El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Blog de Félix de Azúa

Viento del Este

Como todos los profesores de universidad que imparten asignaturas más o menos teóricas, cada año me encuentro con alumnos que preguntan, muy esperanzados, acerca de la Sabiduría Oriental. Las preguntas más frecuentes son:

“Ya, pero eso, ¿no lo habían dicho mucho antes los budistas?”.

Según parece, lo de haberlo dicho “mucho antes” es importante. Ni conciben que pueda haberse dicho algo “mucho antes”, pero muy mal.

O bien:

“A mí me parece que lo que estás contando de Hegel está copiado del Tao”.

Esta frasecita se usa cuando todo es un lío y no me entero de nada señor profesor y se me va la olla, ya lo dice el Tao.

Son dos clásicos, aunque también abunda el de la “unidad sagrada con la naturaleza” de los hindúes. Los “hindúes” suele ser algo muy general, como quien dice “los chinos”.

Siempre me ha llamado la atención que en cambio nadie afirme “eso ya lo dijeron los griegos” o incluso “eso está copiado de Heráclito”. No. Lo oriental es francamente popular, en tanto que lo occidental es para los empollones.

La popularidad del “pensamiento oriental” me parece misteriosa. Supongo que se corresponde con un horóscopo de segundo grado o la quiromancia preuniversitaria. En todo caso, el paso previo a tomarse en serio uno mismo, ejercicio que muy pocos estudiantes logran llevar a cabo en la universidad.

Para combatir la superstición de la Sabiduría Oriental hay dos caminos, poner a los optimistas a estudiar rigurosamente la filosofía oriental hasta que se harten o escriban un libro sobre budismo zen. O bien darles a leer (y a pensar) aquello que Kafka le respondió a Janouch en cierta ocasión.

“Le presté a Kafka una traducción alemana del libro religioso hindú Bhagavadgita.
Kafka dijo:
- Los documentos religiosos hindúes me atraen y me repelen a un tiempo. Al igual que un veneno, en su interior contienen algo tentador y algo repulsivo. Todos estos yoghis y magos no dominan la vida física a través de su amor ferviente a la libertad, sino a través de un odio frío e inconfesado a la vida. La fuente de las prácticas religiosas hindúes es de un pesimismo insondable”
(Gustav Janouch, Conversaciones con Kafka, Destino, p.158)

Así me lo parece. En contra de la creencia juvenil en una mayor integración de los humanos y el cosmos y la naturaleza y la santísima virgen, en la filosofía oriental se respira el terco rechazo de la vida que aún no ha concebido su primera lucha contra la tiranía divina. El sometimiento, la sumisión al Destino, se dan por descontado, son la condición de posibilidad del pensamiento. Para un occidental, esa es una esclavitud inventada por el propio esclavo. La peor de todas.

Lo que Kafka llama “pesimismo oriental” llega hasta la patética Rusia de los zares y burócratas. No hay una sola página de Dostoievsky que no transpire esa dramática (y sublime) esclavitud asumida. Es seguramente la fuente de la increíble fortaleza, el inaudito coraje de aquellos pueblos durante el infierno de la guerra y del estalinismo.

Los adultos pueden estudiar Sabiduría Oriental sin ningún peligro, e incluso copiarla, como hizo Schopenhauer. No así los jóvenes. Es conveniente apartar a los estudiantes de toda contaminación oriental. O que la practiquen los fines de semana, como el éxtasis. Son lo mismo. Pura resignación.

[Publicado el 18/10/2006 a las 10:30]

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Otro clásico

En junio de 1941 el ejército alemán comienza la invasión de la Unión Soviética y sus carros blindados avanzan a velocidad vertiginosa. Stalin no acepta las noticias que van llegando y como un personaje de ópera de Moussorgsky se encierra en los salones del Kremlin, no contesta llamadas y se sumerge en un estado semi catatónico.

Como un zar loco, pasan los días, vuelan los soldados alemanes, pero el sátrapa, con los ojos abiertos como platos, se acurruca en un rincón de las inmensas estancias y balbucea a solas. Los subalternos, con Beria a la cabeza, no se atreven a informarle de que en Kiev han perdido medio millón de hombres.

En octubre los alemanes están a ciento veinte kilómetros de Moscú y en la capital cunde el pánico. El 14 de octubre se dio aviso a las embajadas para que abandonaran la ciudad, ante la inminencia de la invasión. No obstante, esa estación moscovita, entre el otoño y el invierno, es traicionera. A días cálidos y veraniegos pueden suceder otros de lluvias primaverales y luego una súbita congelación invernal. De hecho, eso es lo que sucede.

Los ejércitos alemanes, la 10ª Panzerdivission y la SS Das Reich que estaban preparando el asalto desde Kalinin, se habían detenido en el mismo lugar en donde Napoleón dio la batalla que él creyó decisiva, Borodino. A partir de ese momento, la historia se repite con toda exactitud. El 15 de octubre la ofensiva choca contra el general Georgi Yukov. En el sur, en Rostov, junto al mar de Azov, el mariscal Von Kleist comienza a retroceder. Es que ya ha comenzado su trabajo el General Invierno.

A los días de deshielo siguieron otros de intensa lluvia que provocaba barrizales espesos y profundos en los que los tanques quedaban presos. A continuación se serenaba el cielo y caía como una plaga la congelación. Para cuando comenzó diciembre, los alemanes tenían que encender hogueras bajo los tanques para poder arrancar los motores. En ese momento ya habían perdido la guerra. Era la repetición casi exacta de la derrota de la Grande Armée.

La confianza en el poder aplastante de la técnica, una vez más, había contribuido al desastre estratégico. Lillian Hellman, que trabajaba por entonces de corresponsal en el lado soviético, cuenta que un general la llevó en jeep hasta una de las llanuras donde había tenido lugar la batalla decisiva. El campo estaba cubierto de cadáveres congelados. “¿Qué ve usted?”, le preguntó el general. “Veo alemanes muertos”. “No, no. Fíjese bien”, insistió el ruso. Y como ella no adivinara, el general, con gesto impaciente, estiró de una de las perneras de un cadáver, un trozo de tela rígida como cartón. “¿No lo entiende? ¡Es el uniforme de verano!”. La confianza de Hitler en una victoria relámpago había acabado con su ejército.

De esta campaña no hay mejor narración que la de David Grossman, el insoslayable novelista de Vida y Destino, en los cuadernos de notas recogidos por Antony Beevor (Un escritor en guerra, Editorial Crítica). Él estaba allí, en primera línea. Durante la retirada y ante el silencio del Kremlin, incapaz de aceptar lo que estaba pasando, los periódicos decían cosas singulares. Grossman pone dos ejemplos:

“Cuando comenzaron las llamadas telefónicas desde la frontera a los cuarteles generales informando de que había comenzado la guerra, algunos de ellos recibieron la siguiente respuesta: “No caigan en provocaciones””.

Y cuando ya no podían ocultar más tiempo lo que estaba sucediendo, este espléndido titular: “El enemigo, muy dañado, prosiguió su cobarde avance”.

Parece prensa española actual.

[Publicado el 17/10/2006 a las 10:30]

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La próxima vez...

¿Es posible leer un reportaje del año 1880 como si relatara un suceso contemporáneo? Pues eso es lo que me ha sucedido con las sesenta apasionantes páginas de Los ingleses en Egipto, conjunto de crónicas que Eça de Queirós envió al diario brasileño Gazeta de Notícias en 1882, mientras ejercía de cónsul en Bristol (Cartas de Inglaterra, Editorial Acantilado).

Con una prosa incisiva (no en vano sus novelas son las mejores de la península en el ochocientos, por encima de las de Galdós diría yo), da cuenta de la operación militar británica que supuso el cambio violento del colonialismo europeo hacia el imperialismo agresivo: la destrucción de Alejandría y la conversión de Egipto en un protectorado.

Todo el proceso, fascinante, es un prototipo de las dos guerras de Irak, como si los estrategas de ambos Bush, padre e hijo, hubieran dejado el diseño de la campaña en manos de los servicios de inteligencia británicos, los cuales, unos haraganes redomados como siempre los ha descrito Graham Greene, se limitaron a copiar el programa que había aplicado Gladstone a una situación similar cien años antes.

Hay coincidencias incluso en la acusación de ocultar “armas de destrucción masiva”. Entonces eran “fortines secretos” que amenazaban el libre paso de la armada de Su Majestad. Una patraña tan estúpida como la nuestra, ya que era facilísimo comprobar su falsedad. El funcionariado se renueva, pero sigue siendo incompetente.

Cuando el almirante Beauchamp Seymour comienza a bombardear Alejandría sólo consigue que los ejércitos de Arabi Pachá se retiren al desierto, desde donde no cesarán de hostigar a los cuerpos expedicionarios británicos, y que una población enfurecida arrase la ciudad de Alejandría, la perla comercial inglesa del Mediterráneo.

El comentario de Eça es contundente: “Las bombas del almirante quizás no destruyeran más que algunas casuchas árabes, pero a la falta de previsión del Gobierno (inglés) se debe la ruina de Alejandría”. Véase que el problema moral ni se plantea. El problema de la estupidez es previo.

Allí sonó por vez primera la amenaza de una yihad, un alzamiento en masa del mundo musulmán contra Inglaterra. De antiguo le viene, la animadversión musulmana contra los anglosajones.

Naturalmente, el ataque encubría la dependencia estratégica de los navíos británicos: era imprescindible que dominaran el canal de Suez si querían mantener abierta la ruta de la India. Exactamente como nosotros necesitamos el petróleo si no queremos cerrar todas las rutas. El único modo de evitar guerras en Oriente Medio sería eliminar ese capricho que es el automóvil privado, entre otras cosas. La protesta moral es secundaria.

De modo que un prosista de altura, como Eça, es capaz de mantener con vida un episodio bélico remoto y recordarnos que todo se repite. La famosa frasecita de Marx según la cual la primera vez es un drama y la segunda una comedia, peca de optimista como todo lo suyo. La primera, la segunda, la tercera y seguramente también la undécima, es un drama. Para que se convierta en comedia hay que esperar varios siglos.

Entre los sucesos de 1882 y los de 2002 hay otro elemento común y duradero: la inmensa chapuza de aquellos que sólo confían en el aplastante poder de la técnica. Sin hombres que tomen el territorio y reconstruyan la administración, las invasiones se convierten en una pura carnicería. Sorprendentemente, los seres humanos aún tienen cierta importancia.

[Publicado el 16/10/2006 a las 10:04]

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Día fasto y funesto

Muchos son los aficionados a la poesía después de Auschwitz que participan en este blog y todos conocen al poeta de la Liguria, el que ha quedado como compositor supremo de los huesos de sepia, esos rasposos objetos en forma de huso que el mar ha lamido durante meses antes de arrojar a la orilla.

Hay una hermandad que no puedo explicar entre las asperezas de la poesía de Montale y la prosa de Benet. Ambos se sentían atraídos por aquellas palabras que designan objetos, ámbitos, cosas, espacios, que hacen de un lugar algo agreste, hosco y desolado. Si Morandi persiguió toda su vida mantener en pie el aire de un recipiente sin recipiente, el contenido de un vaso sin vaso, el espíritu de un búcaro sin búcaro, Montale trató tercamente de crear un universo áspero en el que habitaban unos humanos ausentes.

“Escarcha en los cristales; unidos
siempre y siempre separados
los enfermos; y en las mesas
los largos soliloquios de los naipes”.

Incluso en aquellos poemas en los que modera su habitual oscuridad y describe escenas, también en ellos hay una ausencia inexplicable que encoge el ánimo, como en el comienzo de “Dora Markus”.

Fue donde el puente de madera
lleva a Porto Corsini mar adentro
y pocos hombres, casi quietos, hunden
o recogen las redes. Con un gesto señalaste
en la invisible orilla opuesta
tu verdadera patria. Luego
seguimos el canal hasta la dársena
de la ciudad, refulgente de hollín
en los bajíos donde se estancaba
una primavera inerte, sin memoria.

La poesía, toda la poesía, es intraducible. Lucida di fuliggine apenas se mantiene en “refulgente de hollín” y además se ha disipado como humo el juego líquido de “lú” y de “lí”. Sin embargo, la tarea de Fabio Morabito es admirable y magnífica. Ha traducido la totalidad de los libros de Montale y ha justificado con inteligencia sus opciones en una larga y muy lúcida nota sobre la traducción. Galaxia Gutenberg está publicando los más colosales libros. Mil cien páginas de poesía intensa, con el original di fronte, es una fiesta rotunda.

De Montale se editó en 1973 una antología seleccionada, prologada y traducida por Francisco Ferrer Lerín y nunca más se volvió a imprimir. Un poeta difícilmente puede traducir a otro poeta sin cambiarle las huellas dactilares y Paco corregía al italiano cuando le parecía necesario y sin que le temblara la mano. La traducción era sensacional (de hecho, Morabito la ha consultado, hay giros inconfundibles), pero más sensacionales eran las notas a pie de página. En el verso Nel chiuso dell’ortino svolacchia il gufo (“en el cerrado huerto revolotea el búho”), Paco, que es tan ornitólogo como ironista, puso esta nota:

“Se refiere al búho chico (Asio otus) o quizá al autillo (Otus scops) que aunque en Italia se llama comúnmente assiolo parece un búho en miniatura y es el más antropófilo de la familia”.

Que era, a  su vez, otro poema añadido al poema. Lástima no ver la cara de Montale, que leía el español, al constatar que en su poema no había quedado en absoluto claro si se refería al Asio otus o al Otus scops.

[Publicado el 13/10/2006 a las 10:00]

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Sepulcros blanqueados y blanqueadas

Leo en La Vanguardia del día 10 de octubre que ha comenzado una campaña de la Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres por la Abolición de la Prostitución (PAP), para tratar de poner remedio a este escandaloso comercio, esta explotación, esta esclavitud que es el sexo de pago. “Uno de cada tres hombres en España ha recurrido en alguna ocasión al sexo de pago”, dice Lara Padilla, coordinadora del ente. Más o menos la misma proporción que utiliza los medios de transporte público en lugar del coche privado. Es coherente, pero intolerable.

La portavoz del PAP añade que “la prostitución es una forma de explotación y violencia contra las mujeres” y que causa “estrés postraumático”, esa epidemia recientemente descubierta, en el 68% de las profesionales. Ellas, las del PAP, no van contra las mujeres, afirma, lo cual la honra, sino que apuestan “por un modelo como el sueco, que penaliza la conducta del prostituidor”. Eso está bien. Hay que ir contra el fuerte y dar amparo al débil.

Tonificado moralmente por estas propuestas dirigidas contra los hombres que esclavizan a las mujeres a cambio de dinero, y contra los prostituidores y proxenetas, sigo leyendo el diario convencido de que, como dicen estas mujeres concienciadas, “hay que luchar contra el prostituidor”. Llego a la página 68 de tan simpático diario y me entretengo un rato.

Sado sumisas. ¡¡¡Noche sexo Maragall!!!. Ana Rusa Morbosa. Ven y te dejo nuevo. Todo en sado. Madurita impresionante. El placer del castigo. Cuarentona tengo dinero. Mulata 120 pecho. Madurita peludita. Paula travesti jovencita inmensas tetas. Catalana muy peludita. Sumisa española. Embarazada 6 meses. 2 pijitas lesbianas. Francés a dos lenguas. 18 años demostrables. Periodista TV gran belleza. Economista guapa sin prisas. Sado medical. Lucha erótica. Sexóloga argentina. Sra. de la alta sociedad sólo unos días. La Sra. Reus. Catalana molt implicada.

Lo dejo, un poco cansado de tanta reiteración. Y es que son muchas páginas. Más que las de la sección de Cultura.

Me gusta enormemente el diario de la burguesía catalana. Es la mejor representación de esta gente tan avanzada. Vuelvo a comenzar por la primera página (nunca me canso de leerlo) y al llegar de nuevo al artículo sobre la intolerable humillación de las mujeres prostituidas observo algo que me había pasado inadvertido: Gemma Lienas es la coordinadora de Dones en Xarxa, la sección catalana del asunto. ¡Magnífico! Ella conoce muy bien esta institución sólida, honrada, incombustible, La Vanguardia. Alguna vez habrá visto las páginas que comento. Las mejores de la ciudad, según dicen los entendidos.

Con toda seguridad, además de dirigirse a las mujeres de la calle y a los hombres que las humillan al aire libre, Gemma Lienas de Dones en Xarxa se dirigirá al diario más leído en Cataluña para que cese de inmediato su campaña de incitación a la prostitución.

En cuanto la sección catalana dé el ejemplo, será imitada por las restantes secciones del estado residual, como siempre ha sucedido en este país, y acabaremos de una vez con la prostitución de papel más o menos couché. O sea, la de los ricos.

[Publicado el 11/10/2006 a las 10:30]

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El regreso

Hace casi veinticinco años que murió y ha pasado ya el trabajo del duelo. Ahora podemos regresar a él sin que nos pese su ausencia. Durante muchos años lo hemos tenido abandonado. Ahora, mientras escribo, estoy escuchando de nuevo el disco que me lo descubrió, un vinilo del sello Columbia en el que da su heterodoxa versión del concierto para teclado BWV 1052 de Bach. Dirige Bernstein, con quien tendría un celebérrimo encontronazo el día en que el americano aceptó dirigirle en el primero de Brahms.

El entusiasmo que provocó Glenn Gould en los años setenta guarda relación con el entusiasmo general de todas las radicalidades en aquella década. De pronto unos tipos raros y desconocidos exponían ladrillos y montones de tierra y telarañas y restos de basura mecánica y fotografías desenfocadas y cartelitos con frases absurdas en garajes del extrarradio neoyorkino. Una auténtica porquería. Pero sabíamos que era un modo de gritar que Pollock y Rothko y Bacon y todas las figuras de galería para millonarios eran la mera continuación de Delacroix y de Puvis de Chavannes y que se había acabado el romanticismo y el idealismo y la metafísica y las burguesísimas vanguardias. Así eran, aquellos años.

Cuando escuché por primera vez aquel vinilo comprado en Londres por mera intuición (me costó el equivalente a cinco horas de lavar platos) creí ver cómo un muchacho insolente expulsaba del reino musical a todos los que habían hecho de Bach un crooner, un romántico, un sentimental, un austriaco aficionado a las tortas Sacher, como mucho más tarde escribiría Bernhard en El Malogrado. Y les expulsaba con un swing prodigioso que el pobre Bernstein soportaba estoicamente. Los siguientes conciertos de la serie los grabó con Golschmann, un director acomodaticio sin las pretensiones de Bernstein.

Lo más sorprendente es que el nihilismo de Gould era perfectamente compatible con el regreso a la autoridad del clave en las grabaciones historicistas de Leonhardt. Los puristas abominaban de aquel Bach tocado al piano y por lo tanto falsificado, pero a los aficionados nos parecía la misma música, unas veces brillaba con reflejos metálicos, otras golpeaba con la caricia de un martillo aterciopelado.

Luego supimos que Gould era un canadiense impresentable, que no daba la mano por temor a los contagios, que no se lavaba porque la mugre le protegía de los microbios, que odiaba dar conciertos, que se había encerrado en un estudio donde grababa constantemente sus caprichos, que cambiaba de piano en la misma pieza para conseguir un mejor legato.

También supimos que escribía y cuando leímos sus textos nos quedamos de piedra. Conocía  y discutía todo lo que Adorno había escrito sobre música. Destruía la opinión (¡tan ingenua!) de Celibidache sobre la grabación y los discos. Tenía un proyecto sobre la música similar al de los conceptuales y los mínimal en las artes visuales, muerte a la subjetividad. Y todo lo que interpretaba era sencillamente glorioso.

Y de repente se murió de un modo tan enigmático como había vivido. En sus últimos años, envejecido por la automedicación, encorvado como un anciano de ochenta años, apenas se alejaba de su cabaña permanentemente rodeado de nieve y desolación. Los últimos documentos gráficos de aquel cadáver de cincuenta años son escalofriantes.

Ya ha pasado el tiempo necesario para poder volver a su música. En un número especial de Le Monde de la Musique la más elegante de las pianistas actuales, Hélène Grimaud, cuenta el deslumbramiento que de adolescente le produjo aquel huracán norteño. E incluso justifica el tarareo (insoportable) con el que Gould se acompaña en las grabaciones. “Era un contrapunto instrumental, para cubrir lo que le faltaba al piano”, dice la encantadora artista.

Ha aparecido también el DVD de Bruno Monsaingeon titulado Glenn Gould. Hereafter (en francés se llamaba Au delà du temps), una bella introducción a la vida y la obra del pianista. Monsaingeon logró ganarse la confianza de Gould y fue uno de sus escasísimos amigos, alguien que tuvo el privilegio de grabar horas y horas de conversaciones y conciertos en estudio. Cuenta que siempre le encontró de buen humor, excepto en una ocasión.

Al pasar la frontera de EE. UU. con el Canadá, la policía sospechó de aquel tipo de aspecto estrafalario y le retuvo durante horas. Desmontaron su coche de arriba abajo buscando alijos de droga y al final tuvieron que dejarle seguir viaje. Según Monsaingeon el problema comenzó cuando, al preguntarle la policía por su profesión, en lugar de decir “músico”, “pianista”, “concertista internacional” o “genio del arte contemporáneo”, se limitó a decir I’m in the recording business. Lo peor que se podía decir entonces en una frontera. Tipo estupendo.

[Publicado el 10/10/2006 a las 09:53]

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Muy bonito, muy bonito… ¡lástima que no sea verdad!

Como suele ser habitual, el comentario de José Luis Pardo al libro de Eagleton recién traducido en España, merece ser recortado y guardado. Apareció en Babelia el 7 de octubre con el título "El poder de la belleza". El ensayo de Eagleton, La estética como ideología, trata sobre un curioso fenómeno que Pardo comenta con agudeza: el irresistible ascenso de los estudios de Estética en las últimas dos décadas.

Cuando comencé a trabajar de profesor de Estética en la universidad española, hará unos veinte años, mi especialidad era la deshonra de los estudios académicos. Los colegas de metafísica, de ontología, de ética, de epistemología, de lógica, nos miraban compasivamente a los de estética, nos invitaban a café, nos pasaban el brazo por el hombro e intentaban averiguar cómo habíamos ido a dar en aquel pozo del vicio. Incluso trataban de ayudarnos a salir. Los del área nos sentíamos en parte como madres solteras y en parte como unos zorrones desorejados.

En la actualidad, y aunque creo que siguen pensando que somos la vergüenza de la academia, nos hemos comido todo el pastel. La estética, como dice Pardo, “se ha convertido en una “reina” (…) con respecto al resto de las materias filosóficas que antaño la tuvieron por esclava y auxiliar y que hoy yacen en el arroyo del desprestigio, el olvido o el arcaísmo cultivado únicamente por eruditos cada vez más desmundanizados, rancios y atávicos”. Toma castaña.

Es cierto. Y no lo constato desde la soberbia (me queda ya poco para abandonar definitivamente la universidad), sino desde un humorismo vago y amable. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, pero jamás habría imaginado que la disciplina socialmente más relevante y con mayor clientela en el siglo XXI fuera a ser la mía. Y no me complace demasiado, la verdad. Preferiría que las reinas siguieran siendo las de siempre. Ahora que las veo remendar sus antaño lujosos atavíos, pasear haciendo volatines con bolsos gastados y contonearse sobre zapatos sin suela por los pasillos de la universidad en busca de un poco de cariño, despiertan toda mi compasión y me hacen sentir culpable.

La causa de esta transformación había sido divisada por Walter Benjamín en los años treinta, cuando advirtió de la inevitable “estetización de la política”. Lo que iba a coincidir con una “politización de la estética”. El uso intensivo de técnicas propiamente estéticas que inauguraron los totalitarismos para manipular a las masas no ha cesado en absoluto sino que ha ido creciendo exponencialmente. En la actualidad la batalla política no enfrenta posiciones morales o éticas, de mayor o menor justicia y libertad, de representación oligárquica o proletaria, sino propuestas crudamente estéticas, pura imagen, puro simulacro, mercancía de tomo y lomo.

Como es lógico, la propaganda política construida con las técnicas de la publicidad, da mucha mayor importancia al impacto sensible que al razonamiento moral o a la descripción funcional. La equiparación del candidato con un paquete de detergente no es en absoluto una broma periodística. Ninguna campaña electoral puede ya razonar, no hay tiempo para ello ni dinero suficiente. Los candidatos a duras penas saben hablar. Los partidos se limitan a presentar un objeto atractivo para un segmento de clientela. Todo lo cual es archisabido, pero no por eso se detiene el proceso.

De ahí la fuerza de los nacionalismos como política máximamente esteticista. La mercancía “pueblo” tiene una enorme capacidad de seducción entre gentes que no quieren acceder a mercancías de mayor complejidad o que rechazan los utensilios intelectuales. El nacionalismo es la playstation más agresiva de la política y en diez años se ha adueñado del mercado. En Europa los partidos nacionalistas ya están diseñando los nuevos partidos de extrema derecha. Aquí tardarán un poco más en enterarse, pero llegarán.

La respuesta de Eagleton a tan inquietante panorama no me parece convincente. Creo que Eagleton es un pensador lastrado por un método, el marxista, que momifica todo lo que expone, incluso lo bueno. Llevado por sus principios propone una “repolitización de la estética”, lo cual es perfectamente inane. No hay en este momento una estética no politizada por las razones que él mismo ha expuesto, es decir, porque la política ya ES tan sólo estética.

Politizar la estética sería algo así como humedecer el mar.

[Publicado el 09/10/2006 a las 09:39]

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Algunos ángeles

Así como los demonios que vimos el otro día son sólo una pequeña parte de los conocidos, los ángeles registrados son escasísimos, no porque sean menores en número sino por su mayor discreción. Los demonios arman bulla, hablan a gritos en los restaurantes, empujan en el metro, se saltan las colas, dan codazos, comen kilos de palomitas en el cine, en fin, su ego ocupa una enorme cantidad de espacio físico. Los ángeles, por el contrario, son ligeros, leves, intangibles, muchas veces transparentes y hablan en susurros, como los actores ingleses. Hoy veremos unos cuantos, pero, ojo, desconocemos el carácter y los trabajos de otros mil ángeles ignotos.

Armonía. Nunca se le ha visto, aunque se le oye constantemente. A su paso, las cosas suenan quedamente pues es el encargado de la música callada. Un dring en el jarrón de vidrio, por ejemplo, cuando le da el sol, o el fru-fru de las flores que contiene, son huellas de su vuelo cercano. Es muy celebrado al amanecer cuando pone en marcha los sonidos del alba. Y naturalmente se esconde a veces en un violín, a veces en un órgano de pedales, si se le persigue. No obstante, su función severa no es en absoluto ornamental: este ángel maravilloso mantiene el equilibrio entre la matemática y el mundo, de manera que nunca la una o el otro predominen y acaben con la variedad y los cambios.

Don. Es un ángel robusto, bajo de estatura y de complexión fuerte y huesuda. Es el que protege los intercambios e inclina el beneficio hacia la parte más justa. En su máximo esplendor consigue que algunas gentes se desprendan de lo que necesitan, para dárselo a alguien aún más necesitado. La última intervención de Don divulgada por la prensa fue cuando un marroquí se arrojó a la vía del metro para salvar de la muerte a una muchacha. La salvó, pero dejó allí una pierna. He aquí un caso de intercambio privado, pero este ángel regula también la economía general, aunque sólo entre los pueblos honrados. En consecuencia va perdiendo áreas de dominio frente a su oponente, Mammón. En Francia le llaman Dépense. Y en tiempos antiguos se llamaba Potlach.

Elevación. Aunque a diferencia de los demonios que tienen tres o cuatro sexos los ángeles por lo general no tienen ni uno, el ángel Elevación es femenino. Actúa muy rara vez, pero obligadamente una en cada vida humana. Algunos mortales han tenido la fortuna de que les tomara en más de una ocasión, pero por lo menos una está garantizada. Elevación acude al desamparado y si es hembra se abraza a ella, si es varón lo sujeta por las axilas. A medida que asciende, el humano va dejando caer trozos de su cuerpo, un brazo, el hígado, las manos, el cabello, el cóccix, las ubres, hasta desprenderse por completo de toda su encarnadura física. Una vez reducido a su parte esencial, el humano acompañado por Elevación danza como un mosquito ante el fuego cósmico. Allí, en esa danza extática, comprende la esencia del universo. Al cabo de unos segundos, Elevación lo vuelve a dejar en donde estaba, un banco del parque, una sucia habitación londinense, un hospital, de manera que el elevado tenga ocasión de contar lo que ha visto. Suele hacerlo, pero los resultados son decepcionantes.

Meteoro. Quizás estemos hablando del más sutil de los ángeles porque carece de mismidad, es pura relación, no tiene ser, sólo establece conexiones. Su función es tan importante para la conservación del mundo que comparte con su dueño la facultad de estar al mismo tiempo en todas partes. Es el que traslada de aquí para allá los mensajes. Podría decirse que es el responsable del lenguaje, pero se trata de algo mucho más importante: es el responsable del sentido, de todos los sentidos, de cualquier cosa que tenga sentido. Se le invoca mirando al cielo y preguntando: “¿Qué tiempo hace hoy?”. De inmediato se pone en movimiento y comienza a juntar polos emisores, a veces humanos, a veces animales o vegetales, e incluso minerales. En momentos muy singulares, cuando está contento, produce efectos luminosos como las lluvias de estrellas, las auroras boreales o los cometas. Es su manera de menear la cola.

Paciencia. Cuando en épocas siniestras las voces de los muertos son escandalosas y su indignación impide a los vivos llevar una vida más o menos normal, cuando la tierra donde reposan tiembla de cólera después de horribles matanzas e injusticias insoportables, debe intervenir Paciencia para restablecer el sosiego. Su función, a la que solemos llamar “paz” o bien “pacificación”, es un trampantojo. Nunca hay paz. No puede haber paz. Los mortales nunca conocerán la paz. Lo que hay no es, tampoco, un cese de las matanzas por fatiga de las tribus violentas, es más bien que los muertos dejan de gritar y ya sólo hablan entre sí o se lamentan con menos furor, se quejan en voz templada, se desconsuelan y dan palmaditas en la espalda persuadidos de que no hay nada que hacer con los vivos. Entonces los humanos descansan un poco, dejan los cuchillos, los cañones, las bombas de racimo, aran la tierra, adiestran perros de compañía, se reproducen, preguntan qué tiempo hace.

Sereno. Muchos especialistas le tienen por el más amable de todos los ángeles, seguramente porque solo se fijan en su mitad luminosa que es la de abrir el cielo, sea por la mañana, sea cuando cesa la tempestad. Es sin duda encantador ver cómo se corre esa cortina gris plomiza, betuminosa, y aparece la vibrante luminosidad dorada. Olvidan que es también el mismo ángel que abrirá definitivamente la esfera celeste detrás de la cual se agita nerviosa, sinuosa e impaciente la potencia infinita sin nombre ni persona, el núcleo incognoscible que produjo la primera explosión y provocará también la última. En esta segunda función, Sereno se parece mucho al antiguo guardián del Séptimo Sello, aunque despojado de sus elementos supersticiosos y eclesiásticos.

Simpatía. Su evidente parcialidad hacia los humanos le mantiene en una de las dinastías inferiores, ya que los jerarcas angélicos no se fían de él. Al parecer, no le importa. Fascinado con su tarea, carece de ambición y nunca ha deseado destinos más elevados. Para nosotros es imprescindible ya que es quien tiene la clave que resuelve todas las contradicciones y siendo así que los humanos vivimos en la pura contradicción y no conocemos la muerte si no es por la vida, el frío gracias al calor, la luz mediante las tinieblas, lo femenino por oposición a lo masculino y lo justo contra lo injusto, solo un mecanismo de constante vigilancia en ese nudo de problemas agobiantes es lo que evita el caos completo y la destrucción universal.

Muchos más son los ángeles y no todos son terribles, pero esta es la extensión que podemos concederles por hoy. Debo decir, para que no se produzcan equívocos, que entre ángeles (Luzbel) y demonios (Lucifer) sólo hay una débil y quebradiza bisagra: nosotros. Eso es lo que les mantiene tan atentos a nuestros intereses y pasiones. Ellos dependen de nosotros y nosotros de ellos. Cuando desaparezcamos, la soledad eterna los congelará en forma de estatuas errantes, girarán para siempre como piedras mudas en un universo vacío.

[Publicado el 06/10/2006 a las 10:13]

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Esto se pone feo

Me parece muy bien que los de la Ópera hayan salido corriendo como ratas. Finalmente, a la estupidez de haber encargado un escenario mentecato le corresponde la vergüenza de levantarse la sotana y poner pies en polvorosa en cuanto entra el fiero turco con el alfanje desnudo. Los musulmanes están en contra de la decapitación, siempre que no la ejerzan ellos, y me parece muy sensato, yo haría lo mismo. No todo el mundo puede decapitar. Hace falta un cierto respeto hacia el reo.

Cortar cabezas es posiblemente el acto institucional más antiguo del mundo. Caín le partió el cráneo a Abel con la quijada de un burro, según cuentan, pero es porque aún  no se había inventado la metalurgia. De haber existido tal cosa, le habría cortado la cabeza, eso es seguro. Cortar cabezas es una actividad noble, reconocida por Lewis Carroll en su muy exacta representación de la monarquía: “Off with their heads!”.

Durante siglos la decapitación ocupó una parte relevante del imaginario mundial. Su desaparición ha traído consigo humillaciones espantosas para los condenados como el garrote vil, la horca o la silla eléctrica, sin representación posible que no sea grotesca o moralizante. Y siendo así que el fusilamiento se ve restringido a los periodos de guerra, ya no hay modo de morir ajusticiado con un poco de dignidad.

San Dionisio es llamado “el cefalóforo” porque tomó con sus manos la cabeza que acababan de cortarle y la llevó consigo hasta el lugar donde debía ser enterrado. Al parecer, no dejó de hablar durante todo el camino palabras hermosísimas sobre la santísima trinidad, palabras con aroma de rosas. El lugar donde está enterrado es hoy la abadía de St Denis, uno de los lugares más bellos del mundo. Ya me dirás si algo así es posible con la silla eléctrica.

María Antonieta, quizás la reina más estúpida de cuantas parieron los Imperios Centrales, fue dignificada gracias a la guillotina, la cual no tenía ya la grandeza del verdugo con capucha de pico y segur, pero se las trae. Por lo menos ha servido para poner en su boca esas últimas palabras que confirman su profunda idiotez: “Por favor, cortad por encima del collar de perlas”. Totalmente falsas, claro, porque conservamos un dibujo de J.-L. David en el que se ve a la austriaca en completo desorden, muy flaca, sin ningún ornamento y con gorro de dormir. Así subió al cadalso, oyendo el redoble de los atabales destemplados y al noble pueblo de París jaleando como en el fútbol.

La decapitación, además, permitía metáforas inmensas, como las esplendorosas de Artemisia Gentilleschi, o las de Lope de Vega. Mira, vamos a reproducir una, que no es tan fácil de encontrar:

Cuelga sangriento de la cama al suelo
el hombro diestro del feroz tirano,
que opuesto al muro de Betulia en vano,
despidió contra sí rayos al cielo.
Revuelto con el ansia el rojo velo
del pabellón a la siniestra mano,
descubre el espectáculo inhumano
del tronco horrible convertido en hielo.
Vertido Baco, el fuerte arnés afea
los vasos y la mesa derribada,
duermen las guardas que tan mal emplea;
y sobre la muralla, coronada
del pueblo de Israel, la casta hebrea
con la cabeza resplandece armada.

Esta magnífica Judit que parece pintada por Rembrandt sería rechazada, prohibida, censurada y muy criticada por los columnistas si la pusiera en escena alguien que no fuera Rubianes. ¿Cómo se atreve Lope a insultar de ese modo al milenario pueblo iraní? Es cierto que Holofernes era persa, pero se advierte que Lope tira contra los analfabetos clérigos de la barba.

Y luego está ese espantoso insulto, ese agravio gratuito, fruto de su falocrática condición: ¿cómo osa hablar de “la casta hebrea”? Envidia de macho resentido y antisemita. ¡Pues buena era Judit de Betulia como para seguir casta a esas alturas…!

[Publicado el 05/10/2006 a las 10:02]

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Primer ejercicio de curso

Tanto ha crecido la potencia del mal en los últimos diez meses que debemos ponernos a estudiar los datos fundamentales, por si los hemos olvidado. ¡La última vez que los repasamos fue en 1930! Y para comenzar como es debido, lo primero será conocer a los jefes. Veamos los trece más importantes según Facaros & Paul.

Abraxas. Es uno de los capos, pero apenas sabemos nada de él. Hay quien cree que es tan sólo una palabra empleada por los demoníacos, pero olvidan que esa es la naturaleza íntima del mal, esconderse tras las palabras. De modo que bajo las palabras se agita el poderosísimo Abraxas como una sierpe venenosa entre los tréboles. Desenmascararlo es nuestra tarea.

Adramalech. Es el tesorero (antaño se decía “el condestable”) de Satán y además es su sastre. Cuando se aparece a los terrestres lo hace bajo la forma de un pavo real o una top model. Vence las voluntades por medio de la vanidad, la fatuidad, la arrogancia, la autosatisfacción y la petulancia. Hoy día arrasa en los parlamentos y en las directivas del fútbol, allí donde no hay salvación.

Asmodeo. Pocas veces se le ha visto en su forma terrestre porque tiene pies de pato, cola de dragón y tres cabezas, lo que le hace muy conspicuo. Ahora bien, de noche pasa inadvertido porque está hecho de una materia sutil. De ese modo, en su última aparición confirmada sedujo a las monjas de Loudun, en 1630. Las modernas investigaciones lo sitúan en África donde no llama la atención incluso con su aspecto natural.

Astarot. La bella y joven diosa Astarté trabajó durante sus años mozos para los asirios y fenicios, pero tras la decadencia física comenzó a trabajar para los israelitas y luego con los cristianos, amargada y de muy mal humor. Muchos la confunden con las brujas, las cuales, de hecho, están a su servicio. Tiene muy mala baba.

Azazel. Se ocupaba de los habitantes del desierto (Levítico, 16:26), pero antes del diluvio había enseñado diversas maldades a los humanos. Dos tienen una especial relevancia en nuestros días: la guerra y la cosmética.

Balam. Apenas se sabe nada de él, excepto que cabalga sobre un oso. Seguramente actúa en zonas muy septentrionales y es difícil distinguirlo del oso propiamente dicho. Quizás habría que interpretar desde esta perspectiva las matanzas de osos del Pirineo cada vez que los Verdes sueltan uno.

Belcebú. Es el célebre “rey de las moscas”, figura central de las misas negras. Lleva cuernos, alas de murciélago y patas de macho cabrío. Es fácil llamarlo, pero luego no se va de ninguna de las maneras. Actúa mucho en Hollywood y en Las Vegas donde ha hecho auténticos estragos y muchas películas.

Belial. Su papel ha ido en ascenso desde que aconsejó a Lucifer que no volviera a enfrentarse con Dios de un modo tan directo como ingenuo, porque tenía todas las de perder. Es astuto y se dedica a la abogacía. Habita en las capitales nacionales y es uno de los demonios más peligrosos y temibles. Aparece constantemente en la televisión.

Belfegor. Es de origen moabita y vive entre las heces y los excrementos. Es el patrón de los coprofílicos, de los profanadores de tumbas, de los sadomasos radicales (para quienes inventó la lluvia de oro), de los violadores de cadáveres, en fin, de este tipo de gente. Tuvo un buen momento en la Francia dieciochesca, pero en la actualidad es uno de los jefes del mercado del ocio norteamericano.

Incubos. Son muchos y muy pequeños. Se introducen en los sueños de las chicas y las dejan preñadas, lo cual antaño traía consecuencias desagradables. En la actualidad, menos, pero no deja de ser una molestia. En su forma femenina asalta a los eremitas y a los santos del desierto, lo que hoy día supone una cierta precariedad laboral. De ahí la cantidad de ellos que se dedican en exclusiva al género femenino.

Lilith. ¡Gran desconocida! Sabemos que formaba parte del personal laboral del Edén, pero no sabemos con qué cargo o responsabilidad. Algunos dicen, incluso, que como primera dama. El caso es que ni fue expulsada, ni cayó con la redada de los Ángeles Rebeldes, sino que se fue del Edén por voluntad propia. Todo un carácter. Su maldad más odiosa es el robo de recién nacidos, pero la más conocida es la seducción de ingenuos caballeros a los que chupa la sangre y abandona en los muladares. Baudelaire, que se topó con ella en la rue de Bellechasse, la confundió con un vampiro e intentó ahuyentarla con una ristra de ajos que llevaba en la levita. A Lilith le hizo tanta gracia que le perdonó la vida. Baudelaire le dedicó un poema sensacional que comienza diciendo: “La femme cependant de sa bouche de fraise…”. Es básico entender ese “cependant”.

Mammón. Es un demonio originario de la Gran Bretaña, en donde comenzó su carrera. Luego se expandió por todo el globo. Se globalizó. Su apariencia terrena es la de un mendigo, un sin techo, un sin domicilio fijo, e induce a los humanos a acumular riquezas hasta volverlos locos. Se le puede ver a veces subido en el hombro izquierdo de los grandes especuladores y acaparadores. Ruiz Mateos tuvo uno, muy raquítico, durante apenas una semana. No se le suele ver en las fotos porque como se disfrazaba de aquella manera… Es muy visible, en cambio, el de Lord Murdoch y tan grande que suele llevarlo a su lado, del bracete.

Mefistófeles. En el reparto territorial clásico, su área era la germanística. Aparecía, o bien como un perro de ojos rojos, o bien como un dandy, elegante, seductor y un poco marica. Trabajaba las más infames condenas en los departamentos universitarios. Yo le vi un día en la Escuela de Arquitectura de Barcelona solemnemente aburrido. Nadie le hacía el menor caso. Ni le entendían. Lo reconocí gracias al retrato que hizo de él Thomas Mann, tras haberlo visto junto a Schoenberg. Hay foto.

Se observará que en el directorio no aparece Satán, nombre diabólico de Lucifer, al que en España llamamos el Lucero del Alba. Esta ausencia se debe a que hace ya mucho que vive retirado y a la espera de su momento decisivo. Cuando reaparezca, todo habrá terminado.

Mucha gente se hizo ilusiones cuando lo de Hitler y Stalin. Parecía haber comenzado el último capítulo de la humanidad con Satán agitando el látigo sobre las cabezas de millones de esclavos enloquecidos. Falsa alarma. Olía mucho a Satán, pero acabó retirándose. Cobarde.

Lo peor está por llegar.

[Publicado el 04/10/2006 a las 09:56]

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

Ensayo

La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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