La confianza en una persona resplandece más cuando irremediablemente se pierde. Toda ausencia ilumina cegadoramente el vacío de su falta. Todo vacío de la pérdida se comporta así como una cóncava incandescencia o, acaso, según se siente en el propio organismo, como una ahogo prolongado y sin evolución. Ese ahogo absoluto evoca el abismo de la pérdida. La violenta operación que se ha sufrido al ser ha extirpado el objeto donde nos asíamos y del ahora sentimos de qué modo constituía el sentido estabilizador y de qué modo su evaporación nos desespera. De hecho, todos los duelos, despiden una clase de atmósfera de dolor inasible y que sin duda sería más llevadera si se tradujera en materia u objeto pero justamente el padecimiento coincide con la imposibilidad de conseguir que ese dolor, trasunto del gozo, llegue a concretarse nunca. Su aire tóxico creece, ondula, nos estrangula y nos lleva casi hasta el desvanecimiento en correlación con la sustancia aérea e invisible que lo compone. De ahí el formidable dolor que provoca el ataque de la ausencia: la ausencia, por ejemplo, del órgano amputado, la muerte inexplicable del ser querido, la traición de la persona en quien habiendo depositado nuestro confiado amor deja tras su fuga la sensación de asfixia sin remedio.
[Publicado el 13/7/2009 a las 10:00]
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En los posibles aportes creativos de esta Crisis se encuentra uno, muy antiguo, primitivo más bien, que consiste en el bricolaje a la manera que lo estudió la antropología de Lévi Strauss. No se trataría tanto de descubrir conocimientos o explorar materiales desconocidos como en crear combinaciones inéditas. El bricolaje del que tanto uso se ha hecho empujado por la globalización emerge ahora como una acentuada oportunidad experimental. Mezclar comidas en la gastronomía de fusión, melodías en la música internacional, estilos en las pasarelas de Milán, ha sido una práctica muy corriente. La diferencia con el bricolaje que nacería en este tiempo es que mientras el otro significaba un juego retórico y se inspiraba en la moda el actual procedería de la necesidad a secas y procedería del quehacer utilitario. El mundo de las reparaciones artesanales en barrios o pueblos pobres ha ido produciendo gran cantidad de objetos y soluciones funcionales cuyo origen es la menesterosidad y cuyo efecto es la invención. Ivan Illich habló sin descanso en sus libros sobre educación, energía o medicina de esta clase de alternativas que no sólo admiran por su genialidad sino por la virtud de mejorar el genio o el talante de la especie.
[Publicado el 09/7/2009 a las 09:00]
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Mañana, 9 de julio, celebramos en la Fundación Miró de Palma de Mallorca un seminario titulado "La creatividad de la escasez".
"El hambre aguza el ingenio" se piensa de inmediato pero no es sólo el ingenio el que se aguza con la necesidad y concibe a través de esa carencia otros modos de sobrevivir. La escasez de por sí puede ser sólo mísera y desmoralizadora, el hambre a secas diseca la imaginación cuando no la vida entera.
La "escasez" o esta actual crisis económica promoverá o no el ingenio en la medida en que su condición se comporte como una circunstancia propia y nueva, no como un subproducto de lo anterior. Tras la circunstancia de la superproducción, la especulación, el delirio o la orgía, aparece la circunstancia del paro, la austeridad, los precios rebajados pero también el ascenso de una realidad nueva cuya misma novedad puede actuar como un estímulo del conocimiento. La escasez tras la abundancia puede tomarse sólo como desdicha, pero el cambio mismo, el cambio profundo, puede ser el abono de una insólita creación. Y así ha venido sucediendo en otros periodos parecidos de la historia ¿Una creación nueva y mejor? ¿Una creación desvalida y peor? Una creación, en principio, de otro orden que por el mismo hecho de serlo provoca excitación, curiosidad, ocasión para pensar y diseñar de otra manera. De otro modo aún en ciernes y en consonancia con los nuevos fenómenos que al presentarse con firmeza requieren tratamientos distintos y en la dialéctica con ellos, generan fuerzas y estilos diferentes, sea en el arte, en la estrategia empresarial, en la organización social, en la ética y en la vida sexual. De esta consternación tan importante como la colosal magnitud de la Crisis presente se deriva indefectiblemente el nacimiento de otra época.
Hay acontecimientos, percances, accidentes históricos que matizan el tiempo y otros, más decisivos por su oportunidad y su relevancia, que cambian la época. De esta categoría viene a ser cuanto está sucediendo a hora y partir de la Gran Crisis. Crisis no sólo del sistema financiero cuya reparación dejaría inalteradas las cuestiones más importantes sino crisis de un modelo de crecimiento y convivencia. Crisis no de las regulaciones económicas o de la competencia de los bancos y sus supervisores centrales ,sino crisis, a la vez, de componentes emocionales, desiderativos, morales y culturales que conjugándose forman el sistema capitalista completo.
Esta es una crisis "sistémica" declaran los economistas pero tan sólo para referirse a la crisis del sistema económico. Sólo para explorar la hecatombe como un fallo economicista, sólo para revelar la banalidad de este análisis que se fija apenas en una parcela del conflicto. Porque ¿cómo pensar, cómo concebir aún someramente, a estas alturas, que el sistema económico actúa como un órgano autónomo? La enfermedad "sistémica" indica no un malfuncionamiento del sistema económico mismo sino un síntoma del organismo general donde vivimos, amamos, compramos, deseamos o morimos. Una señal tan poderosa ya que nos advierte sobre la presencia de una patología no acantonada en una parcela del conjunto sino que, expresada su gran magnitud, constatada su infernal profundidad y declarada su incalculable duración, afecta a la totalidad del sistema general por el que pensamos, tasamos, deseamos o nos compadecemos.
En los tiempos de la física newtoniana y el imperio del mecanicismo una avería del cuerpo (en cuanto metáfora del motor) parecía posible resolverla cambiando el órgano o la pieza concreta. En los tiempos de la teoría de la complejidad y el saber de la sociedad compleja cada parte de ella acaba siendo mucho menos importante que las relaciones de las partes entre sí. Loo mismo que en el cerebro o en la genética no son tan importantes las neuronas o los genes singularizados como las interconexiones que se despliegan entre ellos. No hay pues reparación cabal y duradera sustituyendo la pieza que se cree afectada singularmente. El diagnóstico de cualquier crisis debe referirse a la totalidad interactiva y, en consecuencia, cualquier posible solución requiere tanto una aproximación integral y un cuestionamiento general del funcionamiento como un progresivo entendimiento del inesperado caos sobrevenido. Como no hay enfermedad de un solo órgano sino enfermedad del individuo integral, no hay un defecto aislable que perfeccionado permita recobrar su antiguo ser.
Los fallos de la red, son fallos de conexiones y, en su extremo, cuando el sistema se desploma no bastará ya con cambiar sus plomos. Será otro diseño y otros materiales, otro funcionamiento innovador el que permita con su excitada creatividad superar los problemas y propiciar a una realidad todavía inédita. La escasez, en suma, no es la simple falta de lo que antes se tenía, sino la señal de lo que ahora hace falta crear para conseguir un porvenir de mayor valía.
[Publicado el 07/7/2009 a las 13:43]
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Nos acordamos con gran dolor de quienes quisimos y ya han muerto, pero la muerte llega a ser aún más intensa que nuestro dolor. En su interior, la densidad de la atmósfera es incomparablemente mayor que nuestra infinita melancolía y, al cabo, hace del ser que amamos más una parte leve de su mundo paradójicamente más decisiva que la gravedad del nuestro. Al evocarlos, los muertos que amamos tanto, traspasan fácilmente la barrera de su desaparición y llegan a nosotros enseguida, pero al llegar carecen por completo de peso o de realidad, esa carga central de la que les ha desposeído la muerte para siempre. Ese potente y odioso mundo, en fin, succiona para sí el espesor de nuestros seres queridos y apenas nos permite recuperar una descolorida lámina de ellos. Son ellos, sin duda, pero inexplicablemente simplificados y casi transparentes, desprovistos de olor y de peso, de toda temperatura capaz de abrazarnos cuando intentamos abrazarlos, de toda habla para responder cuando les hablamos. Seres que perviven siempre pero sólo dentro del autoclave de la muerte. Siguen vivos allí pero sólo en cuanto han permutado su cuerpo por la estela de su desaparición. Siguen vivos en la muerte pero ya, para siempre, serán de una humanidad casi insípida, materia prima de la mortalidad, laminada para apilarse en el colosal almacén de la muerte.
[Publicado el 06/7/2009 a las 09:35]
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Los hijos son tiranos. No siempre, puesto que morirían como moscas de su propia tiranidad, pero sí lo son durante una fase larga de la adolescencia, y antes y un poco después de ella. Así como las mujeres, pese a la igualación, disponen en su época joven de un formidable "poder sexual", los hijos, pese a su afán de independencia, ejercen con un formidable poder filial.
El padre ya no manda, no desea mandar para evitar descalificarse en el feo ejercicio de autoridad, mientras el hijo, paralelamente se cualifica en el papel de amo de la relación.
Desorientados, presas de la confusión entre el amor y el deber, entre la paternidad y la responsabilidad, millones de padres del mundo occidental balbucean sobre conceptos y estrategias para hacerse querer y respetar. Pero ¿y si los hijos, en este momento de la evolución, no aman ni respetan tanto a los padres como antes y si, en cambio, los gobiernan mediante un surtido de inauditas estratagemas muy difíciles de desarmar?
Pero, también, ¿han elegido este papel los hijos o han ocupado el territorio que los padres abandonaron, avergonzados de su autoridad ¿Se ha desplazado en fin, la antigua tiranía de los padres a la tiranía delos hijos como si esta relación no fuera posible sin una factura dictadorial? No es descartable, puesto que si de la tiranía paterna acababa derivándose una feliz emancipación del descendiente, de la tiranía filial se deduce una soleada liberación de la paternidad. Una liberación hasta ahora desconocida insólita puesto que la historia a sostenido el inquebrantable, interminable, indesmayable, amor de los padres por los hijos u viceversa pero ¿por qué no moderar esta férrea ligazón que tantas tragedias conlleva? En una y otra dirección el adolescente tirano del siglo XX o el tirano padre burgués del siglo XX general, a través de su respectiva subversión, dos movimientos de libertad personal. El hijo desprendido de aquella terrible imposición del padre que tanto condicionaba el porvenir, y el padre desprendido ahora de la esclavitud que le impone el hijo y que ha hecho tanto llorar.
[Publicado el 03/7/2009 a las 09:00]
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De expresarse sobre un determinado asunto de una manera serena a gozar, voluptuosamente, de una abordaje violento discurre un mundo. El tajante reproche al otro, el extremo juicio sobre uno mismo, la precipitada decisión de ruptura o de inmersión, tatúan decisivamente el futuro. Entre la actuación de una mente más o menos fría a la de otra en plena ignición se despliegan consecuencias tan dispares como irremediables.
La fuerza de la agresividad agresiva contribuirá a abrir o abatir portones que permanecían cerrados pero también, inesperadamente, el tren de la agresividad sobrevenido de un viejo rencor, el súbito sufrimiento de una injusticia o la insoportable torpeza del prójimo llevan, a través de la reacción violenta, a desbaratar el panorama precedente, partirlo en pedazos y arrojarnos, acaso, en un imprevisible vertedero. La ira ciega los ojos. Los ojos que la ira ciega son incapaces de vislumbrar el extraño abismo del porvenir y el porvenir se transforma en un presente activo que se nos echa encima como una fiera nacida de los nuevos espacios sin control. Porque qué violencia de alguna calidad estimable, qué fiera, admite control. Pero, a la vez, amando la embriaguez de la cólera, ¿cómo compaginar el vivo sabor de lo violento con el posterior paladar de lo cabal? La violencia se desborda y en sus manos, generalmente, deformadas por el fuego, el objeto se hace trizas. El conflicto se complica de este modo aún más puesto que ninguna violencia contribuye a desalojar una tara sino que se alía naturalmente con la turbulencia y nos embolica, nos hace ser la desdichada música rota, la materia en pedazos, de todos los episodios que vivimos con permanente dolor.
[Publicado el 01/7/2009 a las 10:05]
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Queridos amigos blogueros: nunca antes me he dirigido directamente a vosotros pero he caído últimamente en la cuenta que tanto las opiniones positivas o negativas respecto a mis textos o sobre los textos del grupo, son, trabadas entre sí, una buenísima manera de construir un discurso complejo al que recientemente me he referido en El capitalismo funeral y que considero tanto un presagio, ya en marcha, de la formación general del conocimiento como la fundamentación parcial de un nuevo mundo. Con esta idea tras andar alrededor de un año tanteando con el tema de la AUSENCIA, me gustaría ahora seguir adelante con la atención a vuestras sugerencias y comentarios, directos o indirectos.
La idea central de este libro sería el diagnóstico de estos años como una época notablemente despojada de asideros y referencias fuertes, a la manera rotunda de hace menos de un siglo. Por supuesto pienso en las ideologías políticas ya desvanecidas pero también en la desaparición de los padres/padres, de las reglas rígidas, de los valores firmes y de tantos conceptos sean referidos a la moda, al arte, la fe o el sexo.
El lunes pasado, el comentario que hablaba de Lacan y su tesis en torno a "la mujer no existe" me hizo pensar en "desvanecimientos" estructurales que no se recobrarán. El desmayo de la cultura del libro, la borrosa idea de lo democrático, la creciente eliminación del intermediario intelectual o comercial, la abolición del lider, etcétera, son algunos ejemplos. En Estados Unidos compré hace diez años un libro de fotos centrado en los años cincuenta que se titulaba "Going, going...gone". Algo parecido a lo que ahora vamos contemplando, las cosas -muchas de ellas de importancia y otras más, simples cachivaches, aparatos o ambientes- se van, se van...se han ido.
El vacío es el gran tema para cualquier ensayo. No quisiera repetir un libro del tipo La era del vacío a lo Lipovetski. No habrá planteamiento moral ni descalificación de la banalidad, ¡ejercicios tan banales!
Me importa más el interior desasimiento que se registra en estos tiempos y que ilustra de una manera fuerte los desasimientos amorosos, en la pareja, en la familia, en las relaciones de amistad, en el trabajo o incluso en militancias políticas o religiosas. Pero además vivido fatalmente y sin sollozar por ello. El lazo se afloja y la vinculación se pierde o se debilita sustantivamente. La pérdida queda como la impronta de una época que estando dejar de ser aún no ha encontrado su sustitución en otra. Seguro que un nuevo modelo se está formando (como he tratado de exponer en Yo y tú, objetos de lujo y en El capitalismo funeral) pero el hiato existe, la oquedad es hoy, la ausencia es la protagonista y la eliminación de compromisos entrañables son el aire de la época. ¿Un aire que huele a nuevo, o un aire inodoro que tiende a una figurada esencia cero?
[Publicado el 26/6/2009 a las 10:21]
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La desaparición de alternativas al sistema social y político, tras el fracaso comunista, abrió una escena desencantada donde si todo era un mismo sistema el sistema gobernaría absolutamente los asideros por los que guiarse, discurrir o discutir. La religión en crisis, las utopías evaporadas, los valores extraviados, las jerarquías abatidas, la autoridad refutada, los padres, maestros y políticos desnortados, las instituciones desacreditadas y, además, el mismo crédito en su punto cero, han compuesto un círculo vano o una oquedad que recalca la proclamada falta de valores y prejuicios, la patraña del arte, el fin de la lealtad y el empleo fijo, el arrasamiento general de casi cualquier afianzamiento y, en consecuencia, el predominio del vacío, la vanidad y el concepto posmodern.
El posmodernismo fue así, desde finales de los años setenta, como la palabra ambigua que tapaba el desorden y designaba lo que en verdad no significaba nada tras el ambiguo fin de la modernidad. El fin de la modernidad y con ella la firmeza de las convicciones, la importancia de la política y la fe en la producción. Todo el arsenal de conceptos y referencias alternativas había quedado aparatosamente abatido con la caída del muro de Berlín y, en su lugar, sólo aparecía un solar. ¿Para levantar una nueva torre, un nuevo proyecto central? Nada de nada. Un gran solar destinado para especular. Especular o crear mediante un delirio de imágenes repetidas, reflejándose entre sí, el colapso de lo mismo en lo mismo, la Gran Crisis de época, no sólo financiera, sino la Gran Crisis del destino despojado de destino, alzándose el futuro como una figura sin rostro, donde se fundía el no saber qué hacer con el no saber en qué creer, "Otro mundo es posible". Otro mundo que ahora gana prestigio gracias a su ausencia. Su ausencia es la máxima atracción de su presencia sin realidad. No habiendo nada aquí, es probable que no haya tampoco nada allí pero la dificultad de comprobación del vacío es tanto mayor cuanto más lejos se sitúa y el acuciante anhelo de alguna perspectiva cabal hace ver en la ausencia la promesa de toda salvación. Una ausencia vivida en el desmoranamiento del mundo que nos dejó exangües o faltos de liquidez y de recursos sanos y una ausencia del recambio que puede o no llegar a ser. La vana espacialidad por la que discurrimos ahora sería igual a un mundo que perdida su sustantividad vive en una contingencia, grave o banal, arbitraria en fin, balanceándose en el olor de la ausencia. Una ausencia que, de seguir imperando terminará por ahogar cualquier vestigio de fe o provocará al fin un vómito por el que el cuerpo deducirá de su ya insoportable angustia el impulso para rehacer la calidad del menú.
[Publicado el 24/6/2009 a las 09:00]
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De los tiempos en que apenas se viajaba y hacer turismo daba lustre, el Caribe obtuvo su mitología central. Paraíso y Caribe se intercambiaban en un sinfín de postales con arenas blancas y aguas de color turquesa y esmeralda, suaves palmeras cocoteras y guirnaldas de flores por doquier. La experiencia ha mostrado, sin embargo, contra la belleza de esas fotos, la insoportable humedad fundida a cuarenta grados, los vientos casi incesantes que ciegan los ojos de arena purísima y las aguas esmeraldas donde apenas se nade o practique snorting la piel arde hasta temperaturas superiores a las de la gripe A.
El Caribe es una opción, cada vez más incómoda, sumada, de otro lado al jet lag. Frente a ello, las Islas Canarias, a dos horas o dos horas y media desde Madrid, con temperaturas y precios de dimensión humana es la alternativa que muchos peninsulares escogen atinadamente ahora. Son los viajeros más listos. Y, a la vez, quienes, como turistas, podrán escoger en una isla, como Lanzarote, una amenidad que multiplica por mil las delicias del coco-loco y la piña colada. Lanzarote es la gran opción y si no me he atrevido nunca a aconsejar destinos fijos no me resisto a la comparación. Pocos paisanos tan amables como los canarios, más emblemáticos del slow-food o el all slow pero también, sin duda, no se hallará un paisaje más protegido, mejor conservado y más volcánicamente impactante en toda España que el proporcionado por Lanzarote. Sea en la playa y en el interior, con coche, con camello, con bicicleta o paseando alrededor.
[Publicado el 22/6/2009 a las 11:22]
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En el libro que vengo leyendo, Confesiones de un burgués, de Sándor Márai, vuelve el asunto de experimentar dolor, ser desdichado o infeliz para convertirse en un verdadero creador. La idea de que la Creación por antonomasia es obra de un Dios que llega hasta el lacerante sacrificio de su Hijo para alcanzar la salvación humana, ha trufado también la creencia de que no se puede ser artista siendo feliz ni sin dolerte algo. Sándor Márai lo dice del mismo modo que todos aprendimos esta sentencia en nuestra juventud de escritores: "Si fueras feliz, ¿qué necesidad tendrías de escribir?" Escribir, componer música, pintar, lograr la gran obra de arte echa sus raíces en una desventura u otra. Unos escritores o músicos fueron tuberculosos, otros morían intoxicados por el alcohol, casi todos padecían los desgarros de alguna profunda herida psíquica, tan incurable como altamente productiva. El dolor brindaba importantes réditos mientras el placer arruinaba. De ese modo, se decía de la historia de algunos hombres que aquélla mujer a la que amó apasionadamente le llevó a la ruina. La mujer y el deleite constituían un grave peligro para la creación. Por el contrario, el malestar procuraba inspiración, la desesperación daba alas. ¿Puede seguir sosteniéndose algo así? Los creativos de la publicidad han sido los primeros ejemplos de una época donde el buen humor ayuda a triunfar y el bienestar del alma, en general, ayuda a conocer y comunicarse mejor. ¿Un cambio de época? No cabe duda. Un cambio de época que significa un cambio de valores y, en consecuencia, otra consideración de lo malo y lo mejor. El artista doliente hacía espectáculo de su interesante experiencia sacrificial, "divinizada". Pero hacer hoy cultivo y exposición del dolor ni seduce a los demás ni mucho menos se espera que el artista, hallándose en penosas condiciones, pueda rendir apropiadamente. A la idea religiosa de la creación a través de casi morir corporalmente en el intento, sucede la idea deportiva de la creación a partir de conseguir las mayores prestaciones en su proyecto.
[Publicado el 19/6/2009 a las 11:51]
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Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
09/2/2010 18:25
Publicado por: escarola
09/2/2010 15:17
No he podido antes pero gracias...
Publicado por: la tortuga varada
09/2/2010 14:20
Publicado por: descanso sin despertador
09/2/2010 14:15
Reposarse en el dormir profundo,...
Publicado por: descanso sin despertador,por favor.
09/2/2010 13:04
Publicado por: escarola
09/2/2010 12:40
La cama, de noche, se conjuga...
Publicado por: Asun
09/2/2010 12:13
Publicado por: Asun
09/2/2010 03:40
Publicado por: an2an
09/2/2010 01:06
Publicado por: aliceenamoradita-ysinembargoonetti..
08/2/2010 22:18
Invictus parece responder a la...
Publicado por: secuencia
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