Lo contradictorio de publicar (libros, cuadros, canciones, blogs) es que uno no puede vivir sin ello. Pero, de otra parte, mucha gente con sus propios gustos y conocimientos de hecho prefiere a otros autores y posterga o desdeña lo que haces. ¿Cómo salir de aquí? ¿No viendo nada? ¿Tomando lo mejor y dejando lo malo? Claro que no.
La respuesta a lo que se hace no se sintetiza en una sola voz que ama o mata sino, siempre, en un ramo tan heterogéneo que a la fuerza deja de servir como acicate o como definitivo puñal. Escribimos pues (y pintamos y componemos) de espaldas al patio de butacas. Luego uno se vuelve hacia el público aglomerado y el resultado más o menos mayoritario es el sí y el no ante la provocación. El artista es provocación o no es. Esta vivo o es cadáver en virtud de su capacidad de conmoción
¿Quién se sube sin embargo a este escenario donde uno se expone a recibir tomates a granel?
Muchos artistas son eminentemente tímidos y jamás se subirían a las tablas. Sin embargo, todos los artistas, son narcisistas y necesitan el forraje de verse admirados como si se tratara de la primera papilla y subirse al pináculo como si fueran traviesos niños. Pero en cuanto narcisista, cualquiera tiende más a despertar las antipatías que otra cosa más blanda. El egotista, el ególatra, el narciso impulsa a que los demás respondan dejándolo carcomerse en su asqueroso arrogancia. Sin embargo, los mismos narcisistas dan de cerca mucha pena. La pena que despierta el ser vulnerable y que tanto le hace sufrir su frágil corazón. Basta escribir un artículo que aplaudan muchos pero que no cuente con la aceptación del portero de la finca para perder todo el gozo anterior. Días soleados en los que no escucha ningún comentario negativo son habitables pero varios días en que no oiga nada son insufribles. Un día soleado y aislado donde sólo se arracimen los elogios es un día glorioso. Pero ¿significa el principio de un más allá feliz? Nada de eso.
El fracaso es para el narcisista tan hondo que afecta a la médula y esos amigos desmadejados que vemos bebiendo más de la cuenta o acurrucados en un oscuro cantón son gentes que pierden con extraordinaria facilidad su músculo y su osamenta. Sólo un milagro, cuando eres ya muy mayor o has muerto, devuelve acaso al personaje el mérito que, sin embargo, ya no le sirve ni para merendar.
[Publicado el 14/5/2013 a las 10:46]
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Si no hay testigos, si no hay atestado policial, si nadie puede aportar una prueba ¿cómo deshacer la mentira de la otra parte que en el accidente nos atribuye la responsabilidad? La compañía no admite más partes de mi parte y la otra parte tiene el seguro a todo riesgo sin ninguna penalidad. ¿Tampoco será posible un arreglo para que nadie salga perjudicado? Tampoco. Al parecer la otra parte desea hacernos daño, quedar excluida de cualquier responsabilidad y, de otra parte, apartarse como el demonio de la verdad. Esta grey de seres humanos que pululan por todas las poblaciones se engolosinan con la estafa y el perjuicio a los demás. De este modo parece que se creen la parte más sabia cuando no son sino la parte maldita de la colectividad. Por sus acciones se desacredita la dignidad de este mundo pero, a la vez, todos nos sentimos reos de sus maniobras que, como en este caso, no sino atentados de todo tipo contra la vida y la integridad de los demás. Vuela la otra parte como un pájaro negro. ¿La compañía de seguros? Con demasiada frecuencia se pone del lado de estos muchuelos para ahorrarse la responsabilidad de atender la parte que no hace sino pagarles primas a lo largo de décadas y todavía confiando en que crean sin partidismo, a través de los significativos esbozos del siniestro, la verdad de la colisión, el carácter honrado y real de nuestro parte. La canción de todos los malos días.
[Publicado el 13/5/2013 a las 09:47]
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[Publicado el 29/4/2013 a las 12:13]
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El reencuentro con una vieja amiga no puede ser más semejante que al temible encuentro con la fecha de nuestra muerte.
[Publicado el 25/4/2013 a las 12:04]
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Somos en buena parte lo que pensamos. O, más concretamente, nos pasan las cosas malas y buenas con gran intervención del código que el pensamiento les aplica. Por eso hoy, que he leído el anuncio de un libro titulado El arte de pensar (Ediciones B) he comprendido que efectivamente, siendo atinado, haya vendido cientos de miles de ejemplares.
No se trata de que el autor se muy sabio y nosotros ignorantes sino que hay quien conoce los entresijos de la mente mejor, incluso mero instinto, y con ello sabe caminar con beneficio. Otros que nos hacemos fácilmente enredos padecemos mucho más tiempo y más intensamente y más improductivamente. Siendo de este modo fosco nos dañamos pero también dañamos a los demás que efectivamente queremos.
Este autor suizo y de 47 años, Rolf Dobelli, puede pensarse que no ha podido aprender mucho más que las personas que le adelantamos en edad y en peripecias pero no tiene por qué ser así. La virtud del pensamiento certero, orientado a procurarnos verdad y salud en lugar de perjuicios, sólo se correlaciona débilmente con la edad. La edad, ciertamente, nos hace, en general, conocer más número de situaciones pero no es una garantía de que cuando se repitan algunas de ellas actuemos mejor que la primera vez. "Tendemos a pensar que nosotros somos los listos y los demás tontos", dice Dobelli. Y esa tendencia ya es en sí una reflexión perjudicial. De este modo cargamos con toda la carga y no sometemos su peso a otra báscula que la calcule con mejor puntería. Y que advierta, además, de su composición. A fin de cuentas si somos el resultado de lo que nos componemos deberíamos estar atentos al buen estado de los ingredientes y a su mejor articulación. Esas personas que ven con claridad frente a las que empañamos nuestros cristales son clave en la resolución de conflictos, puntales en el cambiante resultado de nuestros metabolismos tan sosos o penosos a causa de ser más tontos de lo que se tendría que ser.
[Publicado el 22/4/2013 a las 10:18]
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Sin embargo, respecto a la voluntad todo el mundo tiene algo que decir y predicar. En primer lugar, los pecados vuelven a aparecer no ya con con la memoria o la inteligencia sino mediante el necesario relajo de la voluntad. Sin voluntad no se llega muy lejos mientras que con la memoria pueden traspasarse decenios y con la inteligencia estratos de interminable composición interior. Curiosamente, no se magnifica tanto la inteligencia en una oersdona cuando a su lado se encuentra alguien con un denuedo muy superior. La inteligencia es brillante y asombrosa pero siempre es más significativamente humana que la voluntad.
La voluntad se recibe como un don que el Creador ha repartido al tun tun y depende de cada uno ponerla además en movimiento para que dé frutos. Cuando se trata de vencer una fuerza adversa, una tentación, una adicción, un desengaño se acude a la voluntad como la fuerza más decisiva para doblegar al mal. Sin embargo, la inteligencia y la memoria, deberían también participar en una medida semejante. Casi todos los amigos que en el pasado murieron por una sobredosis o siguieron enganchados a la heroína, eran en diferentes acepciones tontos. Los más listos escaparon de esa sevicia y enderezaron sus vidas.
Igualmente la lúcida memoria de uno mismo en mala situación pasada coopera en resolver esa circunstancia. Todo ello, sin embargo, con la voluntad como poste o bate central de la decisión. Las otras facultades del alma colaboran pero lo hacen con una sutileza que no posee el ejercicio de la voluntad. La voluntad se relaciona así con la rudeza, la potencia de los bueyes de tiro, la repetición del martillo sobre la resistencia del muro, Y, en efecto, nos damos contra un muro sin traspasarlo cuando la voluntad, como suele suceder, se halla menos musculada que el obstáculo y apenas recibe la cooperación de calidad más cerebral. Una vez y otra vez, el mundo se presenta poblado de bultos nefandos que la memoria o la inteligencia sortean mientras la voluntad se encarga de hacerles frente y se empeña en la tarea de su reiterada e interminable destrucción. Sísifo agotado sabia a la perfección de lo que hablaba.
[Publicado el 18/4/2013 a las 10:08]
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Los ascensores las descalificaron hace más de un siglo, ridiculizando su personalidad diabólica. Porque los ascensores actúan al manera de un elemento neutral y mudo que nos sirve sin decir nada más. Se comportan como servicios sin habla ni opinión. Se someten al pulso de un piso u otro sin manifestar grados de esfuerzo, ni protesta, ni exultación ni calamidad. Loa ascensores son entre las aportaciones del mecanicismo a la casa los elementos con menos discursos que pronunciar Hacen y deshacen como autómatas de una época que los concibió y les dio existencia racionalista sin procurarles ninguna oportunidad de manifestarse entre el sí el y el no humanista.
Sólo cuando aparece el cartel que los rubrica como "fuera de servico" "out of order" reaparecen como criaturas s que poseen vida independiente de nuestra pulsación en sus alienados botones del obediente corazón. De otras manera su centro impulsor quedaría borrado por la secuencia de los pisos a los que se les puede enviar sin diferencias de trabajo. Se mostrarían, en efecto, como seres nacidos para ser manipulados sin ninguna resistencia, sometidos a la voluntad de un ser humano extralo y exterior. Serían exactamente el servicio que prestan y ni un paso más. Sin servicio son un "ou of order" queriendo decir que faltos del poder del amo, desvalidos, han perdido toda identidad. Son pues tan sólo autómatas y se vivifican, se manifiestan y nos acompañan imaginariamente en tanto se subordinan a nuestra voluntad.
Las escaleras en cambio, son tan duras como las más duras maneras de la feminineidad. Es imposible ascender hasta ellas si no es con un esfuerzo constante y, en ocasiones, descomunal. Y no se puede dejar esta esalera sin sentir el vértigo de su descenso que puede acabar con nuestros sesos aplastados o sumidos en su diseñada voluntad.
Cualquier arquitecto se sentiría de acuerdo -dese Moneo que diseñó con estrechez las escaleras del Kuursal hasta los orondos diseños del medievo- en que no podrían solayar el detalle de la escalera sin jugarse la reputación.
La condición humana puede subrayar una y otra función de la escalera. Ella se asocia velozmente, alocadamente, cuando traza la bajada de sus escalones o se somete a su dominio semejante al el mito de Sísifo con la cúspide inalcanzable una y otra vez. El freno que requiere la bajada y el esfuerzo que exige el ascenso componen un sí y un no de la supervivencia, entre el logro de lo más alto a la entrega del maltratado corazón. Ellas son masters del conocimiento. Maestras de la vida en el edificio puro puesto que estamos al antojo de su capricho, al ojo de su personalidad.
[Publicado el 17/4/2013 a las 16:19]
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Una mala noche la tiene cualquiera. ¿Merece la pena detenerse en esta circunstancia vulgar? La noche siguiente reparará el mal trago de la mala noche cercana y el día que transcurre entre una y otra no adquiere caracteres tan graves como para prestarle demasiada atención. Llega lo malo y se disipa en 24 horas. ¿Puede imaginarse una pena menor? ¿Un castigo más leve? ¿Una contrariedad de tanta celeridad en el proceso del quita y pon? (El pon y el quita).
No obstante, el tiempo carece de suficiente transparencia y aun menos de elasticidad hacia atrás. Siendo característico del tiempo la temporalidad sólo se vive con exactitud la actualidad.
Siendo inherente al tiempo su incesante circulación proyectiva, su elasticidad es casi igual a cero en su intento de hacerlos relativo un paso atrás. Hoy salimos de una mala noche pero su contrariedad es del todo reticente a ser mitigada por la visión actualizada de que su malestar desaparecerá más tarde, volviéndose a acostar. El buen futuro no consigue introducirse en el presente sea mediante la reflexión o recurriendo al olor del sentido común.
Efectivamente hay un surtido de noches diferentes y, como en todos los conjuntos, hay elementos buenos y malos en la colección. Lo malo de esta mala noche sería pues parte del conjunto y el dolor, este u otro, poseería la misma célula de habitabilidad que el placer aquí y allá. De este modo dialéctico, se produce la vida ajedrezada en su totalidad. Buenas rachas preceden a las malas y los años oscuros preceden a anualidades con sol. Dentro, además, de cada porción se repiten en pequeña escala sus más y sus menos, los días más o menos redondos y los otros más o menos escachados.
Al estilo de los fractales, el más y el menos determina a cualquier escala un balanceo similar al movimiento que recibe el recién nacido para tratar de conciliar el sueño en la vigilia o dejar de berrear en plena desesperación. El meneo de un lado a otro, del bien al mal, de la izquierda a la derecha o de la fortuna a la mala suerte define la existencia con tal radicalidad que no sería concebible un ser vivo sin este baile Tan teatral como biológico e entre el sí y el no.
Somos, sin embargo, tan impacientes, tan ignorantes que nos imaginamos dueños de combatir el dolor como un intruso y recibir el gozo como un obsequio natural. Pero somos lo que somos gracias a la conjunción ciudadana de las buenas y las malas noches. Hay pastillas e infusiones,
[Publicado el 16/4/2013 a las 10:50]
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La fórmula maestra para saber si una obra de arte es una obra maestra consiste en preguntar el precio. No es necesario, ni orientativo contemplar la obra de arte, admirarla o rechazarla. El arte ha perdido su propia naturaleza y ha sido sustituida por la naturaleza contable del dinero. Que el objeto supuestamente artístico nos hable o no, nos emocione o nos deje indiferente es irrelevante si el estímulo parte de la obra en sí. Lo que posee elocuencia y capacidad de estremecimiento importante es su cotización.
Igualmente, la vieja idea de que el arte comportaba una íntima comunicación entre artista y receptor ha perdido tanto sentido como ha ganado en cursilería puesto que la obra no habla por sí o, en ciertos casos, posee una mordaza circunstancial, dependiendo de las modas. Quien habla y cuenta es la institución del mercado. Cuenta numéricamente y le concede tanto existencia como expresividad.
De este modo no cabe ya hablar de artistas honestos o deshonestos, auténticos o falaces, genios o tipos vulgares. Todo ese mundo en que se apuntalaba el valor del arte ha ido perdiendo sentido y sensibilidad. Lo significativo de la obra es su precio y, obviamente, tanto más cuanto más alto es.
De este modo, como suele ser habitual, las obras de arte pueden ser tratadas con el lenguaje deportivo de los records seas en las pujas o en las estimaciones de los expertos. Son así susceptibles de componer una lista de hits puesto que pueden ser colocadas unas tras otras como en la Liga o en la Premier. El nivel del precio es semejante a un imaginario nivel de excelencia secreta.
¿Quien tiene la clave? El mercado la tiene gradualmente desde hace tiempo puesto que es una norma común que los cuadros de unos u otros artistas se vendan con mayor o menor tarifa según los centímetros de tela que se expendan.
Esta cuantificación que operó más o menos discretamente y en y en atención a las medidas de lienzo, ha dado un salto hacia la visibilidad de la cantidad tanto como a la invisibilidad de la cualidad. La cuantificación ha desbordado la tradicional condición estética hasta hacerse una estética de lo mercantil. De este modo la idea actual de arte se enrosca en sí misma y se desprende finalmente del objeto a la manera que sucede en otros campos del "capitalismo de ficción". El precio de la obra llega a ser tan alto que multiplica el deseo del cuadro. O bien, llega a ser un precio tan desorbitado que alcanza a ser capaz de elevar la obra al orden de lo catastrófico o lo sobrenatural. Fuera de órbita, fuera de la razón, fuera de la estética, el arte constituye hoy la manifestación más perfecta del fin del mundo conocido. Un paso más y casi cualquier cosa es crecientemente intangible, inefable e irreal. Concretamente en el caso del arte se ha consumado el fenómeno de su disipación total y la ocupación de su sede, supuestamente inalienable, por el proverbial anuncio de la nueva y más alta tasación. ¿Comprar buen arte? ¿Quién se atrevería a hacerlo si no el objeto no tuviera un precio de millones de euros? ¿Si no valiera tanto que desorbitara la trayectoria del valor?
[Publicado el 15/4/2013 a las 10:48]
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El empecinamiento en la política de austeridad que recorta no sólo los presupuestos sino la vida de millones de personas ha dejado hace tiempo de ser un asunto de política económica para hacerse una patología del pensamiento en el poder. Sólo la obcecación asesina que a veces se atribuye a los radicales islámicos o a la Historia general de las inquisiciones religiosas puede compararse a esta sinrazón que sorteando a los seres humanos impone la fe en una Sagrada figura del equilibrio presupuestario y a costa de no importa la sangre derramada. Exactamente contra la falta de liquidez monetaria desecada por el sistema, corrupto y asesino, se exige la entrega de interminables fuentes de sangre humana. Con el agregado que si esa exigencia no se cumple a su satisfacción la sanción consiste en una multa que incrementa el desequilibrio y con ello la confiscación.
No hay razón económica contemporánea que procure sentido a esta masacre inhumana. Y si no se habla de una Tercera Guerra Mundial será acaso porque no se han visto aún la explosión de bombas que además de abatir a los habitantes termine con los edificios y extermine, como viene ocurriendo, todo resto de valor.
¿No habrá sin embargo explosión atómica alguna? Un Sanedrín de la peor ralea ahoga a media Europa y como Marx decía, si ellos son tan pocos y los desamparados tantos ¿qué esperamos para tomar los resortes del poder?
[Publicado el 11/4/2013 a las 10:30]
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Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009)
Apolcalipsis Now (2012), Península.
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros
La hoguera (2012). Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
20/5/2013 19:32
Si todo lo que se hace es en...
Publicado por: ossa
13/5/2013 15:42
Día habrá en que la buena gente...
Publicado por: lolo
13/5/2013 11:55
Muy ingenuo su comentario, sr....
Publicado por: blas paredes
10/5/2013 06:31
Cuando el destino nos alcance,...
Publicado por: blanca estela osornio velazquez
09/5/2013 19:15
En 2010 el PIB era de 0,1% en...
Publicado por: y yo soy de letras
08/5/2013 19:18
Creo que con un dominio completo...
Publicado por: Zamora
08/5/2013 19:14
Creo que con un dominio completo...
Publicado por: Zamora
08/5/2013 05:31
Vicente Verdú comenta muchos...
Publicado por: Héctor Martínez R.
07/5/2013 02:27
Ahí,cuando uno estaba entre las...
Publicado por: pepedamian
03/5/2013 12:59
La Política, la Polis; el Todos,...
Publicado por: pepedamian
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