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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 20 de diciembre de 2014

 Blog de Vicente Verdú

Feliz Navidad

No llama la atención pero es muy llamativo que todas estas Fiestas de Navidad se consideren tan necesariamente familiares. No lo son porque lo sean sino porque deben serlo.

¿Nadie lo ordena? La Historia de la familia en nuestro espacio cultural conserva esta inducción, muy severa, a celebrar la fechas con los hermanos, padres, cuñados, nietos, abuelos, yernos, nueras y no sé que otros muchos parentescos más que se ven concitados a reunirse y a comer (en cenas o almuerzos) grupalmente. De una parte, hay quien lo toma como una crucifixión pero otros lo echarían de menos si no rigiera esta clase de invisible coerción a juntarse alrededor de una mesa bien puesta.

No siempre es feliz este agrupamiento, claro está. Y no siempre las cenas más festivas terminan alborozadas  pero aquí reside, precisamente su interés. Las familias estrechan sus contactos, reducen las distancias de sus domicilios y se someten al experimento de compartir a fecha fija un supuesto acontecimiento feliz que los envuelve. Pero esta felicidad tiene por singular característica que no procede de nada inesperado o celestial sino que se fija estrictamente en unos días como si de hecho la felicidad no tuviera otra opción que presentarse en el orden del día fijado para la reunión. Pero realmente, como es de esperar, la felicidad siempre posee sus planes autónomos o independientes. Es arbitraria, es voluble, es caprichosa,  es más bien tonta y no lleva ni agenda ni reloj. La felicidad es como el mercurio en los tiempos que el mercurio se nos presentaba  a través del termómetro roto y como un metal (o un animal) que nadie podía  controlar del todo. La felicidad es mercurial, deslizante, inaprensible. ¿Cómo encerrarla en el tosco reducto de una congregación familiar? Nada más opuesto a la ominosa elegancia de su naturaleza. A su ser vocacionalmente  delictivo. La felicidad viene y va. Se pasea por el mundo como una entidad sin dependencias ni leyes cronologías. Hay de todo dentro de la felicidad y mucho más también fuera de ella, Puede hacer feliz a un desvalido concediéndole un sabor de miel superlativa o compensar incalculablemente a un rico prestándole la oportunidad de vivir sin techo junto a un  cuerpo de miel. La felicidad no tiene signo, ni residencia fija. Va de aquí para allá. ¿Convocarla en Navidad? El resultado suele ser tan baldío que de una u otra manera enseña, año tras año, que las celebraciones de los días navideños se relacionan  más con el desengaño que con la satisfacción. Más con el dolor que con el gozo, más con la melancolía que con el mazapán, más con la experiencia de recuerdos insondables, manifiestamente oscuros, que con las luces del árbol, la purpurina y los villancicos que siendo tan simples  dan tanto que pensar.

[Publicado el 19/12/2014 a las 16:10]

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El médico

Un médico llega a tener tanta influencia sobre el paciente (el "pasiente") que más allá de dictarle como una sentencia el diagnóstico y prescribirle los posibles remedios, es capaz de imbuirle un estado de ánimo principal en función del trato que le concede y del buen o mal momento que comparten durante la consulta. De este modo el enfermo sana o empeora inmediatamente Se siente optimista o derrotista en un instante. Por ese poder el médico, figura de superlativa  jerarquía, actúa -consciente o no- con los poderes de un semidios. Un intermediario oficial entre la vida y la muerte, el dolor y la curación, la felicidad y la desdicha. La enfermedad parece ser algo independiente del doctor pero siempre depende su recreación, más o menos, de las palabras con que la descubre y la presenta "el facultativo". Facultativo o facultado, de facto, para todo lo mejor o lo peor del constante temblor que comporta la supervivencia.

[Publicado el 17/12/2014 a las 10:38]

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La fobia

Pocas palabras son tan ajustadas a su concepto como "fobia". La fobia lleva consigo, en el centro de su pecho, el rechazo y en su cabeza una aborrecible figura que topa con nuestra simple voluntad, yo, nuestro legítimo deseo.

No valen las fobias sin fundamento aunque suelen ser abundantes pero se trata sólo de fobias sin investigar del todo. En el fondo de cada fobia reside un pozo razonado de odios y miedos al que tarde o temprano se tiene acceso y conocimiento. De esta manera la fobia es una bestia asentada en lo hondo de cada sujeto y encerrada en su mismo espacio. Ambos sujetos conviven pero mientras la víctima en Sujeto a la fobia, saltado por ella imprevisiblemente cuando todo es carne de paz, la fobia es un sujeto carnívoro.

La paz y la fobia se enfrentan como la mansedumbre se opone a la cólera. Y no una cólera cualquiera sino una cólera dura y hasta fosilizada. De ahí que los profesionales del alma, los psicoterapeutas y psiquiatras, encuentren tanta dificultad en extraer la fobia del paciente. De una manera la fobia actúa con gran efectividad gracias a su arraigo y, de otra, ese arraigo puede llegar a un grado en que se convierte en parte de nosotros mismos. Un organismo con su fobia es un organismo que funciona con la fobia engastada. Como un coágulo que nos puede matar, como un trombo que nos puede ofuscar, como una pesada bola de acero que nos obstruye la garganta. La fobia puede ser de este modo una esfera pesada y pulimentada pero también fobia que con el tiempo ha desarrollado una pluralidad de  estribaciones y largos filamentos odiosos  que podrían ahogarnos con su extensión interna y apoderarse de nosotros como un demonio de incontables dedos. ¿Odio a la fobia? Sí. Pero cuanto más miedo se le tiene, cuanto más se obedece a su terror, cuanta más atención se le presta, más crece y envenena  llegar, acaso, paralizarnos, a esclavizarnos, a envolvernos de ceguera la cabeza.

[Publicado el 15/12/2014 a las 11:05]

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El desayuno

En las operaciones que repito diariamente para prepararme el desayuno veo con elocuencia el paso de los días. Los gestos y los pasos vuelven a ser lo mismo una mañana tras otra. Son tan iguales entre sí que sería vano esperar que no dejaran de serlo nunca o que algo sucediera para interrumpir su cadena o para suprimirla por entero. En esta rutina que me encarrila siempre vivo hallo también la cinta sinfín que me conducirá al fin de su marcha. El fin de esa amistosa cadena que ya no podrá reproducirse un día más a partir de un día cualquiera. Un día cualquiera. Sin nombre, sin prestigio, sin causa expresa. Solamente  porque  mis impulsos no den más de sí y esta facilidad con que me levanto de la cama y voy ilusionado a buscar el periódico, la tostada y el café desaparezcan como por ensalmo. Sin advertencia, sin inteligencia, sin misericordia. Sólo porque el ciclo se ha dado por cumplido.

[Publicado el 04/12/2014 a las 13:18]

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Adicción

Lo decisivo de las adicciones es que habiéndose consolidado se comportan más que como adiciones. No son sumas de lo preexistente sino parte ya de lo existente. Eliminarlas conlleva por ello una suerte de mutilación que hace más que nunca dolorosa la curación. El punto en que la adicción penetra en el organismo la lleva a formar parte de él. Nociva o no, ha ingresado en la circulación, en el proceso biológico, en la circunstancia personal y en la personalidad misma.  La deshabituación no significa por ello tan sólo una ruptura del hábito sino de la misma piel y de la carne que va tras ella.

[Publicado el 03/12/2014 a las 10:58]

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La pareja

Tener una pareja suele ser una bendición puesto que la solidaridad y la compañía curan de casi todo. Pero, efectivamente, puede convertirse en una maldición si la relación se pervierte, y sea por desentendimiento o por avidez  la interacción va dañando a cada uno y los transmuta en sus peores figuras humanas.  El mal y el bien se relacionan tan estrechamente que con pasmosa facilidad hay quien promueve lo mejor o lo peor de uno mismo dentro de la relación. Si es mejor estar solo que mal acompañado el refrán alude al dolor que una torcida compañía puede imbuirnos mientras la soledad, siendo indeseable, puede comportarse  sin embargo como una cicatriz muy bien cosida y en cuyo interior, aún no siendo felices plenamente, se consigue una consistencia que, con  tiempo y la costumbre, deriva en paz. Hay innumerables gamas de bienestar entre estar benéficamente  acompañado a sentirse podrido en soledad pero es indudable que la pareja, ese artefacto potente y cimero, es un factor decisivo para decidir el color de la combinación entre dos. Del negro al blanco, del violeta al amarillo, del azul al rojo. El cuadro de una relación es un módulo removible que de prestar felicidad naturalmente  llega, mediante inesperadas luces, a constituirse en un demacrado tormento para el indefenso corazón.  

[Publicado el 02/12/2014 a las 12:24]

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Ir al médico

¡Qué difícil resulta todavía que alguien reconozca la necesidad de una psicoterapia! Ciertamente la vida es tan contradictoria que los desequilibrios personales suelen ser propicios  para atribuirlos a las circunstancias exteriores. Nada qué decir en términos absolutos. Hay circunstancias exteriores que se imponen como grandes bloques inamovibles e indisipables. Pero otros, muchos de los complejos componentes de nuestra vida diaria suben o bajan, se acentúan o se moderan, se convierten en terrores o son problemas dóciles de acuerdo al pensamiento que proyectemos sobre ellos y a la decisiva interpretación que finalmente les asignamos. De esta manera puede  cualquiera rodearse de un campo de minas  que un experto desactivaría. Minas y asechanzas, tristezas y complejos, desorientaciones y depresiones que un buen psicoterapeuta podría poner en evidencia su mecanismo interior y al contemplarlo, pieza a pieza,  nos sería posible tratar convenientemente con la sevicia.

 Relaciones con uno mismo y con los demás se engusanan por efecto de no haberles aplicado un insecticida eficaz y a su debido tiempo. O se enredan apretadamente los ingredientes por no haber contado con la necesaria lucidez exterior para comprender cómo se había formado ese nudo. De todo este universo de dolor hay algunas personas que no rehúyen ser atendidas por un profesional, por un terapeuta que, al cabo, no es ni mejor ni peor, ni un dios ni un mago, sino sencillamente un especialista en conflictos personales y así como a un ignorante de la automoción  le parece un imposible arreglar la avería de un coche, a un ciudadano común ignorante de  los procesos  o  vericuetos de la psicología le puede parecer imposible mejorar o sanar su malestar recurrente. Malestar para sí, malestar para los otros, malestar para vivir, malestar para trabajar, malestar para emprender, malestar para amar, malestar para dormir, malestar para estar.

[Publicado el 01/12/2014 a las 10:00]

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Control remoto

Un signo de la modernidad es el aparato que, por antonomasia, opera, gestiona, dirige o produce sin valerse de las manos. Ni tampoco de la vigilancia presencial del director o del obrero. Las radiografías o las laparoscopias, los aterrizajes o los bombardeos son obra de artefactos a los que se les dirige a cientos o miles de kilómetros de distancia. El espacio y su aventura puso de manifiesto hace más de medio siglo el poder de los ingenios a distancia. Este poder, sin embargo, ahora  ha aterrizado hasta el mismo corazón de este mundo. Las manos y los brazos sólo se mueven acaso a una distancia incalculable, O ni siquiera se  mueven y es sólo el pensamiento quien pone en marcha la acción. Esta separación entre la cosa y el ser humano, entre la sensualidad  de uno y otro, empezó ya con las puertas con células fotoeléctricas. Puertas que se abren y cierran automáticamente, sin necesidad de esfuerzo humano alguno. Fin pues de la manivela y de su amable diseño antropomórfico. Eliminación del producto inspirado en la figura de su creador humano. Las invenciones más recientes poseen su propio sistema interno y al margen del sistema interrelacional humano. Obedecen nuestras órdenes pero han dejado de pertenecer a nuestro orden. Navegan, planean, se comportan como absolutos complejos autónomos de los que progresivamente vamos siendo borrados o reducidos como protagonistas de sus edificaciones o sus estragos. Poco a poco el mundo pasa de nuestro lado a su lado y nuestra vida se hallará o más disponible desprovista de trabajo y de su importante condición.

[Publicado el 27/11/2014 a las 10:02]

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Escribir y pintar

Después de unos últimos quince años dedicado intensamente a la pintura, una melancolía física, anegada de cariño, me vuelve la atención a la escritura. Contemplo como Caballero Bonald, Marías, Marsé, Longares, Cercas, Millás, Muñoz Molina, Mendoza, Patricio Pron y tantos otros colegas queridos y admirados, han continuado peleando en serio con el idioma y fraguando historias, dorados niveles de ficción, semificción o investigación con el amor de cuarzo que requiere escribir suficientemente bien.

No sólo por maldad, se alude al dicho de que la letra con sangre entra. La letra, (primero hiriente y después tan benéfica como la morfina),  entra en la carne y en la cabeza, en la respiración y en la mente, entre un laberinto  tan grande y esforzado como impredeciblemente efectivo. Una cosa son las manchas y formas de la pintura -especialmente importantes para en este tiempo- y otra es la  tacha esencial que cada letra y su frase precisas viene a engastarse en el conjunto. A fin de cuentas como decía Sartre un libro -en cuanto objeto- no es sino una confundida sucesión de garabatos y la escritura no llega a ser otra cosa, cuando se miran sus  líneas por encima, que una fila de signos sin cuerpo o corazón hasta que no les prestemos nuestra figura emocional como lectores.

 Ese mundo es magnífico y ese mundo es también endemoniado tan misterioso como  histérico, tan difícil, hostil y cegador como una mística.

Claro está que hay quien se ve ante la página como un nativo flautista que improvisa con milagroso acierto pero el común de mis conocidos, (yo mismo y varios de mis autores preferidos), se baten entre esos signos como ordinarios malabaristas y llegan acaso al corazón de las gentes a través de la magia secreta, incontrolada y asombrosa de los santos.

Bendita literatura. Maldita literatura. Nos corona como seres magníficos con sus muníficos resultados precisos y nos condena con sus ripios caníbales tan acechantes.

Este peligroso y sedicente territorio que he practicado escribiendo obsesivamente (aunque menos estos años del siglo XXI) se alza ante mi como una imagen de la Purísima Concepción en tiempos del Estado de Bienestar. Veo a la pintura en una horizontal  al estilo de la red y a la escritura alzada sobre en una piedra de cuya verticalidad recibimos todavía bendiciones.   De la pintura salgo yo casi siempre envuelto en pieles y racimos inmerecidos. De la segunda termino como despojado- Exhausto como siempre de haber degustado una  verdad celeste que no olvido.

Siempre he sido más de la poesía que de la novela puesto que la primera autoriza menos a andarse por las ramas, se ocupa más de tener una puntería cenital y divaga peor entre mentiras, aun encantadoras y piadosas.

Pero ahora, en este amanecer del sábado 22,  me nace rendir un homenaje a todos los autores de mérito y a su difícil oficio de escribir. Yo quise ser uno de ellos desde que iba a la escuela y ha sido un sueño escribir y publicar tanto como para llegar ese título a mi carnet de identidad. Soy escritor, a fin  de todas las cuentas ahora que deseo ser también pintor, al final de todo.

Tengo una amiga encantadora a la que suelo disuadir de aventurarse en esta maleza de palabras que constituye la escritura larga pero me arrepiento tanto  que seguramente la llame hoy mismo para confesarle que me he precipitado en algunos juicios que descalificaban a ciertos   escritores de éxito, tan honrados como currantes.

Me gusta haber extraído de mí al pintor que fui también desde niño pero como dos gemelos se me aparece ahora la doble cría donde me reconozco. Honor, pues  hoy para los escritores a los que leo con un  sigilosos interés que se parece a la idea de ir buscando la cercanía de su espíritu (aunque haya ciertos caracteres que no trago). Y honor, especialmente hoy para los filósofos a los que voy siguiendo por las tardes alma con alma desde un caudaloso sillón de terciopelo azul.

Finalmente, en correspondencia con la sensación que recibo cuando pongo mi mirada sobre un lienzo blanco (dentro de un hermoso estudio a 20 metros de casa) los  libros admirables que gocé y disfruto se alzan ante mí como la nutrición animal indispensable para ser, a toda costa, un digno ser humano.

[Publicado el 24/11/2014 a las 09:40]

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El final

Al menos que se confíe en la improbable posteridad, todas las vidas se interpretan desde el final. Lo mismo sucede con las películas o las novelas se reinterpretan de acuerdo a como acaba el desenlace. Cualquier narración cobra su auténtico sentido a partir del fin. El principio es sólo una añagaza y el final resulta ser, por antonomasia, la conclusión. El compendio de toda la historia se halla en las últimas líneas del libro, en los últimos años de existencia del artista, en los últimos percances del empresario triunfador. Desde ese resto se levanta la entera y sólida realidad de la construcción siendo lo anterior un teatro removible que sólo se manifiesta como real con su afianzamiento último. Sin un buen final se condenan los fieles más indómitos, con un buen final se salvan los pecadores. De la misma manera, dentro de la civilización cristiana, cada cual parece recibir su merecido o redondear sus méritos en la capacidad para lograr  un buen colofón. El colofón es, por encima de todo, el momento decisivo  del galardón. Cualquier deterioro de ese tiempo final pone en cuestión el valor de lo (supuestamente) realizado antes o lo ilumina con una luz demacrada. El buen final es, en cambio, la gran foto a todo color. Antes, los fotones o los méritos son aún como fulgores accidentales que no terminan de convertirse en auténtico y afianzado esplendor. Ojo pues al final. El cierre de los párpados entre miserias puede arruinarlo o cegarlo todo.   

[Publicado el 20/11/2014 a las 10:31]

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009)

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Bibliografía

Enseres domésticos (2014). Anagrama. 

Apolcalipsis Now (2012), Península.

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

 

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

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