El texting o lenguaje abreviado. Ha ya diccionarios texting-castellano,francés, ruso.
Desaparecen sobre todo las vocales. Siendo precisamente las vocales los sonidos matrices del habla, los primeros sonidos del bebé.
De ese lenguaje en proceso que apuntalan las vocales se llega al lenguaje técnico de las consonantes. Los vacíos son los vacíos sentimentales que representan las vocales y permanecen los sonidos prácticos, mecánicos que conllevan las consonantes.
El lenguaje es comunicación y cambia con las formas tecnológicas de hacerlo. Los profesores están temiendo que los exámenes se escriban en texting puesto que no hay modo de negar que este es el lenguaje que se impone en las comunicaciones de jóvenes y que al cabo, para una prueba técnica en los exámenes, sería el más directo y efucaz. ¿Literatura? La literatura, ahora lo sabemos mejor, no se hallaba sobre todo en los adjetivos sino en la elocuencia del aeiou.
Twitter aporta una instantaneidad tanto a las redes sociales más flexibles como a las más densas: permite enviar y recibir en el móvil o en la computadora mensajes de 140 caracteres como máximo.
En inglés, twit quiere decir "imbécil" y "to twit "pinchar". To Twitter es "gorjear". Lenguajes como de pájaro, comidas como de pájaro, coitos como de pájaro. Pequeño, pequeño. Volando, volando. Todo parece estar dicho en un lenguaje de menos de 140 caracteres. Hablar y hablar era la terapia psicoanalítica, "la terapia de darle al pico". Gorjear es la terapia de picotear. El futurista Jamais Cascio sueña con un Twitter equipado de un robot virtual capaz de entender a qué mensajes prestamos atención y a cuáles no, para finalmente sortear todo lo que nos sirve y dejar únicamente lo que nos interesa.
Twitter permite, en definitiva, orientar velozmente la comunicación hacia la acción. Crear en el otro no un mundo de ensueños sino de operaciones. El lenguaje escrito, en fin, pasa de ser una materia prima del arte de la escritura para hacer de la escritura un dispositivo elemental, rayano en el lengua morse, remedando los pitidos cortos y largos aún menos complejos que el gorgeo y en consecuencia, necesariamente más repetitivos. La mente que recibe estos impactos se mueve en un recinto acotado o más acotado comparativamente al espacio que el lenguaje epistolar que se empleaba antes del SMS, la mensajería instantánea (IM) o incluso en los blogs que aunque hijos de las cartas o los diarios tienden a adoptar formal o informalmente el concepto del fragmento, el aforismo, o el haikú. O no: simplemente la forma de decir piando, de hablar mediante un vocabulario arteramente desprendido de materia con el fin de correr más. La velocidad es mutilación.
Pero podría llegarse incluso, como predice la universidad de Bioingeniería de Utah a pasar del cerebro a la mente las palabras pensadas pero no escritas. ¿Todas las palabras pensadas? Puede que sí o puede que no pero es obvio que cuanto más reducido sea el pensamiento, mas corta su frase, más elemental su expresión, más posibilidades habrá de establecer diálogo entre sujetos que no hablen, sólo piensen algo y se grabe a continuación en palabras esa pequeña meditación. Su uso valdría para permitir que personas afectadas de infarto cerebral, trauma o esclerosis lateral amiotrófica) dijeran algo. Algo efectivamente de carácter elemental
Los experimentos se hicieron con pacientes que leían varias veces cada una de las 10 palabras que podrían ser útiles a una persona con parálisis. Es decir: "si", "no", "caliente", "frio","hambriento", "sediento", "hola", "adiós", "más" y "menos". Al leerlas se registraon d´ñebiles señales cerebrales generadas por unos pocos miles de neuronas
El trabajo se publicó en la revista científica Journal of Neural Engineering y el equipo investigador se hallaba capitaneado por el profesor Bradley Greger. La noticia apareció en la prensa en otoño de 2010 (El País 8-9-2010).
[Publicado el 27/10/2010 a las 09:00]
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"El hombre es un aprendiz, el dolor es su maestro" escribió Alfred de Mussset. Un mismo dolor no es el mismo para cualquiera pero nunca llegará saberse sin esta afirmación tan obvia es mentira o es verdad. El dolor posee una condición propia. No es mi dolor nunca puesto que se presenta y se ausenta a su antojo. No es el dolor cuantificable puesto que siendo tan autónomo no conoce la vida sin la vida del otro. Paradójicamente el poder del dolor que se muestra con tanta arrogancia nos necesita. Somos esclavos del dolor crónico pero el dolor, especialmente crónico, pervive siendo nuestro dolor. No hay dolor en el dolor mismo. Hay dolor conmigo. O bien el dolor es un resultado de la unión del sujeto y ese objeto doloroso o tampoco es correcto considerarlo así. Efectivamente el dolor no se bve i se siente sino es con la mediación del cuerpo poero ¿quien puede evitar sentir que el dolor "le viene". ¿ Cómo hablar del dolor sin tenerlo por algo ajeno que, en las jaquecas, se pone en la cabeza o en los lumbagos se adhiere a la cintura? ¿O será que el dolor se halla dentro, estokado y nos dolemos cuando se remueve y ambula caprichosamente por nuestro interior?
Siendo así, viviríamos permanentemente habitados por el dolor. No se trataría así de un mal que sobreviene o nos golpea desde fuera, a tontas y a locas, como un badajo o una rueda excéntrica sino que desde dentro se incorpora y da cuenta de su presencia continua en su cantón. Unas veces quieto y silencioso en su escondite pero otras surgiendo y voceando afuera a través de nuestro aullido impregnado de él.
Su inesperada presencia en estos casos llega a ser de tanto asombro y valor que la tan querida e intensa presencia del ser. De hecho la importancia de su peso y de su aforo llega a ser decisiva cuando tras un episodio de tremendo sufrimiento el dolor cesa de golpe que podría creerse respecto al analgésico eficiente que en su acción ha realizado hasta una extirpación del yo. Porque en el lugar donde el dolor estaba clamando y ahora ya no ase oye nada parece haberse generado una ausencia absoluta.
La pérdida de placer, por súbita que sea, se registra como un regreso a la múltiple y común realidad de la vida pero la ausencia repentina del gran dolor dibuja un suerte de vacío absoluto una extraordinaria ausencia tal como si su retirada abriera una gran oquedad, anulación de vida y de muerte. Un vacío sin habla que si nos deja anestesiados nos abandona también en una exorbitada ausencia, desamparados en una transparencia de tal pureza que se asemeja al efecto de haber sido expurgados de todo lazo exterior o interior, desaparecidos nosotros también, como el dolor, en un océano de seres recién nacidos.
[Publicado el 26/10/2010 a las 09:00]
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La ausencia de apoyos en los que fundamentar la vida, tener orientaciones de lo bueno o lo malo, saber ver el mundo a través de un cañamazo de verdad se padece en casi todos los ámbitos. La razón más socorrida para explicarlo es la velocidad. Todo se hallaría sometido a una visión rápida y a una observación efímera de cuyos efectos solo cabe obtener confusión. Insuficiencia para ver lo que pasa mientras pasa a tal velocidad que se desfigura o se oculta.
Con esta velocidad que va acentuando la sucesión de fotogramas morales y reales, frente a la relativa permanencia de los valores nace, reactivamente, la relatividad de todo valor porque así acaba siendo su naturaleza.
Como efecto de la velocidad en los cambios de la tecnología o la ciencia, la incompresión de la superfinformación, la belleza de lo superfeo o el placer extremo de lo que fuera repudiado nos vemos abocados físicamente a la asunción del desorden. No lo entendemos como estructura, lo asumimos como fórmula o jaculatoria. Aceptamos este caos de forma improvisada e insegura, digamos que pasajera puesto que sería irresistible suponer que esta ausencia de guía continuará sin fin. La familia que se reestrura o se estructura de otro modo arrasa el modelo que nos proporcionaba claridad en la opinión, la sexualidad que se descompone, la política que se hunde o se corrompe, la falacia que habla desde la propaganda a la publicidad generan un magma del sí y el no en cuya ambivalencia nos desgarraríamos. La alternativa es la alternancia, la solución es la confusión. La confusión como forma de vida, la confusión como forma de arte, la confusión, como práctica para sobrevivir en lo que podría ser peor.
Este reino posmoderno y audiovisual donde con tanta coherencia se intercambia la verdad y la mentira, lo visto y lo no visto, la visión de lo invisible y la invisibilidad de la manipulación conduce finalmente a una postura en que el mismo caos es recreativo y el desorden una excitante moda del orden.
El recreo es lo contrario a la disciplina y la disciplina es lo correspondiente al rigor. Y ¿quién puede decir que esta época sea rigurosa o incluso medianamente rigurosa? La debacle económica se inserta en el panorama general de la ausencia del valor. No hay valor o no es igual a la certidumbre. Más bien, al revés, todo lo que ahora posee valor puede arruinarse en el momento siguiente. Ocurre lo mismo con la verdad política: todo lo que tajantemente se sostuvo en una declaración solemne se flexibiliza al punto de descaracterizarse para hallar el provechoso pacto con el rival. Las ideas se han vuelto de cera con tal de formar un sebo eficaz para los nuevos fines, ya sea mercantiles a secas o mercantiles con recreo. La fusión de una u otra opinión distintas, sostenidas aisladamente por verdaderas por sus adeptos se mezclan en el lazo, obviamente impuro, del consenso y su guisado, donde ambas desaparecen.
La idea fija, la fe de hierro, la obra maestra han dejado de ser elementos convenientes para vivir con cierta serenidad en nuestro tiempo. Más bien, en busca de un sosiego inteligente, se trataría de adoptar una actitud abierta, flexible, elástica, cerúlea para que el sujeto y su objeto se relacionen de la forma más pacífica. Y saludable. Ni la paternidad, ni la divinidad, ni la historia, ni el trabajo, ni la originalidad creativa, las clases sociales, los curas, el progreso o el Estado pertenecen a la lista de asideros que, dentro de unos límites, parecían protegidos del delirios y la fuerte epidemia del azar.
Más que calificar lo voluble de deshonroso, la veleidad ha alcanzado un rango especialmente apreciable en la tarea de entender el discurrir de la época. Y esto, además, podría resumirse en el hecho supremo de la hipervelocidad porque como consecuencia de ella, sobrevenida en la reciente evolución del mundo, lo esencial es demasiado pesado para circular deprisa mientras lo circunstancial es el convoy más apropiado para deslizarse sobre las incidencias volátiles.
Pero no sólo incidencias menores, aunque sean volátiles, sino incidencias y accidentes grandes de carácter terrorista (bélicas o económicas) que alteran súbitamente el sistema y ponen en cuestión la seguridad de su anclaje. Creer hoy en algo estable es perder el tiempo o haberse extraviado como un pánfilo que no ha advertido el cambio de estación. El arte es muy representativo de la veleidad contemporánea porque su valor hace años que no se apoya literalmente en nada que lo corrobore esencialmente. ¿El precio del mercado es su valor? Pero esto ya sería mucho. Sería, al menos, un valor comercial, contabilizable en dinero y descriptible por fuerzas reales de oferta y demanda. Sin embargo nada es ya así, artísticamente hablando. La inestabilidad forma el núcleo de la cotización y la hace deliberadamente sospechosa, esa cotización se excita del caos que deniega incluso el valor mercantil de la obra, supuestamente de arte. Supuestamente y no ciertamente puesto que sería inadmisible e inconsecuente que el aprecio hallara la posibilidad de algún apoyo real. Por antonomasia la obra debe poseer una naturaleza indefinible, insostenible, especulativa, propicia para eludir cualquier fijación.
Las monedas suben y bajan, los valores financieros se agrandan o se arruinan en una espiral de incertidumbres, desconfianzas, audacias, trampas, delitos y miedos globales. Y no estos factores considerados como efectivos negativos ni como fenómenos que adulteran el mundo del mercado sino como factores -ni positivos ni negativos- que configuran el universo de la actualidad.
De este desorden se generan escombros, pedazos de caos pero, sobre todo, se gesta un sistema que fabrica con dureza, gran intensidad y terrible velocidad verdugos y víctimas. Y víctimas -humanas o no- que no deben considerarse tampoco ahora como excrecencias o desechos del sistema sino como materia prima para el reciclaje del mismo sistema, combustibles para la siguiente jugada posible en la ausencia de orden, ausencia de postes, mojones, balizas o árbitros que tracen, aún superficialmente, el camino para seguir vivos sobre la insoluble ciénaga de la mentira y la verdad.
[Publicado el 25/10/2010 a las 09:00]
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"Lo bello ni nos gusta ni nos disgusta, nos detiene". La frase de un autor francés (sin nombre) que empleó un español y después otro en un breve periodo, permanece en la memoria como un latigazo. La sentencia está llena de defectos pero es difícil no aceptarla como perfecta. Su perfección es la perfección del desconcierto que a su vez lleva a los efectos característicos que causa la obra bella.
¿Y la monstruosa? Posiblemente sucede igual y la frase podría ser también apropiada pero el poder de la belleza, equivalente a la potencia de lo monstruoso, redondea precisamente la magnitud su efecto "aterrador". La belleza hiere y mata. "Nos detiene, dice el aforismo, en la medida en que nos apresa y en esa detención o apresamiento podría hacer con nosotros a su antojo. De este modo la frase, tan enérgica, remite a la bomba atómica que paraliza, anonada, nos priva de las facultades. Ella prevalece sobre los sentidos cono manifestación de un supersentido o un sinsentido. Un dios o un diablo, tan atrayentes como inexplicables, tan admirables como asesinos.
[Publicado el 22/10/2010 a las 10:00]
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La presencia y la ausencia no pueden concebirse como el haz y el envés de algo, sea social o natural. No hay esta doble cara a la que la mente se dirige alternativamente y excluyendo el término abandonado. Así como no hay presencia absoluta del otro, objeto o sujeto, no hay ausencia completa, ni siquiera tras la muerte. Por muy pura y efectiva que sea.
[Publicado el 21/10/2010 a las 09:00]
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La arquitectura posee una doble naturaleza. De un lado todo cuanto se construye crea una realidad que no existía previamente y con ello aumente la masa presencial del mundo. Pero, de otro lado, no pocas clases de arquitectura son arquitecturas relativas a la ausencia. Arquitectura que evocan algo desaparecido, tal como es el caso de los mausoleos o el ejemplo de los monumentos que incluso, en ocasiones, tratan de recordar una batalla y a sus legiones de hombres, objetos, ideas y arquitecturas desaparecidas. Ciudades físicas y culturales que pasaron al mundo de la ausencia y hacia cuyo paraje el monumento se adentra con el propósito de extraer y enaltecer su impalpable y evaporable memoria.
Con todo, por encima de las diferentes arquitecturas relacionadas con la ausencia, la mayor de todas ellas es la arquitectura de los templos dedicados a una o varias divinidades. A divinidades nunca vistas, nunca presenciadas y sobre las que, sin embargo, se realiza el calambur de admitirla presente y ausente en el termómetro de la fe. La arquitectura se erige en fin no tanto para recordar su presencia como para construirla y esto a pesar de que su presencia omnímoda y sagrada se tiene por el asidero fuerte al que acogerse, la presencia invisible y salvadora, la presencia consoladora y salvadora, la presencia polifuncional que, sin embargo, el monumento se propone fijar como si su cuerpo no existiera y se hallara ausente, no presente. Como si su cuerpo fuera evanescencia y su recuerdo una falacia nacida de la necesidad y el desamparo, la desolación o la misma ausencia.
[Publicado el 20/10/2010 a las 09:00]
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Como una maldición que van acentuando los días, a un lado y otro, van enfermando gravemente los amigos y las amigas. El cáncer es el principal causante de su deterioro y, a menudo, de su devastación en apenas unas semanas. Me miro en el espejo y aún me veo libre de ese ataque pero la intensidad de la sevicia ha llegado a ser tan asidua que no me parece más probable mi suerte que mi infortunio. Simplemente el infortunio parece un efecto de la edad aunque haya quien lo desmienta irresponsablemente. Porque viene a ser, en efecto, un estrecho correlato de la edad, un suceso prácticamente ineludible si se comprueba que ya a partir de los sesenta hay quien súbitamente aparece muerto en las esquelas. Estos han arrastrado el cáncer dos o más años, algunos unos meses, quizás.
Pero también, un ejército contiguo de parientes y conocidos que han cumplido los setenta se suman a los que abate el mal en la década anterior y, finalmente, mueren por pares aquellos maestros que cumplieron los ochenta y se despiden de nosotros como si ya hubiera terminado definitivamente la lección, hubiera concluido para siempre el aprendizaje y llegados a ese punto ¿qué justificará la continuidad de nuestra asistencia al aula? A la vida, en fin, que con ellos ha cerrado el último capítulo de su libro, su magisterio, su protección, el aire vital de nuestra propia existencia ya desescolarizada y, acaso, incluso ya descatalogada.
[Publicado el 19/10/2010 a las 09:00]
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No hay conciencia que no sea conciencia de algo. No hay sujeto sin objeto ni objeto sin sujeto. Esta tautología viene a ser sin embargo, el plasma vital.
No hay conciencia presente por sí misma, no hay conciencia de sí sin rebote en el objeto. No hay, en fin, conciencia que no se represente en objetos o simulaciones de objetos: imágenes, signos, cosas más o menos apropiadas, figuras triviales o abstractas. La conciencia y el sujeto se dicen en términos de cosas.
El recuerdo difiere de la representación por una cualidad: la cualidad de la vivencia. Mientras hay recuerdo, el pasado se enlaza con lo actual y conserva la vivacidad cambiante del presente. Lo cual no significa haber recobrado una presencia sometida a los avatares de las circunstancias presentes sino de haber construido una ausencia en la presencia. La ausencia se hace presente y participa de sus representaciones, de sus figuraciones y desfiguraciones. Y, un paso más, la ausencia experimenta también las circunstancias de la memoria y el olvido. Memoria de la ausencia, ¿olvido de la ausencia? La suma de la desmemoria y la desmaterialización componen un nuevo estadio del conocimiento, el sentimiento y la figuración. La ausencia de la ausencia, el sueño del sueño, el recuerdo del recuerdo son pares de una realidad desrealizada, parte de un mundo que vivimos sólo como inconsciente y que, sin embargo, pesa como el plomo, a su vez inconsciente, sobre el campo del porvenir.[Publicado el 18/10/2010 a las 10:57]
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A menudo se dice que está o aquélla novela es cinematográfica y, en no pocos casos, tal apreciación culmina después transformando el libro en guión y el guión en cine.
La literatura próxima al estilo cinematográfico rehuye la retórica, la reflexión pausada, las consideraciones del autor que en el cine serían un anticuado recurso a la voz en off. Por el contrario, las novelas de acción rápida, de peripecias y compuestas desde un punto de vista más objetivo hacen pensar, efectivamente, en su filmación.
La óptica narrativa del libro, desprendida de meditaciones expresas, conduce a la lente del cinematógrafo que basa su comunicación menos en la palabra que en la imagen y que resalta más una comunicación escénica, compuesta por el actor y su climax que por la oralidad. Esa novela despojada de introspecciones personales pero rica en situaciones clave conviene al cine y se adapta a sus características de síntesis y eficacia con extraordinaria fluidez.
Igualmente, en sentido inverso, una película "literaria" será aquella que asume del libro los conflictos subjetivos, las dudas o vacilaciones de la mente a través de estéticas expresionistas o, como sucede en determinadas películas muy habladas, acentuando el interés de los diálogos y la calidad tanto de sus contenidos como de su formulación. De este género, que ilustran tanto las cintas de Woody Allen como las de Rohmer quedan cada vez menos ejemplos puesto que hoy los ruidosos efectos especiales, la velocidad en los cambios de plano o la extrema brevedad de las secuencias, se muestran incompatibles con la recreación de una diatriba o el desarrollo de una prolongada conversación. El cine es sintético mientras la literatura es analítica en su base fundacional. Una escena cualquiera que en el cine ocuparía apenas dos minutos se convierte en diez o veinte páginas al escribirla sobre el papel. Una imagen dice más que mil palabras. Pero también, una palabra en medio de una secuencia oportuna, puede lograr, gracias a las variadas técnicas del cine, un impacto emocional e informativo mayor. Cine y literatura como antes pintura y fotografía mantienen una relación dialéctica de la que nacen productos híbridos, mixtificaciones creadoras que componen hoy, junto a la televisión, los vídeos y los recursos a la realidad virtual, la múltiple y más diversa oferta, hasta ahora inédita, en el universo audiovisual.
[Publicado el 15/10/2010 a las 09:00]
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Todo el desprestigio intelectual de la televisión ha logrado atenuarse gracias al lucimiento de muchas de sus nuevas series. El serial hizo a la radio más popular de lo que era y las nuevas series Las series son hoy, como casi todo, un artículo laico pero su consumo, dentro de un intervalo acotado, introduce una provisional regularidad en el desorden de la organización contemporánea. La serie reclama atención estable y pide, en contraste con la nueva cultura, una fidelidad continuada. De este modo la vida recibe esta oferta para la distracción que se convierte pronto en lo opuesto a un consumo distraído ya que tanto la serie como su seguidor se asocian en una peripecia que recorren tácitamente juntos.
De este modo, impensadamente, dentro del llamado "tiempo libre", el espectador compromete su libre ejercicio a la presencia puntual con la pantalla. Serie y espectador componen así una unidad cómplice que, como en otras uniones, exige lealtad.
Poco a poco, la serie se convierte así en una trama donde se traban las emociones personales y de cuya estimulación nace a la vez la adicción a ella. La serie demuestra seguir adelante a pesar de que no estemos presentes algún día, y parece que seguiría su destino ajeno a nuestra presencia. Pero no es realmente así: la serie pervivirá sólo en el caso en que nuestra presencia sea suficientemente grande puesto que una baja audiencia la mataría. Una audiencia abundante, en cambio, nuestra presencia entre muchas, la vivifica y le permite ¿Hasta cuándo? Acaso eternamente. Capítulo tras capítulo, el fin puede aplazarse indefinidamente y los espectadores "enganchados" a la misma historia pueden sentir que a semejanza de la narración que no tiene incluido el final ellos mismos podrían asistir sin término a una existencia sin la muerte dentro.
Las películas o los partidos concluyen en un par horas, los telediarios mueren siempre con el "tiempo". Contrariamente, los seriales empiezan pero no puede saberse cuándo acaban. Y si, encima, como va siendo el caso son productos de calidad, el disfrute inteligente mejora, la consideración personal prospera y la televisión, en fin, pasa de ser basura a ser sabrosa.
No se dispone de tiempo bastante para seguir al final del día o en la sobremesa un film o un telefilm pero la serie, presta y lista como es, conoce que lo fragmentario es contemporáneo, lo breve es correlato de lo cambiante, y lo cambiante es la regla de la clase de vida que vivimos. Vida a saltos de serial sin desenlace pre-escrito.
[Publicado el 14/10/2010 a las 10:05]
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Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
10/2/2012 11:23
sr. verdu;me encanta leer sus...
Publicado por: PJ
10/2/2012 10:27
La technologie et la science...
Publicado por: Pauline
08/2/2012 13:45
Publicado por: Un bárbaro
06/2/2012 12:08
El problema del Poder es ese,...
Publicado por: pepedamian
03/2/2012 18:31
Sartre se quedó en el discurso...
Publicado por: Un bárbaro
03/2/2012 13:24
Sobre el comentario de "z" y la...
Publicado por: pepe
02/2/2012 22:27
Publicado por: z
02/2/2012 14:24
De acuerdo con lo de la opinión...
Publicado por: Un bárbaro
02/2/2012 12:22
"El bien o el mal" ... Tal vez...
Publicado por: pepedamian
02/2/2012 10:51
Publicado por: la primera
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