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Periodismo cultural

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 31 de mayo de 2016

 Blog de Vicente Verdú

El encanto de lo incompleto

Una cosa es lo feo y otra lo imperfecto. La imperfección lleva consigo la falta de complexión o acabamiento pero no necesariamente el error. No es, al cabo, nada insólito para el arte. El arte discurre entre la idea original (prevista o sobrevenida), su esbozo y su gloriosarealización.

Ahora mismo el Met Breuer de Nueva York presenta una exposición sobre el caso de la obra no terminada. Puede parecer una morgue de lo que se comenzó y no culminó pero, visitando en directo sus obras, podría concluirse que lo más atractivo del romance entre el autor y la obra no se encuentra en la relación sexual completa sino en el deseo por alcanzarla.

Varias decenas de obras desde el Renacimiento a la actualidad recorren el episodio de cuadros que por unas u otras razones quedaron históricamente sin terminar.

En ese trance crítico del Met, aquello que cumplió del todo su proyecto aparece con una intención proverbialmente fracasada. Los blancos que se presentan en algunos retratos de Lucian Freud, los emborronamientos sin corregir que definen varios lienzos del pintor inglés Joseph Mallord William Turner son, a simple vista, deficiencias. Sin embargo, si la mirada se deja llevar sin final, lo incompleto, lo inacabado, lo falto de terminación, resulta lo más interesante de la creación.

Todo artista es más en su intención que en su aplicación. ¿Cuadros sin terminar? Precisamente este defecto conduce al efecto de conocer más sobre el cuadro y su pintor. Sería como saber de alguien mediante una autopsia prematura en contraste con saber del artista mediante el frío expediente de la admiración.

Cualquier artista, empezando por los mejores, sufren alguna carencia o malestar en sus vidas, como es fácil de predecir. Un dolor en su salud o en su estado ánimo que cuando entregan la obra certificadamente concluida, se esconde bajo este documento sin corazón.

Todo artista desea amar (a su obra, a su amante, a su paisaje interior) tanto como anhela ser amado en su profesión y en su modesta condición humana. Sin embargo, qué verdad incierta se hace transmitir en la perfección. Lo incompleto, lo medio acabado, lo imperfecto, llevan al artista a una exposición más personal. No sería la mera exposición de su trabajo en el trasunto de la creación. ¿Creación? Está en definitiva es manos de los dioses, que ni sufren ni padecen. La duda, el dolor, la vacilación del autor solo se representan vivamente en la obra por terminar. Con o sin posible solución. En ese intervalo se revelan los problemas. En ese intervalo que todavía no ha logrado el lustre reglamentario se transparenta la pugna del autor contra sí mismo, el lienzo y la Humanidad. O, en definitiva, la exposición del Met Breuer es más que una exposición de pintura. Muestra al ser humano -artista o no- que se revela no en el fin mismo sino en la compleja peripecia de la vida aún sin acabar.

[Publicado el 30/5/2016 a las 17:42]

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"Un continuo proceso de descomposición y recomposición"

imagen descriptiva

Con motivo de la exposición que se inaugura el próximo lunes, 23 de mayo, en la Galería Orfila (Madrid), el ensayista y poeta Ramón Andrés escribe sobre mi obra.

Aquí el texto:

 

La indagación del artista, para que lo sea en su total significado, y más en los tiempos de la modernidad, constituye de por sí un icono, una resistencia hacia aquello que es convención. Crear, pensar, es viajar al centro de la pregunta, comprender, por decirlo en términos heideggerianos, que la obra de arte no ocupa un espacio determinado, sino que ella misma obedece a una confluencia de direcciones, todas coincidentes en un punto, en un lugar. Cada vez más, las auténticas creaciones plásticas escapan al sentido tradicional de lo que, desde Kant y hasta no hace tantas décadas, se ha entendido por estética; huyen de la opresiva aspiración utópica que las ha acompañado durante siglos. Boris Groys se ha referido, en el momento de analizar un cuadro o una escultura, a la necesidad, sin duda perentoria, de afrontar lo que ha definido como una nueva «redistribución de lo sensible» y, sobre todo, de propiciar, o quizá mejor sería decir provocar, una forma distinta de mirar, tanto en quien ejecuta la obra como en aquel que la contempla.

La pintura de Vicente Verdú responde, y de manera nada tímida ni ambigua, a esa genealogía de obras que reflejan esta «redistribución» novedosa y que muestran, precisamente por ello, una diferente noción de orden no sólo espacial sino también mental. Su pintura es un rastrear posibilidades, un aparente pacto con el azar, un ampliar el lenguaje que nombra y pinta de otro modo las cosas, los términos del mundo; pide del espectador que abandone su discurso visual -y por qué no, también verbal- para adentrarse en un territorio donde el pensamiento es refractario a todo material que esté entregado a la lógica. Porque la suya es una pintura que anticipa o predice una lengua, y con ello dispone, a quien contempla o escruta las imágenes, otro escenario ajeno a toda subordinación estética, alejado de la politización a la que ha sido sometido el arte con el solo propósito de satisfacer a un público cada vez más autocomplaciente. Ante una propuesta como la de Vicente Verdú se debe abandonar los laberintos de la identidad, que es tanto como decir liberarse de la convención, zafarse del curso limitador de la Historia, tal como lo entendió Alexander Kojève. Únicamente así se es capaz de entender y asimilar cuanto no procede de un dogma. 

Este buscar «novedoso», esta incesante mudanza que ofrece provisionalidad a las formas, son enseñas en la pintura de Verdú, destinada, se diría, a un continuo proceso de descomposición y recomposición, cuyo fruto es la ágil movilidad de los elementos, un ir y venir de trazos y colores que genera espacios en la mente del espectador, armonías nada comunes, originadas no en la afinidad y coincidencia, sino, bien al contrario, como resultado de la tensión de los opuestos, al modo con que Heráclito formuló lo armónico. El decidido tratamiento del color, los espacios de silencio generados entre las formas, la repetición deliberada de motivos, proponen una apuesta, una agitación en nuestra visualidad tan acostumbrada a no cuestionar los cánones. Y lo hace sin renunciar a la enérgeia ni al vitalismo, ni a la alegría de la sensualidad cromática, en desacuerdo con la oleada nihilista que rompe en el ideario moderno. Bien podrían sonar en la pintura de Verdú los compases de Atmosphères, de György Ligeti, o aquellas líneas para violoncelo y piano que Morton Feldman tituló Patterns in a Chromatic Fields, donde una correlación de fuerzas, a veces imperceptible, hace posible, como lo es en esta pintura, el equilibrio de no se sabe qué mundo inaugural.

 

                                                                         Ramón Andrés, ensayista y poeta.


Ficheros asociados:

[Publicado el 20/5/2016 a las 13:58]

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Hacerse, inventarse, cultivarse

La gran tarea de todo creador, decía Motherwell, es inventarse a sí mismo.

Y lo cierto es: al inventarse el creador se crea. Crea el creador su invento que no es sino la identidad de sí mismo en cuanto artista.

Una identidad que será en el principio como una semilla dirigida, si recibe buenos alimentos, honestas y seleccionadas provisiones, a la categoría de un árbol. Y de ahí a una frondosidad que en reunión con otros formarán un bosque para albergar a los demás ilusionados que llegan más jóvenes.

[Publicado el 20/5/2016 a las 09:00]

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El asma de Motherwell

Como casi todo el mundo profesional sabe, en una axila del barrio de Chelsea, al sudoeste de Manhattan se agrupan tantas galerías de arte como tres veces las que ahora, unas 50, sobreviven en Madrid. Se trata de una aglomeración que recuerda a una feria pero no son sino sedes de un arracimamiento artístico tan denso que comprende no solo la planta baja sino los ocho o nueve pisos que componen algunos edificios. Todo ello en un callejero inferior al del barrio de Salamanca, donde dicho sea de paso, Clubes como 567 o Matador han abierto hace poco amplios y excelentes espacios de exposición en seleccionadas viviendas de lujo.

La Frieze Art Fair de Nueva York terminó su proverbial delirio vanguardista el pasado 8 de mayo pero la oferta de Chelsea ha crecido como esporas de tan diferentes figuraciones que es imposible domesticar y sintetizar su repertorio. Hay razón, sin embargo, para destacar, entre su muestrario un sustancioso grupo de collages de Robert Motherwell (1915-1991) que hasta el 21 de mayo llena una de las galerías Paul Kasmin.

Motherwell, uno de los más jóvenes del expresionismo abstracto norteamericano fue, a su vez, el más culto. Estudió arte, historia, filosofía o psicoanálisis e impartió conferencias en universidades sobre teoría del arte, algo muy excepcional en el oficio. Decía: "Es más importante la vida que el arte pero sin arte la vida es incomparablemente más pobre".

Y redoblaba: "Un arte sin conciencia es solo decoración". De modo que horrorizado por nuestra Guerra Civil dedicó más de cien lienzos a una serie titulada Elegía por la República Española. Obra que se extendió desde 1948 hasta unos 20 años más tarde.

Precisamente en algunos de los collages expuestos en la Paul Kasmin Gallery aparecen fragmentos de sobres timbrados con el rostro de Franco, testimonio de su continuada relación postal con amigos y colegas españoles durante la dictadura.

En cuanto género, el collage mismo, fue originariamente un instrumento para la subversión. Nació como una deriva del cubismo en las vísperas de la I Guerra Mundial y tanto el Dada como el Surrealismo o el Constructivismo lo utilizaron provocadoramente.

Con todo, la peculiaridad del collage que ahora se exhibe en Chelsea no representa tanto un impacto explosivo como una meditación íntima, como también por épocas hizo Picasso, Braque o Matisse. En este caso los recortes actúan como pinturas y su mayor valor radica en el potencial vigor de sus colores y sus formas. Por ello, todos los que tuvieron (tuvimos) una memoria de Motherwell basada sobre todo en el blanco y negro de sus grandes lienzos hallarán en esta muestra encalmada (¿trasunto de su grave asma?) a un artista especialmente intimista. Lo que no quita para que la obra se comporte, al fin, como una firme melancolía en vindicación de las víctimas de cualquier tragedia e injusticia, militar o no.

[Publicado el 19/5/2016 a las 09:30]

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Un par de aforismos del mes de mayo

Dijo Motherwell: "Las pintura sin conciencia es decoración". La decoración, sin embargo, es muerte pura. La vida eterna del artificio.

***

Sólo espero el banquete en el más allá. Entre un grupo de buenos amigos y fieles comensales.

[Publicado el 17/5/2016 a las 11:42]

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¿Desiguales?

Hasta cierto punto, ser de la misma especie y constatarnos tan desiguales es un efecto o defecto de perspectiva. Con seguridad, alguien que nos observara desde afuera apenas distinguiría a los listos de los tontos a los agraciados de los feos, a los torpes de los habilidosos. Y siendo así, si se trata tan sólo de un fenómeno de vacilante perspectiva, ¿cómo no aceptarnos más parecidos que diferentes, más amontonados que enemistados?

[Publicado el 19/4/2016 a las 12:22]

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Las moscas

La comunicación entre seres humanos es uno de los mitos más asiduos y banalmente tratados. Una cosa lleva a la otra: de insectos la asiduidad lleva a la banalidad y la banalidad al lugar común que es, metafóricamente, como un bullicio de moscas. Nada se entiende en esa vibración, nada se deduce de esa vibración de insectos,  nada se aprende de esa aglomeración sin apreciable valor.

Las moscas son representativas de muchas acciones sociales supuestamente  retóricas y  enaltecidas a partir de la llamada  condición humana. Las moscas son,  por antonomasia, retóricas y confusas en sus mensajes. Ocupan un lugar, lo incomodan, lo abruman y, con ello, parecen erigirse en factores importantes para la interpretación. Pero no lo son y todos los saben, literariamente o no. Matar una mosca no matar ni una mosca evoca la conducta sin valor.  De hecho así son las moscas. Dípteros braquíceos  que no sirven para nada que no sea zumbar en  confusión. ¿Comunicarse? Ni las moscas se comunican ejemplarmente ni sirven en ningún caso para inducir a la anexión.  Por el contrario, todo enjambre de moscas es un fenómeno a eliminar de la interacción puesto que toda mosca, por única que sea, es un elemento que nos saca de quicio. Nos saca de estar aquí o allá con los demás

Se podría, en consecuencia, destinar altos presupuestos para exterminarlas y mejorar con ello nuestra supuesta condición de bienestar. Pero si no se hace ni tampoco se plantea hacerlo en los años por venir. Ni se presupuesta hoy una partida ni se proyecta un plan. Prueba de que la mosca desempeñan un significativo papel y hasta un tótem en la humana incomunicación. Es decir, la representación de lo radicalmente incomunicados que estamos y de cuya realidad la mosca extrae su sentido y su espacio de circulación.

Lamentablemente (¿lamentablemente?) nada hay más cierto que la incomunicación entre los seres humanos. Nada nos provoca supuestamente más miedo que hallarse incomunicados pero, a la vez, nada será tan felizmente vivido. Admitimos, por rutina, por costumbre, por tradición  que sólo la muerte nos incomunica pero se trata de una tópica manera de consolarse en vida. Lo que nos incomunica no es precisamente la muerte, subterfugio para que alguien -por ínfimo que sea- represente algo ante los demás, reciba elogio, panegíricos  y flores, sino la comunicación misma (aun retrasada) de la que cada cual pudo deshacerse en vida. ¿Comunicados? Todo el éxito de las redes sociales, los smartphones, la telemática y hasta el espiritismo se basan en este hiato decisivo que es el tácito deseo de incomunicación. Todos vivimos, de hecho, confortablemente incomunicados. Hasta tal punto que nos resulta imposible comunicarnos incluso con nuestro propio yo. ¿Comunicarnos con otros yoes ajenos? Esto, además de arduo es con frecuencia tan asqueroso como inhumano. ¿Que todo está interrelacionado? Eso quisiéramos. Cada dos por tres las catástrofes naturales y no naturales demuestran que este Mundo ha sido creado para la quebradura y la destrucción. Dios es el sádico a quien nadie discute su valor.

[Publicado el 18/4/2016 a las 10:33]

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Clases de corazones

Me asombra encontrar a muchos amigos pintores que se declara autodidactas. Cierto que en la escritura pasa a otro tanto o más. La diferencia es que la pintura requiere una técnica no siempre disponible industrialmente. Las letras están hechas y, encima, suelen ser siempre negras, mientras que contemplar al pintor -todavía existente- que tensa y monta sus lienzos sobre el bastidor y les procura su personal apresto e incluso sus colores elaborados artesanalmente, nos recuerda las maniobras de un amante durante los primeros compases de la alcoba y el lecho. 


El escritor puede que tenga parte de estos sentimientos consigo -"metafóricamente" dentro se sí- pero en el pintor o el escultor, la analogía de hallarse en creciente contacto con la que será su amante en el lienzo despierta una emoción singular. Y lo digo yo que soy de los que nunca se ponen a escribir en pijama, o con las manos sin lavar y en zapatillas. Es decir, tal como hacen algunos desharrapados neobohemios que creen en que basta echar humo y miasmas enrarecidas gdesde la mente o el aturdido corazón.

[Publicado el 15/4/2016 a las 13:51]

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Las entrevistas de periódicos

No pierdan el tiempo con los periódicos. No lo desperdicien con cualquier entrevistador. Sólo unos pocos intuyen, dagan, sienten y saben qué hay que preguntar. En la respuesta se encuentra la recompensa. El periódico vale apenas una calderilla, pero el buen periodista hace de ella monedas de oro de galeón. Joyas del alma y la inteligencia.

Fíjense pues en los buenos, nieguen la lectura a los mediocres. Puede que esto no sea tan fácil puesto que los diarios son una merdé. Pero no son, ni mucho menos, una mierda sino una miscelánea de la que puede destilarse, con gusto (y todavía) el mejor licor. 

[Publicado el 12/4/2016 a las 10:35]

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El cuadro y el ánimo

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En general, la mayoría de los galeristas dicen que los cuadros de tonos suaves se venden más. Todo cuadro posee diferentes grados de penetración que pueden discurrir desde el suave amor al odio y desde la entrega de calma hasta la agitación.  Este cuadro que pinte hace muchos años se correspondía con una época en la que deseaba más el silencio que la conversación. Y, efectivamente, necesitaba un cariño sin perturbación.  Para mi esta obra es un ejemplo de todo lo que se dice a propósito de los colores tenues y un testimonio de la relación de ánimo con la obra de arte que en tanto se parece, cuando se expresa, a las relaciones con los demás, objetos, animales o personal.

[Publicado el 08/4/2016 a las 12:10]

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Foto autor

Biografía

Nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003), Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005), No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009). Sus libros más reciente son Enseres domésticos (Anagrama, 2014) y Apocalipsis Now (Península, 2012).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Bibliografía

Enseres domésticos (2014). Anagrama. 

Apolcalipsis Now (2012), Península.

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

 

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2012 Premio de Hoy de Ensayo 

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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