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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 19 de octubre de 2019

 Blog de Félix de Azúa

Lo real

La verdad, hoy, tiene cara de pantalla
 
 
Varios alcaldes, entre ellos Giuliani en Nueva York, se vieron obligados a exigir la censura cuando las fotografías de Mapplethorpe, muchas de ellas dedicadas a la exhibición de genitales masculinos de considerables dimensiones, se expusieron en público. Como no colgaban en instituciones del Estado sino en galerías privadas no pudieron ser secuestradas, pero se les retiró todo tipo de subvenciones, ayudas o publicidad. No obstante, para mí lo más relevante fue el comentario de un propio que dijo: "Si en lugar de fotografías hubieran sido cuadros al óleo no habría pasado nada". A finales del siglo XX todavía la fotografía tenía la consideración de "verdad" o "realidad". Lo que se veía en las fotos era auténtico.
 

Me he preguntado a veces cómo es posible que mucha gente se tome en serio los mensajes digitales, el mundo de las redes y toda esa parafernalia. ¿Cómo puede ser que políticos y redactores reaccionen como menores de edad ante la basura telemática? Es evidente que la mayor parte de esos mensajes, si no fueron producidos por esbirros rusos al servicio del caos o por clérigos al servicio de los separatistas, son infames venganzas de gente impotente. ¿Por qué entonces concederles nuestro muy escaso tiempo? Y sin embargo sabemos con qué terror retroceden los responsables públicos ante ellos y cómo los periodistas afirman una y otra vez que "la red arde con furiosas reacciones". ¿Por qué las leen? Pues bien, una posible explicación es la sacralidad del soporte. A día de hoy es difícil que alguien crea en "la verdad" de una fotografía, tan fácil es falsearla. En cambio, la superstición quiere que el nuevo soporte de lo real sea la red electrónica. El soporte es el mensaje y la verdad, hoy, tiene cara de pantalla.

[Publicado el 05/2/2019 a las 16:41]

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Perdición


Cuando muere un pariente se le llora un tiempo, pero la muerte de un niño nos destruye hasta el tuétano.
 

No creo que haya nada más opresivo que la búsqueda de un niño perdido. Los críos corren tras un perro cuatro pasos y ya no saben volver. Bastan unos pocos metros. Recuerdo el caso de una amiga que iba con su hijo de la mano, se encontró con un conocido y pararon a hablar. En segundos, un escalofrío le heló el corazón. Era la conciencia de que ya no sostenía la mano del niño. Habían bastado unos segundos para que desapareciera. Estuvo vagando errabundo hasta la noche. Un policía lo llevó a comisaría y allí localizaron a la familia gracias a que ya habían denunciado. Mi pobre amiga no ha podido librarse de aquel frío mortal en los últimos diez años y aún a veces se despierta en plena noche llorando desolada. El niño solo había dado la vuelta a la esquina. Nada más. Eso bastó para perderlo.

Toda pérdida es temible, pero la de un niño espanta en grado sumo. Es como si nos robaran la huella que debemos dejar por unos pocos años en este mundo. La sola memoria real a la que podemos aspirar. La pérdida de un niño es la experiencia más radical de la muerte. Puede morir un pariente o un respetado ciudadano y se le llora un tiempo, pero la muerte de un niño nos destruye hasta el tuétano, es una visión demasiado pavorosa de la fragilidad de nuestra condición. Basta doblar una esquina y la lluvia negra nos devora.

Hace poco se publicó la fotografía de un niño ahogado tras el naufragio de una balsa. Estaba de rodillas y con los bracitos a lo largo del cuerpo, la cara hundida en la arena. No hay imagen más espantosa. Produce un miedo supremo ante la voracidad de la nada. Tal es el horror que también el dios de los cristianos, símbolo augusto de la lucha contra la muerte, se perdió. Sus afligidos padres lo hallaron en el templo. Aún había refugios para niños perdidos.

[Publicado el 29/1/2019 a las 16:54]

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Wagnerianos


Lo trágico de nuestro tiempo es que carece de tragedias a pesar de ser un mundo en perpetua tragedia
 

Hay algo adictivo en la música de Wagner, es una droga. Conozco enganchados al músico que viajan de ciudad en ciudad para oír sus óperas gastando un dineral (a veces, sin tenerlo) hasta llegar a Bayreuth. El teatro de aquella población, levantado por el rey Ludwig de Baviera, un loco de atar que cayó en la adicción wagneriana, era y sigue siendo el teatro de ópera más incómodo, tórrido y duro de toda la especie. Y carísimo. Aun así, hay que esperar un turno de años para conseguir butaca. Eso no sucede con ningún otro músico. Baste decir que, si bien se arrepintió, el joven Nietzsche cayó preso en esa tupida red sonora. Luego pasó el resto de su vida escribiendo rabiosos panfletos contra Wagner que son un tesoro filosófico.

¿Qué tiene este artista para suscitar semejantes pasiones? El otro día, viendo El oro del Rin en el Teatro Real de Madrid, me lo preguntaba. La crítica no ha sido benévola con el evento. Yo creo que no es sensato perder la ocasión de conocer esta primera parte de la Tetralogía, la obra musical más extensa y notable de todos los tiempos, porque no es frecuente que se programe. El Rheingold es el prólogo al que siguen otras tres óperas, cada vez más largas y complejas. Aquí se presenta el mundo mítico del norte, tan opuesto al sureño, con sus dioses del trueno, sus gigantes, héroes, enanos, ondinas, montañas, grutas, un mundo que en los montajes actuales suele renegar de su magia. Es un error. Como bien vio Nietzsche, la droga de Wagner es justamente esa: el desesperado intento de crear una mitología y una tragedia modernas. Porque lo trágico de nuestro tiempo es que carece de tragedias a pesar de ser un mundo en perpetua tragedia. Wagner fue el último en intentarlo. Y, según Nietzsche, fracasó. Que cada cual lo juzgue.

[Publicado el 22/1/2019 a las 15:12]

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Salve, amigo

Los que nos hemos quedado solos y hechos polvo somos nosotros, los casi vivos
 

Quienes trataron a Carmen Balcells, la agente literaria más eficaz de Europa, sabían que era una madre con sus autores, pero un verdadero lobo feroz con los editores. Tenía un carácter y una fuerza descomunales y nadie, ni los más poderosos, osaban ponerle la proa. Todos la temían, menos uno. Había un editor a quien Carmen mimaba y cuidaba como a un hijo que le hubiera salido mejor horneado que sus autores. En las añoradas comidas y cenas de la agencia estaba siempre alerta e inquieta, con las antenas puestas en Claudio López de Lamadrid. "Un poquito más de lubina, Claudio, que es muy saludable y ni se te ocurra dejar el puré de nueces, que me las traen de la Columbia Británica", y así sucesivamente. Se le caía la baba. ¿Celos? Pues sí, qué pasa, pero muy atemperados porque a todos y a todas, perdón por el socialismo, se nos caía la baba con Claudio. Él, con aquella sonrisa de niño grande (porque era grande, alto, robusto, úrsido) se dejaba querer. Pues con razón todos le querían porque fue generoso, amable, gozoso, agudo, gruñón, cordial, un ciudadano magnífico.

También, al parecer, la Parca debía de quererle porque se lo ha llevado en cuanto ha podido, mucho antes de lo que habría sido respetable. Y el único consuelo es que, precisamente por favoritismo, se lo ha llevado en un chispazo, un infarto fulminante del que no se enteró ni él. Es el gran privilegio de algunos elegidos: no se verá menguar, decaer, buscar las gafas cuando las lleva puestas, ni poderse atar los cordones de los zapatos. Seguirá ya para siempre con su aspecto de senador romano de sonrisa olímpica. Tiene Bécquer aquel verso famoso: "¡Qué solos se quedan los muertos!". Sucia mentira. Los que nos hemos quedado solos y hechos polvo somos nosotros, los casi vivos.

[Publicado el 15/1/2019 a las 17:45]

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Inercia


En las próximas elecciones habrá que estudiar cuál de los candidatos es el menos dañino


Seguimos usando las palabras "derecha" e "izquierda" como si tuvieran algún sentido. Durante 200 años han orientado a los desorientados y a los analfabetos. La derecha era el partido del dinero y la religión. La izquierda, el de los obreros y la revolución. Difícilmente podremos, en la actualidad, identificar a los obreros o algo que quede por revolucionar. Los del conglomerado Podemos, por ejemplo, son más bien estudiantes y jubilados. En cuanto al dinero, ya no es algo que puedan controlar los partidos, aunque suelan apartar notables cantidades para ellos y sus amigos.

Así que debemos orientarnos de otro modo y cada país tiene su crucigrama. Por ejemplo, en Italia los que antes eran extrema derecha y extrema izquierda ahora gobiernan juntos. Se les llama "populistas" a falta de otra identificación. Es una colaboración que va a ser cada vez más frecuente en Europa. Los así llamados populistas, como el conglomerado separatista, carecen de ideología y siguen una senda sinuosa y oportunista que les une a cualquier bicho que se mueva en dirección a sus privilegios. Su opuesto, la extrema derecha, tiene enemigos raciales, étnicos, religiosos o sexuales, pero nadie sabe cuáles son sus amigos, como no sean los otros partidos xenófobos, separatistas, etcétera.

Cabe preguntar si cuando los socialistas europeos colaboran con los ultranacionalistas, los racistas y los xenófobos, ¿es esa una opción de izquierdas? Y si los ultras italianos gobiernan con la extrema izquierda, ¿esa es una propuesta de derechas? Solo la pereza mantiene esta arcaica separación metafísica. En las próximas elecciones lo que habrá que estudiar no es si vienen derechas o izquierdas, sino cuál de los candidatos es el menos dañino.

[Publicado el 08/1/2019 a las 16:56]

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Recogerse


La reflexión, como la lectura, es la vitamina del ánimo y el ánimo es la vitamina del cuerpo
 

En Navidad celebran los cristianos que naciera un humano inocente, desvalido, arropado por sus padres en la más estricta pobreza, el cual acabaría sus días ejecutado por un crimen que no cometió. El dios de los cristianos pone de manifiesto la extensa maldad de los humanos, su sumisión al poder, la incoherencia y crueldad de las muchedumbres, pero también afirma rotundamente que seguirán naciendo hombres inocentes. El destino trágico de alguno de ellos no impedirá que muchos otros sigan luchando por la justicia.

Esta es para mí la gran diferencia entre cristianismo y paganismo. Los dioses antiguos son admirables, pero también imprevisibles, amorales, altivos y triviales. Las aventuras de los dioses griegos y romanos son fascinantes, sí, pero nos reducen a la desolación sin ni siquiera el derecho a una condena que no sea la muerte. Juguetes somos de su capricho, como una y otra vez dirán los grandes trágicos. No hay esperanza alguna, ni consuelo, ni dignidad para los mortales, ni escapatoria. Somos briznas de hierba efímera que no dura un estío.

De ahí que el cristianismo, a pesar de la infinidad de crímenes que se cometen en su nombre, siga siendo el consuelo de muchísima gente que quiere creer en la inocencia de todo recién nacido y en su capacidad para mantener ideas y principios en contra del déspota, del tirano, del totalitario, de la masa, a medida que vaya creciendo hasta alcanzar la edad de la razón. Actuar digna o indignamente es algo que él decide en libertad, más allá de la muerte. Y así la supera.

Amigos lectores, durante estas vacaciones aparten ustedes unos minutos para el silencio. La reflexión, como la lectura, es la vitamina del ánimo y el ánimo es la vitamina del cuerpo. Nos volveremos a ver el 8 de enero.

[Publicado el 19/12/2018 a las 10:39]

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Palabros


En la Real Academia nos limitamos a recoger el estado de la lengua en un momento concreto, como el médico con un paciente. Nuestro paciente cambia cada minuto
 

Quienes trabajamos en la Real Academia pasamos horas discutiendo sobre palabras. Algunos somos de la casa en tanto que literatos o traductores, pero hay muchos profesionales: lexicógrafos, gramáticos, filólogos. Casi todas las palabras que entran en discusión son sugerencia de gente que consulta el uso y abuso de algún término, o propone cambios. El lenguaje es un organismo viviente, como los océanos y casi de igual tamaño. Cada día aparecen invenciones y equívocos. Recuerdo una sesión que se la llevó entera la palabra ‘peineta' cuando va acompañada por el anular enhiesto. Épico.

Es frecuente que nos escriban exigiendo cambios. Tendencia que ha tomado gran ímpetu desde que el agravio se ha convertido en el modo de vida de mucha gente. El agraviado no soporta que el diccionario lo defina: sólo él sabe cómo debe ser definido. Sin embargo, quienes trabajamos en esa tarea no somos dueños de alterar o inventar por antojo. Nos limitamos a recoger el estado de la lengua en un momento concreto, como el médico con un paciente. Sólo que nuestro paciente cambia cada minuto.

La disputa suele establecerse entre aquellos académicos que quieren registrar todas las palabras que aparecen, sin dejar una sola fuera (los descriptivistas), y aquellos otros que prefieren rechazar las palabras que abaratan o ensucian el lenguaje (los prescriptivistas). Lo más curioso de los últimos años es que una minoría poderosa y rica quiere imponer su léxico sobre toda la población. Cuando un alto cargo político exige que se use el lenguaje según a él le apetece está actuando como un déspota ilustrado. Lo cierto es que sólo si la gente usa esos términos con normalidad puede entonces la RAE aceptarlos. Los académicos somos demócratas del logos.

[Publicado el 11/12/2018 a las 11:27]

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¿Pa qué?


La campaña andaluza ha sido una jungla de ideologías y un desierto de ideas
 

Goza Ortega y Gasset de la inquina de muchos espíritus conservadores, quizás porque supo ver con sagacidad algunos de nuestros vicios más irritantes. Recuerdo ahora aquella Meditación de El Escorial en la que interpreta el colosal monasterio como un monumento a un particular rasgo español: el de trabajar de un modo desaforado, heroico, mortífero, hasta el agotamiento, en la construcción de enormidades que luego no tenemos ni idea de para qué sirven. Levantamos imperios o escoriales, luego los miramos con fijeza y rascándonos la barbilla nos preguntamos, ¿y ahora qué hago yo con esto?

Así ha sucedido en las elecciones andaluzas. Nadie (ni ellos mismos) sabe qué clase de propuestas hacían unos y otros, qué región querían construir, qué pensaban hacer para mejorar la vida y el trabajo de la población, su educación, su dignidad. Escondidos detrás del nacionalismo (¡Andalucía es mi madre!), de la ceporrería fachosa (¡mueran las derechas, las superderechas y las archiderechas!) o del cinismo puro (¡ellos son corruptos, nosotros no!), el resultado es, con perdón, un pan como unas hostias. ¿Para qué tanta agitación, tanta energía, tanto trabajo, tanta bandera, tanta gente y tanto sueldo? Ahí está la nueva Andalucía, un caos que simula el regreso del orden.

Los políticos que han ganado se rascan el mentón mientras musitan, ¿y qué hago ahora yo con todo esto? Los que han perdido se rascan el bolsillo. La campaña ha sido una jungla de ideologías y un desierto de ideas. De modo que ¿cómo vas a pactar, si no hay ideas?, ¿cómo se negocia una etiqueta sin mercancía? Sólo se impone esta conclusión: hazte cargo, Sánchez, de lo que pasa cuando uno comparte el rancho y la litrona con los separatistas. Aunque dudo de que se entere.

[Publicado el 04/12/2018 a las 16:52]

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Paco


Ahora Francisco Calvo Serraller es, para los vivos, un arcano
 

Coincidimos en la universidad madrileña cuando todavía cantaba Marisol y siempre fue un hombre animoso y sagaz, pero en los últimos meses recibió el mazazo definitivo después de haber recibido tantos otros. Nos veíamos con frecuencia porque compartíamos barrio y yo observaba su decaimiento con inquietud: cada día era menos dueño de su cuerpo. Estoy persuadido de que aceptó la muerte como una liberación, no para él, sino para aquellas personas que de él cuidaban.

Para los amigos siempre fue Paco, aunque sus innumerables discípulos lo llamaran Francisco Calvo Serraller. Ha sido uno de los más sobresalientes pedagogos que ha dado la posguerra española en un terreno, el arte, que, como él mismo, sufría una enfermedad degenerativa. No se dedicó a los estudios artísticos por cálculo práctico, sino por pasión intelectual. El arte era un depósito de significados donde rebuscaba algún sentido para nuestra existencia. La vida es breve y, para él, dramática, por eso la urgencia de algún sentido es acuciante cuando se esfuma el consolador espejismo de la religión. Puede alguno creer que será la ciencia la que entienda nuestra radical insignificancia. Otros lucharán por mantener una vida digna a pesar de la nada que nos acecha. Pero los hay, como Paco, que no se resignan y encuentran en el arte un diccionario de la existencia a través de los siglos.

Acabo de leer lo que quizás sea su último escrito, el prólogo a un curioso librito sobre El vino de la fiesta de San Martín de Bruegel, breve e intenso texto de Alicia Rodés. Insiste Paco, por última vez, en el "irreductible misterio" del arte, nuestro asidero final. Ahora él es, para los vivos, un arcano. También, de algún modo, un signo tan insondable y magno como una obra de arte.

[Publicado el 27/11/2018 a las 16:48]

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Auto odio


Los franceses respetan a Céline, pero los supremacistas catalanes no pueden ni con Pla
 

Es instructivo observar que el fanatismo tiene como primera víctima al fanático. Todas sus acciones y su vida entera están dominadas por el odio y no se percata de que el primer objeto de su odio es él mismo y lo que cree defender.

Baste un ejemplo. Hay unos patriotas que van dando conferencias por Cataluña y publicando artículos en los que afirman que Santa Teresa era, en realidad, de Banyoles, que el Quijote se escribió primero en catalán o que Colón era mallorquín. Con semejantes majaderías lo único que consiguen es dejar claro como el agua que se avergüenzan de su cultura, de su historia y de Cataluña. Humillados por lo que ellos consideran una cultura inferior frente a la gran cultura hispánica, tratan de adueñarse de lo que codician y de ese modo manifiestan una admiración obsesiva por la cultura española y un gran desprecio por la catalana. Eso es el supremacismo.
Por fortuna son pocos y solo les creen los más faltos de cerebro y quienes comercian con el odio. Hay también, sin embargo, ciertos momentos en que ese desprecio de lo propio alcanza a las más altas instituciones del país.

Así, por ejemplo, uno de los mejores escritores españoles, Josep Pla, no puede en puridad denominarse catalán porque los máximos tribunales literarios del nacionalismo catalán lo repudiaron. El Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, el más alto al que puede aspirar un escritor en catalán, le fue denegado una y otra vez hasta su muerte porque no cumplía las bases de la convocatoria. Estas son: defender y difundir la cultura catalana. Alça Manela! Los franceses respetan a Céline, pero los supremacistas catalanes no pueden ni con Pla.

Lo digo porque la Biblioteca Castro acaba de publicar un magnífico volumen de escritos de Pla. Honrémosle.

[Publicado el 20/11/2018 a las 16:54]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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