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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 21 de septiembre de 2014

 Blog de Vicente Verdú

El balcón

Dice Rafael Moneo -y no se pasa de la raya- que lo que pone más a prueba a un arquitecto es la resolución de la fachada. En Murcia, donde Moneo terminó hace unos quince años la ampliación del Ayuntamiento, la ciudad entera cargó en contra o a favor de su desafiante fachada. Una fachada que enfrenta nada menos que a la catedral, la última gran obra del  barroco español, y un monumento al poder de la Iglesia en el siglo XVIII.

El Ayuntamiento de Moneo, con una fachada retablo que refleja la cara de expresa la catedral, se compone como de un teclado de aperturas pétreas entre las que destaca una claramente mayor y que viene a ser el balcón desde donde el alcalde viniera a proclamar sus arengas.

Es este, un balcón vertical, amplio y rectangular que desafía, a la misma altura, el balcón desde donde el famoso cardenal Belluga adoctrinaba a sus feligreses y los condenaba o los bendecía.

Poder eclesiástico frente al poder civil representados en dos balcones de muy diferente morfología: uno abarrotado de barroco y el otro desnudo hasta el hueso de la simplicidad. Los fieles se escandalizaron mucho. Y, acaso más,  porque el reto del balcón principal se desplegaba entre una tribuna y la otra, puesto que un balcón, por encima de su funcionalidad es una importante representación: Púlpito o sede  que da a la calle para observarla, vigilarla o castigarla.

Los hechos callejeros suelen ser obra de truhanes o borrachos mientras en los balcones se asienta la sobriedad del orden y la rectitud superior.

Dos obras literarias, El loco de los balcones de Vargas Llosa y El balcón en  invierno de Luis Landero se hallan actualmente brillando en plena época de la rentré. El curso cultural empieza pues con esta alusión  al elemento arquitectónico que emerge de las fachadas no para incorporarse al gentío sino para sobrevolar sus pasos y sus gestos como si, de nuevo, el muro cortina del movimiento moderno fuera demasiado ciego  para dar cuenta de las conspiraciones y desmanes que pueblan la sociedad. Un balcón ojea como un pájaro. Ve más allá para anotar los pecados y las faltas,  otea como un Dios encimado los humos de la mafia (su origen es italiano), la miseria ciudadana o la corrupción. ¿Vuelve por tanto el balcón a nuestros días?

Rasurado por las fachadas impenetrables o por las terrazas de casas sin abolengo, el balcón devuelve a la fachada sus pechos pugnaces, sus condecoraciones de relieve, su rango de construcción realizada para estar en el aire del mundo y no contaminarse con  él. O dicho de otro modo, el balcón es bastión o bastón simbólico para asomarse al mar de  la vida sin abismarse en él ni perderse en las sucias olas de la muchedumbre.     

[Publicado el 18/9/2014 a las 15:56]

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La culpa

La culpa es una espoleta laboral. Su máxima eficacia llega lograrse  cuando esa pieza se enrosca el vértice de alguna fuerte vocación, cualquiera que sea. Sin el efecto culpa la mitad de los escritores no habrían redactado muchas líneas  ni los pintores habrían realizado más de dos o tres cuadros. Gil de Biedma, cuando le preguntaban por qué escribía, contestaba: "Escribo para haber escrito". Y de este modo se sentía en paz consigo, tal como si se hubiera quitado de encima el grave pecado de no escribir y se sintiera limpio, aligerado y en gracia de Dios. La culpa corroe si no tiene destino pero si lo encuentra actúa  como una tuneladora para ver la luz.

 

Ciertamente, el sentimiento de culpa no comporta ninguna emoción agradable pero lleva consigo la recompensa de que siguiendo sus tirones se llega más lejos cuando la vocación vocea.

 

Quienes no sienten culpa de algo o, simplemente, ante sí mismos son unos desdichados. Igualmente, quienes hallan con facilidad motivos de disculpa es raro que se empeñen en una tarea importante. Todo bien proviene del mal y no a la inversa. Todo éxito es una consecuente expansión tras una insoportable constricción. O atrición. La culpa.

[Publicado el 17/9/2014 a las 11:56]

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La preocupación

Grandes contrariedades provocan grandes preocupaciones. Pero apenas menudas adversidades llevan también a la preocupación. Prácticamente no hay día sin alguna preocupación o tres o cuatro preocupaciones de diferente estatura. Se diría que la preocupación no nos abandona nunca, presente, futura o pasada. Se alza n el momento de despertar y a menudo llega desde el intenso momento de acostarse. Atraviesa todo el día  de la mañana a la noche y cuando se disipa alguna de ellas brotan otras para no dejar nunca el panorama sin un lunar o un enjambre de partículas o moles preocupativas. Vivimos así constantemente preocupados. No ya por que dejaremos de vivir sin duda  sino por una adherencia vitalista a la preocupación que no nos dejaría existir si no existiera. Vivir con la consciencia de hallarse vivo conlleva hallarse pre-ocupado. Vivir con la consciencia de que podemos considerarnos llenos de vida y, por lo tanto, todavía tranquilos conlleva el síntoma de examinarnos  preocupados.

La despreocupación posee en casi todos los ámbitos muy baja consideración. Los ociosos y los despreocupados se asemejan, los indolentes y los despreocupados se emparentan, los despreocupados y los vagos son casi gemelos. El grano, la piedra o la roca de la preocupación se halla incrustada en el proceso de vivir y al cabo vivimos entre tumbos para resolver las preocupaciones. Ellas tiran de nosotros para actuar. Y ellas también en su extremo tiran tanto de nuestra atención que nos desgarran como insoportables fieras.

[Publicado el 16/9/2014 a las 11:19]

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El buen ojo

Una leyenda muy común entre determinados artistas es la de que no saben si lo que hacen está bien o no vale nada,  si se justifica o no merece la pena continuar. Se trata de una creencia ordinaria que viene a enmascarar la falta de criterio o  gusto. El criterio y el gusto sobre lo ajeno  y sobre lo propio que bien objetuado es una ajenidad más. Posturas así son como vulgares  coartadas y tan sólo sería permisible entre los niños, los catecúmenos y los catetos. Los genuinos artistas profesionales saben de sobra lo que les ha salido bien y lo que les ha salido fatal. Incluso debe añadirse que no debe bastarles hallar la obra terminada "a su gusto" puesto que ello precisamente arrastra al virus o el  error.

¿Entonces qué? Pues entonces un artista de verdad será aquel que sea un perspicaz crítico de sí mismo. Conocer mucha pintura o literatura es lo primero para educar el gusto correspondiente, pero la segunda condición es ser comportarse educadamente en el trato con lo que hacemos. Nada de obsequiosidad ni nada de extremosidad. Mucho menos de vana humildad. En general, todo cuanto hacemos es peor que aquello que hicieron nuestros maestros. Esto será de por sí  inevitable. Pero los maestros han de escogerse con esmero  entre quienes imparten bien sus excelentes lecciones y en los exámenes vayan a ser  predecibles las notas que nos atribuyan en cuanto alumnos. En este punto se halla la encrucijada: si el artista se encarna en el ojo del buen maestro  con facilidad -siendo lúcidos y justos- sabrá si su ejercicio es un oscuro mamarracho o una neta ejecución digna.  

[Publicado el 15/9/2014 a las 14:42]

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El exceso del suceso

Los periódicos tenemos una mala y muy tradicional costumbre. O, más que costumbre, se trata de una respuesta compulsiva y condicionada a propósito del tamaño de la noticia mortuoria. Porque generalmente es en los casos de defunción de una importante personalidad cuando alcanza su patología más grave.  En estos supuestos, el periódicos dedica diez, quince, veinte páginas, prácticamente todo su espacio significativo a glosar la figura del gran fallecido. Es el ejemplo que ahora ilustra la respuesta periodística a la muerte de Emilio Botín o lo que sucedió de forma culminante con el fallecimiento de García Márquez. No sólo la información sobre el personaje y sus obras se hace exhaustiva, repetitiva e inabarcable sino que un nutrido coro de personalices ilustres se dan codazos por aparecer impresas manifestando en sus artículos las excelsas virtudes del desparecido.

 Los comentaristas o glosadores son de todas las clases yp procedencias con la única condición de que sean también especialmente notables porque pronto a varios de ellos les llegará el fatal turno de exponerse a los ditirambos funerarios y en cierto modo sus contribuciones se encuentran avaladas por un parentesco vital que les legitima como colegas de lo que a todos los concurrentes podría sobrevenirles angustiosamente después y manos o menos pronto.

 Con ello el periódico engorda su apariencia en el obituario que, en cierto modo, consuela quizás a los lectores más jóvenes de no verse amenazados por esta abrumadora situación.

Pero, con todo, periodísticamente hablando, resulta ser demasiado papel -con la crisis reinante-  para envolver al cadáver del prócer. Casi todo el periódicos se ven obligados a tirar la casa por la ventana, tirarse en pos de quien ha sido de pronto abismado por la muerte. Los florilegios son la ofrenda definitiva  y el ejemplar enlutado llega a los kioskos caracterizado por esa clase mortal de la noticia bomba.

El desfile de las páginas discurre pues como si se no fuera otra cosa que un histórico y celebérrimo funeral sin que, por otra pare, llegara a ser  nunca s  para su cometido.  

Pero esta exageración, respuesta alocada y desorbitada, abate por el peso de su abundoso material  lo que paradójicamente  desearía enaltecer. Mata, en fin, de hastío al lector y convierte la información en un ensordecedor redoble. Un redoble redundante, atosigante. Incapaz por su exceso de hacer entender con su debido tino la condición del suceso

[Publicado el 11/9/2014 a las 16:41]

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La reunión

Este fin de semana, todavía en la playa, nos reunimos siete personas y estuvimos toda la santa tarde hablando. Una experiencia igual sólo la recuerdo del tiempo en que había moscas  mosquitos y no televisores ni móviles en nuestras vidas. Pareció, por tanto, una tarde excepcional y como transportada desde otra época. Tan extraña parecía la experiencia a medida que pasaban las horas que inesperadamente nos asombramos de haber pasado  tantas horas y tan amenamente con el sólo entretenimiento de conversar.  De ello se dedujo, al terminar, una intimidad cariñosa que aumentó silenciosamente el cariño por el grupo y, sin duda, por el logro directamente humano de cada uno. La palabra era todo lo que sonaba y el argumento todo lo que sentíamos o pensábamos al hilo de la compañía, sin guión, sin imágenes, sin escritura, sin premeditación.  La tarde se sustentó (alimentariamente hablando, también) por el gusto de la conversación que ya había empezado durante  la comida y desembocó en una despedida antes de cenar cuando cada cual tenía destinos diferentes. Diferentes pero ya no tan distantes como hacía unas horas.

El móvil, el ipad, el nuevo reloj de apple, todos los complementos de la comunicación que tanto han determinado nuestra conexión actual no son demonios ni nada por el estilo. Sencillamente este fin de semana, sin caer en la cuenta,  pasamos toda una "santa" tarde hablando y hablando como si efectivamente no hiciera falta otra cosa más allá que hablarnos y, en consecuencia, no hubiera algún plato (o plató) que echáramos de menos en la tan interesante y divertida reunión

[Publicado el 10/9/2014 a las 09:46]

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La elefantiasis

Algunos pensamos que una nueva e inesperada burbuja está a punto de estallar. Burbuja y probable estallido son inseparables puesto que de lo contrario la burbuja no crecería hasta el punto exacto de ser una burbuja presta a reventar. Pero ¿de que se trata? Se trata, precisamente  de lo que ahora se cotiza o se celebra más. Se celebra tanto la superinformación y la intercomunicación que su gigantismo se halla próximo a la elefantiasis y esta enfermedad hace morir. 

Lejos de sentirnos mejor por estar más informados comenzamos a estar gravemente empachados de información, de transparencia de filtraciones, de correos basura. Y, en consecuencia, lejos de sentirnos mimados por la facilidad de acudir a incontables fuentes de conocimiento nos hallamos al borde de ahogarnos en la pretensión de saber. Y amargo o empalagoso sabor.

E, igualmente, una cosa es tener comunicación con los otros y especialmente con los seres queridos o elegidos y otra verse  sumido en un espeso magma de imparable interacción. Esto asusta hasta la parálisis o nos mata por indigestión. Ni es posible sacar ya un provecho claramente sano a los muchos medios técnicos multiplicando cada día sus aplicaciones ni es posible sustraerse a la imantación del torbellino que nos cerca. De este modo Twitter, Facebook o LinkedIn se van convirtiendo en empresas de  redes empalagosas siempre urgiéndonos a nuevas interrelaciones sin fin.  La visita se agradece, la llamada telefónica es una buena compaía, el correo puede ser una fiesta,  pero cuando todo el entorno se convierte en un ametrallamiento de mails,  mensajes, whatsapp, llamadas y ofertas de  opciones adicionales, terminamos por sentirnos víctimas de un cerrado acoso que no contribuye a hacernos más felices como personas sino, por el contrario, a diluirnos como pobres individuos en una sopa sin fin. ¿La identidad? He aquí el pasto del que se alimenta el rumiante que engorda como un cerdo y explotará como una burbuja letal. 

[Publicado el 05/9/2014 a las 12:31]

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La luz

Todo lo luminoso que es el verano y todo lo oscuro que  reaparece al terminar. Ninguna estación se representa con mayor intensidad y como consecuencia de ello, cuando empieza a disiparse parece que nos disipamos detrás. Todo aquel que nace en los meses luminosos tiende a ser optimista, dicen los médicos. Como son más inclinados al pesimismo los que nacen abriendo los ojos a meses taciturnos, reducidos de luz. Sin embargo ahora viniendo de la mayor luminosidad y todavía  sumidos en ella aparece un miedo subrepticio a caducar. No morimos del todo pero nos decaemos, no desaparecemos por completo pero nos enfoscamos. Al cabo, la vida es una secuencia de luces y sombras. Una secuencia que al desfilar nos va erosionando como los mismos filos de los días nacidos sin misericordia de  la sombra y de la claridad. 

[Publicado el 04/9/2014 a las 10:54]

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Pensar

Decía Heidegger. "Pensar es entrar en la proximidad de la distancia". Darse cuenta de esta formidable facultad del pensamiento pone los pelos de punta puesto que no sería el hoy -si el pensamiento se impone- más actual que el ayer ni tampoco tan  influyente y contagioso. El pasado llega como ocurre con los nacionalismos  a la manera de una marea de plomo candente. Plomo recién hervido que anegando lo presente lo deja fundido bajo su peso. El pensamiento, de por sí pesa mucho y concede toneladas al sentimiento fanático o no. Otorga espesura al sentimiento, da realidad a lo fantasmal, trae a la mesa los banquetes, imaginarios o no, que el tiempo convirtió  en cenizas. Porque el pensamiento es magra que engorda la carne y le confiere cuerpo entero a la memoria sin apenas apoyarse en la osamenta. Tan intenso y poderoso puede ser así el pensamiento que penetra el pretérito, lo horada, lo reforma y hasta lo cimenta en la nada. No había nada pero en su lugar una marea de lava es el mar donde bogamos aturdidos como inmortales. 

[Publicado el 31/7/2014 a las 10:53]

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El sagrado Pujol

A los más ofuscados de los  catalanes, políticos o no, les gusta argumentar ahora que el caso Pujol no es sino uno más dentro de la corrupción general y política de la época. Pero no, es sin embargo, así. No es, sin embargo, igual. Pujol no es Camps ni Fabra, ni Matas, seres mortales sin ninguna aura sagrada. Pujol ha sido el "muy honorable" o el honorable por antonomasia. No un simple chorizo sino la receta completa de la cocina que preparaba la Cataluña moderna según sus adoradores.

 

Que se corrompa otro político valenciano, gallego o gurteliano más no hace sino alargar el rosario que ya habíamos rezado hasta el hastío.  Lo de Pujol, en cambio, es la corrupción de la hostia, sagrada forma.  Con él no se desacredita la clase política sino todos los atributos miríficos que se han adherido a su imagen y a su acción. El efecto es pues de una entidad que afecta por su cualidad e importancia a otra clase naturaleza. El expolio que, según los soberanista, sufría Cataluña a manos de los españoles resulta que se escondía especialmente en casa. ¿Pujol españolista? ¿Pujol carterista enmascarado del poder central? ¿En qué cimientos, en fin,  afincarse ahora para descalificar al resto de España si esos cimientos catalanes se construyen sobre un material de arena en vez de cemento, cemento en los rostros en lugar del cemento en los encofrados?

 

Ciertamente el fenómeno de la corrupción política ha corroído la política. No a este o aquel sistema político  sino, en general, a la política llamada democrática y representativa. Jueces, diputados, ministros, presidentes. Todos amontonándose en la pila de la catástrofe institucional.  

 

Pero, por encima de esta experiencia ruidosa y maloliente también, el azufre que desprende el caso Pujol achicharra  sino el  sagrado pensamiento nacionalista.

 

No puede preverse  si la  anhelada Cataluña independiente, convertida toda ella en una soberana pieza religiosa seguirá adelante con sus pugnas pero sí es fácil inducir que la fe en todo lo que fanáticamente se había creído  superior al resto de los españoles ha venido a convertirse en el odiado "café para todos". Todos envenenados del mismo brebaje común.

 

Si hasta ahora, en muchos, el victimismo y las pretensiones de privilegios habían despertado indignación en buena parte de España y de los españoles. El caso Pujol cambia esa irritación por irrisión. Transforma la ambición, supuestamente histórica, en historia ridícula. En proporción a los sahumerios que han rodeado al dúctor humean ahora los malos olores que convierten lo que se creyó extraordinario en ordinario y lo superlativo en comic. El caso Pujol dibuja una figura tan grotesca que, mira por donde, deja en simple broma aquel brazo corrupto de Santa Teresa.

[Publicado el 30/7/2014 a las 11:21]

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009)

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Bibliografía

Apolcalipsis Now (2012), Península.

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

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