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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 23 de octubre de 2018

 Blog de Félix de Azúa

Barojiana

En sus poco más de 80 páginas, 'Los pequeños mundos' de Jon Juaristi recoge el más bello homenaje al País Vasco que he leído en los últimos años.

Como las bicicletas, los libros son para el verano. Ustedes me van a permitir algunas recomendaciones de lecturas veraniegas. Y comenzaré por una joya pequeña, Los pequeños mundos, de Jon Juaristi (Ipso). En sus poco más de ochenta páginas se recoge el más bello homenaje al País Vasco que he leído en los últimos años, pero no al actual, ni siquiera al pasado País Vasco, sino al soñado por Pío Baroja en su novela Las inquietudes de Shanti Andía. He aquí unas vascongadas que ya don Pío hubo de soñar porque no existían ni en su infancia y que ahora vuelve a soñar y recorrer Juaristi en busca de aquel mundo desaparecido antes de que naciera Baroja.

El mundo perdido de Baroja es el de los puertos que recorre Juaristi como quien visita viejos caserones ruinosos en busca de algún indicio, algún signo que los devuelva a la vida. El escritor nombra los puertos como si fueran las palabras de un poema: Fuenterrabía, Pasajes, Orio, Zarauz, Guetaria, Zumaya, Deva, Ondárroa, Lequeitio, el puerto antiguo de San Sebastián. De ellos salieron los pilotos de altura, los marinos mercantes, los pescadores, los navegantes modestos o heroicos, los de cabotaje o transoceánicos. Y entre ellos, claro, Shanti Andía. ¿Qué embarcaciones conoció? ¿Cuáles eran las más usadas? ¿Qué es un bergantín, exactamente? ¿Y una urca holandesa? ¿Y qué se vendía en las covachuelas de "efectos navales" que frecuentaba Shanti? La curiosidad de Juaristi, como la del enamorado, es ilimitada y busca algo imposible, agotarse en el detalle. El autor del magistral El bucle melancólico conoce en profundidad la tristeza de los mundos añorados porque nunca existieron.

El de Baroja era un pequeño mundo soñado, el de Juaristi es un breve gran libro. Perfecta lectura de verano.

[Publicado el 10/7/2018 a las 15:38]

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Piscífilo


No hay hoteles para peces, así que no sé qué será de Gotita cuando yo deba irme.
 

Entramos en el mes de julio y en la diáspora, así que me voy a permitir darle un tono vacacional a estas sesudas columnas con el fin de ayudarles a soportar el ocio. Y empezaré con una de hondo contenido animalista.

Cuando mi mujer y yo llevamos a la niña al espectacular Oceanográfico de Valencia, poco pudimos imaginar que aquello cambiaría nuestras vidas. La niña, como todo cachorro, está muy cerca de los animales y los entiende mejor que los adultos. Son, por así decirlo, sus primos. Cuando vio volar sobre su cabeza a los tiburones nos preguntó con entusiasmo si podíamos comprarle un tiburón como mascota. No quisimos parecer antiguos padres autoritarios así que negociamos una alternativa. De vuelta en Madrid compramos una pecera con oxigenador y algas, más un pez rojo del tamaño de mi dedo índice bautizado de inmediato como Gotita. No la decepcionó porque es muy lista y comprendió de inmediato la buena aunque torpe intención de sus padres, pero, claro, no provocó su euforia. De Gotita nos hemos ido cuidando los mayores.

Últimamente he descubierto que el pez se agita y ejecuta bailes provocadores y un tanto histéricos. Yo lo atribuía a que tenía hambre. ¡Estúpido de mí! El pobre bicho se alegra de vernos y salta como un delfín. Está comprobado: aunque acabe de comer, si aparecemos en su proximidad inicia unas piruetas y convulsiones como de Beyoncé. Y es por afecto.

Las chicas se han ido de vacaciones huyendo del horno madrileño y nos hemos quedado a solas Gotita y yo. Paso algunos momentos hablando con ella. No hay hoteles para peces, así que no sé qué será de Gotita cuando yo deba irme. Abrumado, esta mañana me he descubierto preguntándole con tiento si conocía la crueldad de la vida. Creo que me ha contestado. Resignada.

[Publicado el 03/7/2018 a las 10:28]

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Enseñanzas

 La celebración de un Mundial es ocasión óptima para el estudio antropológico

 Para quienes nunca nos hemos interesado por el fútbol (a pesar de tenerle un respeto imponente), la celebración de un Mundial es ocasión óptima para el estudio antropológico. Así, por ejemplo, debe de ser ya una de las últimas actividades globales de colosal cobertura mediática en la que no intervienen mujeres. Ni una. Injusticia histórica que supongo será remediada en breve. Su causa es la creencia idealista en la dictadura de la Naturaleza. Se supone que los hombres son más robustos que las mujeres y que eso las pone en inferioridad, pero el remedio, como en todas las demás actividades, pasa por una reforma del reglamento. Igual que se ha impuesto lo paritario (qué buen nombre, por cierto) en la política, así también se ha de ir imponiendo en los deportes. Las reglas del fútbol han de cambiar y las mujeres deben incorporarse a los equipos nacionales. ¿O vamos a seguir cayendo en la superstición de que las condiciones naturales no son constructos culturales? En cuanto a mujeres, todo es cultural. 

El comportamiento de los equipos, por otra parte, solo obedece a normas culturales y en absoluto a normas naturales. Así, tuve la suerte de ver el partido España-Irán y fue sumamente didáctico. Los iraníes, siguiendo el uso político y teológico de su país, se cobijaron todos dentro de la portería desde el comienzo. Allí se apiñaban los jugadores como en un funeral islámico, bien apretados y a resguardo. Los españoles embestían de cabeza contra aquel muro inexpugnable como suelen hacer en la vida diaria, en plan testuz. No podía moverse el marcador a menos que (y así sucedió) uno de los apiñados en la portería se equivocara y metiera la pelota dentro de la misma. Error garrafal que nos valió la victoria. Como siempre.

[Publicado el 26/6/2018 a las 10:53]

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Gregarios

Si en el siglo XX era necesario tener un nombre propio para existir socialmente, en el siglo XXI es imprescindible pertenecer a un colectivo


El siglo XX fue un tiempo de fuerte individuación. Aún hoy recordamos cientos de nombres propios: individuos distinguidos en la ciencia, las artes, la política, las finanzas. Hubo miles de nombres propios, excepto en lugares donde solo cabía un manojo: la Unión Soviética, China, Cuba. El nombre del dictador y su cuadrilla aplastaban a millones de individuos innominados. Algunos directores de cine, escasos artistas, unos pocos músicos salieron de allí, selección insignificante frente a las decenas de miles de individuos reconocibles en el mundo libre.

Ahora el tiempo ha forzado un nuevo giro hacia el anonimato. Los nombres propios son hoy efímeros y en abrumadora cantidad surgidos de la industria del espectáculo y la prensa sentimental. Pero este retroceso de lo individual hacia la masa ya no es el resultado de la presencia aplastante de un jefe, sino el efecto de las nuevas identidades gregarias, las únicas que tienen presencia social: oprimidos étnicos, grupos de liberados sexuales, minorías nacionales, géneros maltratados, explotados laborales singulares, humanos de cuerpo infrecuente, élites raciales humilladas y así sucesivamente. Si en el siglo XX era necesario tener un nombre propio para existir socialmente, parece que en el siglo XXI es imprescindible pertenecer a un colectivo si uno quiere obtener presencia social, dinero y gozar de derechos.

¿Es esto bueno?, ¿es malo? Depende del lado en el que caigas. Si aún no te has fundido en una grey agraviada, búscala de inmediato, pero si no encuentras ninguna, no te preocupes. Pronto verás despachos y empresas que otorgarán patentes de novedad oprimida para la explotación de identidades gregarias. Mejor que los partidos.

[Publicado el 19/6/2018 a las 16:51]

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Diferencia

Alemania: ¡Qué energía, qué eficacia, cuánto capital, cuánta voluntad de poder! ¡Qué descanso, vivir en un país sin futuro!
 

En Baviera no han dejado de reconstruir el país ni un solo día en los últimos setenta años. La resurrección de Múnich no se puede detener. Hay miles de empresas ocupadas en esa tarea y aunque la ciudad ya es una joya, no pueden cerrarlas, así que me quedé sin ver lo que buscaba en la Pinacoteca Vieja porque siguen en obras. No por eso la ciudad ha olvidado su populismo. Tampoco pude ver la exposición Winckelmann porque la admirable plaza de la Gliptoteca estaba cerrada para un concierto de heavy metal. Múnich andaba animada de vejetes con camisetas de Iron Maiden o Will to Power ocupando las tabernas y, supongo, los hospitales. Era el momento de visitar la Lenbachhaus, pero la reforma de Foster la ha dejado irreconocible. Reconstruir, reconstruir, reconstruir y tener contentos a los viejos, esa es la misión.

Claro, era la excusa perfecta para escapar de la ciudad y de su barriga abierta por las perforaciones, así que me fui a ver el Walhalla, pero también están reconstruyendo las autopistas. Las de tres o cuatro carriles solo usan dos porque va por los otros una torrentera de enormes camiones que empieza en los Urales y acaba cayendo al Atlántico. Las de dos están colapsadas, por aquí pasa toda la producción del viejo continente.

Densidad de población, de fabricación, de industria, de trabajo, de actividad, de comercio, de riqueza. ¡Qué energía, qué eficacia, cuánto capital, cuánta voluntad de poder! Uno vuelve a España con la ilusión de regresar a un país quietecito, adormilado, improductivo, ineficaz, un lugar ideal para tomarse un refresco rodeado por los charlatanes habituales y luego dormir la siesta arrullado por un mariachi de políticos disparatados. ¡Qué descanso, vivir en un país sin futuro!

[Publicado el 12/6/2018 a las 12:35]

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Bipolar

Nuestra civilización, ahora en trance de mutar en otra desconocida, se construyó sobre un doble esqueleto incompatible. Quizás por eso estamos tan locos. De una parte el esqueleto clásico grecolatino, compuesto por elegante alfarería, desnudos impecables, edificios de simetría deslumbrante. Aunque también por dioses terribles como el criminal Dionisos o el apestoso Apolo. Pero de otra parte estaba nuestro esqueleto bíblico compuesto por nómadas del desierto, hirsutos y barbados, pirámides de adobe, un solo dios incógnito que solo se manifestaba por el habla. Aunque también santos y vírgenes de elevada belleza espiritual y visión celeste.

Por el lado clásico nos tomábamos la vida y sus desdichas de un modo claramente irónico. Los dioses reían o sonreían y los mortales aceptábamos, con una fatalidad trágica, nuestra muerte definitiva y absoluta. Por el lado bíblico no había ni rastro de humor, allí nada sonreía, por el contrario era un mundo de extremada seriedad, compatible con escenas de hermosa sencillez como las mozas que acuden con cántaros a tomar agua del pozo. Inesperadamente, fue en este mundo severo, barbado y desértico, donde se fraguó la conciencia de que no moríamos en absoluto sino que íbamos a vivir eternamente. Dos ánimos discordantes: la risa ática ante la muerte inminente y la seriedad cristiana de una vida eterna, se han ido alternando en la historia de occidente. Hay momentos de gran clasicidad, como la Florencia de los Medici, y otros de imponente rigor bíblico, como la constelación de monasterios románicos en la ruta de la Vía Láctea.


Nuestra vida también es a veces ática y a veces bíblica. Quizás llegó el momento de recomenzar una etapa desértica y eremítica. Un fingimiento de eternidad.

[Publicado el 05/6/2018 a las 16:15]

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Hartazgo

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de vivir un tiempo en algún país europeo, incluido Italia, habrá observado que los políticos profesionales tienen un estatuto social parecido al de los cirujanos, ingenieros o gemólogos. Rara vez se habla de ellos y su figura física es casi desconocida excepto en las más altas instancias, jefe del Estado, presidente, primer ministro, alcaldes de las metrópolis y poca cosa más. Cuando un político de segunda categoría, lo que incluye a los ministros, aparece en la tele o en los diarios, es porque está lidiando con algo excepcional, sea la explosión de una central nuclear, una invasión de langostas o un juicio por pederastia. Nosotros tenemos la enorme dicha de soportar diecisiete presidentes, una montaña de ministros e infinitos políticos sin la menor relevancia, pero presentes en todos los informativos y, cosa sorprendente, en las revistas de peluquería.


Ese gigantesco ejército de pasiones, codicias, narcisismos, ambiciones, frustraciones, vanidades, envidias, conspiraciones, cainismos, jactancias, delincuencias y majaderías hace imposible tomarse la sopa sin antes sacar con la cuchara dos concejales, tres secretarios, una vicepresidenta y cinco miembros de la oposición pataleando. En España los políticos gozan de un entusiasmo popular solo comparable al de los futbolistas y sus señoras, ahora que los toreros son un objeto de lujo. Es el único país del ámbito civilizado en el que un político convoca a las masas para que decidan si debe comprarse un ferrari, adoptar un perro o dejar de fumar. El ansia de protagonismo de los políticos, su megalomanía, es tan desaforada que ni siquiera se percatan del espantoso ridículo que harían en cualquier país civilizado. Los belgas ya se van dando cuenta.


[Publicado el 30/5/2018 a las 09:00]

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Stupendo

Las cosas no pueden ir mejor: en muy escasos días se les ha caído la máscara a dos de los más farisaicos elementos de la política española. El pobre Iglesias, bajo cuyo disfraz de sin techo se cobijaba un ricacho algo hortera; y el nacionalismo catalán, tras cuyas sonrisitas curiales se disimulaba la navaja oxidada de los quinquis.

Hace ya mucho que, hablando con políticos españoles, les había yo advertido sobre lo que de verdad piensan los nacionalistas catalanes. Nunca me creyeron. En sus cabezas (harto holgazanas) no cabía la modernidad catalana de un partido neofascista. Ahora ya lo saben. Lo que Torra dice de los españoles (él incluido, claro) es lo que he podido oír decenas de veces en círculos catalanes cuando creen estar hablando en privado, tanto las derechas como las izquierdas. No solo quienes siempre fueron racistas de tradición alemana, como los secuaces de Pujol, sino también los topos que se escondían en el partido socialista catalán, especialmente algunos del clan de los Maragall (hoy todos secesionistas), que eran los más explícitos porque estaban acostumbrados a mandar a la servidumbre.

Ahora ya está claro, tenemos en España una banda neofascista encabezada por Torra que en nada se diferencia de la Liga italiana, de los lepenistas franceses, de los racistas alemanes, flamencos y holandeses, o de los prenazis húngaros. No íbamos a ser una excepción, los españoles. Somos europeos, ¿verdad?, pues ahora ya sabemos a quién apoyan los de la CUP, los de la así llamada izquierda como Domènech, la Colau y otros especímenes, o los sofocantes sindicalistas podridos que desfilan con las tropas nacionales.

Menos mal. Por fin tenemos neofascistas en España. Un tren europeo que, esta vez, no vamos a perder.


[Publicado el 22/5/2018 a las 16:00]

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Consejillo

Mientras uno es joven, lo que hoy viene a ser por debajo de los 50, se puede permitir cometer errores de cierto calibre, algunos disparates ridículos y sobre todo ser un perfecto idiota. Luego, ya no. La conspiración publicitaria que presenta nuestra vida como un cuento infantil quiere mantenernos en el error, el disparate y la idiotez hasta la muerte. Y es el horror de morirse lo que está empujando en el mundo los movimientos neofascistas. Enfrentarse a este fascismo sonriente es trabajoso y agotador. Sin embargo, es lo que nos ha tocado. Nada heroico, nada simple.

Sirven de ayuda las vidas ejemplares. A partir de los 50 son muy provechosos los modelos de grandes hombres que hubieron de afrontar el mundo contando tan solo con su escasa entidad. Así, la Vida de Samuel Johnson, de Giorgio Manganelli (Gatopardo), él mismo uno de los más grandes escritores del siglo XX y por tanto con escasa reputación. Concibió una profunda admiración por aquel torpe gigante de suma inteligencia de quien la gente se burlaba y le compuso un bello retrato al hombre estrafalario que también sedujo a Borges. Por cierto, suya es la famosa frase "el patriotismo es el último refugio de los canallas".

La vida de Johnson estuvo entregada a la literatura, la filología y a "hacer habitable un universo gobernado por el sufrimiento". Vienen en este librito sabios consejos aplicables de inmediato a nuestro campo de concentración comandado por gente buenísima y correctísima. El primer consejo es tomarse en serio a uno mismo porque, como decía Johnson, "en la tumba no recibiremos cartas". Lean este pequeño libro como la última carta de un amigo, escrita desde la tumba. Solo podemos responderla con nuestra conducta.


[Publicado el 16/5/2018 a las 15:08]

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Populismos

Hay en Burdeos un museo que, aunque no muy conocido, merece una visita sosegada. Se trata del Museo de Aquitania y reúne monumentos, obras, documentación y muestras de la región, que es muy extensa y con una tradición cultural de rara importancia. Comienza con la prehistoria y una pieza fascinante, la Venus de Laussel, también llamada "del cuerno" por el objeto que sostiene en su mano. Es la segunda más importante figura de Venus después de la de Willendorf y se ignora su significado. ¿Cifra de un calendario lunar? ¿Idolillo de la fertilidad? Más intrigante aún: ¿Figura hermafrodita?


Aquitania es zona de arte neolítico y están bien figuradas las cuevas con pinturas parietales de la zona, pero lo que a mi más me interesó fueron las salas dedicadas al comercio de esclavos, inauguradas en 2009. Son dos grandes espacios bien diseñados en los que se da cuenta del esclavismo bordelés, fuente de riqueza muy importante para la ciudad, de la que salieron deportados casi doscientos mil esclavos. Todavía en el siglo XVIII se compraban seres humanos para uso privado. Por supuesto, la exposición es respetuosa, no oculta el dolor producido, ni la responsabilidad moral de los negreros, y da la palabra a los herederos y defensores de las víctimas, pero no pide perdón.

Me parece significativo comparar cómo actúan las naciones seguras de su historia con lo que tratan de ocultar aquellas regiones que se avergüenzan de la suya. Las salas de Burdeos son dignas y justas con las víctimas y no disimulan nada. El Ayuntamiento de Barcelona ha escondido hace poco la estatua de Antonio López para que los catalanes no sepan que hubo tráfico de esclavos en su capital. Estos cabecillas consideran a sus votantes unos niños un poco bobitos.


[Publicado el 08/5/2018 a las 14:38]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) es su último libro.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 




 

Ensayo

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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