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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 19 de septiembre de 2019

 Blog de Félix de Azúa

Tenorio


Como se comprueba en los cinco dramas editados por Carmen Becerra, el mito del seductor tiene una diferencia esencial frente a los babosos tipo Oliver Stone o Harvey Weinstein
 

¿Cómo juzgarán hoy en día algunas mujeres a ese personaje secular, Don Juan? ¿Con mayor severidad que antaño? No estoy seguro. Según Carmen Becerra, autora de un interesante prólogo a la edición de cinco obras sobre el celebrado sinvergüenza (El mito de Don Juan, Biblioteca Castro), la evolución del personaje a lo largo de dos siglos, desde Tirso de Molina hasta Espronceda, nunca es complaciente. O bien se le condena a los fuegos eternos o bien se le ajusticia, pero nunca hay benevolencia. En el mejor de los casos, el Don Giovanni de Mozart y el poema de Espronceda, el diabólico personaje es malvado por desorden mental y acoge el castigo con entusiasmo. El Comendador le evitará a don Giovanni tener que fatigarse hasta la extenuación seduciendo doncellas a una edad inadecuada. Ese era también el contenido del Casanovade Fellini, un viejo seductor obligado a mantener el tipo, como un pistolero del Oeste tenazmente desafiado, harto ya de sí mismo y de las mujeres.

Como se comprueba en los cinco dramas editados por Carmen Becerra, algunos perfectamente desconocidos (¿quién ha leído La venganza en el sepulcro de Alonso de Córdova?), el mito del seductor tiene una diferencia esencial frente a los babosos tipo Oliver Stone o Harvey Weinstein y es que, en realidad, lo que les gusta no es el sexo con mujeres, sino la transgresión por y en sí misma. Son verdaderos parientes del Don Juan de Byron y otros románticos burgueses fascinados por el mal. Unos tipos abnegados, en su condición de malvados profesionales, que no tienen más remedio que rebelarse todo el santo día, negar, insultar, hostigar, transgredir y demás cualidades que actualmente exhiben al completo los artistas subvencionados y los niños antisistema.

[Publicado el 17/9/2019 a las 16:18]

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Asalariados


Es curioso: los únicos que siguen trabajando, cada vez en mayor número y con sueldos cada vez más altos, son los políticos
 

La semana anterior me refería a la desaparición de lo complejo, lo difícil, lo que exige esfuerzo, y a la imparable simplificación de nuestras vidas. Pero junto a lo simple en las artes, la política, la universidad o las comunicaciones, faltaba una sección esencial: el trabajo.

Un amigo bancario me comentó que los bancos están ya preparando la desaparición del trato personal. Los que no tenemos más remedio que dejar nuestra nómina o facturas en los cofres de los bancos vamos a tener que trabajar para sustituir al personal de la banca. Algunas entidades han cerrado ya un buen número de oficinas y es notable que no conozcamos un análisis de ese cierre. Mi banco, por ejemplo, ha eliminado dos oficinas en el barrio y nos obliga a caminar hasta la que a ellos les interesa. Pero incluso esa dejará de atender al público y todas las operaciones las haremos con maquinitas.

Cada vez hay menos trabajo, cada vez son menos necesarios los trabajadores y los que aún trabajan se ven condenados a subsistir con sueldos cada vez más miserables y provisionales. Eso quiere decir, sencillamente, que sobra mano de obra o fuerza de trabajo, como se la llamaba antes. A medida que se expande la tecno, cada vez sobran más.

Ante esta situación se suponía que emergería la presión de la izquierda y los sindicatos, pero no pueden hacer nada. Los sindicatos solo protegen a quien ya trabaja, como se vio con las huelgas contra la población que iba o volvía de vacaciones. Y la izquierda solo exige caprichos y antojos de minorías, copiados de los campus norteamericanos políticamente correctos. Es curioso: los únicos que siguen trabajando, cada vez en mayor número y con sueldos cada vez más altos, son los políticos. Y cada día hay más partidos de izquierdas.

[Publicado el 10/9/2019 a las 15:27]

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Coros y danzas


Vamos a una cultura de militante simpleza en las artes, en las letras, en la política, en la economía, en las actividades que antes traían una cierta complejidad.
 

Me fui a las carreras de Sanlúcar. Pocas escenas son tan cautivadoras como una potrada a galope loco aplastando la arena ribereña del Atlántico. Pasan en tromba ante la tribuna y se dirigen hacia el sol rojo que se va poniendo despacio, no vaya a perderse el final de la lucha. Unas olas mansas se suceden como caricias en severo contraste con los caballos desbocados. Es el coro que va diciendo cuán locos estamos los humanos.

Hace unas décadas esta era una fiesta casi doméstica frecuentada por las familias de la bahía y algunos curiosos entre los que figuraba, claro, Fernando Savater. Es ahora un espectáculo de masas. El taxista me dijo que se calculan unos 10.000 los que se apiñan en la gran playa. La belleza equina y el paisaje siguen siendo soberbios, pero la fiesta es ya tan prosaica como un partido de fútbol.

Esta ha sido la mejor escena de un verano en el que he podido constatar cómo se disuelven en el aire los escenarios complejos. Todo va alcanzando su nivel masivo de simplicidad. Si un elemento impone alguna dificultad o exige concentración, reflexión y juicio, es eliminado sin piedad. Vamos a una cultura de militante simpleza en las artes, en las letras, en la política, en la economía, en las actividades que antes traían una cierta complejidad como el sexo o la disputa de ideas. La meta es el aprobado general.

A ese mundo simple se va amoldando la máquina política en las democracias que hace unos años aún proponían programas esforzados o de alguna hondura. Hoy solo apuestan por el más mezquino nacionalismo, justo cuando todas las naciones se igualan. Al llegar a Madrid me entero de que desaparece la gran Revista de libros. A los de mi quinta se les ofrece un mundo dirigido por gente en traje folclórico.

[Publicado el 03/9/2019 a las 15:38]

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La especie

Hacía un siglo que no pisaba una piscina populosa. Este año pude hacerlo y me ha quedado un cálido sentimiento de ternura. En las piscinas de los grandes hoteles se junta una muestra exacta del género humano en versión democrática. Casi desnudos, sin máquinas que los distingan, los teléfonos son todos iguales y los clientes del hotel, también.

El espectro es antropológico. Van primero los niños chiquitos, sin movilidad, frágiles, agarrados a sus madres y con los ojos muy abiertos. Vienen luego los niños propiamente dichos, lo mejor de la especie, los cachorros prístinos, perfectos, vivísimos. Son originales, imprevisibles y escandalosos. No lo hacen adrede, pero molestan todo cuanto pueden. Sus padres sueltan incoherencias como: "¡Ven aquí, que te voy a dar un azote!", y los niños van, aunque sea haciendo mohines. ¡Como lluvia de estío!

Lo que sigue son los adolescentes, arrogantes, tímidos, incompletos, soberbios, aplastados por su inseguridad y por la obligación que les ha caído de golpe: seducir. Lo intentan, aterrados por el fracaso, pero cuando se sosiegan son la belleza misma. Sus padres, que se los miran con temor y orgullo, soportan ahora la carga más desgraciada, tienen que dar de comer, vestir, cobijar y contentar a toda la familia. Tarea ímproba y sin reconocimiento. Todos son iguales, aunque ciertos caracteres secundarios distingan a un ruso (un tercio de carne más) de un italiano (fino, moreno, peludo), son diferencias triviales. Y luego ya, en el último tramo, los abuelos, tipos sin futuro, sin agobios, sin angustias, a quienes todos ignoran menos los niños, y eso les basta.

Hay que reconocerlo. La especie humana es admirable y magnífica solo cuando está en pelotas. Gocen de la piscina y hasta septiembre. 

[Publicado el 30/7/2019 a las 09:55]

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Epistolario


En esta correspondencia están todos los elementos de la seducción internauta, incluida la sexualidad explícita. Todos, excepto la maldad
 

Con cierta frecuencia se producen seducciones en la Red que acaban de modo violento. Suelen aparecer en los papeles como "crimen machista". Sin embargo, la seducción epistolar tiene una fecunda tradición, casi nunca con un final pérfido mientras las palabras iban en papel. Es como si el medio decretara la maldad del mensaje actual. Aquellos que poseen instinto predatorio han encontrado en Internet un cazadero ideal.

He leído que hace pocos meses se han editado las cartas que remitió Rilke a una desconocida de 18 años, Erika Mitterer, como respuesta a un primer envío de la muchacha en 1924 (Insel Verlag). Rilke, residente en el sanatorio de Valmont, en Suiza, sabía que estaba muriendo de leucemia. Contaba 48 años y duraría unos pocos meses. La diferencia de 30 años no intimidó a la muchacha y el intercambio fue cada vez más abiertamente erótico por ambas partes. Sin duda Erika habría deseado entregarse a Rilke, pero este, por su exigua salud, por respeto a la inmadurez de Erika, o quizás porque en realidad solo le seducía una relación poética, nunca permitió el encuentro. Gracias a esa tensión, en una de sus cartas escribió Rilke el que quizás fuera su último gran poema. No obstante, nada puede oponerse a la terquedad de la pasión, así que en noviembre de 1925 Erika se presentó en el sanatorio sin avisar. Rilke la acogió con agrado, dieron paseos, hablaron, rieron, dice Erika, como niños, y se despidieron para siempre dándose la mano.

En esta correspondencia están todos los elementos de la seducción internauta, incluida la sexualidad explícita. Todos, excepto la maldad. No parece que las cartas eróticas inclinaran a la violencia tanto como lo hacen los mensajes electrónicos. El papel salva.

[Publicado el 23/7/2019 a las 15:52]

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Rituales


Hay una parte de la población muy rancia que rechaza los uniformes e incluso los considera un modo de inadmisible esclavitud
 

A mí, como a las criadas de Galdós, me gustan los uniformes. Más lejos iré: sin una teatralidad en los momentos supremos, la vida social carece de convicción. Un juez ha de llevar las bocamangas forradas con carísimas puñetas. Solo de ese modo puede condenar al reo. La Iglesia católica comenzó a diluirse en el aire el día en que los curas dejaron de decir misa de culo a la grey y en los sermones citaban a Gramsci. Un militar de alta graduación ha de llevar el uniforme forrado de medallas hasta las corvas, como los mariscales soviéticos, que de eso entendían. Mi padre, que era bombero honorario del Ayuntamiento de Sabadell, se ponía el uniforme en días señalados para gozo y algazara de los niños. Era un uniforme de granito y es una pena que se perdiera. De haberlo heredado me presentaba yo con él en la Academia, que es lugar donde se aprecia el uso del uniforme. Lo primero que hicieron los radicales franceses de 1791 fue imponer uniforme a todo quisque, muchos tomados de la historia romana. Los diseñaba Jacques-Louis David que tenía ideas sobre cómo distinguir a una vestal de un tribuno del pueblo.

Sin embargo hay una parte de la población muy rancia que rechaza los uniformes e incluso los considera un modo de inadmisible esclavitud. Esa parte suele formar lo que desde la antigüedad se llama "el coro". Aparecen siempre saltando, chillando, gruñendo y vejando, como el otro día en la procesión gay. Increpan e insultan a quien lleva uniforme o a aquellos que, sin llevarlo, ellos los ven con cara uniformada. Son las célebres turbas. A su manera, ellos son los más uniformados desde hace siglos y siempre igual. Quien desee una imagen científica de los mismos mire por Internet el cuadro de El Bosco con la Verónica, el que está en Gante. Sale Arrimadas.

[Publicado el 16/7/2019 a las 15:58]

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Benéficos

La izquierda lleva una neurosis considerable: cree que solo la religión hace agradable lo desagradable, da dignidad al sacrificio
 
 

Está demasiado próxima la España que rapaba a las putas y lanzaba cantazos a los maricas para que de la mañana a la noche nos levantemos en un país tan extremadamente tolerante que parece el más avanzado del mundo. Quizás solo en el ámbito de la vida sexual que tanto agobia a los latinos. No se le da igual relieve a los asesinados por terroristas o al acoso de españoles en Cataluña y País Vasco. No hay un día del orgullo para este tipo de víctimas. El caso es que cuando los compasivos llegan al poder, se produce una avalancha de caridad que da muy mala espina. ¿Por qué tanta ansiedad por los lesionados, los menesterosos, los rechazados? Se entiende que sea un asunto de Estado y cada Administración proteja a quienes sufren pobreza y quebranto, pero ¿no hay algo raro cuando se lo apropian los actores del espectáculo democrático?

Valga un ejemplo para que se me comprenda. No es normal que una dirigente (creo que era la portavoz de Podemos) censure a un ricohombre porque donó un puñado de millones para combatir el cáncer. La señora juzgaba una humillación aquel gesto desprendido y le reclamaba que pagara impuestos. Bueno, seguramente los paga, pero lo notable era el rencor de la mujer contra la caridad del rico. No le irritaba, en cambio, la caridad del pobre. Para ella, los múltiples movimientos de ayuda, protección y asistencia, las subvenciones, las ONG, son loables si vienen de su bando. Se advierte un talante clerical en la izquierda reaccionaria. Para esta ideóloga hay una caridad cristiana (la que bendice su partido) y todas las demás son heréticas. La izquierda lleva una neurosis considerable: cree que solo la religión hace agradable lo desagradable, da dignidad al sacrificio. Sólo la Iglesia es piadosa. Y la Iglesia son ellos.

[Publicado el 02/7/2019 a las 16:08]

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La maldad


Esa y no otra es la labor del nacionalismo excluyente que hoy controla a los catalanes
 

Una profesora de Terrassa le pega a una niña y la tira al suelo. La niña debe luego acudir a un hospital, no fue una caricia. La causa de la agresión es que la niña había pintado una bandera española.

Este es solo un ejemplo casi trivial dentro del diluvio de agresiones que sufren a diario los catalanes que no son nacionalistas. Insultos, acosos, amenazas, ataques. Los nacionalistas son violentos. Se reprimen, no porque les parezca mal agredir, sino porque creen que es malo para la propaganda. Y saben que su nación onírica se basa en la propaganda, el soborno y la subvención. Por lo tanto, hay que dar buena imagen, hay que sonreír hasta el empalago, hay que mostrar que los nacionalistas son gente bondadosa y que ama a los niños.

Pero no es verdad. Para los nacionalistas un niño es una masa de carne que debe adoctrinarse y solo tendrá valor cuando abrace la bandera y cante el himno nacional. El que se separa del rebaño no tiene alma, carece de valor, no pertenece al género humano, según decían los nazis de los judíos. Por lo tanto, se le puede pegar hasta que entre en el rebaño. Se le debe interrumpir cuando habla, se le debe acosar cuando se manifiesta, se le debe insultar porque no es humano, es español. Y los españoles, dice el president, son hienas.

Esta mujer se ve justificada para pegar a una niña porque los pedagogos forman parte del rebaño, ponen orden en el rebaño. Además, saben que el pastor les paga y los protege. Saben que el amo del rebaño querría golpear a la niña, tirarla al suelo, dejarla herida en un hospital, pero no puede hacerlo porque eso dañaría la propaganda. Así que sonríe hasta la náusea y delega en la maestra para que pegue a los niños. Esa y no otra es la labor del nacionalismo excluyente que hoy controla a los catalanes.

[Publicado el 25/6/2019 a las 16:00]

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Dios lo ve


La política como sucedáneo de la religión, exige la presencia de enemigos a los que no hay que vencer, sino aniquilar
 

Ahora que quizás ya ha terminado la parte más grosera del mercadeo, a ver si podemos ya volver a la reyerta ideológica, es decir, a la vieja tradición de estabular al enemigo. En España solo hubo política unos pocos años, tras la elección de Felipe González. Ahora hemos vuelto al vasallaje de cargos, enchufados y clientela, bajo el manto excluyente de la ideología. Son muchos siglos de escuela católica como para olvidar que en este país solo hay buenos y malos, cristianos y judíos, papistas y luteranos, izquierdas y derechas. La política, como sucedáneo de la religión, exige la presencia de enemigos a los que no hay que vencer, sino aniquilar. Si se puede. Y si no se puede, sumen todas las fuerzas al servicio del odio.

Cuando las podemitas tomaron el Ayuntamiento de Madrid, se entregaron a cambiar nombres de calles, plazas y avenidas con desenfreno. Naturalmente era lo mismo que habían hecho los franquistas hace un siglo. Y allí en donde hasta ahora figuraba un olvidado general, las ideólogas pusieron el nombre de un desconocido insurrecto. El pavor religioso a los nombres no es actual. En 1793, año terrible de la Revolución Francesa, en plena actividad del Comité de Salud Pública, o sea, del Terror, se rebautizaron muchas cosas, los años, los meses, las fiestas. Había que borrar los nombres infectados por Satán. En los palos de la baraja los Reyes fueron reemplazados por los Genios, las Damas por las Libertades, los Caballeros por las Igualdades y los Ases por las Leyes. ¿A quién le importaban esos nombres? Al dueño del lenguaje que es Dios, a sus ministros en la tierra, los obispos, y a los supersticiosos que obedecen como ovejas al amo. Yo espero que el nuevo Ayuntamiento de Madrid no empiece a cambiar nombres, por el amor de Dios.

[Publicado el 18/6/2019 a las 15:50]

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Relatos


Merece la pena volver a la grandeza, nosotros que vivimos una época infantil
 

Las épocas suelen definirse, por lo menos en Europa, con un relato conmovedor y grandioso. El cristianismo, primera página de nuestra civilización, tuvo como aventura colosal las cruzadas y la toma de Jerusalén. Fue una aventura heroica e inútil, pero continúa siendo el momento épico del medioevo. Sobre él escribió Runciman la historia más apasionante que conozco. El Renacimiento tiene su culminación con la invención de América y el sinfín de episodios a que dio lugar. Era tiempo de poemas épicos, hoy olvidados, La Araucana, Os Lusiadas, pero sobre todo de la heroica crónica de Bernal Díez del Castillo.

La era moderna se abre con otro suceso titánico de índole por completo distinta. Una guerra civil no puede inspirar un poema épico en ningún caso, pero la Revolución Francesa fue algo más que eso, fue el anuncio de que el mundo iba a cambiar de arriba abajo. Mejor dicho, de abajo arriba. Cientos de escritores han tratado aquella lucha inmisericorde y mortífera, Hugo, Michelet, Balzac, Dickens, imaginaron novelas inmensas, pero fue un historiador, Simon Schama, quien comprendió que solo un relato histórico podía dar cuenta de asunto tan tremendo. Su formidable estudio, titulado Ciudadanos (Debate), es, como las cruzadas de Runciman, un relato que compite con todas las novelas. Como Schama dice en su prólogo, la influencia positivista, marxista y estructuralista han producido una historia de toneladas de trigo, demografía y aranceles, borrando las colosales figuras individuales de la revolución. Él las recupera porque, como afirma, "la creación del mundo moderno coincide con el nacimiento de la novela moderna". Merece la pena volver a la grandeza, nosotros que vivimos una época infantil y sin relato alguno.

[Publicado el 11/6/2019 a las 13:51]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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