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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 29 de enero de 2015

 Blog de Vicente Verdú

La amistad y su barranco

Uno de los atributos centrales  de la amistad es la correspondencia. Siendo como todo es en este mundo un intercambio, la amistad actúa como un fuerte sello de garantía. Garantía de que. En el canje de afectos, seremos tratados con atención y paralela correspondencia. Incluso, podría ser que la amistad, galopando de vez en cuando, llegara a otorgarnos de un lado un favor muy superior al que hemos ofrecido nosotros porque la amistad, en lo que tiene de sustancia amorosa, carece de volumetría precisa aunque  indudablemente posee unos lindes más netos que la pasión amorosa. El amor empasta mientras que la amistad, relativamente, aclara. Nos aclara el yo pero permite a la vez  que ejerzamos de clarividentes, en críticas coyunturas. 

Duele por tanto  mucho la no correspondencia del amigo porque esto mina gravemente la vinculación. Pero, además, ¿a qué atribuir su negligencia? ¿Su personalidad es así y ya lo sabíamos al confiarle nuestro afecto? ¿O soy yo quien frente a él, desdichadamente no ha logrado la suficiente importancia en su vida?

Tanto en el desequilibrio amoroso como en el desnivel amistoso empieza el barranco del dolor. El desnivel tiende a hacernos víctimas. Sin embargo ¿cómo no celebrar los excesos, los saltos y el desequilibrio, la falta de medición cuando nos exaltan? Los aceptamos como fiestas del alma humana si nos engalanan pero los sufrimos como perros, sin remedio, cuando parece que el otro -aun provisionalmente- nos ha olvidado.

[Publicado el 26/1/2015 a las 11:33]

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Mi amigo Álvaro

Si se va a ver, la vida es como un obligado paseo. Sólo un paseo en cuanto no dura una eternidad y un  obligado merodeo en cuanto que  nadie ha escogido apuntarse en esta accidentada excursión.

Un paseo es un  ir y venir en un tiempo breve y sólo por estirar las piernas. Si se dice del muerto que estirado la pata casi con la misma estimación se previene el paseo.

 Paseamos para estirar las piernas y las piernas al cabo nos estiran como cadáveres.  Una vez yertos, por tanto, lo consecuente es el almacenaje. Como los bacalaos secos, como los tochos de acero, como los troncos coleccionados del bosque.

 Entre la incalculable población que discurre a nuestros lados a lo largo del paseo unos u otros, agotados, malheridos o infartados, van cayendo al suelo como peregrinos exhaustos. Caminantes que obtienen la ventaja de precipitarse sobre la tierra y reposar a solas y el inconveniente de ser considerados infaustos.  No importa del todo la edad. Esta infausta  flaqueza aparece cuando menos se la espera y por eso evoca debilidad y finura. La flaqueza se desliza flacamente entre los intersticios musculares y salvada la primera barrera de la piel pueden inmiscuirse en cualquier parte orgánica. Es el consabido proceder de la enfermedad. Nos sentimos bien y sin esperar nada, algo extraño va introduciendo en el cuerpo. No se ve, no se pesa, no se mide pero puede terminar por hacernos fallecer con su flaqueza.

El paseo presenta numerosas  inconveniencias. Al recorrer el camino cualquier eventualidad puede hallarse al acecho en las cunetas, lugares especialmente concebidos  para acunar cualquier clase de extraños elementos. Sencillos unos, complejos otros, en su totalidad brozas sin nombre.

 La cuneta es, en el paseo, la nemotecnia  de una larga y asidua tumba. No un fragmento esporádico de fosa sino una fosa permanente al hilo de nuestros pasos y lista para ir dando cabida a los desfallecidos o fallecidos. Esta cuneta se corresponde tanto con el paseo como con el paso por la vida. Todos pasamos mientras paseamos.

En mi portal, sobre el muro donde se hayan  los ascensores hay pegada una esquela que anuncia el fin vital de un amigo con quien he paseado y reído mucho tiempo. Su facultad primordial era pasear contando historias, todas  desternillantes debido a su entonación y al timbre de su voz. Paseábamos y nos carcajeábamos. De hecho, su mayor atracción entre los que le conocíamos y queríamos era su facultad para contar episodios mientras pisábamos el mundo.

Otra víctima pues del grave paseo por este mundo. Empezaron a infiltrársele las flaquezas y llegó el día en que una operación de las cuerdas vocales le hizo perder el habla. Perdida el habla, perdió a su vez el cariño por la senda. El camino se estrechó insidiosamente mientras la cuneta se convirtió en un cauce imantado para albergar su muerte. Era tan generoso que "se estiraba"· con  nosotros. Ahora estirado y sólo ya no parece él ni tampoco nosotros. No fuimos sino paseando acompañados, no nos ejercitamos sino abrazados a las palabras. Hoy, por ello, nos vemos como subsidiarios solitarios al borde de la alcantarilla.   

[Publicado el 22/1/2015 a las 16:12]

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¿Oficio para vivir?

Siento una extraña admiración por aquellos que dicen haber aprendido de la vida. Para mí la vida no habla. No habla inteligiblemente y con la suficiente claridad como para asumir adecuadamente sus lecciones. Más bien diría, en mi caso en el de otros, que si la vida nos  parece tan empinada y compleja es porque no acostumbra a presentar problemas que ya aprendimos a resolver. Si este aprendizaje fuera eficiente  nos dejaría libre  mucho tiempo para observar despacio el horizonte, tiempo para contemplar el mar o tiempo,  sencillamente para amar con los brazos abiertos a la mucha gente que nos necesita.

Pero siempre la propia vida nos mantiene tan ocupados y preocupados como a un mal oficinista, torpe e  insuficiente. Día a día se plantean  cuestiones incómodas, desconocidas o mal enredadas a las precedentes. Factores viejos, dolorosos y transformados en una materia innovada e inextricable. La dificultad de vivir obedece a que no hay una buena escuela de vida ni un oficio pasoliniano de vivir. Más aún el oficio sólo parece redondo demasiado tarde, cuando se llega a morir. (Mañana será otro día, menos antipático,  supongo)

[Publicado el 20/1/2015 a las 09:59]

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El oro y las cenizas

El sábado 17 de enero leí que un músico gaditano llamado "El Barrio" es el artista que con sus canciones ha llenado más veces el Palacio de Deportes de Madrid.

Que yo no hubiera oído mencionar nunca su fama puede tenerse por relativamente normal  porque si la música me interesa menos de lo que debiera (para mi desdicha) este artista, José Luis Figuereo, con 11 discos publicados, tendría que haberse colado por alguna rendija de mi atención. Pues no. No lo conocía y ahora tampoco me hago cargo de lo que entusiasma a sus fans.  Me gusta sin embargo especialmente porque forma parte de los creadores que, como yo mismo, disfrutan  menos del valor de cambio que de valor de uso. Nadie se apunta un tanto citándolo, pero otros haciendo menos y en menos tiempo logran un notorio sello cambiario. Cientos o miles de autores, en la literatura, la pintura, la música o la investigación mueren desconocidos a cambio de haber dejado el espacio despejado para el resplandor de otros que coetáneos o no  cantaron peor o escribieron (en la peana) de pena. Da pena, ciertamente, todo esto pero veo que esa es la regla maestra de la condición humana, del arte y de la salvación. Todas las cenizas de los cenicientos  son el pasto de unos cuantos que se alimentan de aquél martirio o, sencillamente  de su impensable combustión.  

[Publicado el 19/1/2015 a las 09:49]

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Masacrar al pobre

Aleccionado por los ensayos norteamericanos que relacionan el éxito a la persistencia y la infatigable tenacidad, hago ejercicios diarios de perseverancia al ver que no sale fácilmente el tapón de una botella o no logro desatascar un cajón o no consigo hallar el programa idóneo que ha desaparecido del ordenador. Estos ejercicios en los se pone tanta fe, insistencia y optimismo, vienen a ser como una escuela, a pequeña escala, de lo que profesional o amorosamente se anhela y todavía no nos ha salido bien. De hecho un saber común de hace siglos empujaba a no desmayar en los cortejos porque el no de ella sólo cambiaría en sí tras haberla asediado con el mayor calor, ternura y diligencia. Igualmente, en los estudios de ingreso a las Escuelas Técnicas o a las diferentes oposiciones del Estado, se reclamaba mucha tenacidad y un ánimo en el estudio siempre dispuesto a reemprender la conquista empollona del objetivo.

La idea, en fin, de que todo se logra si se desea fieramente y si se empeñan todas las superfuerzas es la misma que Nike recuerda en su lema: "nada es imposible". Todo sería posible mediante el trabajo duro, junto a la voluntad y la humildad consecuentes. Humildad para no sentirse demediado por los primeros fracasos. Voluntad repetida, incesante y firme, para lograr que la resistencia llegue a rendirse aunque fuera tan sólo por librarse de una tabarra insoportable.

Los calvinistas parecen seguros de que "trabajar mucho y duro" es el camino directo hacia el amor de Dios y el  amor que el Creador nos procure -al aceptarnos de los suyos- será como un resplandor. El primer destello procede del buen quehacer individual  pero en cuanto se consiga, por los propios medios, abrir el tapón, a recompensa no será ya a base de raciones sino a granel. El reino de los cielos, una vez desatrancada la puerta, se derramará sobre nosotros y de este modo los pasos siguientes sería iguales a discurrir por una senda florida y plagada de luz. De hecho a los triunfadores calvinistas, experimentan este proceso en sus carreras, sean musicales, periodísticas, novelísticas o financieras, como el cumplimiento de un cuento sagrado sin fantasía ni  exageración.

 Destaponada la botella no hacen más que aparecer fragancias de un elixir cuyas vaharadas, en ocasiones, son tan intensas y precoces que (como sucede con no pocos iconos) no hay más remedio que suicidarse para quedar en paz. El elixir es veneno. El triunfo es una carroza desbocada. La ascensión es un alpinismo de una superlativa gravedad. ¿Triunfar? Precisamente en Estados Unidos triunfar es una norma cívica y religiosa elemental. Los loser, los perdedores, no son tan sólo desgraciados sino malditos ante los ojos de Dios. De ahí que poco a poco, haciéndose el mundo un planeta americano, no hay perjuicio para quemar a los vagabundos y desarrapados, apalear a las mujeres indigentes o viejas que en su miseria arrastran todo lo que poseen en un carrito de supermercado o, si llega el caso -que llega- acercarse a disparar sobre un "maldito" negro cuya negritud sería ya la incontestable prueba de no haber sido bañado por la claridad de Dios. 

[Publicado el 16/1/2015 a las 11:08]

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Pesadilla

Una de las palabras más estúpidas del diccionario es "pesadilla". Pesadilla, connota acústicamente con peladilla, con maravilla, con calderilla y sin tener en absoluto parentela alguna con ellas. Casi todas las voces terminadas en "illa" se refieren a cosas menores o relucientes mientras la pesadilla nomina a todo lo contrario: pesado, tormentoso, peor. ¿Será que los sueños, con su mala fama, achican el valor de su terror sin importar su significado freudiano? Alguien sabrá, sin duda, explicar de qué viene este desorientado término que si se trata de una música evoca la tonadilla, si se refiere a un alimento nos lleva al bocadillo y si se trata de un fuego recae sobre al cerilla. En fin, cosas pequeñas o se segunda fila. Cabe, en todo caso, aceptar -lo digo por decir algo- que al ser el episodio efímero y relativamente veloz durante el sueño se le asocie a la carrerilla o la aguadilla. Pero, en todo caso, habiendo como hay tantas palabras que dicen su verdad interior ¿cómo puede persistir en pie una mentira tan tonta, perversa y amarilla?  

[Publicado el 15/1/2015 a las 09:29]

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El miedo a la tristeza

¿Puede tenerse miedo a la tristeza? A la desgracia, claro que sí, pero ¿temor indefinido a estar triste? El temor, bien se sabe, constituye, de forma elemental,  parte del rebozo de estar vivos y propicia  por ello en diferentes  casos una forma eficiente de  felicidad.  De la felicidad,  desde luego,  porque temiendo lo peor o siendo consciente de la facilidad con que se presenta  cualquier  adversidad, lo bueno, lo mejor y hasta lo ordinario, se celebran con un gozo.

¿Pero miedo a la tristeza? Teniendo salud puede temerse la enfermedad pero es raro que en la plenitud de la lozanía surja  un verdadero pensamiento  para lo insano. Como también en la plenitud de la alegría, ¿quién piensa en serio sobre la tristeza que existe en el mundo, que sobreviene sobre los más cercanos o que podría llegar a recaer en mí?

Muy probablemente, mi miedo personal a la tristeza forma hoy parte de un cuadro clínico o estructuración atenuada del Mal (¿la depresión?).

Cada mañana, al despertar, viene a juntarse a mi respiración una grisura  y ya desde el desayuno no me deja estar en paz con lo que sea normal. ¿La normalidad? ¿La normalidad, pienso, no será en sí misma una cantera sombría, un yacimiento oscuro para el  corazón? Todas las personas que conozco con la tensión alta sólo están tristes cuando investigan el esfuerzo de su maltrecho corazón. Las de tensión baja, sin embargo, siendo  propensas al decaimiento asumen que la aparente tristeza no es sino una cuestión orgánica que encuentra cura en el sistema de sanidad. Pero a un corazón si problemas orgánicos ¿corresponde alguna tristeza regular? 

Pues sí. Hay una tristeza enclavada en la memoria dolorida, una tristeza básica del paso del tiempo y una amargura genuina que corresponde a la tristura del no pasa nada. 

[Publicado el 13/1/2015 a las 12:21]

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El avinagrado

En el colegio de La Salle de Paterna -por los años cincuenta- teníamos un compañero en el bachillerato a quien el cura llamaba "el avinagrado".

Era indudable que tenía una cara  avinagrada: las ojeras profundas y oscuras, la nariz prominente, el habla del condenado,  el rictus culpable en el labio superior. Estaba avinagrado por haber pasado tanta calamidad y esta pobreza lamentable en su presencia era una simple visión sino una emanación de sus ropas (aún de los babis, comunes a todos) que conducía al ambiente de una vivienda lóbrega y angosta con unas longanizas balncas puestas a secar. De hecho, de su casa, le enviaban, envueltas en papel de estraza, esas longanizas que en silencio deseábamos todos. No cabía la menor duda de que sus padres y hermanos vivían en la mayor escasez pero de ella se generaba, no obstante, esta clase de salchicha enteca que de lejos o de cerca hacía imaginarla con un sabor excepcional.

Cierto que los pobres apenas tiene para nada y menos para asomarse al Gourmet de El Corte Inglés o a La Garriga de la Castellana pero es muy probable que estos comercios de alimentación busquen sus mejores suministros en espacios de la peor clase.

Lo pobre huele, lo pobre apesta, lo pobre deprime, lo pobre hace llorar. Sin embargo, cuando todo ello se combina, pierder entereza, segrega mercancías que en ninguna otra parte podrían hacerse mejor. Los percebes, las ostras, el caviar, los mejores patés provienen de ámbitos donde a menudo reina la pobreza y la desesperación. La pobreza es mala pero ¿cómo negar que la última gota liberada es esencial? Lo pobre se deprecia. La depreciación es su cualidad pero su calidad proviene en casos extremos de ese rechazo de los muchos y el gusto minoritario para el paladar.

El famoso diseñador Alexander Mc Queen decía: "Es duro decirlo pero quienes mejor visten son los mendigos". Él era hijo de un taxista y se suicidó en 1910 a los 40 años. Las drogas, el alcohol, la carga de las humillaciones por su homosexualidad y su procedencia formaron el coctel letal. No fue pobre al final, pero fue inspirado por la marginación. Todos los márgenes dan siempre mucho de sí. Por lo común dan en la muerte prematura, en la muerte sin flores pero en casos excepcionales procuran un producto exquisito. Es sólo una mínima parte del montón. Un rezumo del vertedero, una gota de suma  perdición que como en el caso de Cristo conduce, paradójicamente, a la salvación. ¿Avinagrado Villanueva? En esa carátula de aquel amigo castellonense se va instalando mi apariencia ahora. No aspiro a nada desde este ácido acético que me maquilla. No espero recompensa alguna. Pero ¿cómo renunciar a la llegada del azar? Alguien, algo, movidos unos y otros por el olor a vinagre se acercarán para saborear, como una insólita enseña, su rara y exquisita acritud.  

[Publicado el 12/1/2015 a las 10:13]

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La tos sin fin

Por lo que voy viendo y oyendo, una incalculable masa de población se encuentra tosiendo desde hace más de dos o tres semanas. Algunos pasan ya del mes y otros más conspicuos están cerca de los  60 días. Se trata, me dicen a mi, que soy parte del fenómeno,  de un virus y que sin dejar de afrontar  preventivamente mediante una auscultación no merece mayor inquietud, por el momento.  A fin de cuentas los virus que se presentan en estas proporciones sociales logran, sin duda, la categoría de  acontecimiento intenso pero no diezmanm al ser pasajeros, el censo de  ciudadanía.

Con todo, el asunto pasa ya de castaño oscuro. Mucolíticos, antitusivos, pastillas para chupar y la tos persiste como si poseyera una naturaleza propia, obcecada e irreductible. Recuerda al nacionalismo furibundo. Se instala en los bronquios como una idea fija y no atiende a razones ni análisis suaves. La escabrosa cordillera que se desata con esta tos salvaje desemboca, casi siempre, en una expectoración tan blandengue que es difícil establecer relación entre su ruidoso abroncamiento y ese fruto meloso con el que, al cabo, se concilia en el mayor silencio. No llevaré la metáfora soberanista más allá por miedo de seguir tosiendo más alto pero la idea de la analogía me parece un acierto.

De otra parte y dentro de lo que es el cuadro clínico, no puede anticiparse cuando va  tronar esta tos y las noches son temibles  precisamente porque su arbitrariedad en el tiempo puede hacerla aparecer durante varios cuartos de hora infames.  Ellas son proverbiales. Y, de paso, son adverbios. Mediante esta figura gramatical creo que se describe directamente su ser. Son adverbios en el doble sentido morfológico de la palabra. Es decir: son toses "ad-versas" y son "versiones" fundamentales del tiempo, el espacio o la condición.

Pero también, del mismo modo que usamos sin darnos cuenta los adverbios en el habla, esta tos vírica y volcánica y  persistente se presenta incluida en la conversación, aunque sin que sin que justifique su significado exacto. De hecho, no se explica. No se deja tratar, no se deja acallar.  ¿Un virus? ¿Puede que sea un virus pero cabe imaginar en ese diagnóstico un dictamen más exento de concreción? 

[Publicado el 08/1/2015 a las 13:44]

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Envidias

La envidia es el pecado capital más lerdo, improductivo e ignorante. Todo lo que envidiamos en el otro se lo concedemos con nuestro padecer. No menoscabamos al envidiado rabiando por sus logros sino que ponemos de manifiesto  la lacerante carencia de nuestros talentos. De esta manera la envidia se envisca en nuestro interior como un animal que succiona la autoestima  mientras, al otro lado, el envidiado se condecora con nuestra tortura. Cuanto más grande mejor

El catecismo decía: "Contra envidia, caridad". Y no podía ser más sabio el catecismo. Admitamos  que su tajante reconvención tendía sobre todo a infligirnos alguna a penitencia impertinente pero,  en realidad, la indicación contiene en latencia los elementos esenciales de la  medicina para recobrar la salud emocional.  La caridad significa amar a los otros. ¿Pero cómo amar incluso al envidiado? ¿Cómo querer a quién nos daña con su éxito o su excelencia? Pues amarlo y quererlo,  abrazarlo, a través de la fatal solidaridad de pertenecer a un mismo rebaño. Todos los corderos seres humanos, todos los vivos condenados, todos los nacidos afligidos tarde o temprano por cualquier especie de  dolor o de cruda adversidad. No hemos nacido para ser galardonados sino para ser martirizados  No para ser mimados sino sacrificados.

Todos los muertos son mártires y no sólo aquellos que ganan un aura en las estampas del  santoral. La existencia se compone de una sucesión de martirios, mayores o menores, que se interrumpen sólo para regresar después y que se acentúan hoy para apagarse mañana y volverse a encender en el incontrolable   porvenir. Solidaridad humana o solidaridad de antorchas humanas en plena combustión. El fuego que nos socarra en la vida,  el fuego en el que ardemos todos por esto o por aquello es igual a la biografía de todo ser humano (de todo ser humano) al desfilar sobre la parrilla que quema por delante y por detrás.

[Publicado el 06/1/2015 a las 09:45]

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009)

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Bibliografía

Enseres domésticos (2014). Anagrama. 

Apolcalipsis Now (2012), Península.

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

 

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

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