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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 28 de febrero de 2015

 Blog de Félix de Azúa

Con bombín bajo las bombas

Poco a poco vamos recuperando la obra de aquella generación de periodistas de la República que son, a mi entender, un capítulo esencial de la literatura española, aunque hasta hace poco no figuraban en casi ningún manual académico. Gracias a Xavier Pericay, el más editado es Josep Pla, pero Chaves Nogales ha tenido que esperar décadas para resucitar. Algunos, como Xammar o Gaziel, sólo habían sido objeto de ediciones locales. Julio Camba y Corpus Barga han gozado de mayor difusión, aunque tampoco excesiva. Y hoy le toca al más joven, Augusto Assía, cuyos informes de la Segunda Guerra Mundial, escritos en Londres durante el conflicto, aparecen ahora en la notable editorial Asteroide con el título Cuando yunque, yunque. Cuando martillo, martillo.

El género periodístico ha ido absorbiendo a la novela y al ensayo y es hoy uno de los más ricos y diversos del panorama literario, pero la lectura de los antiguos tiene un valor añadido. A mí me produce la misma sensación que el cine de aquellos años treinta y cuarenta. Es como si (perdón por la sinestesia) leyera una prosa en blanco y negro. Más dura, más perfilada, más contrastada que la actual.

La literatura del siglo XXI es casi siempre de colorines, incluida la novela negra. En cambio, un reportaje de Chaves Nogales es como el cine de Fritz Lang. Hace uso de aquella iluminación cegadora que dejaba media pantalla en negro para perfilar al acero el rostro del malvado. Quizás se deba a que los periodistas de entonces no usaban aparatos. Se confrontaban a pelo con el suceso.

Los artículos de Assía se publicaron en La Vanguardia y fueron luego recogidos en sendos libros de 1946/47. El primero narra los bombardeos y la guerra defensiva, cuando la Gran Bretaña fue yunque para los alemanes. Y el segundo celebra el momento en que los ingleses pasaron a la ofensiva y se convirtieron en el martillo del Reich. Los reportajes, vividos a pie de bomba, han esperado casi setenta años para renacer.

La peculiaridad de Assía, además de su sagacidad, es que era más inglés que los nativos y no sólo cuenta la destrucción provocada por los bárbaros, sino que aprovecha para hacer pedagogía entre los españoles, la mayoría de los cuales era germanófilo. Las extravagancias de la cultura y la política inglesa tienen tanta importancia como los episodios guerreros.

El libro, por tanto, es también un manual de singularidades británicas, a veces divertido, a veces admirable y las más de las veces pasmoso. Como cuando explica el clima inglés. Afirma que allí apenas soplan vientos y en la Isla no se conocen las fallebas de ventana. Los árboles crecen como en ningún lugar de Europa y la consecuencia es que los pájaros acuden en masas inmensas. Concluye: "Según estadísticas ornitológicas, anidan en la Isla ciento veintiocho millones de pájaros". Homérico.

La prosa de Assía es limpia, sutil, con algún curioso arcaísmo y un sentido del humor de lo más británico. Como dice Ignacio Peyró en su excelente prólogo, es más contemporánea que casi toda la prosa contemporánea. Abundo.

 

Artículo publicado en El País. 

[Publicado el 18/2/2015 a las 13:39]

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Truenos, ninfas y agua sucia

Cuando se limpia con arte una obra de arte, como cuando limpiaron la Capilla Sixtina, aparece una obra nueva para quienes viven en ese momento. La antigua, la que el tiempo ensució, tiembla un momento en la nostalgia de los ancianos, pero está irremisiblemente muerta. El mismo efecto se produce cuando una traducción artística resucita una obra avejentada por la edad y el comercio. Esa impresión he tenido tras la lectura de la emocionante traducción que ha editado Lumen. La temible Tierra baldía, de T. S. Eliot, vuelve a vivir en la versión de Andreu Jaume.

En este poema, sin duda una de las cimas del siglo XX, el poeta inglés quiso cantar (pero es un lamento) a su sociedad como si ésta fuera un sólido conjunto a la manera gótica, sólo que arruinado y disperso. El puente de Londres, el agobio sexual de algunos empleados, la asfixia de Flebas y otros cuadros se exponen en un fresco que, a la manera de Lorenzetti en Siena, quiere representar una ciudad ordenada y armoniosa. Sin embargo, está condenada. Una Ley corrompida es incapaz ya de sostener la vida en común de los desdichados ciudadanos. El árbol parece robusto, pero está agusanado.

Por el contrario, en la ciudad descrita por La tierra baldía no hay diferencia entre condenados y salvados. La democracia ha destruido la posibilidad de distinguir entre el brote fértil y el cizañero. La sociedad que canta (que lamenta) Eliot es la sociedad democrática y el río Támesis baja repleto de basura humana y municipal.Algo de fresco medieval refleja el poema, pero sin la alegría y la esperanza de las sociedades antiguas, cuando un destino externo (un camino de espinas hacia la salvación) reunía todas las angustias en un solo haz de palabras celestes. Los condenados, tribu apartada, se agitaban también, pero su baile funesto, contorsionado, servía sólo para resaltar la alegría de los crótalos y panderos que conducían el baile de las muchachas en el Palacio Público de Siena.

Eliot refinará su fresco del tiempo moderno en los Cuartetos (aquí está aún en estado salvaje), pero el concepto es claro. Como Benjamin, el poeta cree que el pasado (la Historia) no es sino un conjunto de ruinas del presente, seleccionadas como espectáculo para votantes. En cada ruina brilla una luminosidad que nos remite a otro pasado, éste ya inaccesible, soñado, como la luz de las estrellas muertas. Es lo propio de una sociedad baldía, que ya no produce, que sólo conserva, como esos aglomerados comunistas o islamistas donde nada nace, pero conservan el sueño de una salvación y un paraíso divinos, al precio de un sufrimiento tan inmenso como roñoso. Tierras baldías. También las nuestras.

La traducción de Andreu Jaume, admirable, nos permite regresar a este poema, uno de los últimos en los que el poeta aún podía remitirse a la trascendencia, en un español sin sonajero, de una sobria elegancia. Su prólogo, un ensayo sobre el poema que permite pensar que no se ha agotado la gran tradición crítica de los años cincuenta del siglo pasado, es imprescindible antes o después de la lectura.

Artículo publicado en El País.

[Publicado el 04/2/2015 a las 18:23]

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Víctima y verdugo

La avalancha de novelas autobiográficas y biografías noveladas ha de tener algún sentido, pero no se lo veo. Es inquietante porque he escrito tres. El que tengo por actual maestro de la falsa autobiografía verdadera, Edward St.Aubyn, dice que es un modo de escapar a la polémica sobre verdad y novela, surgida tras la avalancha de biografías noveladas.

En una entrevista con la perspicaz Andrea Aguilar, el novelista lo exponía así: hay un océano de banalidad, cosas que la gente dice y hace todos los días, y hay también una sima de tinieblas indescriptibles donde no alcanzan las palabras. Entre estas dos masas corre una estrecha lengua de arena desde la que se percibe lo que es difícil de decir, pero merece la pena intentarlo.

Está bien resumido. Entre la trivialidad y lo siniestro hay una torrentera que separa lo superficial de lo insondable. Lo más hondo no se puede narrar, pero la biografía permite caminar sobre esa temible pista, asomándose a lo siniestro y machacando la vida de la tertulia.

Ahora bien, St.Aubyn ha necesitado cinco novelas, casi mil páginas, para dar cuenta de su experiencia. Ese conjunto, llamado Las novelas de Patrick Melrose (en España lo ha editado Literatura Random House), es uno de los momentos realmente grandes de una novelística, la británica, que casi siempre se inclina por la tertulia, es decir, por lo demótico, incluso cuando es de calidad.

No me extraña. St.Aubyn quería contar una historia inadmisible. De los tres a los cinco años su padre (aristócrata británico) lo sometió a abusos sexuales mientras su madre (millonaria americana) se emborrachaba como un tocino. De aquella niñez desastrosa emergió un yonqui, descrito con atroz exactitud en la segunda de las novelas(Bad news), pero cuando parecía que podía aparecer un cierto sosiego en la vida de aquel niño torturado, regresa la madre, tan monstruosa como el padre, para exigir algo poco común: que el hijo le administre su eutanasia, que el cordero degüelle a su madre. Hacer de Abraham y de Isaac al mismo tiempo no es confortable, pero St.Aubyn asegura que él lo hizo. Añade que hubo de escribir su historia para no matarse.

¿Realmente fue así? Eso nos ha de tener sin cuidado. Es morboso, pero trivial. A lo mejor el autor es un sumiso becario de alguna fundación laborista. No importa. Lo que la falsa biografía permite es asomarse a lo siniestro y St.Aubyn nos lo ofrece con arte. Para no fracasar, el autor contaba con una herramienta excepcional, el canallesco sarcasmo heredado de Evelyn Waugh y la novela de aristócratas calamitosos. Observen esta frase: "La ingenua creencia de que la gente rica es más interesante que la gente pobre, o que la gente con título nobiliario es más interesante que los sin título, sería imposible de sostener si la gente no creyera también que se vuelve más interesante cuando se asocia".

Por ejemplo a un partido político, a un sindicato, a una religión o a una asociación filantrópica. Este es un tono que sólo Waugh y ahora St.Aubyn son capaces de mantener a lo largo de mil páginas para destruir lo que más admiran en este mundo, su sociedad y su familia.

 

Artículo publicado en El País. 

[Publicado el 21/1/2015 a las 10:12]

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Museos de bolsillo

A lo largo del siglo XVII tuvo lugar un curioso episodio: las colecciones particulares de objetos fueron sustituidas por imágenes de esas mismas colecciones. Fue un momento que tiene similitud con el actual. Me explicaré.

Las colecciones renacentistas de objetos se conocen como "gabinetes de curiosidades" o "cámaras de maravillas" (wunderkammern) y eran extravagantes almacenamientos de fenómenos animales, vegetales o minerales, y toda suerte de artificios de extrema rareza como autómatas o relojes con figuras. Durante el Barroco estas cámaras y gabinetes crecieron de forma desmesurada y ocuparon espacios tan substanciales como el Castillo de Praga, con la colección del emperador Rodolfo II de Habsburgo. En esta nueva etapa, un ordenamiento más racional de las curiosidades suponía cierta voluntad científica incipiente, en muchos casos impulsada por las rarezas que traían consigo los exploradores del continente americano o de las islas del Pacífico.

No obstante, en la segunda mitad del siglo XVII se produjo un fenómeno en verdad sorprendente que ha sido estudiado por José Ramón Marcaida en Arte y ciencia en el barroco español (Marcial Pons) con notable erudición: la invasión de imágenes que representaban imágenes. Aunque la novedad fue universal, Marcaida privilegia el caso español. En el Museo del Prado, por ejemplo, hay magníficos ejemplos de lo que él señala: Las ciencias y las artes, de Stalbemt, o la serie sobre los sentidos corporales de Jan Brueghel el Viejo, son piezas supremas de este tipo de pintura.

Porque lo que subraya Marcaida es una primera y arcaica desmaterialización de los objetos, un primer intento de suprimir lo sólido, una primera abstracción de lo que más tarde se llamarán mercancías. Ello es que en algunos gabinetes de maravillas aparecieron pinturas que representaban justamente gabinetes de maravillas. Esa duplicación tiene relaciones muy interesantes con las primeras acumulaciones de bienes y riquezas, la intensa actividad de los grandes bancos nórdicos y sobre todo la conciencia de que el tiempo ya no era el recto camino a la salvación, sino, llanamente, una carrera hacia la muerte.

La relación entre las primeras grandes acumulaciones de riqueza material y la conciencia aguda de nuestra aniquilación es bien conocida desde Max Weber. En las mansiones burguesas aparecían deslumbrantes copas de plata y cristal, montañas de monedas de oro, joyas trabajadas por orfebres colosales, pinturas, estatuas, en fin, valiosos objetos que la muerte se iba a llevar consigo a la tumba del propietario. Por una parte, los cuadros desmaterializaban esas riquezas con bodegones, naturalezas muertas, vanitas, pinturas de gabinetes, pero, por otra, la reacción religiosa rechazaba la riqueza privada por pecaminosa. Un doble juego de opuestos y complementarios.

También nosotros llevamos en nuestros teléfonos, tabletas y demás artilugios una colección desmaterializada, no de objetos, sino de personas. Cada uno tiene su propio museo de amigos, ídolos, amantes, hijos o parientes convertidos en figuras de gabinete electrónico. De nuevo estamos en un tiempo de acumulación de mercancías incluso entre los pobres, de atesoramiento desmedido, de obsesión material, de terror a la muerte y de una religiosidad difusa, ahora llamada "política", que condena la riqueza... de los demás, claro.

 

Artículo publicado en El País. 

[Publicado el 14/1/2015 a las 09:00]

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Algunas consideraciones sobre la actual caída libre

Entre los años ochenta del siglo pasado y el comienzo del siguiente se dio en España un crecimiento acelerado, acompañado de ambiciosas reformas democráticas, que causó una impresión indiscutible de salida del agujero franquista. Era engañoso. Ha bastado una crisis financiera, neutralizada en otros países con escasas pérdidas, para desnudarnos y devolver las cosas a donde estaban antes de la muerte de Franco.

Nadie sabe cuánto se ha detraído de las clases medias a favor de las cajas de ahorro y la administración del Estado, pero ha sido lo suficiente como para pauperizar severamente a la población hasta situarla, como en el franquismo, en dos grupos: aquellos que se encuentran próximos al poder y los abandonados a su suerte. Todo este inmenso sacrificio, además, no ha comportado ni siquiera que sus causantes hayan tenido que pagar por ello. La mayoría de los culpables siguen gozando de sus sueldos y privilegios en partidos, sindicatos y demás instituciones del aparato del Estado, como si nada hubiera pasado.

Lo cual, como es de ley, sólo facilitará que vuelva a producirse otro expolio en breve plazo. En algún caso aislado la justicia está actuando profesionalmente, pero en la mayoría se esfuerza por encubrir a unos y otros. No ha faltado, en la izquierda, quien ha intentado ocultar su temeraria ineptitud echando la culpa a un fantasmal poder financiero similar al que Podemos agita como origen de todos los males terrestres. Es como envolverse en la bandera.

El segundo gran desastre tiene su origen en la reforma trivializadora de la educación en España, iniciada por los socialistas, pero secundada por la derecha con verdadero entusiasmo. Gracias a ello han ido desapareciendo los mecanismos que permitían a los más jó venes usar herramientas críticas personales para defenderse de las mentiras del poder y del contrapoder. Ahora sólo cuentan con los útiles informativos para masas, los cuales dirigen a su inmensa clientela siempre en el sentido del menor esfuerzo intelectual, la simplificación y el maniqueísmo. El colectivismo y el gregarismo han ganado terreno.

La unión de ignorancia básica y teledirección anónima entre la nueva población arruinada ha producido una espesa nube muy parecida a la de aquel antifranquismo en el que todo se igualaba: los maoístas y los socialdemócratas, los independentistas vascos y los nacionalistas baleares, los estalinistas y los social cristianos, todo era lo mismo contra Franco. El actual monstruo difuso, a diferencia del que creó el antifranquismo, tiene ahora un peso espectacular en los medios de comunicación y puede ser manipulado con aún mayor impunidad e irresponsabilidad que hace cuarenta años. De hecho, es un espectáculo y un negocio.

En resumidas cuentas, lo sucedido en los últimos diez años nos devuelve a nuestro lugar de origen: un tercermundismo aceptable.

Resulta engañoso creer que la democracia española sea como la francesa o la sueca. Su modelo no es europeo sino latinoamericano. El poder, en España (y más aún en los feudos periféricos), no elige a los mejores y excelentes para cubrir los cargos de responsabilidad, sino a los apuntados a la causa, los trepadores en venta o los recomendados por los grupos familiares del poder. Todo lo cual ha acabado por establecer una de las peores clases dirigentes de la historia del país, y ya es decir.

La corrupción generalizada en la Andalucía socialista, el totalitarismo catalán, el indecente despilfarro de los populares en la región valenciana, el increíble goteo de fraudes, estafas, sobornos, nepotismos, prevaricaciones y latrocinios en todo el país sólo pueden entenderse gracias a la colaboración activa de la clase dirigente, con o sin dirección, se fije o no un objetivo. Es una situación que recuerda a la Italia de Craxi y su cleptocracia, pero sin el colchón de una clase burguesa más ilustrada e informada que la española.

Si a la corrupción total del país, a la manera italiana, se le añade un poder judicial destruido por su mercenarismo político (en Italia fueron los jueces quienes se enfrentaron a Berlusconi, aquí le protegerían), el escenario parece realmente copiado del franquismo.

Sólo por ese regreso al tercer mundo y sus masas ignorantes y desesperadas puede entenderse el fenómeno de los nuevos partidos decididamente latinoamericanos. No sólo Podemos quiere instalar un régimen chavista en España; el nuevo portavoz de IU, Garzón, está próximo al alcalde de Marinaleda y a sus verbenas coloniales. Pero puede ser aún peor.

La inocencia de los jóvenes cuadros socialistas, crecidos y formados exclusivamente en la burocracia del partido (una agencia de colocación) o en el sindicato (corrupto), les inclina a desconocer la vida del común de las gentes, empleados o desempleados. Los viejos militantes y cuadros que habían llevado vidas universitarias o conocían la vida laboral porque habían ejercido carreras profesionales antes de dedicarse a la política han sido apartados o eliminados.

El aparato ahora sólo se mueve por efectos informativos de actualidad (siendo la española la televisión más cutre de Europa) y de las redes sociales (manipuladas). Eso les va inclinando hacia un populismo arcaizante, como el de sus colegas de IU y de Podemos, de tal manera que el PSOE de González, que sacó a este país de la ruina moral y social, puede regresar al socialismo de la segunda república, aquel que en un acercamiento suicida a los estalinistas acabó por contribuir a la tragedia. Propicia la esperanza que en las últimas elecciones a secretario general ganara el candidato más alejado del zapaterismo, un hombre con estudios universitarios y experiencia laboral, pero nadie sabe qué programa va a aplicar. Seguramente, él tampoco lo sabe.

Lo sorprendente de esta situación es que sólo preocupa a los viejos votantes socialistas que abandonaron el partido a partir del calamitoso Zapatero, o a quienes se mantienen fieles al ideario de la izquierda clásica. A la derecha, este descalabro del socialismo le parece muy apropiado y el crecimiento de Podemos e IU es una bendición. La izquierda se va a quebrar en, por lo menos, tres candidaturas, algunas de las cuales son tan utópicas que sólo pueden arrastrar a los grupos más desesperados e incapaces.

Todos los países europeos se han visto sometidos a una corrección como la española por la depauperación de sus clases medias y el cinismo de las clases dirigentes; la desesperación y el resentimiento nacen de la misma fuente, pero cada país europeo ha aportado su propia personalidad política y creado sus propios partidos de la utopía, la negación y el odio.

Los países del norte calvinista, como Holanda, han producido partidos de extrema derecha racistas. Inglaterra, en cambio, un partido destructivo que se presenta como "euroescéptico", pero que no es sino expresión de la vieja estirpe chovinista y victoriana, las espantosas clases demóticas que adoraban Up & Down. En Francia han crecido mucho los fascistas de Le Pen, los cuales, no lo olvidemos, son en su mayoría antiguos votantes del Partido Comunista; un regreso a la vieja tradición francesa antisemita, complicado ahora con el nuevo odio a árabes y rumanos.

Más interesante es el caso de la Liga Norte, en Italia, un partido gemelo al de los independentistas catalanes, aunque estos hagan todo tipo de esfuerzos para que no se les confunda con ellos. Sin embargo, son lo mismo. Dos partidos que trabajan el odio (a "Madrid" y a "Roma"), la exclusión (sólo eres nacional si perteneces  al Régimen), la xenofobia (los del Sur son vagos y maleantes) y la mentira. También los escoceses tratan de que no les confundan con la Liga o con los catalanes: todos los nacionalistas ven el ridículo del nacionalismo ajeno, pero no el propio.

Ninguna de las naciones europeas, sin embargo, ha dado lugar a partidos de raíz tercermundista o agraria, sólo España y en cierta medida Grecia, los dos países que se encuentran más alejados de la gran tradición europea, si exceptuamos a los sobrevenidos de la anti- gua Unión Soviética. España y Grecia son, en efecto, naciones en las que el peso de la tradición agraria, feudal y caciquil es más fuerte y el sistema educativo casi inexistente.

De este caos es imposible escapar porque sólo tiene dos salidas. La salida fuerte sería la unión de todas las izquierdas y la toma del poder por parte de los chavistas, más avispados que los comunistas. Un regreso a la España autárquica, caudillista, militarizada y asesorada  por los servicios secretos cubanos es una posible salida. Muchísima gente está pidiendo a gritos un Jefe y un Padre. No debe olvidarse que Podemos es un producto típico de los departamentos universitarios y que predica, como la Iglesia Católica, verdades irrefutables sobre la miseria humana, pero sin posibilidad de remedio como no sea mediante la participación del Altísimo.

La solución débil y seguramente imposible sería que a una lenta recuperación del poder económico por parte de las clases medias se le añadiera una reforma general de la administración de Estado. Para ello sería imprescindible  que un grupo de potentes  ejecutivos de los partidos  mayores, con la venia del poder financiero, se pusieran de acuerdo  para acabar con los privilegios de sus colegas y aguantar la algarada que se produciría. Me parece imposible.

Pero con sólo eso no bastaría. Únicamente mediante  un sistema educativo ambicioso y unos mecanismos de selección rigurosos podría prepararse una nueva clase dirigente que tomara la responsabilidad del país en el plazo de unos cinco años, que es el tiempo que los reformadores podrían resistir los ataques generalizados contra la reforma. Me parece sumamente improbable.

Sin soluciones reales, estamos condenados  a la progresiva desintegración social y nacional.  Los dirigentes  entrampados seguirán haciendo concesiones a unos y otros para salvar sus puestos de trabajo y siempre en la misma dirección: la pedagogía del odio y la destrucción  social que garanticen  unos años más sus privilegios. Mientras  tanto, y a menos de que el renacimiento económico fuera milagroso, la organización de la insurgencia estaría ya preparada para la toma del poder. España habría vuelto a su propio y eterno ser.

No obstante, y ya que el presidente del gobierno ha implorado que seamos menos agoreros, puede uno conceder que así como salimos del franquismo del modo más inesperado  y desde luego por la vía menos planeada desde la izquierda, es muy posible que salgamos de la actual situación por una vía similar e igualmente inesperada. Para lo cual será inevitable que alguien se haga el harakiri.

 

Artículo publicado en al revista El Estado Mental, septiembre de 2014. 

[Publicado el 07/1/2015 a las 18:00]

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Todas las antígonas

Si hace un par de años Helena Cortés nos conmovió con su Edipo,este año nos sobrecoge con Antígona,otro producto rotundamente admirable de la editorial La Oficina.

La flexibilidad de la heroína griega para adaptarse a múltiples interpretaciones (George Steiner recogió decenas) la convierte en nuestra contemporánea. He aquí una muchacha que desafía al poder político con el fin de dar sepultura a su hermano. El tirano de la ciudad, Creonte, había prohibido enterrar a los traidores. Así la destrucción se cierne sobre ambos, el político y la insurrecta, en una de las más ambiguas y fúnebres tragedias.

En su edición, Helena Cortés ha reunido tres antígonas. La de Hölderlin, cuya traducción del texto de Sófocles figura en la cara izquierda de la paginación, con su versión al castellano en la derecha. La de Bertolt Brecht que viene en un CD adjunto. Y la de Straub/Huillet que filmaron la representación. Cada una de ellas es una variación original.

La tragedia de Sófocles (la ausente), según la clásica lectura de Hegel, opone a las fuerzas de la ley ciudadana, clara y universal, con su enemigo antagónico, la oscura ley de la sangre y del clan. Creonte representa el paso de la horda mítica a la polis gobernada por la razón y, frente a él, Antigona asume el pasado que va a ser destruido y desafía al poder público: la ley de la sangre la obliga a enterrar a su hermano, el traidor, para que su alma no vague eternamente. Recuerdo lo muy presente que teníamos esta tragedia en el País Vasco cuando, a comienzos de los ochenta, ETA asesinaba a cientos de personas sin que nadie rechistara, ni Antígona, ni Creonte. Ni siquiera había tragedia. Ciudad muerta.

La versión de Hölderlin es más oscura y se asoma al abismo. Su poesía tiene la fuerza de quien ha conocido el mal y ha vivido la contradicción trágica de la ley y la sangre durante la Revolución Francesa. Por eso no toma un partido tan claro como el de su amigo Hegel, sino mucho más complejo y en ocasiones tormentoso. El trabajo de Cortés es inmenso.

Tengo para mí que Bertolt Brecht patinó en su versión, sea por inadvertencia, sea por sectarismo. Al convertir a Antígona en una insubordinada que se enfrenta al nazi Creonte, no sospechó que la figura del tirano podía ser la premonición de Robespierre o de Lenin. Si Creonte es también destruido por los dioses ello obedece a que quiere imponer la virtud revolucionaria a las masas por la fuerza y el terror. Sólo Antígona (una Charlotte Corday) se le opone aunque sea por motivos arcaicos. Los dioses castigan la hybris de Creonte: Robespierre acaba en la guillotina.

Finalmente, la filmación de Straub/Huillet es un clásico de lanouvelle vague. Una verdadera joya. De una sobriedad que también traería sobre ellos el castigo divino, la película tiene la rectitud revolucionaria de Robespierre y la animada superficie de una columna dórica.

Necesitaría el doble de espacio para dar cuenta de este monumento. Baste como resumen lo siguiente: yo diría que es el mejor libro editado en España en 2014, por su audacia, por su coraje, por su elegancia.

 

Artículo publicado en El País. 

[Publicado el 24/12/2014 a las 09:20]

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No dejarles morir

Me sorprendió que el último libro de Andrés Trapiello, dedicado una vez más a su genio tutelar, se encabezara con una cita de Dickens: "Hechos, sólo hechos". Los, facts, el término que más guerra da en la filosofía inglesa, encabeza esta fantasía sobre lo que sucedió después de la muerte de Don Quijote. Trapiello, por lo tanto (yo le tomo la palabra) se atiene a los hechos. Y los hechos son extraordinarios.

    Hete aquí que una vez muerto el caballero de la triste figura sus más allegados, Sancho, el bachiller Sansón Carrasco, su sobrina Antonia y el ama Quiteria van a iniciar una peripecia colosal, perseguidos por la maldad usuraria, combatidos por la estupidez aristocrática, ayudados (menos mal) por la memoria del gran Don Quijote de la Mancha que muchos admiran y que les gana su simpatía.

    Esta supervivencia de los héroes, este no querer que se vayan del todo, es clásica. Muchas "vidas" prolongaron la muerte de Helena de Troya y la de Judas. No obstante, el experimento es nuevo en nuestra tradición literaria. O casi nuevo, porque el primero que prolongó la vida del caballero manchego fue el propio Cervantes, indignado con lo que se decía de él y lo que sobre él había escrito un desaprensivo. Así que el más cervantino de nuestros escritores continúa la historia con los últimos días de Sancho Panza.

    Y en este punto es cuando aparece Dickens porque el inglés descubrió un modo de hacer más tupida la trama y los personajes. Es la misma técnica que fue llevando la sinfonía clásica a la sinfonía romántica, prolongando los temas en cada vez más imaginativas y audaces armonías, hasta llegar a la desarmonía dodecafónica. Dickens inventó un espacio nuevo, la Metrópoli, pero en lugar de componerlo en dos espacios, como Balzac (ricos y pobres), lo quebró en tres. El nuevo espacio, entre los sucios y peligrosos docks y los elegantes crescent, sería la inmensa extensión de la burguesía, la city. De ese modo un tercer personaje, que podía ser bueno o malo o ambas cosas a la vez, daba espesor a la trama.

    La ambición dickensiana de Trapiello le ha inspirado tres espacios admirables, la aldea manchega (el pasado usurario y beocio), la Sevilla barroca (la actualidad criminal) y la América de los conquistadores (el futuro utópico), por donde transcurre la aventura de los protagonistas. En cada nuevo escenario se produce una mutación de los malvados y también una renovación de aquellos que, por amar a Don Quijote, echan una mano a los protagonistas siempre al borde del colapso. Llevar adelante semejante proyecto requiere un temple literario fuera de lo común: sus lectores constatarán que las páginas dedicadas a la Sevilla barroca son de las más sugerentes que se hayan escrito sobre aquel escenario.

En su momento, Sevilla fue una de las ciudades más populosas, ricas y canallescas de Europa. Aquel caos de asesinos, aristócratas, aventureros, burócratas, esclavos, prostitutas y trabajadores sin techo ni ley, ha recibido ahora su pintura más exacta y emocionante. Porque en ningún momento se despega Trapiello de lo que le mueve a prolongar la vida de su héroe: la poesía. Hasta el Nuevo Mundo. Quizás más allá.

 

Artículo publicado en El País

 

[Publicado el 11/12/2014 a las 13:44]

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Universitarios

Me ha llamado mucho la atención el eco que ha tenido la beca del profesor Errejón. En efecto, un amigo y conmilitón suyo le consiguió una beca sustanciosa (las hay regulares y las hay king size, ésta es de las buenas) tras convocar la ayuda de manera que sólo Errejón podía presentarse y presentóse y ganóla. Entre las bases y condiciones para acceder a la beca sólo faltaba añadir "que gaste gafas de pasta y cuyo apellido empiece con E".

    Pero ¿cuál ha sido el escándalo? Aquellos que conozcan la Universidad española desde dentro (yo he dado clases allí treinta años) saben que este procedimiento no es una excepción, sino la regla, la base misma de su funcionamiento. ¿Cómo creen que se elige a los titulares, al jefe de departamento, a los becarios, al decano, al rector? ¿No han oído hablar de la endogamia universitaria, de las mafias departamentales, de las cátedras hereditarias? En algunas ocasiones estas corruptelas se usan para mantener la coherencia ideológica o teórica de un departamento, lo que es hasta cierto punto comprensible, pero la mayor parte de las veces es simplemente el modo de mantener una clientela vitalicia.

Dicho sin farisaísmos, la universidad está tan corrompida como las finanzas, los partidos o los sindicatos: es una de las instituciones más corruptas del conjunto institucional español. Por esta razón la enseñanza española es la que recoge la más baja calificación en todo el conjunto europeo, un suspenso que se sucede año tras año con gran regocijo de los partidos políticos.

De hecho puede decirse que no hay auténtica competencia en la adjudicación de las plazas, en los tribunales de oposición, en los de tesis doctorales, y lo que es más grave aún, la nuestra es una universidad mineralizada, fosilizada, sin traslados, sin musculatura. Los profesores están atados a su plaza geográfica de por vida. Si a pesar de todo muchos de ellos realizan una labor admirable es gracias a una vocación férrea.

    Ahora bien, ¿han oído a Iglesias, a Errejón, o   a los dirigentes de Podemos en la sombra presentar un programa de limpieza del mundo universitario español? No lo verán. Están allí acomodados como Blesa y sus chicos en Cajamadrid. La universidad es su finca y nadie se atreverá nunca a limpiar esos establos. Los jefes de Podemos pueden lanzar a la calle cien mil individuos en media hora y colapsar una ciudad. ¿Van a decir algo sobre los funestos sindicatos estudiantiles? ¡Cómo van a hacerlo si ellos los controlan! También son ellos quienes deciden quién entra y quién no en su residencia. Cuando revientan actos no lo hacen por ideología (de la que carecen, aparte de un sumario castrismo-leninismo), sino para mostrar quién es el amo de ese mayorazgo. En los reportajes de aquella violenta irrupción en la conferencia de Rosa Díez se puede ver a los jefes y matones del actual Podemos, intercambiando órdenes como si fueran los falangistas de la Complutense de los años 30.

    Es un comportamiento análogo al de Mas y los separatistas, los cuales no se enfrentan al Estado para conseguir la independencia de Cataluña, que saben les arruinaría, sino para dejar claro quién manda en la finca. De modo que no se trata de ganar, sino de humillar al Estado. ¿Tribunales Supremos a mí? ¡Anda ya, españolito alpargatero! ¡Aquí mando yo, o sea, el Pueblo Catalán Carolingio! El comportamiento de los caudillos totalitarios es siempre el mismo, no queda nada por inventar.

    A mi no me escandaliza que Errejón se haya mercado un beneficio estupendo, sobre todo él, que no lo necesita porque es de familia acomodada. Lo que me llama la atención es que esta gente que conoce sobradamente la corrupción universitaria de la que se alimenta aún no haya dicho nada  relevante sobre la futura enseñanza en España cuando ellos manden, como no sean cuatro vaguedades idealistas del tipo "la universidad ha de estar al servicio de los pobres", ya conocen la música. Pero, ¿van a mantener el sistema tal y como está, con sus tribunales amañados y sus convocatorias a medida? ¿Qué haréis con las castas universitarias, camaradas? ¿Y con el feudalismo de las universidades primitivas, donde para ganar una cátedra de física cuántica lo importante es haber nacido en Vic? ¿Mantendréis el sistema de rectores como títeres decorativos? ¿Y los planes de estudio deformados departamento a departamento según el interés de la plantilla?

    Podemos es un partido de profesores universitarios, o lo que es igual, una quimera. Un profesor universitario es un funcionario aún más irresponsable si cabe. La libertad de cátedra le permite explicar al alumnado la vida de Lola Flores o las teorías de Kripke con igual protección estatal y sueldo. Puede fantasear hasta el delirio, por ejemplo reconstruyendo la Unión Soviética en clase, sin que nadie pueda decirle que eso no entra en el programa de Filosofía de la Ciencia. No obedece al menor control, excepto el de sus jefes de departamento (y tampoco mucho) lo que provoca unas relaciones serviles hasta la caricatura que en los estratos inferiores es de pura esclavitud. Un partido de profesores universitarios reproduce el mundo virtual de las aulas, con todos sus delirios y su onirismo, a escala estatal.

    Si ya la universidad española (sector humanidades) es como un cetáceo muerto, imagínense un país construido con los mismos mimbres. Un cementerio de elefantes. Y ratones.

[Publicado el 01/12/2014 a las 13:36]

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Identidad desleída

En mi opinión, el mayor espectáculo del mundo en esta última década lo está dando un puñado de mujeres que cruzan con perversidad música y sexo. No hay nada más imponente que los montajes de Lady Gaga, Beyoncé, Miley Cyrus o Rihanna, a cuya sombra la pobre Shakira de caderas tartamudas parece una monja. Cinco dólares más y las veremos copulando sobre el escenario o devorando a su pareja.

    Pensaba yo que esta progresiva crispación de la sexualidad se debía a la exigencia de mantener la excitación del espectador dada la cada vez más rápida obsolescencia de las diversiones. He aquí, sin embargo, que una exposición en el Museo ABC de Madrid me sugiere otra posible causa, la desaparición de la identidad fisiognómica. En la muy interesante obra gráfica de Francisco Sancha puede verse cómo a comienzos del siglo XX era todavía posible definir a los personajes por su aspecto.

    El estilo de Sancha, que murió en una prisión de Oviedo en 1936, debe mucho a los grandes franceses como Daumier, pero su personalidad es rotundamente hispana. Es el tipo popular, el cochero, el farolero, el buhonero, el mendigo, el portero, su motivo para unas estampas casi antropológicas en un escenario urbano soberbio. Rostros grotescos, cuerpos anómalos, gestualidad animal, sus personajes tienen la huella realista y al tiempo expresionista del Baroja de La lucha por la vida.

    La gente antigua tenía rasgos fisiognómicos fuertemente diferenciados y pensaba yo que nosotros venimos a ser todos iguales. En el proceso de modernización, no sólo se ha producido una severa igualación económica entre las clases, sino también una nivelación física. Es raro ver criadas, carniceros o funcionarios con los caracteres que Sancha retrata memorablemente. Hoy no se distingue por el porte a un pocero de un arquitecto.

    Por ser todos cada vez más parecidos físicamente, las cantantes mencionadas se ven en la obligación de recuperar las mandíbulas simiescas, el bigote de hembra, los arcos prognáticos, la espeluznante delgadez, los ojos de huevo, las cejas unidas, o las glándulas mamarias de las amas, todo ello puesto al día, como es lógico. El éxito de los Zombis creo yo que obedece a lo mismo: ya que carecemos de identidad, nos untamos un kilo de afeite hasta parecer cadáveres. Es lo que más deseamos, dar miedo.

    A esta igualación se le opone algo aún más sorprendente. Las viñetas de Sancha podrían publicarse mañana y nos parecerían de pura actualidad. Felipe Hernández Cava, autor del espléndido catálogo, resume así algunos temas de Sancha hacia 1904: la corrupción de los políticos, el desorden regionalista, las algaradas de los vascos, la insaciable clase política catalana, el despilfarro de la obra pública, la política como profesión de mediocres, los alcaldes infames, el tancredismo de algunos dirigentes, y así sucesivamente. Ciertas viñetas, como la que figura a los diputados catalanes con barretina y sacando bolsas de oro de Las Cortes, te llevan a pensar que en cien años nada ha cambiado.

    Transcurrido un siglo, hemos perdido los rasgos físicos, sí, pero los rasgos morales tienen una incontestable persistencia.

 

Artículo publicado en El País. 

[Publicado el 12/11/2014 a las 16:43]

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El rinoceronte

Este amigo mío se llevaba las manos a la cabeza. Es musicólogo y me contaba que el fin de semana pasado había viajado a Barcelona para un concierto. Entre sus conocidos figura un compositor al que trata desde antiguo y siempre le había parecido una persona normal, dotada de una cierta instrucción. Estuvieron hablando un buen rato hasta que salió lo de Cataluña. Mi amigo le preguntó cómo llevaba el compositor la refriega nacional. "Mal, contestó el compositor, pero es que Cataluña no levanta cabeza desde la última guerra". Mi amigo le preguntó a qué guerra se refería. "¡Hombre, a la guerra civil, cuando nos invadieron los españoles!".

    Mi amigo dudaba de si aquello era un sarcasmo porque el compositor no es exactamente alguien dotado de un agudo sentido del humor, pero lo había dicho en serio. Es pasmoso que un hombre que algo habrá leído, que tiene tratos con círculos musicales europeos, se trague una patraña tan pueril. No obstante, eso es lo chocante de la situación catalana, que las mentiras por toscas que sean no las niega nadie y han penetrado en el medio cultural catalán, donde no se divisa la más leve crítica.

    Un orate de la asociación separatista que dirige Carme Forcadell y que es la que da órdenes a Mas, tiene un video en Youtube que merece la pena (pulse Victor Cucurull). En él afirma ante un grupo de personas que Teresa de Jesús era abadesa de Pedralbes (Barcelona), que el Quijote fue escrito en catalán, que la civilización de Tartesos es en realidad de Tortosa (Tarragona) y otro sinfín de sandeces. Afirma, además, que estas cosas no se saben debido a la conspiración de los historiadores españoles. No es el único, también abunda en ello Jordi Bilbeny, que, aunque oriundo de Arenys de Mar, es profesor. Hay muchos más.

    Que el nacionalismo es una psicosis delirante lo sabíamos quienes soportamos a Franco y a sus pedagogos, pero lo más temible del nacionalismo catalán es el menosprecio en que tiene a sus votantes. Ni uno sólo de los trescientos historiadores subvencionados para los fastos de 1714 ha desmentido estas quimeras. Su silencio, otorga. Sea porque los historiadores catalanes creen las paparruchas oficiales, sea porque en aquella región todos están dominados por el temor.

    Una élite cultural que se comporta con semejante incuria indudablemente se considera por encima del pueblo que dice defender. Lo más probable es que vean la futura Cataluña como un orden estamental en el que los poderosos tendrán un servicio cultural ancilar con funciones publicitarias. El desprecio al votante es lo más peregrino del nacionalismo catalán.

    En una obra de Ionesco cada día aparecía un nuevo ciudadano con cabeza de rinoceronte. Al principio era gente lejana, pero el protagonista comienza a inquietarse cuando un día es su mujer la que despierta con cabeza de rinoceronte. Ionesco pensaba en los procesos totalitarios que había vivido la Europa del fascismo triunfante, pero es un fenómeno común a todas las sociedades desquiciadas. Mucho rinoceronte en la cama.

 

Artículo publicado en El País. 

[Publicado el 05/11/2014 a las 09:00]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

 


 
 

 

La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.

 

 

 

 

 

Ensayo

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

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