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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 15 de octubre de 2019

 Blog de Félix de Azúa

La eternidad

El Serrano real tocaba a dúo una pieza con el Serrano extinguido y las dos músicas se convertían en una sola música
 

Inesperadamente, en ocasiones, una esquina de la vida se desgarra como un velo ante nuestros ojos y vislumbramos por la grieta lo que no puede ni debe verse. Me explicaré.

Tiene el Teatro Real de Madrid una actividad admirable que no sé si comparte con otros teatros de ópera. Es un taller musical para niños titulado ¡Todos a la Gayarre! Allí se instruye a las criaturas, con juegos y veras, sobre la ópera que está en cartel. Tiene un éxito rotundo. El otro día mi hija, al cumplir los siete años, me invitó a la función.

Se trataba de un introito al Don Carlo de Verdi usando como excusa el retablo de El jardín de las Delicias. El profesor Fernando Palacios, a quien los infantes adoran, presentó a un virtuoso de la armónica, Antonio Serrano (inmenso), que fue poniendo música a cada una de las figuras, cuentos, arias y situaciones del espectáculo. El virtuoso usó una docena de armónicas y pasaba de unas a otras con una elegancia emocionante.

Y de pronto la realidad se rasgó como una cortina. El profesor proyectó un YouTube de Serrano: una entrevista de 1990 cuando éste tenía 16 años. En el reportaje tocaba el joven una difícil pieza de exhibición y lo estábamos admirando en la pantalla cuando surgió el milagro. El Serrano realmente existente se puso a acompañar a su propio pasado del año 1990. El Serrano real tocaba a dúo una pieza con el Serrano extinguido y las dos músicas se convertían en una sola música. Me pareció que el joven Serrano volvía del mundo de los muertos para saludar al Serrano vivo y que ambos se ponían a hacer música para celebrar que nada muere. En un abrazo eterno la música unía el pasado difunto con el vivo presente de los vivos. Habría querido bailar. Salimos felices y nos tomamos un helado a dos cucharitas.

[Publicado el 15/10/2019 a las 10:46]

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Burla y urnas

Negar a los liberales democráticos es una grosería, también lo es que Rivera acepte lo que ha estado negando durante un año
 

Dentro de pocas semanas habrá que acercarse a votar. Incluso quienes se hayan jurado no hacerlo, lo harán. Es difícil abstenerse del único vicio nacional aún permitido. Nunca se sabe lo que durará. La política en España es burda, de brochazo, de uñero. Hace unos días oí dos noticias. En una, Rivera (ya era hora) decía que si era preciso pactaría con Sánchez. En otra, decía Sánchez que nunca pactaría con un tipo que había pactado con la ultraderecha. Eran varias groserías. Es notorio que Sánchez prefiere pactar con los herederos del terrorismo vasco o con los nacionalitarios catalanes. Negar a los liberales democráticos es una grosería, pero también lo es que ahora Rivera acepte lo que ha estado negando obstinadamente durante un año. Políticos toscos.

La política española no es un espectáculo, es una farsa. Uso la palabra en el sentido que le da José Luis Pardo en otro de sus ineludibles artículos, el titulado Tragedia y farsa del socialismo científico en la revista Letras Libres, una de las pocas que aún tratan con seriedad a la cultura seria. Es un artículo que debería divulgarse, estudiarse, discutirse en la universidad porque expresa con limpia claridad el paso de la izquierda clásica (la tragedia de la lucha de clases) a la izquierda reaccionaria (la farsa de las identidades). Los agravios nacionales, de género, de especie, de genética, de cultura, de lengua o de tribu, sirven para crear múltiples empleos, decenas de departamentos universitarios y servicios burocráticos. Clérigos y agraviados.

Esta mutación convierte en una farsa la diferencia entre derechas e izquierdas. Se trata, tan solo, de tácticas mercantiles para la toma del poder, es decir, del capital, vendiendo identidades.

[Publicado el 08/10/2019 a las 15:10]

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El megalómano


Ayer me pareció entrever y medio oír una noticia según la cual un señor se quejaba de que la Guardia Civil le visitaba sin llamar al timbre
 

Un catarrazo me ha destruido el cerebro y otras partes sustanciales del cuerpo. Cuando estás febril y con los animales (pulmones, estómago, ojos, laringe) en rebeldía, por lo menos yo tiendo a sufrir alucinaciones. Así que ayer me pareció entrever y medio oír una noticia según la cual un señor se quejaba de que la Guardia Civil le visitaba sin llamar al timbre. "¡Estoy harto, decía, de que nos despierten golpeando la puerta de madrugada!". Usaba un plural poco convincente. No se sabía a quién había despertado la Guardia Civil ni por qué. Deduje que era una escena de alguna película sobre el Holocausto y que quien se quejaba era un judío del gueto de Varsovia.

Luego me fijé un poco más y vi entre nubes a un señor gordito, con el pelo de persiana y lo reconocí de inmediato. Era el mismo que pocos meses antes había dicho que era Mandela y un poco antes que era Gandhi y antes que era el acorazado Potemkin. Bien, pensé, este hombre no está en sus cabales, pero es que tiene muchísimos problemas para llegar a fin de mes y pierde la cabeza. Como yo, pero sin el catarro. Me fijé un poco más y retrocedí espantado. A quien de verdad se parecía es a la señora Doubtfire, con gafas y todo. Un personaje más acorde con su posición ante la historia.

Pero luego me enfadé. ¿Cómo se atreve este funcionario que instruye a los matones (apreteu, apreteu!), cómo osa compararse con la dulce y sensible Ana Frank? ¿No está humillando a los judíos aterrorizados por tipos como él durante el dominio de los nacionalistas alemanes? Recordé a Shostakóvich, ovillado al pie de la escalera, de madrugada, muerto de frío, a la espera de los esbirros de Stalin que vendrían a buscarle en cualquier momento. Resígnese a su papel histórico, señora Doubtfire, y deje de hacer el ganso.

[Publicado el 01/10/2019 a las 16:27]

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Ventas


Redúzcase a una tercera parte el sueldo de sus señorías cuando no están gobernando. Verán como hay Gobierno en dos meses 
 
 
Tiene mucha razón el antropólogo Carlos Granés, en su reciente Salvajes de una nueva época, al identificar el así llamado arte actual y la política. Ambos están en constante oferta de fórmulas salvadoras o denuncias radicales, pero solo con el fin de que alguien les compre la mercancía, sea en forma de subvenciones, sea como clientela que acude al espectáculo.
 

Las próximas elecciones tienen algo de reestreno artístico. Se parecen mucho a una cualquiera de las exposiciones de arte actual que tienen lugar en los museos dedicados a este pormenor en cualquier ciudad del mundo. Todas están compuestas por terribles desafíos, denuncias e indignaciones que nadie se toma en serio y sirven para ocupar el ocio dominical de las familias burguesas. Así también vamos ahora a sufrir a unos partidos políticos que tienen que vendernos un material de refrito, algo averiado, y aunque todos sabemos que son una sarta de embelecos y frivolidades, en algo habrá que ocupar el domingo 10 de noviembre.

Granés presenta el ejemplo perfecto de esta confluencia entre arte y política: el golpe de Estado catalán, construido por los publicistas del nacionalismo. Fue una enorme performance que atrajo mucha clientela entre las gentes de clase media y del agro. Acabado el espectáculo queda el problema de desmontar las tiendas, quitar los cartelones y aliviar a los heridos por accidentes circenses. Todos quieren olvidarlo, sobre todo los publicistas. Persisten solo los que no tienen otra fuente de ingresos.

Sí, es una buena idea para evitar absurdos como el de estos meses pasados, tan artísticos como tediosos. Redúzcase por ley a una tercera parte el sueldo de sus señorías cuando no están gobernando. Verán como hay Gobierno en dos meses.

[Publicado el 24/9/2019 a las 16:18]

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Tenorio


Como se comprueba en los cinco dramas editados por Carmen Becerra, el mito del seductor tiene una diferencia esencial frente a los babosos tipo Oliver Stone o Harvey Weinstein
 

¿Cómo juzgarán hoy en día algunas mujeres a ese personaje secular, Don Juan? ¿Con mayor severidad que antaño? No estoy seguro. Según Carmen Becerra, autora de un interesante prólogo a la edición de cinco obras sobre el celebrado sinvergüenza (El mito de Don Juan, Biblioteca Castro), la evolución del personaje a lo largo de dos siglos, desde Tirso de Molina hasta Espronceda, nunca es complaciente. O bien se le condena a los fuegos eternos o bien se le ajusticia, pero nunca hay benevolencia. En el mejor de los casos, el Don Giovanni de Mozart y el poema de Espronceda, el diabólico personaje es malvado por desorden mental y acoge el castigo con entusiasmo. El Comendador le evitará a don Giovanni tener que fatigarse hasta la extenuación seduciendo doncellas a una edad inadecuada. Ese era también el contenido del Casanovade Fellini, un viejo seductor obligado a mantener el tipo, como un pistolero del Oeste tenazmente desafiado, harto ya de sí mismo y de las mujeres.

Como se comprueba en los cinco dramas editados por Carmen Becerra, algunos perfectamente desconocidos (¿quién ha leído La venganza en el sepulcro de Alonso de Córdova?), el mito del seductor tiene una diferencia esencial frente a los babosos tipo Oliver Stone o Harvey Weinstein y es que, en realidad, lo que les gusta no es el sexo con mujeres, sino la transgresión por y en sí misma. Son verdaderos parientes del Don Juan de Byron y otros románticos burgueses fascinados por el mal. Unos tipos abnegados, en su condición de malvados profesionales, que no tienen más remedio que rebelarse todo el santo día, negar, insultar, hostigar, transgredir y demás cualidades que actualmente exhiben al completo los artistas subvencionados y los niños antisistema.

[Publicado el 17/9/2019 a las 16:18]

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Asalariados


Es curioso: los únicos que siguen trabajando, cada vez en mayor número y con sueldos cada vez más altos, son los políticos
 

La semana anterior me refería a la desaparición de lo complejo, lo difícil, lo que exige esfuerzo, y a la imparable simplificación de nuestras vidas. Pero junto a lo simple en las artes, la política, la universidad o las comunicaciones, faltaba una sección esencial: el trabajo.

Un amigo bancario me comentó que los bancos están ya preparando la desaparición del trato personal. Los que no tenemos más remedio que dejar nuestra nómina o facturas en los cofres de los bancos vamos a tener que trabajar para sustituir al personal de la banca. Algunas entidades han cerrado ya un buen número de oficinas y es notable que no conozcamos un análisis de ese cierre. Mi banco, por ejemplo, ha eliminado dos oficinas en el barrio y nos obliga a caminar hasta la que a ellos les interesa. Pero incluso esa dejará de atender al público y todas las operaciones las haremos con maquinitas.

Cada vez hay menos trabajo, cada vez son menos necesarios los trabajadores y los que aún trabajan se ven condenados a subsistir con sueldos cada vez más miserables y provisionales. Eso quiere decir, sencillamente, que sobra mano de obra o fuerza de trabajo, como se la llamaba antes. A medida que se expande la tecno, cada vez sobran más.

Ante esta situación se suponía que emergería la presión de la izquierda y los sindicatos, pero no pueden hacer nada. Los sindicatos solo protegen a quien ya trabaja, como se vio con las huelgas contra la población que iba o volvía de vacaciones. Y la izquierda solo exige caprichos y antojos de minorías, copiados de los campus norteamericanos políticamente correctos. Es curioso: los únicos que siguen trabajando, cada vez en mayor número y con sueldos cada vez más altos, son los políticos. Y cada día hay más partidos de izquierdas.

[Publicado el 10/9/2019 a las 15:27]

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Coros y danzas


Vamos a una cultura de militante simpleza en las artes, en las letras, en la política, en la economía, en las actividades que antes traían una cierta complejidad.
 

Me fui a las carreras de Sanlúcar. Pocas escenas son tan cautivadoras como una potrada a galope loco aplastando la arena ribereña del Atlántico. Pasan en tromba ante la tribuna y se dirigen hacia el sol rojo que se va poniendo despacio, no vaya a perderse el final de la lucha. Unas olas mansas se suceden como caricias en severo contraste con los caballos desbocados. Es el coro que va diciendo cuán locos estamos los humanos.

Hace unas décadas esta era una fiesta casi doméstica frecuentada por las familias de la bahía y algunos curiosos entre los que figuraba, claro, Fernando Savater. Es ahora un espectáculo de masas. El taxista me dijo que se calculan unos 10.000 los que se apiñan en la gran playa. La belleza equina y el paisaje siguen siendo soberbios, pero la fiesta es ya tan prosaica como un partido de fútbol.

Esta ha sido la mejor escena de un verano en el que he podido constatar cómo se disuelven en el aire los escenarios complejos. Todo va alcanzando su nivel masivo de simplicidad. Si un elemento impone alguna dificultad o exige concentración, reflexión y juicio, es eliminado sin piedad. Vamos a una cultura de militante simpleza en las artes, en las letras, en la política, en la economía, en las actividades que antes traían una cierta complejidad como el sexo o la disputa de ideas. La meta es el aprobado general.

A ese mundo simple se va amoldando la máquina política en las democracias que hace unos años aún proponían programas esforzados o de alguna hondura. Hoy solo apuestan por el más mezquino nacionalismo, justo cuando todas las naciones se igualan. Al llegar a Madrid me entero de que desaparece la gran Revista de libros. A los de mi quinta se les ofrece un mundo dirigido por gente en traje folclórico.

[Publicado el 03/9/2019 a las 15:38]

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La especie

Hacía un siglo que no pisaba una piscina populosa. Este año pude hacerlo y me ha quedado un cálido sentimiento de ternura. En las piscinas de los grandes hoteles se junta una muestra exacta del género humano en versión democrática. Casi desnudos, sin máquinas que los distingan, los teléfonos son todos iguales y los clientes del hotel, también.

El espectro es antropológico. Van primero los niños chiquitos, sin movilidad, frágiles, agarrados a sus madres y con los ojos muy abiertos. Vienen luego los niños propiamente dichos, lo mejor de la especie, los cachorros prístinos, perfectos, vivísimos. Son originales, imprevisibles y escandalosos. No lo hacen adrede, pero molestan todo cuanto pueden. Sus padres sueltan incoherencias como: "¡Ven aquí, que te voy a dar un azote!", y los niños van, aunque sea haciendo mohines. ¡Como lluvia de estío!

Lo que sigue son los adolescentes, arrogantes, tímidos, incompletos, soberbios, aplastados por su inseguridad y por la obligación que les ha caído de golpe: seducir. Lo intentan, aterrados por el fracaso, pero cuando se sosiegan son la belleza misma. Sus padres, que se los miran con temor y orgullo, soportan ahora la carga más desgraciada, tienen que dar de comer, vestir, cobijar y contentar a toda la familia. Tarea ímproba y sin reconocimiento. Todos son iguales, aunque ciertos caracteres secundarios distingan a un ruso (un tercio de carne más) de un italiano (fino, moreno, peludo), son diferencias triviales. Y luego ya, en el último tramo, los abuelos, tipos sin futuro, sin agobios, sin angustias, a quienes todos ignoran menos los niños, y eso les basta.

Hay que reconocerlo. La especie humana es admirable y magnífica solo cuando está en pelotas. Gocen de la piscina y hasta septiembre. 

[Publicado el 30/7/2019 a las 09:55]

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Epistolario


En esta correspondencia están todos los elementos de la seducción internauta, incluida la sexualidad explícita. Todos, excepto la maldad
 

Con cierta frecuencia se producen seducciones en la Red que acaban de modo violento. Suelen aparecer en los papeles como "crimen machista". Sin embargo, la seducción epistolar tiene una fecunda tradición, casi nunca con un final pérfido mientras las palabras iban en papel. Es como si el medio decretara la maldad del mensaje actual. Aquellos que poseen instinto predatorio han encontrado en Internet un cazadero ideal.

He leído que hace pocos meses se han editado las cartas que remitió Rilke a una desconocida de 18 años, Erika Mitterer, como respuesta a un primer envío de la muchacha en 1924 (Insel Verlag). Rilke, residente en el sanatorio de Valmont, en Suiza, sabía que estaba muriendo de leucemia. Contaba 48 años y duraría unos pocos meses. La diferencia de 30 años no intimidó a la muchacha y el intercambio fue cada vez más abiertamente erótico por ambas partes. Sin duda Erika habría deseado entregarse a Rilke, pero este, por su exigua salud, por respeto a la inmadurez de Erika, o quizás porque en realidad solo le seducía una relación poética, nunca permitió el encuentro. Gracias a esa tensión, en una de sus cartas escribió Rilke el que quizás fuera su último gran poema. No obstante, nada puede oponerse a la terquedad de la pasión, así que en noviembre de 1925 Erika se presentó en el sanatorio sin avisar. Rilke la acogió con agrado, dieron paseos, hablaron, rieron, dice Erika, como niños, y se despidieron para siempre dándose la mano.

En esta correspondencia están todos los elementos de la seducción internauta, incluida la sexualidad explícita. Todos, excepto la maldad. No parece que las cartas eróticas inclinaran a la violencia tanto como lo hacen los mensajes electrónicos. El papel salva.

[Publicado el 23/7/2019 a las 15:52]

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Rituales


Hay una parte de la población muy rancia que rechaza los uniformes e incluso los considera un modo de inadmisible esclavitud
 

A mí, como a las criadas de Galdós, me gustan los uniformes. Más lejos iré: sin una teatralidad en los momentos supremos, la vida social carece de convicción. Un juez ha de llevar las bocamangas forradas con carísimas puñetas. Solo de ese modo puede condenar al reo. La Iglesia católica comenzó a diluirse en el aire el día en que los curas dejaron de decir misa de culo a la grey y en los sermones citaban a Gramsci. Un militar de alta graduación ha de llevar el uniforme forrado de medallas hasta las corvas, como los mariscales soviéticos, que de eso entendían. Mi padre, que era bombero honorario del Ayuntamiento de Sabadell, se ponía el uniforme en días señalados para gozo y algazara de los niños. Era un uniforme de granito y es una pena que se perdiera. De haberlo heredado me presentaba yo con él en la Academia, que es lugar donde se aprecia el uso del uniforme. Lo primero que hicieron los radicales franceses de 1791 fue imponer uniforme a todo quisque, muchos tomados de la historia romana. Los diseñaba Jacques-Louis David que tenía ideas sobre cómo distinguir a una vestal de un tribuno del pueblo.

Sin embargo hay una parte de la población muy rancia que rechaza los uniformes e incluso los considera un modo de inadmisible esclavitud. Esa parte suele formar lo que desde la antigüedad se llama "el coro". Aparecen siempre saltando, chillando, gruñendo y vejando, como el otro día en la procesión gay. Increpan e insultan a quien lleva uniforme o a aquellos que, sin llevarlo, ellos los ven con cara uniformada. Son las célebres turbas. A su manera, ellos son los más uniformados desde hace siglos y siempre igual. Quien desee una imagen científica de los mismos mire por Internet el cuadro de El Bosco con la Verónica, el que está en Gante. Sale Arrimadas.

[Publicado el 16/7/2019 a las 15:58]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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