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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 24 de noviembre de 2017

 Blog de Félix de Azúa

Espantajo

En 1939 y ya en el exilio de Collonges-sur-Salève, Azaña escribió 11 artículos para la prensa internacional, con la intención de exponer su opinión sobre el desastre de la guerra perdida. Son escritos de un hombre descalabrado y exhausto que moriría pocos meses después. El infame Petain no permitió que le enterraran con la bandera republicana, así que lo amparó una bandera de México cedida por el embajador de aquel país.

Los últimos meses de Azaña son tan aciagos como los de Machado o los de Benjamin, pero no han merecido ni piedad ni admiración, sólo olvido. Quizás porque Azaña escribió lo que pensaba sobre las causas de la Guerra Civil, aparte de Franco, y señaló con su dedo de moribundo a tres responsables: la cobardía de Francia e Inglaterra, el caos criminal de la extrema izquierda española y la traición delirante de los nacionalistas catalanes. Así que nadie estaba muy dispuesto a rendir respetos al pobre Azaña. Tan es así que los 11 artículos sólo se publicaron en España en el año 2002 con un certero prólogo de Gabriel Jackson. A pesar de los miles de libros que se han escrito sobre la derrota, esta lectura sigue siendo conmovedora.

Lo he vuelto a leer estos días porque me agobiaba cuánto se va asemejando nuestro país al de 1936. No como tragedia, sino como farsa. Al igual que en el viejo cauce seco que todos olvidaron se construyeron viviendas, hoteles ycampings que un buen día fueron arrasados cuando una lluvia torrencial volvió a colmarlo, así también sospecho que el viejo cauce cainita, asesino y caníbal de los españoles puede traer una avenida devastadora cualquier día de estos. Será una farsa, pero traerá destrucción. Los mercaderes del odio se frotan las manos.

[Publicado el 08/3/2016 a las 18:59]

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Grandeza

Lo de rendir homenaje a los artistas es cosa reciente. Antaño sólo se celebraba la vida (mejor la muerte) de reyes, nobles, guerreros y santos. No verán ustedes estatuas de pintores o músicos antes del siglo XIX. Creo que el primer lugar que celebró haber tenido de ciudadano a un artista fue Núremberg. En 1828 la población se vistió de Durero. No había una sola obra del artista en la ciudad, pero la gente se disfrazó con ropa que pretendía ser del siglo XV. Muy divertido. En 1875 hizo lo mismo Florencia con Miguel Ángel, aunque en esta ocasión mostraron algunos dibujos y siempre tenían al tedioso David de la plaza. En fin, que un artista sea asunto popular es hábito muy nuestro y seguramente causado no sólo por el delirio burgués de la nacionalidad, sino sobre todo por la atracción turística. A Núremberg acudió un montón de forasteros a comer salchichas y pasearse en braguero y medias.

Más difícil es encontrar homenajes públicos a escritores. Son menos simpáticos. Seguro que el primero fue Dante y más tarde quizás Goethe. En España lo del Quijote tardó en llegar hasta el 98, pero ¿ha llegado? Es verdad que hay bastantes rotondas con un patético Quijote de hierro oxidado en medio de plantas muertas, pero mi director, Darío Villanueva, se lamentaba el otro día de la desidia de nuestro abúlico Gobierno ante el actual centenario. Comparado con lo que los ingleses han montado para su Shakespeare, da risa. Bien es verdad que nuestros Gobiernos financian el analfabetismo como cosa personal y poco se puede esperar de ellos, pero ¿nada? ¿Absolutamente nada? Pues no. Dan una cargante impresión de impotencia: ya no pueden ni pasar las hojas del Marca.

[Publicado el 02/3/2016 a las 16:53]

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Pintor

La exposición que el Museo del Prado dedica a Georges de La Tour es una óptima ocasión para descubrir un artista con dos almas. Alguna gente tiene ese privilegio, dos almas, quizás porque nacen ya como gemelos de sí mismos. Si ustedes observan, por ejemplo, a algunos virtuosos (Richter, Cortot) interpretar las más endiabladas piezas de Chopin, habrán reparado en que su derecha ignora lo que hace la izquierda. Una mano está goteando tristeza mortal mientras la otra da brincos alegres y juveniles en el mismo instante. Dos almas. Esta gente tiene dos almas o por lo menos son capaces de que cada hemisferio cerebral vaya por su lado sin interferir en el otro. Faulkner lo hizo en Las palmeras salvajes.

Pues bien, La Tour es uno de estos elegidos. Hay un La Tour costumbrista que nos pinta a un joven pretencioso desvalijado por unas mozas, aunque él cree que le ha robado la vieja desdentada a la que reclama el dinero. Escena picaresca maravillosamente entendida. Y luego hay otro La Tour con figuras recortadas contra la lumbre de un velón, generalmente solas y melancólicas, aunque a veces tienen una compañía misteriosa a la que los expertos no saben dar nombre. Estas dolientes cavilaciones son el momento más elevado y reflexivo de un siglo, el XVII, en el que comienzan a juntarse y apuntar por el horizonte las negras nubes del nihilismo, la conciencia de que ya no somos hijos de Dios.

En La Tour todo es indescifrable. Nuestra némesis planea funesta sobre los rostros en sombras, pero también nuestra vida lúdica y tontuna gira en torno a estos caballeros estafados por muchachas de fresco pecho. Y no me queda espacio para hablar de sus ciegos, que ven más sin ojos que nosotros con dos

[Publicado el 23/2/2016 a las 14:30]

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Escena

El agonizante yace en la mesa de operaciones. Ha perdido mucha sangre, cerca de cien mil millones de euros durante este año. Le rodean los facultativos. Rajoy, médico jefe, se prepara para intervenir. "¡Bisturí, pinzas, anestesia!", ordena, pero la enfermera le dice que su secretario se ha largado con el instrumental para venderlo en Marruecos. El médico adjunto, Sánchez, da un empujón al jefe y se abalanza: "Este enfermo necesita una intervención de progreso y de progresa que yo ahora mismo me dispongo a ofrecer ante la ciencia...". Le interrumpe la enfermera: "Hágalo, por favor, adelante". Sánchez retrocede espantado: "Hacer es de derechas, hablar es de izquierdas. Yo hablo, pero no hago ni haré nada que ponga en duda mi progresismo".

La enfermera grita con horror. El ayudante primero, Pablito, está chupándole la sangre al agonizante. "Pero ¿qué hace? ¡Lo está matando!". "Todo lo contrario", responde Pablito, "la sangre es lo más corrupto del capitalismo. Yo me la bebo a la salud de los homosexuales iraníes". La enfermera, fuera de sí, se dirige al segundo ayudante, Rivera. "¡Haga usted algo, por favor, el enfermo se nos va!".

El ayudante Rivera afirma que, aunque Rajoy es un inútil, Sánchez un incompetente y Pablito un parásito, él hablará con todos porque lo cardinal es España. "Sí, claro, señor Rivera, pero le está usted hablando al paragüero", dice la enfermera. En ese momento entra el independentista de la casa. Se ha puesto una nariz roja para que no lo identifiquen. Va a la mesa de operaciones y cubre el cuerpo del agonizante con una bandera catalana. "¡Hala, ya te puedes morir!".

El agonizante se da la vuelta y, a la manera de los antiguos estoicos, se cubre la cabeza con la bandera y muere.

[Publicado el 16/2/2016 a las 15:52]

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Diálogos

"Yo, sin duda, voy a hablar con todo el mundo", dice el célebre lector de prensa deportiva, también conocido como Número Uno, pero no aclara de qué quiere hablar y luego resulta que nadie quiere hablar con él. "No hablaré nunca con el Número Uno porque quiero formar un Gobierno de progreso", dice el Número Dos, y acto seguido regala dos sillones a los separatistas catalanes que son lo más reaccionario del país. "Yo no hablaré con el Número Uno, pero sí lo haré con el Número Dos, siempre que éste no hable con el Número Cuatro", dice el Número Tres, sin explicar de qué va a hablar, aunque de inmediato se divide por cinco: la parte gallega, la parte vasca, la parte catalana, la parte aragonesa y la parte valenciana. El Número Cuatro, perfectamente vestido, asegura que puede hablar con todo el mundo menos con el Número Tres porque es separatista catalán, vasco, gallego, aragonés y valenciano.

Los votantes, mientras tanto, observamos turulatos el espectáculo y nos palpamos los unos a los otros para acreditar que existimos, pero no existimos. He tratado de palpar a un votante del Número Uno y se ha disuelto en el aire como un gas. El del Número Dos, desesperado, trató de agarrarse a mi mano, pero se deshilachó como una telaraña. El Número Tres quiso darme un tortazo, pero comenzó a girar como una peonza hasta desplomarse. El Número Cuatro me felicitó el santo y luego se convirtió en un celaje de color azafrán y ascendió a las alturas.

No existimos, queridos compatriotas, somos contingentes. Sólo existen los separatistas catalanes que, mientras tanto, ya han legislado para que todos los españoles cojan la lepra en cuanto pongan un pie en tierra sagrada.

[Publicado el 09/2/2016 a las 16:13]

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Exposición

Aunque su origen está en el grupo venezolano Chekales, la semana pasada se presentó en España una compleja obra de arte conceptual con eco mediático. La pieza consistía en una sólida mujer que amamantaba a su hijo en un Parlamento democrático, mientras, en paralelo, un fino mozo faenaba abrazado a su hija en una plaza de toros. La pieza exigía un cambio de roles sexuales y denunciaba la fijeza burguesa de género. Así, el niño y la madre escarnecían la Pietá cristiana en un medio laico, en tanto que la niña y su padre hacían lo propio con el Minotauro en terreno altamente ritualizado.

La Pietá laica se formó sin problemas, aunque uno de los gerentes del arte conceptual caraqueño tomó al niño de brazos de su madre como si quisiera asaltar los cielos. Fue pronto reducido y el niño no sufrió daño. El grupo del Minotauro, en cambio, no pasó apuros. La vaquilla era menos silvestre que los seguidores del grupo venezolano y tenía menos peligro que una bicicleta con sillín infantil.

Diversos colectivos de grupos artísticos conceptuales (todos enemigos entre sí) se lanzaron al día siguiente a criticar con aspereza, unos al niño del hemiciclo y otros a la niña del ruedo. Unos veían un insulto a la dignidad y el sueldo de los diputados compararlos con un bebé que chupaba sin freno, otros aullaron contra la rebaja del macho feminizado por una niña. Se puso de los nervios un cura andaluz, como viene siendo habitual cuando hay criaturas, y denunció, pero sin consecuencias.

Quien desee saber más sobre este tipo de arte puede acudir a El arte expandido, de Mario Perniola, que acaba de aparecer en España. Será imprescindible para los políticos españoles tal y como está el patio.

[Publicado el 02/2/2016 a las 15:04]

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Libresco

Se fustiga George Steiner porque el régimen político más sanguinario y funesto de todos los tiempos se engendró en la nación más culta y civilizada de la Tierra. Allí en donde más se cultivó el conocimiento, tanto humanista como científico, donde más respetada era la sabiduría y mayor la estima social del profesor y del investigador, allí justamente se desató una tempestad genocida que parece impensable en pueblos caníbales y antediluvianos.

Luego Steiner da una vuelta de tuerca y piensa que quizás fuera precisamente esa densidad libresca y sabia lo que paralizó a quienes podían detener a los asesinos de Hitler, pero no lo hicieron. Las élites eran olímpicas. Vivían en una doméstica conversación con Antígona y con el rey Lear, con Platón y Galileo, conocían de memoria los demonios que asaltan a los humanos y les chupan el seso. Seguramente los eruditos alemanes vieron lo que sucedía desde la alta cima del saber acumulado por toda la cultura occidental y no reaccionaron. Debieron observar las primeras oleadas de crímenes como rituales matanzas de ciervos, osos, jabalíes, por parte de campesinos enloquecidos con el cuernecillo del centeno. Quizás, se fustiga Steiner, fue el exceso de cultura lo que condujo al desastre a los alemanes.

Pero míranos a nosotros, Georges. Los españoles, a diferencia de los alemanes, siempre hemos vivido sometidos a unos amos que odian la sabiduría, la inteligencia, los libros y el conocimiento. Pues ya ves, cada siglo nos destruimos como salvajes. Nuestras carnicerías son famosas. No te preocupes, Georges, también quienes vivimos en sociedades analfabetas sabemos arruinarnos la vida. La culpa no está en los libros o en los laboratorios. Es que somos gregarios y sentimentales. Nos arrastra cualquier curilla sanguinario.

[Publicado el 26/1/2016 a las 16:15]

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Dos historias

Si uno observa la vida entera de los humanos, tras separarnos del padre simio, puede que vea una larga línea de sucesos que se siguen el uno al otro racionalmente: del politeísmo al monoteísmo, del mundo agrícola al informático, de las monarquías a las democracias, y así sucesivamente. Es la historia según Hegel, en la que cuanto sucede no tenía más remedio que suceder. Hay víctimas colaterales, cierto, pero no cuentan para la historia. Es una historia teológica. Siberia, por ejemplo, para Hegel estaba fuera de la historia. Cuando Dostoievski lo leyó en Semipalatinsk rompió a llorar, como cuenta László Földényi en su célebre ensayo. El terrible sufrimiento, la mortal tortura que estaban soportando los condenados, no entraba en la historia, era daño colateral, inevitable para el avance progresista de la historia real.

Nuestro peregrinaje bajo el sol también se puede ver a la manera de Benjamin y entonces comparece la historia trágica. En este otro modelo, empujadas por el huracán del progreso, montañas de cadáveres se van acumulando a los pies del Ángel del Progreso, el cual avanza, pero de espaldas, horrorizado por la carnicería que va lloviendo torrencialmente ante él. Para esta otra historia, el sufrimiento de los condenados en Siberia es el único contenido de nuestra enigmática residencia en el cosmos.

Casi todos los políticos son hegelianos. ¿Qué importancia tiene el hambre, el sufrimiento, la prisión del inocente, la sumisión del pueblo a la idiotez, ante el imparable progreso ideológico de la nación, piensa Maduro? El pueblo revolucionario se satisface con canciones, prédicas televisivas, deportes viriles, o cuando llevan en sus brazos a un recién nacido, creen Maduro y sus seguidores.

Solo Merkel dejó entrar en la historia, es decir, en Alemania, a la tragedia. Un rato.

[Publicado el 19/1/2016 a las 16:51]

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Diosecillos

Durante las pasadas fiestas se agotó en los comercios un juego infantil, La patrulla canina, basado en la serie de televisión. Excelente noticia. La patrulla la forman seis canes, cada uno de los cuales domina una técnica. Uno lleva la caja de herramientas, otro la manguera, otro un torno con cuerda, otro la escalera, etcétera. Si aparece un problema -naufragio, incendio, criatura perdida- cada uno de los perros aplica su especialidad. Los niños ven el mundo como un conjunto de peligros que se pueden superar con técnicas simples. Acceden así a un politeísmo, parecido al de los Siete samuráis,de Kurosawa, en el que si falla un dios siempre quedará otro.

Es una perspectiva inteligente. Cuando crezcan un poco, los más listos superarán a los dioses menores y comenzarán a ver un mundo esférico, impenetrable, oscuro, amenazador y glorioso. Habrán llegado al monoteísmo. Comprenderán que sólo podemos acosar el mundo mediante una herramienta, el lenguaje. Sólo esta técnica, tan misteriosa como el mundo mismo, nos permite separar, fraccionar e intentar entender las partes aisladas. No hay milagros, no hay soluciones para cada fragmento, sólo tentativas que a veces crean figuras estables y otras se difuminan como niebla.

Quienes lleguen hasta esa posición estarán a punto de conocer la seriedad del mundo. Muchos de ellos, sin embargo, asustados, recularán y tratarán de mantener su infancia politeísta. Seguirán jugando a la patrulla canina cada uno con su pequeña identidad, su fiesta privada, su droga y su tuit. Sólo los más esforzados seguirán luchando con el lenguaje en busca de un enunciado que todo el mundo pueda compartir, una proposición que alivie el agobio y la miseria de la mayoría. Y eso ya no es un juego. Es la edad de la razón.

[Publicado el 12/1/2016 a las 14:14]

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Un par

He leído hace poco un buen artículo sobre novelistas que con un solo libro lograron la cima. Uno y no más.

Pero hay también escritores de solo dos libros. En este caso el paradigma es Richard Hughes. Su primera novela sigue siendo una de las más perfectas de su generación, que es la de Nabokov y Hemingway. Se tradujo con el título de Huracán en Jamaica y mantiene toda su fuerza nihilista. El tema: de cómo unos niños raptados por criminales asumen la maldad sin perder la inocencia. El segundo y último libro se acaba de publicar en español con el título de En peligro y es otra obra maestra cuyo origen merece conocerse.

Se encontraba Hughes un día departiendo en el club con otros aficionados a la literatura y se cantaba la grandeza de los viejos narradores del mar. Nadie como Melville ha descrito la furia de la tempestad y el terror de los navegantes, decía uno. Ninguno como Conrad nos permite sentir la muerte que se abate sobre los marineros durante el tifón, terciaba otro. En la actualidad eso es imposible, decía un tercero: los modernos navíos llevan tal cantidad de instrumentos técnicos que el peligro es inverosímil. Hughes mostró su desacuerdo. No es el avance técnico de la navegación lo que hace inverosímil el peligro, dijo, sino el alma moderna, tan tecnificada como la máquina, pero un alma poética puede transmitir el pavor y el horror de la tempestad actual como Homero. Sus compañeros se reían de él. ¡Como Homero! Entonces Hughes les dijo que ese mismo día se pondría a escribir la épica y el pavor del buque moderno.

El lector juzgará si lo consiguió.

Vinieron luego dos correctas novelas sobre la II Guerra Mundial. Para el olvido.

 

[Publicado el 05/1/2016 a las 10:10]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) es su último libro.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 




 

Ensayo

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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