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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 28 de marzo de 2020

 Blog de Félix de Azúa

Infectos


Leyendo, pensando, iremos cebando el antivirus que se ha de merendar a nuestros parásitos.
 

No puedo entender cómo un Gobierno que es incapaz de dar mascarillas a su personal sanitario vaya a ser capaz de cualquier otra cosa. La inutilidad de estos rancios ideólogos del chavismo, del peronismo y del nacionalismo pone en peligro incluso a la gente que les votó. Tomen nota. Aún es posible que haya otras elecciones en este siglo.

Tiempo tendremos para apretar las tuercas a los responsables de tanta miseria, pero de momento sepa usted que su casa es el único Gobierno que le protege. Leí el otro día el caso de una familia con 12 hijos, una especie de familia J. S. Bach, aunque sin instrumentos musicales, por suerte para los vecinos. Aparte de los muertos, estas son las verdaderas víctimas de la epidemia. Los demás la pasaremos con nuestra ocupación favorita. Por ejemplo, la lectura.

Como es mi obligación, les recomiendo una novela aparecida estos mismos días y que les puede entretener una semana entera. Hay que ayudar a los editores. Se trata de La gran fortuna (Asteroide), escrita por Olivia Manning a partir de sus recuerdos como residente de la Bucarest anterior a la guerra mundial, junto a su marido funcionario del British Council, en los meses previos a la victoria nazi. Un relato muy británico, un Graham Greene sin soplo teológico, o lo que es igual, lúcido, ácido, pero comprensivo hacia un país arrasado tras los crímenes de la Guardia de Hierro y de los comunistas. Es un veraz retrato de personajes atrapados en un rincón de Europa bajo una amenaza bastante más macabra que la nuestra.

Y para cavilar, añádanle, por favor, Sobrevivir al naufragio, de Félix Ovejero (Pagina Indómita), la voz más inteligente de la izquierda verdadera. Así iremos cebando el antivirus que se ha de merendar a nuestros parásitos.

[Publicado el 24/3/2020 a las 14:50]

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Otros virus


Adorno no pudo adivinar que la ultraderecha se disfrazaría de tal manera que sería adoptada por una izquierda oportunista
 

El filósofo judío alemán Theodor W. Adorno es uno de los más estudiados del siglo XX. Cometió serios errores debido a un marxismo algo cerril, pero acertó en otros ámbitos. En 1967, alarmado por la emergencia de los partidos neonazis, dio una conferencia sobre los rasgos básicos de la ultraderecha. La conferencia se ha traducido en Taurus (Rasgos) y es de aplicación actual.

Los rasgos pueden glosarse en algunos apartados, el primero y más importante es el nacionalismo como reacción a la integración en bloques de poder más fuertes que hacen peligrar la "identidad nacional". La frase clave era "Alemania tiene que volver a salir a flote", en la que lo notable es "volver". Es una reacción, dice Adorno, de burgueses atemorizados, de tenderos, campesinos y provincianos amenazados por la gran ciudad. Hoy también incluiría a los oligarcas. Tienen dos enemigos, los inmigrantes (los "charnegos") y los traidores (los "botiflers"), según denominan a todos cuantos no se someten a su voluntad.

La propaganda es la sustancia misma de su ideología, "una curiosa unión de eficacia técnica y psicosis", dice Adorno como si adivinara el uso que darán a los medios de comunicación. Porque la verdad debe ponerse al servicio de la falsedad sin el menor recato y lanzar las mentiras más brutales ("Cervantes era catalán") como recreo de masas fanatizadas y sordas a cualquier sensatez.

Adorno intuía rasgos novedosos en la ultraderecha de su tiempo y anotaba el control indecente de la "cultura" con altos sueldos para sus mercenarios. Lo que no pudo adivinar es que, a la manera del fascismo italiano, esta ultraderecha se disfrazaría de tal manera que sería adoptada por una izquierda oportunista y perfectamente huérfana de principios.

[Publicado el 17/3/2020 a las 11:11]

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El infierno


Roth, que se suicidó con alcohol en 1939, escribió poco antes: "(Alemania) es el séptimo círculo del Infierno cuya filial en la tierra se conoce con el nombre de Tercer Reich". Y está volviendo

La Europa Central de entreguerras era un hervidero de culturas, razas, religiones, etnias, lenguas y naciones. Casi toda la literatura allí escrita entre 1920 y 1940 tiene un interés añadido: el de observar un mundo que sería devastado por los totalitarios nazis y comunistas. Leer a Joseph Roth, el mejor testigo de esos años convulsos, es como asistir a una visita guiada por un mundo arrasado. Su reciente Años de hotel (Acantilado), en soberbia versión de Miguel Sáenz, reúne más de 60 estampas de aquellas sociedades que, impotentes, iban de cabeza al abismo.

El valor documental de Roth es enorme, pero el valor literario lo supera. Su ojo no pierde escena y dentro de cada escena registra el detalle único. Ve subir a un barco a los judíos que escapan de Bremen hacia el exilio. El policía que controla los pasaportes posee "redondas mejillas sonrosadas que parecen iluminadas por dentro, como si tuvieran en la boca uno de esos farolillos de las fiestas veraniegas". ¡Qué artículo sobre los emigrados zaristas! ¡O los de la salvaje Albania! Hoteles, hoteles, cientos de hoteles por los que paseó su implacable mirada. Así nos descubre e ilumina docenas de personajes y situaciones con una agudeza y una piedad inmensas. A medida que avanza la década de los veinte el aire se oscurece. Cuando llegamos a los treinta se tiñe de rojo.

Roth se exilió a París en 1933. El mejor periodista de Alemania no soportaba la dictadura: "Es sabido que la prensa alemana ya no se dedica a publicar lo que ocurre, sino a ocultarlo". Era nuestra actual posverdad. Roth, que se suicidó con alcohol en 1939, escribió poco antes: "(Alemania) es el séptimo círculo del infierno cuya filial en la tierra se conoce con el nombre de Tercer Reich". Y está volviendo.

[Publicado el 10/3/2020 a las 10:20]

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Orientarse


Durante siglos las artes fueron un índice de por dónde podía divisarse un futuro mejor
 

Si me hubiera cabido, habría titulado la columna: "¿Por dónde se va al futuro?", pero no cabe y además es una ingenuidad. Al futuro llegaremos todos, lo queramos o no. Era una pregunta retórica, en realidad lo que preguntaba era si alguien avistaba algún signo de que el futuro vaya a tener mejor cara que el presente. ¿Hay remedio para tanta ruina moral y mental?

Durante siglos las artes fueron un índice de por dónde podía divisarse un futuro mejor. Los humanos trabajaban para imponer sus formas más esperanzadoras a la tediosa actualidad. Los historiadores podían orientarse observando esos signos. Veían cómo surgió el arte cristiano con sus basílicas cubiertas de mosaicos dorados que poco más tarde se renovarían como monasterios y conventos rodeados de viñedos feudales. Pero muy pronto empiezan a elevarse las torres en aguja y a hacerse transparentes los muros de las catedrales, aunque luego se retuercen y convulsionan las figuras, las columnas, los espacios del barroco. En fin, así se hizo siempre y ya en el siglo XX los sólidos transparentes de Mies o los rascacielos gritaban el comienzo de una nueva era llena de energía y esperanza. Todavía se podía observar la aceleración del tiempo, por ejemplo, comparando una ópera de Alban Berg y otra de Verdi, una novela de Dickens y otra de Faulkner, los historiadores indagaban el significado de los cambios formales, de la afirmación.

Yo miro a los años que he vivido y apenas veo signos nuevos, sólo actualidades repetidas una y otra vez. Ninguna forma nueva señala con energía hacia el futuro. Los últimos fueron Losirascibles, hace 70 años, que ahora se exponen en la Fundación Juan March de Madrid. Luego vino la melancolía conceptual y la diversión mil veces repetidas. El tedio.

[Publicado el 03/3/2020 a las 15:07]

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Yo no soy yo


Únicamente el tiempo es capaz de agotar a los nacionalistas cuando su obsesión cambia de rumbo e inventa otro enemigo
 

El nacionalismo es una ideología venenosa que como el gas mostaza provoca ceguera y se expande a enorme velocidad. Su fuerza tiene un fundamento religioso: propone la supremacía de una minoría social elegida por Dios y agraviada por los hombres. Así que se presenta con la frase fatal: "No me dejan ser lo que soy". Ese agravio necesita un agraviante, de modo que todo nacionalismo se levanta sobre un malvado que debe ser abatido. Que sea o no culpable del agravio no es importante. Lo relevante es determinarlo con precisión: judíos, moros, españoles, machos, inmigrantes, charnegos, fachas, es el monstruo de los mil nombres inventados por el nacionalismo.

No puede combatirse el nacionalismo mediante el diálogo o la reflexión razonable, como no puede razonarse con el creyente religioso. Solo se le puede contener mediante el ahogo económico para limitar su poder destructivo. Únicamente el tiempo es capaz de agotar a los nacionalistas cuando su obsesión cambia de rumbo e inventa otro enemigo.

Lo grave es que el nacionalismo responde a una ruina identitaria y las catástrofes de la identidad no tienen arreglo si el individuo no se supera a sí mismo. Los nuestros son tiempos de agravio permanente porque son tiempos de nula identidad. Quienes exigen el reconocimiento de una identidad sexual, nacional, lingüística, animalista, religiosa, de género o de clase solo pueden crecer allí donde alguna gente se siente anulada por el mando global. Y eso no tiene remedio porque, aunque se les diga que su identidad es solo lo que ya son, ellos creen que eso no es nada. Por tanto, son insaciables. Si lograran lo que exigen, se quedarían de nuevo a solas ante la nada de su ser, pero cada concesión es una señal de que Dios los ama. El bucle.

[Publicado el 25/2/2020 a las 14:24]

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Cuento


Algo parecido a una plaga ataca a nuestros ciudadanos. Las gentes van cayendo en el estupor opiáceo y se convierten en zombis ideológicos
 

La peste negra llegó a las montañas de Bohemia y comenzó la muerte masiva que iba despoblando las aldeas y dejando cadáveres por los caminos. Como dice el autor, los hijos ya no amaban a sus padres, ni estos a sus hijos, solo arrojaban los cuerpos a la fosa común y salían huyendo. En una de esas aldeas vivía la familia de un destilador de resina que, espantada, emprendió el ascenso de la montaña más alta de la zona para llegar allí donde ningún humano había puesto los pies, único lugar que quizás se viera libre de la plaga. Subieron hasta la roca del Hutfels, el lindero de un bosque que aún se conserva como fue creado. Pero era inútil tratar de escapar al castigo. Pocas semanas más tarde había muerto toda la familia menos el hijo pequeño.

Con gran ingenio, el muchacho se las arregló para subsistir, alimentarse, guarecerse y pasar meses y meses, hasta que un día, buscando zarzamoras, encontró el cuerpo casi sin vida de una niña. Sin duda, había sido abandonada por parientes que huían y no podían cargar con la enferma. Este es el comienzo del cuento Granito, que, con otros cinco minerales, compone el libro Piedras de colores que en 1850 escribió Adalbert Stifter (Pre-Textos). Unas narraciones que fueron alabadas por Goethe, Nietzsche, Mann y, últimamente, Peter Handke.

No estamos en una situación tan cruel como para compararla con la peste negra, pero algo parecido a una plaga ataca a nuestros ciudadanos. Las gentes van cayendo en el estupor opiáceo y se convierten en zombis ideológicos. Así que, al igual que los héroes del Decamerón, quizás no sea mal momento para que los supervivientes se reúnan a leer o contar historias fantásticas, sabias y entretenidas. El libro de Stifter es muy adecuado y nunca se había traducido al español.

[Publicado el 18/2/2020 a las 13:58]

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¡Qué buenos son!


Quienes más temen a la verdad son aquellos que viven de la bondad subvencionada
 

Por decir la verdad le han metido una bronca fenomenal a Borrell, uno de los últimos socialistas que conserva vivo el seso. No son buenos tiempos para la verdad. En 10 años el valor financiero de la mentira ha ido subiendo hasta romper todos los techos. La mentira es enormemente rentable. Con mentiras se alzan presidentes, con mentiras se rompe la Unión Europea, con mentiras los bancos se arman de policías cabrones, con mentiras se destruye a la oposición, con mentiras se presentan currículos y doctorados sublimes, con mentiras se hacen naciones. La mentira es una inversión sin riesgo y con altísimos beneficios.

¿Qué dijo Borrell? Nada dijo, solo se preguntó si los magnánimos defensores del clima terrestre sabían lo que eso iba a costar. Añadió algo curioso: si se llevaran a cabo los planes de Los Verdes alemanes habría que cerrar las minas de carbón polacas y escupir al paro a miles de familias. Ante una verdad semejante, los compasivos Verdes se lanzaron contra Borrell, la bondad mostró sus colmillos, e incluso las autoridades europeas sintieron temblar sus sillones y amonestaron al socialista. ¡Cómo se atrevía ese hombre del sur a decir la verdad! A los votantes hay que mentirles, a los ciudadanos hay que engañarles, a los jóvenes hay que tenerlos entretenidos.

Sin embargo, si alguien se toma en serio el cambio climático es aquel que sabe cuánto va a costar y se adelanta a las violentas algaradas de la población cuando se reduzcan aviones o coches. Hay algo temible en nuestras sociedades. Quienes más temen a la verdad son aquellos que viven de la bondad subvencionada. Las almas bellas, los compasivos profesionales, no soportan la verdad porque destruye sus sueños narcisistas y arruina sus negocios.

[Publicado el 11/2/2020 a las 10:14]

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Good Bye


La separación del Reino Unido (pronto desunido) favorece solo a ciertos financieros y a esa oligarquía que hará de la isla una finca para superricos
 

A Hitler no lo derrotó Gran Bretaña. Fue más bien el colosal esfuerzo industrial americano (que supuso, por cierto, la incorporación de las mujeres al trabajo severo), junto con el arrojo de los soldados anglosajones, lo que venció al disciplinado, sacrificado, tonto, pero admirable Ejército alemán, con la inestimable ayuda del invierno ruso y sus millones de cadáveres.

Aquella fue la Gran Bretaña que amamos, la de los soldados audaces, la de los heroicos servicios hospitalarios en el frente, la de la honra de los mutilados, todos ellos empujados por la colosal bravura de Churchill, uno de los últimos políticos adultos que ha dado Europa. Yo conocí aquella Inglaterra de los primeros años sesenta del siglo pasado, aún renqueante, aún empobrecida, casi arruinada, y la amé sin reservas.

Olvidamos, sin embargo, que buena parte de las finanzas y una mayoría de la nobleza apoyó a Hitler hasta que estalló la guerra. Entre otros, los Windsor. Las clases dirigentes inglesas eran odiosas: clasistas, chovinistas, vanidosas, racistas y analfabetas. Churchill tuvo que luchar contra sus amigos y contra sus pares, solo contó con el apoyo de una población que aún entonces conservaba el orgullo del valor y la honra.

Para nuestra desdicha, los herederos de aquella parte de la clase dirigente son los que han llevado a cabo la estafa más artera desde la II Guerra Mundial. La separación del Reino Unido (pronto desunido) favorece solo a esos financieros y a esa oligarquía que hará de la isla una finca para superricos, un centro de blanqueo (ya lo es) y, muy probablemente, un país al borde de la delincuencia internacional. Para lo cual explotan de nuevo el patriotismo de los pobres, pero ahora para convertirlos en miserables.

[Publicado el 04/2/2020 a las 14:19]

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La corrección


¿Cómo se ha podido extender la sandez de un modo tan eficaz?
 

Creo que la creciente irritación que sienten los ciudadanos contra la casta dirigente no se debe a ideologías cada vez más fúnebres, como el bolivarismo, el peronismo o el socialismo reaccionario, es decir, nacionalista. Creo que la irritación crece por la estupidez de las doctrinas. Es más dura de aguantar la sandez que la deshonestidad. A eso me refería el otro día cuando comparaba a los franquistas, casi analfabetos, con los actuales propagandistas de la fe. No es un fenómeno sólo español, sino internacional. Incluso yo diría que los grupos más infectados de ideología norteamericana son los que someten a los ciudadanos a las peores majaderías anglosajonas.

Un amigo me envió la foto del cartel que alerta a los visitantes que entran en una exposición de la Tate Modern. Traduzco: "Aviso sobre contenidos. El arte de William Blake contiene duras y a veces provocativas imágenes que incluyen escenas de violencia y sufrimiento. Por favor, diríjase a algún miembro del equipo si desea más información". Pueden ustedes ver el original por Internet buscando el Daily Mail del 25 de enero. Es sólo un ejemplo entre mil. ¡William Blake! ¿Qué no dirían de Goya?

¿Cómo se ha podido extender la sandez de un modo tan eficaz? Aún es pronto para saberlo, pero sin duda el abandono de la vieja lucha ilustrada por la ciencia, el saber, la verdad, la libertad, la justicia, la honradez y todo cuanto defendieron en su día los ilustrados europeos y americanos, ha conducido a la ruina. Los partidos, en especial los de izquierdas, han de seguir cultivando su labor doctrinal y clerical para la que fueron creados, pero ajenos a la justicia, la verdad y la libertad, tratan de imponer las bobadas populistas anglosajonas. El nuevo modelo de represión.

[Publicado el 28/1/2020 a las 12:28]

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Recomendación


Mucho ojo, porque detrás de cada metete hay un guardia de la porra
 

Vivir bajo el caudillaje de Franco tenía graves inconvenientes, pero gozaba de una ventaja: si hacías todo lo que te mandaban, no te pasaba nada. Era muy simple, se trataba de obedecer. En algunos asuntos no costaba mucho, había que creer en la sabiduría de los ministros, someterse ciegamente a las autoridades, no salir a la calle con pancartas diabólicas, y así sucesivamente. Había otras, sin embargo, que eran más arduas de cumplir. Aguantar las lecciones de Formación al Espíritu Nacional era duro, y las de Religión un pestiñazo. Más duro aún obedecer órdenes antojadizas. No les gustaba que los chicos llevaran el pelo largo, era gente que tenía algo contra el pelo masculino. Les disgustaba que las chicas usaran faldas cortas o camisas abiertas o piernas sin medias. En fin, había una enorme cantidad de deberes muy crueles de cumplir porque eran idiotas. Jurar los Principios del Movimiento lo hacía cualquiera, pero raparse el pelo a cepillo era una humillación.

Una palabra casi desaparecida designaba a este tipo de gente, eran los metetes. La señora que miraba indignada a otra que entraba en la iglesia sin pañuelo, el caballero que se chivaba al policía de que unos chicos decían palabrotas, la dama que paraba la música porque la gente bailaba apretada, estos eran los metetes. La tradición española de metetes es descomunal porque aquí a una religión le sucede otra. A veces se atenúa, pero vuelve con más fuerza. Así que les daré un consejo a las madres murcianas. Obedezcan, agachen la cabeza, se sometan. De momento las autoridades ya las han tachado de "homófobas" y "fascistas". Pueden imaginar que los metetes no se van a contentar con eso. Mucho ojo, porque detrás de cada metete hay un guardia de la porra.

[Publicado el 21/1/2020 a las 17:45]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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