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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 19 de agosto de 2018

 Blog de Félix de Azúa

Redundantes

Cada uno de nosotros se tiene por un animal racional, pero no hay certeza de que los demás lo sean
 

Oigo cada día con mayor frecuencia las frases "no es no", "fútbol es fútbol" y otras parecidas. ¡Ojo!: sepan los más jóvenes que "oigo" es la manera correcta de decir "escucho", verbo este que se usa ya para todo. Por ejemplo: "Se escuchó una explosión". Bueno, uno puede escuchar lo que le dé la gana y es posible que alguien pusiera mucha atención y una mano tras la oreja para escuchar atentamente una explosión, pero, en general, ese tipo de sucesos se oyen, pero no se escuchan, porque para cuando han sonado ya no hay quien oiga nada. También he pillado a gente decir: "Se escuchaba llover", algo desafortunado, porque lo normal es no escucharlo ni oírlo, razón por la cual se dice "fue como si oyera llover", que equivale a "no me hizo ni puñetero caso". Quienes escuchan llover no están para nada, absortos en el tamborileo de las gotas.

La prohibición de usar el verbo "oír" tiene relación con el "no es no". Muestra un fuerte recelo sobre la capacidad de comprensión del prójimo. Cada uno de nosotros se tiene por un animal racional, pero no hay certeza de que los demás lo sean. Por esta razón hay que insistir en que uno "escucha ruidos" y no solo los oye, como acentuando nuestra voluntad de ser lo que somos. Pero al mismo tiempo sabemos que el prójimo, siendo distinto, aunque idéntico, es dudoso que sea inteligente, así que hay que machacarle las cosas muy sencillitas para que le entren en la mollera. "Yo es yo"..., pero a ti ni te escucho ni te oigo porque no te enteras de que "tonto es tonto".

En 1913, la escritora Getrude Stein compuso un célebre verso: A rose is a rose is a rose,y ya entonces fue tenida por idiota. No lo era, sabía lo que se hacía. Unas décadas antes, Hegel había afirmado que "A es igual a no-A". Dos modos opuestos de ver el mundo. ¿Cuál es más interesante?

[Publicado el 31/7/2018 a las 12:35]

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Espejo

Vamos por el camino de Argentina y si alguien no lo remedia pronto seremos tan caníbales como los hijos de Perón
 
Fuera bueno en estas vacaciones emplear el ocio para mejorar el negocio. Hay libros que ayudan a elegir ese camino de espinas.
 
El primer premio Nobel del siglo XXI tiene dos nombres, el más común es el de V. S. Naipaul, pero sus aduladores le llaman sir Vidia porque, nacido en isla Trinidad, nunca olvida que es un producto colonial. A un ufano García Márquez que quiso compartir el orgullo de dos caribeños con el Nobel le respondió sir Vidia: "No, García, se equivoca, yo soy un súbdito de Su Majestad".
 
Sir Vidia habla un español perfecto. Vivió años en Argentina y sobre ese país ha escrito páginas memorables. Siempre quiso ser el Diablo Cojuelo de las naciones fatuas. Ha levantado techos africanos, hindúes, latinoamericanos o yanquiscon una agudeza despiadada. Acaba de publicarse un gran conjunto de reportajes bajo el título de El escritor y el mundo (Debate), donde Naipaul despelleja tres continentes. Su especialidad son las naciones fracasadas, como es el caso de Argentina, a la que dedica más de cien páginas en las que no sobra una coma. Esa nación inexistente donde pelean tenazmente los argentinos por ver si al fin se la quedan unos, matan a los otros, y comienzan a levantar un país que hasta ahora solo ha servido para asesinarse mutuamente.
 
Supongo que esta historia les suena. Vamos por el camino de Argentina y si alguien no lo remedia pronto seremos tan caníbales como los hijos de Perón. Razón por la cual les decía al comienzo que hay lecturas capaces de mejorar nuestro juicio acerca de nosotros mismos. A la vista del fracaso de Argentina para ser un país habitable, quizás nos percatemos de que las simplezas ideológicas y la guerra al talento, al trabajo, a la tenacidad, nos pueden convertir en una parodia del Cono Sur.

[Publicado el 24/7/2018 a las 15:18]

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Al refugio

 ¿Dónde podrán refugiarse aquellos que no renuncien a pensar?
 
Un amigo, hombre de extensa cultura, me envía esta frase de Roberto Calasso: "¿Dónde podrán refugiarse aquellos que no renuncien a pensar? Ya no en la universidad. Al pensamiento le sería útil un periodo de ocultamiento, de vida clandestina o camuflada de la que volver a emerger; una situación que podría asemejarse a la de los presocráticos". Este amigo un día se quedó fascinado por la vorágine de Nápoles, sus gentes parlanchinas, su revoltijo callejero, su inmensa belleza. Pasó allí un buen número de años y, cuando finalmente no tuvo más remedio que volver a España, mantuvo una relación amorosa con la vieja ciudad partenopea. Escribió sobre ella y también sobre los napolitanos que visitaron España y ahora, finalmente, ha publicado una novela napolitana. En realidad no es una novela típica, sino una ficción biográfica, aunque verdadera en más de una mitad.
 
Casi todos los turistas estivales lo ignoran, pero en Nápoles llueve mucho. En consecuencia, su flora y sus jardines son espectaculares. Por su situación cría buena parte de la flora europea y otra no desdeñable de la africana, además de su propia flora autóctona. De modo que José Vicente Quirante ha escrito la biografía de un botánico y médico del siglo XVIII, Domenico Cirillo, que amó con pasión la piel de Nápoles y la recorrió como el amante recorre el cuerpo de la amada. Eso le ha permitido al autor vivir en su ciudad durante la redacción del libro, rememorando los aromas, divisando su arco cromático con las cambiantes luces del sol vesubiano y, sobre todo, imaginando sus gentes. El título, Sombra y revolución (Confluencias), sugiere que Cirillo se hundió en la hecatombe revolucionaria.
 

El jardín presocrático. Inmejorable refugio para un pensamiento poético.

 

[Publicado el 17/7/2018 a las 12:01]

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Barojiana

En sus poco más de 80 páginas, 'Los pequeños mundos' de Jon Juaristi recoge el más bello homenaje al País Vasco que he leído en los últimos años.

Como las bicicletas, los libros son para el verano. Ustedes me van a permitir algunas recomendaciones de lecturas veraniegas. Y comenzaré por una joya pequeña, Los pequeños mundos, de Jon Juaristi (Ipso). En sus poco más de ochenta páginas se recoge el más bello homenaje al País Vasco que he leído en los últimos años, pero no al actual, ni siquiera al pasado País Vasco, sino al soñado por Pío Baroja en su novela Las inquietudes de Shanti Andía. He aquí unas vascongadas que ya don Pío hubo de soñar porque no existían ni en su infancia y que ahora vuelve a soñar y recorrer Juaristi en busca de aquel mundo desaparecido antes de que naciera Baroja.

El mundo perdido de Baroja es el de los puertos que recorre Juaristi como quien visita viejos caserones ruinosos en busca de algún indicio, algún signo que los devuelva a la vida. El escritor nombra los puertos como si fueran las palabras de un poema: Fuenterrabía, Pasajes, Orio, Zarauz, Guetaria, Zumaya, Deva, Ondárroa, Lequeitio, el puerto antiguo de San Sebastián. De ellos salieron los pilotos de altura, los marinos mercantes, los pescadores, los navegantes modestos o heroicos, los de cabotaje o transoceánicos. Y entre ellos, claro, Shanti Andía. ¿Qué embarcaciones conoció? ¿Cuáles eran las más usadas? ¿Qué es un bergantín, exactamente? ¿Y una urca holandesa? ¿Y qué se vendía en las covachuelas de "efectos navales" que frecuentaba Shanti? La curiosidad de Juaristi, como la del enamorado, es ilimitada y busca algo imposible, agotarse en el detalle. El autor del magistral El bucle melancólico conoce en profundidad la tristeza de los mundos añorados porque nunca existieron.

El de Baroja era un pequeño mundo soñado, el de Juaristi es un breve gran libro. Perfecta lectura de verano.

[Publicado el 10/7/2018 a las 15:38]

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Piscífilo


No hay hoteles para peces, así que no sé qué será de Gotita cuando yo deba irme.
 

Entramos en el mes de julio y en la diáspora, así que me voy a permitir darle un tono vacacional a estas sesudas columnas con el fin de ayudarles a soportar el ocio. Y empezaré con una de hondo contenido animalista.

Cuando mi mujer y yo llevamos a la niña al espectacular Oceanográfico de Valencia, poco pudimos imaginar que aquello cambiaría nuestras vidas. La niña, como todo cachorro, está muy cerca de los animales y los entiende mejor que los adultos. Son, por así decirlo, sus primos. Cuando vio volar sobre su cabeza a los tiburones nos preguntó con entusiasmo si podíamos comprarle un tiburón como mascota. No quisimos parecer antiguos padres autoritarios así que negociamos una alternativa. De vuelta en Madrid compramos una pecera con oxigenador y algas, más un pez rojo del tamaño de mi dedo índice bautizado de inmediato como Gotita. No la decepcionó porque es muy lista y comprendió de inmediato la buena aunque torpe intención de sus padres, pero, claro, no provocó su euforia. De Gotita nos hemos ido cuidando los mayores.

Últimamente he descubierto que el pez se agita y ejecuta bailes provocadores y un tanto histéricos. Yo lo atribuía a que tenía hambre. ¡Estúpido de mí! El pobre bicho se alegra de vernos y salta como un delfín. Está comprobado: aunque acabe de comer, si aparecemos en su proximidad inicia unas piruetas y convulsiones como de Beyoncé. Y es por afecto.

Las chicas se han ido de vacaciones huyendo del horno madrileño y nos hemos quedado a solas Gotita y yo. Paso algunos momentos hablando con ella. No hay hoteles para peces, así que no sé qué será de Gotita cuando yo deba irme. Abrumado, esta mañana me he descubierto preguntándole con tiento si conocía la crueldad de la vida. Creo que me ha contestado. Resignada.

[Publicado el 03/7/2018 a las 10:28]

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Enseñanzas

 La celebración de un Mundial es ocasión óptima para el estudio antropológico

 Para quienes nunca nos hemos interesado por el fútbol (a pesar de tenerle un respeto imponente), la celebración de un Mundial es ocasión óptima para el estudio antropológico. Así, por ejemplo, debe de ser ya una de las últimas actividades globales de colosal cobertura mediática en la que no intervienen mujeres. Ni una. Injusticia histórica que supongo será remediada en breve. Su causa es la creencia idealista en la dictadura de la Naturaleza. Se supone que los hombres son más robustos que las mujeres y que eso las pone en inferioridad, pero el remedio, como en todas las demás actividades, pasa por una reforma del reglamento. Igual que se ha impuesto lo paritario (qué buen nombre, por cierto) en la política, así también se ha de ir imponiendo en los deportes. Las reglas del fútbol han de cambiar y las mujeres deben incorporarse a los equipos nacionales. ¿O vamos a seguir cayendo en la superstición de que las condiciones naturales no son constructos culturales? En cuanto a mujeres, todo es cultural. 

El comportamiento de los equipos, por otra parte, solo obedece a normas culturales y en absoluto a normas naturales. Así, tuve la suerte de ver el partido España-Irán y fue sumamente didáctico. Los iraníes, siguiendo el uso político y teológico de su país, se cobijaron todos dentro de la portería desde el comienzo. Allí se apiñaban los jugadores como en un funeral islámico, bien apretados y a resguardo. Los españoles embestían de cabeza contra aquel muro inexpugnable como suelen hacer en la vida diaria, en plan testuz. No podía moverse el marcador a menos que (y así sucedió) uno de los apiñados en la portería se equivocara y metiera la pelota dentro de la misma. Error garrafal que nos valió la victoria. Como siempre.

[Publicado el 26/6/2018 a las 10:53]

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Gregarios

Si en el siglo XX era necesario tener un nombre propio para existir socialmente, en el siglo XXI es imprescindible pertenecer a un colectivo


El siglo XX fue un tiempo de fuerte individuación. Aún hoy recordamos cientos de nombres propios: individuos distinguidos en la ciencia, las artes, la política, las finanzas. Hubo miles de nombres propios, excepto en lugares donde solo cabía un manojo: la Unión Soviética, China, Cuba. El nombre del dictador y su cuadrilla aplastaban a millones de individuos innominados. Algunos directores de cine, escasos artistas, unos pocos músicos salieron de allí, selección insignificante frente a las decenas de miles de individuos reconocibles en el mundo libre.

Ahora el tiempo ha forzado un nuevo giro hacia el anonimato. Los nombres propios son hoy efímeros y en abrumadora cantidad surgidos de la industria del espectáculo y la prensa sentimental. Pero este retroceso de lo individual hacia la masa ya no es el resultado de la presencia aplastante de un jefe, sino el efecto de las nuevas identidades gregarias, las únicas que tienen presencia social: oprimidos étnicos, grupos de liberados sexuales, minorías nacionales, géneros maltratados, explotados laborales singulares, humanos de cuerpo infrecuente, élites raciales humilladas y así sucesivamente. Si en el siglo XX era necesario tener un nombre propio para existir socialmente, parece que en el siglo XXI es imprescindible pertenecer a un colectivo si uno quiere obtener presencia social, dinero y gozar de derechos.

¿Es esto bueno?, ¿es malo? Depende del lado en el que caigas. Si aún no te has fundido en una grey agraviada, búscala de inmediato, pero si no encuentras ninguna, no te preocupes. Pronto verás despachos y empresas que otorgarán patentes de novedad oprimida para la explotación de identidades gregarias. Mejor que los partidos.

[Publicado el 19/6/2018 a las 16:51]

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Diferencia

Alemania: ¡Qué energía, qué eficacia, cuánto capital, cuánta voluntad de poder! ¡Qué descanso, vivir en un país sin futuro!
 

En Baviera no han dejado de reconstruir el país ni un solo día en los últimos setenta años. La resurrección de Múnich no se puede detener. Hay miles de empresas ocupadas en esa tarea y aunque la ciudad ya es una joya, no pueden cerrarlas, así que me quedé sin ver lo que buscaba en la Pinacoteca Vieja porque siguen en obras. No por eso la ciudad ha olvidado su populismo. Tampoco pude ver la exposición Winckelmann porque la admirable plaza de la Gliptoteca estaba cerrada para un concierto de heavy metal. Múnich andaba animada de vejetes con camisetas de Iron Maiden o Will to Power ocupando las tabernas y, supongo, los hospitales. Era el momento de visitar la Lenbachhaus, pero la reforma de Foster la ha dejado irreconocible. Reconstruir, reconstruir, reconstruir y tener contentos a los viejos, esa es la misión.

Claro, era la excusa perfecta para escapar de la ciudad y de su barriga abierta por las perforaciones, así que me fui a ver el Walhalla, pero también están reconstruyendo las autopistas. Las de tres o cuatro carriles solo usan dos porque va por los otros una torrentera de enormes camiones que empieza en los Urales y acaba cayendo al Atlántico. Las de dos están colapsadas, por aquí pasa toda la producción del viejo continente.

Densidad de población, de fabricación, de industria, de trabajo, de actividad, de comercio, de riqueza. ¡Qué energía, qué eficacia, cuánto capital, cuánta voluntad de poder! Uno vuelve a España con la ilusión de regresar a un país quietecito, adormilado, improductivo, ineficaz, un lugar ideal para tomarse un refresco rodeado por los charlatanes habituales y luego dormir la siesta arrullado por un mariachi de políticos disparatados. ¡Qué descanso, vivir en un país sin futuro!

[Publicado el 12/6/2018 a las 12:35]

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Bipolar

Nuestra civilización, ahora en trance de mutar en otra desconocida, se construyó sobre un doble esqueleto incompatible. Quizás por eso estamos tan locos. De una parte el esqueleto clásico grecolatino, compuesto por elegante alfarería, desnudos impecables, edificios de simetría deslumbrante. Aunque también por dioses terribles como el criminal Dionisos o el apestoso Apolo. Pero de otra parte estaba nuestro esqueleto bíblico compuesto por nómadas del desierto, hirsutos y barbados, pirámides de adobe, un solo dios incógnito que solo se manifestaba por el habla. Aunque también santos y vírgenes de elevada belleza espiritual y visión celeste.

Por el lado clásico nos tomábamos la vida y sus desdichas de un modo claramente irónico. Los dioses reían o sonreían y los mortales aceptábamos, con una fatalidad trágica, nuestra muerte definitiva y absoluta. Por el lado bíblico no había ni rastro de humor, allí nada sonreía, por el contrario era un mundo de extremada seriedad, compatible con escenas de hermosa sencillez como las mozas que acuden con cántaros a tomar agua del pozo. Inesperadamente, fue en este mundo severo, barbado y desértico, donde se fraguó la conciencia de que no moríamos en absoluto sino que íbamos a vivir eternamente. Dos ánimos discordantes: la risa ática ante la muerte inminente y la seriedad cristiana de una vida eterna, se han ido alternando en la historia de occidente. Hay momentos de gran clasicidad, como la Florencia de los Medici, y otros de imponente rigor bíblico, como la constelación de monasterios románicos en la ruta de la Vía Láctea.


Nuestra vida también es a veces ática y a veces bíblica. Quizás llegó el momento de recomenzar una etapa desértica y eremítica. Un fingimiento de eternidad.

[Publicado el 05/6/2018 a las 16:15]

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Hartazgo

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de vivir un tiempo en algún país europeo, incluido Italia, habrá observado que los políticos profesionales tienen un estatuto social parecido al de los cirujanos, ingenieros o gemólogos. Rara vez se habla de ellos y su figura física es casi desconocida excepto en las más altas instancias, jefe del Estado, presidente, primer ministro, alcaldes de las metrópolis y poca cosa más. Cuando un político de segunda categoría, lo que incluye a los ministros, aparece en la tele o en los diarios, es porque está lidiando con algo excepcional, sea la explosión de una central nuclear, una invasión de langostas o un juicio por pederastia. Nosotros tenemos la enorme dicha de soportar diecisiete presidentes, una montaña de ministros e infinitos políticos sin la menor relevancia, pero presentes en todos los informativos y, cosa sorprendente, en las revistas de peluquería.


Ese gigantesco ejército de pasiones, codicias, narcisismos, ambiciones, frustraciones, vanidades, envidias, conspiraciones, cainismos, jactancias, delincuencias y majaderías hace imposible tomarse la sopa sin antes sacar con la cuchara dos concejales, tres secretarios, una vicepresidenta y cinco miembros de la oposición pataleando. En España los políticos gozan de un entusiasmo popular solo comparable al de los futbolistas y sus señoras, ahora que los toreros son un objeto de lujo. Es el único país del ámbito civilizado en el que un político convoca a las masas para que decidan si debe comprarse un ferrari, adoptar un perro o dejar de fumar. El ansia de protagonismo de los políticos, su megalomanía, es tan desaforada que ni siquiera se percatan del espantoso ridículo que harían en cualquier país civilizado. Los belgas ya se van dando cuenta.


[Publicado el 30/5/2018 a las 09:00]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) es su último libro.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 




 

Ensayo

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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