El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Vicente Verdú

El grito del grito del grito

Siempre me pareció bastante malo el famoso cuadro de Munch y también peor que buena parte de su obra mejor conocida. No digamos ya si nos referimos al grueso del expresionismo alemán posterior a él del que fueron autores los componentes del grupo llamado Die Brücke (El Puente). Pero resulta que, por unas u otras razones, El grito ha pasado de ser un cuadro a ser pasquín y de ser una pintura al pastel a una postal amarga.

Nadie estaba más amargado que el propio autor. Sus padres, muertos tempranamente de tuberculosis y él, constipado crónico. La explicación de las obras halla siempre la base más firme en el genio y la salud del autor y no tanto en la genialidad o la finura del alma. De ahí el brío y la fecundidad de Picasso, por ejemplo.

Hasta el 2 de mayo de 2012 el cuadro más caro vendido en una subasta era uno de Pablo Picasso, pero ahora, en plena crisis, el récord lo marca un psicótico. Precisamente, mientras en el primer caso la puja es, en buena parte, por un lienzo estructurado, en el segundo es por un ejemplar deshilachado.

Pero no diré nada más de un cuadro que siempre me pareció tanto una estampa de consultorio médico como un raro logro escolar. En esa pinza de las manos tapando los oídos se desarrolla toda esta obra que, paradójicamente, grita sin gritar nada de nada.

¿Buscaba proveerse de este efecto el comprador o qué buscaba exactamente el multimillonario de los 91 millones de euros? Sin duda buscaba el poder que el cuadro encierra, convertido tanto en un bien de cambio superlativo como en una leyenda cultural (incluso a pesar de su feísimo marco) pero perseguiría también adueñarse de una coartada.

El cuadro muestra una angustia y un pavor al modo del pánico que sufre la mayoría de nuestra sociedad ante la Gran Crisis. Esta angustia sería ya similar a la náusea que en el Apocalipsis se atribuye a carnes blandas y tibias que, si han perdido su valor suculento, han ganado la catadura de mollas agonizantes. La temperatura no ha desaparecido del todo y queda allí como testigo de su padecimiento. Este ser entibiado apenas puede quejarse y menos todavía gritar. Y, ciertamente, El grito conmueve viendo cómo alguien que trata de chillar queda paralizado en su impotencia.

Pero, ¿se tapa los oídos para no oír la hecatombe exterior? Desde esta opción, el cuadro no permitirá oír nada y es así, gracias a su afasia, como la pintura gana fama. La fama del último grito.

También como en el caso de Dios, la voz no se oye. Su grandeza es tanta que Dios resultaría ridículo si se hiciera oír. Porque, ¿qué timbre posee la voz de Dios? Sencillamente la Voz de Dios es el Verbo y el Verbo no se expresa. No se verbaliza puesto que todo cuanto quepa pronunciarse pronunciado está. A los tiempos socialmente duros que caracterizaron el fin del siglo XIX (el cuadro fue pintado en 1893) corresponden los tristes momentos actuales de afonía en la revolución.

La ciudadanía grita desesperadamente pero ya no es posible resumir su profundidad. El grito se convierte en un hoyo cuyo sonido basal no alcanza a la superficie. De la misma manera, el personaje de Munch es el de alguien (dicen los exégetas) que asiste a un espectáculo tan horrendo que no puede aguantarse con todos los sentidos.

Justamente, el terror descrito en el Apocalipsis de San Juan llega a abrazar a esta última noticia de Sotheby's centrada en el grito sin sonido. Grito petrificado y puerilizado en el trazo que ya se halla dentro de la caja fuerte de un magnate.

En el Apocalipsis, el color amarillo-verdoso presente en el cuadro evoca al jinete de la muerte. Dentro de la caja fuerte se ha encerrado herméticamente la enfermedad fatal y su relincho. ¿Para que no termine nunca de vibrar? Efectivamente.

Acaso para que esta maldita enfermedad del mundo capitalista se prolongue todavía más. Para que se desarrolle, quizás, indefinidamente y, al cabo, ante el borde del abismo, no haya otro recurso que dejarse llevar por las vaharadas de sus aguas, cenagosas, falaces y corrompidas.

[Publicado el 28/5/2012 a las 14:26]

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El personismo

Las nuevas tecnologías solo fructifican cuando coinciden con una demanda ya sembrada en la sociedad. En los años cincuenta era ya posible (tecnológicamente) ver a quien nos estaba hablando por teléfono, pero el invento no prendió. La voz telefónica era demasiado misteriosa e interesante como para desbaratarla con el rostro del interlocutor.

Hoy, por el contrario, las webcams son el gran deseo de las conferencias internacionales y no basta la voz del otro para tenerlo aquí, más cerca, más real. La imagen ha ganado mucho terreno a la imaginación. Como, de la misma manera, la emoción ha robado prestigio a la reflexión. En ambos casos la instantaneidad ha vencido al proceso y el suceso puro a su explicación. De hecho, todos los medios son ya sensacionalistas en una u otra proporción.

Internet, las redes sociales, Twitter o Facebook han logrado tanto éxito porque han venido a brotar en un momento en que existía una fuerte demanda de comunicación. Pero no ya de una comunicación a la vieja usanza, en la que se comprometía mucho el yo, sino una comunicación efímera y fragmentaria, cambiante y removible a la manera en que la cultura de consumo ha enseñado a adquirir.

Una pareja para toda la vida fue un modelo consecuente con la idea de un sólido y firme proyecto de vida. Varias parejas en la vida y, por lo tanto, de más frágil y breve duración, se corresponde con el paradigma del comportamiento consumidor. Ni las cosas duran mucho ni tampoco la comunicación personal. Ni mantenemos mucho tiempo la interrelación con un objeto ni tampoco con los sujetos.

En mi libro Yo y tú, objetos de lujo empleé el término personismo para describir esta nueva relación característica de la Red. No nos comprometemos con una persona (o con una ideología, o con una profesión o con una marca) para toda la vida. No nos disponemos para mantener un matrimonio "hasta que la muerte nos separe" y, en consecuencia, para soportar rayos y truenos con el fin sagrado de llegar ser dos "en una misma carne y en la misma sangre". Todo ello ha dejado de ser parte de la actualidad.

Lo que hacemos con las personas, a imagen y semejanza de lo que hacemos con los objetos, es consumir de cada una el sorbo que nos gusta y descartar casi todo lo demás. Y este es el gran principio que instaura la Red.

La Red comunica y abate el mortal hiperindividualismo de finales de los años noventa. La red nos enlaza. Nos enlaza pero no nos ata. Y menos para siempre. Degustamos de unos la misma afición al póker, de otros, su inclinación por el gore y de otros más, su sentido del humor. Con ninguno de ellos establecemos una vinculación integral sino anecdótica. No una vinculación universal sino parcelada. Y frágil y temporera.

Este es el mundo de hoy. El mundo que ha ido formando la cultura del consumo sustituyendo a la cultura del ahorro y la inversión cabal. ¿Bueno? ¿Malo? ¿Regular? La pregunta resulta impertinente porque aceptando que la sociedad es un organismo vivo y evoluciona mediante metamorfosis, ¿qué será mejor, el capullo o la mariposa, el gusano de seda o su crisálida primordial?

[Publicado el 23/5/2012 a las 10:59]

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El espectáculo de la civilización

La civilización del espectáculo, titula Vargas Llosa su último libro, palinodia de la contemporaneidad. Pero, ciertamente, estos tiempos y las circunstancias que él lancea son hechos que se han quedado obvios y mostrencos varias décadas atrás. Lo pertinente hoy no sería tanto referirse a la civilización del espectáculo y su filosofía revenida como al espectáculo de la civilización. O, lo que es lo mismo, a la civilización transformada en el mayor espectáculo.

En 1843 publicó Joseph Proudhon su Filosofía de la miseria para que Carlos Marx, iracundo y sarcástico le respondiera cuatro años más tarde con su volumen La miseria de la filosofía. Se trataba, en suma, de que mientras Proudhon, apoyado en los trabajos de Ricardo, no veía otra cosa en los miserables que un destino excrementicio y sin salvación, Marx se empeñaba en distinguir entre ese abono la potencia y la esperanza de la revolución. Los pobres no lo serían para siempre y cada vez más sino que el mismo fermento de su masa daría en un movimiento mefítico que enfermaría al poderoso e invertiría saludablemente el orden social.

No hace falta decir que las condiciones históricas del proletariado antes o del "precariado" hoy han cambiado mucho los supuestos, pero no necesariamente para mal.

El "precariado" se compone cada vez más de clase media y culta. No culta a la manera que agradaría a un conspicuo premio Nobel pero sí informada (aunque sin libros) respecto a todo lo que hay. Bueno, malo y regular.

Este nuevo ciudadano, educado en la cultura de consumo, no es un patán sino un tipo crítico, escéptico, escamado y con muchas ganas de reaccionar. No hay líderes al modo de Marx o Lenin para organizar la revolución pero hay redes que hacen las veces de una levadura creciendo para la cooperación. En metáfora ecológica, no se trataría aquí de que estas gentes fueran parte de una suma de residuos sin otro destino que el vertedero sino componentes de una materia prima lista para el reciclaje en un mundo mejor.

¿Qué mundo? La actual miseria de la filosofía no ha logrado todavía esbozar una alternativa cabal. Los protagonistas del 15-M saben lo que no quieren pero aún les falta saber cómo acceder a lo que a retazos desean.

El Estado se ha hecho de una parte tan invisible y escurridizo que no es se sabe cómo dar con su corazón. Camuflado en la beneficencia hospitalaria a veces o encamado en el mismo lecho del Capital su entidad se deshace como en un caleidoscopio gigante donde se esconde mejor.

La civilización del espectáculo ha sido una película que llevamos viendo repetida desde hace lustros. Lo novedoso es comprobar como el espectáculo es la misma civilización. Los medios siempre han rebuscado en argumentos sensacionalistas y la descomunal miseria con sus injustas desigualdades sería hoy el máximo foco de atención.

En esta coyuntura, La filosofía de la miseria explotaría su deplorable contenido mientras La miseria de la filosofía conllevaría, en paralelo al texto de Marx, una denuncia de la civilización hecha espectáculo.

Porque, en efecto, si la crisis ha adquirido esta magnitud y virulencia asesina, no es solo producto de su naturaleza íntima sino resultado de haber conquistado el principal papel como personaje del espectáculo radiado, grabado o televisado. De la llamada "civilización del espectáculo" estamos de vuelta. La idea hacia el futuro es la función que desempeñan los medios de comunicación para calentar, como en un Barça-Madrid, la transmisión de los avatares de la Gran Crisis y su habilidad para convertirla en un serial que día tras día nos lleva al borde del abismo, al borde de la quiebra y al infierno de una hoguera que, el día menos pensado, puede convertir en cenizas a las piras de moribundos desprovistos de toda asistencia, de las mínimas prestaciones y hasta de una "miserable" fe en el porvenir.

[Publicado el 11/5/2012 a las 12:29]

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La basura y la parusía

Pronto, la totalidad de las novelas con éxito serán policíacas. Y las de medio éxito también. De la misma manera que el ensayista ha dejado, en general, de ensayar y elabora historias de no ficción semejantes a un reportaje periodístico o un reportaje del corazón, los narradores, buenos y malos, se han inclinado por redactar intrigas de policías, detectives, ladrones y asesinos que les aseguran mejor el pan.

Como consecuencia, en casi todos los casos, la calidad del texto importa poco y sí vale especialmente su facilidad de deglución. En los trenes, en el metro o en las playas los lectores engullen deprisa los volúmenes gordos y flacos trufados de crímenes e intrigas, que fueron best seller internacionales o que, incluso, aquí y en alguna otra parte recibieron condecoraciones literarias como si se tratara de los galardones de la posmodernidad.

No importa tener o no tradición en la novela negra. Ni tampoco para esta clase de novela negra poseer oficio cabal. El autor menosprecia al receptor escribiendo aquello que considera fácil de asimilar, papilla de papel, mientras el lector se abraza al escritor como si efectivamente viniera a procurarle una distracción tan distendida como un sudoku. En los géneros literarios, más o menos confusos desde hace años, el género policíaco se ha alzado como el absoluto emperador de todos los demás. Con buena o mala escritura el sabor del libro ofrece una supuración dulzona, entre el misterio y la inocuidad. Desde la novela histórica a la novela romántica, lo policiaco traspasa el corazón del argumento y lo da a vivir como en un único serial.

El texto, que ya en el teatro fue remitiendo en beneficio del espectáculo, en el libro rebaja su importancia en beneficio de la información. El teatro se acerca al circo y la novela a la distracción veloz. Ni uno ni otro, soslayando la exposición de pensamientos, alteran ni turban al consumidor. Dejan indemne al viajero para llevarlo distraído a su destino, dejan sin turbación a todos puesto que su fin es acabar en sí mismos y sólo recabar una porción de atención mientras se hallan en marcha. El telón cae y el libro se cierra sin pillar una pizca de mente o de cuerpo entre sus alas. Al sujeto lo tienen, ciertamente, sujeto mientras la función de ver o leer opera pero cuando la función acaba todo queda en el interior del artefacto mediático.

Ni en todas las páginas impresas ni en todas las representaciones escénicas sucede así pero la potencia del factor policíaco y circense es tan alta que el arte del futuro inmediato, desde la artes plásticas o las no plásticas, poseerán el carácter de tal máscara. Máscara sin discurso que se superpone hoy al ininteligible discurso de la crisis. Discurso vano o producción creadora que no gotea sobre el pensamiento crítico y, en consecuencia, no lo enferme vistos los recortes correspondientes en educación y sanidad.

En este panorama hay, sin embargo, un firme cantón irreductible y es el que regenta la poesía. Hay mala poesía y poesía de la experiencia y poesía de Günter Grass que son prosas de baja estofa. Pero la poesía genuina que guarda el aliento de Vallejo, Aleixandre, Juan Ramón, Molina, Valente, Gamoneda o Siles más los muy jóvenes, que promueve el Adonais y La Estación Azul de RNE son como los 3D del mejor futuro. La tecnología virtual, la Abramovic actual, el Cirque du Soleil, componen hoy junto a la poesía pura, los pilares que mejor se corresponden con las construcciones multidimensionales que la ciencia descubre sin cesar. No son ya productos de efectos planos sino fuertes intentos para ir preparando el tiempo de la parusía. Cinceles de luz diamantina que seguirá a esta época del infame Apocalipsis, basurero y laminador.

[Publicado el 04/5/2012 a las 13:51]

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Drogas que hacen creer en el más allá

Movido por la Semana Santa y de Pasión, he pasado varios días en Francia y otros más en Italia. Una experiencia que, a la fuerza, lleva a comparar los efectos que en uno y otro país proyecta la crisis.

¿Resultado? Ninguno de estos dos países vecinos vive esta adversidad con la espesa angustia que atenaza la actualidad española. Hay crisis en esos lugares pero siendo de peso no llega a ser una peste. Especialmente en Francia, si los males económicos tienen sus parcelas sociales y políticas contaminadas no son una plaga que ocupa el pensamiento absoluto. En cuanto a Italia, algo hace sentir que si son importantes sus problemas de deuda y sus déficits casi incurables, el país se mantiene en pie, sin derrengarse ante cualquier amenaza de rescate.La explicación más inmediata sería que no se hayan tan mal como España pero acaso la auténtica razón de peso es que pesan más. Y ya no solo políticamente o en proporciones del PIB sino que pesan más en cuanto que la densidad de su cultura/cultura es incomparablemente más firme.

Puede creerse que estos tiempos en que los números bullen sin cesar lo cualitativo es un factor de segundo orden. La economía y su fechorías ha logrado tal protagonismo numérico a través de recortes y ajustes, mutilaciones crueles y ahorros asfixiantes, que sólo ellos son pertinentes para contrarrestar el mal. La cultura quedaría pues, como un factor ornamental que en los tiempos fúnebres no posee, precisamente, ninguna vela en este entierro.

Sin embargo, la experiencia de vivir esta Gran Crisis en países de mayor consistencia cultural hace ver que la capacidad de resistencia y reacción se halla estrechamente unida al vigor cultural de instituciones y ciudadanos. Una sociedad es tanto más vulnerable cuanto más ignorante es. Un país es tanto más fácil tomárselo a chacota y llamarlo PIG (cerdo) de acuerdo a la baja calidad de sus víveres.

Muchos museos, muchas universidades, muchos catedráticos y auditorios nacidos estos años y convertidos en signos de un vertiginoso desarrollo socio-cultural, han unido al despilfarro la vacuidad y la corrupción a su máscara. Ahora, no obstante, se ve que tras esa carcasa muchas de esas edificaciones, físicas y no físicas, van cayendo a pedazos.

Bien porque fueron construidas de arena, bien porque fueron abandonadas sin apuntalar. Miles de plazas o miles de metros cuadrados sin pilares de verdad, erigidos para tratar de hacer egregia a la autoridad al estilo de los fenómenos dictatoriales del Tercer Mundo.

En suma, al hecho de una cultura que necesitaba albergues para hacerse mejor se ha respondido con la farsa de grandes contenedores sin vida interior. ¿Cómo no esperar que su resistencia a la crisis fuera tan débil y, en ocasiones, igual a cero?Un país no logra su efectiva solidez de los libros de contabilidad sino en este pasado inmediato, de la contabilidad de los libros y siempre de su capacidad de invención y educación. Sin educación no hay país desarrollado ni desarrollo de los cerebros que campearán el temporal. La impresión en Francia o en Italia, dos modelos muy dispares, tienen en común, frente a España que su competencia económica y cultural no es el efecto de unas drogas alucinógenas tomadas de prisa y corriendo. Hay drogas que diseñan impresionantes atletas pero fundamentalmente sus músculos no son el efecto de proteínas dosificadas sino de esteroides que acrecientan pronto la masa muscular. Y la envenenan.

Esta viene a ser la fábula de Zapatero y de Rajoy. Los deportes nos llevan a la Champions League , al mundial de baloncesto y a la final de la Copa Davis pero sus merecimientos despiertan recelos en medio mundo. Porque si España en tantos asuntos ha crecido con drogas (anfetas especulativas, chutes de la Unión Europea, supositorios megalómanos) ¿cómo no deducir -aun falsamente- que los éxitos deportivos, desde el fútbol al waterpolo, son partes del omnipresente doping nacional. Universidades, aeropuertos, museos o auditorios inspirados en el culturismo y no en la cultura. Grandes pero no fuertes, gigantes con pies de barro, idóneos para ser derribados y, en ciertos casos, hasta por el menor temblor.

 

 

[Publicado el 27/4/2012 a las 13:32]

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La foto que todo lo ve

Casi la mitad de la Humanidad posee una cámara o un móvil con el que poder hacer fotos. La cantidad de ellas que pueden llegar a hacerse cada día es abrumadora, pero ¿qué podría decirse de la ingente cosecha de todo un año? Aparte de los motivos familiares que ocasión tras ocasión incrementan exponencialmente la suma de imágenes captadas, el objeto turístico multiplica por mil la colección de estampas que van desde la realidad física a la fílmica o, mejor, al paraíso del mundo digital donde son tan intangibles como presentes, tan presentes como inmediatas a la voluntad de su revelación.

De este modo, cada día, cada hora, un sinfín de documentos gráficos va convirtiendo la presencia en una ausencia de segundo grado. No es la ausencia de la anulación sino la pérdida de atributos del objeto que en cada instantánea se deja atrás su textura o su variable contemplación, su talla y su potencia. Monumentos, edificios, jardines o palacios, el Taj Mahal o el Vaticano, las pirámides de Egipto o las cataratas del Niágara son despojadas en la foto de cualidades fundamentales a cambio de una captura que, más tarde, las dejará definitivamente simplificadas en el interior del aparato.

¿Se resiente con ello la verdad? Crece la verdad del turista frente a la verdad de la presencia real. Y crece anualmente en la multiplicación de sujetos turísticos que llegan ya a casi los 1.000 millones al año y no han dejado, sino circunstancialmente, de crecer. Su número pesa ya como un importante factor en el cambio de la visión de las cosas como, caseramente, los vídeos y las fotos afectan a la memoria convirtiendo el recuerdo cada vez menos en un objeto de la memoria y más como una posesión del artefacto. Una traslación que afecta tanto como Google y sus semejantes, sea a través de la Wikipedia o no, a la capacidad y el esfuerzo mental de la retención. La pequeña cámara y el móvil, el almacén gráfico del ordenador personal, componen ya la personalidad de un individuo paralelo que va tomando de nuestras vidas sus porciones y haciéndose cargo, más o menos, de su peso y de su acción.

La atávica idea de esas tribus que no se dejan fotografiar por miedo a perder su alma, regresa desprovista de temor y cargada de celebración. Sin que lo percibamos con claridad la existencia va tomando el carácter de un pasaje sucesivo para ser plasmado y simplificado en la mnemotecnia de la cámara. La vivencia ingresa en una suerte de congelador donde tiende a conservarse mejor que sin su pasiva colaboración. Toda circunstancia fotografiada se plasma, se detiene en el tiempo y el tiempo deja de hallarse expuesto a una parte de su devoración. De este modo tratamos de eternizar nuestra vida al precio de poseerla simplificada en un almacén virtual.

 

[Publicado el 19/4/2012 a las 11:43]

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El tibio caldo del artista

Entre los casos de creatividad en esta etapa de escasez, la arquitectura se encuentra por delante en rebuscar nuevos materiales y diseños eficientes, edificios sostenibles, autónomos y flexibles que se coordinan con las variables maneras de vivir un porvenir más indeciso y precario. Pero el arte de la pintura, o su comercialización, también está manifestando imaginación para que, buscando nuevos recursos, no se la pierda de vista.

Si al arte expuesto en las galerías cada vez más híbridas (galería-café-peluquería) no acuden los compradores o incluso han perdido atracción para los curiosos aficionados que miran y no adquieren, los cuadros corren hoy y cada vez más hacia los lugares más o menos comunes donde transita la clientela. Cuadros en los hoteles de algunas estrellas siempre ha habido e incluso es usual que se celebren exposiciones temporales cubriendo las paredes del salón, del bar o de los corredores con sus precios a la vista. Lo que apenas se había ensayado, sin embargo, era colgar los cuadros en la misma habitación del huésped.

Había precedentes pero lo que hará la próxima feria Flesh Art Fair en el hotel Palau Sa Font de Mallorca merece ser destacado. Los pintores toman una habitación como cualquier turista y, ganado ese espacio, (ganado lo primordial), despliegan sus cuadros por los paramentos del cuarto.

Los compradores serían tanto los habitantes del hotel o los que pasean como en las ferias ante los stands que ahora son las habitaciones numeradas. Se ha previsto, además, que esas habitaciones puedan destinarse no sólo a que los cuadros residan temporalmente en ella sino que junto a los cuadros duerma, defeque y se duche el artista. De este modo se crea de inmediato una atmósfera de intimidad parecida a la de un estudio pero incluso superior por la influencia que se desprende desde la cama al cuarto de baño.

¿Soportará el autor, no obstante, dormir envuelto en sus propias obras? El visitante entra y sale pero el autor que duerme en tan estrecha contigüidad con sus lienzos se arriesga a sentirse embalsamado. Cuando no simbólicamente muerto.

Cada cuadro evoca una fracción de la vida, cada composición es producto de un ánimo expresivo donde se sintetiza una experiencia compleja. Cada resultado, cada pintura es, en fin, de una parte una obra de arte y, de otra, una obra del cuerpo. Con esta ecuación cada exposición es tanto el testimonio de un goce también el testimonio de una sucesiva deposición. El relato de una serie de extracciones de placer y dolor que ahora, ya bien seca la pintura, rodean al artista como terminantes acabados. ¿Será resistible este impensado camposanto al dormir? ¿Podrá el artista convivir con su obra bajo la estrecha intimidad del sueño?

Todo producto artístico, en la escritura, en la música o en la pintura mueren para su propio autor tan pronto nacen propias por completo. Todos los cuadros enhiestos en derredor son como cadáveres para su autor en cuanto hechos finiquitados. Se dormirá así en el centro de una coral marcada nota a nota por la mano del artista. Pero ya no entonada por este artista presencial que hoy se lava los dientes, sino por aquel artista ocasional ya ha desaparecido en su mismo quehacer pretérito.

La exasperación por sacar agua de la sequía y brillo de las piedras lleva a componer en la escasez y sin mucho proyecto redentor, un diálogo donde la muerte y la vida se encuentran mucho más cerca. El mismo nombre del hotel, Palau sa Font hace mención a ese líquido primordial que, desde la vida, pasa como un caldo de ave a la inmóvil belleza de la muerte.

[Publicado el 09/4/2012 a las 13:13]

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Estética de la huelga general

Tanto la huelga general como la huelga de hambre son temibles e importantes en tanto que la naturaleza de su fuerza es igual a la negación total. Fueron armas revolucionarias que representaban la refutación de lo existente. Oponían al sistema no ya el antisistema inmediato sino la desaparición del sistema. El punto cero de la revolución.

Pero todo ello ha perdido valor. Ni la huelga de hambre se hace efectivamente sin ingerir absolutamente nada, ni la huelga general lleva a la completa paralización del trabajo. De la primera huelga raramente se muere y de la segunda, raramente conlleva una plena abolición. Tanto un caso como otro son ahora teatralizaciones que recrean, como en las fiestas populares, momentos heroicos del pasado. Sea ese pasado perteneciente a la lucha de la clase obrera, sea remedo de los procesos en los que el individuo se inmolaba ebrio de su ideal.

El contenido de la huelga general, el fauvismo de la organización obrera o del ser humano que no cede al chantaje de sobrevivir, pretenden manifestar, en la ciudad o en la celda, la amenaza de producir un vacío pavoroso o un "no" demoledor. El capital posee el patrimonio, los órganos repletos, , mientras la clase obrera posee nada menos que la nada. A la bomba atómica que todo lo destruye se opone la bomba de neutrinos que deja las instalaciones intactas y ayunas de función.

Cabalmente, para que la huelga general alcance su excepcional categoría debe hallarse libre de cualquier excepción. Pueden seguir funcionando los servicios de salud hasta el grado en que no pueda imputársele ningún parecido terrorista pero ni un paso más. De ese modo, las fábricas, las calles, los comercios, los transportes ingresan en la desolación y se exponen como fantasmas, versiones del Manifiesto Comunista desfilando, como zombis, por la superficie de la sociedad.

No hay actividad, no hay movimiento, no hay nada. Que el seguimiento sea del 70 o del 80 por ciento no hace triunfar una huelga general. Ni siquiera un porcentaje mayor lo lograría porque así como una columna si no llega al techo es irrelevante la altura que tenga, la huelga general pierde toda su función, bélica y estética, si hay servicios mínimos en otro sector que no sea la sanidad.

Más aún: el servicio mínimo es la victoria del capital incrustado entre las filas del proletariado o del inmenso "precariado" actual. Con alguien respetando los horarios laborales en plena huelga general su condición pierde sentido. Su estampa se verá salpicada de esquiroles y perjudicada por la racional servidumbre a las necesidades que el Estado ordena. De este modo, la huelga general en vez de protagonizar la máxima escena de la "improducción" subversiva deriva en el aspecto urbano de una festividad.

Se parecerá pues, a los domingos, por ejemplo, y con ello lo que aspiraba a ser un arma del "esclavo" se transforma en un día del Señor. O lo que es lo mismo, se presentará como una jornada dentro de la semana laboral y su propósito aniquilador mutará en un efecto inocuo o testimonial. De ahí que el presidente del Gobierno pueda calificar a la próxima huelga general de "vana". Los mismos convocantes saben de antemano que esa acción no hará cambiar lo preexistente. La Ley no será alterada por turbulencia de la inacción (la inanición) sino que asumirá el suceso como otro dato contable y sin necesidad de revisar la vigente de contabilidad, sus recortes, sus normas y su arqueo criminal.

Con una huelga general los gobiernos quedaban antes "tocados" o malheridos. Ahora, sin embargo, quedarán incluso saneados: sea ante la Unión Europea que valora las extremas medidas adoptadas contra el déficit maligno, sea ante la misma sociedad que, muerta de miedo, sabe que ya no puede emplear, como un arma eficiente, morirse todavía más.

[Publicado el 29/3/2012 a las 09:30]

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La belleza instantánea

El nuevo Porsche 911 (unos 100.00 euros, 4 cilindros y hasta 400 caballos) apenas ha modificado la pureza de su diseño exterior pero en su cuadro de mandos aparece como extraordinaria novedad un pequeño pulsor que se comporta a la manera del punto G en el quehacer del sexo.

Este dispositivo que apenas se ve tiene por misión hacer desaparecer una membrana aislante y permitir la escucha, dentro de la carlinga, del rugido del motor que hizo famoso y apasionado este modelo en las ediciones anteriores a 1997.

Por entonces no había reglas sobre contaminación sonora ni patrullas de policías para multar infracciones ecológicas por el estilo. Toda la imaginada testosterona del órgano motor brindaba la sensación de un vibrante poder, rudo y masculino, poderoso y turbador.

Acaso no sea hoy posible mantener mucho tiempo conectado ese mando o climax sin arriesgarse a una multa de tráfico pero de cuando en cuando el conductor puede probar el regreso a la juventud de ese motor y al clamoroso atributo de esa máquina que, nacida en 1963, ni siquiera el type 991 ha conseguido superar en rendimiento.

El nuevo 911 pesa 40 kilos menos que su precedente y pasa de 0 a 100 kilómetros en 4 segundos. Pero, sobre todo, pasa en un solo instante desde su madurez a la fisonomía rugiente de su juventud inmortal.

Así sucede en una parte de la industria del automóvil pero este caso calca, no por casualidad, el proceso más reciente en la evolución general de la cosmética. De hecho, prácticamente todos los nuevos productos de belleza en forma de sérum o cremas añaden a la promesa de sus efectos rejuvenecedores la exaltación de su acción inmediata.

La instantaneidad en la desaparición de las manchas y rojeces, líneas de expresión y arrugas de la edad, junto a la reconquista del brillo y la expresión lozana sin rastros de estrés, es la base central de su oferta. Todos los posibles clientes, antes que elegir cualquier producto que, a la larga, procurará resultados más consistentes, prefieren aquel otro que opera de inmediato, broncea enseguida, embellece en segundos o, como el nuevo champú de L'Oréal consigue producir en el cabello, gracias a sus partículas perladas, un efecto gloss como antes se logró para los labios.

La juventud retorna como en el Porsche 911 a una velocidad más que ultrasónica y al cabo con una presencia enérgica que es, al cabo, lo que cuenta.

Contaba precisamente Michel Serres en una entrevista publicada en Libération en noviembre de 2011 que la verdadera razón por la que en los tiempos premodernos los cónyuges hacían el amor sin desprenderse de los camisones, a oscuras y valiéndose de un orificio estratégico en la prenda femenina, no era a causa de un mandato moral sino por imperativo de la fealdad carnal.

De hecho, los cuerpos soportaban desde muy pronto toda suerte de sevicias, se desdentaban, por ejemplo, a los 50 años y acarreaban sobre la piel toda clase de cicatrices, granos y pústulas que no curaban nunca y trataban por ello de no dejarse ver.

La cosmética aplicable en el trance de la circunstancia amorosa consistía no en el disimulo del estrago crónico sino en su ocultación sin más. La mirada no hallaría aquella carnalidad indeseable y el cuerpo entero, en consecuencia, se tapaba.

Todo lo contrario de la cosmética que desde Sisleÿa a Vichy, desde Clarins a Givenchy se ha propuesto devolver el esplendor, masculino o femenino, a la lozanía perdida. Se pulsa el dispensador y como en la activación del punto mágico del flamante Porsche 911, regresa el vigor, la luminosidad y la juventud al cuerpo. Son tan solo pantallas, apariencias, películas finas, efectos especiales. Pero, ¿quién no ama desesperadamente el cine?

[Publicado el 27/3/2012 a las 12:52]

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Las branquias del mundo

He aprendido en el último número de la revista Yorokobu (marzo, 2012) una palabra que da cuenta de la realidad actual con extraordinario tino.

La palabra es "exaptación" y se emplea en biología para referirse a una estructura orgánica que hallándose dirigida originariamente a cumplir una función, el paso del tiempo la modula para desarrollar otra. El ejemplo que se cita es el del oído de los antiguos vertebrados: de estar destinados a registrar los sonidos fueron evolucionando hasta convertirse en branquias.

El punto final parece no tener nada que ver con el principio, pero una línea sutil une sus funciones y sus almas. Del oído que actúa, digamos, como un sumidero del ruido y le otorga sentido volcándolo en el interior de la cabeza, se pasa a la branquia que es como el aspirador de un exterior filtrado dentro de la cabeza como material decisivo.

A otro nivel, los fármacos han sido especialmente ejemplares en cuanto a la "exaptación". Dilatores vasculares contra la hipertensión como el Minoxidil o la Viagra se emplean ahora no para bajar las medidas sino para incrementarlas en el terreno de la alopecia y la sexualidad.

Parecería imposible que algo deprimente fuera capaz de mutar en un quehacer exultante pero la "exaptación" proporciona esta paradoja que o bien regala un producto añadido o bien crea un artefacto tan impensado como benéfico.

Toda la teoría económica y moral del reciclaje se relaciona con este fenómeno, insignia central de nuestro tiempo. Los miles de millones de basuras que se producen en el mundo y se dirigían antes hacia la nada dan la vuelta y regresan transformadas en elementos más o menos familiares o abstrusos, que alteran la fisonomía y el saber del mundo.

El plástico que vuelve hecho bolsa de plástico desde otra bolsa de plástico hace patente la tremenda idea de la reencarnación. El neumático que reciclado vuelve en forma de cinturones y bolsos de moda expresan el potencial redentor que encierran aun las cosas más modestas.

Por otra parte, de esta misma naturaleza redentora son todos los movimientos ideológicos que rebuscan en los contenedores para obtener limpio provecho del desecho. Y de este carácter ético y hasta revolucionario fueron los cachivaches que impulsó Ivan Illich en su centro de Cuernavaca y que sirvieron para hacer ver, hace más de cincuenta años, el enorme valor que podía extraerse de las pérdidas.

El ojo que se anega de opulencia perece en la masa de lo mismo. El ojo que intencionadamente mira en los residuos y fisuras halla, sin embargo, un mundo de intrigas prácticas o inteligentes. En los tiempos de erección (del pelo, del pene, del beneficio empresarial) no hacía falta mirar mucho más allá. Los elementos se comportaban de acuerdo a las expectativas.

Sin embargo, el fallo inesperado delata la posible existencia de una mina interior. En el fondo de esta Gran Crisis yace, efectivamente, una mina fatal, una causa imposible de analizar cuando el orden provoca opacidad y resistencia. Todo fallo, todo desorden, cualquier disfunción plantea siempre una pregunta al sistema. Y a la farmacología y al ingenio. No podemos saber en qué se convertirán nuestros actuales fracasos como tampoco pudo predecirse en qué irían a parar los oídos de los primeros vertebrados, pero una esperanza parte de estos destrozos, alguna presencia nueva nace de la evanescencia.

De hecho, los muchos movimientos de bricoleurs actúan hoy como patrullas de un bricolage mundial que recuerda el avance histórico de los pueblos observados por Lèvi-Strauss. Del informe montón de escombros surge, mediante la necesidad motora, una nueva ciudad, un nuevo hogar, un sentido nuevo.

Será pues vano desesperar ante la hecatombe. Una fuerza interna, conectada con la energía de nuestra pobre y firme especie humana, convertirá el derrumbe en edificio, la disfunción en erección y la sordera en una branquia transversal por donde respirará y nadará el mundo.

[Publicado el 16/3/2012 a las 09:00]

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

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Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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