El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
La inteligencia intuitiva no es ahora una novedad. No necesita ningún apoyo la teoría de que "el primer golpe de vista" da en el clavo o de que "la primera impresión" conduce a la conclusión profunda.
Siendo tan arriesgado predicar recetas, muchos creemos en que el dato obtenido de este modo fulgurante merece la máxima puntuación. En la escritura, en la pintura o el oficio del artista, en general, ocurre muy a menudo que tras dar vueltas a una solución constructiva la primera idea se impone como superior. La primera idea viene a ser la mejor idea. La primera idea es la de mayor autenticidad y entereza y todo cuanto procede de ella suele ser fecundo y hermoso.
Buscar deliberadamente una idea es de lo peor que hay. Es buscar el mal menor, el recurso mediocre perdido entre la mediocridad. La idea que sobreviene o salta tiene que ver, sin embargo, con una visión superior y no en el sentido de la trascendencia sino de la omnicomprensión.
Con una idea fuerte, sólo con esta idea enérgica, puede desarrollarse la mayor y más brillante complejidad. La complejidad más convincente y cierta. Atención pues a la idea que nos acomete. Atención a esta primera impresión. La idea se imprime como un cimiento sobre el que levantar el edificio, el aprecio, el juicio, el desdén o la decisión.
[Publicado el 14/5/2008 a las 10:31]
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La obcecación, que en otros aspectos de la vida, significa cerrazón, en el oficio del artista viene a ser el principal requisito para lograr un resultado convincente y, por lo general, fundacional. La obcecación, tomada en su versión más corriente, es sinónimo de un impedimento hacia la visión de diversas realidades mejores, pero en el sentido más especial de fijación o concentración sobre una idea evoca fértil el mundo de la incubación. La incubación se inscribe en la órbita de la obcecación, como también la obsesión, por patológica que llegue a parecer, alude a la polarizada disposición para dar a luz.
Los artistas no son ni menos ni más que los demás seres humanos. En numerosas ocasiones son menos debido a su enfermiza obsesión y en circunstancias excepcionales parece que son más porque gracias a la solidez de su obsesión obtienen un resultado insólito. Lo insólito que proviene de la exasperación de la idea y tras haberse convertido su fantasía objeto real. Las obras de arte son consolidaciones de una idea que, inflamada hasta la tumefacción, deriva en eyaculación. La densificación y abultamiento del concepto obsesivo alcanza el punto de su versión en material tangible y espeso. He aquí, además, la trayectoria de muchas pasiones que terminan definitivamente en realidad sustantiva y candeal.
[Publicado el 13/5/2008 a las 07:00]
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En la longitud no hay término medio. Vamos por un camino hacia un destino y comentamos que falta mucho o falta poco para llegar a él. No hay apenas experiencia del punto medio. El punto exacto que corresponde a la mitad pasa fugazmente y desde ese lugar, casi transparente, ya empieza a faltar poco. Antes todavía faltaba demasiado.
La vivencia de la distancia se hace imposible en su centro puesto que el centro es quietud y la distancia movimiento.
Pero de la misma manera sucede con la idea del tiempo que, en la representación del reloj se manifiesta como longitud y su metáfora primordial posee el carácter de un camino, de un trayecto o de una carrera. El tiempo que queda es mucho o poco, casi nunca mediano. Es así como experimentamos la vida, corta o larga, nunca ajustada ni apropiada. No hay medición que nos acomode serenamente a su cómputo. Somos más o menos que esa cantidad asignada. En general, nos creemos merecedores de mayor longitud pero, en determinadas circunstancias dolorosas, la existencia se prolonga demasiado. ¿Por qué no será de los seres humanos generarse conformados con la longitud de su último destino? Sin duda porque el destino no nos pertenece y como el lecho de Procusto se nos impone inhumana y cruelmente. Es trágico morir pero antes de morir la tragedia incesante consiste en no vivir confortablemente en la distancia.
[Publicado el 12/5/2008 a las 09:56]
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Los aficionados del Barça, aparte de desolados, se sienten desatendidos. Y no se sabe efectivamente qué es peor. Cuando el propio equipo gana y juega bien ante los rivales, el aficionado recibe una ración de afecto que en su regularidad compone un simbólico resguardo envolvente y amoroso. De tal efecto cordial los aficionados extraen la consecuente sensación de sentirse queridos y atendidos; y la vida, en general, se reblandece dentro de ese abrazo.
Todos los aficionados son como niños, son crueles como los niños y fantasiosos o cambiadizos como ellos. Se emboban cuando reciben goles o golosinas y se emberrenchinan en el caso de quedarse sin nada. Lo que hace sufrir a los aficionados del Barça o de otro equipo que concluya la temporada de este modo se representa en un imperdonable desamor. Y más, si no parece existir justificación alguna para este comportamiento tan ingrato, displicente incluso.
¿Cuál ha sido la razón de que el corazón del equipo se licuara, los ídolos se malversaran, la ilusión dejara de reinar en el vestuario? Más que una triste historia deportiva se trata de un mal de amor que sigue, para mayor pesar, de dos años de embeleso. ¿Por qué este repentino desapego de la plantilla? ¿A cuento de qué esta impensable laceración?
La respuesta pertenece a la misma dialéctica del amor. El amor cuenta cuando no se discute su armonía y así sólo el fútbol cuenta de verdad cuando más armónicamente irracional se representa. El desconsuelo del aficionado no encuentra ahora objeto donde depositar su desengaño. Pero, acaso, afortunadamente, porque enseguida el equipo se disipa, la plantilla se desmonta y el futuro inaugurará su dibujo desde el punto cero del olvido y la actual desolación.
[Publicado el 09/5/2008 a las 11:00]
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Chicas contra chicos, chicos contra chicas. Casi todas las mañanas es fácil encontrarse en el correo electrónico un chiste machista y otro feminista, una lista de invectivas contra el ser de las mujeres y una ristra de sarcasmos sobre la condición masculina. ¿De esto puede inducirse una guerra de sexos? ¿Una relación invariada que calca los prototipos reaccionarios de la época oscura? ¿Cambian las formas, cambian las ropas, cambian los cuerpos pero permanece el alma?
Un diagnóstico pesimista concluiría que el ejército patriarcal sigue resistiéndose con vesania a la igualdad de los sexos y a la liberación de la mujer, pero otro dictamen, con el que coincido, sentenciaría que esta nueva oleada de diferencias realiza, por fin, la anhelada igualdad de las posiciones y lenguajes.
La batalla se gana o se pierde, se declara la ofensiva o se reacciona contra ella, en un campo de lucha donde el uno y el otro, el defecto y la virtud, la añagaza o la opresión, cambian indiscriminadamente de lado. Pero la indiscriminación constituía, precisamente, la meta y en el intercambio, aún de improperios, se ha logrado el objetivo del trueque parejo. El intercambio de la pareja simétrica frente al intercambio desigual que caracterizaba la colonización sobre el tercer mundo o sobre el famoso segundo sexo. Un tercer sexo, ahora, necesitado de la colaboración de los otros dos crece como monumento a la mezcla de una combinación feliz, lograda a una temperatura similar y en el espacio de los estatus parecidos. Los choques en las actuales páginas de internet suenan con la misma onda escuchados desde uno u otro extremo y una vez que acabe la fácil demagogia de la violencia de un género sobre otro, aparecerá netamente la violencia intersexual sin adjetivos. Los restos siniestros del pasado y los brotes criminales del presente. Pero también la concordia, la complicidad y la gloria basada en dos pilares de la misma altura están cundiendo. Y, especialmente, el entendimiento para comprender cuándo la vida juntos se convierte en un mal fatal pero curable en la amplísima red del amor accesible y portátil.
[Publicado el 08/5/2008 a las 10:59]
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Toda la vida se ha considerado de valor la presencia simultánea y múltiple de los puntos de vista pero hoy se ha llegado mediante el manido constructo de las tertulias radiofónicas a la situación de que la eventual aproximación de las versiones en liza podrían atorar y hasta asfixiar el sentido de la emisión. Y no se trata sólo de que quienes conforman el grupo no provengan de culturas distantes y formaciones dispares sino de que la dinámica del programa repetido fuerza a una desidia próxima a la dejación. Lo conveniente será siempre manifestarse una y otra vez mediante opiniones diferenciadas pero se está corriendo el riesgo de que el tedio apelmace la disensión.
Para evitarlo, para impedir que los juicios sobrepuestos hagan inútil a uno u otro de los presentes, proliferan ahora los matices que sin ser importantes actúan como sucedáneos de la confrontación sustancia. De este modo, uno y otro de los contertulios se esfuerza en la detección del pormenor fútil, gracias al cual, se reproduce como un remedo las fisuras políticas. Cada línea de desacuerdo, por fina que sea, dibuja los perfiles de una parcela que será el perfil legitimador del tertuliano contratado. La conversación puede de este modo prolongarse casi indefinidamente puesto que la coincidencia se evita deliberadamente, obstinadamente y en defensa del empleo. La atracción del espacio se hundiría bajo el peso del acuerdo global mientras se sostiene en inestable equilibrio con las disensiones. No es prudente tirar mucho desde un lado ni acentuar en exceso el punto de vista pero más capital resulta sumar descuidadamente las perspectivas y provocar con ello el apagón. La discusión permanece encendida en tanto hay roces, la tertulia permanece viva en tanto una opinión no se encastra en la otra y juntas abocan al incesto mortal. El ten con ten es la base de la vana persistencia. El ten con ten, mantiene la tensión que discurre entre el incordio y la concordia, sin llegar a perder su circulación. Es tan capital el juego de la hemostasis dentro del grupo que, sin importar el asunto de que se trate, debe vigilarse este registro vital. En realidad, el asunto pasa, una y otra vez a un segundo lugar, puesto que el fin primordial de la función no será nunca la resolución o la cabal inteligencia del conflicto sino el somero cultivo del aire conflictivo convertido en la amenidad de la emisión.
[Publicado el 07/5/2008 a las 11:12]
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Se cometen tal cantidad de errores a lo largo de la vida que, en resumidas cuentas, la vida entera puede describirse como un aplastante error. Los exegetas simplifican o enmascaran el terrible arsenal de fallos extrayendo una lección bruñida y general como emblema de una existencia loable pero, bajo su capa, bullen realmente interminables desatinos, efectos indeseados, descontroles culpables o inocentes, una inmensa caterva de acciones por completo ignorantes de su peso, su longitud y su percusión.
En ese enjambre caótico hoza la existencia personal y colectiva. Y, finalmente, acaba sin mayor o menor ejemplaridad para los habitantes futuros. Todas las vidas ejemplares son creaciones de la imaginación de los hagiógrafos que ganan su modesto estipendio en este oficio biográfico donde, a la vez, cometen errores sucesivos, errores sin tasa, para desaparecer ellos mismos un día sin trascendencia mayor.
Lo vivido por millones de seres se halla acumulado como una masa a granel en la que, a menudo, nos esforzamos por identificar nuestros objetos personales, una cinta, una frase, un camafeo, un hijo preferido. Y este hijo, todavía adolescente, inicia ya su propio desarrollo vivencial envuelto en el error, incrementando la cifra de desafueros. Yerra ante su amada, yerra ante su profesión, yerra ante sí mismo, crea falsos juicios sobre las circunstancias y la historia, aberrados pareceres de su padre o sobre su madre que desesperadamente lo aman. Impulsado por una fuerza fatal, el hijo se comporta pronto en una profusa factoría de errores innumerables que se suman junto a los de las generaciones presentes y pasadas para componer la montaña mágica de la existencia, adorable, despiadada, acéfala. La existencia humana o el cuento de hadas del imaginario destino, la metafísica fingida y plateada de nuestra supuesta misión aquí.
[Publicado el 06/5/2008 a las 11:45]
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Una línea silenciosa fina escinde la cultura en dos. La parte de los que todavía persisten en el conspicuo amor al libro y esperan, además de su contribución los mayores beneficios intelectuales y la parte de quienes tienen al libro como un amable complemento entretenido, ni mejor ni peor que los demás productos de recreo. Los primeros se aferran a la página escrita, al volumen y su significada representación como una insignia del saber y de la excelencia, mientras los otros, reclamados por el múltiple interés audiovisual, toman al libro, el bestseller especialmente, como una contribución, más o menos excitante, a las pasajeras experiencias de entretenimiento. De un lado predomina la consideración respetuosa o sagrada y de otro el trato utilitario y secular.
Los librescos creen en la importancia del conocimiento a través de la lectura y siguen confiados en ella como vehículo de experiencias profundas, ricas o enaltecedoras. Los no libresco, que no toman a la lectura como la madre de todas las cosas sino como un allegado más, saborean la oferta impresa como un plato más en el múltiple menú del ocio.
Si el libro se pone pesado, el libro se lo pierde. Lo mismo que se hace respecto a la publicidad o la serie televisiva. El receptor ha dejado de ser un receptáculo más o menos sumiso para comportarse como una pieza de caza en continuo movimiento. Su desazón, relacionada con el clima de ansiedad general y consumo efímero, veloz y cambiante, define su estilo principal y a este elemento cambiante debe orientarse la oferta. La oferta cultural y la oferta de ropas, de entremeses, cereales o automóviles.
De hecho, la cultura ha ido perdiendo, a través de la cultura pop, su estatus y rueda por los entresijos del organismo de la existencia, la experiencia, el recreo y la consumición. Apenas queda lugar para el adorable monumento y cuando este erige materialmente en el centro de una plaza, posee hoy la morfología artística de los artefactos en los parques de atracciones y no la severidad de las celebraciones serias.
Lo serio, sea libro, película o lienzo, cae fácilmente en el ridículo dentro del aire general de lo intrascendente. ¿Hemos perdido el más allá? Hay un más allá pero se compone de una miriada de perdigones futuros. Futuros inmediatos, expuestos como metrallas, perceptibles como snacks, desechables como las cáscaras de los pistachos en el cóctel.
[Publicado el 05/5/2008 a las 10:53]
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El primer enamoramiento, el primer empleo, la boda, la jubilación, son etapas de la vida. Ojalá no terminaran nunca puesto que poseen, cada vez que llegan, el bisel luminoso de un renacimiento sin fin. Dejamos atrás una circunstancia y nos incorporamos al fino dibujo de otra. Lo nuevo aporta un valor puro, refrescante y salvífico. Todo lo nuevo, desde un objeto a un amor, desde una prenda a una vivienda, crea la fantasía de que con la inauguración creemos rozar la inmortalidad perdida. El primer paso en el linde del estreno sitúa en una esperanza blanca o infinita. Nada gastado, todo reciente e inmaculado, ninguna macha de decepción, ninguna sombra en la perspectiva.
Esta experiencia sólo puede compararse a la de ingresar en el paraíso o cuerpos fragantes por el estilo. En tal situación, envueltos en la belleza inaugural, cada cual viene a ser para sí una pieza sin tara, lavada de muerte. Una pieza liberada y ligera, tan ausente de la perturbación como libre de ataduras y asechanzas.
La nueva etapa transmite el bien de la transparencia, el aire de la bendición, la bonanza del perdón y la puerta abierta al reino absoluto. Se censura con impiedad la cultura de consumo pero ella significa el acentuado anhelo de no morir en lo ya existente y de lograr, mediante la novedad del objeto adquirido el efecto sucesivo de la novación. Nuevas etapas de relación con el objeto, figuraciones del sobjeto, sucedáneos de perdurabilidad infinita, que, de un lado brinda el perfume de lo nuevo y, de otra, se forma con la fantasía de una inédita narración entre él y yo.
[Publicado el 30/4/2008 a las 12:16]
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La pena se siente como una expectativa.
Esta sentencia, caída sobre la pantalla y que parece desdecir el lugar común de que el estado triste sólo contribuye a escarbar más hondo, posee -intuyo- una verdad interna que sólo este azar me ha permitido ver con nitidez. Porque, bien visto, ¿cómo no sentir que la pena establece una suerte de aplanada pista de despegue o, una peana, aún vacía, que deja sitio para lo mejor?
El mal y el bien pertenecen de hecho a una igual naturaleza y el pasadizo entre uno y otro es el más franco que imaginarse pueda. Del bien al mal y viceversa cunde una corriente de solidaridad y de expectativa. No hay bien que no proceda de una situación peor, ni mal que no crezca gracias a la dicha de antes. La pena opera así como el primer plano donde pueda posarse alguna dicha, mayor o menor, atraída precisamente por el señuelo del dolor. Puede parecer en efecto una tesis cruel o estrafalaria pero se trata simplemente de una ecuación biológica, el funcionamiento natural del sistema de nuestras vidas en las que nos salvamos gloriosamente de algún peligro de muerte y morimos sólo gracias a la presencia de vitalidad.
La pena se siente como una expectativa.
[Publicado el 29/4/2008 a las 10:40]
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Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Su libro más reciente es No Ficción (Anagrama, 2008).
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
16/5/2008 23:08
Publicado por: La primera impresión es la que regula el amor y la amistad
16/5/2008 21:52
Hola Vicente Primero de todo...
Publicado por: Xavi Rodrígeuz
16/5/2008 21:19
Publicado por: alicedd
16/5/2008 19:02
Estimado Vicente: Te escribo...
Publicado por: Gustavo
16/5/2008 17:15
Pero no se asuste ante tanta...
Publicado por: escarola
16/5/2008 16:34
Publicado por: escarola
16/5/2008 14:48
Un respeto a las fiestas me...
Publicado por: José Luis
16/5/2008 12:06
Publicado por: será posible
16/5/2008 09:20
Publicado por: escarola
16/5/2008 00:00
Publicado por: Kubelik
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