El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 24 de mayo de 2013

 Blog de Vicente Verdú

El desamparo y el inseguro

Más que un líder, un mesías u otro personaje de este cariz que podrían devolvernos al repetido abismo histórico de los fascismos, lo que echamos de menos no es tanto la política como otra institución consagrada a defender los derechos de la población común. No hay nada peor en España que enfrentarse a un abuso de una compañía o buscar amparo en un seguro. La compañía es todo menos compañera, aun en lo más elemental, y las empresas de seguros son todo menos aseguradoras. En el primer caso y tras cualquier estafa no hay modo de que el estafador sea puesto pronto ante los tribunales y se le sancione. En el segundo supuesto, tras cualquier percance, en el coche, en el hogar o en nuestro lugar de trabajo, el seguro tiende a demorar los pagos, a escabullirse, a negar lo obvio hasta desesperar al cliente. Un cliente que si antes ha pagado prestamente todas las primas ahora se ve tratado como un apestado. Un tipo molesto del que hay que apartarse y denegarlo como a alguien mendaz. Próximamente daré los nombres de algunas compañías que se portan de esta manera y que afectan también a nuestros parientes y compañeros pero bastaría recurrir a la experiencia de cada cual para ratificar que no sólo no hay justicia en lo criminal sino que estas desaprensivas instituciones aseguradoras (¿), salvo contadas excepciones, cometen abusos que llegan sistemáticamente hasta la explotación cuando no al robo. ¿Hasta cuando seguiremos debatiendo la cosa política y no la ciudadanía directa? ¿Para cuando el domus sustituirá al actual camelo de la polis ¿Hasta cuando el ciudadano del siglo XXI logrará un estatus de dignidad y respeto? O lo que es lo mismo, ¿hasta cuanto la indignidad de los actuales mandamases seguirá gobernando nuestra vida social y personal?

[Publicado el 22/5/2013 a las 11:00]

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La fatiga de ser yo

Alain Ehrenberg a quien conocí en la Toscana hablando de fútbol escribió hace años un libro que se titulaba La fatigue d´être soi. La fatiga de ser, o más expresivamente "la fatiga de ser uno mismo". Fatiga de ser uno mismo ¿porque se siente uno demasiado  sólo? ¿Porque ya uno mismo no soporta su yo? ¿Porque no se podrá ser ya de otra manera  a pesar de poner en ello toda la ilusión?

Ser uno mismo para toda la vida tiende necesariamente a aburrir y tanto más cuanto más larga la vida sea. De ahí que tratemos de entretenernos en esto y aquello para no vivir tan directamente con nuestro yo o fantasear con el cuento de que cambiamos de ser al cambiar de actividad. Pero el yo pesa mucho y es un plomo que además de muy pesado no hay manera de disolver. Incluso inculcándole una u otra pasión feroz somos capaces de reducir su gravedad.  ¿Gravedad?

Efectivamente puesto que nada lo define mejor que su intrínseca enfermedad tan obstinada como grave. El yo vive crónicamente enfermo y de ese modo tenerlo adentro acarrea un peligro mortal.  Con mucho yo acabamos muriendo en plena vida. Cuanto menos yo se tiene más inmortal o feliz se es. Siendo precisos, esta sería la condena que Dios planeó para el ser humano en este mundo. Es decir, dotarlo de un yo de considerable tamaño para acarrearlo como una cruz penitencial. La cruz del yo, tan incrustada en el yo mismo que no nos deja viajar hacia otro con ninguna  facilidad, Nos impide volar a la manera de los ángeles o hacer milagros transmutándose a la manera de  los santos que o no tienen yo, en el primero de los casos, o lo han adelgazado al extremo con su camino de santidad. Un yo grande, un yo gordo es lo peor para el estilo personal. Los yoes de mucho tamaño empapuzan a la manera de las grandes raciones que sirven en los restaurantes vulgares.  Un yo de  proporciones desorbitadas acaba por matarnos prematuramente, igual que si se tratara de una  obesidad mórbida o incluso más que ella. Puede ser que nos creamos vivos pero nos hallemos muertos ante la colectividad  puesto que estas dimensiones impiden vivir con otros. ¿Es Mouriño un caso de estos? Podría ser. Perlo no es tanto el Mou lo importante como el Mí. A la fatiga de ser uno mismo se opone  la genuina alegría de vivir que no se representa mejor que a través de esos saltos joviales que dan los niños en los parques y jardines sin que les importe un pito la imagen que dan. Es decir, el yo ruidoso que todavía no conocen en su insoportable proporción.

 

vverdu@elpais.es

Obra pictórica: http://vicenteverdu.net/

[Publicado el 21/5/2013 a las 10:47]

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Merendar de éxito

Lo contradictorio de publicar (libros, cuadros, canciones, blogs) es que  uno no puede vivir sin ello. Pero, de otra parte, mucha gente con sus propios gustos y conocimientos de hecho prefiere a otros autores y posterga o desdeña lo que haces. ¿Cómo salir de aquí? ¿No viendo nada? ¿Tomando lo mejor y dejando lo malo? Claro que no.

La respuesta a lo que se hace no se sintetiza en una sola voz que ama o mata sino, siempre, en un ramo tan heterogéneo que a la fuerza deja de servir como acicate o como definitivo puñal. Escribimos pues (y pintamos y componemos) de espaldas al patio de butacas. Luego uno se vuelve hacia el público aglomerado y el resultado más o menos mayoritario es el sí y el no ante la provocación. El artista es provocación o no es. Esta vivo o es cadáver en virtud de su capacidad de conmoción

¿Quién se sube sin embargo a este escenario donde uno se expone a recibir tomates a granel?

Muchos artistas son eminentemente tímidos y jamás se subirían a las tablas. Sin embargo, todos los artistas, son narcisistas y necesitan el forraje de verse admirados como si se tratara de la primera papilla y subirse al pináculo como si fueran traviesos niños. Pero en cuanto narcisista, cualquiera tiende más a despertar las antipatías que otra cosa más blanda. El egotista, el ególatra, el narciso impulsa a que los demás respondan dejándolo carcomerse en su asqueroso arrogancia. Sin embargo, los mismos narcisistas dan de cerca mucha pena. La pena que despierta el ser vulnerable y que tanto le hace sufrir su frágil corazón. Basta escribir un artículo que aplaudan muchos pero que no cuente con la aceptación del portero de la finca para perder todo el gozo anterior. Días soleados en los que no escucha ningún comentario negativo son habitables pero varios días en que no oiga nada son insufribles. Un día soleado y aislado donde sólo se arracimen los elogios es un día glorioso. Pero ¿significa el principio de un más allá feliz? Nada de eso.

El fracaso es para el narcisista tan hondo que afecta a la médula y esos amigos desmadejados que vemos bebiendo más de la cuenta o acurrucados en un oscuro cantón son gentes que pierden con extraordinaria facilidad su músculo y su osamenta. Sólo un milagro, cuando eres ya muy mayor o has muerto, devuelve acaso al personaje el mérito que, sin embargo, ya no le sirve ni para merendar.

[Publicado el 14/5/2013 a las 10:46]

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El choque

Si no hay testigos, si no hay atestado policial, si nadie puede aportar una prueba ¿cómo deshacer la mentira de la otra parte que en el accidente nos  atribuye la responsabilidad? La compañía no admite más partes de mi parte y la otra parte tiene el seguro a todo riesgo sin ninguna penalidad. ¿Tampoco será posible un arreglo para que nadie salga perjudicado? Tampoco. Al parecer la otra parte desea hacernos daño, quedar excluida de cualquier responsabilidad y, de otra parte, apartarse como el demonio de la verdad. Esta grey de seres humanos que pululan por todas las poblaciones se engolosinan con la estafa y el perjuicio  a los demás. De este modo parece que se creen la parte más sabia cuando no son sino la parte maldita de la colectividad. Por sus acciones se desacredita  la dignidad de este mundo pero, a la vez, todos nos sentimos reos de sus maniobras que, como en este caso, no sino atentados de todo tipo contra la vida y la integridad de los demás. Vuela la otra parte como un pájaro negro. ¿La compañía de seguros? Con demasiada frecuencia se pone del lado de estos muchuelos para ahorrarse la responsabilidad de atender  la parte que no hace sino pagarles primas a lo largo de  décadas y todavía confiando en que crean sin partidismo, a través de los significativos esbozos del siniestro, la verdad de la colisión, el carácter honrado y real de nuestro parte. La canción de todos los malos días.

[Publicado el 13/5/2013 a las 09:47]

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Enfermedad crónica

¿Qué pasaba cuando no había crisis? Prácticamente vamos olvidando que se sentía en la normalidad asociada a un crecimiento constante, más o menos alto, y a una estabilidad en el empleo. Hoy, sin embargo, se suceden las noticias de un derrumbe por etapas. Van cayendo empresas y fundaciones, va apagándose la cultura y los planes de desarrollo futuros. Más que aguardar a que las cosas vayan mejor, se teme que la tendencia hacia lo peor se haya instalado de un amanera tan honda como irreversible. En estas condiciones, el mismo gobierno español, y el francés y el portugués o el italiano presentan una imagen de debilidad y decadencia que les hace aparecer como estampas sin densidad, cuerpos sin músculo, visiones nubladas. ¿Un líder? Tendría que tratarse de alguien llegado del más allá para no verse contagiado por la epidemia del más acá. Porque si de alguna manera directa puede tratarse la situación es aquella que evoca a las atenciones que demanda un enfermo de anemia, de leucemia, de fibralgia. Todo es vulnerable y todo duele. Al punto de que los periódicos habrán de consumirse no ya por la competencia de las tabletas o Internet sino por la misma consunción de sus materiales caducos. En la Historia se tuvo como románticas y voluptuosas a las épocas de decadencia. Después fueron exaltadas como puntos de inflexión puesto que en sus nidos se habían ido componiendo las fórmulas nuevas para vivir progresivamente, más confortablemente y más creadoramente. Pero ¿ahora? Esta decadencia sigue una trayectoria vertical que no permite el cuenco correspondiente a las incubadoras. Cae en picado, hacia el centro de un magma que, si Dios no lo impide, acabará quemándonos a todos y a todo. A la manera de un fuego purificador. Es bueno ser creyente para poderse contar esta historia sagrada. Pero justamente cuando menos fieles existen y el agnosticismo crece habría que hacer frente a la situación. ¿Hacer frente? La sensación es que las fórmulas de curación, los recurso a la clínica o a la política económica no son suficientes y puesto que prácticamente nada mejora ¿cómo no volver a pensar en la Revolución?

[Publicado el 29/4/2013 a las 12:13]

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La cita

El reencuentro con una vieja amiga no puede ser más semejante  que al temible encuentro con la fecha de nuestra  muerte.

[Publicado el 25/4/2013 a las 12:04]

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El pensar

Somos en buena parte lo que pensamos. O, más concretamente, nos pasan las cosas malas y buenas con gran intervención del código que el pensamiento les aplica. Por eso hoy, que he leído el anuncio de un libro titulado El arte de pensar (Ediciones B) he comprendido que efectivamente, siendo atinado, haya vendido cientos de miles de ejemplares.

No se trata de que el autor se muy  sabio y nosotros ignorantes sino que hay quien conoce los entresijos de la mente mejor, incluso mero instinto, y con ello sabe caminar con beneficio. Otros que nos hacemos fácilmente enredos padecemos mucho más tiempo y más intensamente y más improductivamente. Siendo de este modo fosco nos dañamos pero también dañamos a los demás que efectivamente queremos.

Este autor suizo y de 47 años, Rolf Dobelli, puede pensarse que no ha podido aprender mucho más que las personas que le adelantamos en edad y en peripecias  pero no tiene por qué ser así. La virtud del pensamiento certero, orientado a procurarnos verdad y salud en lugar de perjuicios, sólo se correlaciona débilmente con la edad. La edad, ciertamente, nos hace, en general, conocer más número de situaciones pero no es una garantía de que cuando se repitan algunas de ellas actuemos mejor que la primera vez. "Tendemos a pensar que nosotros somos los listos y los demás tontos", dice Dobelli. Y esa tendencia ya es en sí una reflexión perjudicial. De este modo cargamos con toda la carga y no sometemos su peso a otra báscula que la calcule con mejor puntería.  Y que advierta, además, de su composición. A fin de cuentas si somos el resultado de  lo que nos componemos deberíamos estar atentos al buen estado de los ingredientes y a su mejor articulación. Esas personas que ven con claridad frente a las que empañamos nuestros cristales son clave en la resolución de conflictos, puntales en el cambiante resultado de nuestros metabolismos tan sosos o penosos a causa de ser más tontos de lo que se tendría que ser.

[Publicado el 22/4/2013 a las 10:18]

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La voluntad

La voluntad es una de las facultades del alma que más  atención requieren. Las otras son memoria e inteligencia que se tienen o no se tienen y apenas merecen mucha más conversación.

Sin embargo, respecto a la voluntad todo el mundo tiene algo que decir y predicar.  En primer lugar, los pecados vuelven a aparecer no ya con con la memoria o la inteligencia sino mediante el necesario relajo de la voluntad. Sin voluntad no se llega muy lejos mientras que con la memoria pueden traspasarse decenios y con la inteligencia estratos de interminable composición interior. Curiosamente, no se magnifica tanto la inteligencia en una oersdona cuando a su lado se encuentra alguien con un  denuedo muy superior. La inteligencia es brillante y asombrosa pero siempre es más significativamente humana que la voluntad.

La voluntad se recibe como un don que el Creador ha repartido al tun tun y depende de cada uno ponerla además en movimiento para que dé frutos. Cuando se trata de vencer una fuerza adversa, una tentación, una adicción, un desengaño se acude a la voluntad como la fuerza más decisiva  para doblegar al mal. Sin embargo, la inteligencia y la memoria, deberían también participar en una medida semejante.  Casi todos los amigos que en el pasado murieron por una sobredosis o siguieron enganchados a la heroína, eran en diferentes acepciones tontos. Los más listos escaparon de esa sevicia y enderezaron sus vidas.

Igualmente la lúcida memoria  de uno mismo en mala situación pasada coopera en resolver esa circunstancia. Todo ello, sin embargo, con la voluntad como poste o bate central de la decisión. Las otras facultades del alma colaboran pero lo hacen con una sutileza que no posee el ejercicio de la voluntad. La voluntad se relaciona así  con la rudeza, la potencia  de los bueyes de tiro, la repetición del martillo sobre la resistencia del muro, Y, en efecto, nos damos contra un muro sin traspasarlo cuando la voluntad, como suele suceder, se halla menos musculada que el obstáculo y apenas recibe  la cooperación de calidad más cerebral. Una vez y otra vez, el mundo se presenta poblado de bultos nefandos que la memoria o la inteligencia sortean mientras la voluntad se encarga de hacerles frente  y se empeña en la tarea de su reiterada e interminable destrucción.  Sísifo agotado sabia a la perfección de lo que hablaba.

[Publicado el 18/4/2013 a las 10:08]

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Escaleras

Uno de los artefactos más interesantes de las viviendas es son las escaleras. Van  vienen, suben y bajan. Representan la suma ambigüedad del ascenso y del descenso, del la prosperidad hasta la Gloria y de la aniquilación  hasta la sepultura. Son vertiginosas cuando nos incorporamos a ellas para descender y son sacrificiales, especies del monte Carmelo, cuando se las solicita emplea para subir. No son propiamente humanas. Al bajar nos azóranos, al subir nos vemos jadeando. Son las mismas escaleras pero desempeñan una función doble y opuesta como criaturas ambivalentes del más allá.

Los ascensores las descalificaron hace más de un siglo, ridiculizando su personalidad diabólica.  Porque los ascensores actúan  al manera de un elemento neutral y mudo que nos sirve sin decir nada más. Se comportan como servicios sin habla ni opinión.  Se someten al pulso de un piso u otro sin manifestar grados de esfuerzo, ni protesta, ni exultación ni calamidad. Loa ascensores son entre las aportaciones del mecanicismo a la casa los elementos con menos discursos que pronunciar  Hacen y deshacen como autómatas de una época que los concibió y les dio existencia racionalista sin procurarles ninguna oportunidad de manifestarse entre el sí el y el no humanista.

 Sólo cuando aparece el cartel que los rubrica como "fuera de servico" "out of order" reaparecen como criaturas s que poseen  vida independiente de nuestra pulsación en sus alienados botones del obediente corazón. De otras manera su centro impulsor quedaría borrado por la secuencia de los pisos a los que se les puede enviar sin diferencias de trabajo. Se mostrarían, en efecto, como seres nacidos para ser manipulados sin ninguna resistencia, sometidos a la voluntad de un ser humano extralo y exterior.  Serían  exactamente el servicio que prestan y ni un paso más. Sin servicio son un "ou of order" queriendo decir que  faltos del poder del amo, desvalidos,  han perdido toda identidad. Son pues tan sólo autómatas  y se vivifican, se manifiestan y nos acompañan imaginariamente en tanto se subordinan a nuestra voluntad.

Las escaleras en cambio, son tan duras como las más duras maneras de la feminineidad.  Es imposible ascender hasta ellas si no es con un esfuerzo constante  y, en ocasiones, descomunal. Y no se puede dejar esta esalera  sin sentir el vértigo de su descenso que puede acabar con nuestros sesos aplastados o sumidos en su diseñada voluntad.

Cualquier arquitecto se sentiría de acuerdo -dese Moneo que diseñó con estrechez las escaleras del Kuursal hasta los orondos diseños del medievo- en que  no podrían solayar el detalle de la escalera sin jugarse la reputación.

 La condición humana puede subrayar una y otra función de la escalera. Ella se asocia velozmente, alocadamente,  cuando traza la bajada de sus escalones  o se somete a su dominio semejante al el mito de Sísifo con la cúspide inalcanzable una y otra vez.  El freno que requiere la bajada y el esfuerzo que exige el ascenso componen un sí y un no de la supervivencia, entre el logro de lo más alto a la entrega del maltratado corazón.  Ellas son masters del conocimiento. Maestras de la vida en el edificio puro puesto que estamos al antojo de su capricho, al ojo de  su  personalidad.

[Publicado el 17/4/2013 a las 16:19]

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La mala noche

Una mala noche la tiene cualquiera. ¿Merece la pena detenerse en esta circunstancia vulgar? La noche siguiente reparará el mal trago de la mala noche cercana y el día que transcurre entre una y otra no adquiere caracteres tan graves como para prestarle demasiada atención. Llega lo malo y se disipa en 24 horas. ¿Puede imaginarse una pena menor? ¿Un castigo más leve? ¿Una contrariedad de tanta celeridad en el proceso del quita y pon? (El pon y el quita).

No obstante, el tiempo carece de suficiente transparencia y aun menos de elasticidad hacia atrás. Siendo característico del tiempo la temporalidad sólo se vive con exactitud la actualidad.

Siendo inherente al tiempo su incesante circulación proyectiva, su elasticidad es casi igual a cero en su intento de hacerlos relativo un paso atrás. Hoy salimos de una mala noche pero su contrariedad es del todo reticente a ser mitigada por la visión actualizada de que su malestar desaparecerá más tarde, volviéndose a acostar. El buen futuro no consigue introducirse en el presente sea mediante la reflexión o recurriendo al olor del sentido común.

Efectivamente hay un surtido de noches diferentes y, como en todos los conjuntos, hay elementos buenos y malos en la colección. Lo malo de esta mala noche sería pues parte del conjunto y el dolor, este u otro, poseería la misma célula de habitabilidad que el placer aquí y allá. De este modo dialéctico, se produce la vida ajedrezada en su totalidad. Buenas rachas preceden a las malas y los años oscuros preceden a anualidades con sol. Dentro, además, de cada porción se repiten en pequeña escala sus más y sus menos, los días más o menos redondos y los otros más o menos escachados.

Al estilo de los fractales, el más y el menos determina a cualquier escala un balanceo similar al movimiento que recibe el recién nacido para tratar de conciliar el sueño en la vigilia o dejar de berrear en plena desesperación. El meneo de un lado a otro, del bien al mal, de la izquierda a la derecha o de la fortuna a la mala suerte define la existencia con tal radicalidad que no sería concebible un ser vivo sin este baile Tan teatral como biológico e entre el sí y el no.

Somos, sin embargo, tan impacientes, tan ignorantes que nos imaginamos dueños de combatir el dolor como un intruso y recibir el gozo como un obsequio natural. Pero somos lo que somos gracias a la conjunción ciudadana de las buenas y las malas noches. Hay pastillas e infusiones,

[Publicado el 16/4/2013 a las 10:50]

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009)

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Bibliografía

Apolcalipsis Now (2012), Península.

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

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