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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 5 de agosto de 2020

 Félix de Azúa

Última Thule


Busquen un águila culebrera. Trae suerte
 

El mes de agosto no existe, es un fantasma de mes que este año se hace aún más inasible e inasumible. En los tiempos en que aún se bailaban boleros era famoso, quizás por lo escéptico, aquel que comenzaba con: "Dímelo en septiembre, si me quieres de verdad". Los amores de agosto son tan fantasmales como el mes mismo. Así que también yo me esfumo hasta septiembre, no sin antes desearles un descanso total, hasta de la vida, y enviarles mi última acuarela de verano.

Andaba yo por la ribera del poderoso Nalón cuando me encontré con una viejuca encogida, cubierta de sayas negras, sobre dos piececitos presos en botas deportivas, pero armada con un tremendo teleobjetivo más grande que ella. "¿Qué?", le dije, "¿al acecho?". Con sereno orgullo me mostró el teleobjetivo: "¿Será por esto? Ya ve, pesa tanto que cárgolo en brazos como si fuera mi hija y bien pudiera serlo: mire unos nietos". Y comenzó a pasar por la pantalla fotos de martines pescadores, de somormujos, de chochines, de la rara buscarla y de un cormorán con las alas puestas a secar que a saber por qué se habría internado tanto río arriba. Así le dije y me respondió como a un niño tontoide: "¡Pues por la jambre! ¿Por qué iba a ser?". En eso estaba cuando de golpe ambos sentimos una sombra sobre nuestras cabezas. Rauda como un pistolero del Oeste empuñó el teleobjetivo y disparó a gran velocidad un montón de veces contra el cielo. Vi entonces dos rapaces que subían girando con la térmica. La viejita comentó con desprecio: "¡Bah!, dos ratoneras, cada día es más raro pillar águilas culebreras, aquí las hubo a cienes. Mal día de caza. Vaya usted con Dios". Y se alejó con su hija en brazos, disgustada, cabeceando y sin dejar de escrutar el río. Así que, busquen un águila culebrera. Trae suerte.

[Publicado el 28/7/2020 a las 11:48]

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Buen lugar


En Asturias la conciencia y la urbanidad son considerables, y es la comunidad con menos infecciones de la península
 

Este mes de julio anduve por tierras asturianas para visitar de nuevo ese prado verde casi suizo, a pesar del inevitable destrozo de la codicia inmobiliaria y municipal. En Oviedo ya llevaban la mascarilla puesta antes de que fuera obligatorio. Eso, en la comunidad con menos infecciones de la península. Quizás tal sea la causa. Tengo para mí que el virus va siendo tanto más destructor allí en donde hay menos cabeza y más alcornoque. En Asturias la conciencia y la urbanidad son considerables, sólo la supresión de los cursos internacionales de música Princesa de Asturias pone una mancha de secarral en la impecable verdura.

Tanto Oviedo como Gijón son ciudades guapas, peatonales, aseadas, arboladas con cientos de magnolios e igual número de terrazas apenas ruidosas. Las mujeres son altas, atléticas, caminan erguidas, prestan atención a la vestimenta, pero sin vanidad, y van todas con mascarilla. La gran plaza Mayor de Gijón la ocupa entera un concurso infantil de ajedrez con cientos de chavales. Los padres se han retirado a distancia y desde allí observan con simulado desinterés. Es un lugar de gente poco pretenciosa, aunque consciente de su valía. Quizás por eso, aquí no ha hecho mucho daño el destructivo virus identitario. Alguna infección hay, porque el amor a la patria crece sobre todo allí donde se le abona con estiércol administrativo, pero aquí sólo vive teñido de autoironía, como si guiñara un ojo. Así leo en un chigre esta admonición: Nesta sidrería pue cantase. La identidad da pie a la broma porque se toma en serio, pero con sobriedad. Y en un comercio de quesos, este bello juicio: Non ye fame ye viciu. Una invitación al consumo de cabrales que ni siquiera el fantasmal ministro de la cosa querría reprimir.

[Publicado el 21/7/2020 a las 14:27]

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Berroqueño


El Escorial simboliza lo mejor y lo peor que hemos venido haciendo los españoles


El viernes me fui a El Escorial para visitar a un amigo. La ciudad dista 50 kilómetros escasos de la capital, pero la Renfe tarda una hora en hacer el trayecto porque se detiene en una decena de estaciones. Es muy entretenido. Suben, sobre todo, chicas jóvenes apretadas en prendas nimias. Ellos deben de ir en moto.

El monasterio, una mole colosal, sigue como hace 500 años. Ni una grieta ni un roce. Ni siquiera un triste graffiti. Lo tengo por invisible desde su perspectiva común, frente al portal, de modo que voy siempre al Jardín de los Frailes donde se ofrece una vista algo más humana, aunque el monasterio es implacablemente inhumano.

Todos los imperios han construido sus monumentos triunfales. Roma no lo tuvo hasta el Panteón que en realidad no simboliza al imperio sino a los cientos de dioses que lo protegían. Los imperios modernos construyeron soberbios conjuntos como Versalles, Schönbrunn o Buckingham, pero con alma simple y vanidosa. Suelen ocupar parques con surtidores, usan colores apastelados, se adornan con diosas y ninfas exentas o en hornacina, en fin, son lugares que lucen la satisfacción del poder absoluto.

No así El Escorial, ante el cual sobra todo regocijo o deleite burgués. El enorme monasterio y panteón de reyes no puede "gustar". Es una grosería inaceptable decir "a mí me gusta mucho El Escorial". La mole hiela la sangre, sobrecoge, pasma, puede causar espanto y escalofríos, pero lo que se dice gustar, mejor el Chantilly francés. El nuestro es un monumento mesopotámico y guarda el misterio cósmico de una pirámide o una mastaba. Su único ornamento, la parrilla de asar mártires, figura incluso en las papeleras. Simboliza lo mejor y lo peor que hemos venido haciendo los españoles.

[Publicado el 14/7/2020 a las 17:05]

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La reacción


La actual actividad vandálica que destruye estatuas tiene un poder simbólico singular. Seguramente esos bárbaros levantarían de nuevo estatuas a sus déspotas favoritos


A finales del siglo XIX Rusia se vio sacudida por una efervescencia liberal. La exigencia de que acabara la esclavitud y la tiranía había encendido a las masas, pero apenas conmovió la pétrea voluntad de poder del zar Alejandro. Como todo movimiento revolucionario, los rebeldes buscaron un símbolo y lo encontraron en el proyecto de una estatua para Pushkin. La campaña se arrastraba desde 1860, pero en veinte años no había logrado apenas nada. Ahora era el momento.

Rusia no tenía un solo monumento que consagrara a un artista o a un hombre de letras. Sólo militares y políticos del zarismo habían merecido el honor de encarnar en piedra o bronce la fuerza y la sujeción del país. Pero hacía décadas que Goethe y Shakespeare representaban, en sus países, la grandeza espiritual de la nación. Ahora la insurgencia exigía que se honrara el alma del país y no su cuerpo acorazado. Turguénev y Dostoievski participaron en los actos de exaltación a Pushkin que agitaron a toda la nación. Enormes masas se concentraron en Moscú para asistir a la exposición de la estatua en junio de 1880. Lo cuenta Figes en Los europeos.

Durante siglos, las estatuas habían representado tan sólo los símbolos del poder físico. Es muy interesante que en el siglo XIX apareciera la necesidad de representar también la fuerza intelectual. Por eso la actual actividad vandálica que destruye estatuas tiene un poder simbólico singular. Seguramente esos bárbaros levantarían de nuevo estatuas a sus déspotas favoritos. Fue delirante el momento en que unos fanáticos quisieron quemar la estatua de Colón en Barcelona, pero otros fanáticos se lo impidieron porque, decían, Colón era catalán. Dieron la exacta medida de cómo son ahora los pretendidos izquierdistas.

[Publicado el 07/7/2020 a las 13:11]

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Nada que hacer


Lo que escribe Kempowski sobre los últimos días de la Alemania Nazi, un 'Gotterdammerung' en la nieve, es helador
 

El relato bien pudo encabezarse con el célebre y temible verso: "Cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando". El silencio de la muerte que se nos arrima sin avisar es el asunto que domina las casi 400 páginas de Todo en vano, de Walter Kempowski (Asteroide). Los epígrafes que ha usado el autor también hielan la sangre. Uno es de Lutero: "Toda acción por nuestra parte es en vano, incluso en la mejor de las vidas". El editor, sabiamente, ha añadido fuera de texto un colofón de Sebald en el que comenta cómo la ceguera voluntaria fue lo propio de la Alemania nazi. No quisieron saber.

Los habitantes de una vieja mansión, en la Prusia Oriental de 1945, van recibiendo refugiados checos, polacos, ucranianos y cientos de alemanes que huyen hacia el oeste amenazados por el Ejército Rojo que va penetrando por la zona báltica. No hay ruido, no hay violencia, no hay tragedia, apenas hay drama, es un avance lento, silencioso, aterrador, pero la gente no puede hacer otra cosa que huir. En esa fuga van muriendo sin molestar, sin grandes gestos, tan callando. La muerte también se mueve entre los que huyen en decenas de miles de carros. Los oficiales y funcionarios de las SS son quienes organizan la huida, pero también son verdugos de los emigrados.

Lo que escribe Kempowski sobre esos últimos días de la Alemania nazi, un Götterdämmerung en la nieve, es helador. No hay gritos, no hay aspavientos, no hay grandes e inolvidables gestos. Todo es gris, mezquino, vulgar como lo somos todos cuando nos atenaza la muerte. Ni un solo personaje es simpático, amable, heroico. Todos se desploman tan callando. Sólo un niño, egoísta, inconsciente, es posible que sobreviva porque los ángeles terribles "se olvidan de destruirlo".

[Publicado el 30/6/2020 a las 13:29]

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Nosotros


Ahora, los enemigos de la unidad europea son los reaccionarios de siempre, los idólatras de la identidad, pero ahora cuentan con el socorro de partidos arcaicos maquillados de progreso
 

La primera unidad europea fue consecuencia de la potente civilización romana que tuvo la capacidad de acoger bajo su fortaleza al continente entero. La fuerza militar y la aplicación de un Derecho civil eficaz lograron que toda Europa hablara latín. La segunda unidad, tras la disolución feudal del imperio, comenzó a forjarse con la potencia industrial y el talento de los ingenieros del siglo XIX. Fue la red de ferrocarriles la que derribó, como una gigantesca máquina de coser, las murallas nacionales hasta convertirlas en costurones a través de los cuales podían circular todos los europeos. Así apareció una conciencia europea gracias a la energía industrial y el talento cultural. Aquella Europa hablaba francés.

La tesis de Orlando Figes en Los europeos (Taurus) es que la aparición de esa conciencia fue obra tanto del progreso material como del ímpetu cultural. La red de hierro logró que en 1900 todo el continente leyera los mismos libros, comprara láminas de los mismos cuadros, tocara la misma música en los hogares o acudiera a las mismas óperas en todas las capitales. Figes ilustra esta unificación con tres figuras, Iván Turguenev, el empresario Louis Viardot y su mujer, Paulina García, la más brillante diva europea. Los tres se movieron por toda Europa como si fuera una sola nación.

La reacción nacionalista contra esta unidad provocaría dos guerras mundiales y casi 50 millones de muertos. Nosotros vivimos una tercera globalización técnica, pero no han cambiado tanto las cosas. Los enemigos de la unidad europea son los reaccionarios de siempre, los idólatras de la identidad, pero ahora cuentan con el socorro de partidos arcaicos maquillados de progreso. Otro fantasma recorre Europa.

 

 

[Publicado el 23/6/2020 a las 16:44]

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Treinta siglos


Cuando el rey emérito entró en negocios con los monarcas sauditas fue recibido como un "hermano". Por lo cual se le acompañó el conjunto de regalos y obsequios rituales que hoy le valen un juicio y una desgracia
 

En épocas premodernas, cuando los imperios carecían de comunicaciones rápidas, era costumbre negociar mediante escritos sobre tablas de arcilla y con pactos familiares. Así, por ejemplo, gracias a los Archivos de Amarna conocemos las relaciones de los faraones con monarcas hititas, babilonios, sirios, cananeos y micénicos. Cuando llegaban a un acuerdo los reyes se convertían en hermanos, y siempre que se pactaba algo lo acompañaban de regalos fabulosos. Así, el misterioso faraón Amenofis III, llamado Ajenatón, recibió una tablilla de su "hermano" Tushratta, rey de Mitanni, en la que le anuncia un envío de seis carros, siete caballos, dos sirvientes, fíbulas, pendientes, anillos de oro y un pomo de aceite perfumado para su esposa Kelu-Hepa. Estos y más ejemplos vienen en 1177 a. C., de Eric H. Cline (Crítica), donde relata el derrumbe de las civilizaciones mediterráneas en ese preciso año.

Treinta siglos más tarde muchos países siguen siendo premodernos y por lo tanto no es raro que los monarcas españoles sean "hermanos" para los reyes de Marruecos y así se traten mutuamente. De modo que cuando el emérito rey Juan Carlos entró en negocios con los monarcas saudíes con el fin de ayudar a la única industria española con peso internacional, la de ferrocarriles, fue recibido como "hermano" de los monarcas árabes. Por lo cual se le acompañó el conjunto de regalos y obsequios rituales que hoy le valen un juicio y una desgracia.

No se trata de justificar nada, sino de poner un rito arcaico en su lugar y así quizás entender algunos actos que hoy son delictivos, pero no lo eran hace medio siglo. Aunque no se perdonen, que por lo menos no supongan una infamia. La justicia siempre se ha de acompañar por la comprensión.

[Publicado el 16/6/2020 a las 14:32]

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Pellejo


Por prudencia digamos que esta novela tiene sólo un personaje, pero no es un humano, sólo es la parte más humana del humano: su piel
 

He leído cientos de novelas y aunque cada día me cuesta más pasar de la página 30, desmiento por completo a Josep Pla cuando decía que a partir de los 40 años es imposible leer novelas o que es una pérdida de tiempo o algo por el estilo. Lo que en realidad quería decir es que sólo los tontos leemos novelas después de los 40. Y le doy toda la razón.

La novela lo permite todo, es el ámbito más libre de la literatura. He leído magníficas novelas sin personajes, como La ciénaga definitiva, de Giorgio Manganelli. Otras en las que no hay ni tiempo ni espacio, como América, de Kafka. En una novela de Faulkner (no recuerdo cuál era) el narrador es el desvencijado portón de unas caballerizas. En fin, es un terreno que lo devora todo. Ahora bien, nunca me había topado con una novela cuyo protagonista fuera la psoriasis. Alguien puede negar que eso sea una novela, pero ya verán en qué sección la colocan los libreros. Su autor, Sergio del Molino, es bien conocido de los lectores porque antes ya escribió sobre el vacío. Estamos hablando de un hombre grande modelo oso pardo, padre de familia, barbudo, inteligente y con un remarcable sentido del humor. Y es todo eso lo que hace posible la novela sobre la psoriasis titulada, como es obligado, La piel (Alfaguara). Y es una novela porque las historias que se cuentan nos permiten vivir los dramas de estos enfermos de la piel y su relación con lo que hacen: Stalin, Nabokov, John Updike, el negro de Banyoles, Cara Delevingne, Pablo Escobar son actores que protagonizan algunos de los relatos. También hay otros que se suponen del propio Sergio, pero nunca se sabe.

Así que por prudencia digamos que esta novela tiene sólo un personaje, pero no es un humano, sólo es la parte más humana del humano: su piel.

[Publicado el 09/6/2020 a las 17:41]

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Regreso


Me parece un acto de justicia conocer la vida concreta, específica, de aquellas comunidades asesinadas
 

Estamos tan usados a oír y leer sobre la destrucción de los judíos europeos en el siglo XX que a veces puede parecer un fenómeno natural como las plagas, los terremotos o los huracanes. Sin embargo, lo que se arrasó no era una "raza" como decían los nazis, ni una "identidad" como creían los nacionalistas, ni una "etnia" como se les calificaba en los libros de texto, sino millones de personas de carne y hueso que llevaban unas vidas repletas de inocentes gozos, miserias, alegrías, costumbres, rutinas, trabajos, desdichas, melancolías, canciones o banquetes que se perdieron para siempre. Lo que se destruyó fue una riquísima cultura que había fructificado, sobre todo en Europa oriental, y que fue aplastada no sólo por los alemanes, sino por todos los pueblos de la zona, croatas, ucranios, polacos, húngaros y así sucesivamente.

Me parece un acto de justicia conocer la vida concreta, específica, de aquellas comunidades asesinadas. Tratar de renovar en la imaginación sus días de trabajo, de celebración, de ocio o de ceremonia. Acaba de publicarse un documento extraordinario: De un mundo que ya no está (Acantilado), emotivos recuerdos de Israel Yehoshua Singer, escritos con una fascinadora ternura y soberbiamente traducidos. Cuenta lo que aman, comen y visten, si se pelean, se casan o divorcian, a qué juegan los niños, en qué se afanan sus padres, cómo son las mujeres, cuáles sus creencias y supersticiones, cómo valoran el dinero, la honra, la jerarquía. Es como vivir en aquel pueblecito polaco, el shtetl de Lentshin, un diminuto enclave de intensa alegría y dolor, a comienzos del siglo XX. Aunque la hayamos oído y leído mil veces, el lector se espanta por la muerte infame que les acecha, pero aquí, ahora, siguen vivos.

[Publicado el 02/6/2020 a las 09:14]

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Sabiduría


La rutina de la pandemia ha sido la constatación de que la muerte ya no tiene la menor importancia social entre nosotros
 

Durante meses hemos asistido a cientos de miles de muertes que habitualmente no se mencionan en público ni forman parte de lo que llamamos "política". Hete aquí que durante semanas la muerte ha estado presente en todo momento. Un regreso a la lectura de Emanuele Severino, fallecido en enero, me pareció pertinente.

Durante miles de años los mortales no moríamos del todo. En Oriente, hasta hace poco, las gentes se reencarnaban en segundas y terceras vidas. En Occidente el cristianismo logró que durante más de 1.000 años muchos europeos resucitaran para vivir una vida eterna. Pero a partir del siglo XVIII el cristianismo fue menguando y ya Nietzsche lo dio por muerto. Seguiría habiendo gente religiosa, sí, pero la vida eterna quedaría reservada para los islámicos y otros residuos píos que pudieran necesitar consuelo.

Severino es el filósofo que meditó sobre ese invento que es la muerte occidental. Un salir de la nada, permanecer unos años entre los animales, y volver a la nada para siempre. Severino creía que el primer signo de esta muerte nihilista y total se encuentra en las tragedias de Esquilo. Una muerte por aniquilación que sigue viva hasta hoy y sobre la que sólo la filosofía podía ayudarnos a entender el horror de la nada. Pero la filosofía ha sido barrida de los estudios porque en un par de siglos nos hemos ido haciendo a esa muerte aniquiladora y ya parece que no precisamos ayuda, la hemos asumido. Morimos en extrema soledad, para siempre, y a muy pocos les angustia o duele.

Se diría que la rutina de la pandemia ha sido la constatación de que la muerte ya no tiene la menor importancia social entre nosotros. Se ha convertido en puro número, un cálculo más del poder político, otra técnica trivial. Nos hemos endurecido.

[Publicado el 26/5/2020 a las 08:08]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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