El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Blog de Vicente Verdú

La buena educación

La buena educación es un quehacer que mejora extraordinariamente el curso de la vida. No hace falta ser obsequioso ni demasiado cortés, sólo tener en cuenta los diferentes estados del otro, puesto que portarse con educación significa marcar los vínculos entre personas sin olvidar, desdeñar o ignorar al prójimo.

La buena educación enseña a dar las gracias y a acusar recibo, vale para reconocer, en suma, que la otra parte nos importa en la comunicación y no descuidamos el valor de sus sentimientos, su presencia, su necesidad, en fin, de ser tenido en cuenta. De ese modo se demuestra que su entidad, cualquiera que sea, cuenta o pesa en nuestro interior y consecuentemente le concedemos peso, dimensión, volumen, ocasión de existir. /upload/fotos/blogs_entradas/la_voz_a_ti_debida_med.jpgDe existir a través de nuestro respeto o, lo que sería lo mismo, a través de nuestra atención: la atención que repara en él y no lo sortea.

El ser se hace visible y pervive en el trato educado que sin buscar, en principio, beneficio alguno otorga ocasión de ser, de influir o determinar recíprocamente. Nuestra conducta denotará el impacto de su acción y, a la vez, toda acción mutua denota respetuosamente la consistencia del contacto. Su vida vive en la vida que le devolvemos al vivirle expresamente. Un acto expreso de amor.

"Qué alegría vivir, sintiéndose vivido", exclamaba Pedro Salinas en La voz a ti debida. La voz debida a quien nos interroga,  la llamada debida a quien la necesita, la respuesta correcta a quien no solicita. El amor cunde naturalmente de la buena educación mientras el desgaste, la destrucción o el dolor siguen a la rudeza. 

[Publicado el 25/4/2008 a las 07:00]

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El oficio de escritor

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Ilustración de Fernando Vicente.

El escritor parecía hasta hace poco un elegido, un semidios de lazos privilegiados con la inspiración divina proveniente del más allá. Hoy, sin embargo, miles de escuelas enseñan a escribir y ser autor de libros como una actividad artesana más. El oficio de escritor, como el de pintor, son oficios al estilo de los demás y quien posee, además, talento o genio al practicarlos, destaca en sus producciones. No deja por eso, sin embargo, de seguir siendo ser un productor, un mero trabajador del oficio y un ser humano como todos los demás. El culto al escritor, el culto al artista, la veneración, pertenece al pasado. Anacrónico, vetusto, beato, la adoración prestada al artista corresponde a un tiempo en que el arte sustituyó a la religión y la llamada inspiración a las revelaciones del cielo.

Por lo general todos los artistas sufrían entonces al crear, se inmolaban en el alumbramiento de la obra de arte, se comportaban a la manera abnegada y romántica de minicristos que arruinaban su salud, su hacienda y hasta sus amores para entregar a la Humanidad una obra maestra. Una suerte muestra divina que permitía saborear la salvación eterna, fuera por la belleza sublime, la oferta de libertad o la provisión de conocimientos deslumbradores.

Esta leyenda, aunque gastada, sigue arrastrándose todavía y, lo que es más grotesco: proclamada aún por algunos autores. De esta farsa, en suma, es ya hora de escapar y, en la emancipación, conseguir una libertad no estrechamente dependiente del don del artista sino que gracias a conservar la independencia de la mente, la obra se juzgue como artículo humano, mejor, peor, superior, inferior, común o excepcional. Y ni solo un paso más.

[Publicado el 24/4/2008 a las 12:00]

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Rafael Lozano

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El doctor Rafael Lozano

No conocí mucho al doctor Lozano que murió anteayer, y a quien mi amigo Juan Cruz veneraba. No estuve con él más de dos o tres veces pero siempre, a través de Juan, hice una interpretación gloriosa de los poderes que poseía. Era él una armoniosa suma de facultades orientadas a procurar la curación y parecía que lo lograba como un don, natural y elaborado, fundado en el bien universal. No solamente trascendía generosidad y confortabilidad absolutas, daba además la sensación de dominar el secreto de la salud para administrarlo benévolamente a quien se ponía en sus manos. Con la mayor humildad, sin hacer alarde de conocimiento superior, entregaba un magno saber básico que consistía, ante todo, en el amor por sentirse bien consigo. Curaba haciendo el bien y haciendo bueno al enfermo a través de su fe. El pensamiento torcido nos torcería, el pensamiento limpio nos depuraba. Su figura despedía siempre, sin importar su circunstancia, esta mágica suerte de pensamiento como agua natural y bajo cuyo influjo deseábamos dejarnos bañar y deshacernos así de todos los males. Unos males que veíamos entonces como absurdas adherencias y extrañas contracturas provocadas por nuestro propio yo torpe, egoísta, ansioso, desnortado. Rafael Lozano nos propiciaba la salud sin medicinas. El mismo, como médico entero, se constituía en una farmacia esencial. El gran medicamento de su presencia imponente y su palabra suave, la compañía terapéutica que nos sanaba por la directa imantación de su nobleza y su convincente verdad. La medicina tuvo durante su vida la oportunidad de revelarse como un elemento más que como una ciencia, más como un mundo asociado más con la paz que con la farmacopea, más con el humor que con el hospital, más, en fin con la plática que con la píldora y la cirugía.

[Publicado el 23/4/2008 a las 11:52]

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La entrevista

Si puede considerarse halagador y positivo ser solicitado para una entrevista en el periódico, no deben ser, de ningún modo, desestimados sus factores conflictivos. Toda persona madura da por sentado, siendo cabal, que la comunicación no termina nunca en el mensaje del emisor sino que el emisor tiene mucho que ver, con sus interpretaciones, en el resultado de lo transmitido. Tienen mucho "que ver" y, especialmente, tiene "mucho que decir".

Ese decir suyo, e insoslayable, de quien escucha (aun en el mayor silencio) se mezcla con lo dicho por el entrevistado y al fin se deduce un producto mixto o mixtificado que no coincide ni con uno ni con otro de los interlocutores. La locución se ha vuelto traducción, "traslación". "extravío", y a la vez azaroso rebote que raramente dejará las cosas invariadas. Los dos polos de la comunicación introducen en el sentido común de las palabras sus significados particulares y sólo excepcionalmente se hallarán sintonizados para coincidir en su significación.  La idea romántica de entenderse sin necesidad de hablar contribuye a calcular el desbarajuste que necesariamente se efectúa cuando se habla y no poco. Entenderse sin hablar conlleva una intelección del otro sin la toxina del texto ni el enredo del vocabulario a descifrar porque siempre el acto de descodificación, por cuidadoso que sea, afectará sensiblemente al lenguaje. Con estos presupuestos debe enfrentarse el sujeto entrevistado. Poco de lo que se exprese será consignado con la mínima fidelidad y apenas una porción de lo que se diga -la porción que coincide con la opinión establecida de antemano en el entrevistador- se verá reflejada. El suceso de la entrevista alecciona puntualmente sobre la comunicación hablada en general y en todos sus extremos. Creemos haber sido escuchados mediante nuestras palabras cuando nuestras palabras, una vez pronunciadas, no son elementos autónomos sino estímulos que pulsan sobre los resortes del otro y hacen sonar una secuencia que, al cabo, depende tanto de la partitura como del objeto musical que la difunde. El resultado final es, en consecuencia, impredecible y lo único que podrá  considerarse garantizado será justamente su extrañeza o su desbarajuste.

[Publicado el 22/4/2008 a las 10:30]

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Los jet-lags

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El avión no pita. A diferencia del tren, el coche o internet, el avión apenas ha aumentado su velocidad a lo largo de varias décadas. Como consecuencia, se registra la paradoja que al igual que antes el coche, el transiberiaino o la carreta tirada por mulas, un viaje largo en avión equivale a contraer una auténtica enfermedad. Décadas y décadas sin que el avión supere los 900 kilómetros por hora de media lo que siendo una alivio en trayectos domésticos -sin contar las penalidades antes y después del embarque- convierte en un cruel martirio los vuelos transoceánicos. De aquí para allá y de allá para aquí el viaje acaba infligiendo un fardo de malestar general apegado al cuerpo en todas sus distintas porciones, lo que denota el anacronismo de su prestación y, lo que es lo mismo, el fracaso de esta tecnología para procurarnos el normal cruce del espacio sin sufrir el terrible castigo del tiempo. O viceversa.

En suma, cada pasajero es desembarcado en el punto de destino con un malestar general y durable a la manera de haber sufrido la penalidad de un desplazamiento tan imperfecto como mal resuelto.

Las líneas aéreas, los empresarios de la aviación, las autoridades nacionales e internacionales, se comportan ante este problema mundial como si no sucediera nada del otro mundo. Ocurre, sin embargo, que todo pertenece, efectivamente, a la insufrible presencia del otro mundo. De un mundo caducado e incoherente que ante el paradigma contemporáneo de la comunicación súbita y total se comporta rarificando las conexiones y castigando la salud del viajero. Se comporta, de hecho, con una funcionalidad propia de otra época, del tiempo en que todo jet-lag se aceptaba por el culto al vuelo y su actual realidad que remeda los penosos desplazamientos de las viejas carreteras y los vetustos cacharros, nos parecía el no va más. Pero ahora, contrariamente, "no va a más", no pita y nos quebranta con su inconfortabilidad, su lentitud y su insoportable incompetencia.

[Publicado el 21/4/2008 a las 12:00]

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La crisis negra

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Desfile de modelos en la zona comercial de la nueva terminal de Barajas

Los negros augurios sobre el porvenir económico han potenciado la explosión del negro en los vestidos, las joyas, los frascos de perfumes y los tintes de los materiales más diversos.

La ecuación que relacionaba los tiempos de la depresión con la falda larga y los de prosperidad con la minifalda, se complementan con el recurso al negro como color del no color, como el estar aquí pero sin ser visto a la manera de la máxima protección contra la tragedia.

El negro que se lleva y encubre, opera como un luto apropiado a  la situación y como un cero de sí, una vacuna contra la muerte.

Su elegancia extrae precisamente de la muerte su prestancia pero, a la vez, de la nada su inacción. "No hay nada decisivo que hacer" resulta ser  la consigna común en los pronósticos sobre la recesión.

Más dura, más suave, su carácter fatal lo preside todo. Tanta fatalidad, además, en el anuncio de la fatalidad que su realidad se cumple antes de que le llegara la hora. Las viviendas, se dice, bajarán un 15 o un 20% y desde ese momento el comprador se retrae y el descenso se precipita.

Así se desarrollan todas las depresiones económicas que teniendo su causa en la recesión llegan a lo más depresivo por el negro presagio de la depresión. El pesimismo induce a la inactividad y la inacción a la fatal dejación, al abandono de la esperanza y su color.  En todo este ciclo, el negro concentra la redundancia del miedo, el color se empapa del triste color y la ocultación ante el mal encuentra su correlato en la profundidad de la gruta, el enterramiento o el negro absoluto de la celebración ciega.  El negro actual de Balenciaga, de Nicolas Ghesquière, de Narciso Rodríguez o de Christian Lacroix. Buena parte de las películas que ahora se estrenan son cine negro o tienden a él,  en la pintura o en la foto regresa el negro como insignia de actualidad. Incluso la máxima presencia de la China olímpica ¿qué es sino la terrible masa de su laca negra y el interminable laberinto de su grafismo negro total? 

[Publicado el 18/4/2008 a las 11:00]

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La ignorancia

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La ignorancia actúa como una carcoma. Posee su forma, la forma de una oruga, y se entromete en los conocimientos para generar agujeros de pasmo y creciente dolor.

Pero existen dos clases de ignorancia. Una pasiva que se relaciona con el quehacer propio del animal ignaro, sin pretensiones. Y otra activa, en la que el animal se supone suficiente y emplea una eficaz energía para manifestarse y transformar su presencia en amenaza.

Esta ignorancia que cunde desde las revistas a la televisión, desde la red a los periódicos, produce un malestar inclemente en la actualidad de la vida y su cultura. Crea una dolencia infame que difícilmente encuentra paliativos en nada.

La jactanciosa presencia de la ignorancia, su representación vehemente desprende vectores sobre la superficie del sistema, establece relaciones perversas entre los conceptos, confunde las palabras y los datos y tiende, en suma, a conformar un universo propio y caótico muy eficaz para quebrar la mente y la confianza en toda información, toda afirmación, todo diagnóstico. Tal estado maléfico que debería arruinarse en su propia miseria crece sin embargo a pesar de la enfermedad que potencia. Crece como una monstruosidad que se alimenta de sus aberraciones, como una plantación que se autofecunda de su cieno, como una orografía que extrae de la anfractuosidad otra nueva y de cualquier tortuosidad la base para edificar la deformidad del nuevo edificio que cimenta.

No hay modo de neutralizar la fuerza de este mal, esta plaga, esta teratología en ascenso. Los correctores de texto en las redacciones, los supervisores en las editoriales, los académicos en sus enciclopedias, los maestros en sus aulas, los organismos internacionales en sus vigilancias, son insuficientes para contrarrestar el exuberante desarrollo de la ignorancia que ya no consiste en fallos o agujeros en esto o aquello sino que constituyen otra expresión de la generalidad, otra formación global y paralela que aumenta al costado del saber y para instituirse como gran saber alternativo. ¿El saber de la oscuridad? La oscuridad del saber. El fin absoluto de las Luces.

[Publicado el 17/4/2008 a las 10:25]

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Moribundos

El moribundo fue antes un ser que, entre tumbos contra el espacio invisible, rondaba el cercano momento de perecer. Ese moribundo yaciendo en la batalla, en el hospital o en el lecho doméstico, apenas se movía ni poseía esperanza alguna de curación. Su ubicación, tanto en el concepto social como en la realidad física, lo situaba en un irreversible preámbulo de la muerte, un espacio angosto donde apenas podía accionar su cuerpo ni su pensamiento. El moribundo llevaba a la convicción de que su muerte se hallaba a un paso, inmediata y segura, y que no disponía, en adelante, de una válida comunicación con los demás, ni emitía mensajes ni se hallaba en condiciones de comprender.

/upload/fotos/blogs_entradas/paseando_en_la_playa_med.jpgHoy, en cambio, el moribundo se presenta numeroso  e instalado en los hogares o las residencias, en los paseos o las playas, con una carta de legitimación vital que, debido a su   valor y  su número, ha determinado la emergencia general de una nueva subespecie humana. Estos moribundos no van a morir enseguida, pero aunque fueran a morir pronto pero se les trata efectivamente como si no fueran a morir. Se les trata de convencer incluso de que no hay muerte para ellos. En el ideal que se les imparte su vida no acabaría  jamás puesto que todos sus cuidadores, familiares o no, le discuten continuamente, vigorosamente, sus presagios luctuosas y niegan la importancia de la dolencia que acaso les estrangula. Todos, en fin, tienden a animarle para que no piense ni un segundo en su muerte, negada en su proximidad o en su indeterminación lejana.

Esta grey, en fin, de hombres y mujeres envejecidos con apenas fuerzas y nulo aliciente para pasar las jornadas ambulan por las estancias de la casa, da los  paseos o los parques para regresar más tarde a su cama o su sillón. En conjunto componen una populosa legión que requiere grandes atenciones,  cuidados médicos y entregas afectivas porque, en efecto, aunque todo lo indique, su consideración no se incluye en la noción de moribundos sino tan sólo de personas mayores, ancianos que se mantienen, natural o artificialmente, en una asíntota vital que se desenlazará no en forma de cadáver derivado de lo  moribundo sino en la planicie de un cuerpo con cefalograma plano o en la insignificancia simbólica de un anónimo puñado de cenizas.

[Publicado el 16/4/2008 a las 11:12]

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El amateur

/upload/fotos/blogs_entradas/despertador_para_ipod_med.jpgAunque parezca extraño son los amateurs y no los profesionales quienes inventan en proporción mayor. De hecho los grandes cambios tecnológicos en la comunicación desde el Mac al Google, desde Myspace al iPod,  han sido obra de muchachos sin demasiada experiencia. El debutante crea más novedad que el veterano y el amateur, incluso en pintura, escritura o cine, se halla a menudo en condiciones de inaugurar un producto que el conspicuo poseedor del oficio, ¿"el oficinista"?, no será capaz de desarrollar. Una dosis precisa de ignorancia es indispensable para el atrevimiento y una dosis milagrosa de osadía sin destino puede convertirse en la perla de la renovación. La serendipity o el hallazgo por casualidad requiere no sólo dar con la joya  sino distinguirla en la maleza. La visión de lo distinto, el valor de lo insólito debe formar parte de la investigación pero al cabo, el investigador muy curtido y asandareado, fatigado y obsesivo, reduce indeliberadmente, el ángulo del punto de vista. El amateur puede carecer de la hondura de conocimientos del veterano pero la superficialidad le procura ventajas para el panorama y el patinaje, ocasiones para ir de aquí y allá, para contrastar esto y aquello o, en definitiva, para ver la verdad de la actualidad en su estreno de la óptica.

[Publicado el 15/4/2008 a las 10:14]

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Dolor de cabeza matutino

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Los dolores de cabeza que se padecen al despertar son los peores. Los más obstinados y resistentes a cualquier tipo de medicación. Proceden de algún punto nocturno donde brotaron sigilosamente y se establecieron sin amenaza. Luego acamparon y hasta cierto punto asumieron, gradualmente, que ese espacio oscuro era suyo y no se hallaba expuesto a ningún saqueo del exterior. El sujeto sobre el que se depositaron cautelosamente dormía y se dejaba, por tanto hacer, de manera parecida a los muertos o los animales malheridos ante los carroñeros.

El dolor de cabeza anida en esa testa pasiva de manera similar a la fijación de los carnívoros recreándose sobre la pieza en la sabana y de acuerdo a la documentación que nos proporciona diariamente en las sobremesas los reportajes de la televisión. En esa tarea de fijar sus dentaduras sobre los tegumentos podrían emplear un tiempo largo o inhumano, exageradamente detallado en la degustación de las carnes, los jugos y los tendones, en la tenaz profundización de sus fauces dentro de la cavidad estomacal, tan embelesados en el sabor fresco de su presa sangrienta como largamente enviciados en una circunstancia festiva que esperaban ansiosamente en la vaciedad de su ayuno. En esos casos exasperados la pieza, que ha dejado pronto de presentar resistencia y se presenta como moribunda o ya muerta, se deja comer sin traba alguna, deja hacer y permite que el destrozo se incremente hasta transformar su cuerpo en una composición donde el dolor no es un agregado exterior sino parte de su morfología. Del mismo modo, el dolor de cabeza matutino no se muestra como un acceso artificial que nos perturba y podrá espantarse con analgésicos y sedantes caseros, sino que se declara hincado en el cráneo con tal autoridad que acaso su naturaleza está iniciando una adherencia definitiva a nuestro mismo organismo y si continuara durante un tiempo prolongado sería indistinguible para siempre de nosotros mismos. ¿Cómo, en ese caso, llegar a separar la carne de su dolencia, la dolencia de su existencia? No cabe por tanto, sino aceptar, en mañanas como ésta, que el dolor de cabeza nos ha ganado el reino y que el sueño siempre tan vulnerable ha sufrido la mala suerte de que el dolor, como un díptero una garrapata del entorno, haya creado su hogar natural en nosotros y sólo su incontrolable voluntad será capaz de moverlo a otra parte. ¿Cuándo? Generalmente nunca durante las 24 o 48 horas siguientes. La recogida de sus enseres y su traslación requiere al menos de una o dos noches, en cuyo ciego interior el dolor pone en marcha su carromato que tan lenta como inexorablemente se dirige a residir en otro cráneo. O, simplemente, deambula por el ámbito celestial y desde donde planea sobre un sinfín de cuerpos soñadores e incautos.

[Publicado el 14/4/2008 a las 11:00]

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).

Bibliografía

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

/upload/fotos/obras/portada_no_ficcic3b3n1_med.jpg

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

Obras asociadas

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