PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 2 de abril de 2015

 Blog de Vicente Verdú

Ventajas y desventajas

Puesto que todo el mundo tiene la sensación de dar más de lo que recibe, las cuentas del mundo se hallan en un desequilibrio extremo que no hace sino empeorar con los años y llevarnos juntos a la perdición.
Son tan pocos aquellos que declaran haber recibido más en el intercambio simbólico o vivencial que la injusticia viene a ser el sustento de toda nuestra condición. la materia prima de la existencia. 
Porque no en vano somos mortales. Y siendo mortales ¿qué inmenso bien deberíamos recibir por el pago que entregamos con nuestra muerte? No hay ninguno que lo iguale. No hay. por tanto, bien que supere al mal, no hay recompensa suficiente, no hay un peso en oro que iguale el peso de morir. 
De ahí se derive acaso la sensación general de ser tratados (y contratados) injustamente por los otros. Seguramente no son ellos los sujetos directos de la estafa o pero juntos, arracimados, componen una masa que se nos viene encima con inicuidad. 
Nos salvaríamos, seríamos felices, creemos, si fueran correctamente celebradas nuestras entregas y con ellas fuéramos realzados nosotros. De hecho, el del reconocimiento público de los los demás, en la política, los deportes o el arte, puede convertirse un simulacro de supervida o, en definitiva, en un aplazamiento de la desaparición. Los santos y los ilustres ganan con su fama este nemotécnico galardón. El don de verse recordados por la historia, como figuras a las que se les debe algo. Y lo que es todavía más gozoso: : figuras que estando ya enterradas, quedan exentas de entregar nada a cambio. Se llegaría así a la excepcionalidad superlativa de haber ganado en el intercambio. De hecho los santos son figuras realizadas gracias a esta fórmula maestra que hace al feligrés ser un debitario permanente de lo sagrado. Porque en este caso y paradójicamente, la muerte ha sacado ventaja a la vida. No otra sino esta añagaza es es la gran maniobra cristiana y de las religiones en general.

[Publicado el 22/3/2015 a las 12:07]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

El desgaste

La idea de que la historia más trágica sólo se repite bajo la forma de farsa, es ampliable, con diferentes estragos, a la irreversibilidad del tiempo común. Todo lo gastado y revisado lleva a una triste meditación personal. Pero el tiempo, más en concreto, al ser gastado, pierde no ya el coraje sino la cara. Caras borradas o deformadas, ojos apagados, cabellos como largas cenizas sin posible recuperación.

El reciclado ha introducido en la nueva cultura la idea de que nada se pierde, todo se transforma. Pero ¿qué mayor pérdida puede detectarse en algo que ya no es en absoluto lo que fue y, transformado cerradamente en otro concepto, será incapaz de hablar, evocar, resucitar siquiera un átomo de su antecesor? 

[Publicado el 18/3/2015 a las 09:45]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Las noticias

Un día, una semana, un mes sin noticias es la seña de que la recepción está gastada. Recibir noticias, en cambio, es señal de que el mundo se mueve alrededor y nosotros nos vemos involucrados con sus meneos. No tener noticias es igual a sentirse parado. Detenido, incluso. La prisión de la existencia se verifica con dolorosa intensidad cuando nada ni nadie se asoma a nuestra vida. Los hechos, las personas, los animales o las cosas, las plantas incluso, pueden ser correos. Cuando el correo no se produce el vehículo de hacer vivir, como el vehículo de hacer desplazarse, se ha atascado. Nada hace más de lubrificante para el aburrimiento que el aceite de las noticias que se deslizan en cualquier momento. Y aún más son alicientes cuando siendo buenas prorrumpen cuando menos se las espera. En los dos sentidos la noticia es dramática, en sentido literal, cuando sucede de golpe. Y precisamente, siendo periodista, se valora como noticioso todo suceso que surge de lo inesperado. Porque, en realidad, en otro sentido más general, de lo inesperado esperamos todo. Tanto lo mejor como lo peor. Estando mal lo inesperado que procura alegría es un regalo inigualable. La vida se revela entonces como una confitura. No esa vida común que oscuramente va extinguíéndose sino la vida sin fin que va saltando de una a otra circunstancia, siempre tan ágil y caprichosa, que un día acaso trae una decepción pero que nunca agota su capacidad de hacernos felices con lo imprevisto. ¿Lo improvisto? Esta es la esencia de vivir. Estar latiendo o estar agonizando de un momento a otro. Ser querido o desestimado en una encrucijada sin precisión. Sanar o caer gravemente enfermo en un instante de los que la vida se halla tan provista, tan aprovisionada de municiones momentáneas, que son tan capaces de perforar el corazón como de abrir portillos de luz a una nueva y dulcísima ilusión.

[Publicado el 17/3/2015 a las 13:58]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Los ojos de la cultura

Mil veces hemos dicho que la ceración, sea la escritura, la composición o la pintura, vienen a suplementar la felicidad que no hallamos en otras partes. Sería así el arte como un  fármaco. A falta de buena salud, se comportaría como un buen sustituto para seguir viviendo incluso en un piso superior. Y hemos dicho, mil veces, que este repuesto artístico alternativo a la vida ha sido la bendita causa de las grandes obras.

Sin  embargo, atendiendo a los evidentes cambios de la cultura en nuestro tiempo, ¿no será esta ecuación de vida/arte una idea falaz? Nunca la felicidad ha contado con mayor bibliografía y coaches personales, con centros especializados y cotización social. 

Para ser feliz no se sabe del todo qué hacer pero siendo feliz, no cabe duda en la tasación social, que se puede hacer casi todo. Así, de acuerdo con la cultura medicalizada de nuestro tiempo, la mala salud daría para poca cosa  mientras antes, estar  enfermo, parecía un indispensable principio para ser artista.

Hoy,  en cambio, a casi nada puede aspirarse arrastrando una mala salud. Todos lo dicen: no estando bien físicamente se está mal también espiritualmente. Esta es la obviedad vigente mientras hace un siglo el malestar,  la melancolía, el alcoholismo o la tuberculosis daban mucho de sí para decidirse a crear. No gozaríamos de tantos escritores, novelistas o poetas, importantes si no hubieran estado crónica y gravemente enfermos. Diario de un artista seriamente enfermo, fue un título de Gil, de Biedma y El don de la embriaguez  un poemario de Claudio Rodríguez.

La enfermedad se comunicaba con el espíritu directamente y, por lo tanto, sería raro hallarse en plena forma física y producir algo de importante valor espiritual. La enfermedad aligeraba la fisicidad haciéndola cercana  a la evanescencia y, entonces, en una situación de casi transparencia todo se veía claro y proclive a ser genial. El genio se representaba en un vago humo que despedía el objeto,  como la inspiración sería una neblina  sensible que adquiría el sujeto para generar emociones y pensamientos desde el afinado occipital.

Con ello, estar cachas, jugar al fútbol, correr un maratón o, incluso,  no tener tos ni fiebre, descalificaba de antemano a cualquier autor. Todo autor era, sistemáticamente, el resultado de una debilidad física que cuanto más acerada mayores probabilidades ofrecía para componer una obra con vigor. Prácticamente todos los genios en la pintura, la escritura, la música o la escultura del siglo XIX y mitad del  XX han sido una legión de enfermos. O, lo que es lo mismo, la cultura que veneramos es un resultado de la clínica, la patología, la intervención quirúrgica y el hospital final. ¿Podía concebirse a un gran artista levantando pesas? Incluso la natación que es lo más próximo a la espiritualidad le costó la vida a la Le Corbusier que se creyó pintor. Por no hablar, claro, de las poetas que se suicidaron entrando en el mar.

El deporte ha sido estimado  tan opuesto a la cultura que todos los deportistas, por definición, se consideraban gárrulos. Y todos los gárrulos eran,  por definición y para su descrédito, felices.

La felicidad y la buena salud han llegado, sin embargo, a ser factores codiciados por todos, sean novelistas o no. Quienes se han suicidado por drogas, depresión o despecho amoroso siendo jóvenes desperdiciaron,  según criterios económicos, lo mejor de sí. Porque no sería lo mejor de sí aquello que dejaron hecho en sus comienzos sino, probablemente, lo que habrían sido capaces de entregar con un largo fondo de inversión y madurez.

¿La madurez? Sólo unos cuantos, Picasso, Goethe, Matisse son  citados como excepciones. El resto moría antes de los 34 años o no había nada que inspirara  interés después. Pero esto, al fin,  ha terminado en la presente cancha cultural.  La cultura, eternamente culta hasta hace poco, que ha tardado más tiempo en darse cuenta de su temporalidad.

La creencia cultural se proclamó dogmática  por los siglos de los siglos, a la manera de un  Dios. Ahora sabemos, no obstante, siendo ateos y madridistas que nada es absoluto en sí. No sólo hay diferentes grados de cultura en el espacio y en el tiempo, sino diferentes inculturas que tanto en el espacio como en el tiempo nos conducen a la barbarie.  Es el caso de la cultura del Islam en el siglo XXI y de la dulce cultura de Manon Lescaut (VE) en nuestros días.

 El bien y el mal, lo feo o lo hermoso no se alteran sino con la transformación del ser humano en otra cosa también humana pero en donde la estética fundacional  cambia como demuestran elocuentemente los productos de L´Oréal.   

[Publicado el 16/3/2015 a las 10:19]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

El descorazonamiento

El descorazonamiento es una enfermedad del alma cuyo perfil lo marca el término con que empieza y termina su definición. Vivir sin corazón es biológicamente imposible pero psicológicamente crea un producto especial o que va y viene como si no hubiera nada que se lo impidiera o, exactamente, no hay nada que le impulse o lo conmueva.

 El descorazonamiento es paradójicamente doloroso puesto que examinado físicamente comportaría, por el contrario, un alivio del peso de existir. El corazón, nadie lo duda, pesa demasiado y por momentos parece que todo vaya a parar ahí.

Descorazonarse es dejar la médula de la existencia afuera de un mismo tal como los órganos exógenos que abdicado de ser acarreados por el resto de la formación.

De este modo, sentirse descorazonado hace que pensar en los males y bienes derivados de  ponerse y quitarse el corazón. Con el corazón sazonado el mundo se sazona también y cuando el corazón se adelgaza y deja un hueco mondo el mundo se agujera vacuamente a su compás.

Un mundo horadado, podría pensarse, sin nada que obtener. Una mina vacía a imagen y semejanza de la blenda desaparecida del lugar del yacimiento fundamental. ¿Ganas de implorar su vuelta? ¿Ganas de llorar su ausencia? ¿Deseos de recuperar  el lleno y librarse pronto  de este vacío  mudo y desconsolador?

Vivir descorazonado es una manera subdeportiva de discurrir. De aquí para allá el corazón ha dejado de ser una meta, una brújula, una plomada y un artefacto esencial. ¿Perdemos así la misma esencia de ser? Perdemos, en fin, la esencia de sentirse sujeto y sujeto de la propia función.

El corazón se va, se fuga, desaparece y no sabemos por donde tirar. ¿Se trataría de un corazón muy flácido  que finalmente ha decidido su perdición?

El caso es que muy debilitado ya no lo encontramos para bogar. Nos ha dejado como mendigos sin la más o menos firme categoría de su (nuestro)  hogar. Despistados, desanimados, desplomados, desahuciados.

De dentro hacia fuera la extirpación descorazonada es el trailer de la extradición personal y el preludio de una rara e imprevista exterminación. 

[Publicado el 13/3/2015 a las 17:22]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Los celos

Los celos es de las emociones más agudas y verticales de la vida. Sin celos no hay cielo. Con celos, sin embargo, nace un ideal elevado, inalcanzable y azul. El agónico azul de la carencia, el azul del vacío y de la cianosis.

Pero no se tendría conciencia del valor más alto sin el desvalor. O, lo que es igual, no nos querríamos tanto si no nos quisieran.

¿O es la revés? Al revés o al derecho, el amor propio se intercambia con el desamor, la plenitud con la escasez, la humildad con la vanidad.

 O, nada, continuando el juego verbal será,  en definitiva, vano. El vano alude sin remedio al pleno, la plenitud hace aún más violenta la desolación.

Los celos son del orden de la carencia pero ¿quién si no los ricos pueden sentir ese prestigioso dolor?

Los celos, al cabo, son una herencia de la fortuna anterior. Su seña. La enseña de haber conocido el gozo de una privilegiada asignación. El disfrute de lo que fue antes encarnado y ahora, por momentos colma la insoportable  palidez. 

[Publicado el 11/3/2015 a las 09:20]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Nietos asesinos

No diré demasiado, porque acabo de perder una larga perorata sobre el asunto y me encuentro ahora exhausto y malhumorado. La idea sobre la que me entretenía en la versión anterior hacia mención a la beata y almibarada actitud (que hasta se les cae la baba) que los abuelos prestan o dicen experimentar ante la contemplación de los nietos. Los nietos nietos son. No son tus nietos en sentido lúdico ni tampoco existencial. Sólo la biológicamente los indicaría. 


Ciertamente, estos infans nos quiere a su modo pero no entienden de modo alguno lo que más nos preocupa. Frente a esta exaltación de la inconmensurable felicidad atribuida a ser abuelos se alza la confirmación de que somos ya los últimos eslabones, ya herrumbroso, de la generación. El resto será desprendimiento y muerte infernal. Un fenómeno que lamentarán los nietos durante horas antes de volver a jugar pero que a nosotros, abuelos, nos asesina irremediablemente como desoladas piezas sin un maldito playboy.    

[Publicado el 23/2/2015 a las 13:16]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Esfuerzos físicos

Repetidamente la queja sobre el cansancio nos iguala a las personas mayores. Y nos compenetra. Los jóvenes que se cansan la mitad haciendo lo mismo, sean unas mudanzas o limpiando la vivienda denotan que cada vez, con el paso de los meses (sin hacer falta los años) se establece una distancia biológica e incluso racial entre sus fuerzas y las nuestras. Este señor que el otro día, con 67 años, remó hasta cruzar el Atlántico en una canoa. es la viva representación de una hazaña física que linda con el borde de la muerte absoluta. Los jóvenes realizan proezas como una constante histórica y los ancianos logran registros atléticos como un milagro ancestral. Los logros de los primero se inscriben en la circunstancia de la juventud mientras los asombrosos récords de los segundos pertenecen al orden de lo más sagrado. El joven hace y deshace en la secularidad, mientras el viejo casi siempre se halla instalado en el discurso de lo más sagrado, del contacto con el más allá.

La diferencia capital entre unos y otros radica en que mientras el joven gana biológicamente con sus fuerzas y gracias a su progreso consigue la meta, el viejo se corona como un santo cuando la meta es ya, por decirlo con precisión, su metafísica.

Casi todos tenemos un amigo que a los setenta años sigue jugando al padel o al tenis, un viejo compañero que aún nada tres quilómetros y hasta corre el medio maratón. Son ejemplos de un más más allá fantástico que se manifiesta en un esfuerzo que, sin dudas, puede llevarles a la muerte eximia en plena carrera. Este propósito energético y cargado de pasión se relaciona no con las ganas de morir en el intento sino con la intención de no llegar a envejecer jamás. ¿Que acaban sucumbiendo? Claro que sí, Pero más allá. En el punto en que cada gota de sudor proviene ya de la carbonización de su materia mientras que, como se ve, en los otros su fallecimiento es tanto un sino sin relieve deportivo y, al cabo, una helada derivación del no.

 

[Publicado el 18/2/2015 a las 14:01]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

El sexo

¿Por qué dicen amor cuando quieren decir sexo? Obviamente porque el amor es más fácil de alcanzar mientras el sexo requiere una puntería abrasiva. Se ama a las plantas, los montes, los coches, los atardeceres, el té. Pero el sexo es otra cosa. Esta es la cuestión capital.

El amor se extiende por cualquier parte y hay innumerables versiones de su existencia: se ama a los desamparados, a los mutilados, a los pobres y hasta a los padres.  Pero ¿el sexo? Esto es mucho más difícil de precisar. Toda persona sobre la que recaiga el amor será afortunada pero aquélla a  la que la picadura sexual elige se convierte en reina de la creación. Amores y amores hay para parar un tren pero una caja fuerte sólo se abre con la ganzúa del sexo. El amor es un caudal inmenso mientras el sexo es un tesoro con exacta dirección. Nombre y apellidos, domicilio, color d ela piel.

No es más humano el amor que planea como un ambiente benévolo y  sino el sexo particular que nos hace indispensables a las personas que nos excitan.  Fuera pues las oraciones que imploran amor y toneladas de amor. Lo decisivo es el ají que César Vallejo aunaba al deseo inequívoco de la carne.

 Puede que las mujeres sean de otra pasta intraducible. No lo sé. Cada vez he sabido menos de las mujeres a propósito de lo su erotismo y su corazón.  Ciertamente aman el amor por encima de casi cualquier cosa. ¿Aman con igual anhelo el sexo que al mensaje de amor? No me atrevo a decidir.

El amor a los hijos, por ejemplo, nunca ha desviado el destino de los hombres mientras en las mujeres claro que sí. Basta observar cómo los hijos se agarran al pecho lactante de la madre pare entender que la madre se endiosa con esa demanda que transustancia en su destino amoroso.  Para un hombre, en términos generales, no es así. Bien, los hijos le quieren unos más y otros menos pero no colman su necesidad de autoafección. El sexo es para el hombre un punto central de afirmación que si no es del todo ajeno a las mujeres no representa en ellas su carácter radical. Ser deseada es un tópico de las mujeres en la Historia.  Pero muchas son las deseadas sin cambiar su situación.

Entre los hombres, sin embargo, el deseo sexual correspondido se convierte en el máximo tesoro de su identidad fundacional. No hablo, claro está de donjuanes, sino del personal más común pero el  sexo hace una cruz decisiva en la autoestima del hombre. 

[Publicado el 12/2/2015 a las 15:06]

[Enlace permanente] [10 comentarios]

Compartir:

La belleza de la juez Ayala

Lo sagrado se junta con lo profano, lo bello se acerca a lo siniestro, la ley se intercambia con el crimen, el robo copula en la panza de los ricos y hasta los sindicatos obreros hurtan dinero a sus afiliados. Ahí, aparece la figura de la juez Ayala.

Es posible que se la olvide  años después pero hoy se erige en la espada más enhiesta y acendrada. La figura de esta mujer que milagrosamente  no pertenece al territorio de la herrumbrosa justicia ni a los pringosos  suelos de sus  juzgados es como una estética divina.  No se trata, pues,   de una cuestión judicial o política más.  Si la juez Ayala aparece ahora en estas páginas de cultura obedece  a que su estampa calca antes los eviternos s cuadros renacentista que la garrulería de alrededor. La juez Ayala no habla,  no presenta un pliegue en su rostro,  no dirige la  pupila alrededor. Va hacia el juzgado  como un esquife con la proa  baldeada y afilada. Una circunstancia  que ella despeja aún más alzando una mano para apartarse el peinado de la frente. 

Pero ¿qué piensa o siente este prodigio femenino de la impavidez? Sus enérgicas actuaciones no parecen efecto de una intrincada reflexión ni de  consideraciones complejas. En ella parece  todo liso, inmediato, natural.   Casi todo evoca  una obra de Botticelli donde se muestra  sutilmente su misión simbólica. De esa naturaleza plástica  es Mercedes Ayala.  Un rostro que captan las fotografías periodísticas pero que, enseguida, se incorporan a la belleza del bien y el mal.

¿El Bien o el Mal? De qué naturaleza es esta juez impenetrable. Su apariencia,  permanentemente inaugurada con un vestido diferente,  arrastra la maleta de los pecados, Y ello viene a presentarla como un ángel exterminador que si de una parte trincha el corazón del Mal de otra convierte su impulso en un bocado bienhechor. 

Ni sus vestidos, ni su cutis, ni su peinado, ni sus medias, ni sus reglados  pasos hacen posible asimilarla a cualquier otro  empleado de la nómina judicial. Incluso no parece  que cobra un sueldo bruto puesto que cada una de sus apariciones sevillanas, en un traveling de cincuenta metros,  la define  como una criatura subvencionada por el más allá.

 ¿Cruel? ¿Dura? ¿Eminente? ¿Independiente? La estética simbólica de la juez Ayala llegará al porvenir.  Ella constituye, de una parte, el personaje opuesto al  entorno mucilaginoso y, de otra, la convierte en el centro  escalofriante de una justicia ejemplar.  Ni mercedes, ni ignominias.  La juez Mercedes Ayala corta el cuerpo  juzgado, ERES o SERES  como una misiva imponente desde el más allá.

Aquí o en Sevilla van cayendo imputados como efecto de su recta divinidad. No son condenados todos pero se hallan masivamente señalados no por un juez común sino por un personaje luminoso en el sombrío panorama judicial

 ¿Cómo lo hace Mercedes Ayala? ¿Cómo consigue poseer un armario tan extenso para comparecer siempre como de estreno? Diferentemente ataviada pero siempre impertérrita y bruñida,  la juez Ayala marca un antes y un después de la roñosa judicatura nacional.

Allí se halla la bardoma, el compadreo, los legajos dispuestos junto al retrete. Con ella se hace la luz de Avón o L´Oréal. Y en esto se incluye todo: su verticalidad de vela, su cutis de mar, su estado celado que  estéticamente anonada las marrullerías del prevaricador.

En suma, no todo iba a ser excrementicio en esta crisis de sucios sinvergüenzas. La belleza y el talante  de Ayala será, acaso, irrepetible pero más razón para contemplarla como una aparición pictórica de lo mejor de lo mejor.   

[Publicado el 11/2/2015 a las 12:31]

[Enlace permanente] [5 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009)

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Bibliografía

Enseres domésticos (2014). Anagrama. 

Apolcalipsis Now (2012), Península.

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

 

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2015 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres