El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 10 de febrero de 2012

 Blog de Félix de Azúa

Un diccionario indefinido

La palabra "diccionario" suele venir en los diccionarios, pero no todos están conformes en lo que signifique la palabra "diccionario". Conscientes de que un consultor de diccionario será el último en buscar el sentido de la entrada que le da fundamento, los diccionarios suelen ser muy desmayados en lo que concierne a su propia definición.

Así, por ejemplo, María Moliner comienza diciendo: "Libro en que se da una serie más o menos completa de las palabras de un idioma, etcétera". Definición perfectamente insuficiente e incluso errónea. Ni tiene por qué ser un libro, ni son "palabras" lo que lo componen. Casi calcada es la entrada de Manuel Seco en su utilísimo diccionario del español actual. ¡Qué diferencia, ¿verdad?, con el Petit Robert, que nos traslada al universo de la exactitud!: "Conjunto de palabras dispuestas según un orden convencional que da definiciones o informaciones sobre los signos". Aquí se hace conspicua la diferencia: los diccionarios no ordenan palabras sino signos. ¿Quizás conceptos? No siempre: hay diccionarios de imágenes, como los del sistema Duden. El Oxford, por su parte, es pragmático a la manera británica y sólo describe el uso de un diccionario, aquello para lo que sirve, su utilidad, pero no su naturaleza o esencia. El de la Real insiste en lo anterior sobre el "libro" y las "palabras".

¿Por qué nuestros diccionarios redactan de modo tan tosco el concepto que los define y sustenta? ¿Cómo puede ser que un diccionario no se ocupe como tarea primera de su propia definición? ¡Ah, es tan nuestra esta exigencia! Podemos opinar sobre absolutamente todo hasta llenar un diccionario completo, pero que nadie nos pida responsabilidades. Nosotros estamos libres de toda culpabilidad. Podemos decir de un modo apodíctico lo que los otros son, pero que no se nos exija saber quiénes somos nosotros, desde dónde hablamos, con qué autoridad. Nuestra obsesión es poner una etiqueta a los demás, especialmente a quienes consideramos que no son como nosotros, pero que nadie ose definirnos o clasificarnos porque entonces le morderemos la yugular.

Así que hace unos años pensé en escribir un diccionario donde no cupiera la entrada "Diccionario". Soy tan irresponsable como cualquier colega, me dije, de modo que voy a definir apodícticamente todo lo relacionado con las artes, pero no me voy a justificar, ni voy a explicar quién soy, desde qué tarima hablo, ni qué intereses me mueven. En este país nadie se justifica, ¿por qué iba a ser yo el primero en hacerlo? Y me lancé a escribir un Diccionario de las artes no sin preocupación, pero con cierta nonchalance.

Lo hice persuadido de que escribía en la más completa libertad, como el niño que subido en su caballo de madera y esgrimiendo la espada de cartón va decapitando campeones y derrotando regimientos sin esfuerzo; con la graciosa ayuda de un gesto, de una leve fatiga al cabo del ejercicio, así me lancé a la tarea. "Hoy he derrotado a los blindados del general Rommel", le dice el entusiasmado infante a su padre que bastante tiene con rellenar las hojas de Hacienda, y así me sentía yo escribiendo el Diccionario de las artes que hoy se reedita con notables cambios, aconsejados por quince años en los que las artes han sufrido su último y definitivo infarto. Hoy ni las artes son lo que siempre habían sido (no lo eran desde hacía decenios), ni hay ya la menor esperanza de que vuelvan a serlo. Y añado: ¡por fortuna! No es cierto que todo tiempo pasado sea mejor, es la memoria la potencia que mejora y adorna lo que sin duda fue tan efímero y tan pocovale como el presente. La memoria es la orquesta que pone música a los muertos y a los humanos nos encantan los entierros.

Estaba entonces, cuando la primera redacción, viviendo en París gracias a la generosidad de Sánchez Albornoz, en aquella época en la que aún era posible ser socialista en España sin tener que disculparte, e incluso en la que uno podía sentirse orgulloso de serlo. Mi diccionario tenía que ser socialista en el viejo y noble sentido de la palabra: racional, crítico, enemigo de toda connivencia con el poder, con la corrupción, con la codicia de los ricos, con la vanidad de los jerarcas, con las pequeñeces nacionales, cercano a los débiles, sí, pero sin sentimentalismo, honesto y benéfico. Quería escribir un diccionario republicano, vaya.

Todos estos ideales, comprensibles en un estudiante, eran muy difíciles de defender cuando uno quería opinar con toda seriedad sobre el estado de las artes en su momento de agonía (¡tan extraordinariamente interesante!), sin por eso renunciar a ser honrado y verosímil. Las artes, fagocitadas durante el periodo romántico por el Arte y convertidas en otra excusa del dominio político bajo la forma de las Vanguardias, habían sido destruidas. ¿Cómo explicar que esa destrucción tenía un aspecto comprensible? ¿Cómo comprimir en un solo y mismo libro la necesidad de desaparición del arte convencional del siglo XIX, la entrada en batalla de las agresivas y heroicas vanguardias, su triunfo absoluto a partir de la Primera Guerra Mundial, y su conformismo y decadencia a partir de la Segunda hasta constituir una Nueva Academia para banqueros y políticos?

Era una tarea que superaba mis posibilidades. Desde que era un crío, yo me había tomado muy en serio la entrega de los humanos a esa actividad que llamamos "arte". Tenía para mí que en la España que yo había conocido no se me parecía gente más viva y valiosa que Ferlosio, Claudio Rodríguez, Benet, Saura, en fin, no tiene sentido dar nombres porque los había a cedazos, gente que dedicaba su vida a buscar la forma de su experiencia, la de vivir bajo unas circunstancias, con unos congéneres, en un tiempo, unas condiciones y unas tragedias o comedias irrepetibles. Yo entendía la augusta tarea de los científicos, de los técnicos, de los cosmólogos y de la masa inmensa que trabajaba para que fuera posible esa espuma sobreabundante que es el pensamiento en su forma sensible, nuestro significado en forma material, pero no pudiendo dar cuenta de la totalidad del océano, decidí por lo menos comentar mi experiencia de la espuma.

Comencé, por lo tanto, a escribir un diccionario con la frescura de no haber definido previamente sobre qué sistema, método o principio me iba a apoyar. Como mejor excusa tenía la de que las artes actuales no permiten una visión unitaria y por lo tanto todo ensayo o teoría es un escaso fragmento. Esto es así porque la dispersión y capricho de las artes son el exacto reflejo de la distracción y la chifladura de nuestro tiempo y de nuestras sociedades. En ese sentido las artes que nos están dando figura y representación, tan estúpidas, enloquecidas, baratas, sublimes, sarcásticas, sobrecogedoras y disparatadas, son el reflejo de nuestro tiempo como los templos dóricos de Paestum lo son de la Magna Grecia. Y por eso mismo, el actual es el arte de una sociedad sin destino, sin proyecto y obsesionada con su pasado. Un arte casi siempre satírico y la mayor parte de las veces ridículo.

Inesperadamente, cuando se publicó, el diccionario llegó a mucha gente, más de la recomendable: tuvo tres reimpresiones y ahora se presenta en una nueva edición reconstruida. Yo no había sido el culpable. ¡Quién me habría dicho a mí que la agonía de las artes iba a durar tanto tiempo! He incluido ahora alguno de sus últimos jadeos. Fascinantes, obsesivos, horripilantes.

Dije al principio que un diccionario ni tiene por qué ser un libro ni tiene por qué estar constituido por "palabras". El mejor ejemplo, en efecto, son los diccionarios On Line que suprimen categóricamente la noción de "libro" de la definición, pero debo añadir un comentario sobre los diccionarios inmateriales. El más solicitado por la generación pixelada es la Wikipedia, ejemplo supremo de diccionario enciclopédico sin consistencia en papel. Debo añadir que los diccionarios hasta ahora ofrecían una garantía que sin ser absoluta era por lo menos institucional. Uno compraba el Oxford Dictionary porque le suponía más puesto en lo que atañe al idioma inglés que el Valderrábanos Dictionary. Quizás esto es injusto y cainita, pero también es incontrovertible. El caso es que Wikipedia carece de la menor garantía, pero los estudiantes la toman como La Palabra del Señor ya que no tienen otro Señor que la pantalla. Lo cual conduce a situaciones estupendas.

Me permito concluir con una anécdota rigurosamente real y verdadera. Un muy notable novelista mexicano asistía a su presentación madrileña en un establecimiento de augustas e históricas pretensiones. La presentadora desgranaba las virtudes del novelista con verdadera unción, hasta llegar a la lista de sus publicaciones, momento en que consultó una chuleta. Y entonces dijo: "Sus dos últimos libros son Chúpame la interminable y Mis historias homosexuales, ambas con amplia aceptación de público y crítica".

Imperturbable, el novelista mexicano tomó entonces la palabra, agradeció a la presentadora sus amables y sin embargo sinceras palabras, y añadió que también agradecía a Wikipedia la inclusión en su currículo de esas dos últimas y exitosas novelas que de inmediato se iba poner a escribir.

Ya me gustaría que mi diccionario diera pie para una historia tan hermosa.

[Publicado el 20/5/2011 a las 10:18]

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Mis intenciones electorales

La célebre sentencia latina "Todas hieren, la última mata", aplicado a nuestro sistema de representación vendría a decir que si bien todos los días ponen de manifiesto la increíble estolidez de nuestra clase dirigente, el periodo electoral puede hundirnos en la desesperación. Mucha prudencia, por lo tanto.

    El desplome de nuestra esperanza nace de ese sentimiento, digno y espontáneo en cualquier persona decente, que es la culpabilidad. Tendemos a pensar que los pigmeos que se pavonean en parlamentos, diputaciones y ayuntamientos no son sino lo que nos merecemos, el exacto retrato de la así llamada "sociedad española". Hay que sortear el masoquismo. La verdad es que no es cierto. Podrían ser aún peores.

    La democracia española no es como la europea en la que hay que demostrar una cierta capacidad para acceder a puestos de responsabilidad. He repetido hasta la nausea que la nuestra es una democracia latinoamericana, un sistema montado a trancas y barrancas que sólo busca el beneficio de los sindicatos políticos (también llamados "partidos") y no el de la población, con el fin de que los en verdad poderosos hagan cuanto les venga en gana. La tercermundista historia de las Cajas de Ahorro da una idea de cómo funciona el tinglado.

Italia también se nos asemeja, pero con una diferencia: los italianos han aprendido a desenvolverse sin sus políticos. Les han entregado una considerable parte de la riqueza nacional para que roben hasta hartarse, pero con la condición de que no estorben. La popularidad de un rufián como Berlusconi es transparente: le seguirán eligiendo porque es el menos totalitario del arco, el que menos interviene en sus vidas, el payaso. No puede dar lecciones de moralidad y esa es una gran ventaja.

    En España aún no hemos aprendido a prescindir de nuestros políticos, todos ellos de un moralismo episcopal, es decir, farisaico. El periodismo nacional prefiere llenar páginas, horas y pantallas con las trivialidades que les dicta cada oficina de propaganda, antes que intentar informar de algo, de manera que los futbolistas y los políticos, junto con las hembras del fornicio, son lo que más abunda en nuestra vida cotidiana. Hemos de aprender a borrarlos de nuestra existencia.

    Por ejemplo, en las próximas elecciones no me cabe la menor duda de que hay que votar aquello que más irrite a los políticos que han estado mangoneando en cada zona del país. Estaría bien el voto en blanco si no fuera porque luego se suma al partido más votado, de modo que es un regalo. El voto nulo o la abstención me parecen perfectamente justificados, pero aún mejor es votar aquello que amenace sus nóminas y que es cambiante según las regiones, las ciudades y los pueblos.

    Días atrás vi a una señora mayor que estaba feliz porque había logrado que le dieran una rebaja laboral para atender a su nieta. Al parecer era un derecho que le correspondía, pero ningún funcionario se lo había dicho. Muerta su hija trágicamente hacía poco, resulta que podía heredar ese mínimo alivio para cuidar de la huérfana. Absolutamente nadie sabía que ese privilegio está en el ordenamiento laboral. Todos sabemos, sin embargo, que la Junta de Andalucía subvenciona cursos sobre sexualidad cuyos libros de texto son revistas pornográficas. Los textos.

    Abajo he colgado un SOS de otra gente que lo está pasando mal y nadie se ocupa de ellos porque sus enfermedades no tienen ficha en los kafkianos archivos de la burocracia catalana. Lo sé de buena tinta porque me lo ha enviado una amiga que padece una de esas enfermedades y ha heredado de su padre, que fue mi maestro, una infrecuente entereza moral. Es de esa estirpe que nunca pide ayudas, sino que exige lo suyo, lo que se le debe. Y encima no da las gracias. Gran persona.

    Todos sabemos que el gobierno catalán se está cargando la sanidad pública, así que es el momento de exigirle que se abstenga de hundirla aún más. Ya tendrán años para amenazar, insultar, multar, corromper, mentir, ocultar, robar, chantajear, viajar en primera, pero sobre todo comer, comer y comer antes y después del partido de fútbol y durante y entretanto.

    Pues ahora que trabajen un poco y por lo menos se vean obligados a leer la carta de estos 250.000 enfermos que no tienen más poder que su tenacidad y su voto.

 

AÑADIDO:

 

12 DE MAYO, DÍA INTERNACIONAL DEL

SÍNDROME DE LA FATIGA CRÓNICA/ENCEFALÍTIS MIÁLGICA,

FIBROMIALGIA Y SENSIBILIDADES QUÍMICAS MÚLTIPLES

 

CARTA ABIERTA A LOS PARLAMENTARIOS Y PARLAMENTARIAS

 

Queridos parlamentarios,

 

Les escribimos como parte de las 250.000 personas que viven en Catalunya con los Síndromes de Sensibilidad Central (SSC), una familia de enfermedades orgánicas y  multisistémicas que incluyen el Síndrome de la Fatiga Crónica/Encefalitis Miálgica (SFC/EM), la Fibromialgia (FM) y las Sensibilidades Químicas Múltiples (SQM). A algunos de ustedes ya les conocemos, a otros no.

            Les queríamos escribir en el Día Internacional de los SSC para ponerles al día de la situación de nuestro colectivo que sigue desamparado a estas alturas del siglo XXI.

            Como muchos recordarán, en el 2007, recogimos 140.000 firmas (aunque sólo se necesitaban 50.000) para una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para mejorar la desesperada situación de nuestro colectivo de enfermos.

            La ILP exigía, entre otras cosas, organizar varias Unidades Hospitalarias Especializadas FM-SFC (UHE) ya que sólo había 2 en Catalunya con listas de espera de 2,5 años. Estas UHE deberían ser formadas por equipos multidisciplinarios porque estas enfermedades son multisistémicas, o sea que afectan a varios sistemas del cuerpo (inmunológico, neurológico, endocrinológico, cardiológico, etc.). En estos equipos tenía que haber especialistas, entre otros, de medicina interna, reumatólogos, cardiólogos y, también pediatras para los miles de niños con el SFC/EM en Catalunya que están totalmente desatendidos. Y una de estas UHE debería centralizar la investigación sobre estas enfermedades. Lo que se pedía era, sencillamente, lo que ya tenían otros enfermos catalanes con enfermedades similares como esclerosis múltiples, Lupus y artritis reumatoide, una atención médica para la cual, en un país con sanidad pública, los enfermos no deberían verse obligados a recoger firmas.

            La ILP también pedía una mejoría en el tratamiento abusivo del ICAM hacia estos enfermos, y otro punto clave era la importancia de formar a los médicos de Catalunya sobre estas enfermedades, formación que era casi inexistente.

            Como recordarán, la ILP FM-SFC la votaron ustedes como Resolución 203/III por unanimidad el 21 de mayo del 2008.

            Después de 3 años, la situación es la siguiente:

-          las dos unidades que ya funcionaban, más o menos, siguen con listas de espera de 2,5 años;

-          hay 14 reumatólogos sin formación en SFC/EM en varios hospitales por toda Catalunya que la ex-Consellera Geli consideraba como "Unidades FM-SFC" pero que, en realidad, son "fibro-parkings", en los cuales las personas enfermas, tengan SFC/EM, SQM o FM, leve o severa, son diagnosticados con FM, recetados medicaciones nocivas para estas enfermedades y aparcadas en grupos "educativos" o en Terapia Cognitivo Conductual;

-          los aspectos centrales de estas enfermedades, los graves desarreglos inmunológicos, son ignorados totalmente, mientras los enfermos empeoran y su salud se deteriora;

-          los niños con SFC/EM siguen sin ser atendidos: no hay ningún pediatra que trate el SFC/EM;

-          los enfermos se ven obligados a acudir a la sanidad privada en Catalunya o en otros países de Europa, pagando entre 4,000 y 6,000 Euros al año de su bolsillo;

-          el trato del ICAM hacia los enfermos diagnosticados en las 2 unidades, sigue siendo abusivo, se les sigue dando el alta cuando el especialista cree que no están en condiciones para trabajar y se les dice frases como "usted tiene que tener pensamientos positivos y volver a trabajar" y vemos un alto nivel de suicidio entre las personas que se encuentran en esta situación desesperante;

-          la formación de médicos, como ya presentamos a la Comissió de Salut del Parlament en otoño del 2009, es totalmente deficiente y su enfoque es que estas enfermedades orgánicas no lo son: que son psicosomáticas.

 

Desde que ustedes votaron la Resolución 203/VIII, se ha avanzado en la investigación de estas enfermedades pero no en la sanidad pública catalana. Los importantes hallazgos inmunológicos, llevados a cabo con donaciones privadas organizadas por nuestro colectivo en el laboratorio IrsiCaixa no han podido continuar ni ser puestos en aplicación por la falta de fondos.

            El 2 de marzo del 2011 nos reunimos con el Dr Françesc Sancho Serena, Secretari de Estrategia i Coordinació del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya para hablar de todo esto y hacerle una propuesta.

            Nuestra propuesta realizada bajo una perspectiva y valoración profesional, desbloquearía esta situación inaceptable de los enfermos de SSC en Catalunya.

Aunque es cierto que la propuesta exigiría una nueva visión, actualizada y acorde a la realidad, también es cierto que ahorraría dinero a la administración. Consistía en los siguientes puntos:

  • El reconocimiento institucional y profesional de dichas enfermedades como están haciendo, aunque lentamente, otros países de la comunidad Europea. Ello permitiría una mayor agilidad en los diagnósticos y una disminución de recursos tanto económicos como humanos.
  • Por la peculiaridad de estas enfermedades, son imprescindibles unas unidades centralizadas de referencia, muy distintas a las actuales, con una redistribución de especialistas, al igual que ha sucedido en el campo de la neurociencia, exigiendo médicos inmunólogos, de enfermedades infecciosas, medicina interna, reumatólogos, bioquímicos y biólogos.
  • Dada la gran dispersión de los enfermos sería conveniente la unificación de casos en un centro de referencia por provincia e interconectados entre sí. La función de dichos centros seria la formativa a los profesionales mediante la elaboración de un protocolo de diagnóstico y de atención tanto médica como enfermera. Asimismo gracias a la unificación de pacientes y de historias, permitiría una más alta rentabilidad de protocolos de investigación tanto humana como económica, en contra de la dispersión actual existente.
  • La formación de los profesionales bajo unos protocolos, al igual que existen en otras especialidades médicas permitiría un diagnóstico más precoz y tratamiento más efectivo, incluso los paliativos, con todo lo que ello implica a nivel económico y social.
  • La formación permitiría una mayor eficiencia en el tratamiento de las complicaciones tanto en las ABS como en los hospitales y servicios de Urgencias domiciliarias
  • Potenciar el seguimiento y formación de los pacientes mediante las consultas de enfermería, previa preparación, al igual que ocurre con otras enfermedades, depresión, diabetes, cardiacos, etc.

 

            En dicha propuesta solo presentamos un esbozo pues la versión completa es más amplia y detallada y contiene una serie de organigramas y hojas de ruta para un mayor entendimiento de la propuesta, sobre la cual estamos totalmente abiertos a comentar para colaborar en su valoración, modificación y puesta en marcha.

            Somos conscientes de las peculiaridades económicas que se plantean en el tema de la sanidad, no obstante también hemos de decir como profesionales que el modelo de atención actual no es eficaz ni efectivo tanto económica como humanamente y que requiere de una solución más imaginativa y profesional, acorde con los conocimientos actuales sobre las mismas, entendiendo asimismo que las atenciones ofertadas hoy día no son efectivas a nivel paliativo ni resolutivas a nivel de la enfermedad, y pueden crear un conflicto de intereses entre algunos profesionales inmovilistas.

            Aún no hemos visto ninguna acción por parte de la nueva administración y dada la brutal agresión que está sufriendo la sanidad catalana en estos momentos por parte del nuevo gobierno, vemos aún más difícil la situación de nuestro colectivo.

            Pasan los años, cambian los parlamentarios, los partidos políticos, las administraciones, y los enfermos de SSC seguimos como si el tiempo se hubiera detenido en 1988, cuando se publicaron los Criterios Holmes para el SFC/EM. Y aunque ustedes votaron por unanimidad la Resolución 203/VIII, no se han preocupado por verificar si se ha llevado a cabo o no. Todos los aplausos que nos brindaron ese 21 de mayo del 2008 eran, en realidad, mero teatro.

            Dada esta falta de cumplimiento por parte del Parlament, les anunciamos que nuestro colectivo procederá a tomar acciones legales inmediatas en línea con el documento "PROPOSTA per a la CREACIÓ dels PROTOCOLS ASSISTENCIALS i per a la potenciació d'UNITATS de REFERENCIA pels SSC (SFC-EM, FM i SQM)" presentado en el Departament de Salud de la Generalitat de Catalunya con el número de entrada 0336E/5220/2011 en fecha 02/03/2011 a las 16:23:20 h y en el que anunciábamos dichas acciones legales inminentes si en un plazo de un mes (han pasado dos meses desde la entrega de tal documento) no se procedía a la creación de la comisión para la generación de dichos protocolos.

 

            Y para que quede constancia, firmamos a todos los efectos legales y jurídicos oportunos.

 

Firmado: ASSSEM y Liga SFC

 

Barcelona, 12 de mayo del 2011

 

 

[Publicado el 16/5/2011 a las 09:15]

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Buscando una dirección bajo la lluvia

imagen descriptiva

En algún lugar de la Argentina provincial que yo no alcanzo a imaginar porque sólo veo casas de dos pisos en calles sin asfaltar, como en esas películas en las que salen muchos perros, un periodista trata de averiguar cómo se ha producido una desaparición. Cierto ciudadano, afectado por un retraso mental ("idiota faulkneriano", lo llama el escritor), se ha esfumado y la búsqueda está languideciendo porque a nadie le importa mucho el pobre hombre. Sólo el periodista insiste y presiona sobre la policía de modo indirecto para que no abandone la búsqueda. Finalmente el cadáver aparece en el fondo de un pozo y sabemos que fue asesinado con extrema crueldad por motivos de una mezquindad insoportable. Aunque este desaparecido es nuestro coetáneo, late a su espalda la ingente cantidad de desaparecidos argentinos cuyos cadáveres han ido apareciendo gracias a la tenacidad de algunas personas dignas.

No hay que engañarse, sin embargo, éste no es el argumento de la última novela de Patricio Pron, sino sólo uno de sus laberínticos recodos. La anterior novela, la imprescindible "El comienzo de la primavera", era también un laberinto de búsquedas y persecuciones, personajes de dudosa existencia comparecían sorpresivamente ante el lector entre las brumas de alguna aldea alemana y eran luego engullidos por la duda. Y así también en esta última novela, "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" (Mondadori), avanzamos sin dirección por otro laberinto amenazador. Porque el periodista que trata de mantener viva la pesquisa sobre la desaparición del idiota faulkneriano, lo hace movido por el recuerdo de la hermana del idiota con la cual compartió grupo político durante la guerra sucia del peronismo marxista-leninista contra el peronismo fascista, o quizás del ejército contra ambos peronismos, o lo contrario, es decir, de ambos peronismos junto al ejército contra otros marxista-leninistas, los Montoneros, que en realidad eran peronistas o quizás fascistas. La política argentina pertenece al ámbito de la mitología hindú y hay que saber sánscrito para entender algo. La hermana del idiota, en todo caso, es una desaparecida política cuyo asesinato nunca se resolvió. La búsqueda del desaparecido actual es una rememoración de los desaparecidos antiguos.

De acuerdo, pero tampoco el periodista o la muchacha desaparecida son el objeto real de esta remarcable novela, sino el hijo del periodista, el cual, tras pasar ocho años de estudios en Alemania, regresa a la Argentina para despedirse de su padre, agonizante en un hospital de provincias. Este hijo es, como quizás se ha colegido por el título de la novela, el escritor Patricio Pron cuya novela no es una novela sino un homenaje a sus padres y a los miles de argentinos asesinados defendiendo o atacando (o ambas cosas a la vez) la causa de la mitología hindú.

Hay que tener presente que cuando he mencionado la palabra "homenaje" no me refería a una apología o canto de laudes, sino al necesario respeto por la memoria en un ámbito, el argentino, donde es preciso ser Funes el Memorioso para poder recordar quién asesinó a quién en lugar de casarse con él o robarle sus hijos, y por qué o porqué no lo hizo. Se trata de construir un modesto monumento a una memoria particular a la que Pron ha podido acceder con garantías ya que seguramente en aquel caos sólo lo propiamente personal tiene alguna firmeza. El valor de esos recuerdos, por minúsculos que sean en el océano de sangre argentino, está admirablemente resumido en una de las páginas finales:

"Mientras pensaba todo esto de pie junto a la mesa del teléfono vi que había comenzado a llover nuevamente y me dije que iba a escribir esa historia porque lo que mis padres y sus compañeros habían hecho no merecía ser olvidado y porque yo era el producto de lo que ellos habían hecho, y porque lo que habían hecho era digno de ser contado porque su espíritu, no las decisiones acertadas y equivocadas que mis padres y sus compañeros habían tomado sino su espíritu mismo, iba a seguir subiendo en la lluvia hasta tomar el cielo por asalto".

La larga cita era necesaria por varios motivos. Uno de ellos es que, como puede deducirse, a Pron no le incumbe el aspecto moral de si los guerrilleros tomaron una buena o mala decisión; lo que le importa es el espíritu, es decir, el músculo épico que movió el brazo. El segundo motivo es que él se añade a ese músculo épico según el cual las personas honradas deben ser recordadas en tinta indeleble si pertenecen al grupo de los derrotados, independientemente de que compartamos o no sus delirios políticos. Este es el sentido lírico del largo título, castigo de libreros y anzuelo de poetas.

Pero hay un último motivo. Se observa en este párrafo la herencia del mejor grand style de la literatura española, el que viene de Proust y Faulkner, pero que aquí cultivaron los reyes de la hipotaxis Benet y Ferlosio. El largo párrafo de profunda respiración à la Celibidache es infrecuente en el libro; Pron utiliza este registro con mesura y elegancia para pasar del tono menor al mayor sólo cuando la emoción debe vestir su uniforme de gala. Basta con este detalle de alta ebanistería para percatarse de que nuestro artista, con tan sólo treinta y cinco años, es uno de los mejores escritores actuales y que hay que leer con sumo cuidado todos y cada uno de sus libros.

[Publicado el 09/5/2011 a las 10:18]

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El refugio de la montaña

Gracias a uno de esos caprichos que llevaron a los ingleses a conducir por la izquierda, los franceses llaman "clásico" a lo que todos los demás llamamos "barroco". La confusión suele ser considerable. Barroca es para nosotros la poesía o la música del siglo XVII que para ellos es classique. No merece la pena ahondar. El caso es que Montaigne se cuenta entre los clásicos o barrocos franceses que estudia Fumaroli en su extenso trabajo (700 pp.) "La diplomacia del espíritu" (Acantilado). Es menester un editor que, sin perder la cabeza, no se deje llevar por criterios exclusivamente usurarios para que un soberbio tratado sobre la retórica en los comienzos de la Francia borbónica pueda editarse en España. Algún día alguien reconocerá a Jaime Vallcorba como uno de los más sobresalientes editores europeos.

Él mismo publicó los "Ensayos" de Montaigne en una versión admirable de Bayod Brau, según la de Marie de Gournay de 1595 que hoy se reconoce como la más segura. Muchos pensamos entonces que semejante empresa sólo podía financiarla un organismo o fundación públicos, ya que las pérdidas podían ser cuantiosas. No fue así. No sólo no hubo pérdidas sino que desde entonces (2007) se ha visto obligado a reimprimirlo. Conclusión: había algunos miles de españoles esperando ese particular libro. Vallcorba se asemeja a Montaigne en un aislamiento sin altivez y a Fumaroli en el respeto por la retórica clásica (y barroca). Seguramente por eso no teme editarlos: sabe que no está solo.

Pero es verdad que en los últimos tiempos hay un interés renovado por Montaigne entre los lectores rigurosos, algo que puede parecer sorprendente. Jorge Edwards le ha dedicado una entera novela (Seix Barral) que es al tiempo un ensayo sobre los ensayos. El escritor Jaime Rosal ha confeccionado una selección de "Pensamientos" (Comanegra) tomados de los "Ensayos" y de las sentencias que decoraban la biblioteca del clásico (o barroco), un librito de consulta moral para llevar en el bolsillo en lugar del libro rojo del camarada Mao. Y Mark Lilla, crítico que no se caracteriza por su panfilia, ha presentado como la mejor biografía del mercado la que Sarah Bakewell ha escrito sobre Montaigne con el título How to live. Porque, en efecto, de eso se trata: ¿cómo hay que vivir en la actualidad? No siendo peores nuestros tiempos que los que él conoció, Montaigne nos sugiere cuál es nuestra actualidad.

¿Qué actualidad es ésta? Yo diría que es la actualidad posterior a un empacho teórico. El marxismo, el estructuralismo, la deconstrucción, las corrientes posmodernas y toda la retórica hiperteórica de los últimos años del siglo XX habían creado un gigantesco atasco digestivo en el estómago intelectual de europeos y americanos. Ahora, tras el vómito que sigue llamándose "crisis", podemos quizás volver a alimentarnos, pero con cordura: aún estamos débiles. El buen juicio, la sensatez filosófica de Montaigne es una actualidad. De todos modos, hay otra actualidad.

Explica Fumaroli en la parte de su tratado que le dedica, de qué manera agobiante se vio Montaigne sometido a una sociedad agotada por la guerra civil, poblada por resignados súbditos apáticos y por las alimañas que sobrevivían a las matanzas. Entre ponerse del lado de las bestias feroces que se agrupaban en torno o en contra de la monarquía o del pueblo estupidizado y corrupto, Montaigne no concibió mejor elección que "retirarse a la montaña", es decir, al interior de sí mismo buscando algo de sabiduría. Comenzó su libro el mismo año en que se produjo la espantosa massacre de San Bartolomé, quizás horrorizado por la ferocidad de católicos y protestantes. ¿Cómo podía ser que la gente se matara por un quítame allá esos cristos? Tenía que haber algo más profundo para explicar la residencia del mal en nuestros corazones.

Dice Fumaroli que los "Ensayos" fueron escritos "para amansar a las fieras (...), pero son también la primera piedra del edificio literario de la Francia clásica". Lejos de la Corte, Montaigne pudo concentrarse en la invención de un nuevo orden retórico que no obedeciera ninguna de las convenciones tradicionales, pero capaz de llegar a un público más vasto que el de los latinistas. Le era indiferente el criterio de los mandarines que hacían de mercenarios para las fieras enriquecidas. Su invento iba dirigido a una minoría sensata que, distribuida por toda Francia y sin poder alguno, esperaba a que algún día acabara el dominio de los canallas. Es el célebre exilio interior que también salvó la vida mental y física de tantos súbditos alemanes.

No en vano Montaigne fue el modelo de Josep Pla, por volver a nuestro tiempo. También él vivió en un país agotado por una atroz guerra civil, rodeado por las fieras que sojuzgaban a un pueblo apático y atontado. Algunos libros de Pla, tan próximos a la engañosa sencillez y a la elegancia sin presunción del francés, siguen ofreciendo la prosa más lúcida de quien se sabe impotente, sometido a esclavitud moral en su propio país, pero invicto. Algo parecido está sucediendo en la actualidad entre nosotros, sin necesidad de haber pasado por otra guerra. La última sigue viva gracias al asombroso talento de nuestra casta política, la cual, horra de cualquier enunciado racional, se dedica a embestir y a escuchar la ovación que le dedica el servicio (mediático).

Para tan fatigosa tarea indudablemente es acertado usar el desplante cainita en cueros vivos. Que al adversario hay que machacarle los hígados porque así lo quiere Dios o el Progreso, es algo que entiende hasta el más lerdo y celebran jubilosos los más viles. Si a eso se añade un uso perfectamente fascista del deporte como escuela del odio ya tenemos reconstruida la Francia de Montaigne.

De modo que el viejo escritor barroco (o clásico) de nuevo puede servir de modelo para los súbditos sensatos que queden esparcidos por este país de fieras y beocios, a la espera de que algún día se acabe el tiempo de los canallas y podamos convivir como ciudadanos. Lilla recuerda cuáles eran las virtudes fundamentales para Montaigne, todas ellas hijas del conocimiento y aceptación de uno mismo: sinceridad, autenticidad, autonomía, ironía, apertura de espíritu, cosmopolitismo, amistad y tolerancia. ¿No son con toda exactitud las virtudes de las que carece completa y absolutamente nuestra clase dirigente? Pues esa es la actualidad de Montaigne.

[Publicado el 03/5/2011 a las 09:47]

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Ladrillo (sólo para concernidos) repetitivo

Durante más de mil años los cristianos vivieron obsesionados por un conjunto de problemas de tanta trascendencia como las cuatro causas aristotélicas o el argumento ontológico de San Anselmo. Hoy nos resulta sorprendente que se originaran guerras y matanzas por el angustioso asunto del filioque, es decir, por la doble naturaleza de Cristo. La caricatura es la célebre disputa "sobre el sexo de los ángeles" que aunque parezca un chiste tuvo lugar con toda certeza y fue de lo más interesante, qué le vamos a hacer.

    Hoy vemos el pasado escolástico y tomista, la filosofía de los siglos que llamamos medievales y renacentistas, como curiosos documentos similares a una colección de partidas o problemas de ajedrez jugados por legendarios campeones que aún hoy nos asombran con su sutileza. Sin embargo, nada de todo eso nos importa ya gran cosa en verdad, si no somos profesionales de la filosofía, es decir, profesores de unas materias en trance de extinción.

    No obstante, algo similar sucedió tras el eclipse de la teología con la invención de la Estética filosófica. Comenzó esta disciplina a ocupar el espacio que antes habitaba la filosofía cristiana y se fue hinchando con los gases que producía el cadáver de la religión. Aunque los primeros efluvios comenzaron a fluir en época de Descartes, para cuando Kant escribe sus Críticas la vejiga ha alcanzado una excelente turgencia que va a mantenerse en el mismo grado de dura y bella tiesura (no como una gaita sino como un balón) gracias a los hermanos Schlegel y a Schelling. El peligro de explosión aparece con la diabólica aportación de Hegel y su descendencia: Marx, Lukács y Adorno/Benjamin. Aunque el seráfico Nietzsche trató de ponerle remedio con toda su inagotable bondad, ya no había nada que hacer. El estallido dejó un vacío considerable.

    La sustitución se había debido a las exigencias que trae consigo mantener una ilusión: la de que haya algo eterno y no todo se acabe con la última declaración de Hacienda. A lo divino se le debe dar una justificación especulativa y conceptual (la teología), una representación (la filosofía y el arte) y una divulgación (las iglesias, sectas, escuelas, movimientos). La sustitución de un cuerpo divino por otro, del Cristo por la peana, no evitó el trabajo de justificar, representar y divulgar la nueva eternidad. Así se hizo mientras se pudo.

    En la actualidad vemos ese turgente pasado como una colección de partidas jugadas por campeones legendarios etc., una vez más. Recordamos, por ejemplo, aquella que separó y opuso radicalmente los "géneros Antiguos y Modernos", aunque algunos Antiguos (de la Natürliche Bildung) podían también ser Modernos (de la Künstliche Bildung), apasionante e incomprensible partida que jugó Friedrich Schlegel contra su padre y de paso contra Goethe. La resolvió Hegel años más tarde. ¡Qué pedazo de partida!

    Hoy nos asombra la pasión y el empeño que pusieron aquellos hombres adultos en asuntos tan enigmáticos. De discutir sobre el sexo de los ángeles habíamos pasado a discutir sobre su género, antiguo, moderno y mixto. No había decaído ni un milímetro la tensión turgente e incluso se podría decir que la vejiga, antes de estallar, había alcanzado una cota de elegancia inigualable. Pero era evidente que aquello no podía durar.

    Es indudable que los humanos estamos condenados a imaginar un objeto ideal puramente especulativo (¿por imperativo genético, Víctor?), pero que no podemos prescindir de su representación sensible (y nadie sabe la razón de que así sea). Aunque de Hegel a Wittgenstein el empeño haya sido "conocer" un conjunto de enunciados verdaderos (por ejemplo lógico-matemáticos) desprovistos de anclaje sensible, un "pensamiento puro" (el pensamiento de Dios antes de crear el mundo, según lo llamaba Hegel), no parece que haya tenido mucho éxito.

    Mientras la filosofía pudo agarrarse a la esfera perfecta del demiurgo, del dios creador y providente, de una lógica garantizada por un dios razonable, se mantuvo la representación del dios en la Cruz, el mortal inmortalizado y viceversa, con todos sus avatares como modelo de las artes. Una vez desaparecido ese cuerpo, en el mundo ideal apareció otro igualmente crucificado que primero se llamó "la Naturaleza" y luego accedió a su verdad: el Arte. No sus productos, sino Él mismo.

    El Arte convertido en cuerpo divino (crucificado por los philistins) ha dominado durante los dos últimos siglos. Ahora el sepulcro está, una vez más, vacío. Aquel que sea capaz de adivinar el nuevo cuerpo místico que se está hinchando con los efluvios del cadáver del Arte, ese tal tiene todas las posibilidades de adivinar también en qué se fundará el poder venidero, la Política del futuro.

[Publicado el 25/4/2011 a las 10:15]

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¿Por qué amamos a los inmortales?

Aunque suele atribuirse a su belleza, el fervor mundial y permanente de que goza Marilyn Monroe, aún hoy, medio siglo después de su desaparición, es incomprensible según nuestros parámetros culturales. Otra cosa sería si la viéramos como una encarnación o un avatar de Afrodita, de la misma manera que algunos actores y actrices hindúes gozan de un culto propiamente pagano en el subcontinente. Esa identificación no es frecuente y no todas las actrices de culto sexual alcanzan semejante latría.

Las características de MM son muy particulares y todas míticas. Niña abandonada por una madre esquizofrénica y un padre alcohólico, seductora de hombres que encarnan a su vez papeles míticos: Sinatra (Hefaistos), Kennedy (Zeus), Miller (Hermes), Di Maggio (Marte) y así sucesivamente, nunca provocó el rechazo de las mujeres, sino todo lo contrario. Millones de chicas la amaron, tanto sexuada como asexuadamente, y trataron de imitarla con apasionada intensidad, implorando de ese modo su intercesión para seducir a los respectivos amantes. Viene en el NY Review of Books de marzo una foto suya con Edith Sitwell en la que, como dice el autor del artículo con toda razón, ha de ser la única en la que Dame Sitwell parece una mujer agradable. Seducir a la áspera Sitwell tiene un mérito apoteósico.

Su confesor era un eunuco, Truman Capote, marcado a su vez por una infancia de abandono, como un diminuto Moisés sureño. No hay retrato más emocionante que el compuesto por Capote en A Beautiful Child: allí aparecen como Hansel y Gretel en el bosque de los adultos, amenazados por ogros y brujas caníbales vestidos de etiqueta que les miran con avidez desde las portadas del Time. El miedo es esencial para esta teofanía en la que Afrodita vive en perpetua amenaza: a Elizabeth Taylor le aterraba tropezar en plena calle porque los viandantes, creía, se abalanzarían sobre ella para devorarla. Una escena de Tennessee Williams.

El final de MM fue también mítico, logró superar a todos sus asesinos y morir libremente. Sus últimas apariciones, al borde del agua, apenas velada por un tul transparente, sonriendo con gesto adormilado, anuncian la ensoñación de su desenlace y sugieren el ascenso aéreo más que el reposo subterráneo.

Los resentidos aseguraban que era una perfecta imbécil, pero al igual que su antecesora, jamás se defendió de los ataques mezquinos. Leo en el artículo mencionado que, al levantar acta, los ujieres anotaron en su biblioteca libros de Whitman, Sherwood Anderson, Hemingway, Steinbeck, Kerouac, Ralph Ellison, Dreiser, Camus... Aquella foto de 1954 en la que aparece leyendo el Ulises de Joyce, asegura Larry McMurty que no era una pose para la galería: en efecto, Marilyn estaba absorta en el monólogo final de Molly Bloom.

Bien, no precisaba tener una cultura equivalente a la de las graduadas de Vassar; la fuerza de Afrodita (Mighty Aphrodite) radica, justamente, en que no necesita convencer, no es una diosa lingüística como Hera o Themis, le basta con seducir. Tampoco hay que imaginarlas como obsesas de la promiscuidad, cualquier colegiala actual ha mantenido más relaciones sexuales antes de graduarse que Afrodita y MM juntas. Lo cierto es que la actividad de la hija del mar consiste en mantener y excitar la esperanza de que la conservación de la especie siga siendo un buen motivo para vivir. O por lo menos, un motivo suficiente. Cuando vemos en los viejos reportajes de la guerra de Corea a diez mil soldados americanos notablemente histéricos ante la aparición de la diosa, entendemos la potencia colosal de esta divinidad que impide la extinción de la especie humana.

No hay, en nuestros días, nada semejante, como no sean imitaciones hinchables tipo Scarlett Johanson o novias de futbolistas y narcos. Si no me equivoco, la última potencia similar a MM fue otra doble inicial, BB, aunque el modelo nació perverso y apuntaba a la hodierna pedofilia. Se anunciaba ya que la rotunda Afrodita iba a ser sustituida por una liviana adolescente lectora de Foucault, cuando no por una criatura faldicorta de manga japonés. Pero es posible que yerre y lea los periódicos y revistas equivocados.

[Publicado el 18/4/2011 a las 09:00]

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¿Cómo suenan las metáforas?

Todos aquellos que tienen por vicio leer estas columnas (más salomónicas que dóricas) saben ya que una de las manías del apoderado es coleccionar testimonios sobre la imposibilidad (¿o no?) de hablar de música. La frase es ambigua, pero con ella se quiere decir que de todas las artes la música es la que menos se presta al discurso explicativo. O bien se cae en el formalismo y la descripción "positiva" que se limita a traducir en palabras los signos de la partitura, o bien se cae en el puro impresionismo y la literatura. Hace ya muchos años que nos reunimos unos cuantos amigos a discutir sobre esta cuestión (titulada "¿Pero cómo demonios se puede hablar de música?"), sin alcanzar el menor atisbo de respuesta.

    Como contribución traigo hoy unas páginas (84 y ss) que me parecen muy significativas. Las ha escrito Jordi Llovet (ojo, con "uve") en un notable ensayo recién editado por Galaxia Gutenberg con el título de "Adeu a la Universitat" y del que está anunciada la edición en castellano para dentro de poco. Se trata de los recuerdos, experiencias y juicios de un profesor vocacional, incluso pasional, y concluyen con una despedida razonada con inteligencia: la destrucción de la Universidad española (y aún es peor en algunas autonomías) es ya un hecho imposible de enmendar. Que algunos profesores del talento, la entrega y la generosidad de Llovet vean la Universidad como un gigantesco cadáver putrefacto es, en mi opinión, uno de los síntomas más agudos de nuestra decadencia y también una tragedia que sólo cabe imputar a la inoperancia de la casta política.

    Pero hoy quiero resaltar un fragmento del libro acerca de ese asunto que antes he citado y que enriquece mi colección de testimonios sobre música y lenguaje. Cuenta Llovet que en uno de sus periplos europeos, cuando aún preparaba la tesis doctoral, alcanzó a conocer a Celibidache en Stuttgart y pudo asistir a los ensayos de una 4ª de Bruckner con la orquesta de la radio de esa ciudad. El director rumano trataba de dar a entender a los músicos un efecto tímbrico y armónico particular para un tutti, pero los pupitres no le seguían, no comprendían lo que pedía Celibidache. Desesperado, el maestro gritó: "Wie ein Baum!" ("¡Como un árbol!") y entonces "el sonido de la orquesta se alzó de un modo prodigioso". Llovet lo relaciona sutilmente con un poema de Rilke, pero aquel momento pasmoso iba a repetirse al poco rato. En los últimos compases (443 en adelante) del Finale volvió a suceder: las exigencias del director no eran comprendidas por la orquesta y los instrumentos titubeaban desconcertados. Tras múltiples intentos, Celebidache dijo en voz baja: "Como un río en la fuente, cuando empieza fluir". El resultado fue prodigioso, comenta Llovet.

    Creo haber considerado en otra ocasión la imagen portentosa de Ferenc Fricsay, ya muy enfermo, casi moribundo, "explicando" a los músicos de la Sündfunk cómo tenían que interpretar el celebérrimo "Moldava" de Smetana. Sin ninguna prisa, el gran director se puso a contar la historia entera del río como si fuera una novela. Llegó un momento de agudo dramatismo cuando el Moldava cruzaba la ciudad de Praga (su ciudad, entonces sojuzgada por la tiranía comunista) y luego fluía hacia el mar como si se despidiera. Vinieron después unos segundos de silencio tras los cuales el maestro levantó la batuta. Nunca he vuelto a oír un "Moldava" como el de aquella grabación. Por cierto, en TDK Videos. Los músicos entendieron el modo exacto en que Fricsay "veía" fluir la música, detenerse un instante bajo el puente Carlos, para desaparecer luego en tierras extrañas y así nos lo hicieron ver.

    Sí, muy bien, muy bonito, pero todos sabemos que hablar de música con metáforas y analogías es de pésimo gusto. Entonces, ¿qué?

 

Nota:

En la columna anterior se me solaparon dos recuerdos. Uno es el video del moribundo Fricsay y otra es el video de Karel Ancerl. En ambos se puede ver y oír una ejecución suprema de "El Moldava", pero evidentemente el checo era Ancerl y húngaro Fricsay, como uno de nuestros ilustrados lectores remarcó en el correo. Mil gracias por despejar esa nube de memorias contorsionadas.
 

[Publicado el 11/4/2011 a las 09:57]

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Los amigos pequeños

Cuando yo era el feliz propietario de una camioneta Renault (aquella que llamaban "Cuatro Latas"), recuerdo llegar a los lugares, tras un tramo de autopista, con el cristal cubierto de manchas asquerosas que no te dejaban ver absolutamente nada. Rosadas, verdes, grises, blanquecinas. Eran los pobres insectos que se estrellaban allí tras un vuelo motivado por la inocencia y la necesidad. Pues bien, en la actualidad, tras hora y cuarto de autopista a duras penas si alcanzo a reunir un par de brevísimas salpicaduras, una insignificancia. El insecto ha desaparecido de los campos, o por lo menos de las carreteras. A lo mejor es que han aprendido a no cruzarlas. El gen tiene esas cosas.

    Que no hay insectos, o muy pocos, parece la consecuencia inevitable de los insecticidas, antiplagas, pesticidas y demás industria química que se vierte por toneladas en los cultivos y frutales. Con los años han borrado del mapa las polillas, los saltamontes, las mariposas, los dípteros, los hemípteros, los himenópteros y toda suerte de coleópteros voladores, como el escarabajo de la patata que dejaba una estupenda mancha color crema catalana.

    Bien es verdad que eso sería una catástrofe si se generalizara, a saber, si la desaparición del insecto fuera total y absoluta. Por fortuna, va por barrios. Hay lugares en donde los insectos se amontonan como en los estadios de fútbol y seguramente con igual alegría. Algunos amigos, al regreso de una breve excursión y tras alabar las inmarcesibles bellezas de la Guía Michelin, comentan que la pena es que aquello estaba infestado de mosquitos, o de cucarachas, o de arañas (esto suelen remarcarlo las damas), o de gusanos de seda (los niños), o de fasmos (Ferrer Lerín, con entusiasmo, y añade: "Bacillus rossii, por si no te has enterado").

    Esta abundancia comarcal también la conozco porque delante de mi choza de campo se extienden dos arcaicas cubiertas de teja tan viejas que las piezas se han cubierto de un liquen amarillo que según el día (la humedad, la hora, la estación, el viento) puede virar del mandarina pálido, al yema de huevo, al satín dieciochesco, o al gualda heráldico. Una belleza tenebrosa que me impide trabajar con aplomo.

    Últimamente es peor. En estos días de abril la animalia está enloquecida construyendo sus efímeras moradas reproductivas. Estos matrimonios sólo duran escasos días o un mes, pero se lo toman muy en serio. Luego ya no se vuelven a ocupar ni de sexo ni de amor ni de educación ni de ninguna de las zarandajas que a los humanos y a los directores de la televisión nos obsesionan. En cuanto pasa la temporada vuelven a sus labores habituales, comer, dormir y morirse.

  Las cubiertas abandonadas, si son de teja, tienen un atractivo irresistible para la pajarería. Desde la ventana veo no ya decenas sino cientos de pajarillos y pajarracos en frenética actividad inmobiliaria. Llegan a toda velocidad con su paja, su ramita, su pellizco de lana, se meten debajo de una teja y al cabo de pocos segundos salen disparados en busca del siguiente adminículo, lo que corresponde, más o menos, a un sofá de Ikea. Una actividad tan disparatada como la del Pocero. No hay menos de cincuenta tejas en plan adosado, cada una con su familia de gorriones, de estorninos (los más abundantes en esta zona que tiene cierto cachet) y un par de abubillas, algo insólito porque estas llamativas aves crestadas no se tratan con nadie, son la aristocracia (tonta) del lugar.

    Ahora bien, yo me pregunto, ¿cómo puede ser que en hora y media de autopista no logre aplastar ni media docena de alimenticios insectos, pero aquí haya colonias inmensas de pájaros que se supone están atiborrándose de bichos? ¿Cómo puede haber para todos?

    Y debo añadir que esa abundancia indudable que trae consigo la inmensa guardería en que se va a convertir la cubierta de teja adyacente, me da a mi una sensación cálida de bienestar, como, supongo yo, al director de seminario la visión de los pupilos entregados al estudio de los textos píos. Pero píos, píos.

[Publicado el 04/4/2011 a las 09:48]

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Como los meteoros de Michel Tournier

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Soldado escribiendo, Görz, Austria, actualmente Italia, 1915. Estate of André Kertész-Higher Pictures

No se me ocurren dos artistas más opuestos que estos dos fotógrafos perfectamente coetáneos, pero habitantes de sendos sistemas solares separados por un abismo irreparable. El uno, Jacques Henri Lartigue, es un vástago de la alta burguesía parisina, la proustiana; el otro, André Kertész, nació en el seno de la industriosa población judía de los imperios centrales, la kafkiana. Ambos vieron la luz el mismo año de 1894 y se apagaron con meses de diferencia: en 1985 el húngaro y en 1986 el francés. Han ido a coincidir en Madrid, uno en la fundación Caixaforum, el otro en la Carlos de Amberes, así el buen indagador advertirá que hubo dos mundos posibles, aunque opuestos, en la Europa del siglo XX y de qué maneras tan aparentemente incompatibles se podía vivir en aquella sociedad ya desaparecida. Verlos uno tras otro en la cristalina luz de la primavera castellana es un privilegio.

 

Jacques Henri Lartigue. Bibi, Arlette e Irène. Tormenta en Cannes. Cannes, mayo de 1929. 

 

    Lartigue tenía una necesidad obsesiva de actividad, velocidad, energía, rapidez, acción y movimiento. Sus imágenes responden al mundo de la joie de vivre, de la aceptación y afirmación del mundo, del placer, el gozo, el entusiasmo. Todo en él son cuerpos que vuelan en los primeros aeroplanos, en los primeros coches de carreras, en bicicletas, sobre patines o esquíes, en cualquier máquina de aceleración. En ese universo la risa es una música constante y las personas nunca caminan sino que dan saltos, se lanzan al mar en playas soberbias o en las piscinas de hoteles lujosos, corren, brincan, bailan o van cabeza abajo. Y entre las imágenes de la vida enérgica y trivial, aparecen estampas de mujeres deslumbrantes, casi todas camaradas, secuaces o amantes de aquel individuo infatigable, quizás tarambana, incluso chiflado. Su mirada es la de un niño celestial, la de los dioses libres de muerte y dolor.

    André Kertész es el otro universo, el del trabajo, el de la severidad, el de los soldados de la primera guerra mundial escribiendo a sus novias, los músicos ambulantes de sonrisa desdentada, los vagabundos, los niños escuálidos que construyen bólidos con pinzas de la ropa, los campesinos de manos como azadas. El mundo del esfuerzo, del sacrificio, del sudor y las lágrimas, aunque también el de las aglomeraciones urbanas y los ciudadanos anónimos. Aquí cuando aparecen mujeres, o bien son madres, o bien están deformadas por espejos cóncavos. Son mujeres sobrias en las que la belleza es sólo necesaria como resplandor de su generosidad.

Si el otro era el mundo pagano, el de los cuerpos desnudos y ejercicios atléticos, este es el mundo judeo-cristiano cubierto decorosamente con vestiduras grises, negras o incoloras, un mundo frugal e inteligente. Kertész está en él, como Lartigue en el suyo, por derecho propio, porque es uno de los excluidos y por lo tanto su visión no responde a ningún juicio moral o ético sino a la pura espontaneidad: es su naturaleza, lo que hoy llamaríamos su ecosistema. De modo que también el suyo es un mundo lúcido, sin queja, sin amargura, sin agravio, sin resentimiento, tan bello y tan brillante como el de Lartigue, aunque incluye el dolor y la muerte.

Kertész acabó sus días en Nueva York y en el último decenio se fue deslizando hacia la abstracción y el formalismo. Lartigue, como Dionisos, continuó riéndose del mundo hasta el final, hasta la aniquilación. Kertész siguió la senda de Apolo, el que mata a distancia, el constructivo.

    Tan idiota como considerar que Lartigue fue tan sólo un ricacho vividor sería tomar a Kertész por un lloriqueante judío. Ambos artistas fueron admirables observadores y se expresaron con auténtica nobleza. Dos niños a los que una mano se les transformó en cámara. Así las ramas de árboles muy distintos dan frutos igualmente preciosos.

 

 

[Publicado el 23/3/2011 a las 11:12]

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Abre los ojos y piensa

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Algunos artistas tienen la virtud de ponerte delante, no de cosas, sino del arte mismo. Estás escuchando, qué te diré yo, una zarabanda de Bach y te preguntas qué demonios es ese conjunto de sonidos que llamamos música, para qué o a santo de qué lo hemos inventado y de qué está hecho. Lees los cuatro primeros versos de "East Coker" de Eliot, dejas el libro y ¿qué es esto, te dices, qué insinúa, qué necesidad tengo de ese puñado de palabras escritas de modo extravagante y con un sentido resbaladizo? Igual sucede con el pintor Chardin cuya exposición en el museo de El Prado me parece uno de los acontecimientos más conmovedores de los últimos años. Ninguna pintura puede llegar a conocerse rectamente por fotografía, pero algunos pintores como Vermeer, Velázquez, Rembrandt o Chardin son totalmente engañosos en la reproducción. Hay que verlos a ojo desnudo, o como recomendaba Kleist, recortándose los párpados.

    ¿Por qué queremos ver pintados unos utensilios tediosamente domésticos? ¿Una pipa, un vaso de metal, unas uvas, un pescado muerto? O las escenas más vulgares, la madre que cose, la criada que llena de vino la damajuana. ¿Y qué tiene todo esto que ver con nuestras vidas actuales, abismalmente distantes del siglo dieciocho? Podríamos resumirlo preguntando: ¿qué se me da a mí la pintura y muy particularmente la pintura de Chardin?

    Es en estos artistas del arte en donde se concentra con mayor densidad uno de los más oscuros misterios de nuestra especie. Porque lo cierto es que hemos pintado, poetizado o musicalizado desde que nos pusimos sobre dos patas. Quizás antes. Y que estamos viviendo un momento asombroso en el que parece que podríamos dejar de hacerlo. Quiero decir, dejar de hacer arte y dejar de ir a dos patas. Es el debatido asunto de si aún podemos seguir llamándonos "humanos", o si lo que ahora ocupa el lugar de los antiguos humanos no será una nueva especie a la que, en efecto, las representaciones del arte le son indiferentes y superfluas. Ya no le dicen nada.

    Por cierto, los utensilios tediosamente domésticos etcétera de Chardin son una verdad de nuestra vida en el mundo, de nuestra prodigiosa aparición en un cosmos que no nos necesitaba y donde somos prescindibles, que la ciencia no es capaz de formular. Los versos y los poemas apenas inteligibles contienen esa verdad en forma de enunciados y la música los construye con la materia más sutil: el combinado de silencio y sonido que es como un viento que sopla en el cerebro.

Puede levantar el escéptico su ceja más arrogante, pero en el pescado muerto de Chardin está la posibilidad de que tenga sentido la vida de trillones de humanos condenados al anonadamiento. Un sentido que, asombrosamente, sólo se ofrece al entendimiento de la mirada. Como sabemos desde hace siglos, el arte de la pintura es el arte de enseñar a ver lo verdadero, siendo el verbo "ver" (en este caso y sólo en este caso) un sinónimo del verbo "pensar", paradoja que ya admiraba a Aristóteles.

En cada objeto o personaje de Chardin el tiempo ha dejado de fluir, pero no a la manera de las cosas solidificadas, congeladas o conceptualizadas, sino de las cosas que han logrado dominar su tiempo. El muchacho que hace pompas de jabón o el que mira girar el trompo ha conseguido suspender lo inexorable. Ciertamente el instante se detiene un instante y como instante. Luego el tiempo seguirá su curso implacable, pero esa suspensión deja una huella, un trazo que no es eterno, pero sí está liberado de la condena por un instante. En esa suspensión del fluir temporal puede verse, por un instante, el sentido.

    Para quienes se acerquen a la exposición es aconsejable llevar leído el libro de Comte-Spondville que acaba de editar Nortesur con el título de "Chardin o la materia afortunada". Este filósofo francés, como tantos otros, abandonó el marxismo en los años ochenta y desde entonces respeta a Heidegger, que es un modo cortés de aproximarse a Chardin, o a Bach, o a Eliot. En el libro, editado con inteligencia, se añaden sendos artículos de Diderot, los hermanos Goncourt y Proust, tres de los mejores ojos que se han dedicado a escribir. También es buena introducción a Chardin los poemas de Rimbaud o la música de Debussy, por mencionar sólo a gente que veía en francés.

    Ahora bien, si el aficionado quiere en verdad leer algo luminoso sobre Chardin, compre el catálogo. Es muy bueno. Los textos de Pierre Rosenberg son también muy buenos. No obstante, el artículo de Ángel González, nuestro más inspirado poeta del arte, supera todo lo que se ha citado hasta el momento, incluido Proust. Verán que Ángel González gira alrededor de algunos cuadros de Chardin como el cernícalo sobre el suave ratón y cuando se precipita nos descubre la maravillosa constitución de la presa. "Los bodegones de Chardin (son) una especie de refugio de las cosas, de paraíso incluso, donde se redefinen nuestras relaciones con ellas. Sólo ahí se sienten a salvo, dispuestas sin temor a desplegar sus maravillosas cualidades materiales".

A esa visión severa (y refiriéndose a Cezanne) Rilke le da otra perspectiva, no vertical sino horizontal: dijo que era el modo de ver de los perros. Si uno es capaz de mantener la limpia mirada de un perro entonces la pintura de Chardin se convierte en "algo que se manifiesta o que se nos aparece, que se nos revela de un modo instantáneo y luminoso, fulminante", sostiene González. La cosa despliega "sus maravillosas cualidades materiales" y baila ante nosotros como un tapiz viviente de colores y luces. Ahí está, con toda propiedad, eso que llamamos "la materia" revelándose en una aparición fulminante. La danza de los siete velos no sólo es interesante cuando la baila una muchacha, también un vaso de vidrio puede bailarla con gracia si Chardin se pone al piano.

La figura que vemos en ese baile de partículas luminosas es fulminante porque dura un instante, es revelada como toda verdad, y es una aparición porque normalmente se oculta. Única condición para que baile: tener el valor de mirar como un perro o cernirse como un cernícalo. Pero eso es algo que está al alcance de cualquiera. Basta con abrir bien los ojos.

[Publicado el 14/3/2011 a las 09:57]

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.

 

 

 

 

 

Ensayo

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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