz la sensación de que todavía no ha terminado todo. No ha terminado la opción de vivir, ida, especialmente.
Algunos protagonistas se atribuyen un suficiente porvenir que pretenden orientar hacia otras ilusiones de libertad y compartir esa peripecia con nuevas personas. Al fin y al cabo, si un buen número de sexagenarios abandona a su pareja histórica la oportunidad para nuevos enlaces aumenta inmediatamente.
Un actual anuncio en la televisión (referido ¡al metro de Madrid!) muestra los preparativos de una boda en el campo y juega con el equívoco de quién es realmente el novio. O este señor de unos cuarenta años que se calza el chaqué ayudado por su padre o, como se revela al final, el anciano padre que con unos 90 años se acerca a una novia que le espera con el ramo de flores y una fisonomía octogenaria. Con tal pretexto nupcial el spot nos dice que en la vida hay muchas paradas y que el metro de Madrid ofrece una parada para cada uno. Una parada y una chorrada.
El malestar que crea este desafortunado anuncio proviene de la boda necesariamente grotesca y que en lugar de lucir como una oportunidad de vida adicional despide un tufo de últimas voluntades. ¿Se trata de algo parecido con las bodas de sexagenarios? Más o menos. Porque ¿casarse de nuevo? ¿reproducir la vieja y desvencijada fórmula en la que se vivió hasta la hartura?
Más bien cabría pronosticar que precisamente la población que se separa a los 60 años es la pionera de una sobrada experiencia que proclama la inconveniencia de casarse. No lo dicen ya legiones juveniles que descreen de las instituciones sino cohortes de personas experimentadas, necesariamente instruidas en esta materia y que, cargadas de razones profundas, descalifican el beneficio del matrimonio. La boda fue un rito y un mito. La boda nos embotaba: nos metía en el bote a los hombres y abotargaba la pasión de las mujeres. El modelo tradicional reproducía, más o menos, estos efectos repetidos. Prácticamente nadie escapaba a ellos pero faltaban pruebas rotundas de su desolación total.
La estampida de los mayores de 60 años con 30 o 40 años a las espaldas expresa los soterrados padecimientos de la relación, hasta ahora silenciados en nombre de la veneración casi sagrada al vínculo. Las rupturas masivas en la tercera edad proclaman el principio de una gran transformación porque no se trata ya de la renuencia a comprometerse con el ser amado sino de la denuncia de los males del compromiso y tanto más nefasto cuanto más prolongado, asiduo y envejecedor se hizo en medio de la penitencia, la represión y la degradación desde ambos lados.
[Publicado el 05/3/2008 a las 11:51]
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He leído que Céline, tras las tribulaciones carcelarias y el desprestigio ideológico, batalló los últimos diez años de su vida para recobrar su consideración pública como escritor excepcional.
Bien ¿pero cómo se hace una cosa así? ¿De qué modo se planea esa intangible batalla? ¿Qué debe hacerse para que se acepte y ame tu propia escritura? ¿Habrá diferencia entre la dificultad de esforzarse por ser apreciado como escritor y entre llegar a ser amado como persona?
De la impotencia aprendida en los varios afanes de seducción romántica se deduce la incapacidad para conquistar al público si el público, como aquella persona anhelada, no quedan por sí mismos mágicamente atrapados. Hacer algo predeterminado para gustar al otro lleva fácilmente a la depreciación ante él y, consecuentemente, a un empeoramiento del empeño. Avenirse a lo que se supone que debe agradar a quien estimamos convierte, a ojos de aquél, en vasallaje nuestra maniobra y se pierde fácilmente la imprescindible estatura para admirar. Amar no es sólo admirar pero ¿quién duda que todo encendido amor se felicita a sí mismo cuando ha encontrado la incandescencia de lo admirable? Y, ¿puede intentarse, entonces, alguna estratagema para admirar cuando, con gran frecuencia, la base de esa emoción reside precisamente en no poder mirar al otro sin alguna ceguera, no poder abarcarlo por completo a causa de su atribuida dimensión y en suma, sufrir -gozosamente- la imposibilidad de poseerlo totalmente? La imposibilidad de suscitar admiración de acuerdo con nuestro gusto se corresponde con la impotencia que vive el admirador espontáneo para degustar plenamente al admirado. Porque si de algo estamos seguros es de que el fenómeno de seducción conlleva necesariamente la independencia del seductor, su autonomía, su libertad incondicional, más allá de nuestro abrazo. Se enamora así desde un cierto e incontrolado grado de desamor, punto crítico a través del cual se despierta el arrebatado deseo del otro.
[Publicado el 04/3/2008 a las 07:00]
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La existencia de Dios se apoya indefectiblemente en la permanencia de la injusticia. Los hechos de los hombres reciben en este mundo un tratamiento tan desigual, arbitrario y en desacuerdo con su valor real que se clama por el advenimiento de una redención que traiga e instaure la injusticia. La espera de Dios es el anhelo de Justicia. Con la llegada de Dios funcionaría una suerte de autoclave donde los materiales de diferente clase se depurarían, mostrarían su olor, su aspecto y su influencia tal cual corresponde a la sustancia primordial de que vinieran hechos. Lo feo y lo bello, lo recto y lo torcido, lo noble y lo innoble, quedarían seleccionados en su apropiada verdad y bastaría su naturaleza ara desencadenar efectos consecuentes con su mérito.
Dios sería como la fábrica de la Gran Transparencia y Él mismo un túmulo a través del cual los hechos, físicos o morales, saldrían lanzados hacia la formación de un orden justo.
Lo justo posee en su interior dos significados unidos: el de la exactitud misma y el de la justicia ajustada a derecho. Así, la exactitud y la virtud de la justicia llegan a ser una misma entidad en el supuesto reino divino donde la diafanidad perfecta encaja las piezas y bendice su engaste como base del movimiento universal.
Cada valor recibe el precio de su don y los vicios el precio de sus desviaciones, siendo unos y otros piezas de un cosmos donde la vida se vuelve benéfica dentro de su relación general con el sistema.
El sistema de Dios crearía esta suerte de paraíso que luce en cuanto tal por comparación con el mundo siempre inmundo y en donde las brozas confunden, las riquezas se distribuyen sin ton ni son y la justicia posee un movimiento tan azaroso como irregular, descabalado o sin eje.
El eje, la eje-cutoria definitiva sólo puede esperarse del dominio de un Juez supremo, exento que sobrevuele conspiraciones, intrigas, ignominias y sea, al cabo, como el reino de Dios. En el reino de Dios sólo Dios habita. Y ese reino actúa como un espacio de cristal que convierte en luz inconfundible lo que trata. Luces blancas, luces turbias, luces de baja y alta intensidad, luces que nacen de la generosidad y otras de la podredumbre. El cuadro general del mundo se plasma en ese lienzo de diferentes tonos que Dios contempla y tasa, pincelada a pincelada, fragmento a fragmento, minuto a minuto. Sin esa mirada, como ahora viene sucediendo, el cuadro deja de poseer sentido y su sinsentido desarbola la razón, deshace la proporción, maltrata la concordancia, impide el dichoso y ajustado dictamen de Justicia.
[Publicado el 03/3/2008 a las 11:03]
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Kellie Pickler participando en ¿Sabes más que un niño de primaria?
Los niños norteamericanos nunca han sabido casi nada de geografía pero todavía les parece demasiado. No quieren saber de ese mundo más allá de su nación que se demuestra a década tras década como altamente irrelevante para sus vidas, cuando no altamente molesto. Ese mundo, si aparece, cuando aparece, viene a ser bajo la forma de Irak, Afganistán o Vietnam. Altamente desagradable y desdichado. No sólo insoportable por sus propias miserias internas y su afán de consumir artículos norteamericanos sino también por las calamidades que trasmiten irredimiblemente a los soldados norteamericanos que acuden allí y regresan, meses más tarde, con el cerebro enloquecido y metidos en el asesinato seriado o la drogadicción.
Estados Unidos no se encuentra pletórico de salud social o de cualquier otra pero mediante estas comprobaciones extranjeras, el exterior deja mucho más que desear. Es decir deja de ser deseado, cesa como objeto de deseo y su conocimiento va perdiendo el escaso interés que pudiera presentar. . ¿Europa? Europa es otra cosa pero sólo a efectos vacacionales o de un veloz y leve turismo cultural. Sin embargo, con el euro tan alto, ni de Europa quiere saberse mucho más por ahora.
Cuenta The New York Times que una encuesta de 2006 de National Geographic reveló que una mitad de los jóvenes norteamericanos entre 18 y 24 años no creen que sea necesario saber dónde se sitúan los países que salen (de tarde en tarde) en sus noticieros. De otra parte, un popular vídeo en YouTube muestra que la joven cantante Kellie Pickler participando en un concurso televisivo (¿Sabes más que un niño de primaria?) dice creer que Europa es un país y que le asombra enterarse de que una nación se llame "Hungary" (Hungría) que le suena a "hambriento" ("hungry") ¿Cómo puede existir un país que se denomina a sí mismo "hambriento"? ¿Cómo va un chico norteamericano a interesarse por ese extraño mundo cargado de tragedias históricas, lenguas innumerables e insondables localizaciones en la ilegible profundidad del mapa?
[Publicado el 29/2/2008 a las 10:49]
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«La muerte de Séneca», cuadro pintado por Manuel Domínguez y Sánchez
Ni Séneca conseguía dar en el clavo a la hora de proponer una fórmula para vivir mejor. Perora, amonesta, susurra y, finalmente, en su osado opúsculo, Tratado sobre la brevedad de la vida, el único consejo neto que se deduce de su cansino texto es la idea de la quietud.
En su parecer, nada más idóneo que acaso lo inorgánico para llegar a ser feliz. O, siendo más laxos, el universo vegetal sería el modelo que cumpliría con mayor perfección sus enseñanzas. Pero ¿cómo, siendo humano, vivir sin arrebatos y pasiones, sin afanes o ilusiones, sin ambición ni ira?
Precisamente él mismo fue condenado a morir "por suicidio" (cortándose las venas de las manos y de las rodillas, de las piernas hasta llegar a sorber un intenso veneno para concluir de una vez) acusado de participar en una confabulación contra Nerón a quien, de otra parte, había formado como a un hijo desde su adolescencia. Como también fue el mismo Séneca quien despertó los recelos del emperador y toda la corte cuando sus riquezas (una fortuna acumulada no menor a 17.500.000 dracmas, un fortunón, según Dión Casio) no provenían de orígenes transparentes.
Su Tratado sobre la brevedad de la vida está escrito cuando estaba cerca de cumplir 70 y ya no formaba parte de la vida pública y sus ajetreos lo que convierte sus reflexiones en un balance de su brega anterior y que entonces consideraba ya carente de atracción y sentido.
No es breve la vida humana, dirá. Sólo parece breve si uno se afana en la tarea de acumular bienes y honores. El retiro del vulgo y la voluntaria quietud personal comportan, sin embargo, lo contrario. Es decir, la quietud favorecida por el alejamiento del bullicio urbano (Roma contaba casi con un millón de habitantes en esos años 60 después de Cristo) y basada en el pacífico equilibrio de la virtud, cultivada con despacioso esmero.
El "vive bien" de Séneca al final de sus días tiene así que ver con la idea de no complicarse la vida, no meterse en enredos económicos o políticos sino con la regla de poseer sólo lo necesario y acaso un poco más para eliminar , a la vez, la inquietud de pasar hambre. Al igual que las plantas, el máximo bien sería vivir con lo mínimo y sin pena, sentir algo pero al modo epiceno de la naturaleza, sin diatriba, sin finalidad, integrado suavemente en el devenir espontáneo del mundo y acabar, silenciosamente, apegado o camuflado en él.
[Publicado el 28/2/2008 a las 11:41]
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La pestilencia de la muchedumbre

Los programas más vistos de la historia.
Como una marea que no cesa de aumentar, revistas, radios, televisiones, políticos, empresas, demandan su opinión a los receptores. Prácticamente no queda ya asunto, sin importar su complejidad o envergadura, que no sea sometido al juicio del lector, el radioyente o el espectador.
Los programas parecen nacer físicamente de los emisores pero siempre con el propósito superior de ser sometidos a la física de la audiencia, de cuyo regüeldo recaudan, en ocasiones, miles de euros, gracias a llamadas, cartas o SMS.
De antemano, el programa, la página, el discurso o incluso el editorial se basa ya en buena parte de la opinión mayoritaria pero, por añadidura, en la fase posterior se contrasta el efecto producido en el público con el fin de obtener las orientaciones precisas para la emisión ulterior.
Los artículos físicos o los intelectuales, las piezas de entretenimiento o de opinión, van trufándose día a día y cada vez más de las moléculas mentales y emocionales que emite el vulgo. El sentido común, el pensamiento común, el juicio de la muchedumbre, ha pasado a ser materia prima de la emisión y con ella se embuchan los diferentes espacios que retocados volverán a lanzarse al público.
El público, al cabo, se alimenta así de los elementos de su propia digestión o, en el colmo del reciclaje fisiológico, el público se alimenta, efectivamente, de sus propias y apreciadas deposiciones. La imaginación independiente se ha revelado de hecho tan arriesgada que sus posibles oportunidades de éxito no compensan su cuidado ni explotación. La singularidad de cualquier pensamiento ha demostrado ser, en los medios, una elección tan aventurada y ruinosa que disponiendo hoy de los instrumentos suficientes para captar la masa de la sangre que corre por las venas de la multitud ¿para qué arriesgarse a crear?
Periódicos, emisoras, profesionales del marketing, han descubierto su actual función esencial: escarbar en el sentir del cliente, explorar sus deseos y servirle los platos que anhelan. Con ello la invención puede limitarse pero la cosecha crece y crece puesto que así como no hay nada que satisfaga más a cada cual que la habitación de sus propios olores, el mundo de la comunicación factura ahora, tras el análisis, comunitario toneladas de pestilencia en la que se recrea el olfato del receptor complacido en su propia redundancia.
[Publicado el 27/2/2008 a las 12:10]
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Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
03/12/2008 00:09
Andamos atontaos de pie a estas...
Publicado por: momento de irme a dormir
02/12/2008 23:53
Publicado por: escarola
02/12/2008 23:38
Publicado por: momento
02/12/2008 23:30
jajaja, escarola, la entrada de...
Publicado por: verticalidad
02/12/2008 22:44
Publicado por: terne
02/12/2008 22:26
Buenas noches terne: Agradezco...
Publicado por: jotape
02/12/2008 21:35
Publicado por: escarola
02/12/2008 21:17
Publicado por: escarola
02/12/2008 21:00
Copio porque a mi se me da fatal...
Publicado por: verticalidad
02/12/2008 20:35
Publicado por: escarola
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