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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 28 de abril de 2015

 Blog de Vicente Verdú

Examen de conciencia

Entiendo que muchos, escritores profesionales o no, escriban sus memorias a la manera de una exculpación y no sólo como un relato. O también, como decía Laín Entralgo, como "un examen de conciencia".

Una existencia esta compuesta de tantos tropiezos y relaciones, buenas o malas, injustas o justas que  exige ese balance por el hecho importante de convertir lo pasado en un objeto enteco y extirparlo de toda secreción jactanciosa  u  hostil.

Somos nosotros objetos y sujetos en la vida común. Pero ¿qué paz si todos fuéramos al cabo sólo objetos que interactuaran entre sí como las múltiples bolas de un billar norteamericano o, aún más, como las máquinas con  flippers que hacían viajar a la bola de acero por vericuetos que no podían ver ni prevenir. Ni odiar ni desear?

El juicio sobre uno mismo cuando es firme y sereno nos deja en paz como si los treinta y nueve de fiebre hubieran bajado a los treinta y seis y medio.  Desprendidos de aderezos, eliminados  los engreimientos, abatido el orgullo y descalificado el soberbio (y acalorado) amor al yo, la vida se convierte en una senda apaciguada y con mediana luz.

Es de este modo natural como he venido a plantearme el bien que sería para mi y los más cercanos  escribir un libro sobre mi vida con sus imposturas, sus vacilaciones, su contradicción,  siempre en el imposible camino de lograr lo mejor, aun equivocadamente. Lograr lo mejor, por ejemplo en la profesión, donde nunca he conseguido -tampoco mis mejores amigos- sentirse satisfechos o felices de cuerpo entero. Sólo los tontos o muy tontos, creo yo,  sonríen al final de sus días. Los moribundos respetables,  muestran, con razón, un último rictus de decepción, la faz que ha visto demasiadas veces la dura y despiadada espalda del mundo.

[Publicado el 22/4/2015 a las 11:44]

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El éxito

La persecución del éxito conlleva una fatiga mortal puesto que, en verdad, el éxito tal como se sueña no es sino una quimera. Una quimera envenenada. Mata tanto a quien lo logra como a quien se siente un malogrado. Brindemos pues con salud por lo que se hace amándolo (y amándonos). Lo demás son bichos criminales o zarandajas.

[Publicado el 21/4/2015 a las 13:44]

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La alegría

La alegría es un peculiar estado del alma. Todos podrían calificarse como diferentes pero la alegría es particularmente peculiar. ¿Qué quiere decir peculiar? Fácilmente se deriva de la palabra pecunio. La alegría es un tesoro, una fortuna o una potencia. Gracias a ella se puede crear y sin ella nos disponemos a resistir el dolor que acecha. Todo advenimiento de la alegría, sin importar la causa, es como un profuso riego del sistema central. ¿Dulce? ¿Picante? Lo mejor de la alegría es que no conoce parangón ni en el sabor ni en el decir ni en tampoco en el pensar. La alegría sigue un curso autónomo, tan falto de objetivo, que cuando incide en nuestro organismo se convierte en una festividad sin propósito ni finalidad.

Y de ahí deriva su carácter tanto altruista como azaroso como benefactor. La alegría, podría decirse, se comporta con la arbitrariedad de la meteorología o como los polvos de oro que de vez en cuando Dios, habitualmente cicatero en todo, desprende para contentar al feligrés con su eyaculación.

El contento del alma sin pecado se aproxima a la alegría perfecta del devoto, pero para ser alegre de verdad, sin militancias religiosas, se necesita olvidar los paraísos de la religión. Se está alegre porque nos aman, porque hemos sido reconocidos, porque, al cabo, esa persona confía decididamente en mí. Yo soy el macetero de esa planta frugal pero ¿cómo lograr que se inserte en nuestro vulgar abono? No es asunto fácil ni humanamente reglamentado. La alegría sobreviene, en ocasiones, como si se tratara de un fenómeno imprevisible que nos roza por error o casualidad. Pero entonces ¿cómo no sacar provecho de esa brisa errática? Los creadores, los pintores en concreto, sienten una pereza física ante el cuadro. Hay que pintar haciendo fuerza, concentrándose, escogiendo entre los materiales y sus pigmentos,  preocupándose por su resultado y su interlocución.

 Todo ello que expuesto como labor resulta arduo es, sin embargo, un  navío gozoso en la elaboración. Estar alegre es llevar agua de sobra para todos. Para uno en primer lugar, tranquilizado ante la necesidad de beber pero también paran los otros que ya no sufrirán por nuestra parte ninguna sed. Es así que la alegría es líquida, mientras la tristeza es sequedad. Es así que la alegría es agua de colonia mientras la tristeza conlleva el olor de la carne chamuscada y al pescado en  su putrefacción. 

[Publicado el 15/4/2015 a las 09:30]

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El cansancio

Me reprochan mis hijos que cada vez que me ven y me preguntan cómo estoy les responda que "cansado". Comprendo que se hayan cansado de la misma contestación y de su contenido cansino. ¿Cansado de qué? Y ¿por qué casi siempre cansado?

Lo mismo me pregunto yo.

 Me lo pregunto y me lo respondo de manera ladina. En tanto me siento cansado me veo justificado. La fatiga y el trabajo van tan unidos en las ecuaciones elementales de vivir según la orden divina que al mencionar el cansancio se alude a un esfuerzo que ha dejado su sagrada huella. Con esa huella, en suma, se obtiene una marca redentora y siendo, además cierta la marca puesto que no respondo por decir algo la cuestión viene a decir que me exijo trabajar hasta el límite incluso de lo exhausto.

Así se cumple un primer bloque de la cuestión. El segundo, sin embargo, no posee esta clase de relente religioso y edificante. Es el cansado de estar simplemente aquí. El cansancio de haberse erosionado con el vivir sin alicientes o al cansado por causa de la vejez que no es sino la fatiga de los materiales o su erosión determinante.

Este segundo paquete es tan desfavorecedor ante los ojos de los demás que los mismos hijos se indignan cuando se lo presento sin tapujos.

Pero ¿cómo tapar lo patente? ¿Cómo eludir lo flagrante? Sólo mintiendo. La mentira cura, la mentira mata, la mentira nos da y nos quita el martirio, la mentira nos esconde, la mentira nos descarta,  la mentira nos  contenta por momentos.  Mentir pues, sin reservas ni recelos, es aplazar la verdad. Esa que seriamente aniquila.

[Publicado el 13/4/2015 a las 14:17]

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La indecisión

Algunas personas padecemos de indecisión y la necesaria decisión se nos presenta como un martirio. No significa que queramos seguir un dictamen para ahorrarnos el titubeo sino que el titubeo, como el balbuceo, forma parte del organismo y ni es dulce, ni extirpable, ni ejemplar. Los indecisos suscitamos en nuestro alrededor personal un baraja de dudas que en exposición, arracimadas o sobrevolando son como una nube de insectos dañinos y necesariamente feos.

El indeciso, además, no se redime al tomar una decisión y otra, aun terminantes, puesto que su carácter fundamental le lleva siempre a dudar de lo decidido y no averiguar de qué modo podría actuar más adelante parta acertar y curarse. El caso de las personas decididas al lado hace que el indeciso se sienta como en un mundo de carriolas. Un mapa donde su senda apropiada debe trazarla con enorme fatiga y temeridad a cada paso.

¿Por qué unas personas lo tiene tan claro y otras tan oscuro? No hay más respuesta que la obviedad de las determinantes diferencias. Unas diferencias que si al decidido le llevan a exasperarse ante el que no lo es, al indeciso lo convierten en un mendigo de la virtud de los determinados. ¿Cuestión de valentía? ¿Cuestión de lucidez?. Ninguna de las dos cuestiones salda la cuestión.

El indeciso lo es desde el nacimiento a la muerte de modo que sólo en las contadas ocasiones en que ve algo claro, se aboca volcánicamente hacia aquello. Los indecisos son así vacilantes pero también, a menudo, violentamente caprichosos puesto que el capricho sería su excepcional y explosiva guía. O también podría decirse que si la decisión pasara por las luminarias del encaprichamiento, el caprichoso indeciso, se hallaría esporádicamente salvado.

La voluntad de decidir no se adquiere pero, ciertamente, la capacidad para elegir movido por una fuerte ilusión tan fuerte como pasajera, compensa la carencia del sujeto.

¿Sujeto? Por entender la relación que sujeta el eje de las buenas decisiones suspiraría quien por ser tan indeciso vive la libertad de elección como un tormento y el tormento en una vergonzosa forma de ser.

[Publicado el 09/4/2015 a las 11:06]

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La dolencia

-A medida que nos acercamos a la muerte deseamos no  oír.

-No hay lema más bobo que insistir en aprovechar el instante. El instante no existe.

-La felicidad se advierte cuando ya ha pasado. La desdicha es de rabiosa actualidad. Actualidad que rabia.

-Se esforzaba en ser él mismo. Una redundancia imposible.

-Ser innovador, sin embargo, es igual a ser el que soy. Tal como Dios ha logrado, por ese camino,  ser el máximo inventor.

- El mal es familiar. El bien, un visitante.

- Lo dulce se apodera del cuerpo.  Lo salado se apodera del alma.

- Toda línea recta es la  revelación máxima.

- El color procede de otro mundo. Nos desmantela.

- La soberbia  propende a borrar  el mapa.

- La humildad nos alimenta, gota a gota.

- Sueño con una nave industrial donde pintar embarcaciones

- La natación nos incluye en la felicidad de la nada

- No somos género humano. Todo esa abstracción  pertenece a los libros.

- El ser humano es un penacho de humo, disipándose

-La conciencia de vivir es muy débil y el amago de muerte la aniquila.

- No es el dinero quien nos hace ricos sino la posesión de cuanto sea.

- La belleza es el mayor alcohol para el artista

- Sólo podía amar compadeciendo

- El abismo es la cima de la fe.

- Te amo tanto porque nunca me miras.

 

- Esta oscuridad es el efecto de la sabiduría.  No se sabe tanto como    cuando todavía nada se ha aprendido.

- Médicos  tan ciegos como pájaros de yeso.

- La insuficiencia es la consciencia.

- La inteligencia mata

- Tu falsa inocencia es igual al máximo vicio. 

 

[Publicado el 08/4/2015 a las 09:39]

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El azar o la inspiración siamesa

¿He sido copiado o he sido la imprevisible musa de un ensayista francés?

Para empezar, declaro  que siempre me han interesado los ensayos de Gilles Lipovetsky. Unos más y otros menos. Más los primeros, menos los segundos y algo menos los de la última producción. En lugar de mejorar colaborando con otros colegas, sus obras han perdido coraje. Se han hinchado de información y han perdido seducción

Este último, La estetización del mundo (Anagrama, enero 2015) es un caso superlativo. Por cada idea, frecuentemente débil, se vuelca un huracán de alusiones a la vida social, comercial o estética. Pero ¿qué quiere decir  La estetización del mundo?  Quiere decir, en resumidas cuentas, que los objetos producidos por el capitalismo han ido embelleciéndose desde comienzos del siglo XX, justamente al compás del nacimiento de una sociedad de consumo a lo que no bastaba, para ser tal, que los objetos fueran útiles como herramientas sino también encantadores en cuanto experiencias. 

Este planteamiento ya tan incuestionable como obvio no viene a ser otra cosa que la obligada  adaptación del capitalismo a los deseos de los consumidores cada vez más cínicos, cualificados y  convertidos progresivamente en reyes del mercado diferencial.  De este modo, el capitalismo halló su supervivencia en los productos personalizados, su hospedaje en los hoteles con encanto y su glamour en los coches oliendo a lima o en los Victoria's Secret con una melodía sensual.  Miles de artículos diferentes expuestos en incontables temporadas anuales, diseños presentados  en los museos y grandes museos con cocinas artísticas para servir  bodas. La división de la vida en departamentos es ahora un loft convertible y estetizado para crear sensaciones,  ficciones más allá de la función.  

Tan atractivo viene a ser el mundo tratado por  Lipovetsky que impulsa a seguir sus pasos pero, últimamente, se ha mostrado tan apresurado en sus elaboraciones que, como en el plus del  mach 1 se ha dejado el sonido detrás. La estetización... se publicó en Francia en 2013, exactamente diez años más tarde de que -también Anagrama- lanzara mi obra El estilo del mundo (mayo 2003) madre descarada de esta hijuela gorda y sosa.

 Las pruebas de filiación o sabor sucedáneo se hallan impresas y bien documentadas en la escritura de ambos libros. Mi orgullo de autor fue ya exaltado por la  traducción al francés de Le style du monde (Stock, 2005), premiado en el París de 2006. No podría decirse que pasara del todo inadvertido para los escritores afines. Y esta misma circunstancia "afín" me  empuja a consignar dos puntos especiales sobre esta obra de Lipovetsky y mi texto de casi diez años antes.

El  primero se refiere al valor intrínseco de La estetización...  que si no sorprende nada por su tesis arrolla con su desaforada información inútil.  Y, el segundo, punto, el principal para mí, tiene que ver con la maldita casualidad de que, no ya que los conceptos usados por Lipovetsky y Serroy,  sean prácticamente los mismos (aunque desbravados) que los de mi El estilo del mundo varios años antes. Acaso, no por azar, su título, La estetización del mundo se parece mucho al mío (El estilo del mundo) y  encima su subtítulo  Vivir en el capitalismo artístico es casi lo mismo que mi subtítulo  La vida en el capitalismo de ficción. En resumidas cuentas su "capitalismo artístico" sería mi fundacional "capitalismo de ficción". Y todo lo demás es monte bajo.

Como sabemos de sobra,  para un ensayista francés un ensayista español ha contado siempre poco y no iba a ser yo su excepción. Sólo insistiré en el hecho de que la versión de mi obra en francés estaba ya a su  mano  mientras trabajaban en La estetización...y que no citar  El estilo del mundo una sola vez en 400 páginas tan parecidas es, al menos, un vacío de escaso estilo intelectual. Aunque todo puede ser, y no debe descartarse, que se trate de un maldito enredo del azar o una clase de inspiración siamesa.  

[Publicado el 06/4/2015 a las 10:07]

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Ventajas y desventajas

Puesto que todo el mundo tiene la sensación de dar más de lo que recibe, las cuentas del mundo se hallan en un desequilibrio extremo que no hace sino empeorar con los años y llevarnos juntos a la perdición.
Son tan pocos aquellos que declaran haber recibido más en el intercambio simbólico o vivencial que la injusticia viene a ser el sustento de toda nuestra condición. la materia prima de la existencia. 
Porque no en vano somos mortales. Y siendo mortales ¿qué inmenso bien deberíamos recibir por el pago que entregamos con nuestra muerte? No hay ninguno que lo iguale. No hay. por tanto, bien que supere al mal, no hay recompensa suficiente, no hay un peso en oro que iguale el peso de morir. 
De ahí se derive acaso la sensación general de ser tratados (y contratados) injustamente por los otros. Seguramente no son ellos los sujetos directos de la estafa o pero juntos, arracimados, componen una masa que se nos viene encima con inicuidad. 
Nos salvaríamos, seríamos felices, creemos, si fueran correctamente celebradas nuestras entregas y con ellas fuéramos realzados nosotros. De hecho, el del reconocimiento público de los los demás, en la política, los deportes o el arte, puede convertirse un simulacro de supervida o, en definitiva, en un aplazamiento de la desaparición. Los santos y los ilustres ganan con su fama este nemotécnico galardón. El don de verse recordados por la historia, como figuras a las que se les debe algo. Y lo que es todavía más gozoso: : figuras que estando ya enterradas, quedan exentas de entregar nada a cambio. Se llegaría así a la excepcionalidad superlativa de haber ganado en el intercambio. De hecho los santos son figuras realizadas gracias a esta fórmula maestra que hace al feligrés ser un debitario permanente de lo sagrado. Porque en este caso y paradójicamente, la muerte ha sacado ventaja a la vida. No otra sino esta añagaza es es la gran maniobra cristiana y de las religiones en general.

[Publicado el 22/3/2015 a las 12:07]

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El desgaste

La idea de que la historia más trágica sólo se repite bajo la forma de farsa, es ampliable, con diferentes estragos, a la irreversibilidad del tiempo común. Todo lo gastado y revisado lleva a una triste meditación personal. Pero el tiempo, más en concreto, al ser gastado, pierde no ya el coraje sino la cara. Caras borradas o deformadas, ojos apagados, cabellos como largas cenizas sin posible recuperación.

El reciclado ha introducido en la nueva cultura la idea de que nada se pierde, todo se transforma. Pero ¿qué mayor pérdida puede detectarse en algo que ya no es en absoluto lo que fue y, transformado cerradamente en otro concepto, será incapaz de hablar, evocar, resucitar siquiera un átomo de su antecesor? 

[Publicado el 18/3/2015 a las 09:45]

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Las noticias

Un día, una semana, un mes sin noticias es la seña de que la recepción está gastada. Recibir noticias, en cambio, es señal de que el mundo se mueve alrededor y nosotros nos vemos involucrados con sus meneos. No tener noticias es igual a sentirse parado. Detenido, incluso. La prisión de la existencia se verifica con dolorosa intensidad cuando nada ni nadie se asoma a nuestra vida. Los hechos, las personas, los animales o las cosas, las plantas incluso, pueden ser correos. Cuando el correo no se produce el vehículo de hacer vivir, como el vehículo de hacer desplazarse, se ha atascado. Nada hace más de lubrificante para el aburrimiento que el aceite de las noticias que se deslizan en cualquier momento. Y aún más son alicientes cuando siendo buenas prorrumpen cuando menos se las espera. En los dos sentidos la noticia es dramática, en sentido literal, cuando sucede de golpe. Y precisamente, siendo periodista, se valora como noticioso todo suceso que surge de lo inesperado. Porque, en realidad, en otro sentido más general, de lo inesperado esperamos todo. Tanto lo mejor como lo peor. Estando mal lo inesperado que procura alegría es un regalo inigualable. La vida se revela entonces como una confitura. No esa vida común que oscuramente va extinguíéndose sino la vida sin fin que va saltando de una a otra circunstancia, siempre tan ágil y caprichosa, que un día acaso trae una decepción pero que nunca agota su capacidad de hacernos felices con lo imprevisto. ¿Lo improvisto? Esta es la esencia de vivir. Estar latiendo o estar agonizando de un momento a otro. Ser querido o desestimado en una encrucijada sin precisión. Sanar o caer gravemente enfermo en un instante de los que la vida se halla tan provista, tan aprovisionada de municiones momentáneas, que son tan capaces de perforar el corazón como de abrir portillos de luz a una nueva y dulcísima ilusión.

[Publicado el 17/3/2015 a las 13:58]

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009)

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Bibliografía

Enseres domésticos (2014). Anagrama. 

Apolcalipsis Now (2012), Península.

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

 

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2012 Premio de Hoy de Ensayo 

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

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