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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 26 de febrero de 2020

 Blog de Félix de Azúa

Yo no soy yo


Únicamente el tiempo es capaz de agotar a los nacionalistas cuando su obsesión cambia de rumbo e inventa otro enemigo
 

El nacionalismo es una ideología venenosa que como el gas mostaza provoca ceguera y se expande a enorme velocidad. Su fuerza tiene un fundamento religioso: propone la supremacía de una minoría social elegida por Dios y agraviada por los hombres. Así que se presenta con la frase fatal: "No me dejan ser lo que soy". Ese agravio necesita un agraviante, de modo que todo nacionalismo se levanta sobre un malvado que debe ser abatido. Que sea o no culpable del agravio no es importante. Lo relevante es determinarlo con precisión: judíos, moros, españoles, machos, inmigrantes, charnegos, fachas, es el monstruo de los mil nombres inventados por el nacionalismo.

No puede combatirse el nacionalismo mediante el diálogo o la reflexión razonable, como no puede razonarse con el creyente religioso. Solo se le puede contener mediante el ahogo económico para limitar su poder destructivo. Únicamente el tiempo es capaz de agotar a los nacionalistas cuando su obsesión cambia de rumbo e inventa otro enemigo.

Lo grave es que el nacionalismo responde a una ruina identitaria y las catástrofes de la identidad no tienen arreglo si el individuo no se supera a sí mismo. Los nuestros son tiempos de agravio permanente porque son tiempos de nula identidad. Quienes exigen el reconocimiento de una identidad sexual, nacional, lingüística, animalista, religiosa, de género o de clase solo pueden crecer allí donde alguna gente se siente anulada por el mando global. Y eso no tiene remedio porque, aunque se les diga que su identidad es solo lo que ya son, ellos creen que eso no es nada. Por tanto, son insaciables. Si lograran lo que exigen, se quedarían de nuevo a solas ante la nada de su ser, pero cada concesión es una señal de que Dios los ama. El bucle.

[Publicado el 25/2/2020 a las 15:24]

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Cuento


Algo parecido a una plaga ataca a nuestros ciudadanos. Las gentes van cayendo en el estupor opiáceo y se convierten en zombis ideológicos
 

La peste negra llegó a las montañas de Bohemia y comenzó la muerte masiva que iba despoblando las aldeas y dejando cadáveres por los caminos. Como dice el autor, los hijos ya no amaban a sus padres, ni estos a sus hijos, solo arrojaban los cuerpos a la fosa común y salían huyendo. En una de esas aldeas vivía la familia de un destilador de resina que, espantada, emprendió el ascenso de la montaña más alta de la zona para llegar allí donde ningún humano había puesto los pies, único lugar que quizás se viera libre de la plaga. Subieron hasta la roca del Hutfels, el lindero de un bosque que aún se conserva como fue creado. Pero era inútil tratar de escapar al castigo. Pocas semanas más tarde había muerto toda la familia menos el hijo pequeño.

Con gran ingenio, el muchacho se las arregló para subsistir, alimentarse, guarecerse y pasar meses y meses, hasta que un día, buscando zarzamoras, encontró el cuerpo casi sin vida de una niña. Sin duda, había sido abandonada por parientes que huían y no podían cargar con la enferma. Este es el comienzo del cuento Granito, que, con otros cinco minerales, compone el libro Piedras de colores que en 1850 escribió Adalbert Stifter (Pre-Textos). Unas narraciones que fueron alabadas por Goethe, Nietzsche, Mann y, últimamente, Peter Handke.

No estamos en una situación tan cruel como para compararla con la peste negra, pero algo parecido a una plaga ataca a nuestros ciudadanos. Las gentes van cayendo en el estupor opiáceo y se convierten en zombis ideológicos. Así que, al igual que los héroes del Decamerón, quizás no sea mal momento para que los supervivientes se reúnan a leer o contar historias fantásticas, sabias y entretenidas. El libro de Stifter es muy adecuado y nunca se había traducido al español.

[Publicado el 18/2/2020 a las 14:58]

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¡Qué buenos son!


Quienes más temen a la verdad son aquellos que viven de la bondad subvencionada
 

Por decir la verdad le han metido una bronca fenomenal a Borrell, uno de los últimos socialistas que conserva vivo el seso. No son buenos tiempos para la verdad. En 10 años el valor financiero de la mentira ha ido subiendo hasta romper todos los techos. La mentira es enormemente rentable. Con mentiras se alzan presidentes, con mentiras se rompe la Unión Europea, con mentiras los bancos se arman de policías cabrones, con mentiras se destruye a la oposición, con mentiras se presentan currículos y doctorados sublimes, con mentiras se hacen naciones. La mentira es una inversión sin riesgo y con altísimos beneficios.

¿Qué dijo Borrell? Nada dijo, solo se preguntó si los magnánimos defensores del clima terrestre sabían lo que eso iba a costar. Añadió algo curioso: si se llevaran a cabo los planes de Los Verdes alemanes habría que cerrar las minas de carbón polacas y escupir al paro a miles de familias. Ante una verdad semejante, los compasivos Verdes se lanzaron contra Borrell, la bondad mostró sus colmillos, e incluso las autoridades europeas sintieron temblar sus sillones y amonestaron al socialista. ¡Cómo se atrevía ese hombre del sur a decir la verdad! A los votantes hay que mentirles, a los ciudadanos hay que engañarles, a los jóvenes hay que tenerlos entretenidos.

Sin embargo, si alguien se toma en serio el cambio climático es aquel que sabe cuánto va a costar y se adelanta a las violentas algaradas de la población cuando se reduzcan aviones o coches. Hay algo temible en nuestras sociedades. Quienes más temen a la verdad son aquellos que viven de la bondad subvencionada. Las almas bellas, los compasivos profesionales, no soportan la verdad porque destruye sus sueños narcisistas y arruina sus negocios.

[Publicado el 11/2/2020 a las 11:14]

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Good Bye


La separación del Reino Unido (pronto desunido) favorece solo a ciertos financieros y a esa oligarquía que hará de la isla una finca para superricos
 

A Hitler no lo derrotó Gran Bretaña. Fue más bien el colosal esfuerzo industrial americano (que supuso, por cierto, la incorporación de las mujeres al trabajo severo), junto con el arrojo de los soldados anglosajones, lo que venció al disciplinado, sacrificado, tonto, pero admirable Ejército alemán, con la inestimable ayuda del invierno ruso y sus millones de cadáveres.

Aquella fue la Gran Bretaña que amamos, la de los soldados audaces, la de los heroicos servicios hospitalarios en el frente, la de la honra de los mutilados, todos ellos empujados por la colosal bravura de Churchill, uno de los últimos políticos adultos que ha dado Europa. Yo conocí aquella Inglaterra de los primeros años sesenta del siglo pasado, aún renqueante, aún empobrecida, casi arruinada, y la amé sin reservas.

Olvidamos, sin embargo, que buena parte de las finanzas y una mayoría de la nobleza apoyó a Hitler hasta que estalló la guerra. Entre otros, los Windsor. Las clases dirigentes inglesas eran odiosas: clasistas, chovinistas, vanidosas, racistas y analfabetas. Churchill tuvo que luchar contra sus amigos y contra sus pares, solo contó con el apoyo de una población que aún entonces conservaba el orgullo del valor y la honra.

Para nuestra desdicha, los herederos de aquella parte de la clase dirigente son los que han llevado a cabo la estafa más artera desde la II Guerra Mundial. La separación del Reino Unido (pronto desunido) favorece solo a esos financieros y a esa oligarquía que hará de la isla una finca para superricos, un centro de blanqueo (ya lo es) y, muy probablemente, un país al borde de la delincuencia internacional. Para lo cual explotan de nuevo el patriotismo de los pobres, pero ahora para convertirlos en miserables.

[Publicado el 04/2/2020 a las 15:19]

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La corrección


¿Cómo se ha podido extender la sandez de un modo tan eficaz?
 

Creo que la creciente irritación que sienten los ciudadanos contra la casta dirigente no se debe a ideologías cada vez más fúnebres, como el bolivarismo, el peronismo o el socialismo reaccionario, es decir, nacionalista. Creo que la irritación crece por la estupidez de las doctrinas. Es más dura de aguantar la sandez que la deshonestidad. A eso me refería el otro día cuando comparaba a los franquistas, casi analfabetos, con los actuales propagandistas de la fe. No es un fenómeno sólo español, sino internacional. Incluso yo diría que los grupos más infectados de ideología norteamericana son los que someten a los ciudadanos a las peores majaderías anglosajonas.

Un amigo me envió la foto del cartel que alerta a los visitantes que entran en una exposición de la Tate Modern. Traduzco: "Aviso sobre contenidos. El arte de William Blake contiene duras y a veces provocativas imágenes que incluyen escenas de violencia y sufrimiento. Por favor, diríjase a algún miembro del equipo si desea más información". Pueden ustedes ver el original por Internet buscando el Daily Mail del 25 de enero. Es sólo un ejemplo entre mil. ¡William Blake! ¿Qué no dirían de Goya?

¿Cómo se ha podido extender la sandez de un modo tan eficaz? Aún es pronto para saberlo, pero sin duda el abandono de la vieja lucha ilustrada por la ciencia, el saber, la verdad, la libertad, la justicia, la honradez y todo cuanto defendieron en su día los ilustrados europeos y americanos, ha conducido a la ruina. Los partidos, en especial los de izquierdas, han de seguir cultivando su labor doctrinal y clerical para la que fueron creados, pero ajenos a la justicia, la verdad y la libertad, tratan de imponer las bobadas populistas anglosajonas. El nuevo modelo de represión.

[Publicado el 28/1/2020 a las 13:28]

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Recomendación


Mucho ojo, porque detrás de cada metete hay un guardia de la porra
 

Vivir bajo el caudillaje de Franco tenía graves inconvenientes, pero gozaba de una ventaja: si hacías todo lo que te mandaban, no te pasaba nada. Era muy simple, se trataba de obedecer. En algunos asuntos no costaba mucho, había que creer en la sabiduría de los ministros, someterse ciegamente a las autoridades, no salir a la calle con pancartas diabólicas, y así sucesivamente. Había otras, sin embargo, que eran más arduas de cumplir. Aguantar las lecciones de Formación al Espíritu Nacional era duro, y las de Religión un pestiñazo. Más duro aún obedecer órdenes antojadizas. No les gustaba que los chicos llevaran el pelo largo, era gente que tenía algo contra el pelo masculino. Les disgustaba que las chicas usaran faldas cortas o camisas abiertas o piernas sin medias. En fin, había una enorme cantidad de deberes muy crueles de cumplir porque eran idiotas. Jurar los Principios del Movimiento lo hacía cualquiera, pero raparse el pelo a cepillo era una humillación.

Una palabra casi desaparecida designaba a este tipo de gente, eran los metetes. La señora que miraba indignada a otra que entraba en la iglesia sin pañuelo, el caballero que se chivaba al policía de que unos chicos decían palabrotas, la dama que paraba la música porque la gente bailaba apretada, estos eran los metetes. La tradición española de metetes es descomunal porque aquí a una religión le sucede otra. A veces se atenúa, pero vuelve con más fuerza. Así que les daré un consejo a las madres murcianas. Obedezcan, agachen la cabeza, se sometan. De momento las autoridades ya las han tachado de "homófobas" y "fascistas". Pueden imaginar que los metetes no se van a contentar con eso. Mucho ojo, porque detrás de cada metete hay un guardia de la porra.

[Publicado el 21/1/2020 a las 18:45]

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¡Ánimo!


Temo el día en que un anuncio de compresas me interrumpa la lectura de Marx y Engels
 

Ahora que tenemos a un comunista al frente del Ministerio de Consumo, ocurrencia en verdad homérica, es el momento de entrar a cuchillo en la industria más alienante (¡qué hermoso adjetivo!) del capitalismo tardío, colonial e imperial. Me refiero, claro, a la publicidad.

Mi historia con la publicidad es de manual. La amo, no quiero arriesgarme a ser fusilado. La publicidad es la actividad más sustancial, global, estratégica y nuclear del capitalismo tardío, etcétera. Atacar a la publicidad es como aserrarle una pierna a Messi. Todo se viene abajo. Así que, una vez creo haber salvado la vida declarando mi amor por la publicidad, paso a contarles lo que debo agradecer a esa práctica vital del capitalismo.

Dejé de ver televisión porque cortan los programas a lo bestia, en medio de una frase y durante un cuarto de hora. Últimamente rompen la película en el momento en que el asesino va a matar a la chica. Dejé de oír la radio cuando descubrí que en mis programas favoritos había más anuncios que información. Me fui a las radios estatales, pero eran todas ellas mera publicidad de mercancías gubernamentales. Me han dicho que ahora en el cine hay publicidad hasta media hora antes de que comience la película, pero hace años que no hago cola a la intemperie. Y los periódicos, como saben, no pueden sobrevivir sin la publicidad, de modo que regalan productos repletos de anuncios como si fueran una tómbola.

En resumen, gracias a la publicidad, ahora cuido el silencio, pienso un poco, hablo con la familia, leo libros y únicamente temo el día en que un anuncio de compresas me interrumpa la lectura de Marx y Engels. Por eso confío en los principios del señor ministro: él sabe que el mayor enemigo del pueblo no es la banca, es la publicidad. Puro opio.

[Publicado el 14/1/2020 a las 08:21]

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Mal tiempo


Contra la rabia, el odio, etc., quizás el estilo de Handke sea lo más parecido a nuestro tiempo cuando es bueno: un airecillo que apenas se mueve entre los don nadie
 

El azar ha querido que la columna anterior coincidiera con la Nochevieja y la anterior a la anterior con la Nochebuena. Este martes de hoy no sé cómo calificar la noche que nos aguarda, si buena, mala, vieja o difunta. En todo caso, será difícil dormir, como presagiaba el señor Sánchez.

El oficio de columnista se ha puesto muy duro. Cuando los tiempos son bonancibles y hay un mínimo acuerdo entre las gentes para dedicarse cada cual a lo suyo y dejar los negocios del Estado en manos de quienes sepan, las columnas pueden entonces hablar del parchís, de la sopa de pistones, los suicidios rituales y las sinfonías de Schumann. Pero cuando no hay consenso ninguno y todo lo domina la rabia, la venganza, el odio, la desesperación y el desprecio, no hay modo de escribir algo que haga más llevadera la lectura del diario. Y a eso hemos llegado. De quién sea la culpa es algo en lo que no conviene entrar porque lo cierto es que la culpa es de los votantes, pero no se puede decir.

Así que les voy a hablar de una novela de Peter Handke que se llama La ladrona de fruta (Alianza) en la que no sucede nada, no hay argumento, tampoco hay personajes y los que hay no tienen contenido ninguno. La novela transcurre a lo largo de unos días y el verdadero protagonista es el paso del tiempo, su tranquilo sucederse, el flujo de trivialidades que constituye la parte buena de nuestras vidas. El estilo de Handke, tan fluido, sin construir y sin apenas más juego que las palabras mismas, se asemeja al tiempo de los personajes de la novela, un airecillo que transcurre y atraviesa a unos don nadie. Contra la rabia, el odio, etcétera, quizás sea lo más parecido a nuestro tiempo cuando es bueno: un airecillo que apenas se mueve entre los don nadie. A lo mejor por eso le dieron el Nobel.

[Publicado el 07/1/2020 a las 15:57]

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Mala mejora


No hay que hacer propósitos de año nuevo, sobre todo si son para progresar
 

Si el martes pasado pude desearles una honesta Nochebuena, este martes me toca anunciarles un año nuevo que nos va a permitir dormir entre nubes doradas con una condición: no hagan buenos propósitos o proyectos formidables; con seguir como estamos, ya será suficiente.

El tiempo cambia a velocidad de vértigo. En mi tren, un Alvia que me llevaba a Oviedo con media hora de retraso y los lavabos cerrados por suciedad, la película se cortaba de tal modo que estaba uno feliz de no verla. Me puse a leer otro Simenon de los años treinta. Era una novela normanda de cielos plomizos, lluvia agobiante, interiores gélidos, en fin, un clásico. La intriga era compleja porque el asesino tenía un doble exacto: su hermano gemelo, igualmente criminal. En el siglo pasado no cabía emplear el móvil, Internet, televisores, comunicaciones instantáneas con todo el globo o recibir resultados de ADN y demás artilugios que hacen hoy la pesquisa policial un asunto de laboratorio. En la novela de Simenon el policía tenía que perseguir al criminal por Bélgica, Alemania y Francia pegado a sus talones, esperar cientos de horas empapándose de lluvia fina y conseguir pruebas casi por milagro. El tiempo fluía con lentitud reflexiva.

Al llegar a Oviedo me fui al Museo de Bellas Artes porque Simenon me había traído a la memoria un beruete con el arrabal de Toledo pintado en 1901. A nadie le habían interesado esos yermos descampados hasta que los pintó Beruete. Un asombro. Había inventado el arrabal urbano, como Baroja y sin Internet.

No hay que hacer propósitos de año nuevo, sobre todo si son para progresar. Abominen del progreso. Bastará con que lo que hay sirva para algo y que tanto nosotros como los trenes tengamos las instalaciones en buen estado.

 

[Publicado el 31/12/2019 a las 15:45]

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Stille Nacht

No sé qué es peor, si el silencio pío y culposo de los nórdicos, o la bulla de los españoles.
 

Esta noche es Nochebuena y mañana, Navidad, de modo que olvidemos de momento la sólida maceta de cactus que nos va a caer sobre el occipucio este próximo año. Aguantaremos. ¿En silencio o aullando?

Hoy debiera ser noche de paz y silencio, según rezan las canciones de los países luteranos. En el nuestro, por el contrario, en Nochebuena se le pide a la prójima eso de "saca la bota, María, que me voy a emborrachar". Ni en Navidad tiene nuestro país paz y silencio, aunque sí enjambres de borrachos gritando su desesperación goyesca. No sé qué es peor, si el silencio pío y culposo de los nórdicos, o la bulla de los españoles.

En tiempos de Franco, las injusticias eran brutales, la represión, asfixiante, las leyes, criminales, pero nadie atendía en verdad a los discursos oficiales, nadie participaba de las palabras del Régimen a menos que estuviera sometido a un sueldo. El aspecto de las autoridades, cubiertas por pesados gabanes grises y sombreros con horma de hierro, un equipaje similar al de la plaza Roja de Moscú, no interesaba más que a una parte de la población emparentada con los cabecillas. Así que el silencio de los fantasmas, vasallos del dictador, envolvía y congelaba como estatuas de hielo a las autoridades. En cambio, en los barrios obreros la borrachera era un alivio ante el hastío de una fiesta sin más horizonte que el muro ciego de policías y obispos.

En tiempos de Franco lo peor, sin embargo, no eran las leyes o la represión; lo peor era la estulticia que sudaba la vida cotidiana como un gas venenoso, la intolerable sandez de cuanto tenía relación con la vida nacional, oficial e institucional. Es posible que nos vayamos acercando a aquel tedio nacionalista, de modo que puede usted elegir por sí mismo: silencio o curda.

[Publicado el 24/12/2019 a las 08:45]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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