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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 14 de octubre de 2019

 Blog de Joana Bonet

Clase ejecutiva

Viajes de trabajo, decimos. Ni rastro del turista que hemos sido en vacaciones. La piel más tenue y azulada alrededor de los ojos, el invariable maletín posado sobre la pequeña maleta de cabina, el teléfono escupiendo mensajes. Se trata de un protocolo universal que se resume en un formato de cola. Para pasar los controles, para acceder a tu asiento, para registrarse en un hotel previa identificación y pago; en definitiva, para demostrar tu inocencia. La cola de la vida te aguarda a deshora. Alguien te echará su aliento fétido sin ser consciente de ello, o hablará a grito pelado, o te pisará y quizá pedirá perdón, o no sabrá mantener la distancia social y querrás ahuyentar su mirada saltona. Verás a personas como tú que anticipan lo que les espera al llegar a destino: la reunión, el almuerzo ruidoso, el hotel con un cubrecama color chocolate que por un instante te encogerá el ánimo.

Cruzas avenidas, palpando el pasaporte, con un paso más enérgico, ¿o no será sólo una zancada extranjera que adoptas cuando estás lejos de casa? Tienes ansias de descubrir algo nuevo, algo que te produzca sensación de provecho, que haga merecer la pena el pasar dos, cinco, siete días añorando tus costumbres. Cuando enlazo varios viajes seguidos, se me adelgaza la voz. Algún familiar, por teléfono, me dirá “qué cansancio sólo de escucharte, no me extraña que estés afónica”. Y por un momento siento la mácula ­heroica del viajero profesional, dispuesto a cumplir su misión a pesar de la ira que acumula su estómago, de las durezas de los pies peregrinos, de un descorazonamiento que te abomba en el pecho, buen conocedor de que el azar anda de puntillas.

Llega un día en que los números de habitación te bailan en la memoria, y, cuando te despiertas a medianoche, no sabes si estás en Rennes o en A Coruña, en la 402 o la 204. Pierdes el dibujo del cuarto, su escena, y aunque te gustaría ser una de esas mujeres de Hopper que esperan, con la maleta ordenada y la ventana azul, sientes cómo el frío de las baldosas entra por los pies y te aturde. Detestas el estatus de viajera frecuente, pero eres capaz de repetir todos los pasos con los ojos cerrados. Has aprendido a apagar la luminotecnia hotelera del cuarto clase ejecutiva , a abrir el agua de cristal en una bisagra a falta de abrebotellas, o a desconfiar de ese café matarratas de hotel que complica aún más la expulsión de tu cotidianidad. Nos lo advirtió el melancólico Pavese: “Viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista todo lo que te resulta familiar y confortable de tus amigos y tu casa. Estás todo el tiempo en desequilibrio”. Y sí, ese es el verdadero problema: dejar la cabeza en casa, mientras el cuerpo soporta las áreas de turbulencias con un vahído solitario.

[Publicado el 25/9/2019 a las 13:04]

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Biografía

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales.

En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta" y "Generación paréntesis". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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