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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 15 de diciembre de 2019

 Blog de Félix de Azúa

Dios lo ve


La política como sucedáneo de la religión, exige la presencia de enemigos a los que no hay que vencer, sino aniquilar
 

Ahora que quizás ya ha terminado la parte más grosera del mercadeo, a ver si podemos ya volver a la reyerta ideológica, es decir, a la vieja tradición de estabular al enemigo. En España solo hubo política unos pocos años, tras la elección de Felipe González. Ahora hemos vuelto al vasallaje de cargos, enchufados y clientela, bajo el manto excluyente de la ideología. Son muchos siglos de escuela católica como para olvidar que en este país solo hay buenos y malos, cristianos y judíos, papistas y luteranos, izquierdas y derechas. La política, como sucedáneo de la religión, exige la presencia de enemigos a los que no hay que vencer, sino aniquilar. Si se puede. Y si no se puede, sumen todas las fuerzas al servicio del odio.

Cuando las podemitas tomaron el Ayuntamiento de Madrid, se entregaron a cambiar nombres de calles, plazas y avenidas con desenfreno. Naturalmente era lo mismo que habían hecho los franquistas hace un siglo. Y allí en donde hasta ahora figuraba un olvidado general, las ideólogas pusieron el nombre de un desconocido insurrecto. El pavor religioso a los nombres no es actual. En 1793, año terrible de la Revolución Francesa, en plena actividad del Comité de Salud Pública, o sea, del Terror, se rebautizaron muchas cosas, los años, los meses, las fiestas. Había que borrar los nombres infectados por Satán. En los palos de la baraja los Reyes fueron reemplazados por los Genios, las Damas por las Libertades, los Caballeros por las Igualdades y los Ases por las Leyes. ¿A quién le importaban esos nombres? Al dueño del lenguaje que es Dios, a sus ministros en la tierra, los obispos, y a los supersticiosos que obedecen como ovejas al amo. Yo espero que el nuevo Ayuntamiento de Madrid no empiece a cambiar nombres, por el amor de Dios.

[Publicado el 18/6/2019 a las 15:50]

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Relatos


Merece la pena volver a la grandeza, nosotros que vivimos una época infantil
 

Las épocas suelen definirse, por lo menos en Europa, con un relato conmovedor y grandioso. El cristianismo, primera página de nuestra civilización, tuvo como aventura colosal las cruzadas y la toma de Jerusalén. Fue una aventura heroica e inútil, pero continúa siendo el momento épico del medioevo. Sobre él escribió Runciman la historia más apasionante que conozco. El Renacimiento tiene su culminación con la invención de América y el sinfín de episodios a que dio lugar. Era tiempo de poemas épicos, hoy olvidados, La Araucana, Os Lusiadas, pero sobre todo de la heroica crónica de Bernal Díez del Castillo.

La era moderna se abre con otro suceso titánico de índole por completo distinta. Una guerra civil no puede inspirar un poema épico en ningún caso, pero la Revolución Francesa fue algo más que eso, fue el anuncio de que el mundo iba a cambiar de arriba abajo. Mejor dicho, de abajo arriba. Cientos de escritores han tratado aquella lucha inmisericorde y mortífera, Hugo, Michelet, Balzac, Dickens, imaginaron novelas inmensas, pero fue un historiador, Simon Schama, quien comprendió que solo un relato histórico podía dar cuenta de asunto tan tremendo. Su formidable estudio, titulado Ciudadanos (Debate), es, como las cruzadas de Runciman, un relato que compite con todas las novelas. Como Schama dice en su prólogo, la influencia positivista, marxista y estructuralista han producido una historia de toneladas de trigo, demografía y aranceles, borrando las colosales figuras individuales de la revolución. Él las recupera porque, como afirma, "la creación del mundo moderno coincide con el nacimiento de la novela moderna". Merece la pena volver a la grandeza, nosotros que vivimos una época infantil y sin relato alguno.

[Publicado el 11/6/2019 a las 13:51]

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Trans


El comercio de los partidos se mercadea en la neolengua de Orwell. Donde dice "verdad" hay que traducir "mentira"
 
Magno misterio de nuestra cultura es el empeño por traducir textos que nos son extraños, con el fin de apropiárnoslos. ¿Qué sentido tiene, en la sociedad occidental, esa necesidad de conocer el alma de lo ajeno, de los otros? ¿Es el fruto de una insuficiencia, no tenemos bastante con lo propio? O, por el contrario, ¿es una prueba de fortaleza que permite entender lo que nos es del todo lejano? Yo creo en la segunda hipótesis. Adaptar al otro, comprenderlo y asimilarlo por extraño que sea, es un signo de fuerza.

El misterio se hace abismal si se tiene en cuenta que la traducción es un milagro. Incluso en los idiomas más próximos, el francés o el italiano, hemos de usar la imaginación para dar cuenta de lo que la otra lengua dice. Dos clásicos: cuando leemos en francés fleuve traducimos por "río", pero si leemos rivière también traducimos por "río" aunque designen dos fenómenos distintos. Y si la lengua se aleja un poco, como el inglés, los escollos se multiplican: leemos meat y traducimos "carne", pero leemos flesh y también traducimos "carne". Son entidades opuestas: solo una es humana.

Desde que Alejandro Magno ordenó traducir los escritos sagrados hebreos, el traductor es una figura capital. Maltratado aquí durante décadas, ahora comienza a ser apreciado. Hay un Premio Nacional de Traducción y los traductores entran en la Real Academia. Deberían ser más respetados. Lo digo a raíz de un librito de Amelia Pérez de Villar (Los enemigos del traductor) en el que cuenta los sudores que pasó con James hasta descubrir que moment, en inglés, también significa "importancia".

Buena falta nos hacen los traductores. El comercio de los partidos se mercadea en la neolengua de Orwell. Donde dice "verdad" hay que traducir "mentira".

[Publicado el 04/6/2019 a las 11:40]

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Con prisas


Ahora los burócratas de Bruselas tendrán que soportar a Puigdemont. No saben lo que les cae encima
 

Esta columna sale los martes, así que mi última hora es el lunes a mediodía. La escribo, por tanto, sin poder demorarme en las estaciones del amor. Dicho en plata, saldrá despeinada.

El domingo no hubo apenas información. A las seis de la tarde se hizo pública la participación, pero era poco orientativa: había bajado respecto de las generales, pero superaba a las últimas europeas. La jornada apenas dio para más, una separatista catalana hubo de quitarse la camiseta porque mostraba publicidad de los golpistas. Lo hizo sonriendo y con gran placer. Claro que en Ceuta presidía una mesa alguien en burka que podía ser una señora o su abuelo.

A las nueve de la noche las encuestas a pie de urna, que se llaman, cantaban una victoria torrencial del partido sanchista. Y en Francia de Le Pen. Lo excelente sucedía en Barcelona, un duelo entre Maragall II y Colau. En ese momento me fui a la cama. Hice bien. La mañana del lunes, como siempre, ajustaba los resultados y permitía volver a creer en la política. Sánchez ganaba en todas partes, pero perdía Madrid y eso a los de aquí les duele una barbaridad. Había otras alegrías como que ahora los burócratas de Bruselas tendrán que soportar a Puigdemont. No saben lo que les cae encima. La otra curiosidad era que Maragall II y Colau empataban, de manera que comienzan los tratos entre dos figurantes habituados al navajeo, dos auténticos barceloneses, el uno burgués y veraneante, la otra lumpen y okupa. Una historia de los años treinta.

Lo mejor era que los partidos de extrema derecha y extrema izquierda no alcanzaban la mínima para incordiar. Los fascistas europeos no podrán romper la asamblea. Nuestros leninistas, chavistas y peronistas ni siquiera tienen fuerza para negociar. Y así, cuatro años.

[Publicado el 28/5/2019 a las 15:52]

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Vaya cambio


En sólo uno, este país se ha saltado cinco siglos. Aunque no en todo
 

El hermano de don Pío, Ricardo Baroja, pertenecía al Cuerpo de Archiveros. A comienzos del siglo XX se presentó a oposiciones para servir en algún archivo de museo provincial, pero tuvo la mala suerte de que todos estaban "ocupados por recomendados de los que mangoneaban en el Ministerio" y fue destinado al archivo de Hacienda de Teruel. El viaje de Madrid a Teruel que cuenta en su desaparecido libro Gente del 98 es épico. Hasta Cuenca había ferrocarril. Allí toma la diligencia de Cañete, donde coincide con un maderero que lleva su mismo destino. Había que apearse en Salvacañete y luego atravesar la sierra a pie o en mula para llegar a Albarracín. Y de allí a Teruel. El viaje, ya de por sí gótico, se le complicó al pobre Baroja por culpa del maderero y sus trajines sexuales. El caso es que, para cruzar la sierra, Baroja hubo de alquilar una mula y un guía. El guía cae borracho en plena sierra y queda el viajero perdido, de noche, en la oscura nada. Montó la mula y siguió desesperado hasta que horas más tarde unas luces le orientaron y llegó a la posada de Narro, en Albarracín.

Podría haber seguido viaje a Teruel, pero, desfallecido, conoce en la posada a un acuarelista inglés cuyo nombre Baroja dice ser José Stratford Gibson y la historia de este tipo extravagante ocupa la segunda mitad del relato. Es todo tan absurdo que parece una novela de su hermano, pero resulta que figura, en Internet, un Joseph Stafford Gibson, acuarelista irlandés que, por la edad, fortuna y otros detalles, coincide con el personaje. Así que es muy posible que cuanto narra Baroja sobre su infernal viaje para ocupar la plaza de archivero en la Hacienda de Teruel sea enteramente verídico. En sólo uno, este país se ha saltado cinco siglos. Aunque no en todo.

[Publicado el 21/5/2019 a las 16:44]

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Lo que se va


Veo la desaparición de Rubalcaba con la penosa emoción que me produce el derrumbe de la aguja de Notre Dame
 

En una carta a Paul Engelmann, un inesperado Wittgenstein calderoniano le decía que nuestra vida es un sueño, sí, pero que en algunos momentos decisivos nos despertamos y podemos llegar a saber que estamos dormidos. Es una vuelta de tuerca al sueño de Segismundo. El despertar no llega con la muerte sino que acontece en vida, pero sólo en momentos supremos y a pocas personas. Por lo que sigue en la carta, yo creo que Wittgenstein se refería a sí mismo y a otros pensadores de igual calibre intelectual, como Schopenhauer, capaces de recibir en forma de luz instantánea la visión de nuestra existencia en tanto que delirio onírico. Un estado similar a la muerte, pero con imágenes que no podemos variar porque varían ellas solas. Así que, a diferencia del dolor, que es lo ajustado a los vivos, vivimos la muerte ajena (jamás la propia) como un suceso cargado de sentido a pesar de su trivialidad.

Por eso muchos hablamos ahora de Rubalcaba como en un sueño: fue un hombre inteligente y con estudios superiores, uno de aquellos socialistas íntegros que tenían una idea firme de cuál era la sociedad por la que luchaban. De ahí su destacado empeño para acabar con los asesinos vascos. Nunca habría consentido a Otegi. El siguiente sueño de los socialistas vivos, en cambio, han sido dirigentes sin usanza laboral, sin estudios, sin entereza moral, sin una idea de sociedad. Jefes solipsistas, frívolos e incapaces de despertar para constatar que están dormidos. Yo veo la desaparición de Rubalcaba con la penosa emoción que me produce el derrumbe de la aguja de Notre Dame. Desaparece algo irrepetible. La próxima aguja no será de madera, ni la construirá Viollet. Será el resultado de una lucha entre codicias y empresas. Será, posiblemente, virtual.

[Publicado el 14/5/2019 a las 15:46]

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Marranada


En cualquier país civilizado, el error de Núria de Gispert le habría valido la ignominia y la carcajada, pero en Cataluña le han dado la Cruz de Sant Jordi
 

Cuando yo estudiaba en la España de Franco coincidí con un amigo del verano que parecía estar muy agobiado. Cursaba estudios de Ingeniería Agrícola y Pecuaria, creo recordar. Le habían ido bien los dos primeros cursos, pero ahora pasaba por un momento difícil. "En primero dimos ‘Cerdos Uno'. En segundo ‘Cerdos Dos'. ¡Pero en tercero damos ‘Cerdas'!", decía estremecido. La enorme dificultad que presentan las hembras del porcino es cosa muy predicada por los sabios de la antigüedad.

Inspirada desde la infancia por un notable conocimiento de la cabaña porcina catalana, la dirigente del nacionalismo catalán, subclase xenófoba, llamada Núria de Gispert ha cometido un error muy comentado por los medios nacionales y extranjeros. En cualquier país civilizado le habría valido la ignominia y la carcajada, pero en Cataluña le han dado la Cruz de Sant Jordi, elevando de ese modo la valía de la medallita. Esta experta en cochiqueras confundió dos espléndidos ejemplares de hembras racionales (una cayetánida, la otra inésida) con dos elementos del curso "cerdas" que tanto agobiaba a mi amigo.

Este es un error incomprensible. Hay que tener una fijación obsesiva con las cerdas, quizás por ser la cabaña que ella ha frecuentado más asiduamente. Y por otra parte hay que ser muy ignara o estar ciega de ira para confundir a dos mujeres de extrema educación y capacidad comunicativa con sendos ejemplares porcinos de pobre locución articulada, incluso en catalán. Un error debido quizás al escaso trato que esta mujer ha mantenido con hembras racionales y educadas. Como a mi antiguo amigo, el tercer curso sobre las cerdas parece haber sido un escollo insalvable para sus capacidades y ahora alucina cerdas por todas partes, menos por una.

[Publicado el 07/5/2019 a las 16:57]

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Repetición


Nadie quiere tener hijos y muy pocos pueden tenerlos gracias a que ningún Gobierno se ha ocupado de este asunto
 

De modo que estaban los ánimos inquietos y nadie sabía qué podía pasar. ¿Vencería el bloque culpabilizador? ¿O el bloque inculpado? Para templar los nervios me fui al Teatro Real a ver el excelente Falstaff de Verdi. Se inspira en la comedia de Shakespeare Las alegres comadres de Windsor, quizás la única comedia del inglés realmente prescindible. Sin embargo, Verdi le añadió una fuerza musical insólita, como si se hubiera identificado con aquel personaje viejo, sin atractivo sexual, borracho y bastante estúpido. Desde luego Verdi era viejo (esta fue su última ópera), pero también incapaz de ser estúpido. El patetismo del gordo Falstaff, junto a la humillación que sufre, es un asunto que llega al corazón de los viejos. La exclusión, la nadería, la invisibilidad, les hace objeto de todas las burlas. Sobre todo si tratan de escapar a su vejez, como en los anuncios de cruceros.

El nuestro, pensaba yo, es un reino viejo y aún lo será más. Nadie quiere tener hijos y muy pocos pueden tenerlos gracias a que ningún Gobierno se ha ocupado de este asunto, quizás el más grave del país. Y en consecuencia tenemos una muy mediocre educación porque los jóvenes carecen de relevancia política. Para no aparecer en las estadísticas europeas como lo que somos, unos iletrados, los gobiernos rebajan la exigencia de los exámenes hasta regalar notas y aprobados, cursos enteros y carreras. Lógicamente, los personajes de la política han falsificado, copiado, plagiado o pagado sus trabajos y títulos universitarios. País viejo, bastante gordo, con un alto grado de ignorancia y humillado. España me parecía, ayer, un Falstaff europeo.

Al salir de la ópera ya se conocían los resultados. Eran los de siempre, lo esperable. Yo repito curso.

[Publicado el 30/4/2019 a las 15:15]

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‘Alea jacta est’


No reprocho a nadie esconder su voto. Aquí la verdad es peligrosa
 
 
 
Tengo para mí que una cierta cortesía con los lectores de esta columna aconseja comentar cómo me dispongo para unas elecciones temibles. Conste que no reprocho a nadie esconder su voto. Aquí la verdad es peligrosa.
 

No voy a votar al PP porque no ha hecho lo exigible para limpiar la patética imagen de una banda de ladrones lanzados a saquear el Estado con la tolerancia de su presidente. Sólo la infame violencia de los fascistas catalanes sobre Cayetana Álvarez de Toledo podría hacerme vacilar, pero ella se basta y sobra para defenderse.

Tampoco puedo votar al PSOE de Sánchez, aunque durante años lo hice al PSOE de González. Su actual secretario general ha convertido el partido en una pirámide de servidores. El culto a la personalidad que ha fomentado me repugna. Tener a los violentos nacionalistas catalanes y vascos como aliados le incapacita para combatirlos. Está arruinando el país con una deuda astronómica.

Imposible votar a Podemos por mera sensatez, pero además porque no hay modo de saber lo que uno vota en un partido que tiene tantas cabezas como la hidra y que cambia de nombre cada 100 kilómetros como los cacos de hotel. Se alimenta de odio y resentimiento. Ahora es amiga, además, de los separatistas.

Los de Vox son demasiado puros para mi pobre espíritu, tan atribulado que ya no admite más que mezclas. La pureza me asfixia. Sólo puedo respirar el aire cargado de mercurio de las ciudades. Para colmo, no trago a Manolo Escobar.

Así que me quedo con Ciudadanos. Han cometido errores y Rivera parece confuso, como si el país entero le fuera grande, pero ya dije en otra ocasión que es el menos dañino, el que menor dolor traerá sobre nosotros. Encima, es el único capaz de suprimir las subvenciones al matonismo en Cataluña y País Vasco.

[Publicado el 23/4/2019 a las 17:02]

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Fuego vivo


La isla de Lanzarote sigue intacta y perfecta desde hace tres siglos

 
El efecto de la lengua de lava volcánica ha de depender, supongo, del tipo de tierra que calcina. En Lanzarote, isla de múltiples volcanes, forma extensiones de escoria negra en terrones desgarrados y convulsos. Un paisaje dramático. Aquí y allá se divisan manchas verdes incluso en el paraje de Timanfaya, donde 25 volcanes explotaron en 1730. Emocionan los hoyos cavados por esforzados agricultores que hurgan la tierra para plantar viñas diminutas y preciosas resguardadas por murallas de piedra en miniatura puestas a mano con paciencia y tenacidad.
 

Al torturado paisaje se le opone un modelo de habitación serena. Los pueblos son pañuelos blancos en cegador contraste con la negrura volcánica y el cielo turquí. Elegantes grupos de casas bajas (una o dos alturas) apenas decoradas con cactus y otras plantas grasas, aunque no faltan estallidos de buganvilias como brochazos de una divinidad ebria.

Estuvimos acogidos y cuidados en uno de los estupendos hoteles de Barceló especialmente diseñados para los niños. No había menos de treinta criaturas por las piscinas corriendo, bailando, quemando energía en cinco idiomas bajo la soñolienta, pero complacida, mirada de sus padres. Lo de los padres es algo imponente. Yo era una caña seca en medio de una manada de rinocerontes, mezclada con algún gorila y no pocos búfalos. ¡Señor, qué grandes son los nórdicos! ¡Qué barrigas, qué puños como mazas, qué cabezotas mondas, qué cogotes pétreos! Daba gusto verlos con sus crías trepando como monitos por el cuerpo hirsuto.

Leía yo el relato de Durrell sobre sus años en Chipre y gracias a él me percaté de otro gran atractivo de Lanzarote. Como no hay nada que conservar, salvo ella misma, la isla sigue intacta y perfecta desde hace tres siglos.

[Publicado el 16/4/2019 a las 16:33]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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