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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 7 de diciembre de 2016

 Blog de Félix de Azúa

Mirando ver

Mucha gente cree, sensatamente, que la pintura es el arte de la línea y del color. No es fácil entender que la pintura no es el arte de esos dos elementos y que puede haber gran pintura sin color ni dibujo. La arquitectura es el arte del espacio, la música el arte del tiempo, pero la pintura es el arte de la luz.


En la exposición Metapintura, una de las más intelectuales que ha ideado el Museo del Prado, se constata que la pintura sufre la perplejidad de ser un arte capaz de verse a la luz de sí misma. Las artes pueden ser redundantes: hay arquitectura que habla de arquitectura, poesía que juzga a la poesía, música que es eco de otra música, pero el caso de las artes visuales es particular y provoca desconcierto en el espectador. Si no se fija bien, no ve lo que está viendo.

Algún ejemplo. La tradición cristiana reconoce el rostro de Jesucristo en la Santa Faz, el paño que, impregnado por la sangre y el sudor de la víctima, conservó sus rasgos. Cada pintor que pinta el paño de la Verónica está retratando un retrato de alguien que nadie ha visto. También se cree que san Lucas pintó a la Virgen María. Entre muchos otros, Guercino pintó a san Lucas pintando a la Virgen, ¡pero la pintaba en estilo bizantino! Un anacronismo inverosímil y delicioso.

De todos los que han pintado la pintura el mayor es Velázquez, quizás porque no usaba dibujo y apenas color. Sólo luz. En Las meninas se juntan el espejo, el cuadro pintado dentro del cuadro y el cuadro que pinta al pintor pintando, imposibilidad que mueve a reflexión. Javier Barón ha elegido con gran consecuencia los modelos y ejemplos de esta pintura a la que vemos mirar. Viéndolos recordé aquel verso de Machado, en El milagro, cuando buscaba sus gafas en el estuche y exclamaba: "¡Ahora verás si veo!".

[Publicado el 29/11/2016 a las 19:20]

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Ajos y zafiros

Revueltas en este continente devastado que es el nuestro se mezclan ruinas y novedades. Dominan las poderosas máquinas que nacen ya bellamente muertas. Palacios deportivos en los que cabe una entera ciudad, colosales hoteles tachonados de piedras preciosas, ciegan el sol cristalinos depósitos de mercancías, puentes de titanio cruzan mares, trenes supersónicos se deslizan sobre bolsas de aire. Y al pie de estas quimeras técnicas, los sillares mohosos de una catedral desmochada, una Venus sin piernas, un fresco medieval que se cae a pedazos.

 

Así es el poeta más vivo, aunque murió hace medio siglo. Sus poemas reúnen la cumbre de una vanguardia técnica insuperable y el cuerpo hecho añicos de la cultura occidental. Porque en los poemas de T. S. Eliot se encuentra la civilización europea como en una lápida bizantina. Sus versos se construyen con una profunda pulsión lírica en cuyos hoyos y grutas se engastan las citas robadas a Dante, a Donne o a un charcutero de St. Louis.

Precisamente a nosotros, supervivientes de una muerte que ocultan las pantallas tras su centelleo idiota, un poeta como él nos representa. Suya es la célebre frase: "Los poetas inmaduros copian, los maduros roban". Y él robó con arte exquisito en los mausoleos de la literatura para luego presentar sus hurtos entre versos incandescentes.

Celebremos que ahora aparezca la traducción de los Cuatro cuartetos que será canónica durante 100 años. La ha publicado Lumen gracias al duro trabajo de Andreu Jaume, porque si la traducción de los versos es un Tíbet, los cientos de notas indispensables para reconocer los fragmentos robados ocupan cinco veces más que los poemas. No es un libro para cualquiera ni es un libro para leer, sino para hundirse y resucitar en él.

[Publicado el 22/11/2016 a las 19:41]

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Ya llegó

Así como el siglo XX no comenzó hasta la guerra del 14, así también parece que esta vez va en serio y ha comenzado el siglo XXI. En sus orígenes debemos situar a Berlusconi, a los neonacionalistas y a la extrema derecha francesa. Luego su desarrollo ha ido mejorando los sistemas de captación de masas. Se fueron añadiendo el partido del payaso Grillo, los racistas holandeses y daneses, la xenofobia centroeuropea, los chovinistas ingleses del Brexit, los chavistas españoles, los separatistas vasco-catalanes y, finalmente, Trump.

En este crescendo con final wagneriano hay un elemento desolador. No lo hemos tomado en serio hasta que llegó la apoteosis. Cuando los judíos alemanes empezaron a inquietarse, ya era demasiado tarde. Muy pocos profesionales de la política han hablado con seriedad del nuevo totalitarismo rampante que aprovecha las leyes de la democracia para tomar el poder y destruirla. No es una payasada. Los medios para combatir lo que ya se encuentra bastante estructurado requieren estudio, resolución y fortaleza ejecutiva. Sobre todo, no negociar ni un solo privilegio más para los populistas y, a poder ser, negarles hasta el último céntimo mientras sea posible.

Esta situación no es sino el resultado de la destrucción final de los restos de Ilustración que aún quedaban en Occidente. Es ingenuo creer que el bombardeo de estupidez televisiva, irracionalidad social, estafa educativa, publicidad mendaz, corrupción y pornografía informativa no iban a tener como consecuencia esta enorme bolsa de ciudadanos sin capacidad crítica. Ahora hay que pensar cómo se vuelven a llenar con valores civilizados las conciencias barbarizadas, las cabezas huecas. Tarea que requerirá, seguramente, otro siglo de trabajo.

[Publicado el 15/11/2016 a las 17:07]

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Trastos

En urbana plática con un vecino sobre los trasteros de la finca, coincidimos en que es mejor no tenerlos. Si tienes un trastero, dice, lo vas a llenar, es forzoso. Y todo lo que allí metas no volverá a salir. Hay que librarse de lo inútil. Tenía razón. Guardar trastos es una costumbre arcaica. El transtrumera, para los romanos, una bancada, una tabla, cualquier cosa que se apoya entre dos superficies, como las planchas de los andamios. Podía servir de algo o no, a la espera de que alguien pasara por allí. Un trasto, vaya.


Por la noche leí, en el reciente volumen de Andrés Trapiello Sólo hechos, un párrafo sobre las gafas y las llaves inútiles. Todos las guardamos, aunque sabemos que no sirven para nada. Las gafas ya no corrigen la nueva decadencia óptica, las llaves no tienen mueble o caja que cerrar. Tiene Andrés tanta razón como mi vecino. Pero no todas las cosas se guardan, sólo algunas. Viejas gafas, sí, llaves viejas, también, pero no agendas o calendarios del año pasado, igualmente inservibles. Tampoco mecheros o boquillas, tras dejar de fumar. Ni siquiera las viejas estilográficas cascadas, aunque nos gusten mucho. Ciertamente, es mejor no guardar trastos. Hay que tirar las gafas y las llaves sin uso, aunque Trapiello añade algo inquietante: que no las tiramos porque las imaginamos impregnadas de todo lo que vimos con esas gafas y los secretos que guardó esa llave.

A veces sucede lo contrario: libros que no tiramos, a sabiendas de que nunca los leeremos, porque encierran una promesa y una esperanza incumplidas. Camisas usadas, pero preñadas de antiguos amaneceres. Infantiles colecciones de sellos o monedas. Y, lo peor de todo, algunos amigos de toda la vida que no hay modo de tirar al contenedor por mucho que se lo merezcan.

[Publicado el 08/11/2016 a las 14:57]

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Colaterales

Por fin se acabó la más tediosa comedia de la democracia nacional. Abruma la falta de ingenio, de inteligencia en los actores principales. Sin embargo, la sesión de investidura trajo algunas sorpresas y resultó, al menos para mí, más entretenida que el entero año disipado.


Primera de todas, la rastrera intervención de ese títere que celebra su nombre, Rufián. No puedo entender que unas gentes que hasta hace diez años eran aproximadamente europeas se hayan convertido en un concurso de imitadores de Trump. Los Rufián, Tardà, Homs y sus parejos valencianos, baleares y navarros (¡pasmoso, el Matutes!) dieron un espectáculo digno del teatro de Manolita Chen. Como es lógico, Iglesias se emocionó mucho con ellos y les daba palmaditas en la espalda. Poco a poco la sección más reaccionaria del país, envuelta en banderas rojas o regionales, se va dando a conocer.

La segunda fue la orgía sentimental del PSOE. Pero ¿no pueden actuar como adultos? ¿Se imaginan a un grupo de médicos llorando en público porque no han resuelto el problema del reparto de camas en el hospital? ¿O acaso creen que se dirimía un problema superior? Es cierto: hay un problema mayor. El partido es una olla de grillos. Están los de Sánchez, que acabarán uniéndose a Iglesias, si les deja. Los de Cataluña ya se van a fundir en Colau, que es lo que se merecen. Los del País Vasco parecen chicos de la gratuita del PNV. Y finalmente quedan algunos socialistas que podrían pertenecer a un partido europeo. El primer trabajo del futuro secretario va a ser eliminar la grasa.

Dirán ustedes, ¿y el PP? Comprenderán que con esa oposición lo suyo es un paseo después de misa. Habano, el Marca, sombrerazo, ¿cómo está usted, señora baronesa?, gratitud al altísimo.

[Publicado el 02/11/2016 a las 16:09]

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Abuelísimos

Primero hay que imaginar a Marcelino Sanz de Sautuola en 1879, cuando, escoltado por su hija María de ocho años, exploró una gran cueva y tras avanzar un trecho oyó a la niña exclamar: "¡Mira, papá, bueyes pintados!". La criatura señalaba una figura paleolítica de bisonte que se haría tan famosa como la Mona Lisa.

Ese milagro del que apenas sabemos nada, la pintura rupestre, es muy abundante en España y su exploración comenzó pronto, pero el trabajo más intenso lo llevaron a cabo unos tipos apasionados y sin apenas más ayuda que sus piernas, manos y energía. Era gente como el dibujante Juan Cabré o el pintor Francisco Benítez, que había estudiado con Sorolla. Estos espléndidos estudiosos, con unos pocos dineros del marqués de Cerralbo, el arqueólogo, se dedicaron a investigar cientos de cuevas por remotos riscos y a calcar las pinturas. El legado, más de 2.000 láminas, es de una importancia descomunal, pero como suele suceder en nuestro bendito país, pasaron un siglo enterradas en el actual Museo de Ciencias Naturales.

Otro gran personaje, Eduardo Hernández-Pacheco, mantuvo la colección y el impulso de la investigación hasta la Guerra Civil. Luego vino el silencio.

Vi los calcos en el museo gracias a la exposición que tuvo lugar este año y me parecieron de una belleza inaudita. Un amable empleado me contó que él recordaba a su padre, también trabajador del museo, bajar los calcos de una buhardilla cada año, para desempolvarlos y enseñar los ciervos, los caballos, los toros, al niño maravillado.

Ahora ha aparecido el catálogo. Allí están los animales fabulosos, los humanos picassianos, la pelea de arqueros, la recolección de la miel, los chamanes, cientos de imágenes que debemos a un puñado de hombres magníficos y olvidados.

 

[Publicado el 25/10/2016 a las 15:12]

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A ver

Al cabo de muchos años, desde que Zapatero se empeñó en que los votantes socialistas regresaran a la dulce infancia y comenzó a repartir cromos, vuelve a haber un adulto al mando de ese barco borracho. El desfile de disparates de los últimos años hiela la sangre, ¿se acuerdan de las bibianas, de las miembras, de los luenas, de las fotos del Vogue,de la masa de puerilidades que se acumularon en un partido que había sido serio e incluso severo? La última etapa, con unos pobres tipos boquiabiertos ante los matones de Podemos, era noche oscura. Ahora se ha encendido un débil candil.


El nuevo hombre fuerte, Javier Fernández, al menos es asturiano y eso sosiega. Los asturianos no son pegajosos. Uno no se imagina a Javier Fernández dándose besos en la boca con García-Page delante del personal, como acostumbra a hacer Iglesias con lo que se le pone a tiro. Los asturianos son gente seria, incluso severa, como el PSOE en sus buenos tiempos. Y son leales, se puede confiar en ellos. Uno no se los imagina, al modo Iceta, imponiendo el bable a los españoles y haciendo de la gaita un instrumento de tortura. Y ya eran demócratas cuando don Pelayo, mientras la grey islamista seguía al muecín como corderos con su no y no y no y al cristiano, ni agua.


Quizás ahora el PSOE vuelva a darnos alguna alegría si se toma en serio la educación, la investigación científica, la igualdad de oportunidades, la sanidad, que los condenados devuelvan lo robado, que se acabe el aforamiento, que se supriman las empresas estatales inútiles, que se eliminen las duplicaciones, que se combata el poder de los caciques, que se ayude a las familias con hijos para que este país no sea un desierto dentro de 50 años, y otras 100 iniciativas que jamás acometerán los podemitas.

[Publicado el 19/10/2016 a las 15:13]

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Pezuña

Vamos a consultar el problema con la militancia, dicen unos. Se lo preguntaremos a la gente, dicen otros. Esto lo decidirá el pueblo, braman los peores. Se multiplican las consultas a la muchedumbre. Los políticos están renunciando a su responsabilidad y trasladan las decisiones peligrosas a "la sociedad". Es la constatación del fracaso de nuestra democracia. Si consultamos a la gente cuando aparece un dilema grave, ¿para qué queremos elecciones? Las votaciones se supone que seleccionan a los más dotados para decidir. Si resulta que son unos gallinas, unos vagos, unos tipos que solo van por el sueldo, están demoliendo el Parlamento.

La excelente revista Letras Libres incluye en el número de octubre un artículo de Roberto Calasso titulado La última superstición. Allí expone, con su habitual agudeza, cómo en apenas 300 años ha aparecido un dios potentísimo que ha devorado a los miles de dioses que existieron a lo largo de cientos de siglos. Durante ese inmenso periodo miles de sociedades consultaron sus problemas con unas fuerzas divinas de muy diverso signo. A partir de Bouvard y Pécuchet, dice Calasso, las sociedades solo se consultan a sí mismas. Así que "la suprema superstición es (hoy) la sociedad misma", dice el reciente premio Formentor. El culto a la sociedad glorificada la ha convertido en un dios para sus fieles, añade. Es importante ese "para sus fieles" porque son ellos quienes sostienen a un clero que hace de intermediario con el dios. Y ese clero no es otro que los políticos que se dedican a trasladar problemas en forma de consultas, preguntas, dilemas, a los militantes, a la gente, al pueblo. Lo abominable es que muchos de ellos dicen ser demócratas, aunque les asoma la pezuña totalitaria.

[Publicado el 11/10/2016 a las 16:20]

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Prelados

Dos son los vicios castizos que deberían atacar los políticos españoles. El primero, la corrupción, forma parte de la cultura católica sureña y es de difícil moderación, como la ignorancia o la charanga. El segundo, el narcisismo, es el resultado de una concepción eclesiástica del poder. Muchos creen que la democracia es un estadio moral superior y que los jefes políticos deben salvar las almas de los votantes y apacentar el rebaño.

Sin embargo, los partidos no son medios para la salvación espiritual, sino para gobernar el orden material. El aire eclesial se advierte por ejemplo cuando Rajoy dice haber ganado las elecciones, cuando las ganó su partido, en el que hay docenas de personas más capacitadas que él para dirigir el Gobierno y menos contaminadas. O cuando Iglesias dice que ellos quieren "dar miedo", como la Santa Inquisición, y se disfrazan de punkis para disimular el miedo que pasan en sus casas y en el barrio. O Sánchez, aferrado a una idea moral de la composición de Gobierno y no a una idea técnica del mismo. Su narcisismo le ha propinado un hachazo al PSOE que ya veremos si tiene remedio. Con él se va una parte nefasta del narcisismo socialista, como el de Iceta, modelo de pastor regional que Félix Ovejero califica de "izquierda reaccionaria".

Los únicos que no parecen fiarlo todo a la salvación del alma y al aplauso del director espiritual son los de Ciudadanos. No apuestan por un obispo, por una santidad, por un líder del lumpen que se chulee ante la cámara. Apuestan por 150 reformas concretas, precisas, que, de cumplirse, colocarían a España en Europa. Y esas reformas las puede consumar un Gobierno de derechas o de izquierdas, porque en España esa diferencia es sobre todo religiosa. ¿Las conocen?

[Publicado el 05/10/2016 a las 14:23]

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Sigue vivo

Ha habido pocos como él, pero los hubo. Quizás aún los haya, aunque el mundo es ya demasiado pequeño. Alexander von Humboldt fue una de las más colosales personalidades de la cultura europea. Atravesó España en una carreta cargada de instrumentos de medición y le regaló a Carlos IV un mapa con el perfil topográfico de la meseta. Así supimos que Madrid se asentaba a más de seiscientos metros de altura. Cuando pasó por Canarias quiso subir el Teide, pero nadie había tenido semejante capricho. No encontró un solo guía. En América escaló el Chimborazo con zapatos de salón que reventaron pronto. Los porteadores huyeron al llegar a la línea de nieve. En la cota de los 5.017 metros seguía tomando medidas y anotando como podía con los dedos congelados. Esto era en 1802, pero en 1829 atravesó la Siberia: tenía más de 60 años y aún viviría otros 30. Su aportación al conocimiento físico, botánico, biológico y zoológico del mundo es gigantesca. Sin embargo, hoy es poco leído a pesar de que fue quien inventó la noción misma de "naturaleza" en su sentido moderno.


Acaba de aparecer un buen trabajo de Andrea Wulf sobre este portento que se titula así: La invención de la naturaleza. Es un relato de los viajes más notables del explorador, pero también un examen del origen de la visión holística de la biosfera. Se puede completar con el fascinante Vistas de América, traducido ahora en España. Cuando en la actualidad se alzan voces indignadas por la tala brutal de la selva amazónica y la amenaza que representa, se olvida que ya lo denunció Humboldt en 1800 al ver el arrasamiento del lago Valencia, en Venezuela. Humboldt inventó el mundo, nuestro mundo. Y fue el primero en anunciar su muerte.

[Publicado el 27/9/2016 a las 14:38]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015. Su último libro es Génesis (Literatura Random House, 2015)Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía





                                           

Ensayo

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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