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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 30 de agosto de 2014

 Blog de Vicente Verdú

Pensar

Decía Heidegger. "Pensar es entrar en la proximidad de la distancia". Darse cuenta de esta formidable facultad del pensamiento pone los pelos de punta puesto que no sería el hoy -si el pensamiento se impone- más actual que el ayer ni tampoco tan  influyente y contagioso. El pasado llega como ocurre con los nacionalismos  a la manera de una marea de plomo candente. Plomo recién hervido que anegando lo presente lo deja fundido bajo su peso. El pensamiento, de por sí pesa mucho y concede toneladas al sentimiento fanático o no. Otorga espesura al sentimiento, da realidad a lo fantasmal, trae a la mesa los banquetes, imaginarios o no, que el tiempo convirtió  en cenizas. Porque el pensamiento es magra que engorda la carne y le confiere cuerpo entero a la memoria sin apenas apoyarse en la osamenta. Tan intenso y poderoso puede ser así el pensamiento que penetra el pretérito, lo horada, lo reforma y hasta lo cimenta en la nada. No había nada pero en su lugar una marea de lava es el mar donde bogamos aturdidos como inmortales. 

[Publicado el 31/7/2014 a las 10:53]

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El sagrado Pujol

A los más ofuscados de los  catalanes, políticos o no, les gusta argumentar ahora que el caso Pujol no es sino uno más dentro de la corrupción general y política de la época. Pero no, es sin embargo, así. No es, sin embargo, igual. Pujol no es Camps ni Fabra, ni Matas, seres mortales sin ninguna aura sagrada. Pujol ha sido el "muy honorable" o el honorable por antonomasia. No un simple chorizo sino la receta completa de la cocina que preparaba la Cataluña moderna según sus adoradores.

 

Que se corrompa otro político valenciano, gallego o gurteliano más no hace sino alargar el rosario que ya habíamos rezado hasta el hastío.  Lo de Pujol, en cambio, es la corrupción de la hostia, sagrada forma.  Con él no se desacredita la clase política sino todos los atributos miríficos que se han adherido a su imagen y a su acción. El efecto es pues de una entidad que afecta por su cualidad e importancia a otra clase naturaleza. El expolio que, según los soberanista, sufría Cataluña a manos de los españoles resulta que se escondía especialmente en casa. ¿Pujol españolista? ¿Pujol carterista enmascarado del poder central? ¿En qué cimientos, en fin,  afincarse ahora para descalificar al resto de España si esos cimientos catalanes se construyen sobre un material de arena en vez de cemento, cemento en los rostros en lugar del cemento en los encofrados?

 

Ciertamente el fenómeno de la corrupción política ha corroído la política. No a este o aquel sistema político  sino, en general, a la política llamada democrática y representativa. Jueces, diputados, ministros, presidentes. Todos amontonándose en la pila de la catástrofe institucional.  

 

Pero, por encima de esta experiencia ruidosa y maloliente también, el azufre que desprende el caso Pujol achicharra  sino el  sagrado pensamiento nacionalista.

 

No puede preverse  si la  anhelada Cataluña independiente, convertida toda ella en una soberana pieza religiosa seguirá adelante con sus pugnas pero sí es fácil inducir que la fe en todo lo que fanáticamente se había creído  superior al resto de los españoles ha venido a convertirse en el odiado "café para todos". Todos envenenados del mismo brebaje común.

 

Si hasta ahora, en muchos, el victimismo y las pretensiones de privilegios habían despertado indignación en buena parte de España y de los españoles. El caso Pujol cambia esa irritación por irrisión. Transforma la ambición, supuestamente histórica, en historia ridícula. En proporción a los sahumerios que han rodeado al dúctor humean ahora los malos olores que convierten lo que se creyó extraordinario en ordinario y lo superlativo en comic. El caso Pujol dibuja una figura tan grotesca que, mira por donde, deja en simple broma aquel brazo corrupto de Santa Teresa.

[Publicado el 30/7/2014 a las 11:21]

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Niños y animales

Llama la atención, aunque ya la atención se encuentre muy usada, que a los niños les interesen tanto los animales. O, mejor dicho, que les interesen de una manera  desorbitada que parece exigir algún hechizo recíproco de parte del animal  sin raciocinio y el niño que todavía no lo tiene o lo tiene en insuficiente proporción. ¿Se atraen, en consecuencia, por la sinrazón?  

¿Porque se reconocen parte de una  tribu que en nada tiene que ver con sus padres o con sus tíos y que les proporciona un mayor regocijo y felicidad? Ausentes de razón, los animales, qué duda cabe, se libran de un gran peso judicial. Los niños, a quienes se les pretende inculcar la razón, sienten esa operación como el ajuste a una soga para reducirlos. ¿Viene a ser pues el crecimiento hacia la edad adulta un progresivo ingreso en un universo en-rarecido  y encarcelador? No parece que haya ninguna duda. Mientras la risa de un niño parece una natural continuidad de la felicidad sentida, la risa de un adulto siempre comunica la impresión de estar superando una  traba, la carga, en suma, de existir.  La traba o el obstáculo es la tapia que cerca su libertad. Los niños comienzan a sentir esa tapia apenas se les lleva al colegio y  en los recreos comprueban que su gozo se encuentra cercado o dentro de un lugar. No en las afueras sin límites sino en ese trenzado de ladrillo y la argamasa que es simultáneamente,  la tapia física y la razón inmaterial. "Estar como una tapia" debe de  aludir a esta circunstancia de constricción. La tapia es el linde exacto de la sinrazón. Después de la tapia se halla la felicidad en estado puro y a este lado se halla la felicidad en estado de civilización. Es decir, la limitación. El zoo donde los animales bostezan de tedio. 

[Publicado el 28/7/2014 a las 10:41]

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Metales

El orgullo no es lo mismo que la dignidad. Con la dignidad pueden ganar lucidez las relaciones. Dan un baño de plata a quien la ejerce  y dan una lección de elevada condición humana. El orgullo, sin embargo, se halla cerca de la embriaguez. Borrachos de orgullo, los sujetos manotean como locos sin ton ni son. Matan o no físicamente a causa de la ofensa que creen haber recibido o recibieron. Pero se matan a sí mismos por días o meses o vidas enteras defendiendo una vana escarapela personal. Una condecoración  que no es sino, en numerosos casos, una placa de hojalata. La chapa de un ser pueril que ve oro hasta en el excremento propio.

[Publicado el 25/7/2014 a las 10:59]

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La plomada

Es chocante que yo con setenta años pida consejo y consuelo a mis hijos de treinta. No pueden saber tanto como para descifrar mis problemas ni se hallan en tan buenas condiciones de trabajo, cuidado de los niños y medios de vida como para, encima, ocuparse en prestarme mucho tiempo y atinados consejos. ¿No poseo yo la experiencia superior y más tiempo efectivo  libre para desenvolverme en las encrucijadas  comunes? Claro que sí. Efectivamente las diferentes circunstancias en ellos y en mí ponen a las claras la ventaja de que disfruto para desenredar los conflictos personales, pero estos  son los datos objetivos, lo subjetivo, sin embargo, veo que no puede sopesarse  y, al cabo, mi supuesta sabiduría de viejo se convierte prácticamente en un papel de fumar.

 

Los papeles de fumar que en el pasado representaron tanto la ligereza previa a lo intangible sirven aquí de metáfora. Pido  asesoramiento a mis hijos y temo enseguida aparecer ante ellos como un padre tan leve como un papel de fumar. Pero un padre, según mis enseñanzas, tendría que ser una figura de  hierro, de oro o de plomo. Hecha de materiales unívocos, pesados y muy bien asentados. No fútiles elementos volando de aquí para allá.

 

Pero veo, no obstante, qué le vamos a hacer, que me comporto hoy, en repetidas ocasiones, como un papel de fumar tanto por su perfil fino como porque, definitivamente, se lía. Mis hijos me fuman. Mis hijos ven como me esfumo.

 

Son tan buenos, sin embargo, los hijos cuando se tienen suerte de que sean así que aún mostrándome ante ellos sin la debida prestancia son ellos quienes me prestan la justa plomada para sostenerme con buen pie.

[Publicado el 24/7/2014 a las 09:35]

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Sorbos de esperanza

El amor se comportaría como un bosque y la amistad como un sembrado. La diferencia es muy patente. El bosque se ofrece como un interior misterioso mientras el sembrado tiende a extenderse como una superficie segura que siempre aclara su horizonte. Las emboscadas son del bosque y las extensiones del sembrado. Nos reproducimos en el amor si se tiene en cuenta la descendencia pero el amor es por naturaleza una hoguera egoísta y se abastece de los amantes para ensalzarlos o achicharrarlos en su intimidad. El sembrado conlleva, en cambio, externalidad y planicie. Un incendio en el bosque acaba con especies innumerables pero en el sembrado arrasa a la misma plantación, con o sin parásitos. De ese modo el trenzado del amor es una extraña fronda, a menudo nerviosa e incómoda cuando el  hábitat de la amistad es una sosegada posada. Una buena fonda y no una fronda.

 

Puede desearse, en efecto, un confortable hospedaje en el amor pero como demuestran las historias personales se tratará de una pernoctación fácilmente caduca. En la amistad cabe con facilidad una existencia entera, días y noches continuados de comunicación.

 

En realidad toda vida con sentido necesita de una amistad duradera. O la amistad no se entiende sin abarcar la anchura y longitud de la vida. Cierto que lo efímero también puede infectar ciertas amistades pero esto viene a ser el efecto de que tal vinculación no pertenecía absolutamente a un sembrado saludable. El sembrado nace, crece y vuelve a nacer y crecer repartiendo frutos. Esta geología  horizontal es lo contrario a la cordillera romántica con sus picos y sus simas frecuentes.  El roce del amor -y más siendo inestable- nos enardece y con ello nos enciende nos quema y, acaso, al cabo nos volatiliza. En su vaivén presta alas hacia el cielo o también venenos hacia el subsuelo. La amistad, al revés de todo ello, aporta un variado surtido de plantas pacíficas o medicinales. Dan aromas cuando se cuecen pero de ese modo casi constante, a fuego lento, seleccionan para sobrevivir pacientes y oportunos sorbos de esperanza.

[Publicado el 23/7/2014 a las 09:12]

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El infarto

Raro es el sujeto que tras sufrir un infarto de miocardio la sociedad lo considere totalmente inocente. Una gran cantidad de enfermedades graves o mortales son atribuidas no a la desgracia o la fatalidad de las cosas sino a la culpabilidad de la víctima. Víctima y verdugo a la vez porque prácticamente en el caso de los infartos (y más si  sobrevienen a personas relativamente joven) se crea en el alrededor social una crítica masiva a la mala clase de vida que llevaba el infartado. ¿Se merece pues haberse encontrado al borde de perecer o perecido del todo? Esta es, más o menos, la conclusión a que se llega analizando los pormenores que anteceden al minuto del ataque al corazón. El corazón se rompe por haber sido maltratado. Muere por falta de amor.

 

El estrés, el tabaco, el alcohol, los deportes fuertes más allá de una edad son motivos que por  mano del malherido habrían comprometido su vida. El mediomuerto ha sido medioresponsable. O irresponsable completo. El sujeto, aún en la UCI, recibe por tanto, simultáneamente, compasión y acusación. Buen número de infartados como suicidas o tenaces delincuentes que con sus vicios, sus abandonos o sus faltas, en general tienen lo que han merecido. El moribundo se convierte así en un reo. Un reo que en el banquillo da mucho de sí puesto que los de alrededor tienden a pensar que ellos, libres del tabaco y del alcohol,  quedarían libres de sentarse ante el tribunal. Libres de de morir durante un lapso indefinido que no se acortará bruscamente y a despecho de la supuesta serenidad de la voluntad divina. ¿Una voluntad de Dios que premia a los virtuosos,   comen cocina mediterránea y practican pilates o la natación? Más o menos. La vida religiosa adquiere, gracias al frecuente fenómeno del infarto una nueva cara de la clínica secular.  La sanidad es igual a hallarse en gracia, mientras lo insalubre se asocia al desorden moral.  No es necesario ser malvado para merecer un rayo letal y celestial. Basta con darle al whisky, fumar como un carretero y no moverse del sillón. Esta trinidad se convierte en un triángulo que cerca al individuo infecto y lo opone al ojo equilátero del Creador. El individuo se halla  atrapado como en un cepo infernal presto a dispararse un tiro y cortarse la respiración. Simultáneamente cuando esto ocurre, cuando el infarto se conoce,  los demás respiran a fondo y sienten que efectivamente siguen mereciendo algo mejor: un final más dilatado, más acorde con la edad provecta y en perfecta armonía con la Naturaleza y su  Dios. 

[Publicado el 22/7/2014 a las 09:13]

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Copiar

Un frecuente comentario de quienes ven el cuadro es "muy original, me recuerda a Tal". O sea que en qué quedamos. Hemos innovado o no. Somos originales o subordinados, inventores o discípulos de los doctores. Gauguin era uno de los que se indignaban con esta cualificación de la obra. Nunca se es más original que cuando se plagia decía Paul Valèry exagerando la boutade pero en resumen nada se hace desde la nada, por mucho que nadie se crea Dios. Las pinturas de todos se parecen a las pinturas de sus antecesores y, sobre todo, a los de sus más inmediatos antecedentes o a sus coetáneos. El arte anida en el arte. Allí se amamanta, vive entre sus escombros, recupera la basura o el filo de oro. Lo importante es sentirse libre y disfrutar de esa libertad al hacer. Lo que se haga será original. El hecho será, por antonomasia, un acontecimiento.

[Publicado el 17/7/2014 a las 10:16]

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Tiempo diamante

Una coyuntura característica del pintor que está pintando es el temor a equivocarse. Hablo de pintura sin modelo o de la figuración a partir de  una estampa  puesto que aún no siendo la figuración un simple remedo de lo real por lo menos cuenta con un patrón que guía. El pintor mira el patrón y el patrón el devuelve la mirada para que haga con ella a su antojo pero nunca para que cierre del todo los ojos. El pintor abstracto, por el contrario, pinta con los ojos abiertos hacia el lienzo pero no sabe con precisión si el lienzo aprobará o condenará tenebrosamente lo que se le esta ocurriendo. En realidad, todo esta ocurriendo a la vez y a la manera de una composición donde el trazo, el color y la textura van surgiendo en el mismo desarrollo del proceso. Surgen en el proceso pero no surgen siguiendo órdenes firmes o unívocas sino que sobrevienen (a menudo) como una acción sin dirección. La ambivalencia de un color o un gesto pueden ser catastróficos o felicísimos cuando se plasman. ¿Y quién determina el resultado? Sólo lo sentencia el resultado mismo y con el inconveniente de que tan sólo se pronuncia al final.

 

No creo que en las demás artes que se acercan a esta especialidad de la pintura abstracta ocurra igual Cierto que se puede corregir un cuadro, como una partitura o un texto, pero siempre, en el lienzo lo corregido queda enterrado y, aunque no se vea, se comporta como un elemento  sepultado que difícilmente desaparece imaginativamente de allí. En el caso de la escritura, sin embargo, y especialmente en la poesía donde el error es más grave, lo desatinado puede hacerse atinado con mejor criterio y un buen borrador absoluto. En la poesía como demuestra un excelente libro de Luis Iruela titulado Tiempo diamante (Transfinito) la elección definitiva no permite desbarrar en nada. Ni en un color demasiado intenso, ni en una mancha demasiado grande, ni en un tropo abortado a la mitad. La poesía requiere como parte inseparable de su alma, la tersura, la aventura y la victoria conjuntas en su vocación de diamante. Haya diferentes clases de poemas pero esta es la única especie de poesía (la de Valente, la Vallejo, la de Aleixandre, la de Molina, la de Iruela) que, en mi parecer, merece la pena ser leída y asumida. La otra o es prosa o es broza. Dos conceptos que no hacen sino arruinar  el verso y temporalizarlo hacia la vulgaridad.

 

En la pintura, efectivamente, puede que la exigencia sea menor pero por la misma razón nos equivocamos más pintores. En consecuencia, carece de sentido pintar lo que sea con miedo a equivocarse. No sólo, como decía Ràfols Casamada, sería un menos de valentía sino la negación, para sí mismo, de revelarse estilos y aspectos inéditos, secretos que habitan más allá de la ordenada razón. Hay pues que ser valiente ante el lienzo como ante un espejo de sí. El espejo que nos devuelve nuestra limitación y, sin embargo, desde ella construimos obras que nos superan.  ¿Y no será lo mismo siendo poeta? Puede parecer semejante pero es "trascendentalmente" diferente. El poeta se afila necesitadamente hasta hacerse un silbo. El pintor se derrama o no como orquesta. Común a los dos es la diamantina belleza de lo bien logrado. O, también, la lastimosa pena de lo malogrado. Vergüenza de lo malogrado.   

[Publicado el 15/7/2014 a las 08:48]

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Enamorarse

El raro fenómeno del enamoramiento se sostiene no en el amor al otro sino en el súper amor a mí, inesperado y deslumbrante.

Cuando el enamoramiento se halla en su punto más alto los partícipes se sienten cada uno elevados. Encimados uno a uno. Cada cual vale más gracias a estar enamorado porque de ese extraño núcleo se deduce una sustancia dorada para uno y para otro. Para los dos si se suman pero para cada uno si se sacan bien las cuentas del alma. Cada uno aumenta su autoestima gracias a la conquista del otro deseado. Simultáneamente, cada  uno, en solitario, se cree mejor gracias a ser bien amado y especialmente escogido por aquella persona que él (y el tercer observador oculto) cotiza alto. En la reciprocidad cristaliza el enamoramiento, pero no se trata de un imbricamiento único y feliz sino de una fuente que mana felicidad por un par de caños separados.

Cuando el enamoramiento cesa es porque  cesa esa fuente excepcional por alguno de sus caños. Y entonces llega casi enseguida la calderilla. La persona que promovía cooperativamente la riqueza constata que la ubérrima productividad del dúo ha disminuido y, en consecuencia, la unión ha perdido su excelente brillo para cada cual y ha ganado un progresivo óxido que viene a ser la corrosión de la autoestima antes recíproca. El otro vale menos de lo que pensamos a la vez que su pareja pierde valor por cercanía. Ambos se hunden sin remedio en  la triste mediocridad y con el horror de haber saldado la empresa mágica. Somos entonces, en comparación mucho más míseros incluso que antes. Porque no es, en suma, lo importante la quiebra de la relación sino la quiebra de la fortuna individual que aquella arrebata inversión trae acarreada consigo.

[Publicado el 08/7/2014 a las 09:58]

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009)

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Bibliografía

Apolcalipsis Now (2012), Península.

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

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